El otro día, revisando mi colección de tebeos de Thor para la entrada que escribí sobre Thor: The Dark World, me tropecé con este anuncio (Thor #125, 1966). Una pequeña maravilla que ya incluye en tres viñetas toda la desmitifación, autoparodia y deconstrucción que han sido el gran argumento del cómic de superhéroes de los últimos 25 años como mínimo.
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jueves, 14 de noviembre de 2013
¡YO TAMBIÉN PUEDO SER SOCIALMENTE ACEPTABLE!
El otro día, revisando mi colección de tebeos de Thor para la entrada que escribí sobre Thor: The Dark World, me tropecé con este anuncio (Thor #125, 1966). Una pequeña maravilla que ya incluye en tres viñetas toda la desmitifación, autoparodia y deconstrucción que han sido el gran argumento del cómic de superhéroes de los últimos 25 años como mínimo.
jueves, 29 de noviembre de 2012
LA ARAÑA, LA MOSCA, Y LA BOLLERÍA INDUSTRIAL
Como secuela del post anterior, hoy traigo aquí otra magnífica historieta inédita en España del Spiderman de Ross Andru. Lo cierto es que Spiderman estuvo muy ocupado a mediados de los 70, y con él, su dibujante Ross Andru. En ocasiones con proyectos especiales de tanta envergadura como Superman vs. Spider-Man, en otros casos con ocurrencias más sórdidas, como el Amazing Spider-Man vs. The Prodigy del que acabamos de hablar, y con cierta frecuencia con anuncios de Twinkies, que eran una especie de bollycaos. Las historietas publicitarias de Twinkies fueron habituales durante años en todos los títulos Marvel, protagonizadas por muchos de sus héroes y normalmente dibujadas por sus dibujantes habituales. Urge ya una reedición de todo este material, acompañada del conveniente aparato crítico.
[«The Spider-Man and the Fly!» publicado en Avengers Annual #6, 1976]
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miércoles, 15 de febrero de 2012
BIG JACK
Este anuncio de Big Jim tiene que ser de Jack Kirby, ¿no?
Anuncio publicado en Beowulf Dragon Slayer #6 (DC, 1976).
[Y me sirve para ir avisando de que, si todo va bien y tengo tiempo, pronto volveré a Kirby en esta pantalla].
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domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 17 de diciembre de 2011
EL HÁNDICAP INVISIBLE
Historieta publicitaria publicada en The Brave and the Bold #64 (febrero-marzo 1966, DC). Autores desconocidos.
jueves, 8 de diciembre de 2011
EL HOMBRE DE LOS GRANOS
Creo que lo que más me ha impresionado de mi ruinoso ejemplar de Crime Must Pay the Penalty! #23 (1951) es este anuncio de un remedio contra el acné juvenil que aparece en el interior de portada. El dibujo del supuesto médico que ofrece el frasco con la solución en su mano es tan siniestro que no desentonaría en alguna historieta perdida de Paco Alcázar entre Todo está perdido y Silvio José. Claramente, se llama Lázaro y va a engañar a esos niños desesperados por la marginación social que les produce su cara horriblemente picada. Y el propio lema que preside la página ya resulta ominoso: «Meet the Man...» parece la introducción de una película de terror. Hoy en día, un anuncio así sólo lo haría Miguel Brieva.
Con estas cosas nos hemos criado algunos.
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viernes, 2 de septiembre de 2011
CRIME DOES NOT PAY: PUBLICIDAD
Afortunadamente, vivimos en la edad de oro de las reediciones de cómics, al menos en Estados Unidos. La recuperación de clásicos y la arqueología viñetera es uno de los grandes fenómenos de nuestros días, y eso nos está permitiendo construir bibliotecas definitivas de los clásicos de nuestro arte. Pero hay algo que nos escamotean las primorosas reediciones en tapa dura, repletas de estudios documentadísimos y de todo tipo de extras: la realidad material del cómic original. Accedemos a su forma idealizada, descontextualizada de la plataforma física para la cual se creó. El humilde y viejo objeto material, sin embargo, a veces nos da una información tan reveladora e interesante como el propio contenido de las páginas. En ocasiones, por ejemplo, resulta difícil deducir sólo de su forma artística el público al cual se dirige un cómic: ¿masculino o femenino?, ¿infantil, adolescente o adulto?, ¿popular o culto? En los cómics originales, el historiador interesado por estas cuestiones encuentra una herramienta que suele desaparecer de las espléndidas reediciones contemporáneas y que casi nunca nos engaña: la publicidad.
