Mandorla
Santiago García escribe tebeos, lee tebeos, traduce tebeos, estudia tebeos y vive, en resumidas cuentas, una vida de tebeo.
viernes 27 de enero de 2012
jueves 26 de enero de 2012
¡LA MUERTE DE GARCÍA!
miércoles 25 de enero de 2012
¿QUIÉN HA DEJADO UN TORO EN EL BORDE DE LA MESA?
Compromiso personal es el que tengo, por ejemplo, con mis amigos Alba Diethelm y Manuel Bartual, de manera que sólo puedo escribir sobre ellos desde la amistad. Y compromiso personal es el que tienen ellos con su microeditorial ¡Caramba!, que tiene su mayor capital en la cantidad desbordante de ideas que maneja y en el talento y la habilidad de sus fundadores.
Gestionando el tinglado desde el salón de casa, Alba y Manolo sacaron una publicación espectacular dedicada a los mecanismos del humor, y a continuación se han descolgado con un libro que es uno de los objetos más singulares que se han visto en el cómic español reciente y que, sin embargo, muestra una coherencia absoluta con su primer lanzamiento. Porque Reunión, de Manel Fontdevila, también está dedicado a explorar cómo se enciende la chispa del humor, cómo se da ese primer paso en dirección hacia la risa.
[Después, el catálogo de ¡Caramba! ha engordado con uno de los libros estrella de las pasadas navidades, Let's Pacheco!, de Carmen y Laura Pacheco; y ya asoma por el horizonte la singular cabeza de Paco Alcázar; termina aquí toda la publicidad institucional y gratuita de Mandorla sobre ¡Caramba!].
Reunión recoge con apariencia de facsímil -la encuadernación imita un bloc de espiral- montones de hojas de los apuntes que ha tomado Manel Fontdevila mientras asistía a las reuniones del consejo de redacción de El Jueves entre 1997 y 2011. Hay en sus páginas un barullo de texto, tipografías espectaculares, dibujos, viñetas, caricaturas y ocurrencias de todo tipo semejante al que se podría encontrar en las hojas en las que cualquier persona garabatea mientras está hablando por teléfono. Siempre y cuando, claro está, esa cualquier persona esté dotada de un talento que, al cabo de los años, cada vez me voy convenciendo más de que es casi sobrehumano o mutante. Podría hablar del testimonio directo -a modo de diario- que supone este cuaderno de la vida cotidiana de España, vista desde la terraza de una revista satírica de actualidad, y cómo los temas que nos parecían preocupantes en 2007 se van disolviendo poco a poco en el magma de la Final Crisis actual, que finalmente parece derretirlo todo, todo, todo, hasta acabar con el mismo cuaderno en una página final que da las explicaciones más pertinentes que se pueden dar sobre la economía mundial.
Pero voy a intentar no extenderme demasiado, así que me voy a concentrar en otra cosa que tiene más que ver con los temas aromáticamente comiqueros que solemos tratar en este blog. Desde luego, no es la primera vez que se hace un cuaderno de bocetos de un dibujante de cómics, ni siquiera de Manel Fontdevila (en alguna estantería de mi casa debe de dormitar el que le publicó Midons hace más de una década), pero sí que creo que Reunión revela que la perspectiva que tenemos del cómic (algunos, claro) es ahora muy distinta de la que teníamos hace unos años.
No hace tanto que la reivindicación del cómic -que nadie os engañe, el cómic lleva toda la vida intentando reivindicarse, esa voluntad no es nueva- venía por el dibujo. La famosa expresión que Toutain tatuó en su colección más lujosa, «Cuando el cómic es arte», se leía como «cuando el dibujo de cómic es tan bueno que es artístico». En 2012, sin embargo, (para algunos) el cómic ya ha alcanzado carta de naturaleza autónoma, y arropado por teorías propias -todavía incipientes, pero con ganas de crecer- se reconoce que sus cualidades más artísticas no están en calidad del dibujo, sino en una suma singular de procesos diversos.
Quiere esto decir que Reunión no es un libro de dibujos para admirar de esa manera desfallecida en la que nos enseñaron a celebrar el Sublime Trazo del Divino Maestro, sino un libro para leer, para recorrer en diferentes direcciones y a diferentes velocidades, y también, claro, siendo Manel Fontdevila el responsable último, un libro para reír. En ocasiones, a carcajadas. Véase por ejemplo la página donde aparece el texto que titula este post.
