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miércoles, 17 de marzo de 2010
LA GENEALOGÍA DE LA NOVELA GRÁFICA
Sigo subiendo charlas del pasado UCMCOMIC y esta vez le ha tocado a la que di yo mismo: «La genealogía de la novela gráfica: una historia que acaba en el Génesis». La batería de la cámara se agotó antes de que acabara, así que esta serie de vídeos termina en lo que podríamos considerar un autohomenaje al final del Vecino 1. Si no sabes de qué estoy hablando corre a comprar ahora mismo un ejemplar de El Vecino 1. O dos, por haber tardado. Los nueve vídeos se pueden ver en el canal Youtube de mandorlablog o en esta lista de reproducción.
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domingo, 14 de marzo de 2010
ABSENCE: LA CENSURA EN EL CÓMIC
He subido otra de las conferencias pronunciadas durante las pasadas jornadas UCMCOMIC en la Universidad Complutense de Madrid. En este caso se trata de la que dio Absence sobre la censura en el cómic. Son doce vídeos que se pueden ver en el canal de mandorlablog en Youtube o de forma continua a través de una lista de reproducción.
Otras conferencias de UCMCOMIC:
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martes, 9 de marzo de 2010
PEPO PÉREZ: RECURSOS
Ya está subida la conferencia de Pepo Pérez en UCMCOMIC: «Recursos narrativos del cómic». Son 11 vídeos que se pueden ver también a través de una lista de reproducción del canal mandorlablog.
lunes, 8 de marzo de 2010
GUIRAL: LA ESCUELA BRUGUERA
Ya he subido otra de las conferencias impartidas durante UCMCOMIC la semana pasada. En este caso se trata de «Los tebeos de Bruguera: alimento moral e intelectual de varias generaciones», de Antoni Guiral, que está disponible en 10 vídeos. Se pueden ver individualmente o a través de una lista de reproducción del canal de You Tube de mandorlablog.
En esta ocasión, al contrario que en el caso de la charla de Max, la sesión está completa.
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domingo, 7 de marzo de 2010
LECCIONES

1) Lo dijo Nacho Vigalondo el último día: el público del cómic es muy difícil. Sólo están los que no saben absolutamente nada y los que ya se lo saben todo. No hay un terreno intermedio donde ampliar de forma razonable. Nunca sabes si te vas a quedar corto o si te vas a pasar, y supongo que al final acabas haciendo las dos cosas a la vez. Para mi charla de repaso del trayecto desde el comix underground hasta la novela gráfica decidí que lo único que daría por supuesto que conocía el público era la figura de Robert Crumb, ya que justo antes de mi intervención habían proyectado el documental de Terry Zwigoff.
2) Unas jornadas universitarias no son un salón del cómic. Las relaciones son distintas, nos escuchamos unos a otros de diferente manera, el ritmo es mucho más relajado. Tenemos algo que hacer, además de estar parados de pie entre dos casetas de venta rebotando andanadas de saludos. Hace unos meses dije que los salones sirven para que las gentes del cómic nos identifiquemos como colectivo, pero necesitamos también otro tipo de reuniones, como ésta, menos abrumadoras y más reposadas.
3) En contra de lo que nos llevan diciendo años, no somos los últimos. El negocio del cómic no es algo que vayamos a cerrar cuando nos vayamos, dejando las sillas encima de las mesas y apagando la luz al salir. Eso mismo se lo contaban a Jack Kirby en los 60 y a Frank Miller en los 80. Y sin embargo, aquí estamos nosotros, y detrás de nosotros también hay un montón de gente joven que espera que el chiringuito siga montado dentro de 20 años, porque les va a pertenecer a ellos. O mejor dicho, no esperan, porque se trata de una generación más preparada y mejor informada que todas las precedentes, capaz de discutir en detalle sobre Bruguera, sobre Terry Gilliam o sobre la transformación del Capitán América en Nómada. Leen tebeos y van a seguir leyéndolos mientras existan (los tebeos, no ellos, evidentemente) y les interesen. Y nosotros sólo existiremos mientras sigamos captando su interés. Muchos no acudieron a las jornadas sólo porque fuera una manera fácil de sacarse 3,5 créditos, sino porque querían saber, querían escuchar, quería ver, querían conocer. Son fancineros, blogueros y lectores.
Por tanto, este tipo de eventos son importantes para algo más que para decir que el cómic ha entrado en la universidad. Son cruciales también para su futuro.
