domingo, 19 de junio de 2011

X-MEN: PRIMERAS LECCIONES


Existe la idea muy extendida de que es el avance de la tecnología el que ha permitido que hoy en día se hagan «buenas películas de superhéroes», o tal vez sea más correcto decir, películas de superhéroes que reflejan a los superhéroes como realmente eran en los cómics. Por supuesto, esto es mentira. Es la imaginación la que produce la tecnología, y no la tecnología la que produce la imaginación. Cuando imaginamos una necesidad, imaginamos la solución tecnológica para la misma. Durante siglos, existió la tecnología necesaria para inventar la fotografía, pero la fotografía solo se inventó finalmente cuando fue necesaria. Algo parecido ha pasado con las películas de superhéroes.

Y X-Men: First Class es un claro ejemplo de eso. Una película como ésta podría haberse hecho perfectamente en los tiempos de Moonraker. Algunas escenas habrían sido un poco distintas, pero seguro que en 1979 no nos habría parecido cutres, por mucho que se hubiesen utilizado efectos especiales tradicionales. Si no se hizo entonces, no fue porque no fuera realizable, sino porque no era concebible.

¿No se podría haber hecho una película decente de Watchmen en 1951? Probablemente se podría haber hecho una incluso más decente que la que se hizo finalmente en nuestros días. El problema no era el Dr. Manhattan (espléndidamente grisáceo, en blanco y negro) o la nave del Búho Nocturno. El problema era que Watchmen todavía no existía. En 1951, a nadie se le pasaba por la cabeza hacer una película de superhéroes en serio. ¿Y por qué iba a pasársele a nadie, si los superhéroes de los cómics no eran algo serio?

Se ha acusado siempre a Hollywood de hacer una burla de los superhéroes desde que empezaron a trasladarlos a la pequeña y la gran pantalla, pero en realidad las principales adaptaciones, ya desde sus orígenes, las que marcaron el tono, fueron siempre extremadamente fieles a los cómics. Me refiero, principalmente, a la serie de televisión de Superman de George Reeves de 1952 y la serie de Batman de Adam West de 1966. Quien conozca los cómics de ambos personajes de aquella época y conozca también a fondo ambas series televisivas, comprenderá que reflejan perfectamente el espíritu de aquellos tebeos. Entretenimiento ligero, ingenioso, infantil, amable, humorístico, estrafalario y siempre un punto ridículo. Los superhéroes no era algo de lo que uno pudiera hablar en círculos de adultos sin abochornarse un poco. Y ese leve sonrojo lo transmiten perfectamente tanto la serie de Reeves como la de West.

Solo cuando las generaciones frikis amamantadas con Star Wars y todo el cine de los 80 han alcanzado la madurez y han asentado su posición en el paisaje de la producción y el consumo audiovisual se ha hecho necesario hacer películas de superhéroes serias, es decir, inspiradas en los tebeos de superhéroes que se hacen a partir de los 70, cuando el sistema empieza a mutar hacia un universo narrativo y estético propio, alejado del resto de la humanidad. Y de ese laboratorio se devuelven ahora hacia el resto de la sociedad estas películas, que deben menos a la tecnología actual que la tecnología actual a ellas.