Por tanto, ¿qué publicidad había en los tebeos americanos de la Década Perdida y qué nos dice del público lector de alrededor de 1950? La muestra que examino es exigua -tres comic books- y totalmente carente de rigor científico, pero sus resultados son tan llamativos que uno no puede pasarlos completamente por alto.
El anuncio de interior de contraportada de Crime Dos Not Pay #82 (diciembre de 1949):
Evidentemente, dirigido a mujeres (no a niñas). Huelga decir que las obsesiones que nuestra sociedad impone a la figura femenina tampoco son nada que haya empezado en los últimos años, pero eso es otro tema.
En el interior de ese mismo ejemplar, se insiste en el mismo asunto:
Al final de la revista, una maravillosa «hucha televisor» que se supone atraerá los donativos de amigos y familiares, y que revela la expectación con la que la sociedad estaba esperando el desembarco de la auténtica televisión:
A su lado, se ofrece un manual para formarse como técnico de radio y televisión. Sin duda, quien tuviera la previsión de aprender el oficio en 1949, eligió una carrera con mucho futuro:
En Crime Does Not Pay #87 (mayo 1950) encontramos una variante del clásico anuncio del culturista Charles Atlas que tan famoso se haría en los cómics de los años 60 y 70. En este caso se ofrece un «mini-gimnasio» para practicar ejercicio en casa, y la publicidad -en forma de cómic, exquisitamente dibujado por cierto- no se dirige tan sólo al pobre muchacho enclenque que quiere sentirse un hombretón, sino que también llama a las chicas. «Hey fellers! Gals, too!»:
En las páginas interiores, una publicidad que, evidentemente, no puede estar dirigida a un niño: fundas para los asientos del automóvil («de fibra genuina»):
Otra gran novedad tecnológica: Graba tus propios discos. Es una novelty, pero no un juguete: el precio «asombrosamente bajo» de 4,98$ lo pone fuera del alcance de un niño que apenas podría conseguir diez centavos para comprarse un tebeo. Las ilustraciones que acompañan el anuncio confirman que el público deseado es joven (moderno), pero adulto, incluso con hijos cuya voz grabar y conservar:
En el interior de contraportada, otro anuncio claramente dirigido a la señora de la casa, y que en relación con una revista de crimen podría llegar a adquirir incluso cierto sentido ominoso:
La contraportada, definitivamente, se dirige a Men! y Ladies! lo suficientemente adultos como para apreciar de regalo (sin coste adicional) una pipa (para él) o una polvera (para ella):
Añado a la minimuestra Jumbo Comics #136 (junio 1950, publicado por Fiction House), un comic book que lleva en portada a Sheena, reina de la jungla, y que incluye una variedad de historietas de aventuras con diversas ambientaciones exóticas, ninguna de las cuales afirma ser ALL TRUE, y que proclama su condición de cómic desde su misma cabecera. Junto a algún anuncio que ya conocemos, como el de las fundas para los asientos del coche o el que llama a REDUCIR tu apariencia para «volver a aparentar dieciséis años», la contraportada luce estos modelitos:
Tómese ahora cualquier comic book mainstream americano de veinte años después y compárese la publicidad. Lo estoy haciendo ahora mismo con varios ejemplares de Marvel de hacia 1969: pequeños planes de negocios para niños (venta de felicitaciones navideñas, por ejemplo), muchas ofertas de regalos diversos (máscaras de broma, gafas de rayos X, trenecitos eléctricos, bicicletas, etc.), material de gimnasio dirigido exclusivamente a varones («Las “herramientas” musculadoras secretas de Mr. América-Mr. Universo para “tallar” tu cuerpo con una forma musculosa»), cursos de kárate y de dibujo. Nada dirigido a mujeres, nada dirigido a una persona que ya tenga edad para conducir.
