domingo, 10 de enero de 2010

MICROENTREVISTA: MANUEL BARTUAL


Hace unos meses comenté en este blog ¡Escucha esto! (Astiberri, 2009), la recopilación en libro de la serie de humor sobre el mundo de la música publicada por Manuel Bartual en forma de blog en el portal de MTV. Por entonces, yo escribía: "confío en que va a tener una buena carrera comercial, porque es uno de esos raros tebeos que se pueden vender al público no lector de tebeos sin decirle ni siquiera que es un tebeo". Y efectivamente, en el tiempo transcurrido Manuel Bartual ha dado multitud de entrevistas y ha aparecido reseñado en muchísimos sitios, casi todos de información generalista o especializada en música. Una atención que contrasta con la poquísima que se le ha prestado desde el mundo del cómic. ¿Nadie puede ser profeta en su tierra? (y no me refiero a Valencia). Quería entender un poco mejor este fenómeno, que puede se crucial para la supervivencia del cómic de autor español en los próximos años, y por eso he realizado unas cuantas preguntas a Manuel Bartual sobre la campaña de promoción de ¡Escucha esto!

La mayoría de la promoción que has hecho de ¡Escucha esto! ha sido en medios generalistas o relacionados con la música. ¿A qué se ha debido esto? ¿Lo has buscado tú, ha sido una estrategia de Astiberri o ha surgido solo?

Ha sido una mezcla de todo ello. Con el libro ya en imprenta hablé con la gente de Astiberri para que hicieran especial hincapié en los envíos de prensa a medios generalistas, porque tenía la sensación de que un libro como éste podía interesarles. Y bueno, basta con fijarse en el número de entrevistas que me han hecho en radio estos últimos meses o el tipo de medios que se han hecho eco del libro para comprobar que así ha sido. Algunos lo conocieron gracias al servicio de prensa de Astiberri, otros lo descubrieron por su cuenta al verlo en librerías, y luego está quien ya conocía el blog donde fui publicando todas las entregas y estaba esperando a su recopilación en libro para hablar de ello en su medio de comunicación.

Supongo que todavía es demasiado pronto para que hayas recibido las cifras de venta por parte de la editorial. Pero, ¿tienes la sensación de que esta campaña de promoción fuera de los medios de cómic se va a notar realmente en el éxito del libro?

¡Eso espero! Todavía no tengo cifras de venta, pero cuando lleguen confío en que algo de todo esto se vea reflejado en ellas. Han sido un par de meses bastante intensos entre las diferentes presentaciones del libro, las entrevistas y dar la tabarra en mi blog y mis redes sociales habituales para que la gente se enterase de que lo había publicado, pero creo que no queda otra si quieres que tu libro destaque de algún modo entre toda la competencia con la que se encuentra al salir a la venta a librerías. En cierto modo, la campaña de promoción de ¡Escucha esto! comenzó el día en que publiqué en Internet la primera entrega de la serie.

¿El público general está deseando leer cómics que traten temas generales? ¿Está demasiado viciado el mundillo del cómic para ofrecer esos temas de interés general?

Algo de vicio sí que hay, pero creo que poco a poco van apareciendo obras que consiguen abrir mercado. Arrugas y María y yo son ya dos lugares comunes a los que se tiende a recurrir cuando se habla este tema, pero es que me parecen dos obras verdaderamente modélicas en este sentido. Mi madre, que es una persona que apenas ha sentido interés por la lectura en toda su vida, me sorprendió un día diciéndome que acababa de leerse María y yo por recomendación de una amiga, y a raíz de ello ha terminado leyendo cosas como la propia Arrugas o, ya por recomendación mía, Persépolis, Fun Home o El almanaque de mi padre. Si queremos que esto de los tebeos termine convirtiéndose en una verdadera industria aquí en España, el primer paso es éste: abrir mercado, que los tebeos no los compremos los cuatro gatos de siempre, que las librerías se llenen de obras que puedan interesar a cualquiera. Y compradores en potencia los hay a patadas, tan sólo es cuestión de producir tebeos que les puedan interesar.

¿Hay un público de intersección entre ¡Escucha esto! y El Jueves (donde publicas la serie Sexorama) que sin embargo no lee otros cómics?

Sí, no me cabe duda. Creo que la mejor prueba de ello son las ventas del libro de Sexorama que publiqué con El Jueves el verano pasado: 20.000 ejemplares vendidos tras su primer paso por los kioscos. Hay un buen número de condicionantes que lo han permitido, empezando por el buen número de puntos de venta en los que se pudo encontrar o ser algo vinculado a una revista con la tradición que tiene El Jueves, pero si 20.000 personas compraron esa semana el libro de Sexorama, ¿por qué podemos contar con los dedos de una mano los títulos que han superado esa cifra de entre todo lo que ha ido apareciendo por librerías estos últimos años? Sin duda porque se trata de públicos diferentes, claro. Lo que ya no sé es hasta qué punto podemos llegar a acceder a ese público concreto a través de la venta en librerías, pero quien lo consiga está claro que lo notará sustancialmente en las ventas.

¿Habéis intentado que ¡Escucha esto! se venda en la sección de música de las librerías? Especialmente de los grandes supermercados culturales como Fnac, claro. ¿Crees que el futuro del cómic puede pasar por vender tebeos en secciones temáticas, y no en una sección especializada en cómic, sin distinguir los temas, estilos y formatos de cada cómic?

Sí, sí que lo hemos intentado. El problema es que cuanto más grande es la tienda, más complicado resulta que se salten sus criterios de organización habituales. Pese a ello me he llevado alguna grata sorpresa, como encontrar ¡Escucha esto! a la venta tanto en la sección de cómic como en la de libros de música en tiendas como Fnac Plaza Norte [véase la foto que ilustra esta entrada]. Si te digo la verdad, tengo la sensación de que algo como ¡Escucha esto! se podría acabar vendiendo mejor junto a los libros de música que en la sección de cómic, aunque lo verdaderamente interesante es que pueda estar en ambas. Se me ocurre también que cosas como las novelas gráficas de Guy Delisle o tebeos como el Cuaderno de viaje de Craig Thompson encajarían perfectamente en la sección de libros de viajes, o un cómic como Buñuel en el laberinto de las tortugas yo lo veo perfectamente junto a las biografías del cineasta, por ponerte algunos ejemplos. Cuando estuve presentando ¡Escucha esto! en la Fnac de Alicante lo estuve hablando con su responsable de comunicación, y me comentó que era algo que querían empezar a hacer, no ya sólo con los tebeos, sino con todo tipo de productos. Colocar las biografías de Jimi Hendrix junto con sus discos, y cosas por el estilo. Espero que terminen haciéndolo y que cunda el ejemplo, porque me parece una buena forma de llegar a un tipo de público que probablemente no compra habitualmente tebeos porque ni tan siquiera se ha planteado que hay tebeos que le pueden interesar.

¿Cuántas veces te han dicho que ¡Escucha esto! no es un cómic? Especialmente desde dentro del mundillo.

¡Más de las que esperaba! Siempre me hace bastante gracia que me lo digan, porque yo tengo muy claro que ¡Escucha esto! es un cómic. Supongo que quien no lo vea así es porque tiene una visión algo limitada del tipo de formatos que puede llegar a adoptar un cómic. También tengo la impresión de que habrá gente de fuera del mundillo que lo habrá comprado sin pararse a pensar si es o no es un tebeo: simplemente le habrá echado un vistazo, se habrá reído con algún chiste y habrá decidido llevárselo a casa. Creo que es el tipo de lectores que más nos interesan.

