Gerardo Vilches y Roberto Bartual hacen uno de mis podcasts favoritos sobre cómic, Pictopía. En su último episodio me han invitado a charlar con ellos sobre uno de mis temas favoritos: el Spiderman de Gerry Conway y Ross Andru. O, lo que es lo mismo: las fuentes a las que siempre vuelvo.
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martes, 28 de abril de 2020
viernes, 6 de julio de 2018
SPIDERMAN: ¡EL CAPÍTULO FINAL!
Spiderman: ¡El capítulo final!
Stan Lee y Steve Ditko,
1965-66
“Spiderman y yo”.
Éste es uno de los títulos posibles que contemplo para mis memorias, que escribiré algún día lejano cuando me retire a un balneario en las montañas.
Es muy normal identificarse con un personaje de ficción, pero lo mío con Spiderman es ridículo.
De pequeño, cada cierto tiempo probaba a trepar por las paredes, por si acaso me había picado una araña radiactiva y no me había dado cuenta. De mayor, me encontré traduciendo sus aventuras para las ediciones españolas. Tenía poco más de veinte años y estaba escribiendo las palabras que salían de la boca de Peter Parker. Veinticinco años después, sigo haciéndolo. Miles de páginas han pasado por mis manos, y me sigue pareciendo asombroso. Si me hubieran dicho de niño que de adulto me ganaría la vida poniendo en español los diálogos del lanzarredes, de la alegría me habría subido literalmente por las paredes.
Mi primer cómic publicado, El vecino, que hice junto a Pepo Pérez en 2004, se titula así en homenaje al amistoso vecino arácnido. Realmente, no puedo imaginar mi vida sin la presencia de Spiderman. Es mi santo patrón.
Por supuesto, no me puedo atribuir la exclusividad. Está claro que no he sido el único niño del mundo encaprichado con el misterioso Hombre Araña. ¿Qué tiene exactamente Spiderman para ser tan popular en todo el mundo durante tanto tiempo? A toro pasado es fácil buscar explicaciones para el éxito, y todo parece obvio, pero cuando pienso en los orígenes del personaje, me sigue pareciendo sorprendente. Los cimientos del Universo Marvel los puso Jack Kirby con Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores y los X-Men, pero, paradójicamente, el mayor éxito de la editorial comandada por Stan Lee sería un personaje con el que Kirby no tuvo nada que ver. ¿Quién podría imaginar eso? Aún más, el dibujante que cocreó a Spiderman jamás tendría otro éxito comparable en toda su carrera, ni dentro ni fuera de Marvel. Su otra gran serie, Doctor Extraño, siempre sería secundaria, y a lo largo de su extensa trayectoria nunca ha dejado de ser un autor de culto. Eso, sin embargo, no me sorprende. Ditko tiene un estilo antipático, de personajes repelentes y gestualidad extravagante, un estilo que sé de primera mano que no sólo no atrae al nuevo lector, sino que incluso puede parecer repulsivo. Hay que acostumbrarse a él.
Y con todo y con eso, ahí está: ¡Spiderman!
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lunes, 10 de diciembre de 2012
EL BESO
Retomo brevemente un tema que toqué hace unos días, en la entrada «El Capitán América contra Richard Nixon». ¿Qué es lo que representamos cuando no representamos algo? En aquella entrada planteaba que aquel cómic de 1974 se había beneficiado de la imposibilidad de mostrar al villano de la historia, Richard Nixon, y que su alusión elíptica enriquecía el resultado final. También decía que probablemente el guionista, Steve Englehart, habría preferido mostrar al propio Presidente de los Estados Unidos si hubiera tenido la posibilidad, pero los límites de las convenciones le forzaron a una solución retórica brillante.
Continuamente nos repetimos (y oímos decir) que ya no hay límites y que hoy vale todo, pero por supuesto que no es cierto, y sigue habiendo cosas que sólo se pueden representar no representándolas. La semana pasada se ha dado un ejemplo en Amazing Spider-Man, y ha provocado como consecuencia una discusión interesante con el telón de fondo de cómo funcionan los recursos narrativos en el cómic.
La página en cuestión:
Un poco de contexto: Amazing Spider-Man #699, segunda parte de una saga de tres episodios que concluye en el número 700, el cual a su vez dará cierre a la anciana colección del amistoso vecino arácnido. En la primera viñeta vemos el cuerpo del Doctor Octopus, antiguo enemigo de Spiderman que está viviendo sus últimas horas, con la salud muy deteriorada. Pero la mente de su interior no es la de Otto Octavius, sino la de Peter Parker. El diabólico Doctor ha conseguido intercambiar su personalidad con la de su archienemigo, y ahora ocupa el cuerpo del trepamuros, mientras que éste ha quedado atrapado en su moribunda figura. Buscando desesperadamente una salida a su situación, Spiderman (dentro del cuerpo de Octopus) accede a los recuerdos del villano, todavía almacenados en su cerebro físico. Las viñetas 2-5 muestran flashes de esos recuerdos, una especie de rápido recorrido por la historia de Octopus mediante fogonazos visuales vistos desde su punto de vista subjetivo. En la viñeta 2, vemos al padre de Otto, en la 3, la explosión que causó la fusión de los brazos mecánicos con el científico y por tanto el origen del supervillano, en la 4, a Spiderman golpeándole en su eterna batalla, y en la 5, y aquí viene el premio, a la tía May de Peter Parker vestida de novia y poniendo morritos a Octopus/Spiderman/nosotros los lectores. El incidente hace referencia a una vieja situación de los cómics de Spiderman de los años 70 en la que Octavius y May mantuvieron un romance, y estuvieron a punto de casarse. En esta página, la tía May le dice a Octopus que no sea tan sosainas y que «nadie va a saber que hemos hecho esto antes de la boda. Será nuestro secretito». En la viñeta 6 y última de la página, volvemos a la realidad de la viñeta 1, y vemos el exterior de la celda donde está encerrado Octopus/Spidey, de la cual sale el grito horrorizado de Peter Parker, obligado a revivir en el recuerdo de su enemigo una escena protagonizada por su tía que preferiría no haber conocido nunca, y mucho menos de primera mano. En la página siguiente, el monólogo interno de Parker continúa y remata la escena: «Eso no ha pasado nunca».
La cuestión, por supuesto, es: ¿Qué ha pasado?
Lo que yo interpreté al leer la escena creo que es lo que ha interpretado todo el mundo. En Bleeding Cool lo expresaban con mucha claridad: Cuando Peter Parker practicó el sexo con la tía May. La cuestión es que el tema saltó al foro de la página web del historietista John Byrne, antiguo dibujante de Spiderman, y provocó una respuesta por parte de Dan Slott, actual guionista de Spiderman y autor de la página que hemos comentado. Toda la discusión está resumida en este post de Bleeding Cool: Fanboy Rampage, John Byrne vs. Dan Slott. Slott planteaba que en la página en ningún momento se ve que la anciana May y Octopus/Peter Parker practiquen el sexo, y que todo queda a la imaginación del lector, de manera que si te imaginas que ha pasado algo más grave que un simple beso (como, según él, se imaginaría un niño de diez años), eso está únicamente en la mente del lector. Slott plantea por tanto que, gracias a la «magia de la elipsis» somos nosotros quienes proyectamos lo que queremos y que la morbosidad de la escena llega hasta donde llegue nuestra propia morbosidad individual.
