jueves, 10 de diciembre de 2009

EL VECINO EN PUCELA

Pepo Pérez y yo estamos invitado a los Diálogos del Señor Boliche que se celebran este fin de semana en Valladolid. Allí hablaremos de El Vecino 3, y de los demás libros de la serie, mañana viernes a las 19.30 horas. Aprovechando la ocasión, habrá una pequeña exposición de materiales de El Vecino 3 donde se podrán ver originales, bocetos y páginas a lápiz.
Además, el sábado habrá más actividades comiqueras. Por la mañana, asistiremos a una charla con Koldo Azpitarte y Paco Roca donde se hablará especialmente de Senderos, el libro recientemente publicado por Laukatu sobre la obra del valenciano. Por la tarde, después de un café-tertulia, tendremos una mesa redonda sobre blogs de cómics donde Pepo y yo estaremos acompañados de esa figura ya legendaria que atiende al nombre de tío berni (Entrecomics). Todos los eventos tendrán lugar en el Salón de Actos de Caja Duero, Plaza Zorrilla.
En fin, que la cosa tiene pinta de que vamos a pasarlo en grande.

martes, 8 de diciembre de 2009

PASIÓN POR LAS RESEÑAS

En comicpasion se marcan toda una batería de reseñas que interesan en Mandorla. A saber:

MICROENTREVISTA: BERNARDO VERGARA


Hace poco comentaba que con El mundo según Ptolomeo (Diábolo, 2009), de Bernardo Vergara, me había reído en voz alta, cosa que no me suele pasar leyendo un tebeo. Para entender mejor qué es lo que le hace tan gracioso, he intercambiado impresiones con su autor.

¿Cuál es tu historieta favorita de El mundo según Ptolomeo y cuál es la que ahora te arrepientes de no haber incluido?

Te voy a decir dos favoritas, ¿vale? Por un lado está Un día en la vida de la familia Cristo. Con la excusa de un documental de James Cameron en el que aseguraba haber encontrado la tumba de Jesucristo junto a los restos de su esposa, María Magdalena, y el presunto hijo de ambos, cuento cómo sería la vida cotidiana de tan peculiar familia. Seguramente no es la mejor historieta del libro pero cuando la releo me viene el recuerdo de habérmelo pasado estupendamente haciéndola, en ese tono de humor tontorrón que tiene. Y luego, dentro de una historieta sobre perversiones sexuales, hay una tira titulada La coprofagia que, para mí, es uno de los momentos más graciosos del libro.

Me arrepiento mucho de no haber incluido La vida secreta de Radovan Karadzic. Lo explicaba en mi blog hace unos días: no la seleccioné para el libro porque hacía referencia a una noticia de actualidad de hace casi dos años (la detención de Radovan Karadzic) y me dio miedo que los lectores no la entendieran, pero dudé si incluirla o no hasta el último momento. Además, da la casualidad de que en estos días, coincidiendo con la aparición de El mundo según Ptolomeo, Karadzic está saliendo en los periódicos prácticamente a diario con motivo del proceso al que se le somete por parte del tribunal de crímenes de guerra de la ONU, con lo cual sigue siendo un tema de actualidad. Otra que me habría gustado incluir en el libro es una historieta de dos páginas titulada 50 razones para odiar a Bush, porque representa una época de mi trabajo en El Jueves en la que hice decenas de historietas sobre Bush, Aznar y la guerra de Irak. Me habría gustado que eso hubiera estado representado en el libro de alguna manera, pero al final me rajé por las mismas razones que con la de Karadzic, aunque creo que en general se habrían entendido todos los chistes. Ya ves, ¡soy un indeciso!

¿Tienes el síndrome del pagliacci? ¿Eres el payaso que ríe por fuera y llora por dentro?

Hombre, yo soy un poco agonías, pero no sé si tanto, ja, ja. Aunque, la verdad sea dicha, en este trabajo en el que has de hacer chistes sí o sí, porque la revista o el periódico en el que publicas ha de salir todos los días, te toca ser el pagliacci más veces de las que te gustaría. No sé, estoy pensando en cuando estás enfermo o, peor aún, cuando muere alguien querido. Es una putada sentarte en la mesa a hacer humor en esas condiciones pero, ¿qué le vas a hacer? Es lo que hay. Y luego está ya, en referencia a los temas que tocamos, que muchas veces te ríes por no llorar, ¿no? Me refiero a cuando te toca hacer chistes con temas como la guerra de Irak, el bombardeo de Gaza y cosas así, que te entristecen o te hierven la sangre.

¿Te ríes de tus propios chistes?

Sí. Me pasa más cuando los leo después de un tiempo que cuando los estoy dibujando. Por ejemplo, haciendo la selección de páginas para El mundo según Ptolomeo, me saltaba la risa cada dos por tres. Leer las páginas más antiguas, era como estar leyendo historietas de otra persona porque ya ni me acordaba de los chistes. Cuando dibujas todas las semanas quince o veinte chistes esto pasa, ¿eh? Mira, ayer mismo hablaba por teléfono con José Luis Ágreda, porque estamos desempolvando Jaula Magna con intención de recopilarlo y nos pusimos a releer páginas, él en Sevilla y yo en Huesca, y nos reíamos como tontos. Qué buen rato pasamos, ja, ja.

Los humoristas siempre os estáis quejando de que no se os reconoce tanto como a los que hacen cómic serio o dramático, pero sois los únicos que os ganáis la vida con el cómic en este país. Explícame eso.

Bueno, es que es falso que no se nos reconozca. La única revista profesional en España es una revista de humor, El Jueves, porque tiene el reconocimiento y el aplauso del público, ¿no? Y los periódicos y las revistas normalmente buscan humoristas para sus páginas y no autores dramáticos. Por ese reconocimiento precisamente, nos ganamos la vida con el cómic. Ahora bien, sí que hay compañeros míos (y yo mismo, en otro tiempo) que se quejan de que a la hora de premiar obras de cómic, el humor siempre está peor considerado, como parece que pasa también en otras artes, como el cine, ¿no? Pues bueno, a mí eso ya me da un poco igual, ¿eh? ¡Ellos tienen los premios y nosotros los millones, ja, ja!

Si tú fueras rico...

Dubidubi dubidubi dubidubi dubidú.

