Retomo brevemente un tema que toqué hace unos días, en la entrada
«El Capitán América contra Richard Nixon». ¿Qué es lo que representamos cuando
no representamos algo? En aquella entrada planteaba que aquel cómic de 1974 se había beneficiado de la imposibilidad de mostrar al villano de la historia, Richard Nixon, y que su alusión elíptica enriquecía el resultado final. También decía que probablemente el guionista, Steve Englehart, habría preferido mostrar al propio Presidente de los Estados Unidos si hubiera tenido la posibilidad, pero los límites de las convenciones le forzaron a una solución retórica brillante.
Continuamente nos repetimos (y oímos decir) que
ya no hay límites y que
hoy vale todo, pero por supuesto que no es cierto, y sigue habiendo cosas que sólo se pueden representar
no representándolas. La semana pasada se ha dado un ejemplo en
Amazing Spider-Man, y ha provocado como consecuencia una discusión interesante con el telón de fondo de cómo funcionan los recursos narrativos en el cómic.
La página en cuestión:
Un poco de contexto:
Amazing Spider-Man #699, segunda parte de una saga de tres episodios que concluye en el número 700, el cual a su vez dará cierre a la anciana colección del amistoso vecino arácnido. En la primera viñeta vemos el cuerpo del Doctor Octopus, antiguo enemigo de Spiderman que está viviendo sus últimas horas, con la salud muy deteriorada. Pero la mente de su interior no es la de Otto Octavius, sino la de Peter Parker. El diabólico Doctor ha conseguido intercambiar su personalidad con la de su archienemigo, y ahora ocupa el cuerpo del trepamuros, mientras que éste ha quedado atrapado en su moribunda figura. Buscando desesperadamente una salida a su situación, Spiderman (dentro del cuerpo de Octopus) accede a los recuerdos del villano, todavía almacenados en su cerebro físico. Las viñetas 2-5 muestran flashes de esos recuerdos, una especie de rápido recorrido por la historia de Octopus mediante fogonazos visuales vistos desde su punto de vista subjetivo. En la viñeta 2, vemos al padre de Otto, en la 3, la explosión que causó la fusión de los brazos mecánicos con el científico y por tanto el origen del supervillano, en la 4, a Spiderman golpeándole en su eterna batalla, y en la 5, y aquí viene el premio, a la tía May de Peter Parker vestida de novia y poniendo morritos a Octopus/Spiderman/nosotros los lectores. El incidente hace referencia a una vieja situación de los cómics de Spiderman de los años 70 en la que Octavius y May mantuvieron un romance, y estuvieron a punto de casarse. En esta página, la tía May le dice a Octopus que no sea tan sosainas y que «nadie va a saber que hemos hecho esto antes de la boda. Será nuestro secretito». En la viñeta 6 y última de la página, volvemos a
la realidad de la viñeta 1, y vemos el exterior de la celda donde está encerrado Octopus/Spidey, de la cual sale el grito horrorizado de Peter Parker, obligado a revivir en el recuerdo de su enemigo una escena protagonizada por su tía que preferiría no haber conocido nunca,
y mucho menos de primera mano. En la página siguiente, el monólogo interno de Parker continúa y remata la escena: «Eso no ha pasado nunca».
La cuestión, por supuesto, es:
¿Qué ha pasado?
Lo que yo interpreté al leer la escena creo que es lo que ha interpretado todo el mundo. En
Bleeding Cool lo expresaban con mucha claridad:
Cuando Peter Parker practicó el sexo con la tía May. La cuestión es que el tema saltó al foro de la página web del historietista John Byrne, antiguo dibujante de
Spiderman
, y provocó una respuesta por parte de Dan Slott, actual guionista de Spiderman y autor de la página que hemos comentado. Toda la discusión está resumida en este post de Bleeding Cool:
Fanboy Rampage, John Byrne vs. Dan Slott. Slott planteaba que en la página en ningún momento se ve que la anciana May y Octopus/Peter Parker practiquen el sexo, y que
todo queda a la imaginación del lector, de manera que si te imaginas que ha pasado algo más grave que un simple beso (como, según él, se imaginaría un niño de diez años), eso está únicamente
en la mente del lector. Slott plantea por tanto que, gracias a la «magia de la elipsis» somos nosotros quienes proyectamos lo que queremos y que la morbosidad de la escena llega hasta donde llegue nuestra propia morbosidad individual.
El argumento es realmente cínico, pero lo que a nosotros nos interesa aquí son las reglas de funcionamiento de los mecanismos narrativos. Unas reglas a las que, una vez que el autor se somete, ya no puede sustraerse. Aunque creamos que el autor
es Dios y puede hacer lo que quiera con su obra, desde el momento en que está decidiendo cómo va a ser su obra, está limitando las posibilidades de lo que puede hacer con ella. O sea, desde el momento en que uno recurre a esta elipsis, ¿es razonable decir que
lo que pasa queda a la imaginación del lector y yo no he dicho que hayan hecho algo más que darse un beso?