El argumento es realmente cínico, pero lo que a nosotros nos interesa aquí son las reglas de funcionamiento de los mecanismos narrativos. Unas reglas a las que, una vez que el autor se somete, ya no puede sustraerse. Aunque creamos que el autor es Dios y puede hacer lo que quiera con su obra, desde el momento en que está decidiendo cómo va a ser su obra, está limitando las posibilidades de lo que puede hacer con ella. O sea, desde el momento en que uno recurre a esta elipsis, ¿es razonable decir que lo que pasa queda a la imaginación del lector y yo no he dicho que hayan hecho algo más que darse un beso?
Byrne sabe que no es así, y lo explica con la mayor claridad: Si sólo es un beso... ¿por qué no mostrarlo?
Decir que la tía May y Octopus no follan (y Peter Parker lo vive en primera persona, en el recuerdo) en esa elipsis sería como decir que en la escena final de la saga del Imperio Secreto el Número Uno no es Richard Nixon, sino que lo dejamos a la imaginación. Podría ser Cráneo Rojo, por ejemplo.
Sí, claro. Y la tía May podría ser virgen.
CARAS OCULTAS
Curiosamente, Amazing Spider-Man es una colección con una tradición de imágenes escamoteadas que se remonta a Steve Ditko y sus orígenes. Hay dos casos muy notables que me vienen a la memoria. El primero, el Duende Verde:
Desde su primera aparición (Amazing #14, 1964), de la que reproduzco unas viñetas sobre estas líneas, el archienemigo de Spiderman se mostró como alguien que tenía una doble personalidad, pero cuya identidad secreta quedaba siempre oculta a los lectores, utilizando cualquier artificio que fuera necesario, como se puede ver en la ilustración.
El segundo caso fue Mary Jane Watson, la hija de la vecina de la tía May, Anna Watson, y futura esposa de Peter Parker:
Durante una serie de episodios, Anna y May se empeñan en que sus respectivos sobrinos se conozcan, pero Peter nunca tiene tiempo (ni interés) para que se celebre la demorada reunión, que se convierte en un gag recurrente. Las dos viñetas que he reproducido pertenecen a Amazing #25 (1965) que es donde por vez primera se ve físicamente a Mary Jane, aunque una flor estratégicamente situada nos priva de descubrir su rostro.
Steve Ditko mantendría estas dos subtramas de los personajes sin rostro -el Duende Verde y Mary Jane Watson- a lo largo de toda su estancia en Amazing Spider-Man, que abandonaría sin llegar a resolverlas. Nada más marcharse, Stan Lee no perdió tiempo en solucionarlas, y con la ayuda del nuevo dibujante John Romita les dio conclusión de inmediato. En primer lugar, descubrimos que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn, el padre de Harry, el amigo de Peter Parker. E inmediatamente después, Mary Jane y Peter por fin se encontraban, y este descubría que la sobrina de su vecina a quien había estado evitando como si fuera la peste, era en realidad una preciosidad llena de vida y alegría.
Toda la subtrama de Mary Jane estaba montada como un larguísimo chiste: ¡el desgraciado de Peter se había pasado meses esquivando a un bombón! ¡Tonto! Lo curioso es que por aquel entonces la falta de comunicación entre Ditko y Lee era tan completa que éste no sabía por dónde iba a llevar aquél la serie, y dialogaba prácticamente a ciegas. De otra manera no se explica que en el mencionado Amazing #25 reviente con sus diálogos el chiste cuyo desenlace no va a contar hasta la última viñeta del #42. ¿Qué sentido tiene que en una viñeta nos oculten la apariencia de Mary Jane, si en la siguiente Betty dice que parece una estrella de cine?
El caso de la identidad del Duende Verde fue algo más complicado, y habitualmente se esgrime como uno de los motivos de discusión entre Lee y Ditko que acabaron motivando la salida de éste de la serie. Según parece, Ditko quería que el Duende Verde fuera alguien desconocido, anónimo, mientras que Lee estaba empeñado en que fuese algún personaje secundario ya presente en la serie y que fuera conocido por los lectores. Dejando de lado la discusión filosófica entre dos planteamientos completamente antagónicos que revelan estas posturas (Amazing Spider-Man como tratado moral vs. Amazing Spider-Man como culebrón), volvemos de nuevo a la ley de la narración: si el Duende Verde era alguien anónimo, ¿por qué no mostrar su rostro? Cada vez que Ditko estaba utilizando un artificio tan forzado como una portezuela interpuesta ante su cara, estaba diciéndoles a sus lectores que no podían ver su cara. ¿Se supone que los lectores no tienen que sacar de eso otra conclusión salvo que cada uno puede proyectar lo que quiera? No, la única conclusión que pueden sacar los lectores es que no pueden ver su cara porque si lo hacen, lo reconocerán, como reconocerían a Richard Nixon los lectores de Capitán América.
Cada regla es una cláusula del contrato narrativo que suscriben los lectores con el autor. Y el autor que se salta las cláusulas, acaba perdiendo la confianza de los lectores. Moraleja: Que se besen.
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Continuamente nos repetimos (y oímos decir) que ya no hay límites y que hoy vale todo, pero por supuesto que no es cierto, y sigue habiendo cosas que sólo se pueden representar no representándolas. La semana pasada se ha dado un ejemplo en Amazing Spider-Man, y ha provocado como consecuencia una discusión interesante con el telón de fondo de cómo funcionan los recursos narrativos en el cómic.
La página en cuestión:
Un poco de contexto: Amazing Spider-Man #699, segunda parte de una saga de tres episodios que concluye en el número 700, el cual a su vez dará cierre a la anciana colección del amistoso vecino arácnido. En la primera viñeta vemos el cuerpo del Doctor Octopus, antiguo enemigo de Spiderman que está viviendo sus últimas horas, con la salud muy deteriorada. Pero la mente de su interior no es la de Otto Octavius, sino la de Peter Parker. El diabólico Doctor ha conseguido intercambiar su personalidad con la de su archienemigo, y ahora ocupa el cuerpo del trepamuros, mientras que éste ha quedado atrapado en su moribunda figura. Buscando desesperadamente una salida a su situación, Spiderman (dentro del cuerpo de Octopus) accede a los recuerdos del villano, todavía almacenados en su cerebro físico. Las viñetas 2-5 muestran flashes de esos recuerdos, una especie de rápido recorrido por la historia de Octopus mediante fogonazos visuales vistos desde su punto de vista subjetivo. En la viñeta 2, vemos al padre de Otto, en la 3, la explosión que causó la fusión de los brazos mecánicos con el científico y por tanto el origen del supervillano, en la 4, a Spiderman golpeándole en su eterna batalla, y en la 5, y aquí viene el premio, a la tía May de Peter Parker vestida de novia y poniendo morritos a Octopus/Spiderman/nosotros los lectores. El incidente hace referencia a una vieja situación de los cómics de Spiderman de los años 70 en la que Octavius y May mantuvieron un romance, y estuvieron a punto de casarse. En esta página, la tía May le dice a Octopus que no sea tan sosainas y que «nadie va a saber que hemos hecho esto antes de la boda. Será nuestro secretito». En la viñeta 6 y última de la página, volvemos a la realidad de la viñeta 1, y vemos el exterior de la celda donde está encerrado Octopus/Spidey, de la cual sale el grito horrorizado de Peter Parker, obligado a revivir en el recuerdo de su enemigo una escena protagonizada por su tía que preferiría no haber conocido nunca, y mucho menos de primera mano. En la página siguiente, el monólogo interno de Parker continúa y remata la escena: «Eso no ha pasado nunca».
