lunes, 18 de noviembre de 2013

BEOWULF THE WARRIOR



Esta semana sale a la venta Beowulf, el tebeo que he hecho con David Rubín, por si no os lo había contado todavía, y me vais a permitir que la convierta en «La Semana Beowulf en Mandorla», con descuentos en todos nuestros departamentos para espadas, yelmos, caballos con ricos jaeces y sanguinolentos brazos de monstruos. Así que de aquí al viernes 22 voy a hacer algunas entradas con curiosidades sobre el héroe geat y sus diferentes versiones e interpretaciones.

Como pieza histórica de la literatura inglesa que es, Beowulf ha sido motivo de inspiración para numerosas adaptaciones de todo tipo, y muchas de ellas en el formato de cuento infantil ilustrado. Ya he contado en otras ocasiones que fue una de esas versiones, la contenida en el libro Mitos y leyendas de Anne Terry White, ilustrado por los Provensen, la que introdujo Beowulf en mi vida a una muy temprana edad. No voy a insistir en ello, porque ya me explayé aquí.

Hace unas semanas, mientras buscaba viejas ediciones de Pertierra para Javier Olivares en una de las tiendas de antigüedades de la zona, tropecé por sorpresa con otra de esas versiones ilustradas para niños del poema. Un ejemplar en muy buen estado de Beowulf the Warrior, una versión publicada por la Oxford University Press de Londres en 1954 (aunque mi copia es de una reimpresión de 1975). El texto está adaptado por el novelista Ian Serraillier, autor de muchas otras versiones juveniles de clásicos de la literatura, y las ilustraciones son del belga Mark Severin.

Sólo por la portada ya merecía la pena: ese rojo y ese verde salvajes que quieren devorarse el uno al otro, y ese héroe simple y de mirada desquiciada, más que inflexible, tienen una fuerza abrumadora.

El interior tiene tiene un carácter delicado, casi de miniatura, con un trabajo intenso de rayado y una cierta cualidad decorativa antinaturalista que recuerda en cierta manera al trabajo de los Provensen en Mitos y leyendas, aunque sin color. Tal vez porque es una tendencia muy propia de la ilustración de los 50 y 60. Como dice Javier Olivares: nunca se acaban los grandes ilustradores de aquella época.

Me llama también la atención que Severin haya sido muy comedido en su utilización de motivos fantásticos, que son finalmente los que más fascinan a los niños. El dragón sólo aparece en una imagen, y Grendel y su Madre tampoco se pasean demasiado por sus páginas, aunque es memorable la ilustración en la que los guerreros geats vuelven a Héorot con la cabeza del monstruo. Un monstruo que, por cierto, la única vez en la que aparece representado tiene la apariencia porcina de un demonio medieval. Me gusta ese Grendel, casi me parece un simpático cascarrabias.

Los patrones geométricos basados en la naturaleza dominan toda la adaptación, con una especie de abstracción figurativa, y creo que uno de los mayores hallazgos en este sentido es el diseño de la armadura del propio Beowulf, tan estilizada que posee una modernidad eterna.

Beowulf the Warrior sigue todavía en imprenta, y si a alguno le interesa puede comprar una edición nueva.

Aquí os dejo unas muestras del Beowulf de Severin.