APÉNDICE: Crepúsculo en Moda Joven del Corte Inglés. ¿Qué tiene esto que ver con Manuel Bartual y ¡Escucha esto!? Ángel, autor de la foto, lo explica en los comentarios.

CARLITOS, SNOOPY Y SU PADRE

Charles Schulz dibujó durante 50 años la serie de cómic más importante del siglo XX en Norteamérica: Carlitos y Snoopy. Diez años después de su muerte, aparece en nuestro país su biografía.

Durante 50 años, y hasta la víspera de su muerte, Charles Schulz (1922-2000) no hizo otra cosa que sentarse ante una mesa y dibujar. Cada día, un chiste de cuatro viñetas que se publicaba en prensa. La vida personal de este hijo de un peluquero de pueblo fue más bien anodina. Se casó, tuvo hijos, se divorció, volvió a casarse, ganó mucho dinero, murió en paz con todos sus objetivos cumplidos. Contado así, no parece una historia muy interesante. Contado por David Michaelis, el autor de
Schulz, Carlitos y Snoopy (Es Pop, 2009), el relato se convierte en un novelón apasionante. No es para menos: estamos hablando del dibujante de cómics de más éxito en la segunda mitad del siglo pasado.

Una obra, un producto

Schulz, Carlitos y Snoopy no es un libro de historia del cómic, sino un libro de historia de la cultura de masas contemporánea. Michaelis había publicado una exitosa biografía de N.C. Wyeth, y se acercó a Schulz desde fuera del mundo de las viñetas, con la intención de descubrir a un icono de la Norteamérica moderna. Schulz creó Peanuts (conocida entre nosotros como Carlitos y Snoopy, y recopilada actualmente por Planeta-DeAgostini) en 1950. Siempre odió el título, impuesto por la agencia que vendía su creación a los periódicos. La serie, protagonizada por un grupo de niños reflexivos como adultos, ascendió lentamente hasta llegar a la cumbre en la década de los 60, coincidiendo con el paso a primer plano del perrito Snoopy. En medio de la revolución juvenil, los lemas de la tira de prensa convirtieron a las criaturas de Schulz en iconos generacionales. Snoopy provocó un insólito consenso: lo mismo aparecía en una pancarta por la paz que en el morro de un bombardero sobre Vietnam.

El inmenso éxito de
Peanuts -durante años, Schulz ocupaba siempre un puesto entre las mayores fortunas del mundo del espectáculo, codeándose con Michael Jackson y Steven Spielberg- se derivó también de su explotación comercial. Peanuts fue pionero en la difusión de la imagen de marca en todo tipo de merchandising, y éste es uno de los aspectos más apasionantes del volumen de Michaelis. Los libros regalo empezaron con Carlitos, las sudaderas de colores para vestir cuando no se hace deporte no existían hasta que se les estampó la imagen de Snoopy. Numerosos productos y campañas publicitarias multiplicarían la presencia de los personajes en Estados Unidos y Europa, popularizándolos incluso entre quienes nunca habían leído la serie.

Después de todo, un tebeo

Pero
Carlitos y Snoopy fue, finalmente y por encima de todo, también un cómic, y como cómic su valor no ha hecho sino acrecentarse durante los últimos años. Las tiras de Schulz evitaban el gag fácil y estridente para centrarse en lo implícito y lo psicológico, y lo hacían con un dibujo depuradísimo, de argumento y grafismo casi minimalistas. Umberto Eco insertó Peanuts en la tradición “lírica” de Krazy Kat (1913-1944), la serie vanguardista de George Herriman, y lo elevó por encima de los meros productos de consumo. En el mundo de las tiras de prensa, sólo Calvin y Hobbes (1985-1996) de Bill Watterson se mostró como su digno heredero. En el reino de la novela gráfica contemporánea, sin embargo, la obra de Schulz es reverenciada: desde Chris Ware hasta Seth, todos los grandes autores modernos reconocen la influencia del maestro que enseñó cómo mostrar el mundo interior a través del dibujo. Schulz, Carlitos y Snoopy pone de manifiesto la gran paradoja de Peanuts: el tebeo más intelectual fue también el más popular.

[Publicado en ABCD nº 931, 9 de enero de 2009].

sábado, 9 de enero de 2010

EL TIEMPO DEL VECINO

El Vecino 3 aparece reseñado en Tiempo, la revista donde se celebran los debates más intensos en torno al cómic de los últimos meses. Se puede leer en Es Muy de Cómic, el blog de Pepo Pérez. Y de propina, un vídeo muy heroico.

viernes, 8 de enero de 2010

MICROENTREVISTA: GALLARDO



Ayer se difundió por toda la blogosfera de la viñeta española el trailer de María y yo, la película dirigida por Félix Fernández de Castro y basada en el tebeo homónimo de Miguel Gallardo. A mí me ha sorprendido mucho: el tráiler tiene una pinta estupenda y promete trasladar a las salas de cine el éxito que ha tenido la obra en su paso por las librerías (9.000 ejemplares vendidos en España; Astiberri acaba de poner en la calle la cuarta edición). Entrevisté a Gallardo hace poco más de dos años para adn.es, cuando vino a Madrid a presentar el libro, y ahora que la vida de María y yo ha llegado ya a este punto, me apetecía saber cómo han cambiado las cosas y en qué momento se encontraban Gallardo, María y la película. Según me cuenta Miguel, el documental se encuentra en fase de posproducción y montaje, anticipando el estreno a finales de marzo o principios de abril. "Estamos trabajando mucho en la pospo porque hay trozos de animación y stop-motion y un montón de cosas más que enriquecen mucho la peli", comenta. Le he hecho algunas preguntas más.

¿Cuál está siendo tu participación en la película? Aparte, obviamente, de ser uno de los protagonistas.
La película al final, naturalmente, es del director, Félix Fernández de Castro, es su propia visión del libro. A mí me consultan bastante porque soy uno de los implicados. Aparte, tengo bastante implicación en la pospo, en las partes de animación: yo he hecho los storys, hago el styling, doy mi opinión, tengo que hacer la locución de voz en off e intento controlar que lo que sale en la peli se ajuste a la realidad nuestra, aunque tiene mucho de imaginación y de creatividad.

Decías que cuando te planteaste el cómic no querías hacer un libro explicativo sobre el autismo, sino algo directo y con buen humor. ¿Tienes la sensación de que la película no traiciona el cómic? ¿Es la película que te habías imaginado, si es que en algún momento hace tres años llegaste a imaginarte que se podía hacer una película de María y yo?
No, para nada; he estado en todo el rodaje de la película y hemos tenido largas charlas con Félix, exceptuando en la parte de montaje que es plenamente responsabilidad suya. La película transmite en imagen real el espíritu del libro. Desde el principio nos comprometimos todos los integrantes de este proyecto en que no valía la pena hacer un mal remedo del libro o algo pasable. La película no es la que me habia imaginado porque nunca hubiera imaginado que fuera posible, de ahí mi sorpresa con las primeras imágenes. La imagen real tiene un poder que no es el mismo que la imagen dibujada con toda su sencillez, aquí María no son cuatro trazos, es ella de verdad y Félix ha conseguido sacarla tal cual es ella y retratar de una forma divertida y también intimista la vida diaria de María, ya sea conmigo o con su madre en Canarias, en el colegio o de viaje. El relato del libro se ha ampliado con más partes de la vida de María que mezcladas con el humor de la historia creo que van a ser de gran ayuda para todo el mundo, entrando de puntillas en ese mundo tan complicado que es el autismo.