La cuestión, por supuesto, es: ¿Qué ha pasado?
Lo que yo interpreté al leer la escena creo que es lo que ha interpretado todo el mundo. En Bleeding Cool lo expresaban con mucha claridad: Cuando Peter Parker practicó el sexo con la tía May. La cuestión es que el tema saltó al foro de la página web del historietista John Byrne, antiguo dibujante de Spiderman, y provocó una respuesta por parte de Dan Slott, actual guionista de Spiderman y autor de la página que hemos comentado. Toda la discusión está resumida en este post de Bleeding Cool: Fanboy Rampage, John Byrne vs. Dan Slott. Slott planteaba que en la página en ningún momento se ve que la anciana May y Octopus/Peter Parker practiquen el sexo, y que todo queda a la imaginación del lector, de manera que si te imaginas que ha pasado algo más grave que un simple beso (como, según él, se imaginaría un niño de diez años), eso está únicamente en la mente del lector. Slott plantea por tanto que, gracias a la «magia de la elipsis» somos nosotros quienes proyectamos lo que queremos y que la morbosidad de la escena llega hasta donde llegue nuestra propia morbosidad individual.
El argumento es realmente cínico, pero lo que a nosotros nos interesa aquí son las reglas de funcionamiento de los mecanismos narrativos. Unas reglas a las que, una vez que el autor se somete, ya no puede sustraerse. Aunque creamos que el autor es Dios y puede hacer lo que quiera con su obra, desde el momento en que está decidiendo cómo va a ser su obra, está limitando las posibilidades de lo que puede hacer con ella. O sea, desde el momento en que uno recurre a esta elipsis, ¿es razonable decir que lo que pasa queda a la imaginación del lector y yo no he dicho que hayan hecho algo más que darse un beso?
Byrne sabe que no es así, y lo explica con la mayor claridad: Si sólo es un beso... ¿por qué no mostrarlo?
Decir que la tía May y Octopus no follan (y Peter Parker lo vive en primera persona, en el recuerdo) en esa elipsis sería como decir que en la escena final de la saga del Imperio Secreto el Número Uno no es Richard Nixon, sino que lo dejamos a la imaginación. Podría ser Cráneo Rojo, por ejemplo.
Sí, claro. Y la tía May podría ser virgen.
CARAS OCULTAS
Curiosamente, Amazing Spider-Man es una colección con una tradición de imágenes escamoteadas que se remonta a Steve Ditko y sus orígenes. Hay dos casos muy notables que me vienen a la memoria. El primero, el Duende Verde:
Desde su primera aparición (Amazing #14, 1964), de la que reproduzco unas viñetas sobre estas líneas, el archienemigo de Spiderman se mostró como alguien que tenía una doble personalidad, pero cuya identidad secreta quedaba siempre oculta a los lectores, utilizando cualquier artificio que fuera necesario, como se puede ver en la ilustración.
El segundo caso fue Mary Jane Watson, la hija de la vecina de la tía May, Anna Watson, y futura esposa de Peter Parker:
Durante una serie de episodios, Anna y May se empeñan en que sus respectivos sobrinos se conozcan, pero Peter nunca tiene tiempo (ni interés) para que se celebre la demorada reunión, que se convierte en un gag recurrente. Las dos viñetas que he reproducido pertenecen a Amazing #25 (1965) que es donde por vez primera se ve físicamente a Mary Jane, aunque una flor estratégicamente situada nos priva de descubrir su rostro.
Steve Ditko mantendría estas dos subtramas de los personajes sin rostro -el Duende Verde y Mary Jane Watson- a lo largo de toda su estancia en Amazing Spider-Man, que abandonaría sin llegar a resolverlas. Nada más marcharse, Stan Lee no perdió tiempo en solucionarlas, y con la ayuda del nuevo dibujante John Romita les dio conclusión de inmediato. En primer lugar, descubrimos que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn, el padre de Harry, el amigo de Peter Parker. E inmediatamente después, Mary Jane y Peter por fin se encontraban, y este descubría que la sobrina de su vecina a quien había estado evitando como si fuera la peste, era en realidad una preciosidad llena de vida y alegría.
Toda la subtrama de Mary Jane estaba montada como un larguísimo chiste: ¡el desgraciado de Peter se había pasado meses esquivando a un bombón! ¡Tonto! Lo curioso es que por aquel entonces la falta de comunicación entre Ditko y Lee era tan completa que éste no sabía por dónde iba a llevar aquél la serie, y dialogaba prácticamente a ciegas. De otra manera no se explica que en el mencionado Amazing #25 reviente con sus diálogos el chiste cuyo desenlace no va a contar hasta la última viñeta del #42. ¿Qué sentido tiene que en una viñeta nos oculten la apariencia de Mary Jane, si en la siguiente Betty dice que parece una estrella de cine?
El caso de la identidad del Duende Verde fue algo más complicado, y habitualmente se esgrime como uno de los motivos de discusión entre Lee y Ditko que acabaron motivando la salida de éste de la serie. Según parece, Ditko quería que el Duende Verde fuera alguien desconocido, anónimo, mientras que Lee estaba empeñado en que fuese algún personaje secundario ya presente en la serie y que fuera conocido por los lectores. Dejando de lado la discusión filosófica entre dos planteamientos completamente antagónicos que revelan estas posturas (Amazing Spider-Man como tratado moral vs. Amazing Spider-Man como culebrón), volvemos de nuevo a la ley de la narración: si el Duende Verde era alguien anónimo, ¿por qué no mostrar su rostro? Cada vez que Ditko estaba utilizando un artificio tan forzado como una portezuela interpuesta ante su cara, estaba diciéndoles a sus lectores que no podían ver su cara. ¿Se supone que los lectores no tienen que sacar de eso otra conclusión salvo que cada uno puede proyectar lo que quiera? No, la única conclusión que pueden sacar los lectores es que no pueden ver su cara porque si lo hacen, lo reconocerán, como reconocerían a Richard Nixon los lectores de Capitán América.
Cada regla es una cláusula del contrato narrativo que suscriben los lectores con el autor. Y el autor que se salta las cláusulas, acaba perdiendo la confianza de los lectores. Moraleja: Que se besen.
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jueves, 29 de noviembre de 2012
LA ARAÑA, LA MOSCA, Y LA BOLLERÍA INDUSTRIAL
Como secuela del post anterior, hoy traigo aquí otra magnífica historieta inédita en España del Spiderman de Ross Andru. Lo cierto es que Spiderman estuvo muy ocupado a mediados de los 70, y con él, su dibujante Ross Andru. En ocasiones con proyectos especiales de tanta envergadura como Superman vs. Spider-Man, en otros casos con ocurrencias más sórdidas, como el Amazing Spider-Man vs. The Prodigy del que acabamos de hablar, y con cierta frecuencia con anuncios de Twinkies, que eran una especie de bollycaos. Las historietas publicitarias de Twinkies fueron habituales durante años en todos los títulos Marvel, protagonizadas por muchos de sus héroes y normalmente dibujadas por sus dibujantes habituales. Urge ya una reedición de todo este material, acompañada del conveniente aparato crítico.
[«The Spider-Man and the Fly!» publicado en Avengers Annual #6, 1976]
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martes, 27 de noviembre de 2012
SEXO, MENTIRAS Y TELAS DE ARAÑA
La vida del coleccionista de Spiderman es inagotable, y el sendero por el que sigue a su amistoso vecino arácnido oculta recovecos inesperados. Hace poco, por ejemplo, conseguí un ejemplar de The Amazing Spider-Man vs. The Prodigy!, un tebeo del trepamuros que me atrevería a decir que es único en su ya dilatada carrera.