Una segunda cosa. Por retomar y repasar un poco el tema del viaje del héroe que tratamos aquí hace poco (con tantas y tan brillantes aportaciones en los comentarios, por cierto). ¿Cómo se aplica lo que decíamos del punto de giro del segundo acto a X-Men: First Class? Una amiga con la que vi la película me dijo que estaba mal dirigida, y que por eso en la segunda parte de la película faltaba tiempo, era todo demasiado precipitado, al contrario que en la primera. Yo argumenté que no, que el problema era de guión. Volvemos a lo mismo que decíamos respecto a Thor. En X-Men: First Class, el momento de derrota de mitad del segundo acto se produce cuando Shaw ataca la base de los X-Men, mata a Darwin y recluta a Ángel. ¿Cómo salen de esa derrota los Hombres-X? Cuando Xavier y Magneto se reúnen con ellos, los muchachos, derrotados, apesadumbrados y acojonados, en lugar de volverse a casa y no salir a la calle nunca más, que sería lo normal en cualquier persona típica (y de su carácter no sabemos nada, por lo tanto tenemos que suponer que son personas típicas), dicen: «No, queremos seguir y cargarnos a ese cabrón». Todos, así, en bloque y sin vacilaciones, como un solo hombre (X). Es decir, continúan por un acto de voluntad que, además, no está justificado por un conocimiento previo de la personalidad de los chicos por parte del espectador. Por eso es por lo que «falta tiempo» y todo es «precipitado» a partir de ese momento, porque para justificar una decisión como ésa por el carácter del personaje, necesitas conocerlo, y para conocer el personaje, necesitas pasar tiempo con él. Por el contrario, si las circunstancias hubieran obligado a los muchachos a continuar en la batalla, independientemente de su voluntad, no habríamos necesitado más justificación. Seguirían siendo Hombres-X porque no tienen más remedio, y eso debería ser lo que finalmente los convirtiera en auténticos Hombres-X. Entonces sí, entonces habríamos entendido perfectamente todos sus actos y la caracterización se habría desarrollado al mismo tiempo que se desplegaba la trama. Es la diferencia entre un viaje y un traslado.

8 comentarios:

Joaquín Ágreda dijo...

Estimulante reflexión (y enhorabuena...)

Mythos dijo...

Yo creo que el problema de esa segunda parte está en el hecho de que, llegados a ese punto, los únicos personajes que realmente se han desarrollado en la película son Magneto, Xavier y Mística. El resto de los jóvenes X-men resultan un relleno en el que no se acaba de profundizar en ningún momento, por otro lado, igual pasa en el bando de los villanos donde sólo Sebastián Shaw acapara minutos en pantalla. Los demás miembros de su grupo, Emma Frost luce palmito y Azazel y Tornado ni siquiera tienen diálogos en toda la película. Eso hace que, en un error bastante grande de guión, mientras los villanos acaban por urdir su plan los X-men parecen asumir su nueva condición en apenas un día de entrenamiento ya que, desde que Sebastián Shaw ataca la sede del grupo y mata a Darwin hasta que pone en marcha su ataque definitivo no pasa tanto tiempo... Al menos esa es la sensación que tiene el espectador. No obstante, no estoy del todo de acuerdo en que no tengan una motivación los X-men para seguir adelante, la venganza que es a la que clama Magneto es por lo que deciden seguir adelante, otra cosa es que está este bien planteada y la transición sea coherente cosa que no sucede.

Pepo Pérez dijo...

flipante también para mí lo de Magneto. Toda la película buscando la venganza contra su "creador", contra su dr. Frankenstein particular -eso estuvo bien- y cuando llega la Gran Escena del Enfrentamiento Definitivo resulta ser una de las más cutronas de toda la peli. Anda que también está "bien" desarrollado el arco del personaje Magneto...

TEBEOBIEN dijo...

un viaje es cuando te sube el ácido y un traslado es llevar la imagen de la casa canónica a la casa hermandad, para que luego desfile en semana santa.
qué cojones puedo decir, si no he visto la peli y además lo explicas todo muy bien!
una nota de humor!

Ernesto dijo...

Yo también creo que la venganza es suficiente para explicar la decisión que toman ya que se supone que se han convertido en amigos, el problema va por donde apunta Mythos, y es que son unos tipos construidos sobre un andamiaje tan endeble que cuando se ponen la armadura no despiertan ninguna emoción en el espectador (lo que sí resulta bastante ridículo es el paso de Ángel al lado oscuro porque no hay coherencia entre lo que se explica del personaje y su rápida caída).