¿Cómo ha sido la experiencia del rodaje para María? ¿Y para ti?
María ha sido la estrella del rodaje, se ganó a todos los miembros del equipo en un abrir y cerrar de ojos. Ha estado natural, no miraba a cámara y soportaba la intrusión de un equipo de 6 personas que la seguían a todas partes. También es verdad que ella no era completamente consciente del hecho del rodaje en sí, pero estar rodeada de gente que la quería y la ayudaba en cada momento ha sido una gran experiencia para ella. Entre los poderes de María, al revés de lo que se piensa de las personas con autismo, está el de la capacidad de crear redes y empatizar de una forma natural. Para mí, al contrario, al principio fue un poco raro, era como estar en Gran Hermano, hasta que me dejé ir y me limité a hacer lo que hago cuando estoy con María: estar pendiente de ella. Ésa ha sido la virtud del rodaje, no he tenido que actuar en ningún momento (casi).

¿El mundo del cine es tan complicado como parece desde fuera?
Sí, es bastante complicado. Lo que yo resuelvo con una cuartilla o una libreta de espiral, en el mundo del cine se lleva un equipo de gente que va variando en las diferentes fases de la película, muchas personas toman decisiones y la imagen final depende de demasiadas variables. Los envidio sanamente porque es como poner en marcha un ballet, pero no me pondría en su lugar.

¿Cuando salió el libro, en 2007, te imaginabas que iba a tener tanta vida como está teniendo?
De alguna manera sí. No preveía naturalmente el éxito de público, las diferentes ediciones (acabo de firmar por la alemana) ni la película, pero tenía una fe a muerte en la historia, porque es de verdad, porque ha salido de muy adentro y salvando el estilo bastardo de narración, mezclando texto con ilustración y cómic, yo sabía que llegaría a la gente, pero no de inmediato. Ha sido mucho un proceso de boca a oreja. Ha sido un libro que ha absorbido toda mi atención, tanto mientras lo hacía como a la hora de hablar de él y de promocionarlo, no quería que le pasara como a tantos otros libros (entre ellos algunos míos, como el de mi padre) que quedaran olvidados por el camino. Creo que es una historia que había que contar, una historia de amor y cariño que tiene valor en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

¿Estás trabajando en algún cómic nuevo?
Llevo mucho tiempo dando la tabarra con el libro de mi padre de la Guerra Civil, dando vueltas en la cabeza, mareándolo. Es otra historia que creo que debería llegar a más gente de la que llegó y más en un momento no muy propicio para las historias de Guerra Civil. Así que cuando acabe la película y mi cabeza se quede en paz, intentaré otra manera de acercarme a la historia de mi padre, con más documentación, más historietas, no sé, ahí está, en mi cabeza. Por otro lado, estoy en un proyecto que me hace mucha ilusión, toda la decoración del ala de pediatría del hospital de Sant Pau, una megaobra en la que estoy volviendo a mi faceta de dibujante para locos bajitos.

Más información:
El blog de Gallardo.
María y yo en facebook.

MI CURRO FAVORITO

De todas las series Marvel que traduzco ahora mismo, la que más me divierte es Invincible Iron Man, que se publica en España como Iron Man & Máquina de Guerra, acompañando cada episodio de otro de War Machine.

Invincible Iron Man empezó bastante bien, con una historia de ciberterrorismo mundial muy intensa titulada "Las cinco pesadillas", que ya ha sido recopilada en tomo. Durante el último año, Invincible Iron Man ha estado dedicado a una larga historia titulada "El más buscado del mundo", que ha sido todavía mejor. La premisa, para aquellos que no estén muy al día en el Universo Marvel actual: la agencia gubernamental de superespías S.H.I.E.L.D. (que en su día dirigiera Nick Furia) ha sido sustituida por H.A.M.M.E.R., dirigida por Norman Osborn, el Duende Verde. Un supervillano, por tanto, está al mando de la fuerza de seguridad más importante de Estados Unidos, y el último director de S.H.I.E.L.D. fue precisamente Robert Downey Jr.... o sea, Tony Stark, perdón. Como una ley había obligado a todos los superhéroes a registrarse ante el gobierno, revelando sus identidades secretas en un documento confidencial, ahora Norman Osborn, en virtud de su nuevo cargo, tendría acceso a todos esos secretos vitales y podría exterminar a todos los superhéroes, utilizando para ello ni más ni menos que a las fuerzas de seguridad del estado. Sólo hay un pero: toda la información referente al registro de superhéroes está almacenada en el cerebro de Tony Stark, como si de un disco duro se tratara, y éste no piensa entregársela a Osborn. Por el contrario, Stark emprende una huida por todo el mundo, perseguido por las fuerzas de H.A.M.M.E.R., en la que va saltando de taller secreto en taller secreto, borrándose en cada estancia una parte de su cerebro para impedir que los datos sensibles lleguen a manos del archivillano. Lo malo: cada vez que Stark borra datos de su cabeza, también borra una parte de su inteligencia. Y a medida que Stark va siendo menos listo, se ve obligado a utilizar armaduras menos sofisticadas, en una suerte de regresión a lo largo de todos los años de evolución tecnológica de Iron Man. El cerco, como es de suponer, se va cerrando episodio tras episodio.
Lo que me gusta de Invincible Iron Man es que tiene todo lo que me gustaba de Iron Man de pequeño (el Hombre de Hierro era uno de mis personajes favoritos; tengamos en cuenta también que tenía como 20 ó 25 personajes favoritos), y además tiene cosas nuevas que nunca tuvo el Iron Man original pero que debería haber tenido. Conserva ese sentimiento de desesperación del Iron Man de George Tuska, que siempre se estaba llevando las manos al pecho porque le estaba fallando la placa pectoral en el momento más inoportuno, esa especie de irreductible deseo de seguir adelante a pesar de todas las adversidades, y añade un escenario mundial repleto de tecnología punta y de ciencia-ficción y política-ficción plausibles. En realidad, si hubiera que trasladar las historias actuales de Iron Man a la pantalla, el formato ideal no sería una película cinematográfica, sino un informativo de la CNN.
Matt Fraction escribe con una soltura tremenda -le he leído otras cosas y no me han entusiasmado como ésta-, utilizando todos los trucos del manual, pero utilizándolos con mucho acierto: la serie es una máquina de producir puntos de giro continuamente. Evidentemente, el modelo son las series de televisión de la última década, como para tantos cómics americanos actuales. Pero más allá de lo que uno piense de esta tendencia en general, el caso es que en Invincible Iron Man han conseguido recrear esa adrenalina adictiva típica de 24, Perdidos o Battlestar Galactica en sus mejores momentos, y lo han conseguido sin traicionar el espíritu de un personaje Marvel con más de 40 años de historia a las espaldas. El éxito corresponde también al apartado artístico, por supuesto, pues Salvador Larroca y Frank D'Armata proponen un paisaje de tecnología punta que funciona como representación y a la vez como comentario de la serie: la realidad virtual a través de una estética de hiperrealidad virtual. El amor por la máquina, el erotismo del acero reluciente y las planchas metálicas con remaches, la pasión por el cableado y los monitores digitales, están en cada texturizada viñeta de Invincible Iron Man.
Mi primer impulso es pensar: "De niño habría flipado con esta serie". Pero pensándolo mejor, tengo mis dudas. Invincible Iron Man es una serie muy de nuestros días, rabiosamente de 2010. Los viejos fans de superhéroes con frecuencia tienden (tendemos) a lamentarnos de que los tebeos de hoy sean mucho peores que los de antes, pero eso, sencillamente, es mentira. Los tebeos de superhéroes de hoy son, por lo general, mucho mejores que los de antes. Son mucho mejores en calidad de producción, tanto en guiones como en dibujo. Están más trabajados, más meditados, son más complejos, más matizados, más osados en sus planteamientos y en la forma de llevarlos a cabo. Llegan al punto de que, cuando están bien hechos, como es el caso, pueden entretener perfectamente a un adulto sin obligarle a rebajarse o a ponerse en modo infantil. Por eso dudo de que Invincible Iron Man me hubiera alucinado de pequeño: dudo que lo hubiera entendido. Es demasiado celérico, demasiado cínico, demasiado elíptico, demasiado sucio para leerlo con ojos de niños. Por supuesto, cabe preguntarse si este aumento en la sofisticación de los tebeos de superhéroes hace que ahora sean realmente mejores -más eficaces en su función, más productivos como herramientas de la imaginación- que antes. Pero eso es un debate demasiado amplio para tratarlo aquí, donde sólo quería dejar constancia de que este Invincible Iron Man es, en este momento, mi curro favorito.
CODA: Matt Fraction es uno de los autores que aparecen en The Comics Journal 300, en su caso en conversación con Denny O'Neil. Allí dice: "La serie de Iron Man que escribo se lanzó cuando estrenaron la película, y no tuve acceso especial a ninguna información que no tuviera cualquier otra persona. De hecho, vi el trailer el mismo fin de semana que todo el mundo vio el trailer y eso fue todo lo que sabía, aparte de lo que había leído en Variety sobre a quién habían elegido para el reparto. Intenté intuir todo lo que pude sobre cómo sería la película. Lo que consideré que era mi misión para aquella primera saga era que tenía que escribir un cómic para gente que llevaba toda la vida leyendo Iron Man y para gente que iba a entrar en una librería de cómics el sábado después de ver Iron Man el viernes por la noche con la intención de echarle un vistazo al tebeo de Iron Man. Entonces, ¿cómo coges a gente que sólo conoce el cómic, cómo coges a gente que sólo conoce la película, y cómo los sintetizas de forma que consigas a ambos?"