Como podéis ver en la foto, es más pequeño que un comic book mensual típico de Spiderman, y contiene sólo 16 páginas de tripas (15 de ellas dedicadas a la historieta). Lo publicó Marvel en 1976, y fue una colaboración con la Planned Parenthood Federation of America Inc., es decir, con una organización dedicada a promover la planificación familiar y la información sobre el sexo.
SPIDERMAN Y SEXO, sí. ¡Esto no se publicó en España en su día, que yo recuerde!
El tebeo es peculiar precisamente porque el equipo artístico es el habitual de la época: el infatigable Ross Andru acompañado de su inseparable Mike Esposito, con colores de Jan Cohen y rotulación de Joe Rosen. Los créditos y la página inicial parecen casi idénticos a los de un tebeo de Spiderman normal.
La novedad más notable está en el nombre de la guionista, Ann Robinson, procedente de Planned Parenthood. Desconozco en qué medida Mrs. Robinson es responsable del resultado artístico final, pero debo decir que este tebeo contiene uno de los más majestuosos ejemplos de texto redundante que he visto en mi vida. Ya sabéis esa vieja regla: no describas lo que ya cuentan las imágenes, ¿no? Bueno, muchas veces hemos visto autores que no se dan cuentan de que están cayendo en ese error. Pero pocas veces hemos visto que lo hagan conscientemente. ¿Cómo, si no, interpretar un texto de apoyo que dice «como podéis ver» antes de describir la viñeta?
La nota de la página 4, como podéis ver, que diría el guionista redundante, es un prolijo cartucho de texto donde se explica que el malévolo Prodigy adquirió el poder de someter las voluntades ajenas con su voz al atravesar la ionosfera terrestre en su camino desde su planeta de origen, Intellectia. La información no sólo es completamente irrelevante para el desarrollo de la trama, sino que me resulta casi candoroso que necesiten dar tan descabellada explicación a las habilidades del villano. Si ya hemos aceptado la descabellada premisa de que es extraterrestre, ¿necesitábamos además explicar que sus poderes son producto de un accidente casual? O sea: ¿pensaba la guionista que nos tragaríamos que es un alienígena, pero no que pueda tener una supervoz?
La cuestión es que la guionista parece pensar que sus lectores son lo suficientemente mayores como para practicar el sexo, pero lo bastante idiotas como no ser capaz de entender su (tosca, digámoslo ya sin reparos) historia sin todo tipo de explicaciones añadidas. Tal vez por eso el cómic le pareciera el medio adecuado para comunicarse con ellos.
El argumento de esta emocionante aventura, sin embargo, no escapa completamente a nuestra comprensión. Una misteriosa organización recoge a un montón de adolescentes en el centro de Manhattan y los traslada en helicóptero a una mansión en las afueras. Allí, el extraterrestre Prodigy, convenientemente oculto bajo una máscara que le hace parecer normal, y aprovechando su voz seductora, intentará convertir a esos chicos en, como dice el propio Spiderman -que los ha seguido, colgado del helicóptero- «baby machines», máquinas reproductoras que arruinarán su vida cargando con montones de críos. Prodigy desinforma a los muchachos sobre los riesgos del sexo, con la esperanza de que produzcan abundantes cantidades de esclavos que utilizar como mano de obra en su Intellectia natal. Aún más, su plan culminará cuando realice una alocución televisiva dirigida a todos los jóvenes norteamericanos. El plan, que sin duda de haber fructificado habría dado lugar a una continuación que sólo habría podido publicarse sin la autorización de la Comics Code Authority, fracasa gracias a la oportuna -y también ocurrente, todo hay que decirlo- intervención de Spiderman.
Es interesante observar cuáles son los rasgos que definen a The Prodigy, el pérfido villano que busca la ruina de la nación a través de la corrupción sexual de sus jóvenes. Es un extraterrestre, va vestido con un llamativo traje verde y unos espectaculares zapatos de plataforma, procede de un planeta llamado Intellectia y planea amplificar su maldad a través de la televisión. En resumidas cuentas, el villano es extranjero (no es uno de los nuestros), es extravagante, heterodoxo y posiblemente afeminado, posee un exceso de intelecto que, como debemos recordar, es algo perverso e insano, y utiliza la televisión lavacerebros como arma para diseminar el mal y la lascivia.
A pesar de lo listo que es, su plan me resulta peculiar, como mínimo. Resulta que se lleva a ese puñado de mozos y mozas a su castillo privado y allí los sienta en pupitres y empieza a adoctrinarlos, proporcionándoles información falsa sobre el sexo con la esperanza de que así pueda convencerlos para que lo practiquen incontroladamente. Es decir: tiene que convencer con sus poderes sobrenaturales a un puñado de adolescentes para que se entreguen al sexo, como si a los adolescentes no les dominasen sus hormonas de forma natural y no tuvieran que hacer enormes esfuerzos para evitar quitarse las ropas y entregarse de inmediato al más desenfrenado babymaking.
También me resulta chocante que en un panfleto que proclama estar dedicado a suministrar información veraz sobre el sexo a los jóvenes, no se puedan pronunciar palabras como condón. ¿O a qué se refiere este muchacho cuando dice que en las tiendas puedes comprar «cosas que impiden que se produzca el embarazo... o que pilles una enfermedad venérea»? ¿Qué cosas, por Dios?, imagino que se pregunta un posible lector ingenuo de este tebeo que busca en él la prometida información veraz.
Pero no seamos tan ingenuos como ese lector imaginario. Tal persona no pudo existir nunca. ¿A quién se piensan que están «educando» los autores de este Amazing Spider-Man vs. The Prodigy? ¿A supuestos adolescentes que entre polvo y polvo se leen un tebeo de Spiderman donde un extraterrestre intenta engañarles sobre los riesgos del embarazo juvenil? ¿En qué momento la realidad tebeíl empezó a divergir tanto de la realidad real?
El cómic aprovecha la página sobrante y los interiores de portada y contraportada para ofrecer algunos otros textos informativos. Resulta curioso ver una lista de facts dedicados al sexo bajo un logotipo de Spiderman, pero siempre se puede aprender algo leyendo estas cosas. Por ejemplo: «Sobre la homosexualidad. La apariencia de una persona o la forma en que se comporta no son indicativos de su homosexualidad. Tener un amigo íntimo, o sentirse atraído por una persona del mismo sexo no significa que seas homosexual, o que vayas a serlo nunca».
Nunca es tarde para aprender, true believers! Yo, por mi parte, agradezco a la Planned Parenthood Federation esta iniciativa, que me permite añadir una joyita de opaco fulgor a mi colección arácnida. Un ejemplar vintage de uno de mis dibujantes favoritos de Spiderman, y además una historia inédita en España. ¿Para cuándo su reedición como novela gráfica?
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miércoles, 24 de octubre de 2012
¡SUPERVILLANOS!: TÍO AARON
El nuevo Ultimate Spider-Man es todo lo que debería ser una serie que aspire a poner a cero el cuentakilómetros de un concepto para relanzarlo con un personaje nuevo destinado a una nueva época y un nuevo público. Basado firmemente en la tradición arácnida, es a la vez algo completamente distinto, con un personaje con sus propios rasgos, virtudes y defectos, su propia historia por escribir en un cuaderno en blanco, sin necesidad de volver a garabatear encima de páginas ya escritas. Es la continuidad como obra nueva, y no la continuidad como palimpsesto. Es lo que quisieron hacer y no pudieron -o no se atrevieron- cuando intentaron sustituir a Peter Parker por Ben Reilly en los años 90. Es eso, muy mejorado.
