martes, 12 de noviembre de 2013

NOSOTROS LOS ASGARDIANOS


El fin de semana pasado estuve viendo Thor: The Dark World (2013, Alan Taylor) y muy bien todo, muy divertida, me lo pasé en grande. Mejor que la primera (que todos modos a mí ya me gustaba, y me gusta más cada vez que la vuelvo a ver), más grandiosa y espectacular y a la vez más cómica. En la saga de Thor han sabido entender que para que un superhéroe funcione hoy en día tiene que contener su propia parodia, y en The Dark World ofrecen varias escenas de verdadero humor superheroico basado en el contraste entre lo épico del personaje (un dios del trueno, nada menos) y el entorno prosaico del mundo moderno. Un tipo de humor con el que estoy muy familiarizado como coautor de El Vecino. Es cierto que los fabricantes de franquicias superheroicas tienen que plantearse muy seriamente abandonar los finales con gran nave espacial/columna de fuego arrasando la ciudad, que ya está muy repetido (Los Vengadores, Man of Steel...) y que el final apocalíptico, al tener en este caso ambientación británica, me hizo pensar que lo que estaba viendo era un episodio de Doctor Who con un presupuesto demencial. Si hasta había un Doctor de por medio. Pero claro, puede que ahí esté parte del secreto de las pelis que está produciendo Marvel: en que son como grandes episodios de Doctor Who protagonizados por coloridos superhéroes. En todo caso, Thor: The Dark World supone una vuelta al tono adecuado después de la salida de madre que fue Iron Man 3, lo cual me hace pensar que gran parte del desvío de esa peli probablemente se debiera al excesivo peso que ha cobrado la estrella de Robert Downey Jr.

En Hooded Utilitarian hacen un comentario de Thor: The Dark World con el que simpatizo bastante, y que además hace una metalectura del conflicto argumental de la película que me parece diabólicamente inspirada, interpretando la batalla central como una lucha entre la soleada Marvel de Joss Whedon y la tétrica DC de Christopher Nolan.

En todo caso, yo lo que pretendía hacer aquí no era escribir una crítica de cine, sino simplemente reflexionar brevemente sobre un elemento que me llamó la atención, y que ha sido tal vez uno de los aspectos más polémicos entre los fans de la adaptación fílmica del Thor de los tebeos. Me refiero al casting de Idris Elba como Heimdall.

Vaya por delante que cuando decía más arriba que me parece que The Dark World supone una vuelta al tono adecuado no estoy haciendo ninguna valoración moral. Simplemente creo que el tono adecuado es el de mantener una escrupulosa y sólida fidelidad a los tebeos originales en los que se inspiran estas películas. Pero no porque sí, no porque yo sea lector de estos tebeos desde siempre y quiera verlos trasladados tal cual a la pantalla. Es que la experiencia me está demostrando que realmente cuanto más se apoyan en la fuente original, más interesantes y originales les salen las películas. En la industria del cine es muy típico que quieran comprarte el concepto para luego reelaborarlo desde cero como algo completamente distinto que funcione en el cine. Podría contar historias sobre las propuestas que nos han hecho a Pepo Pérez y a mí para adaptar El Vecino a la pantalla que lo dejan bien a las claras, pero en todo caso creo que es evidente que esto es lo que ha pasado históricamente con los superhéroes hasta tiempos muy recientes. En el caso de las películas de los estudios Marvel, sin embargo, y muy concretamente en las de Thor, hay una voluntad de reconstruir el concepto siguiendo fielmente la forma en que se ha desplegado en los tebeos.

Por ser más concretos: el Asgard del cine es glorioso, y es exactamente el Asgard que Jack Kirby dibujó siempre en los tebeos. Un Asgard hortera, chillón y brillante, una especie de Las Vegas cósmico sumido en un caos de magia tecnológica y tecnología mágica, donde se mezclan las espadas y los cañones de plasma, los caballos y los drakkars voladores. Donde nada tiene lógica ni sentido, y todo está unido únicamente por la fuerza de la mano del Padre de Todos Kirby. Su Asgard era un parque temático vikingo levantado por unos extraterrestres que hubieran observado la Tierra con un telescopio, y ésa es la sensación que transmite el Asgard de las películas, un universo Disney donde se han colapsado La Guerra de las Galaxias y El Señor de los Anillos.


Un drakkar volador en Journey Into Mystery #120, 
dibujado por Jack Kirby. En la película también salen, 
pero no he encontrado ninguna foto 
para ponerla aquí como comparación, 
tendréis que ir a verlo al cine, sorry.