jueves, 7 de enero de 2010

ENTRE VECINOS

El tio berni escribe la primera reseña de El Vecino 3 en 2010... ¡que yo sepa! En entrecomics, claro.

EL HOMBRE DESVESTIDO

Dado el monumental atraso de lecturas que tengo, no es normal que me abalance a leer un tebeo apenas me cae en las manos, pero es lo que he hecho con The Unclothed Man In The 35th Century (Fantagraphics, 2009), lo nuevo de Dash Shaw. Ha sido sacarlo del cartón y llevármelo al sofá.
Y qué tebeo, madre mía. Dash Shaw es el hombre del momento y The Unclothed Man un auténtico tebeo del siglo XXI. O XXII, no me ha quedado claro.
El volumen, de unas cien páginas, está dividido en dos partes muy diferenciadas, como aclara el mismo Shaw al principio. Las primeras 24 páginas incluyen materiales realizados para la serie de animación The Unclothed Man, dirigida por el mismo Shaw con ayuda, principalmente, de Jane Samborski. La serie se puede ver en www.ifc.com. Las otras 80 páginas recopilan historietas cortas de los últimos años, la mayoría procedentes de Mome, la antología de Fantagraphics.
Los materiales de The Unclothed Man, junto con varias de las historias cortas, da al libro un tono general de ciencia-ficción, pero de una ciencia-ficción arty y anti-genérica, muy particular. De autor, por así decirlo. Por supuesto, Shaw experimenta formalmente todo lo que puede y más, en ocasiones jugando con recursos que recuerdan a los que usa su maestro (¿o profesor?) David Mazzucchelli en Asterios Polyp, como la presencia explícita de la cuatricromía en "Satellite cmyk". Pero la diferencia generacional entre Shaw y Mazzucchelli se nota mucho. Lo que a Mazzucchelli le gustaría llegar a entender, Shaw lo maneja como si fuera su lengua materna. Es como la distancia que separa a Frank Miller de Paul Pope en su asimilación del manga, por ejemplo. Mazzucchelli y Miller se han estirado desde su formación como profesionales del mainstream de toda la vida para atisbar nuevos horizontes. Pope y Shaw han nacido en ese horizonte. Lo que para unos son experimentos formales, para los otros es su naturaleza. Por ejemplo, Shaw dice al principio que espera que el libro suscite comparaciones entre la animación y los storyboards, y los cómics. Y bueno, la verdad es que ambas cosas se pueden comparar, ya que de unas y de otras hay en sus páginas, pero a mí me cuesta ver algo más que las evidentes diferencias, y me quedo con la sensación de que Shaw ha visto algo que se me escapa. La desenvoltura con la que se maneja entre la animación, los videojuegos y el cómic no es algo que se aprenda, es algo con lo que se nace.
Las historias recopiladas por Shaw en este libro son extraordinariamente diversas y, sin embargo, en todas se percibe la voz de su autor, lo cual es un signo de personalidad enorme en alguien tan joven (26 añitos todavía, y la mayoría de estas historietas tienen dos o tres años). Que sea tan inventivo sólo se explica porque no carga con el lastre del oficio. Es uno de los primeros verdaderos dibujantes-artistas, la next generation, un homo superior en esto de las viñetas.
Hay tres historias en este libro -la de "Tierra uno y Tierra dos", que ni siquiera sé cómo se titula, si es que tiene título; "Satellite cmyk" y la de los "Galactic Funnels"- que no las entiendo. No quiero decir que sean incomprensibles como lectura, quiero decir que no entiendo cómo están escritas, cómo están concebidas, cómo están dibujadas. No entiendo qué tipo de inteligencia está detrás de esas historietas y quién le ha explicado a este niño cómo se hacen tebeos para que los haga así.
Me hace sentir muy homo sapien.
Dash Shaw tiene el mundo (del cómic) en sus manos, veremos qué hace con él. Ombligo sin fondo fue uno de los tebeos del año en España, de eso no cabe duda. Lo más tremendo es que casi diría que es lo peor que he leído de Dash Shaw. Este The Unclothed Man In The 35th Century y, sobre todo, la alucinante Bodyworld, lo sitúan ya en una galaxia muy, muy lejana de ese pedazo de novela gráfica que es Ombligo sin fondo.
Desconozco si la publicación en España de The Unclothed Man está prevista ya por alguna editorial, como Apa-Apa, que se ha hecho cargo de Ombligo sin fondo y de la anterior (y extremadamente primeriza) La boca de mamá. Pero a quien lo publique le espera un trabajo fino: dos tipos de papel diferente en las tripas, sobrecubiertas de plástico transparente... Sí, estamos ante otro libro-objeto.
Como muestra, el primer capítulo de la serie de animación de The Unclothed Man:

martes, 5 de enero de 2010

LOS GUIONISTAS CON PRINCIPIOS NO LLEGAN A NADA

Sigo lanzado. Ahora que he pasado de Spidey a Titán y he mencionado los Diálogos del Señor Boliche, aprovecharé que en dichas jornadas hicimos una mini-exposición del Vecino para hablar de algo que salió a relucir en la charla de Valladolid. En la exposición estaba el original de la primera página de V3, que en realidad son dos originales (y los dos están ahora mismo en mi poder porque Pepo tuvo la generosidad de regalármelos). Cualquiera que se haya leído el libro se dará cuenta de una diferencia evidente: los originales tienen 16 viñetas por página, mientras que el libro tiene 9 viñetas por página. Esto es debido a que empezamos a hacer El Vecino 3 en ese formato de 16 vpp y en un momento determinado decidimos pasar a 9 vpp, adaptando el material con facilidad gracias a que todas las páginas tenían las mismas viñetas, y todas las viñetas eran del mismo tamaño.
Pero ésa no es la explicación de que haya dos páginas originales de la página 1. La explicación es que en la página 1 se cambiaron 9 viñetas entre la primera versión dibujada y la versión final publicada. Esas 9 viñetas son las que aparecen en el "segundo original", a la derecha en la foto.
En la primera versión (a la izquierda en la foto), Lola y Marisa mantenían una conversación en la que ponían un poco al día al lector sobre la situación vital y laboral de Javier mientras éste estaba en el servicio.
Pero era una mierda.
Y yo lo sabía. Sabía que esa conversación era estúpida, aburrida y torpe, pero el tebeo tenía que empezar. Como fuera.
Normalmente, cuando se explica al público el proceso creativo que supone realizar un cómic, se empieza por el guión y a continuación se detallan todos los pasos que llevan del guión al dibujo final: los diseños, los bocetos, los lápices, las tintas, etc. Y es normal, porque es lo que el público quiere ver. Es lo más vistoso.
Pero el cómic no empieza en el guión. El guión es más bien el resultado final de todo un trabajo previo, una acumulación de notas sobre la historia, sobre escenas concretas, sobre los personajes... Un material amorfo e ingente que de alguna manera hay que acabar encajando en una forma manejable que es lo que llamamos guión. Todo ese material previo tiene que madurar y hay que darle vueltas lentamente en la olla, removiéndolo y dejándolo cocer mucho tiempo, hasta que está en su punto justo para ser escrito como guión. Pero cuando llega el momento de empezar a escribir el guión, todavía no está completamente claro todo. Ojo, que no digo que a veces no está claro todo. Digo que nunca está claro todo. Uno se puede hacer su escaleta escena por escena y saber cómo se une esto con aquello y tenerlo todo atadito, y aún así, en el momento de la escritura -en cada paso de la escritura- hay una chispa de magia imprevisible y necesaria. Sin ésa, no haces nada.
Lo que pasa es que en ocasiones, tarda en aparecer.
Vamos, que no se presenta a la cita cuando tú la estabas esperando.
Y no te puedes quedar esperándola toda la noche, compuesto y arreglado, empapándote de lluvia con tu ramo de flores mustio en la mano.
Si no viene, te vas. Te vas con otra (escena). Con la siguiente. Con la que haga falta, que hay muchas. Que ya vendrá la que no ha venido cuando tenga que venir.
Al final, siempre vienen.
Por decirlo en términos más concretos: no hay que desesperar nunca. Y no hay que intentar resolver todos los problemas antes de pasar a los siguientes problemas. En el caso del que estábamos hablando, yo sabía cómo empezaba El Vecino 3 en general. Tenía la idea de qué tipo de escena quería para arrancar, qué tono quería que tuviera, cómo quería que "sonara", qué personajes iban a salir. Pero no sabía exactamente qué iban a hacer y decir los personajes. Cuando llegó el momento de escribir, seguía sin saberlo. Pero como lo que necesitaba era llegar a las páginas siguientes, que sí estaban claras en mi cabeza, lo que hice fue escribir cualquier mierda, ocupar el espacio que tenía que ocupar y con eso medir el tiempo que tenía que medir -escribir es fundamentalmente cuestión de ritmo, al fin y al cabo-, avanzar con la historia y olvidarme del tema.
Efectivamente, al cabo del tiempo la escena me vino a la cabeza, decidimos acompañar a Javier al cuarto de baño para ver básicamente cómo meaba (ahora sí era una escena interesante) y el problema de la primera página quedó resuelto. Juro que es el arranque vecinal que más me gusta de los tres libros publicados hasta el momento.
Si me hubiera empeñado en resolver definitivamente esa primera página antes de pasar a la siguiente, puede que todavía estuviéramos esperando a acabar el guión de V3. Es más, estoy seguro de que nunca se me habría ocurrido la escena que finalmente utilizamos.
Esto sucede en diversas ocasiones a lo largo del proceso de escritura del libro. A veces encadenas escenas como si se escribieran solas, a veces te quedas bloqueado con una escena que sabes que tiene que ir ahí pero que no sabes cómo resolver. Lo mejor es poner cualquier cosa en el hueco y seguir adelante. Luego ya volverás sobre ella. Luego ya se te ocurrirá cómo resolverla. Cuando llegue el momento.
Pero si te empeñas en empezar bien, igual no acabas nunca.

EL AMISTOSO VECINO

Ya que estamos, aprovecho la inercia arácnida, y por no dejar del todo el tema de Spiderman pero ir arrimando el ascua a mi sardina, o sea, al Vecino, comento que en la charla que dimos Pepo y yo en los Diálogos del Señor Boliche hablamos un poco de la presencia del trepamuros en nuestro propio cómic. Y buscando imágenes para ilustrar la relación entre Spidey y Titán, me llevé alguna sorpresa. Reconozco que no me calenté muchos los cascos y eché mano de lo que tenía más próximo, es decir, de los tebeos que me había comprado en el Salón de Getxo y que todavía no había quitado de encima de la mesa (y ahí siguen aún, año nuevo... desorden viejo). Me llamó la atención encontrarme con esta página en Amazing Spider-Man #90 (1970, Stan Lee, Gil Kane y John Romita):
Y con esta otra en Amazing Spider-Man #113 (1972, Gerry Conway, John Romita y Tony Mortellaro/Jim Starlin):
¡Prácticamente se estaban plagiando a sí mismos en el plazo de dos años! (Para colmo, en los dos casos el enemigo era el mismo, el Doctor Octopus). No me he puesto a comprobarlo, pero no descartaría que la misma escena se repita incluso en algunos de los números intermedios. No es extraño que a todos los que leímos intensamente Spiderman de pequeños (Pepo y yo, por ejemplo) se nos quedara grabada la imagen doliente del trepamuros tirado en el sofá como una imagen quintaesencial de Spiderman. Y como todo lo que se sumerge en el subconsciente acaba saliendo a flote tarde o temprano, a Pepo le salió esto cuando se puso a dibujar El Vecino 1. Él me jura que no tenía delante ningún tebeo de Spiderman cuando lo hizo.
Y yo le creo. Lo tenía dentro.