En resumidas cuentas, y se mire por donde se mire, Reunión es un cómic. De forma libre y singular, que en virtud de esa heterodoxia implícita reivindica el cómic como algo más que un conjunto de formas estandarizadas o como un mero lenguaje formulaico. Leyendo Reunión, a la pregunta «¿Qué es cómic?» responderíamos: «Cómic eres tú», siempre y cuando quien nos clava en la pupila su pupila azul mientras formula esa pregunta sea el ínclito, ubérrimo y manrésimo Manel. Impepinablemente.
Extra 1: Más cosas que hace Manel en los márgenes: Aviador.
Aviador es un microtebeo publicado por Badabum donde Manel Fontdevila se pone lírico, que es algo que le gusta mucho aunque intente disimularlo. Al igual que en el caso de Reunión, la forma también lo convierte en una golosina de sabor especial. El propio Manel os cuenta más cosas en su blog. Ah, y esto también es importantísimo: Manel Fontdevila por fin tiene blog. Internet no volverá a ser lo mismo.
Badabum es, por cierto, otra de esas maravillosas editoriales domésticas que están empezando a proliferar en España, al estilo de ¡Caramba! Entre sus fundadores se encuentra el gran Pep Brocal, de quien ya hablamos en Mandorla. Acaban de hacer un maravilloso vídeo de presentación de su catálogo.
Extra 2: Más cosas que hace Manuel Bartual en los márgenes: 85.12.30.
Manolo se compra una cámara de vídeo para hacer entrevistas a los autores de ¡Caramba! y las energías creativas incontenibles que se agolpan en su sobaco le impulsan a hacerse un cortometraje casero que ya está entre los favoritos del festival Notodofilmfest. Así se escribe la historia, señores.
Extra 3: Dos entrevistas muy buenas donde Manel habla de Reunión.
La primera, de Alberto García Marcos, en la propia web de ¡Caramba!
La segunda, de Rubén Lardín en Vice.
lunes 23 de enero de 2012
LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 27: I AM THE BATMAN!

(PARTE DEL CAPÍTULO LAS MEJORES HISTORIAS DE BATMAN)
I AM THE BATMAN!
Steve Englehart & Marshall Rogers (entintado por Terry Austin)
Detective Comics 471-472 (1977)
Sin aliento. Así se leen estos dos trepidantes episodios que le dan a Batman un soberano vapuleo con sorpresas continuas y golpes de efecto incesantes, hasta llevarlo al límite. ¿Qué contienen estas 34 páginas? Un extenuado Bruce Wayne que acude a una clínica de reposo y es víctima de un secuestro. Siempre dispuesto a todo, saca el bat-traje de la maleta y se encara con el director de la clínica, que resulta ser su archienemigo el profesor Hugo Strange (¡visto por última vez en Detective 46, 1940). Strange apresa a Batman y, al contrario que la mayoría de los pazguatos de sus enemigos, le desenmascara sin tardanza. En la segunda parte, Batman está preso de Strange, drogado e indefenso. Mientras, su enemigo le suplanta y se dedica a apropiarse de la fortuna de Bruce Wayne. De paso, organiza una puja en la que subasta la identidad secreta de Batman y a la cual acuden tres compradores: Rupert Thorne, el Joker y el Pingüino. Robin acude al rescate y entre él y Batman acaban con el tinglado de Strange, pero no con el profesor, que ha caído en manos de Thorne, decidido a sacarle a golpes el secreto del Señor de la Noche. Strange muere sin soltar prenda. “¡Nunca! ¡Nunca me robarás mi secreto, Thorne! Porque... ¡no es mi secreto! Pertenece a... ¡Batman! Para descubrir los secretos de Batman debes derrotarle a él... ¡no a mí! Fui un necio al pensar en... ¡venderlos! ¡Batman es demasiado bueno para alguien como tú, Thorne! ¡El y yo somos iguales! ¡Nunca le traicionaré!” son sus últimas palabras, en un acto de verdadero heroísmo que Englehart explicaba así: “Es una cuestión de principios. Estaba orgulloso de sí mismo, se respetaba a sí mismo, y sentía orgullo y respeto por Batman. Y no iba a entregárselos a este matón de tres al cuarto, que es la consideración que le merece el jefe Thorne.” Acción, drama, romance, intriga (no olvidemos la presencia de la añorada Silver St. Cloud) y Marshall Rogers en plena forma. ¿Alguien da más?