Si yo fuera rico lo primero que haría sería pillarme un año sabático para decidir si quiero seguir siendo dibujante o, yo qué sé, bon vivant, ja, ja. Yo creo que yo sería un gran bon vivant, ¿eh? ¡Ponedme a prueba, mecenas del mundo! Lo que sí tengo claro es que me tomaría la profesión con más relajo. Seguramente sería la oportunidad de abordar otras fórmulas sin el agobio de las entregas. Aunque, no nos engañemos, el agobio de las entregas es un acicate creativo de primera, así que lo mismo lo de ser un bon vivant acababa conmigo como creador y me convertía en lector a secas, en el pagliacci que se ríe por fuera de lo que otros lloran por dentro, ja, ja. No, en serio, supongo seguiría dibujando pero creo que cambiaría el chip radicalmente e intentaría explorar otros campos. Con calma, eso sí...

¿Y si tuvieras una escoba?

Tantas cosas barreríaaaa. Las religiones, el cambio horario, las monarquías, los altavoces con musiquitas navideñas por las calles, los que se pasan los derechos humanos por el forro, la ONU que no sirve para que los que se pasan los derechos humanos por el forro no se pasen los derechos humanos por el forro, los que tocan el claxon por cualquier tontería, los “días sin”, los políticos... No sé, los que leen mis chistes cada día se pueden hacer una idea de las cosas que barrería si yo tuviera una escoba. De momento me voy a barrer mi estudio, que buena falta le hace.

[Entrevista ilustrada con un par de autorretratos de Bernardo Vergara, aquejado de garabatosis, enfermedad que le impide dejar de dibujar ni un solo instante del día].

domingo, 6 de diciembre de 2009

IN THE VECINDARIO

Mi colega Pepo (el malagueño, no el chileno) hace una crónica apasionada y apasionante de la presentación del Vecino en su casa el viernes pasado. Y yo le agradezco que lo comparta dedicándole esta canción de vecinos.

VIÑETAS DE MÁS ALLÁ

Hace poco hablamos acá de las viñetas de allá, es decir, de las historietas argentinas, pero, ¿qué hay más allá de allá? Pues el más allá es, por supuesto, Chile. Sabemos muy poco de las viñetas chilenas (utilizo ese plural para diluir mi propia e individual ignorancia), y por eso he recibido hoy con curiosidad un pequeño lote de tebeos traídos directamente del otro lado de los Andes. Por supuesto, el principal protagonista del alijo era Condorito, uno de los más míticos personajes del cómic sudamericano, creado en 1949 por René Ríos Boettiger, más conocido como Pepo (no negaré que ese nombre evoca ciertas sensaciones cercanas). A pesar de que Pepo murió en 2000, Condorito sigue apareciendo aún hoy en día en la prensa diaria, y muy bien acompañado, debería añadir:
Entre las historietas que me han traído, ésta me ha parecido especialmente oportuna. Para que luego digan que no hay temas de actualidad que nunca dejan de ser actuales:
Pero estoy impaciente por dejar de marear el cóndor e ir directamente a la joya del tesoro. Un ejemplar de 1963 de la revista semanal ("aparece los martes") El Pingüino, publicada en Santiago con el subtítulo "La revista de las historietas cómicas y la chicas bonitas".
Uno pasa la portada que he pegado sobre estas líneas y se encuentra directamente con la siguiente página:
A partir de aquí, una mezcla de chistes rijosos y reportajes fotográficos que haría las delicias de Robert Crumb (sí, el del Génesis). Los chistes no tienen un carácter especialmente chileno, sino que optan por ciertos estereotipos universales de la guerra de sexos:
Y bueno, sé que debería incidir en los aspectos historietísticos de la revista, pero a decir verdad, creo que el verdadero humor está en las páginas de chicas (bonitas). Véase un ejemplo en este reportaje protagonizado por "Tessy Key", de la serie "Vidas de artistas". El pie de foto es sencillamente genial: "Le gustan los hombres altos y un poco menos pobres que ella". En fin, hay más, pero me las reservo.
En próximas entregas: el cómic en la Isla de Pascua.

EL VECINO DE DARIAS

Un clásico del periodismo sobre cómic, Manuel Darias, habla del Vecino en su página del Diario de Avisos.

HACER EL INDIO

Segundo capítulo de hoy de cuando nos gustan tebeos que no nos gustan.
O, en este caso, mejor sería decir "cuando nos gustan tebeos que no pensábamos que nos fueran a gustar". La portada de La estación de las flechas (Sinsentido, 2009), de Samuel Stento y Guillaume Trouillard, ejercía un gran poder disuasorio sobre mí. Al final, me decidí a superar los prejuicios que me provocaba y me lancé a su lectura, así como quien se tira al agua fría sin pensarlo.
Menudo tebeazo.
Sobre todo, sorprendente y original. Lo más fácil para dar unas referencias socorridas que ayuden a situarlo sería decir que es como un Jerónimo Puchero cruzado con Chris Ware (por poner el ejemplo más evidente de formalismo moderno), pero la verdad es que La estación de las flechas tiene personalidad propia, y las comparaciones serían injustas. En la entrada anterior hablaba de lo explícito y discursivo de Arlerí, un tebeo que va de frente y en primera persona. La estación de las flechas es todo lo contrario: lo que dice está implícito y sugerido, esquinado y, sin embargo, luminoso. El guión es inteligente y socarrón, hacía mucho que no leía algo que mantuviera un tono irónico tan constante sin llegar en ningún momento a lo cómico. O sea, que el libro entero se pasa con una especie de media sonrisa un tanto perpleja y curiosa. Gráficamente, toda mi desconfianza habitual hacia el "rollo pintado" se disuelve ante un despliegue de recursos muy medidos y muy efectivos. El tebeo tiene ritmo, tiene ambiente y tiene un algo que te acompaña cuando terminas la lectura y te deja con ganas de más. La estación de las flechas hace honor al premio que ha ganado.