En Crime Does Not Pay y Jumbo Comics también hay anuncios dirigidos a los niños (cohetes o una especie de futbolín de béisbol, por ejemplo), pero sorprende la abundancia de los anuncios dirigidos a un lector adulto. Eso no quiere decir que los adultos que leían Crime Does Not Pay fueran más numerosos que los niños. Puede que hubiese más anuncios para ellos porque tenían más capacidad adquisitiva que el niño, que probablemente ya habría gastado todos sus recursos económicos en el tebeo. Pero el hecho es que ese público adulto también existía, o de lo contrario los publicistas no habrían pagado por insertar sus anuncios en los cómics. Es decir, se concebía que una persona con un automóvil necesitado de fundas para los asientos podría leer Crime Does Not Pay (lo que es tanto como decir una persona de al menos dieciséis años), se concebía que una persona con hijos que quisiera registrar su voz en un disco grabado domésticamente podría leer Crime Does Not Pay, se concebía que una mujer que quisiera adelgazar para volver a aparentar que tenía dieciséis años (y, por tanto, que era mayor de esa edad) podía leer Crime Does Not Pay o incluso Jumbo Comics, con Sheena en la portada. Aún más significativo: se reconocía la existencia de un público femenino para esos tebeos. No para los tebeos románticos, ni siquiera para los tebeos de aventuras protagonizados por una chica como Sheena, sino también para un tebeo de crímenes como Crime Does Not Pay. Leyendo la publicidad, es imposible saber si Crime Does Not Pay es shojo o shonen.
Aún más, es imposible saber a qué edad va dirigido. Por un lado, la insistencia en los valores didácticos, las palabras de madres y educadores en la sección de correo que parecen orientadas a tranquilizar a los padres de los pequeños lectores de Crime Does Not Pay. Por otro lado, la publicidad obviamente dirigida a un consumidor joven pero adulto. La impresión es que se trata de un producto all-ages, dirigido a un público general, amplio, tanto adulto como infantil, tanto masculino como femenino. Todo lo contrario del nicho de mercado en el que el comic book se iría encerrando cada vez más desde los años sesenta hasta nuestros días, tras embarcarse en una estrategia de intensa focalización y especialización en un público determinado.
La pregunta es: ¿reflejan las historietas de Crime Does Not Pay y Jumbo Comics esa aparente amplitud de miras que se deduce de sus anuncios? ¿Son realmente estos cómics de 1949-1950 un material susceptible de ser leído con normalidad por un adulto de su época? ¿Por una mujer? ¿En qué se diferencian del cómic comercial posterior? Para contestar a eso, tenemos que levantar la portada, tenemos que dejar de lado los anuncios y tenemos que ponernos, por fin, a leer las historietas.
Pronto.
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martes, 11 de mayo de 2010
UN ESPACIO PARA LA PUBLICIDAD
Y ya que estoy, añado que comprar comic books originales es un ejercicio muy sano, aun cuando ya tengas todo su contenido cinco o seis veces en distintos tomos recopilatorios en blanco y negro o a color, publicados con diverso grado de lujo, en inglés o en español, o incluso en archivos digitales. Como ya hemos comentado muchas veces en este blog, no hay nada como tener en las manos el objeto original en el que se publicó un tebeo, y en este caso eso no es sólo útil para conocer el origen de los superhéroes, sino también para conocer las fuentes de una parte de la novela gráfica o el cómic de vanguardia contemporáneo. Uno se mira un tebeo de Marvel de 1969 y, por un lado, está viendo la historia viva de los superhéroes, pero por otra, está viendo el modelo de los anuncios falsos de Acme Novelty Library, por ejemplo. A veces cuesta saber qué es más interesante para nuestros ojos de hoy en día. Todas las publicidades que reproduzco a continuación están sacadas de un único tebeo, el Captain America 112 (abril de 1969). Atentos, porque el demonio está en los detalles.
(Por cierto, que, como me suele pasar, siempre me llevo algún tebeo repetido, y esta vez le tocó precisamente a éste... Te lo guardo, Pepo...)
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