viernes, 30 de noviembre de 2012

EL CAPITÁN AMÉRICA CONTRA RICHARD NIXON


Una de las cosas que siempre me han fascinado de los viejos cómics industriales -y en realidad, de toda la producción comercial de genéro tradicional, sea en el medio que sea- era cómo en ocasiones llegaban a los límites impuestos por convenciones inquebrantables y cómo ese encuentro con el límite acababa dando forma a la propia obra. O dicho de otra forma, cómo se vadeaban los obstáculos infranqueables. O cómo se dice lo que no se puede decir, o cómo se muestra lo que no se puede mostrar.

Porque a veces, el límite obliga a buscar una solución retórica de una sutileza mucho más efectiva que cualquier discurso frontalmente libre.

Véase la singular página de arriba.

Situémonos: Captain America #175 (julio de 1974), en colaboración con el dibujante Sal Buscema y el entintador Vinnie Colletta, el guionista Steve Englehart pone fin a una larga saga del Capitán América que se ha extendido durante varios episodios. En ella, el Capitán se enfrenta a una organización llamada El Imperio Secreto, que busca controlar el destino de Estados Unidos y que está dirigida por un líder misterioso y encapuchado, el Número Uno. En este episodio, el Capi y sus aliados por fin desmantelan a la maquiavélica sociedad en el propio jardín de la Casa Blanca. Pero cuando todo parecía acabado, en la última página, Número Uno se levanta y huye hasta el interior de la sede del poder ejecutivo. El Capitán América le persigue, por fin le desenmascara y... ¡oh! Es... ¿quién es? O sea: ¿quién cojones es? Porque el Capitán América parece conocerle perfectamente, pero no dice nunca su nombre, y nosotros tampoco podemos ver su cara, ya que la cabeza permanece siempre fuera de cuadro. No puede ser el Cráneo Rojo, por ejemplo, archienemigo oficial del Capi, porque entonces éste lo mencionaría, y además no hay motivo para no mostrar su colorada calavera en un cómic donde ya ha salido cien veces anteriormente. Entonces, ¿quién puede ser que lo conoce el Capi y nosotros también, y que sin embargo no se puede mencionar dentro del tebeo?

Esa omisión dentro del papel es una palanca que sólo puede apoyarse fuera del papel, y tender un puente hacia nuestra realidad. Esa omisión es, obviamente, una alusión a algo que no está a ese lado de la viñeta, sino al nuestro, porque sólo nosotros podemos completar el dibujo que Sal Buscema no puede dibujar.

Obviamente, Número Uno es Richard Nixon, el presidente de Estados Unidos, que en aquellos momentos vivía las horas más oscuras del escándalo Watergate. Por si hiciera falta algún detalle más para situarlo, los autores ubican su desenmascaramiento en su escenario ceremonial, el Despacho Oval. Steve Englehart, uno de los guionistas verdaderamente grandes que ha tenido Marvel en su historia, era un objetor de conciencia crítico con su gobierno, y durante los 70 llevó al Capitán América a una odisea de reflexión política que culminaba en este episodio donde se escenifica el desencanto de toda una generación. Antes de que se publicara Captain America #175, en Marvel le preguntaron si Número Uno era Nixon. Él dijo que por supuesto que no. Cuando se publicó el cómic y la prensa le preguntó, él dijo públicamente que por supuesto que sí.

Englehart y Buscema contaron en esta página lo que no se podía contar, y lo contaron con absoluta precisión y de manera inequívoca. ¿Habría sido mejor que hubieran podido dibujar al propio Nixon debajo de la máscara del Número Uno, y que el Nixon de nuestro mundo se hubiera enfrentado cara a cara con el Capitán América del otro lado de la viñeta? Lo dudo. Lo inefable no se puede explicar de forma directa. Sólo podemos aludir a ello de forma oblicua, y esperar que el receptor lo sepa entender. A Englehart y Buscema no les estaba permitido mostrar el rostro de Nixon debajo de la capucha del Número Uno, y no dudo de que, si le hubiera estado permitido, Englehart habría elegido mostrarlo. Pero en ese caso, la historia habría acabado en un macabro desahogo instantáneo, una sátira iconoclasta brutal y, al mismo tiempo, coyuntural. Al no poder hacerlo, la historia se traslada a un plano intemporal, y casi 50 años después, un hipotético lector que ni siquiera hubiera oído hablar jamás de Nixon ni del Watergate, entenderá que Número Uno es, en todo caso, el Presidente de los Estados Unidos, y que a lo que está asistiendo el Capitán América es al suicidio de los ideales que él mismo representa. La farsa se transforma en drama, pierde el rostro y se hace inmortal.

En agosto de 1974, Richard Nixon abandonaba el cargo de presidente de Estados Unidos, dimitiendo con un discurso televisado a toda la nación. En Captain America #175 (fecha de portada de julio de 1974, aunque probablemente se publicara en abril o mayo), Nixon abandonaba el cargo pegándose un tiro en la cabeza. En el mundo de los superhéroes, al contrario que en el real, no hay paciencia con los políticos corruptos.

EXTRA: Otro ejemplo de elipsis elocuente en un cómic Marvel de los 70, esta vez en Goliat Negro y para sortear un contenido sexual: ELIPSIS

2 comentarios:

Raúl Expósito dijo...

Gran reflexión, Santiago, completamente de acuerdo contigo.

Es curioso, pero estos días estuve pensando eso mismo, cómo cuando había que sortear la censura y sugerir los temas escabrosos, el resultado final era mucho mejor (lo implícito siempre es más estimulante que lo explícito).

Por ejemplo, y salvando las distancias de calidad, me acordaba de cómo John Byrne tenía que dejar pistas sobre la homosexualidad de Estrella del Norte en Alpha Flight por la imposibilidad de decirlo claramente... ¡y eso hacía que el tebeo fuera mucho mejor!

PD: por cierto, estas reflexiones me las hacía a raíz de releer tu libro "La Novela Gráfica" en los viajes de ida y vuelta al trabajo en transporte público a lo largo de esta semana, así que aprovecho para felicitarte por lo bien escrito que está y por lo interesante de tus reflexiones (de hecho, pensaba hacerlo vía twitter, pero aprovecho la coyuntura para hacerlo ahora)

;)

Santiago García dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Raúl.