PAJARITO

En el capítulo de hoy: cuando nos gustan tebeos que no nos gustan.
En el aeropuerto, volviendo de Getxo, tenía la mochila a reventar, así que para matar el rato durante la espera me puse a leer lo primero que salió de la bolsa: Arlerí (Astiberri, 2009), de Edmond Baudoin. No era lo que yo habría elegido.
Los cuatro ríos (Astiberri, 2009), de Baudoin con Fred Vargas, me había resultado francamente ilegible, y Arlerí es el típico tebeo que aborrezco desde la primera página: esa viñeta-cuadro de pretensiones artísticas pasadas por el mito del pintor heroico. La escena seguía por los derroteros que me imaginaba: la modelo desnuda y joven mira en silencio; la modelo desnuda y bella dice: "Eres viejo"; el pintor vestido y viejo mira en silencio; etc... En fin, mucho "arte" (traduzco, seudopintura indescifrable como tebeo) y mucha reflexión directa (topicazo) sobre la propia condición artística, la vida, el amor, las mujeres, el sexo... Por poner un ejemplo, esto es un parlamento que suelta el protagonista en apenas dos bocadillos de diálogo en dos viñetas consecutivas: "La cosa está en nuestra forma de mirar el o los paisajes. La relación que los hombres y las mujeres entablamos con la soledad. La soledad absoluta de los hombres y la soledad que puede verse interrumpida en intervalos de nueve meses en el caso de las mujeres. Sin olvidar a la muerte, que a todos nos sigue a tres metros. Esa muerte que hace que la separación sea de todas maneras ineludible. No tiene nada de triste, así es la vida. La muerte nos obliga a vivir. Y además a mí nunca me han gustado las fantasías. Si me atraía la mujer de al lado, no me la imaginaba desnuda. Quería verla, con su consentimiento, por supuesto. A Hélène tampoco le gustaban las fantasías". Sí, no me he equivocado: todo esto son sólo dos bocadillos.
Cuando a un historietista le entra el complejo de Picasso y además escribe en aforismos me pongo nervioso, es cierto, pero, a pesar de eso, no sé si forzado por las circunstancias, no dejé de leer Arlerí hasta acabármelo, ya asentado en ese espacio íntimo que es el reducido asiento del avión en un vuelo nocturno. Y a medida que avanzaba, cada vez más inmerso estaba en el mundo absurdamente grandilocuente y adolescente que planteaba Baudoin. La marea de pinturas y palabras desbocadas me envolvía, y yo me notaba sumergiéndome a veces en recuerdos muy antiguos, recuerdos verdaderos.
¿Cuál es el gran mérito de Baudoin? Pues, como en todos los casos en que se hace algo bien, en este caso el mérito es seguir su camino hasta las últimas consecuencias. Si vamos a perder la cabeza, vamos a perderla de verdad, no mirando con un ojo la reacción de los demás. Y Baudoin se entrega tan desinhibidamente a sus ideales y su visión, te grita a la cara con tanta desfachatez "¡Soy un artista y soy sensible! ¡Mira, he conocido mujeres!" que al final tienes la sensación de que se lo cree de verdad, y te lo acabas por creer tú también. Y de pronto descubres que un tebeo que está en las antípodas de lo que te gusta, también te puede gustar. Que al final, sientes algo leyendo Arlerí y estableces unos lazos afectivos con esa historia de amor tan desnuda y tan discursiva.
Muchas veces olvidamos cuánto nos influyen las circunstancias de una lectura en cómo apreciamos ésta.
Por ejemplo, si llevas tres semanas sin ver a tu novia, a lo mejor te gusta Arlerí.
A lo mejor.

viernes, 4 de diciembre de 2009

SENDEROS DE ROCA

Lo que más llama la atención de El Faro es algo que ya dice el propio Paco en el nuevo epílogo de la obra: prácticamente es un ensayo (sin ropa) de Las calles de arena. O bien podemos decir que ésta es una versión disfrazada de El Faro, depende desde dónde miremos. En todo caso, para todos aquellos que piensan que al lado de cada verdadero autor hay una obsesión, aquí ya tienen faena.
Emotional World Tour, por su parte, me ha gustado mucho y me ha parecido de lo más divertido que le he leído a Paco. Gallardo está en su línea, con esa frescura natural que le caracteriza, pero Paco no suele moverse en registros tan espontáneos, y la verdad es que la desenvoltura con la que se maneja es envidiable.
Pero tampoco debería sorprenderme. Si algo ha demostrado Paco Roca este último par de años es su facilidad para desenvolverse en cualquier situación. Le ha tocado desempeñar un papel en el panorama del cómic español actual, y lo está sabiendo desempeñar de maravilla. Porque este último par de años, Paco no ha sido sólo un historietista, ha sido el historietista, el embajador del cómic español contemporáneo ante el resto de la sociedad. Y creo que nadie podría haber desempeñado ese papel como él. Nadie tiene esa mezcla de sencillez y descaro, esa simpatía natural y ese saber estar. Efectivamente, no puede ser casualidad que le "haya tocado" a él.
Senderos es la confirmación de que el "Efecto Roca" ha sido más que un fogonazo, y que en este momento ya se ha consolidado. Un tipo de libro como éste sólo se le dedicaba hasta ahora a autores como Jordi Bernet, y lo menciono porque sobre él acaba de publicar El Jueves un espectacular volumen escrito por Toni Guiral. Pero que se publique un libro dedicado a un dibujante de apenas 40 años que ha publicado sus obras más importantes con una editorial pequeña como Astiberri da que pensar. No sé exactamente qué es lo que da que pensar, pero algo da que pensar.
Senderos es, en parte, un libro "como el de Bernet", y en parte un libro muy distinto, lo cual es lógico, porque Paco representa algo muy distinto de lo que representa Bernet. Este libro tiene una vocación austera y sobria, es más elegante que espectacular, y ofrece más material para la lectura reposada que para la mirada deslumbrada. Ojo, con eso no quiero decir que no incluya mucho material gráfico. De hecho, me ha sorprendido la cantidad de ilustraciones, bocetos e historietas que incluye. Pero incluso la parte gráfica invita más a la lectura que a la contemplación. Aparecen aquí recogidas, por ejemplo, un montón de historietas cortas que Paco Roca ha ido dejando por diferentes publicaciones. Entre ellas está mi historieta favorita de Paco: "Como cagallón por acequia", que salió por entregas en la revista Humo, dirigida por Juanjo el Rápido entre 2005 y 2007. Son casi 40 páginas de pura comedia de situación a base de descalabros sentimentales; es muy divertida en general, y muy emotiva puntualmente, sólo cuando hace falta. En la entrevista, cuando le plantean que éste es su guión más improvisado, Paco contesta que "es lo bueno que tienen las historias por entregas. Es lo más parecido a la vida real. No puedes reescribir lo que ya has publicado (...) acabas haciendo giros que no harías en un guión convencional". Y es verdad que aquí, como en Emotional World Tour, se percibe a una bestia interior que en otros trabajos de más fuste se domestica en guiones más elaborados y moderados. Leyendo este libro he llegado a pensar si no le habrá llegado a Paco Roca el momento de inventarse un seudónimo secreto para dar salida a su Mister Hyde creativo.
Senderos, en fin, es un festival para el fan de Paco Roca. Koldo Azpitarte firma una monumental entrevista que revisa minuciosamente cada paso que ha dado el talento más sensato y trabajador de la historieta española de los 2000, y el relato que se teje en esa entrevista funciona como lección de nuestra historia viñetera reciente -los anhelos de una generación que empezaba con el milenio y qué salida han tenido diez años después- y como lección para el joven historietista que quiera saber en qué consiste esta profesión hoy por hoy en España. Básicamente: si quieres llegar a ser Paco Roca necesitarás tener mucho talento de partida, pero con eso no llega ni de coña; además hay que currar sin desmayo y buscarse las oportunidades, no quedarse esperando a que lleguen.
La entrevista es el cauce por el que discurre el libro, que se va deteniendo en otros textos de diferentes autores sobre cada una de las obras de Paco, y en el material gráfico, que no es sólo abundante, como ya he dicho, sino que además es por lo general muy oportuno e ilustrativo.
Sigo perplejo, maravillado y entusiasmado de que se haya publicado este libro en España. Ojalá sea sólo el primero y pronto veamos que Laukatu (u otra editorial) pone en la calle más títulos en esta línea. Aunque, sinceramente, no se me ocurre quién podría ser protagonista del próximo.
Actualización: Manuel Bartual acaba de colgar un vídeo con un fragmento de la presentación de Emotional World Tour ayer en la Fnac de Callao (Madrid), con Paco Roca y Miguel Gallardo. Borja Crespo hace de maestro de ceremonias.