4) Hay otros públicos. Uno de ellos estaba bien representado en el profesor Reyes, que impartió una de las conferencias de la jornada de clausura. Y antes de que los malpensados se imaginen cosas, lo digo sin ningún tono peyorativo. Me refiero al lector de superhéroes que en los años 70 mamó Vértice y llegó hasta Forum, abandonó los cómics en los 80, probablemente cuando rondaba los 18-20 años de edad, y ahora, al cabo de 20 años, ya cuarentón y asentado en la vida, ha vuelto a ellos con curiosidad, por recuperar una vieja afición. Gracias, por supuesto, a que los cómics siguen ahí, a pesar de todo. Gracias, probablemente, a que un día se encontró un tomo de Spiderman en la Fnac. Migoya habló de un público enorme para la Esther de Pura Campos, probablemente muy parecido al que representa Reyes: antiguas lectoras que vuelven ahora sobre sus viejos tebeos, después de haberlos abandonado.
Entonces, si hay chavales de 20 años con ganas, si hay cuarentones y cuarentonas que vuelven, y si entre medias hay treintañeros que descubren la novela gráfica -como lectura novedosa, y también como regalo de buen gusto en estos tiempos en que toda la cultura material se ha depreciado tanto-, ¿por qué nos empeñamos en discutir acaloradamente si lo comercial son los superhéroes o la autobiografía, el género o lo artístico? ¿No es evidente que no hay un público, sino muchos públicos, más públicos diversos de los que ha habido nunca, y que esos públicos necesitan tebeos muy distintos?
5) Hay algunos temas sobre los que convendría imponer el veto en las mesas redondas y charlas sobre cómic. El primero, en concreto: vivir del cómic. Estoy harto, literalmente harto, de que no se hable de otra cosa. Al cómic no se dedica nadie que no quiera, y el que se dedica, ya sabe lo que hay. Del cómic vive casi toda la gente que suele participar en esas mesas diciendo que no se puede vivir del cómic. La pura realidad de vivir del cómic es la misma que la de vivir de cualquier otra cosa: a cada uno le va como le va. Hay gente a la que le va bien, hay gente a la que va mal. Está muy achuchado, pero hay quien se sabe buscar la vida y quien espera que venga a resolvérsela. Pero, ¿qué cojones hacemos hablando siempre de lo mismo ante el público? Inevitablemente, las charlas se convierten en una larga serie de quejas que no llevan más que al desconcierto del espectador ajeno. ¿No hay otros temas? ¿De verdad? ¿Se supone que estamos practicando no sólo un oficio profesional, sino también un arte, y nunca hay nada que hablar del arte de hacer tebeos? Porque esto es algo que llama mucho la atención en las charlas de autores, profesionales y teóricos: se habla poquísimo de tebeos, y muchísimo de cobrar. Pero parece que a nadie le interese una reflexión sobre el medio, sobre las tendencias, sobre los temas, sobre las figuras, sobre los desafíos, sobre los soportes, sobre los formatos, sobre cualquiera de las cosas que deberían estar debatiendo las personas que se dedican en cuerpo y alma a una profesión. Un ejemplo: en la charla de los divulgadores, el viernes, se repitieron punto por punto los mismos tópicos que en la de autores del miércoles. Que si no se puede vivir del cómic, que si está muy difícil el divulgar tebeos en los medios, que si la novela gráfica vende más o menos... Sólo Gustavo Montes puso sobre la mesa un tema de los más importantes para entender el cómic de los últimos años y su inserción en la sociedad, el de la aparición de la realidad en el cómic. Pero nadie siguió el tema. Creo que nadie entendió de lo que estaba hablando, quizás porque todo el mundo está demasiado preocupado por pasarse el día mirando las cifras de ventas y no tiene tiempo de leer los tebeos y pensar sobre ellos.
6) Predicar con el ejemplo. Es lo que hicieron Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo, cuyo heroico trabajo de organización me ha dejado profundamente impresionado. Estamos hablando de dos estudiantes (o recientísimos licenciados) que sin prácticamente ningún apoyo institucional (o con el mínimo, vaya) han sabido organizar un evento de lo más interesante y bien gestionado en un escenario de privilegio. Sólo porque han querido, porque han tenido la voluntad, porque les ha dado la real gana y porque han preferido hacerlo que quedarse en el bar lamentándose de que no se puede hacer.
Pero sí.