Lo nuevo se construye sobre los cimientos de lo antiguo, y por eso existen fuertes lazos entre el Spiderman tradicional/Peter Parker y este nuevo Spiderman/Miles Morales. Y la transmisión de legado más importante que puede haber entre ambos personajes es, sin duda, la de la base moral del amistoso vecino arácnido. Ya sabéis: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Peter Parker aprende su lema a través del sacrificio, concretamente del sacrificio de su tío Ben, padre sustituto, un sacrificio del que se culpabiliza por no haber hecho nada para impedirlo cuando pudo hacerlo. Aunque hoy en día sentimos que el tío Ben llevaba el lema tatuado en la frente y que se lo transmitió a Peter de palabra antes de grabárselo a fuego a través del ejemplo de su propia muerte, en la historia original, Amazing Fantasy #15 (Marvel, 1962, Stan Lee y Steve Ditko), el tío Ben apenas aparece en dos viñetas.
En ninguna de las dos parece un individuo con un carácter especialmente filosófico, alguien de una talla moral como para forjar héroes para la eternidad. Su magisterio, pues, se ejerce a través del acto, y la lección que deducimos de él. O que deduce el narrador omnisciente, más bien, que nos ofrece como moraleja de la historia el principio que ha regido a Spiderman durante todas estas décadas, mostrándolo en el último texto de la historieta:
Es, de hecho, casi la última frase de la historia, y su verdadera conclusión. Un final que en realidad es todo un principio y que se ha mantenido como elemento inmutable del mito arácnido a través de transformaciones de poderes, de disfraz, de elenco de secundarios e incluso del propio individuo que hay bajo la máscara.
Por tanto, incluso aunque cambiemos a Peter Parker por Miles Morales, aunque lo situemos en otro universo, aunque lleve otro traje, aunque sus poderes varíen, aunque su reparto de secundarios sea distinto, lo único que no podemos cambiar, lo único esencial que tenemos que transmitir a su heredero es que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.
¿Cómo hacen tal cosa los autores de Ultimate Spiderman, con el guionista Brian Michael Bendis a la cabeza? Bueno, Miles Morales, a diferencia de Peter, sí tiene padres. Pero eso no impide que tenga también un tío, su tío Aaron, que va a ser decisivo en su formación. En primer lugar, porque su tío Aaron es en secreto un supervillano ladrón, el Merodeador, y es a través de él como Miles entra en contacto con la araña que le proporcionará sus poderes. Y en segundo lugar, porque es a través de él, de su sacrificio, que también aprenderá que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Miles no lo deseaba, él estaba dispuesto a dejar marchar a su tío Aaron -igual que Peter Parker había dejado marchar al ladrón que acabaría matando a tío Ben- a cambio de que les dejara en paz a él y a sus padres. Pero Aaron no cede. En la batalla subsiguiente, el Merodeador muere víctima de una explosión (de la que, como es preceptivo, Miles también se culpabiliza).
El tío Ben muere y Peter Parker aprende que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, el tío Aaron muere y Miles Morales aprende que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cómo se transmite el legado al público de cincuenta años después? En Amazing Fantasy, Peter Parker aprendía que si no intervenimos, las personas buenas sufrirán. En Ultimate Spiderman, Miles Morales aprendía que si no intervenimos, las personas malas triunfarán. Peter Parker está forjado por un tío bondadoso, Miles Morales por un tío malvado; el primero tiene que aprender a superar su impulso a ser pasivo, el segundo tiene que aprender a no controlar su impulso a ser activo. Un mensaje de esperanza, un mensaje de pesimismo. La familia como refugio, la familia como infierno. Es la transmisión de un legado, un relanzamiento a conciencia, en resumidas cuentas, la continuidad bien aplicada: los mismos conceptos, generaciones diferentes.
Y UN APUNTE sobre cómo ha cambiado la retórica de los cómics de superhéroes en... bueno, en medio siglo ya. Amazing Fantasy #15 resolvía toda la cuestión en 12 páginas. Ultimate Spider-Man lo hace en 240 (12 números de 20 páginas). Eso también son diferencias generacionales.
EN MANDORLA ya hemos hablado anteriormente de Miles Morales, el nuevo Ultimate Spiderman: MILES MORALES ES SPIDERMAN
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martes, 6 de marzo de 2012
SPIDERMAN RARO
Hace unas semanas, al hablar de la extraordinaria película Diamond Flash de Carlos Vermut, apunté un tema que me interesa mucho: la posibilidad de reconstruir un género separando su iconografía de sus códigos narrativos. O lo que es lo mismo: qué es lo que convierte en género a un género y cómo reelaborarlo cambiando las reglas del juego. Es algo que me interesa porque siempre he sentido atracción por las obras que se salen de los esquemas, pero parten de ellos. Las obras que siendo aparentemente comerciales acaban siendo rarísimas, las obras que, en resumidas cuentas, acaban por ser inexplicables e inclasificables. Ésas son las obras que me parecen bellas de una manera singular.
Y pocos tebeos más raros he leído que Spider-Man: The Manga. Publicado originalmente en Japón por Monthly Shonen Jump en 1970-71, tuvo una traducción al inglés (incompleta y retocada) a cargo de la propia Marvel, en una colección de comic books que apareció entre 1997 y 1999. Este Spiderman es una licencia mediante la cual los japoneses crearon su propia versión del héroe arácnido, ya que el público de aquel país no aceptaba la importación directa de los comic books americanos traducidos. Se da la curiosidad de que es también uno de los más tempranos trabajos profesionales del gran Ryoichi Ikegami, quien sería una de las primeras grandes firmas del manga que conoceríamos en España gracias a series como Crying Freeman, Santuario o Mai, la chica psíquica. Tengo la sensación de que Ikegami hoy ha caído un tanto en el olvido, así que cualquier día me animo a recuperar algunas de sus mejores obras, las más macarras y golfas, que creo que no llegaron a publicarse en España. En todo caso, este Ikegami es todavía muy primerizo y no ha desarrollado aún su característico estilo de «Neal Adams manga». En los guiones le acompañan Kosei Ono primero y Kazumasa Hirai más tarde (aunque ninguno aparece acreditado en la edición de Marvel). Este último será el que convierta una serie que ya de partida era extravagante en una delirante alucinación en los márgenes más remotos de la ortodoxia superheroica.
Las diferencias formales entre el manga y el comic book de Spiderman son obvias: se pasa del color al blanco y negro y de un lenguaje narrativo típico del cómic americano a la descomprensión habitual del japonés. Las aproximadamente 20 páginas que suele tener un episodio del Spider-Man original en el manga apenas sirven para que el protagonista se desperece y saque la máscara de la bolsa. Es otro ritmo, y eso ya implica una diferencia de tono.