SPIDERMAN VS. SPIDER-MAN

Para rematar el tema de la Saga del Chacal, una pequeña indulgencia nostálgica en recuerdo del volumen 2 de Spiderman de Vértice, donde se publicó originalmente aquella historia y que para mí fue siempre la más misteriosa y fascinante de todas las colecciones de Vértice. Supongo que por lo prohibido. Para los que no pudimos comprarlo como novedad, Spiderman V2 estaba prohibido por lo escaso (era muy difícil encontrar números a la venta) y, como consecuencia de esto, por lo caro (siempre costaban mucho más que cualquier otro tebeo antiguo de Vértice). Cada vez que subía a Cuesta de Moyano iba con la secreta ilusión de encontrar algún V2 de Spiderman, y casi ninguna de las pocas veces que lo encontraba podía permitirme comprarlo. Esas historias que no podía leer tenían que ser, obviamente, las mejores del mundo, las más terribles y emocionantes. Y bueno, el caso es que al cabo de los años descubrí que, efectivamente, sí lo eran.
Las portadas de López Espí me fascinaban, especialmente ésta, que luego he averiguado que no se correspondía con ninguna portada americana:

Hoy resulta curioso comparar las portadas del V2 de Vértice con las portadas originales de Marvel que le sirvieron de modelo:


Como extra, las demás portadas de la colección, originales en concepto y realización de Vértice:

Las portadas de Vértice se las he robado a universo marvel. Las de Amazing Spider-Man, a la Grand Comic-Book Database.
ACTUALIZACIÓN: En los comentarios me indican que en realidad la portada del nº 8 sí está basada en una portada americana, pero no de Amazing Spider-Man, sino de Marvel Team-Up. La reproduzco a continuación:
SEGUNDA ACTUALIZACIÓN: Un amigo me hace notar que la portada del V2 nº 3, que tanto me gustaba, sí está basada en realidad en una portada americana, la del Annual #9 (1973). Yo personalmente me sigo quedando con la de López Espí.

PUERTAS QUE SE ABREN, PUERTAS QUE SE CIERRAN


Al releer la reseña que hice hace diez años de la Saga del Clon de Spiderman, he caído en la cuenta de algo que no comenté en su momento, no sé si porque no supe encajarlo en el texto o porque se me pasó por alto, aunque ahora me parece muy evidente. Si efectivamente, tal y como proponía en aquella reseña (y como sigo pensando), la Saga del Clon es realmente la saga de Peter y Mary Jane, y si realmente la historia empieza cuando muere Gwen Stacy, hay una hermosa simetría entre el principio y el final de la historia. Porque la última página de la muerte de Gwen Stacy es ésta, que cierra The Amazing Spider-Man #122 (1973):
Y la última página del final de la historia que empieza ahí es ésta (The Amazing Spider-Man #149, 1975):
La historia empieza con una puerta, una habitación, Mary Jane y Peter. La historia acaba con una puerta, una habitación, Mary Jane y Peter. La historia se abre con un "click", la historia se cierra con un "click". Las dos viñetas finales de cada página son simétricas, la misma, y sin embargo completamente distintas. En una estamos dentro, en otra estamos fuera. Todo ha cambiado entre un click y otro.
Por supuesto, la simetría entre los principios y los finales es uno de los recursos más utilizados para "cerrar" subliminalmente las historias. Otro ejemplo clásico: en la primera página de Batman: The Dark Knight Returns (1986), de... (perdonadme, pero ahora mismo no me acuerdo del nombre del autor, lo tengo en la punta de la lengua), el protagonista dice: "Ésta sería una buena muerte... Pero no lo bastante buena". En la última página, sus palabras finales son: "Ésta será una buena vida... Lo bastante buena".
Por supuesto, Batman: The Dark Knight Returns es una obra cerrada de un solo autor (como quiera que se llame), mientras que la historia de Spiderman de la que estoy hablando se desarrolla a lo largo de casi treinta comic books mensuales durante dos años y medio, con la participación de diversos autores. Ésa, supongo, es la magia de los tebeos de toda la vida.

¿SPIDERMAN O SPIDERCLON?

SPIDERMAN: ¿SPIDERMAN O SPIDERCLON?

Gerry Conway y Ross Andru

Forum


Hace unos años, Marvel quiso remover los cimientos de Spiderman con la “Saga del Clon”, un intento de renovar el personaje que llegó demasiado lejos y provocó alarmadas protestas de los viejos fans que, muy en su papel, siempre se están quejando de que todo sigue siempre igual y cada vez que algo se toca ponen el grito en el cielo para que se “regrese a los orígenes”. El fenómeno es tan curioso que, en casos como éste, las críticas a la Saga del Clon contemporánea iban acompañadas de admiradas alusiones a la Saga del Clon original, la que apareció entre 1974 y 1975 en Amazing Spider-Man. Ya se sabe, “aquello sí que era bueno, y no esta mierda de ahora”. No es que los lectores más recientes tuvieran oportunidad de comprobarlo. En aquellos momentos, las reediciones de clásicos en Forum estaban bastante más limitadas que ahora, y la Saga del Clon original sólo tenía una edición, en Vértice, precisamente en una de las series, el Volumen 2 de Spiderman, más buscadas, más codiciadas y más inencontrables (y abusivamente cara cuando se encuentra). Ahora, por fin, todo el mundo ha podido comprobar si realmente las alabanzas a la Saga del Clon original eran algo más que desahogos del fan treintañero que se niega a reconocerse a sí mismo que hace mucho que los superhéroes ya no son lo que eran... al menos para él.


Pero ése es otro terreno -y resbaladizo, me temo- en el que mejor será no entrar aquí, so pena de distraernos demasiado de lo que importa decir sobre este tebeo. Y lo que importa puede empezar por dos sitios. Primero, a pesar del desafortunado título elegido por Forum (¿qué pasa si lo lee alguien que no sea un fan resabiado?, ¿qué sorpresa se va a llevar en el último episodio?, ¿es que editamos sólo para fanboys?), el verdadero Clon importante de la Saga no es el de Spiderman, sino el de Gwen Stacy. Segundo, el presente volumen ofrece sólo la mitad de la Saga del Clon. Porque la Saga del Clon no es la Saga del Clon, sino la Saga del Chacal. Y la Saga del Chacal no es la Saga del Chacal, sino la de Peter y Mary Jane. Porque esta historia de Spiderman no es una historia de superhéroes, es una historia romántica. Y, francamente, sin los acontecimientos de la docena de episodios anteriores, las cosas que suceden en este tomo pierden por lo menos la mitad de su significado.


Lo que representa la Saga del Clon, o del Chacal, o como cada cual prefiera llamarla, es una historia de tránsito de la personalidad, de crecimiento íntimo, extraordinariamente delicada y veraz para haber sido desarrollada por una agrupación de profesionales a sueldo a lo largo de entregas mensuales de un producto destinado al consumo adolescente instantáneo. Es un maravilloso ejemplo de verdadero arte, ejecutado casi de manera involuntaria en las condiciones más adversas. La cuestión es como sigue: Peter Parker es un chaval asustadizo y solitario que teme a la vida. Un día, un accidente fortuito, imposible, le dota de un don especial, de algo que le hace distinto y sobresaliente, y tras recibir una señal del cielo -la muerte de su tío Ben- sobre cómo utilizar ese don, encuentra un objetivo y una misión que cumplir. A partir de ese día, Peter, convertido en Spiderman, trasciende todas sus limitaciones y pone rumbo a la felicidad por la vía de convertirse en un héroe. El siguiente salto lo da en la universidad, donde, como todo quisque, intenta definir definitivamente todas aquellas cosas que completan su personalidad, ahora bien distinta desde que gracias a su vida secreta ya no se siente un fracasado. Su destino profesional se define mediante sus estudios científicos. Su destino sentimental se concreta en Gwen Stacy, el amor de su vida, la pareja ideal, la futura madre de sus hijos. El estado de equilibrio y de felicidad que alcanza Peter es absoluto. Ya no le queda ningún asunto por resolver en la vida, sólo necesita que pase el tiempo para que todo cristalice a su debido ritmo.