Sí se puede.
sábado, 6 de marzo de 2010
MAX: CÓMICS EN LA ENCRUCIJADA
Acabo de subir al canal Youtube del Emporio Mandorla la charla que dio Max el pasado miércoles en UCMCOMIC: «Cómics en la encrucijada», en la que el autor repasaba su propia trayectoria. He creado una lista de reproducción, así que quien prefiera hacerlo así, puede ver seguidos los seis vídeos en los que he descompuesto la sesión.
Un par de advertencias:
- La primera, que es un vídeo casero grabado cámara en mano, en plan cinéma vérité, de modo que a nadie le extrañen temblores y despistes varios.
- La segunda, que tuve que marcharme antes del final, y por tanto faltan los últimos minutos de la conferencia.
Pero oye, es gratis, así que quien quiera, ya sabe, que lo disfrute.
Los próximos días iré subiendo otras sesiones, de momento ya está en cola la de Antoni Guiral sobre la escuela Bruguera.
viernes, 5 de marzo de 2010
MAL ROLLO




Lo que no imaginaba es que sería tan rápido.
La clausura de las jornadas UCMCOMIC esta mañana en la Complutense empezó con una mesa redonda sobre la divulgación del cómic en la que, moderados por Pedro Toro, participaron Óscar Palmer, Christian Osuna, Gustavo Montes y Alberto García. Aunque menos explosiva que la del miércoles protagonizada por autores, la reunión dio lugar a que se suscitaran algunos temas interesantes, tanto en referencia a la inserción del cómic en la educación y los programas universitarios, donde Montes tiene experiencia como profesor de una asignatura centrada en las narraciones gráficas, como sobre su tratamiento en los medios, en bibliotecas y en internet. A mí, personalmente, me sirvió para confirmar algo que he percibido durante toda esta semana (en mayor grado todavía en la charla del miércoles, aunque sea aquí donde lo mencione): cómo la irrupción novela gráfica ha sembrado la desconfianza y la confusión entre los que nos dedicamos a esto, y cómo no sabemos todavía muy bien cómo interpretar y manejar el término (o el concepto). Me lo tomo como una buena noticia, o al menos un augurio favorable para mi libro.
El segundo acto del día fue una conferencia impartida por Francisco Reyes, profesor de la Complutense especializado en hip hop, con el título «Los superhéroes en España. Colecciones pioneras».
Y aquí se concentra el mal rollo del título.
Acudí ilusionado por escuchar a alguien conocedor de las colecciones de superhéroes publicadas en España en los años 40 a 60, algunas de cuyas portadas -y poco más- he visto asomar en ocasiones en recopilaciones de tebeos antiguos o en el blog de Joan Navarro. Y si la charla no iba de eso, sentía curiosidad por saber de qué trataría.
El caso es que no trató de nada.
A lo largo de mi vida me he tragado unas cuantas charlas vergonzosas, y sobre todo estos últimos años, pero creo que ésta las gana a todas. Reyes se dedicó a ir pasando un Power Point plagado de portadas de comic books americanos de los años 40 y 50, seguidos de portadas de tebeos de Vértice, Surco, Bruguera y Forum, nombrando al superhéroe que aparecía en dicho tebeo y acompañando en ocasiones la imagen de datos irrelevantes o, con mucha frecuencia, erróneos. Ahora mismo me vienen a la cabeza informaciones tan clamorosas como decir que en 1956 DC estaba en su edad de oro gracias a la Liga de la Justicia (la cual no aparece hasta 1960, añado el dato de mi cosecha para aquellos de nuestros lectores que no tengan la wikipedia instalada en el ordenador, como el profesor Reyes) y perlas de este calibre. Que no eran "errores" o "deslices" (ya sabemos que a veces a uno se le va una fecha o un nombre de la cabeza cuando está hablando), porque el discurso revelaba el desconocimiento absoluto del ponente sobre el tema que estaba tratando. Uno de los grandes daños que ha causado internet es que cualquier ignorante se puede montar un Power Point de 200 imágenes bajadas de tebeosfera (con su marca de agua incluida) y otros sitios y exhibirlo ante su público sin necesidad de saber ni lo que está mirando. Antes, normalmente para acceder a las imágenes uno tenía que tenerlas en casa, en cómics originales o al menos reproducidas en libros que se suponía que uno había comprado y leído porque tenía interés.
Además de la desinformación total de la que hizo gala, Reyes exhibió una falta de discurso preocupante en un profesor universitario. Incapaz de hilar ninguna idea, de juntar dos frases con sentido o de hacer alguna observación que fuera más allá del chistecillo fácil sobre los poderes o la apariencia de los personajes sobre los que estaba hablando, a los cuales se tomó a guasa en todo momento. Y esto tal vez fuera lo más grave.