Pero el tono cambia aún más con las caracterizaciones y el argumento. Peter Parker se convierte en Yu Komori, que también es un estudiante de instituto que recibe poderes arácnidos al ser picado por una araña sometida a un proceso experimental. Pocas más semejanzas encontraremos. Aunque Yu también vive con su tía (¿soltera?, ¿viuda?), jamás se alude a un personaje que haga el papel del tío Ben. Ésta es una de las primeras grandes diferencias culturales: no hay una figura que sirva de mentor, no hay un guía que introduzca al joven Yu en el camino del heroísmo, dándole unos principios que seguir en la vida. No hay una gran responsabilidad ligada al gran poder que acaba de adquirir el estudiante adolescente. Y esto ya cambia todo el paisaje moral en el que se desarrollan las historias.
Yu carece de una verdadera motivación para hacer de héroe, y los guionistas japoneses parecen reconocerlo al llevarlo continuamente al límite de la duda y a replantearse su papel, que muy pronto decide abandonar (aunque las circunstancias le obligarán a retomarlo una y otra vez). Yu, de hecho, se presenta como víctima de conflictos psicológicos, más que de conflictos morales, como es lo habitual en Parker. Su mayor enemigo son las ansias de su inconsciente reprimido, siempre voraz y esperando la oportunidad de llevarle al lado oscuro. Así, en este Spider-Man the Manga muy pronto vemos al héroe en situaciones que jamás hemos visto en la colección original, a pesar de que, en rigor, sean banales para cualquier persona normal. Un ejemplo: en casa de un compañero de instituto, se hinchan a beber y fumar en el cuarto del amigo:
Pero ay, inesperadamente irrumpe el padre del colega y pone orden con un par de sopapos a la vieja usanza:
Instantáneamente, nos damos cuenta de que el viaje de Yu va a ser mucho más humano y realista que el emprendido por Peter Parker.
No quiere decir esto que la serie no intente con buena voluntad adaptar el concepto de «conflicto superheroico» de Marvel a la mentalidad japonesa. En sus primeras aventuras, Spiderman se enfrenta a Electro, el Lagarto y el Canguro. Pero los enfrentamientos carecen de la épica que tienen en su país de origen, y se convierten en algo mucho más inquietante. La primera vez que Electro ve a Spiderman, lo saluda con un sarcástico «Así que hay otro monstruo como yo». Y ésa parece la dimensión que más interesa a los autores japoneses: la dimensión de monstruo, de freak, que tiene Spiderman, no su dimensión heroica, continuamente ridiculizada y cuestionada.
La idea de los supervillanos marvelianos, sin embargo, no acaba de cuajar. Todos mueren al final del enfrentamiento (al contrario que en los cómics americanos, y de manera similar a lo que ocurre en las adaptaciones al cine, lo que habla del peaje que paga el género en su traslado), y después de una larga y compleja historia con Mysterio de antagonista, no volverán a utilizarse, recurriendo en su lugar a adversarios de creación original.
La historia de Mysterio es significativa porque, siguiendo el esquema marcado por su primera aparición en el The Amazing Spider-Man norteamericano, utiliza la excusa del robo de identidad para plantear aún más dudas sobre la identidad del atribulado Yu Komori, sin duda uno de los superhéroes más tristes que he conocido jamás. También es notable porque muestra a un Ikegami que se va soltando con páginas tan inventivas como la siguiente secuencia pop, inimaginable también en un tebeo Marvel de la época:
Mysterio propina una paliza de escándalo a Spiderman en su primer enfrentamiento, marcando la senda de las humillaciones y el castigo físico de la que no se saldrá Yu, que parece regodearse en el aspecto sadomasoquista de los cómics de superhéroes hasta un extremo al que jamás habría llegado un cómic americano. Tal vez aquí haya una diferencia cultural en juego.
Yu se siente avergonzado de sí mismo y acepta y hasta busca ese castigo y esa humillación. Pero el salto que da ese impulso autodestructivo en la historia titulada «Pervertido» es sorprendente y excede con mucho cualquier cosa que jamás hubiera podido llegar a plantear un cómic Marvel. La historia se inicia de noche, en un descampado, donde un grupo persigue a una estudiante con la intención de violarla en masa. Así de claro, ¿eh?
Yu (vestido de civil, pues a estas alturas el traje y la máscara de Spiderman ya casi no aparecen en la serie; otra ruptura de código sorprendente) interviene para salvarla, pero cuando descubre que el cabecilla del grupo de presuntos violadores es el capitán del equipo de kendo del instituto, decide declararse culpable él mismo. Acepta la vergüenza social de ser considerado un agresor sexual y emprende un extraño juego mental con el capitán del equipo de kendo. Por el camino, recibe otra paliza a manos del hermano de la presunta víctima, y acepta gustoso la humillación y el castigo en lugar de los laureles de héroe que legítimamente le corresponderían:
A estas alturas, el lector avispado ya se ha dado cuenta de que la desviación de las aventuras de Yu Komori, el deprimente Hombre Araña, respecto a las de Peter Parker, el asombroso Spiderman, es incorregible. Las siguientes historias son cada vez más excéntricas, hasta desembocar en una de las aventuras de Spiderman más extraordinarias que he leído jamás. Yu dona sangre a una víctima de un accidente de ferrocarril, un muchacho muy parecido a él, llamado Mitsuo Kitano. Éste adquiere los mismos poderes arácnidos de Yu, y a partir de ese momento se inicia entre los dos una extraña relación de amor y odio, de enfrentamiento y camaradería. Es la saga del clon antes del clon, y tratada con la gravedad y el pulso trágico aterrador de una historia clásica de doppelganger. En muchos sentidos, creo que es la mejor última historia de Spiderman que he leído jamás.
Por supuesto, ni siquiera es la última historia de Spider-Man The Manga, aunque sí es la última que se publicó completa. En el número siguiente se inició la publicación de la siguiente aventura -que prometía ser igualmente heterodoxa-, pero quedó interrumpida sin ceremonias después de que apareciese tan sólo el primer episodio. Esto es lo de menos, en todo caso. Cuando digo que esta historia era la mejor última historia posible, lo que estoy diciendo es que se permitía llegar a unos extremos a los que jamás podría acercarse el producto original (que no oficial, ya que oficial también es este manga licenciado legalmente, y eso es lo que lo convierte en más bizarro, el hecho de que no sea una simple parodia clandestina). Igual que Yu Komori cuestiona durante toda la serie su identidad como persona (¿o monstruo?) y su identidad como héroe (¿o villano?), esta serie cuestiona en todo momento la identidad del género de superhéroes. Porque si basta con poner el sello de Marvel en portada y a Spiderman en el interior para que un tebeo sea de superhéroes, entonces estamos hablando de algo muy diferente de lo que creemos que estamos hablando. Y si con poner el sello de Marvel en portada y a Spiderman en el interior no basta para que un tebeo sea de superhéroes, entonces es que estamos reconociendo en el superhéroe una dimensión mucho mayor e inexplicable, mucho más inclasificable.
Y eso es bello.
AMPLIACIÓN: En los comentarios, Gabi Corbera me deja un enlace a una página donde se pueden ver muestras de los tomos japoneses originales, incluyendo portadas y páginas a color. Una preciosidad todo.