El problema de la peli es que no se sostiene en casi ninguno de sus apartados, pero uno de los principales “peros” que le veo está relacionado con lo que dice Santiago sobre lo ridículo que nos parecen productos de ayer, y que se extiende a los productos de hoy cuando no se consigue mantener el equilibrio en el traslado de determinados elementos del papel a la pantalla (a la realidad), por ejemplo, (y sin contar que Tormenta es el ex novio de Chenoa) Azazel es pura costura: el diablo, que es comunista, con su cola, sus cuernos y su barbita de chivo, recién pintadito de rojo, lucha contra los x-men. Mi mujer se rió cuando salió por primera vez, a mí me chirrió como cuando se rasca un plato con el tenedor.

Pero Hellboy funciona. Y en ocasiones está en el límite, pero cae del lado bueno.

Pepo Pérez dijo...

joder lo del maquillaje, es verdad, Ernesto. El rojo, y el azul, porque anda que la Bestia... yo no daba crédito.

Es que la realización de esta peli es en general MUY cutrona. No parece de serie A, sinceramente.

José Torralba dijo...

Brillantísima reflexión la primera, Don Santiago... y añado: la tecnología que hoy nos parece el state of the art nos parecerá desfasada dentro de unos años, por lo que cualquier producto que se forje a instancias de los efectos visuales está destinado a compartir su fugacidad. Lo que hace perdurable cualquier producto cultural reside en otro lugar, y la tecnología –una herramienta– sólo hace su parte y poco más. No se distingue del papel y la tinta, que por sí solos no hacen nada.

Sobre la segunda, difiero porque la obra de Vogler nos habla principalmente del viaje del héroe, no del de sus acompañantes. Y, en este sentido, X-Men: Primera generación huye de la coralidad estricta y centra la atención en personajes muy concretos (Erik, Xavier, Mística, Shaw... cada uno embarcado en su viaje, aunque recorran juntos parte del camino) para dejarles a los demás los roles de coprotagonistas. Ayer por ejemplo veía por enésima vez Excalibur y, sin entrar a compararlas (porque Boorman le da mil vueltas a Vaughn) esa "gran pega" también podría hacerse: Arturo, Lanzarote, Ginebra, Morgana, Mordred, Merlín... pero nadie se pregunta quiénes son o qué quieren los caballeros de la mesa redonda ni por qué obedecen en todos y cada uno de los momentos a su rey. La lealtad, el honor... conceptos abstractos poco definidos que lo justifican y punto. Porque no es SU viaje, sino el viaje de otros.

En este sentido, esos mismos conceptos abstractos podrían aplicarse aquí a esos secundarios que actúan en base a una voluntad no justificada: lealtad, venganza, seguidismo... valdrían todos ellos. Pero por encima de todos, yo veo (y además lo entiendo y es una motivación que me sirve como espectador) uno muy concreto: la inadaptación. Todos los mutantes de la película tienen la conciencia de estar solos, de ser los "únicos", antes de ser reclutados. Y la pertenencia a un grupo de iguales, la necesidad gregaria de todo ser humano, la inquietud por averiguar de dónde viene uno y a dónde va... para mí es más que suficiente para justificar su voluntad. Incluso a la pregunta de qué harían si no, también se ofrecen respuestas: volver a la cárcel, reconstruir un laboratorio destrozado en una unidad inexistente, volver a ligar con chicas en los acuarios... pero no lo hacen. Porque es la necesidad que tiene una persona extraordinaria de vivir hechos extraordinarios junto a seres tan extraordinarios como ella la que los mantiene en pie. Y eso creo verlo en la cinta. Y me parece suficiente.

Un saludo.

Pepo Pérez dijo...

Sin olvidarnos de

"Entre la ira y la serenidad"

"Mutant and proud"

complejas y profundas enseñanzas de una película que, al insistir tanto sobre ellas, subrayan su banalidad. En lugar de obviarla y jugar con ella sin pretensiones de "profundidad", como se hacía en X-Men y la fabulosa X2, que por eso mismo resultan muchísimo menos banales.

Está bien tu alusión a Star Wars, Santiago. Al fin y al cabo, Xavier y Erik son en esta peli Obi-Wan y Darth Vader. Y su "origen", tan mal contado como en la segunda trilogía de Star Wars.