HUMORISTAS

Me he leído consecutivamente dos tebeos de dos amigos humoristas y la verdad es que me he reído mucho con los dos.
El primero es El mundo según Ptolomeo (Diábolo, 2009), un álbum de Bernardo Vergara que recopila montones de historietas de lo más heterogéneas publicadas previamente en El Jueves y El Heraldo de Aragón, entre otros sitios. En El mundo según Ptolomeo hay de todo, pero sobre todo hay lo que solemos llamar humor de actualidad, y aún más, de un tipo de actualidad "intemporal" que más o menos es cíclica o permanente, que siempre forma parte de nuestro paisaje social. Vamos, que nunca deja de ser actualidad: la iglesia, el coche, el cine, el rey, El Señor de los Anillos... Las páginas han sido realizadas a lo largo de mucho tiempo, pero el tono es bastante regular; ni en dibujo y color (donde a Bernardo le ayuda Carmen Recreo) ni en guiones se aprecia desnivel entre las historietas más antiguas y las más recientes. Esa evolución sí era fácil notarla en obras anteriores de Bernardo, como Manual de instrucciones para libros de instrucciones (Astiberri, 2002) o Urbano: mi colega invita (Astiberri, 2003), lo cual me imagino que significa que el autor está ya muy maduro y en pleno dominio de sus facultades. Para mí, éste es el mejor Bernardo Vergara, el más inspirado y que se muestra más en su salsa, sacando chiste tras chiste de la materia que llena los telediarios, es decir, de la información compartida entre todos nosotros. Porque Bernardo, digámoslo ya, no es realmente un crítico social, sino un crítico de los medios. Su tradición es formalmente la de Bruguera, pero espiritualmente está más cerca de Mad. El mundo según Ptolomeo es un libro de humor "general" que encantaría a cualquier lector "general" que no suela leer cómics, ahora sólo falta esperar que Diábolo sepa hacerlo llegar hasta ese lector.
El segundo libro es Zorgo 2 (Dibbuks, 2009) de Luis Bustos, que no se parece en nada a lo de Bernardo salvo en que la mayoría de sus páginas también tienen su origen en El Jueves (la editorial, no la revista) y en que ambos dan mucha risa. Por lo demás, el libro de Luis parece muy ligero después de emerger de la increíble densidad del de Bernardo (atención, compradores de El mundo según Ptolomeo, sabed que las 80 páginas que os lleváis a casa equivalen aproximadamente a 350 de cualquier otro tipo de cómic... no se lee en un rato tonto), y Luis no es un observador de la realidad como Bernardo. Más bien todo lo contrario, lo suyo es inventarse una realidad singular que podríamos denominar a veces de pop cazurro o chic castizo. Zorgo nació como serie juvenil en la revista Mister K, y Dibbuks ha recopilado en dos volúmenes todo el material que se publicó allí (más algunas páginas añadidas que han ido apareciendo en El Manglar, si no me equivoco). Aunque el humor de Zorgo -un supervillano de opereta, "azote de la democracia, mariscal del terror, amado y temido a días alternos"- es lo bastante blanco como para que lo puedan leer los críos, la verdad es que la sofisticación de la que hace gala Luis lo convierte en una lectura la mar de entretenida para los mayores también. Bustos siempre se ha confesado un admirador de Gallardo, y se nota, pero la soltura con la que maneja aquí los discursos desopilantes ha hecho que me recuerde más de una vez y más de dos al Manel Fontdevila más desbocado. Zorgo merecía haber tenido más suerte. En otro país se habría convertido en una franquicia con derivados de animación y muñequitos, pero aquí estamos para lo que estamos. Sospecho que hay muchos lectores que han descubierto por vez primera a Luis Bustos como el autor serio y épico de ese novelón gráfico de aventuras clásicas que es Endurance (Planeta-DeAgostini, 2009). Espero que Zorgo también llegue a sus manos para que descubran el verdadero rostro de Luis: cuando se les pase el soponcio, se van a tronchar.
Qué curioso mercado tenemos en España. Salen dos libros nacidos por impulso de una industria comercial pero materializados finalmente por editoriales minoritarias. El contenido de ambos no sólo es excelente, sino de lo más interesante para el gran público. Y sin embargo, tanto Ptolomeo como Zorgo podrían acabar siendo lectura exclusiva de aficionados muy cafeteros. Ah, pero me había prometido no meterme en grandes reflexiones en este post...

jueves, 3 de diciembre de 2009

MICROENTREVISTA: MAX

El pasado 20 de noviembre asistí en el Círculo de Bellas Artes de Madrid al concierto de Pascal Comelade y la Bel Canto Orquestra acompañados por Max, que dibujaba mientras ellos tocaban. Los dibujos de Max -uno por canción- se proyectaban en una pantalla levantada sobre el fondo del escenario, causando un efecto de singular fascinación entre el público. A pesar de que la Bel Canto Orquestra es un grupo visualmente muy divertido -utilizan todo tipo de instrumentos, desde juguetes a tazas de té o globos-, era la magia de los trazos que aparecían misteriosamente sobre el telón blanco la que atrapaba la atención de todos los allí presentes. La experiencia me pareció tan afortunada que he decidido hacerle algunas preguntas a Max al respecto.