Pero entonces Gwen Stacy es asesinada y todo se hace añicos. Es precisamente ahí, en la muerte de Gwen (Amazing Spider-Man #121, 1973; Clásicos Marvel en Blanco y Negro #2, Forum), cuando se sientan las bases de la Saga del Clon. La Saga del Clon no es sino la historia de cómo Peter Parker se convierte en el mayor héroe: el héroe cotidiano que somos todos. Es la historia de Peter Parker, el ser humano, cayendo hasta lo más hondo y levantándose de la caída. Hasta entonces, el milagro o la casualidad de los poderes arácnidos le habían puesto en la ruta fácil hacia la felicidad. En este nuevo trayecto, los poderes sobrenaturales no sirven para nada. Si acaso, para burlarse de él irónicamente. Los episodios inmediatamente posteriores a la muerte de Gwen son amargos y deprimentes, mucho más y de manera mucho más sincera y delicada de lo que se permite hoy en día que lo sean las aventuras de un superhéroe juvenil. Poco a poco, Peter entra en una nueva etapa de su vida, marcada por la aparición de un nuevo e íntimo enemigo, el Chacal (Amazing Spider-Man #129, 1974) y por el inicio del cierre de la herida, aún fresca pero ya no sangrante. Pausada, meticulosamente, asistimos en paralelo al desenvolvimiento del plan del Chacal, ejecutado por medio de esbirros, y al reencuentro de Peter Parker con la vida gracias a la que había sido “la otra” durante la etapa Romita: Mary Jane. Mary Jane la amiga, Mary Jane la alocada, Mary Jane el consuelo, cada vez va tomando mayor entidad en la vida de Peter. En parte, la tragedia de la pérdida de Gwen les ha unido, pero ahora tienen que descubrir que existe vida más allá de la tragedia, que las lágrimas se acaban secando. Todo es mucho más sutil que en los tebeos de hoy en día. Peter no descubre que realmente se ha enamorado de Mary Jane al salvarla en el último segundo de la muerte a manos del supervillano de turno. Mary Jane no cae entregada en brazos de Peter cuando ve el terreno despejado ni se preocupa lo más mínimo por quién estará detrás de la máscara de Spiderman (contra, con efectos retroactivos, que desde el principio supo quién era Peter, como se contó en los 80, chirría de manera escandalosa con todo lo narrado aquí). Las cosas suceden de forma discreta y natural entre pelea y pelea de Spiderman, en los ratos libres fuera del “trabajo”, cuando Peter Parker tenía una verdadera vida privada. Un día es un paseo en el ferry, otro una salida para ver una película de kung-fu, y una cosa lleva a la otra y así pasa lo que pasa. En Amazing #143 (1975), no incluido en este volumen, tiene lugar la escena más importante de todo este ciclo. Peter parte hacia París acompañando a Joe Robertson, y Mary Jane le despide en el aeropuerto. Tres páginas prodigiosamente narradas nos muestran su beso de despedida, la partida de Peter y la soledad en que deja a Mary Jane. El efecto se subraya magistralmente con siete viñetas mudas. El lector entiende así mejor lo que se le quiere comunicar: las dudas de la pareja se han resuelto. Peter y Mary Jane están enamorados profunda y sinceramente. El roce, podríamos decir, ha hecho el cariño. Aún más: Peter no ha sustituido a Gwen por Mary Jane, sino que ha renacido pasando a una nueva etapa. Su nuevo amor es más sólido y más auténtico porque es más maduro y se asienta en cimientos más trabajados.


Este proceso de renovación psicológica al que todos estamos abocados si no queremos sumirnos en la depresión más absoluta se verá subrayado de forma llamativa en el siguiente episodio, con la reaparición de Gwen Stacy. Es la última tentación, es un coletazo del pasado que quiere retener al hombre de antaño. Cuando queremos emprender un ciclo nuevo, debemos dejar morir lo antiguo, o el peso muerto nos impedirá avanzar. En el mundo fantástico de Spiderman, ese conflicto interno se exterioriza en un Clon de su novia muerta y un plan maquiavélico de un supervillano.


Por eso, cuando el tomo ¿Spiderman o Spiderclon? se abre con Peter Parker temblando en la escalera de su apartamento, sólo estamos asistiendo a la resolución de un conflicto que no se puede entender en su justa medida sin conocer el planteamiento y el nudo. A Peter lo que le aterroriza no es el regreso de un ser amado desde la tumba, sino la posibilidad de verse atrapado por un pasado que está a punto de superar para emprender su nueva vida, que será su vida definitiva, su madurez. En las páginas siguientes, el protagonista resuelve ese conflicto doblemente: en la esfera de Peter Parker y en la de Spiderman; en la del muchacho asustadizo que era en su origen y en la del héroe enmascarado y anónimo en que se ha convertido. Resolver el misterio del Clon y derrotar al Chacal, y decidir firmemente que su amor por Mary Jane es mayor que su amor por Gwen, son dos actos que se funden en uno solo. De esta manera, se produce la síntesis final y culminante que le permite el acceso a la nueva etapa: Peter Parker y Spiderman se integran por fin en uno solo, se convierten en una misma persona, acabando con la dicotomía que había arrastrado el personaje desde su inicio, y que tan bien subrayaba Steve Ditko con el artificio gráfico del rostro dividido en dos mitades. Los dos lados de la personalidad se integran, el pasado (la infancia, la adolescencia, la indecisión) queda atrás, y Peter Parker/Spiderman, uno y el mismo, se apresta a enfrentarse a la vida adulta. Así acaba, con una resolución plena, la Saga del Clon; así queda magistralmente explicado en la última página del nº 149. En la última tira, Peter Parker ve, al otro lado de la puerta, el símbolo de esa vida adulta y nueva, Mary Jane. La última y formidable viñeta, una simple imagen muda de una puerta cerrada, simboliza el paso a otra estancia tras un largo y penoso ascenso por la escalera de la vida.


Bien podría decirse que aquí concluye la historia de Spiderman, la historia que Lee y Ditko empezaron a narrar en el número 1 de The Amazing Spider-Man, la historia de un niño que se hace hombre. Sobre todo porque, a partir de ese momento, Spiderman nunca volvería a progresar, a crecer, a tener un desarrollo natural y plausible. Durante los 25 años siguientes, ha sobrevivido a su eficacia como personaje de ficción debido a su eficacia como producto de consumo.