De la segunda película a ésta hay algunos actores que han corrido mejor suerte que otros. Idris Elba (The Wire, Luther, Prometheus, Pacific Rim, Mandela), que allí tenía un papelito como Heimdall, el guardián de Bifrost, ha pasado de Secreto Mejor Guardado a Next Big Thing, lo que ha hecho que en esta segunda película tenga aún más papel. Con Idris Elba saltó la polémica ya en la primera película: ¿un asgardiano negro? ¿un dios nórdico afrobritánico? ¿Qué clase de decisión absurda era ésa y qué traición a la tradición de los cómics era ésa? ¿Hasta qué punto la dictadura de lo políticamente correcto podía llegar a intoxicar una obra de ficción?



Arriba, el Heimdall de Kirby. Debajo, el Heimdall de Elba.

Todo el mundo sabe que los asgardianos son dioses nórdicos escandinavos y rubios, completamente arios, ¿no?

Bueno, salvo Hogún el Hosco, claro.



Arriba, el Hogun de Kirby;
debajo, el Hogun de Tadanobu Asano.

Cuando leía los tebeos de Thor, siempre tuve la impresión de que Hogun era un mongol o un huno, aunque también era asgardiano. Supongo que eso es lo que pensamos todos, y por eso han elegido a un asiático para el papel.

De modo que para Lee y Kirby también podía haber asgardianos de otras razas.

Pero, ¿qué son exactamente los asgardianos? Odín dice expresamente en The Dark World que no son dioses, y si lo dice el Padre de Todos tiene que ser verdad. Son entonces una nación de superhombres cósmicos. Los habitantes de uno de los nueve reinos que componen la realidad. En las dos primeras películas de Thor, como en los tebeos de la Marvel, les hemos visto relacionarse con los habitantes de otros de esos reinos o naciones que componen la realidad. Principalmente con los habitantes de Midgard, la Tierra, pero también con los de Jotunheim (los Gigantes de Hielo) y con los de Svartalfheim (los Elfos Oscuros). La relación de los asgardianos con los terrestres ha sido de cooperación y hasta de paternalismo. Son nuestros protectores, y nosotros les ayudamos dentro de nuestras posibilidades. Con los Gigantes de Hielo y con los Elfos Oscuros las relaciones han sido más conflictivas. Más tendentes a la guerra abierta y el genocidio, por así decirlo.

Por lo que hemos podido ver, hay una diferencia bastante evidente entre los habitantes de Asgard y los habitantes de Jotunheim o Svartalfheim. En Asgard hay blancos, negros y asiáticos. En Jotunheim, todos los Gigantes del Hielo son iguales, como hechos en serie. Es un reino monorracial, cuyos habitantes parecen unidos en una especie de anónimo colectivo. Lo mismo puede decirse de los Elfos Oscuros de Svartalfheim. De todas las naciones de los Nueve Reinos, sólo los asgardianos son plurales.

Bueno, los asgardianos y los midgardianos.

Nosotros.

Creo que resulta bastante claro que los asgardianos somos «nosotros, los americanos», con nuestras complejidades internas y nuestra diversidad, enfrentados a un mundo de bloques monolíticos y sin fisuras que están dispuestos a abocarnos a la oscuridad. Un mundo de enemigos que funcionan como un gran colectivo formado por miembros intercambiables para enfrentarnos al cual sólo contamos con la ayuda de los aliados que comparten nuestro sistema y con los que somos compatibles (incluso románticamente): los humanos. Quizás la alegoría subyacente de la alianza transatlántica occidental quede incluso reforzada en este caso por la ambientación británica de esta segunda entrega.

Visto así, ¿es realmente el casting de Idris Elba como Heimdall una traición al original, o más bien el descubrimiento de una nueva capa con la que explotar aún más el potencial intrínseco del original? Yo apuesto por lo segundo. Y diría que ser fiel no consiste en mimetizar las características más evidentes de la fuente que adaptamos, sino en entender el verdadero funcionamiento de sus mecanismos secretos. Y os aseguro que a esto le he dado muchas vueltas mientras trabajaba en la adaptación de Beowulf con David Rubín.

¿Alguien duda de que este Asgard multirracial de Hollywood es realmente el que visualizaban Stan Lee y Jack Kirby? Aún diría más, el que visualizaba especialmente Jack Kirby, sin la influencia de Lee. Para resolver las dudas no hace falta más que echar un vistazo a la continuación natural del Thor de Marvel que Kirby practicó en DC con los New Gods, y descubrir a la fascinante figura del Black Racer:



Los dioses son de todos los colores.

MÁS EN MANDORLA:

La terapia del martillo: sobre la primera película de Thor.

Y sobre otras películas de Marvel:

Revenge of the nerds: Iron Man 2.
«Yo soy Tony Stark»: Iron Man 3.
Tan cerca de América, tan lejos de Kirby: Captain America: The First Avenger.
Primeras lecciones: X-Men: First Class.

No es de Marvel, pero lo añado como extra para quien necesite más:

1 comentario:

Mikel dijo...

Estupendo el texto y la reflexión. Saludos desde aquí, Santiago!