¿Cómo ha sido la experiencia de tocar con un grupo en directo?
Para mí fue intensísimo estar allá arriba con la oreja puesta en el aire y el resto del cuerpo en la mesa de dibujo. La música, incluso los temas lentos, va demasiado rápida para el dibujo, me pasé la hora y pico con la lengua fuera (y eso que había ensayado en casa con los discos). Pero lo repetiría sin dudar, al menos con Pascal y su banda. Y fue también hacer realidad, en parte, mi sueño adolescente de tocar con una banda, claro que con un Edding en vez de con una Fender. Los organizadores están montando un DVD con sólo el dibujo y la música, tengo mucha curiosidad por ver cómo funciona todo así, como una peli de animación.

¿Percibías al público? ¿Qué te transmitía? Para un dibujante, acostumbrado a una labor solitaria, tiene que ser desconcertante enfrentarse a exhibir su trabajo en vivo ante centenares de personas, casi como algo un poco impúdico, ¿no?
Percibía la presencia, pero no veía directamente al público. La mesa de dibujo, inclinada unos 40 grados por necesidades de la cámara (que estaba debajo), no me lo permitía. Mejor así, nada más empezar comprendí que debía abstraerme al máximo y estar sólo pendiente de la música si quería que la cosa funcionara. Ni siquiera miraba a los músicos y, sólo de cuando en cuando eché un par de miradas fugaces a la pantalla de proyección para hacerme una idea de lo que estaba viendo el público. O sea que practicamente no me moví en toda la sesión más que para echar un traguito del whisky que tenía junto a los rotuladores en una pausa inusualmente larga entre temas. Por ese aislamiento visual en que me situé no sentí en ningún momento que aquello fuera impúdico. Mi único pavor era que, por la velocidad obligada de ejecución, los dibujos pudieran salir rematadamente mal.

Una semana antes se celebró en Madrid otro concierto con música y dibujos en directo, a cargo de Kevin Johansen y Liniers. Una diferencia entre el método que utilizó Liniers y el que utilizaste tú fue que en su proyección se veían sus manos, mientras que en tu caso, en la pantalla sólo se veía aparecer el dibujo paso a paso, y tú eras invisible... menos cuando retirabas la hoja, en la que aparecías como un gigante ante la sala, el hombre detrás del telón, como en El Mago de Oz. Podría parecer que un modelo responde al interés por el proceso del dibujo en sí, y no sólo por el resultado final, mientras que el otro responde al intento de preservar la magia del dibujo como algo misterioso. ¿Te identificas con este segundo modelo? Y no me refiero sólo al concierto, sino a tu trabajo en general.
No me identifico con un modelo más que con el otro. A mí me interesa mucho también el proceso. Y yo soy un dibujante de procesos mucho más que uno espontáneo. Hubo un precedente absolutamente improvisado hace un año en la Fnac de Barcelona, también con Pascal, en que la cámara grababa por encima y comprobé que a la gente le encanta ver la mano que dibuja. Pero pensé que el componente mágico, la línea saliendo de la nada, iba a ser más espectacular. Es lo más parecido a un dibujo animado (la primera propuesta de Basurama, los organizadores, había sido preparar animaciones, pero no había tiempo material). Me había quedado hechizado de pequeño viéndo dibujos formándose de la nada en aquel programa de TV, Disneylandia. Y hay también una peli de Picasso dibujando hecha así. Creo que este modelo "animado" apela más al "niño interior" al igual que, en cierto modo, lo hace la música de Pascal.

En el cómic contemporáneo hay un buen número de dibujantes que hacen música. No hace falta remontarse a Crumb, tenemos también a Ware, Tim Hensley, David Heatley, CF, Ron Regé Jr., Sfar. Muchos de ellos tienen tendencia a trabajar mucho la forma y romper con los esquemas convencionales. ¿Crees que hay una "visión musical" detrás de ciertas historietas contemporáneas? Y me refiero a que se buscan más armonías formales y ritmos como esencia de la historieta que simplemente valores narrativos heredados de la literatura.
Pues sí, el papel del ritmo en la narración visual cada vez se me antoja más decisivo, incluso lamento no tener ninguna formación musical porque creo que me ayudaría mucho a componer las páginas (fíjate que "componer" es escribir música). Y no hablo sólo de la estructura narrativa, o el "tempo" (otro término musical) de una historieta: Las repeticiones visuales inherentes al cómic (el personaje, y sus colores, repitiéndose en varias viñetas a lo largo y ancho de una doble página, por ejemplo) crean una especie de ritmo visual repetitivo e hipnótico asimilable a las repeticiones de una determinado fraseo musical en una partitura o a las entradas y salidas de un instrumento determinado en el desarrollo de un tema musical.

¿Habitualmente escuchas música mientras dibujas?
Siempre mientras dibujo, aunque hay momentos en que estás tan abstraído en lo que haces que dejas de ser consciente de ella. La oyes, pero no la escuchas (¿o es al revés?). Para escribir ya me distrae demasiado, me supone mayor esfuerzo que dibujar y me exige más concentración. Escucho sobre todo rock en toda su diversidad de variantes históricas y actuales, de folkies a ruidosas.

¿Vas a sacar un "álbum en directo" con lo dibujado en el concierto?
No voy a negar que he fantaseado con la posibilidad de un paquetito DVD+sketchbook, pero antes habría que ver si el vídeo es suficientemente bueno e interesante. Mi departamento cerebral de control de calidad es bastante duro. Y Pascal, claro, tendría que estar de acuerdo, y habría que ver con qué calidad se grabó la música, y quizá resolver temas de copyright, etc., así que de momento mejor que nadie más sueñe con ello porque no hay nada realmente previsto. Yo casi preferiría seguir con las actuaciones en directo.
Si queréis leer una crónica del concierto en forma de cómic, lo podéis hacer en el tumblr de Mireia Pérez.
Manuel Bartual ha subido una canción a Youtube. Transmite bastante la perspectiva que tuve yo, porque estaba a mi lado mientras la grababa.