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lunes, 17 de octubre de 2011
UN HÉROE NEGRO
El mes pasado hice un post donde citaba una carta de un lector que reaccionaba al descubrimiento de que el nuevo Ultimate Spider-Man es negro. En los comentarios de ese post me han dejado un enlace que creo que es lo bastante interesante como para compartirlo aquí, porque amplía el campo de discusión sobre ese tema. Pinchad y leed (en inglés). [Gracias a Ricardo Reyes]
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jueves, 22 de septiembre de 2011
MILES MORALES ES SPIDERMAN
«Estoy profundamente en contra de la decisión de sustituir a Ultimate Peter Parker por una persona afroamericana/hispana. Me siento profundamente decepcionado y ofendido porque hayáis matado a uno de vuestros mejores personajes de todos los tiempos por la única razón de la diversidad. Eso no sólo aleja a muchos lectores, sino que es un verdadero insulto para el personaje mismo de Ultimate Peter Parker. Teníais muchos personajes entre los que elegir y no hay ni la más mínima justificación para este drástico cambio. Desde luego que no seguiré leyendo Ultimate Spider-Man y creo que he malgastado mi valioso dinero en Ultimate Comics: Fallout #4».
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martes, 29 de marzo de 2011
SIN LA MUERTE

El volumen incluye una nueva introducción de Gerry Conway, donde se explaya sobre las circunstancias que rodearon a aquello que él mismo llama un Momento Crucial (Turning Point) en la historia del cómic norteamericano. Algunos extractos:
«Como he explicado en otro sitio (...), yo fui el primer guionista en hacerse cargo de Spiderman como encargo habitual cuando Stan Lee dejó de escribir cómics a jornada completa. Cómo y por qué la serie más importante de Marvel acabó en manos de un chaval de 19 años de Queens es una historia para otro momento».
«Lo que sí sé, sin embargo, es que en manos de otro guionista, con una personalidad diferente, tal vez más maduro, tal vez más sensato, las historias que conté en colaboración con John Romita, Gil Kane y Ross Andru no habrían sido contadas tal y como las contamos nosotros, y los cómics de hoy en día serían muy distintos, creativamente.
"Para empezar, tía May podría haber sido la víctima inocente que el Duende Verde arrojara desde el Puente de Brooklyn (¿o fue el Puente George Washington?), no Gwen Stacy.
"Harry Osborn podría no haber perdido a Mary Jane Watson como novia; podría no haberse convertido en el Duende Verde después de la muerte de su padre.
"El Castigador no habría nacido nunca.
"Y la Saga del Clon no habría hecho que la continuidad de Marvel fuera un lío en los 90.
"Sin la muerte de Gwen Stacy, ¿habría habido un Tony Stark alcohólico?
"Sin la caída mortal de Gwen, ¿habría conocido Daredevil a Elektra?
"¿Se habría vuelto tan oscuro Lobezno?
"¿Se habría vuelto gris Hulk?
"¿Se habría dejado barba Thor?
"¿Habría recibido el Capitán América una bala disparada por Ed Brubaker?»
«En ese punto [cuando empecé a escribir Amazing Spider-Man], John había trabajado con Spiderman más que nadie salvo Stan. Entendía a los personajes mejor que nadie.
"Y él quería matar a tía May».
[Como no estaba satisfecho con la idea de matar a tía May] «Ofrecí una víctima diferente, cuya muerte sería aún más inesperada que la de May Parker: la novia de Peter, Gwen Stacy.
"Tal vez os sorprenda a los que suponéis que el escándalo que siguió a la muerte de Gwen fue algo que esperásemos y que planeáramos, pero la verdad es que nadie -ni Stan, ni John, ni Roy [Thomas]-, nadie pensó que aquello fuera La Gran Idea».
«La reacción general en redacción fue el equivalente editorial a un encogimiento de hombros: claro, por qué no, vamos a hacerlo».
«Así que cuando llegó el momento de que Spiderman salvara a la chica que amaba de la muerte segura, me pareció natural que fracasara.
"Pero ni siquiera eso era suficiente.
"Mientras miraba los lápices de Gil, su preciosa representación, casi propia de un ballet, de la caída y del desesperado pero vano intento de Spidey de salvarla, me llamaron la atención dos cosas:
"Uno... No me parecía lo bastante dramático.
"Dos... Parecía algo a lo que debería de sobrevivir.
"Algunos personajes habían caído desde alturas mayores en los cómics y habían sido detenidos sin sufrir lesiones. ¿Entonces por qué Gwen no podía sobrevivir a una caída como ésta?
"Bueno, pensé, tal vez ya estuviera muerta cuando el Duende la tiró. Pero, si ya estuviera muerta, eso haría que el intento de Peter de rescatarla fuera absurdo, incluso patético: lo contrario de trágico. Y en cualquier caso, ¿por qué se molestaría el Duende en arrojarla desde un puente si ya estaba muerta para empezar?
"Así que decidí que no estaba muerta cuando cayó.
"Lo que significaba que había muerto durante la caída.
"¿Pero cómo? ¿Cómo podía matarla una simple caída, especialmente cuando el dibujo mostraba claramente que Spidey había conseguido atraparla...?
"...Por el tobillo.
"Nunca le pregunté a Gil qué pretendía dar a entender al hacer que la telaraña de Spiderman atrapara a Gwen por la pierna exactamente en ese punto, creando justo ese arco, con el torso y el cuello y el pelo arqueándose hacia atrás como si fuera un apóstrofe invertido. Con toda probabilidad, Gil solo estuviera intentando llevar a cabo un diseño elegante. Pero lo que dibujó tenía repercusiones desde el punto de vista de la física, y aún más importante, desde un punto de vista dramático y emocional.
"Spiderman se sentía atormentado por la culpa por no haber actuado [para salvar a su tío Ben], y por el conocimiento de que por no haber actuado alguien a quien amaba había perdido la vida. Ahora, mirando el dibujo de Gil, decidí mostrar que a veces, incluso un héroe que emprende la acción puede fallar a las personas a las que ama.
"A veces intentar hacer el bien es tan futil como no hacer nada en absoluto.
"A veces, las cosas malas suceden.
"Snap.»
Únicamente un breve comentario por mi parte: así es exactamente como funcionaba en su mejor versión el cómic industrial a la hora de producir arte. La autoría por comité crea áreas de exclusión donde el resultado final se eleva por encima de las expectativas y hasta el talento y las intenciones de aquellos que lo producen. Es una magia anónima que a veces produce hallazgos inalcanzables para el más brillante de los artistas individuales. Efectivamente, la muerte de Gwen ha sido un eje del cómic norteamericano durante décadas, y el hecho mismo de su muerte, el procedimiento específico que la produce, ha estado en el centro de todas las discusiones como un extraño mecanismo perverso imposible de desactivar, un elemento distorsionador innombrable, casi diríamos un punctum. Y es lo etéreo de la muerte de Gwen, lo inexpresado de la misma, su cualidad inaprensible e incomprensible -y por tanto inapelable-, lo que la convierte en una genialidad que no es obra de nadie, sino en un subproducto del proceso mismo, como un zarpazo del inconsciente que asoma en medio del estridente colorido chillón de la página pulp, un silencio enorme que oculta una verdad que pone en peligro todo el sistema del cómic americano. La muerte de Gwen pasa ante nuestros mismos ojos, y sin embargo, no la entendemos. No la vemos. Nadie podría haber escrito algo así, y, en efecto, nadie lo escribió. Era real, por tanto.
Un Momento Crucial verdaderamente, señor Conway.
Como homenaje a Gil Kane, un par de cosillas que aparecen también en este volumen.
Los lápices de la página 18 de Amazing Spider-Man #122 (la página donde muere el Duende Verde), que resulta muy interesante comparar con la versión finalmente publicada.
También, los lápices de la página 3 de The Amazing Spider-Man #123, que me parecen de una rara belleza tal cual, desnudos y sin textos. Compárese, de nuevo, con la versión acabada, aunque en esta ocasión no por confrontar los cambios, sino cómo se modifica el conjunto con el añadido de la tinta, el color y las palabras.