Posteriores intentos de reunir a los ya seudomíticos Englehart y Rogers con el Señor de la Noche no llegaron a fructificar. A finales de los setenta, DC pensó en licenciar sus personajes para que fueran realizados por otras personas, y aparentemente uno de los primeros proyectos exteriores a DC que se iban a realizar en este contexto era un Batman por Englehart y Rogers. “Se abandonó -explica Englehart- porque básicamente el trato que nos ofrecieron fue que mientras imprimiéramos menos de 10.000 copias, podíamos hacer lo que quisiéramos con el personaje. Si hacíamos más de 10.000 copias entonces tendríamos que someternos a su control editorial. Eso no nos atraía, no íbamos a quedarnos contentos. 10.000 copias es un número demasiado bajo para ir a imprenta. No nos interesaba hacer una historia fenomenal que no pudiera leer nadie, y tampoco estábamos interesados en hacer una historia penosa.” Un segundo intento de aproximación se produjo a mediados de los ochenta, pero de nuevo sin fortuna: “Sin entrar en demasiados detalles -aclara Englehart- se me prometió que tendría control completo sobre los personajes, y a continuación se me dijo que quizás no. Yo no exijo necesariamente el control absoluto, pero sí exijo la capacidad -como una de las personas reconocidas como un experto en este personaje- sí exijo la capacidad, digo, de poder aplicar mis conocimientos y que no sean mutilados por consideraciones burocráticas. Pero las editoriales atraviesan fases, así que las cosas cambian, y en algún momento podrían llegar a darse las circunstancias. Cuando escribía The New Guardians tuve problemas porque aparecía un personaje homosexual, así que no soy un gran fan de la censura, ni tampoco soy un gran fan de las interferencias burocráticas, de manera que tendría que tener la seguridad de que no me iba a ocurrir nada de eso para que aceptara un proyecto como ése.”
viernes 20 de enero de 2012
EL ACCESORIO MÁS DECORATIVO
«Pero al entrar en el nuevo despacho, Foggy lo encuentra desocupado, salvo por el accesorio más decorativo...» Daredevil #1 (Marvel, 1964), Stan Lee y Bill Everett.
jueves 19 de enero de 2012
EL HOMBRE DEL MISTERIO
miércoles 18 de enero de 2012
EL DESTELLO DE UN DIAMANTE
Hay unas cuantas personas a quienes deseo que triunfen en el futuro tan dudoso que nos espera, y si es posible que triunfen a lo grande y pronto, y una de ellas es Carlos Vermut. Por tantos motivos más allá de la amistad. Porque se lo merece, claro, pero también porque es uno de esos visionarios que te inspiran y te hacen ver que las cosas, sencillamente, se pueden hacer de otra manera. Que contra viento y marea, contra todo lo que te dice el resto del mundo y de la sociedad, contra el sistema, uno todavía puede hacer lo que le dé la gana y no poner excusas. Lo único que hace falta es proponérselo y jugarse todo lo que lleva. No todo el mundo es capaz, ni mucho menos.
Carlos Vermut tenía una carrera en el cómic hecha de destellos: los fogonazos de El Banyán Rojo (Dibbuks, 2006) y Psico Soda (Dibbuks, 2007), que deslumbraban con la luz de un autor capaz de dar una verdadera visión moderna de viejos temas y posturas, un tipo que tenía la verdadera capacidad de poner al día el suspense y el misterio de los viejos géneros comerciales. Pero también, que no acabó de rematar ese proyecto con una obra madura. Después de ese par de libros de futuro, Carlos Vermut se esfumó de las viñetas, y ahora ha reaparecido el radar cultural con una película, Diamond Flash.
Diamond Flash es un largometraje de más de dos horas, escrito, dirigido y producido por Vermut. Cuando digo producido, quiero decir que lo ha pagado todo él de su bolsillo, gastándose hasta la última perra de la que disponía. Es una de esas cosas que sólo hace un genio o un loco. O un genio loco. La película recupera el tono y la personalidad características del Carlos Vermut de los tebeos -es decir, esa puesta al día personal de los géneros de siempre, en este caso los superhéroes- y formalmente sorprende por su madurez y su acabado. No parece una película novata ni cutre. No parece una película barata de aficionado. Las actrices y actores están mucho mejor de lo que estoy acostumbrado a ver en el cine español, y las limitaciones presupuestarias han provocado soluciones de puesta en escena que dan una dimensión superior a la película, al obligarle a buscar una retórica propia y evitar la imitación de los recursos de las grandes producciones a las que estamos acostumbrados. Pero esto no es un blog de cine, así que no pretendo hacer una crítica de cine. Sólo quería advertir contra los prejuicios habituales cuando uno oye la expresión «película autofinanciada por un dibujante de cómics debutante». Diamond Flash no es una peli de pega; por el contrario, es algo muy serio.