EL VECINO EN MÁLAGA

Mañana viernes 4 de diciembre se presenta El Vecino en Málaga. Será a las 20.00 horas en la librería Luces (Alameda Principal 16). Yo no podré estar, pero Pepo estará muy bien acompañado por Sebastián Escámez y Manuel Arias, profesores de Ciencia Política de la Universidad de Málaga, y por David Sánchez-Lafuente, profesor de Filosofía. Pepo hará dibujos y dedicatorias a todo el que se lo pida y, según cómo se anime la cosa, ha prometido también bailar, cantar y tocar palmas subido a la mesa de novedades de la librería. Espero que alguien lo grabe. Aunque sea en su memoria.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

HÉROES EN EL BLOC


Héroes del espacio 1: La puerta del cielo, el álbum que he publicado en Planeta-DeAgostini junto a Javier Peinado, reseñado en Trazos en el bloc.

martes, 1 de diciembre de 2009

CHICO Y MONSTRUO





Tercera y última sorpresita especial que me traje de Getxo: Haciendo Jekyll, un libro de bocetos con cantidad de material preparatorio de Javier Olivares para el libro que hemos publicado ambos con SM: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mister Hyde. No tenía ni idea de que lo estaba preparando, lo ha hecho todo en secreto y a mis espaldas, y me he llevado una buena sorpresa. Y ya tiene mérito que Javier me siga sorprendiendo día sí y día también, con lo que le conozco a estas alturas.
Javier trabaja un montón cada vez que se mete un proyecto, y esta selección de bocetos y pruebas de todo tipo creo que da una buena muestra de cómo es ese trabajo. Sus dibujos preparatorios tienen tanta fuerza y vitalidad que adquieren una entidad propia, hasta el punto de que no hace falta conocer el álbum finalizado para disfrutar de estas páginas. Yo diría que es el mejor libro de bocetos que ha publicado hasta el momento, y merecería mejor difusión que la que le va a permitir esta edición limitada. ¿Cómo conseguirlo? Teniendo en cuenta que es un "Malasombra Handmade", creo que la forma más segura de adquirirlo es hacerse amigo de Javier. Dicho así, en frío, parece difícil, pero no lo es tanto. Hacerse amigo de él es mucho más fácil que hacerse amigo mío, por ejemplo. Y la recompensa merece la pena. Aunque sólo sea por este Sketchbook.

CHICA Y MONSTRUO

Otra de esas pequeñas cosas que uno se trae de los festivales: Chica y monstruo en la llegada del invierno. Es un cuento gráfico en nueve tarjetas (más una portada), que no están encuadernadas ni relacionadas por un orden predeterminado, de manera que uno puede establecer entre ellas la secuencia que quiera, creando su propia historia. Es de hecho lo que se pide: "Coloca las páginas en el orden que te gustaría que sucedieran los acontecimientos. Interpreta las imágenes y lee tu propia historia", dice la portada. Yo ya lo he hecho, pero creo que todavía puedo darle algunas vueltas a los elementos e inventarme otra historia.
La responsable de esta joyita es Mireia Pérez, y lo interesante no es ya su calidad gráfica (Mireia, no me siento capaz de resistirme a decirlo, es una chica con un talento monstruoso) sino su condición sintomática de cómo cada día que pasa surgen nuevos autores que están poniendo en duda los límites reconocidos del cómic. O tal vez, de cómo se están haciendo con sensibilidad de cómic cosas que normalmente no denominaríamos cómic, lo que acaba enriqueciendo a la historieta, siempre que estemos dispuestos a dejarnos impregnar y no quedarnos discutiendo si cómic es esto y no lo otro en una trinchera llena de barro.
Os dejo con otra imagen relacionada con este minitebeo, robada al flickr de Mireia.

BIEN DADAS

Si no llego a ir a Getxo, no sé si me habría enterado de que lo nuevo de Leandro Alzate es un minicómic, Pómez. Leandro Alzate firmó uno de los mejores tebeos españoles del año pasado, Mal dadas (Astiberri, 2008), aunque casi nadie se enteró. Sus historietas muestran a un autor reflexivo y muy preocupado no sólo por lo que dice, sino por cómo lo dice exactamente, y con muchas ganas de romper moldes y salirse de tópicos. Pómez se abre con la imagen de un pato que parece un conejo o de un conejo que parece un pato. Y es una imagen adecuada por un doble motivo. En primer lugar, porque representa dos tradiciones que se dan cita en el trabajo de Leandro: la tradición del cómic más puro y genuino (la imagen apareció originalmente en Die Fliegenden Blätter, una revista alemana del siglo XIX donde también publicaba Busch) y la tradición de la reflexión sobre el sentido de la imagen y cómo la percepción nos engaña (Gombrich utilizó este truco visual como uno de los argumentos de partida de Arte e ilusión... justo después de un chiste del New Yorker, todo sea dicho). Pero en segundo lugar, la elección de esta imagen por parte de Leandro nos advierte de que en sus cómics siempre se pueden ver dos cosas a la vez, según inclinemos la mirada y según midamos la lectura. Tal vez por eso hay un aire como de Cortázar en la primera historieta, una especie de sublimación nouvelle vague de la clásica anécdota "salió a por tabaco y se fue a Cuba", y tal vez por eso las interrupciones textuales que separan cada pieza nos invitan a ver de otro modo lo que aparentemente se presenta como costumbrismo indie. Y bueno, lo es si vos queréis, de acuerdo, pero es algo más. No pensamos en costumbrismo cuando leemos a Chris Ware o a Dash Shaw, y lo de Leandro se escora más hacia esas latitudes. Tal vez el deseo de no ser malinterpretado le haya llevado a elegir este formato sorprendente y desfasado del minicómic autopublicado. Lo primero que uno piensa es que un minicómic es ahora mismo un acto de nostalgia o un gesto afectado, pero pronto comprendemos que en realidad es la manifestación física de la marginalidad de Leandro en el panorama actual del cómic español. Me parece que dice más de dónde no consigue ubicarse que de dónde se quiere ubicar. Leandro ha reconocido que en el cómic español de ahora mismo no hay espacio para lo suyo, así que se ha salido. A mí me parece bien. Que esté fuera, sí. Pero que no se vaya. Que siga así.