No hace falta ser pretencioso ni pesado para narrar una historia profunda, humana y repleta de matices utilizando las herramientas aparentemente limitadas de la ficción de género juvenil. Pero sí hace falta tener mucho talento y estar muy inspirado. Gerry Conway y Ross Andru lo demuestran aquí. La labor de Conway es sorprendente, dada su inexperiencia. Sólo tenía 21 años cuando empezó a escribir Amazing Spider-Man, pero está claro que aquel Conway veinteañero no sólo tenía talento, sino ambición y una sintonía muy especial con sus personajes, con los cuales sin duda comparte ilusiones y planteamientos vitales, lo que le permite introducir experiencias propias y toques autobiográficos que dotan de un colorido y un realismo singulares a todo el conjunto (tengamos en cuenta que Lee tenía 41 años y Ditko 35 cuando crearon a un Spiderman de 16; y que John Romita tenía 36 cuando empezó a contar las historias de un personaje que apenas había crecido). Las mayores virtudes de Conway están en su oído para los diálogos y en su habilidad para desarrollar las situaciones costumbristas, incluido el saber cuándo su silencio dice más que sus palabras. Algo inhabitual en Marvel, donde Stan Lee había impuesto la tiranía de la verbosidad incontrolada y abrumadora que casi todos los guionistas posteriores seguían, empezando por Roy Thomas. Conway es de los primeros en atreverse a corregir el modelo establecido, y con ello prolonga su vigencia, pues la nueva década necesitaba nuevos modos.


Pero todas las aspiraciones y todo el talento de Conway no habrían servido de nada si la Saga del Clon hubiera caído en manos de un dibujante menor que Ross Andru, probablemente el mayor dibujante desconocido de la historia del comic book. Andru (1927-1993) era ya un veterano cuando dibujaba The Amazing Spider-Man, y los años de oficio habían pulido sus cualidades innatas hasta alcanzar la cima de sus posibilidades. Que eran todas. Lo primero que llama la atención en Andru es que es capaz de dibujar cualquier cosa, desde un barco hasta un edificio, un perro, una pareja besándose, una anciana gruñona o el Duende Verde volando a la carga. Lo cual es insólito, porque la mayoría de los dibujantes de comic books sólo son capaces de dibujar la mitad de las cosas que pide un guión. Y precisamente la mitad correspondiente a las peleas superheroicas que han aprendido copiando los tebeos de superhéroes que leían de pequeños. Habría que estudiar cuánto ha limitado eso el desarrollo de los guiones en las dos últimas décadas, al encontrarse los guionistas con la imposibilidad de pedir a sus dibujantes que aborden escenas distintas del tópico intercambio de mamporros entre cuerpos hipermusculados. Este don de Andru se refleja en un naturalismo discreto y palpable que marca el tono del tebeo, una sensación de veracidad que recuerda a la que producían las páginas de Gene Colan y que tiene que ver, también, con la capacidad para levantar decorados y ambientaciones plausibles, para colocar correctamente a los personajes dentro de esos decorados y para vestirlos y hacerlos actuar de forma realista. A todos los efectos, el Spiderman de Andru no parece un tebeo de superhéroes. Sus viñetas nos hacen pensar en imágenes de una teleserie o una película de los 70 en las que repentinamente asoma la inesperada nota de colorido de un enmascarado que se balancea al extremo de una telaraña, o de una criatura verde y monstruosa que trepa por una fachada. Sus superseres chocan con el entorno en que se mueven, y eso refuerza la sensación de estar asistiendo a algo extraordinario por parte del lector. Andru hace que el hecho de ver a un hombre pegado a una pared vuelva a resultar maravilloso y sorprendente después de que llevamos trece años viéndolo ocurrir mes tras mes. Él sabía, y ésa es otra lección perdida para generaciones más recientes de dibujantes, que el contraste es lo que destaca las virtudes. Su perfecto entendimiento de los mecanismos narrativos de la historieta, además, hace que leer este tebeo sea una delicia que no obstaculiza ningún error de gramática viñetera. El diseño de página es equilibrado y variado, las composiciones son siempre claras y, además, interesantes, destacando el elemento que deben destacar y haciendo que nos resulte atractivo mirarlo. Cualquier página es un cursillo concentrado de cómo hacer cómic. Abro al azar el tomo y la primera página que veo -la 4 del capítulo 2- es un compendio de sabiduría: la viñeta 1 nos enseña la entrega de Gwen y la perplejidad de Peter, punto de partida de toda la escena; la 2 y la 3 nos muestran la reacción de Gwen y nos hurtan la expresión de Peter, creando el suspense; la 3 y la 4, mudas, explican lo que ha pasado entre Gwen y Peter, que las palabras no pueden explicar; el plano inclinado de la viñeta 5 da interés a la ramplona escena de transición del paseo callejero; las escaleras iluminadas señalan como una flecha la imagen de Peter en la viñeta 6 para no perder al personaje central al tiempo que nos revela la ambientación de un callejón oscuro que, por nuestra experiencia como lectores, ya sabemos que es el preámbulo de la transformación en Spiderman; la viñeta final está dominada por el emblema de Spiderman, que nos indica que va a empezar la acción y nos obliga a saltar a la página siguiente para descubrir qué va a ocurrir, manteniendo el interés de la lectura. Cualquier otra página ofrecerá las mismas recompensas al ojo que quiera aprender, aunque no me gustaría dejar de señalar algunos detalles: la habilidad de Andru para orquestar combates en unos decorados urbanos como no se han visto nunca en otro tebeo de superhéroes (cosas como la pelea con Tarántula en la habitación oscura han sido descaradamente copiadas por Frank Miller en Daredevil); el buen uso del recurso cinematográfico de la “cámara fija” que sigue el avance de la acción en varias viñetas consecutivas; la admirable capacidad para medir el tiempo sin recurrir a ramplones ayudas de textos de apoyo (véase la viñeta muda de la página 6 del capítulo 1, o las 5 primeras viñetas de la página siguiente para ver una combinación de este recurso y el anterior); lo lamentable que resulta que John Romita no entinte más que un episodio, no ya porque las tintas de Dave Hunt y Mike Esposito sean demasiado duras y recalquen en exceso la angulosidad geométrica del dibujo de Andru, sino porque el entintado de Romita, absolutamente antológico, eleva varios grados la verosimilitud y densidad de cualquier cosa. Romita siempre fue mucho mejor entintador que dibujante, y eso que como dibujante no era ninguna tontería, precisamente.


La Saga del Clon queda, pues, como uno de los más genuinos relatos del comic book americano, una de sus verdaderas obras maestras, en el más completo sentido de la expresión. Una historia da madurez, de toma de decisiones, de abandono voluntario de la infancia e ingreso deliberado en la vida adulta. Tal vez sea la fantasía definitiva para alguien incapaz de madurar, refugiado en un deseo infantil de que las cosas sigan siendo lo que siempre fueron y la vida no siga adelante. ¿Cuántos viejos fanboys somos capaces de reconocernos en ese nostálgico alguien? Yo sólo respondo de mí mismo...


[Publicado originalmente en U nº 19, marzo de 2000, bajo el nombre de Trajano Bermúdez].

EL VECINO 1 Y 2, EN MÁQUINAS

Astiberri ya ha publicado en su web la nota de prensa de El Vecino 1 y 2. El tomo entró en imprenta antes de fin de año, así que no debe de faltar mucho para que llegue a las librerías, junto con otras novedades de enero de la editorial, como La marea de San Pedro, de Tomeu Pinya, El negocio de los negocios, de Denis Robert, Yan Lindingre y Laurent Astier, y NonNonBa, de Shigeru Mizuki.