Más sobre el Spiderman de Gerry Conway, Gil Kane y Ross Andru:
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martes, 28 de diciembre de 2010
NO ES UNA INOCENTADA

Aunque lo parezca. No, no es una inocentada, es un Spiderman griego que me regaló ayer un amigo. El ejemplar es de 1984 (o eso parece) y, aparte de lo más obvio (que los textos están en griego) lo más llamativo del tebeo es que alterna dos páginas en blanco y negro con dos páginas en color. Y digo bien: en color, no en colores, ya que son páginas en «escala de rojos», algo que recuerdo como una de las experiencias cromáticas más extrañas que me hicieron vivir los tebeos de Bruguera en los años setenta. Está claro que esta práctica fue internacional y que los editores cutres utilizaban las posibilidades de la tecnología de impresión del momento para ahorrarse unos dracmas y seguir pudiendo decir que ellos imprimían «a color», sin pensar en el desconcierto que le producía a cualquier chaval la sensación de que alguien se había olvidado de colorear algunas páginas, quién sabe por qué.
El tebeo, por cierto, incluye una historieta de Spiderman de Ditko, una del Capitán América de Zeck y otra de Shang-Chi dibujada por un Gene Day seudo-Gulacy que, no hace falta decir, es la que produce efectos psicodélicos más desconcertantes con su paso al monocromismo discontinuo.


¿Verdad?
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domingo, 31 de octubre de 2010
EL HOLANDÉS ERRANTE
jueves, 25 de marzo de 2010
HISTORIAS EXTRAÑAS

El elemento de comparación más obvio son los dos tomos de Bizarro que publicó DC en la primera mitad de la década: Bizarro Comics! (2001) y Bizarro World (2005), que daban el modelo exacto para estos Strange Tales, es decir, entregaban los héroes DC a una legión de dibujantes que, entonces sí, podíamos llamar «alternativos».
Y he hecho hincapié en que los dibujantes que aparecían en Bizarro eran «alternativos» mientras que los que aparecen en Strange Tales ya no lo son, a pesar de que muchos son los mismos, porque lo primero que percibe uno al comparar Strange Tales con Bizarro Comics! es cuánto han cambiado las cosas en una década. Bizarro Comics! partía de los superhéroes canónicos para colorearlos de forma un tanto singular a través del talento propio de cada autor alternativo. Pero lo que se ofrecía, en cualquier caso, eran variantes plausibles y respetuosas de las propiedades de la casa. En Strange Tales, sin embargo, el punto de partida es el mundo y la personalidad de cada autor, y las propiedades de la casa (los personajes) son juguetes sometidos a su capricho. El centro de gravedad se ha desplazado de lo corporativo a lo autoral. Es evidente que a mediados de la década se traspasó una frontera, y los cómics de superhéroes no son ajenos tampoco a ese tránsito.
En realidad, tampoco sé muy bien cuál es el sentido de estos experimentos, salvo que gigantes como Marvel tienen tantos tentáculos que siempre tienen que andar metiendo uno en algún sitio raro. Aunque el nivel de muchas historietas es bastante alto (en porcentaje, muy superior al que tenían los Bizarros, que eran demasiado aburridos con demasiada frecuencia), la sensación es que esto no va a ningún lado. Es decir, la historieta de Jason protagonizada por Spiderman es magnífica, una pequeña maravilla, pero se agota en sí misma. Sí, tal vez pensemos que la producción mensual de Marvel se fagocita continuamente, desgastando cada vez más un potencial ya exageradamente minado, pero estas revisiones excéntricas tampoco ofrecen salida o inspiran una posible renovación. Son un fin en sí mismas.
No es que eso sea un inconveniente para la lectura, porque podemos limitarnos a disfrutar de cada historieta individual por sus propios logros, como de curiosas aberraciones que pueden mostrarnos una fugaz belleza. Algunos de los mejores talentos aquí reunidos, como Paul Pope o Dash Shaw, naufragan al quedarse a mitad de camino entre la parodia y la respetuosa renovación. Se lo quieren tomar a broma pero en realidad se lo toman en serio y al final no saben muy bien qué cojones están haciendo. Viendo las páginas de Pope, uno se pregunta para qué desperdicia su tiempo y su talento dibujando una laboriosa historieta «simpática» protagonizada por Mandíbulas, el perro de los Inhumanos, que no pasa de amable humorada. Las páginas que más me han gustado han sido, por contra, las más radicales en su planteamiento. James Kochalka casa perfectamente la simplicidad esencial de Hulk con la pureza de su retórica y alcanza una solución que ni es clásica ni es parodia, y al mismo tiempo resulta completamente veraz, al personaje y a sí mismo. Johnny Ryan va a saco y con el fervor de un fancinero le saca partido a los superhéroes gracias a no respetarlos. Brian Maruca y Jim Rugg ponen a prueba los límites de lo publicable con reinvenciones sexploitation de personajes como el Hombre Máquina, a quien emparejan con Garrett, el agente cyborg de S.H.I.E.L.D. que aparecía en Elektra Assassin, para detener a una banda de moteros metidos en la trata de blancas, y no digamos ya cuando se meten con el Hermano Vudú, enfrentado a una secta de zombis drogadictos. Brillantes están también Tony Millionaire apropiándose del Iron Man de George Tuska (Millionaire, con Chip Kidd de partenaire, era también de lo mejor en Bizarro), The Perry Bible Fellowship (un chiste antológico con Lobezno) y, por supuesto, el absolutamente genial Michael Kupperman, todas y cada una de cuyas aportaciones valen por sí solas el precio de portada.
El libro se complementa con dos comic books de Peter Bagge, The Megalomaniacal Spider-Man y The Incorrigible Hulk. Mientras que el segundo se me hizo bastante pesadito, el primero creo que es una de las mejores historietas que se han escrito sobre Spiderman, y que demuestra que Peter Bagge entiende al personaje (y las raíces objetivistas que le dio Steve Ditko) mejor que el noventa por ciento de los guionistas que le ha asignado Marvel desde 1975.
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lunes, 22 de marzo de 2010
SPIDERMAN EN CATALÁN

He visitado tu pagina Web buscando informacion sobre el nº de Spiderman V2 n8 (no todo lo que brilla es oro). Hace años descubrí que hay frases en catalán (camufladas) cuando aparece un tal "Drom"... Por ejemplo: estikcom unapallofa dansiam sense salni pebra! En castellano: estoy como una hoja de lechuga sin sal ni pimienta. Y hay más.
¿Sabes algo al respecto? ¿Alguien lo sabe?
La traducción es de Salvador Dulcet.
El comic es del 74 ... Como estaba prohibido el catalán...
Un saludo
Charlie
Sitges Barcelona.»
[La portada está tomada de universo marvel].
ACTUALIZACIÓN: Charlie Pedrosa me ha pasado la página en cuestión del Spiderman V2 nº 8, donde aparece el «idioma incomprensible» en cuestión. Para hacer la comparación, yo he añadido la página original en inglés, procedente de Marvel Team-Up #31. Como podéis comprobar, el «idioma incomprensible» era en realidad inglés al revés.
jueves, 25 de febrero de 2010
SPIDERMAN NEGATIVO

¡Vértice nunca se equivocaba! ¡Vértice era visionaria! ¡Adelantada a su tiempo!
(portadas de Spiderman arrebatadas a Universo Marvel)
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