En la página de Leandro Alzate se pueden leer varias historietas suyas, entre ellas Pómez, que también se puede encargar a través de la web o comprar en algunas librerías (la lista aparece allí).

lunes, 30 de noviembre de 2009

SCHULZ, CARLITOS, SNOOPY Y NOSOTROS

Uno de los momentos que más disfruté de este Salón de Getxo fue la presentación del libro Schulz, Carlitos y Snoopy. Una biografía (2009, Es Pop) a la que tuvo la amabilidad de invitarme su editor, Óscar Palmer, y que me permitió mantener una charla pública no sólo con él, sino también con Pepo Pérez y Manel Fontdevila, que completaban la mesa redonda.
Schulz, Carlitos y Snoopy llegó en el último segundo a las librerías presentes en el festival, para alivio de Óscar, que tuvo los dedos cruzados durante toda la semana. Como me imagino que ya esta misma semana estará en todas las librerías, creo que no está de más recordar algunas de las cosas que allí comentamos.
Schulz, Carlitos y Snoopy no es un libro sobre cómic, aunque lo parezca. Es un libro sobre cultura popular, o, más exactamente, sobre cultura de masas, que es a lo que se dedica precisamente Es Pop, una jovencísima editorial que ha publicado apenas tres libros: uno sobre cine, otro sobre rock y este tercero sobre historieta. Pero digo que no es sobre cómic porque no es un libro escrito desde el mundo del cómic. Su autor, David Michaelis, es un biógrafo -o un "biografista"- que ya había tenido un gran éxito de ventas con un trabajo sobre la vida de N.C. Wyeth, y que andaba buscando otro tema cuando se topó con Schulz, probablemente el historietista americano más importante del siglo XX.
Como es típico en estas grandes biografías profesionales tan del gusto de los americanos, las más de 600 páginas del volumen están llenas de detalles minuciosos, hasta tal punto que casi podríamos decir que los detalles están llenos de detalles. Y aunque, evidentemente, su lectura es imprescindible para cualquier aficionado al cómic que sienta un poco de curiosidad por la historia del medio, y en efecto hay mucha información sobre el funcionamiento de las tiras de prensa, las agencias y los profesionales de la viñeta en Estados Unidos, Michaelis no intenta hacer un trabajo especializado en historia del cómic. Su perspectiva es más amplia, lo cual es de agradecer porque realmente es necesaria una perspectiva muy amplia para abarcar la figura de Schulz y su serie Peanuts, que es siempre inconmensurable y con frecuencia contradictoria. Porque Peanuts es uno de los cómics más importantes que han existido, sí, pero también es el origen de uno de los emporios comerciales más grandes de todos los tiempos, y conocer esa dimensión es tan necesaria como conocer la puramente viñetera para entender la historia completa.
Curiosamente, de los cuatro que participamos en la mesa de presentación de la obra, tres -Óscar, Pepo y yo- no habíamos llegado a Peanuts como cómic hasta muy tarde, y sólo siendo adultos habíamos empezado realmente a disfrutar la serie. Yo apenas leí Carlitos y Snoopy de crío -mi familia era más de Mafalda-, pero por supuesto que mi contacto con los personajes fue muy intenso desde muy temprana edad. Al fin y al cabo, había figuritas, colonias, anuncios y ropa con la efigie de Snoopy por todas partes. Mi adolescencia coincidió con el apogeo de la apropiación de Snoopy por los pijos, los años duros del "Te lo juro por Snoopy" y de figuritas de Snoopy rampante con la bandera española. Desde luego, las creaciones de Schulz no despertaban mis simpatías por aquel entonces.
Sin embargo, recientemente Peanuts ha sufrido un proceso de rescate. Desde la muerte de Schulz en 2000 (la noche anterior a que se publicara su última tira), los principales autores de novela gráfica han insistido por activa y por pasiva en la enorme influencia de Peanuts sobre su propio trabajo. Algunos, como Ivan Brunetti o Seth, lo llevan escrito en su trazo de forma evidente. El parecido gráfico de la primera etapa de Peanuts con las obras del autor de George Sprott es más que evidente. No es un amor secreto: ha sido precisamente Seth quien se ha ocupado de diseñar la reedición completa y definitiva de Peanuts que Fantagraphics publica desde 2004 (Planeta-DeAgostini, en España). Chris Ware, por su parte, manifiesta siempre que puede su amor por Charlie Brown y compañía. En el número 13 de McSweeney's Quarterly Concern (2004), que él editó, reprodujo varios papeles con los "dibujos preliminares de Charles Schulz", y escribió: "Cualquiera que haya intentado dibujar a Charlie Brown descubre de inmediato que es una tarea imposible; siempre sale mal, como una broma grotesca, como alguien que se hubiera disfrazado para ir a una fiesta".
Aunque no se puede negar que el estilo limpio y minimalista de Schulz es una fuente constante de inspiración para Ware y compañía, es evidente que su influencia va más allá del aspecto gráfico. Es más bien el minimalismo argumental, el despojamiento narrativo y el interés por la representación a través del cómic de estados de ánimo o "no incidentes" lo que sin duda fascina a estos autores interesados en narrar todo aquello que hasta ahora no se había narrado con viñetas.
Excepto en Peanuts, tal vez.
En Apocalípticos e integrados (1965), Umberto Eco incluyó un ensayo sobre "El mundo de Charlie Brown", en el que escribía:
"Desde que el mundo es mundo, artes mayores y artes menores han podido prosperar casi siempre únicamente en el ámbito de un sistema dado que permitía al artista cierto margen de autonomía a cambio de cierta sumisión a los valores establecidos: y que, con todo, en el interior de estos varios circuitos de producción y de consumo, se han visto surgir artistas que, valiéndose de ocasiones concedidas a todos los demás, lograron transformar profundamente el modo de sentir de sus consumidores desarrollando, en el interior del sistema, una función crítica y liberadora. Como siempre, es cuestión de genialidad individual, de saber elaborar un discurso lo suficientemente límpido, incisivo y eficaz para lograr el dominio de todas las condiciones dentro de las que, por la fuerza de las cosas, se mueve".
Continuaba Eco planteando dos vías posibles para elaborar ese discurso: una de ellas la ejemplificaba con la sátira intelectual de Jules Feiffer y su Sick, Sick, Sick. La segunda vía la representaba Krazy Kat de George Herriman, y era en esta tradición en la que insertaba a Peanuts. Es curioso que Eco relacionase a Peanuts con este cauce que él llamaba "lírico", ya que Michaelis también insiste en la influencia de la obra de Herriman sobre Schulz. Parece evidente, pues, que Peanuts es uno de los grandes cómics artísticos de la historia, un cómic que parece destinado a satisfacer las demandas de los lectores más inteligentes.