Lo que sí quiero mencionar son algunas de las cosas en las que me hizo pensar Diamond Flash mientras la veía, porque afectan a ámbitos narrativos que no se limitan al cine. Por ejemplo, el énfasis que pone Carlos Vermut en el detalle y en el primer plano. Los detalles no nos dejan ver el plano general, el argumento. Efectivamente, Diamond Flash es una de las películas más crípticas que he visto en mi vida, pero también los tebeos de Carlos Vermut trataban siempre de escaparse del lector, de dejar su significado enterrado en las calles entre viñetas o en los detalles discretos del fondo. El lector tenía que trabajar, como tiene que trabajar el espectador de Diamond Flash.
Lo que importa no es la historia, lo que importa es la intensidad de un detalle, de un instante vivido con demasiada cercanía como para comprenderlo cabalmente. Los grandes argumentos son sólo justificaciones. Así, en cierta manera, es como si la película fuera un comentario sobre sí misma, sobre su condición marginal, lateral. No se trata tanto de tener una ocurrencia argumental increíble como de contar las cosas utilizando esos cortes estáticos con los que vivimos la vida. Ésa es la manera en que Carlos Vermut conecta los géneros clásicos con la experiencia real, dándoles una vida que va más allá del cansino reciclaje industrial o de la nostalgia del manierismo.
Diría más: Carlos Vermut practica una idea que desde hace años me interesa mucho, la idea de sacar el tema o la iconografía del género. Algo que he aprendido con El Vecino es que un superhéroe no convierte un relato en un relato de superhéroes, al igual que también se puede hacer un relato de superhéroes sin superhéroes. Y Diamond Flash tiene un superhéroe, pero no pertenece al género de superhéroes. Lo cual es, finalmente, la única forma de dar nueva vida a un género agotado. No se trata tanto de revivir el cadáver del padre, como tantos intentan, sino de ayudar a caminar al hijo.
Repudio la pulsión mórbida de lo retro, y por eso no me gusta nada el cartel de Diamond Flash (que podéis ver al final de este post). Pero esta película me ha recordado de una forma que diría estremecedora a las películas que veía de niño, en los años 70, y preferentemente en la televisión. Películas del tipo de ¿Quién puede matar a un niño?, que para unos ojos inocentes se volvían algo enorme e incomprensible de una manera que no podían serlo para un adulto. Pues ahora que soy adulto, Diamond Flash me ha vuelto niño otra vez. Tal vez sea por la falta de información, por el peso abrumador de los detalles del que hablábamos antes, por esa sensación constante de estar inmersos en algo que nos supera, que vivimos como experiencia total, sensorial, rodeados por un misterio que no podemos detener y que parece ocultar un secreto indescifrable y final. Es como si dijéramos: si pudiera desentrañar Diamond Flash, podría desentrañar la vida. Por eso es importante no desentrañarla nunca. Ese terror pánico y muy primitivo hace que la veamos como un niño, igual que el superhéroe hace que la veamos como un adolescente, cuando en realidad la estamos viendo como adultos que ven una película indiscutiblemente adulta. Pocas películas he visto, pues, que merezcan tan apropiadamente el calificativo para todos los públicos.
Una última cosa: Diamond Flash está ambientada en mi barrio de Madrid. Reconozco sus esquinas y sus aceras. Y creo que es importante, cada vez más, localizar las cosas claramente, acercar las fantasías a la propia vida. Es la mejor forma en que hoy podemos proponer historias universales, y es algo que en España hemos evitado deliberadamente durante mucho tiempo a la hora de abordar géneros de tradición internacional. No sabíamos cómo hacerlo. Carlos Vermut knows.
Extra: Quien no conozca las películas de Carlos Vermut, aquí tiene un aperitivo, Maquetas:




