Byrne sabe que no es así, y lo explica con la mayor claridad: Si sólo es un beso...
¿por qué no mostrarlo?
Decir que la tía May y Octopus
no follan (y Peter Parker lo vive en primera persona, en el recuerdo) en esa elipsis sería como decir que en la escena final de la saga del Imperio Secreto el Número Uno
no es Richard Nixon, sino que
lo dejamos a la imaginación. Podría ser Cráneo Rojo, por ejemplo.
Sí, claro. Y la tía May podría ser virgen.
CARAS OCULTAS
Curiosamente,
Amazing Spider-Man es una colección con una tradición de imágenes escamoteadas que se remonta a Steve Ditko y sus orígenes. Hay dos casos muy notables que me vienen a la memoria. El primero, el Duende Verde:
Desde su primera aparición
(Amazing #14, 1964), de la que reproduzco unas viñetas sobre estas líneas, el archienemigo de Spiderman se mostró como alguien que tenía una doble personalidad, pero cuya identidad secreta quedaba siempre oculta a los lectores, utilizando cualquier artificio que fuera necesario, como se puede ver en la ilustración.
El segundo caso fue Mary Jane Watson, la hija de la vecina de la tía May, Anna Watson, y futura esposa de Peter Parker:
Durante una serie de episodios, Anna y May se empeñan en que sus respectivos sobrinos se conozcan, pero Peter nunca tiene tiempo (ni interés) para que se celebre la demorada reunión, que se convierte en un gag recurrente. Las dos viñetas que he reproducido pertenecen a
Amazing #25 (1965) que es donde por vez primera se ve físicamente a Mary Jane, aunque una flor estratégicamente situada nos priva de descubrir su rostro.
Steve Ditko mantendría estas dos subtramas de los personajes sin rostro -el Duende Verde y Mary Jane Watson- a lo largo de toda su estancia en
Amazing Spider-Man, que abandonaría sin llegar a resolverlas. Nada más marcharse, Stan Lee no perdió tiempo en solucionarlas, y con la ayuda del nuevo dibujante John Romita les dio conclusión de inmediato. En primer lugar, descubrimos que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn, el padre de Harry, el amigo de Peter Parker. E inmediatamente después, Mary Jane y Peter por fin se encontraban, y este descubría que la sobrina de su vecina a quien había estado evitando como si fuera la peste, era en realidad una preciosidad llena de vida y alegría.
Toda la subtrama de Mary Jane estaba montada como un larguísimo chiste: ¡el desgraciado de Peter se había pasado meses esquivando a un bombón!
¡Tonto! Lo curioso es que por aquel entonces la falta de comunicación entre Ditko y Lee era tan completa que éste no sabía por dónde iba a llevar aquél la serie, y dialogaba prácticamente a ciegas. De otra manera no se explica que en el mencionado
Amazing #25 reviente con sus diálogos el chiste cuyo desenlace no va a contar hasta la última viñeta del #42. ¿Qué sentido tiene que en una viñeta nos oculten la apariencia de Mary Jane, si en la siguiente Betty dice que
parece una estrella de cine?
El caso de la identidad del Duende Verde fue algo más complicado, y habitualmente se esgrime como uno de los motivos de discusión entre Lee y Ditko que acabaron motivando la salida de éste de la serie. Según parece, Ditko quería que el Duende Verde fuera alguien desconocido, anónimo, mientras que Lee estaba empeñado en que fuese algún personaje secundario ya presente en la serie y que fuera conocido por los lectores. Dejando de lado la discusión filosófica entre dos planteamientos completamente antagónicos que revelan estas posturas
(Amazing Spider-Man como tratado moral vs.
Amazing Spider-Man como culebrón), volvemos de nuevo a la ley de la narración: si el Duende Verde era alguien anónimo, ¿por qué
no mostrar su rostro? Cada vez que Ditko estaba utilizando un artificio tan forzado como una portezuela interpuesta ante su cara, estaba diciéndoles a sus lectores que
no podían ver su cara. ¿Se supone que los lectores no tienen que sacar de eso otra conclusión salvo que
cada uno puede proyectar lo que quiera? No, la única conclusión que pueden sacar los lectores es que no pueden ver su cara porque si lo hacen,
lo reconocerán, como reconocerían a Richard Nixon los lectores de
Capitán América.
Cada regla es una cláusula del contrato narrativo que suscriben los lectores con el autor. Y el autor que se salta las cláusulas, acaba perdiendo la confianza de los lectores. Moraleja:
Que se besen.
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Elipsis