Entonces, yo me pregunto, ¿cómo es posible que también fuera uno de los cómics más populares de todos los tiempos? ¿Cómo podía ser el favorito de las élites el producto más groseramente masificado?
Estamos acostumbrados a pensar que las obras verdaderamente brillantes y originales están condenadas a la incomprensión por parte de las masas (véase precisamente el caso de Krazy Kat). ¿Cuál es el secreto de la magia de Peanuts?
No lo sé -como supongo que no lo sabe nadie, o ya lo habrían patentado, y probablemente el único que lo descubrió fue Bill Watterson y decidió guardárselo-, aunque sospecho que para los americanos, Peanuts representaba la sal de la tierra, ese punto intermedio -geográfico y espiritual- que es el Medio Oeste equidistante de la intelectualidad europea de Nueva York y de la extravagancia de California. Un país que nunca existió pero en el que todos se encontraban en casa. Probablemente también tuviera algo que ver la facilidad de Schulz para generar lemas que fueran el equivalente occidentalizado de la filosofía zen. Los relajantes haikus que son muchas veces las tiras de Peanuts alcanzaron su máxima popularidad durante los años 60, una época que está cruzada de frases de motivación, de espiritualidad resumida en un eslógan y de mantras de autoayuda.
Por supuesto que gran parte de la popularidad que alcanzó Peanuts durante esa década se debe también al ascenso al estrellato de Snoopy, y a la multiplicación de la imagen de éste en todo tipo de productos comerciales y anuncios. Y empiezo a sospechar que hay un tipo de figura -normalmente blanca, indefinida, antropomórfica pero no del todo humana, una especie de interrogación ambulante- que cautiva la imaginación del público masivo en virtud de su propia neutralidad. Me pregunto: ¿hay alguna relación secreta entre Snoopy, Bone, los Moomins, los Schmoo y otros mil avatares de esta silueta fantasmal?
En todo caso, la explotación mercantil de Peanuts se basó -en un principio, al menos-, en las cualidades inherentes a la tira. El origen del imperio está en Happiness is a Warm Puppy, un libro regalo aparecido en 1960 que creó un mercado hasta entonces inexistente. No había libros como ése hasta aquel momento -formato reducido y cuadrado, muy colorido, conformado por apenas unas ilustraciones acompañadas de variantes del lema "la felicidad es..."-, como no había sudaderas de colores con logos de personajes hasta que aparecieron las de Peanuts. Una de las cosas que más me ha interesado del libro de Michaelis es cómo explica de qué manera las creaciones de Schulz han contribuido de manera decisiva a dar forma a la sociedad de consumoen la que hoy vivimos, saturada de logos y de marcas.
[Por cierto, que Happiness is a Warm Puppy ha sido publicado por vez primera en España precisamente ahora, casi 50 años después de su aparición original en Estados Unidos, junto con otros tres títulos de la serie; aquí se llama La felicidad es un cachorrito].
Pero en última instancia, Schulz, Carlitos y Snoopy es, como reza su subtítulo, "una biografía". Lo que importa es la vida de una persona, y ahí es donde el libro de Michaelis ha recibido la mayor contestación por parte de algunos sectores, animados por el hijo mayor de Schulz, Monte.
Monte Schulz fue compañero y amigo de Michaelis durante todo el proceso de documentación y escritura del libro, pero cuando leyó el texto final se sintió profundamente decepcionado por el retrato que hacía de su padre. Sus quejas acabaron dando lugar a un número especial de The Comics Journal (290, mayo de 2008) donde se examinaba con lupa la biografía. En aquel TCJ aparece un largo texto de Monte que intenta corregir la semblanza de su padre que, según él, daba el libro: un hombre frío, distante, en permanente estado de melancolía, con problemas para relacionarse con sus semejantes y su familia, y marcado indeleblemente por la muerte de su madre. Además, de Monte Schulz, especialistas de primerísima línea como R.C. Harvey, Jeet Heer y Kent Worcester hacían críticas muy detalladas de Schulz, Carlitos y Snoopy. Mi impresión, después de leerlas, es que la biografía es muy consistente y fiable, porque la mayoría de las pegas que se le planteaban no pasaban de errores menores. Por ejemplo, que Schulz no leyó Krazy Kat a medida que se publicaba en los periódicos, ya que no aparecía en ninguno al que él tuviese acceso. Por el contrario, descubrió la serie de Herriman recopilada en libro cuando ya no se publicaba en prensa. Es un detalle a tener en cuenta, pero no cambia el hecho de que le influyó poderosamente.
Queda el tema de la veracidad de la descripción que se hace del carácter de Schulz. Evidentemente, puede que Michaelis -que no llegó a conocer en vida al biografiado- nos haya transmitido una impresión equivocada. Diría que incluso me inclino a pensarlo, porque, como señalan Monte Schulz y Harvey -que sí conoció al dibujante-, nadie que viviera amargado podría haber estado realizando durante 50 años un chiste diario. Pero a una persona sólo se la puede conocer realmente tratándola en persona, y a nosotros no nos importa tanto cómo era realmente Schulz, sino que más bien nos interesa el relato absorbente de su vida y sus circunstancias que hace Michaelis. Al fin y al cabo, toda biografía es una ficción, un relato novelesco en el que se reconstruye un argumento a partir de unos elementos anecdóticos que siempre son incompletos, siempre son parciales, siempre son engañosos. Y el mejor biógrafo es el que, consciente de que su verdad es una mentira, la engarza en un tema y lo desarrolla con brío y talento. Schulz tuvo una vida que no se puede considerar interesante. Fue un hombre sencillo -a pesar de su riqueza-, su vida sentimental, si bien no fue anodina, tampoco fue extraordinaria, y su trayectoria profesional se resume diciendo que se pasó medio siglo sentado a una mesa dibujando. Que su biografía se lea apasionadamente es un tributo al brío y talento de Michaelis.
Quería decir más cosas, pero me temo que ya he dicho demasiadas (yo que odiaba los posts largos en los blogs), así que me limito a cerrar con una tira de Peanuts que se publicó en enero de 1973 y que creo que todos los que nos dedicamos al cómic -como autores o como críticos- deberíamos tatuárnosla en la frente. Traduzco los diálogos. Viñeta 1: ¿Qué pasa si trabajas durante 20 años y al final acabas no siendo ni rico ni famoso? Viñeta 2: El placer está en tocar. Viñeta 4: ¡Estás de broma!
Más:
David Michaelis habla de Schulz, Carlitos y Snoopy, subtitulado al español. (Visto en cultura impopular).

Toda la información sobre el libro (incluidas 10 páginas en pdf) en cultura impopular, el blog de Óscar Palmer y Es Pop ediciones.