La actitud.
Porque uno no se puede presentar ante un público con tal falta de respeto hacia quienes van a dedicarle un rato a oírle, hacia sus alumnos, hacia el material que está tratando y, en última instancia, hacia sí mismo. A lo largo de esta semana he tenido ocasión de escuchar muchas presentaciones. Algunos de los ponentes lo han hecho mejor y otros lo han hecho peor, algunos tienen más lucidez, más facilidad de palabra, más experiencia, más viveza y más conocimientos, y otros menos. Pero todos, absolutamente todos, han mostrado un enorme entusiasmo por lo que estaban haciendo, un inmenso deseo de agradar, de comunicarse y de aportar algo en la medida de sus capacidades. Todos, digo, han respetado a su público, a su tema y a sí mismos.
Y eso es lo mínimo que se puede pedir.
Y en esta conferencia no se han cumplido los mínimos.
No es de recibo que en una jornadas universitarias, en el salón de actos de la Complutense, un profesor de esa misma casa se ría constantemente de lo que está contando y diga varias veces que no entiende qué hace allí y que le parece muy raro estar hablando de «esas cosas» en la universidad y en el salón de actos. No es de recibo que, aburrido por su propia ineptitud, vaya preguntando cada poco tiempo si falta mucho y diga que «ya queda poco» y «venga, vamos corriendo ya», suspirando con agotamiento, como si aquello fuera tan insoportablemente tedioso para él como, de hecho, lo estaba siendo para nosotros.
Después de una semana de tan buenas sensaciones, después de escuchar inmediatamente antes a Óscar, Christian, Gustavo y Alberto insistir en la importancia de la divulgación del cómic, esto fue un bajonazo gordo. Sí, ya sé que en la universidad no todos los profesores son como era Juan Antonio Ramírez. He tenido ocasión de conocer a muchos, y de todo tipo y pelaje, así que no es una sorpresa, y por tanto tampoco hay que creerse que la universidad es un sacrosanto recinto de venerables sabios. Pero me pregunto si uno se puede presentar con tanta desfachatez para hablar de un tema del que lo desconoce todo, y además con esa indolencia, en unas jornadas de literatura, de arte o de cine, sin peligro de que lo echen a patadas.
En fin, creo que me alargo demasiado sobre un punto negro que no emborrona el conjunto de este pedazo de semana, así que voy a cortar ya. Andrés y Daniel han demostrado un nivel, calidad y gusto tan extraordinario como organizadores que tendré que suponer que esta charla ha sido el peaje administrativo que han tenido que pagar. Ya sabemos cómo son las cosas en los pasillos de la uni.
Si hubiera necesitado buscar un ejemplo que sirviera de contraste para explicar qué había sido lo peor de la charla del profesor Reyes, me habría bastado con esperarme a escuchar a Nacho Vigalondo, que cerró las jornadas con una intervención titulada «Cuando desperté, Mark Millar estaba allí».
Vigalondo no es ningún erudito, ni falta que le hace. Inició la charla avisando de que nada de lo que dijera tendría ningún valor académico: él era un fan y como tal se presentaba ante nosotros.
Con esas palabras, una vez más, Vigalondo demostraba su lucidez.
Esa puesta en escena, en lugar de descalificarle, le recalificaba. Porque los fans también forman parte de la «institución cómic». El cómic lo hacen autores, editores, distribuidores y también lectores. Todos participan en la misma medida en el medio, y esa visión de fan también tenía, por tanto, su lugar en estas jornadas, un lugar que Vigalondo se ocuparía de reivindicar sin complejos.
Como decía más arriba, la documentación no es tan importante. Vigalondo se había leído los tebeos de los que hablaba, y había reflexionado sobre ellos. Con eso basta, no hay mejor documentación que hablar de algo de primera mano.
Además, la charla de Vigalondo mostró un discurso. Allí había alguien que tenía algo que decir y que sabía decirlo. Importa poco si es o no académico, es algo y merece la pena oírlo. Es honesto, es digno, es merecedor de respeto. Y para que conste, normalmente considero que Vigalondo suele tener intuiciones geniales sobre el funcionamiento de los medios y las narraciones. Más de una vez me he encontrado en su blog con explicaciones nítidas y convincentes de cuestiones en las que pensadores profesionales se han enfangado en libros académicos.
Por último, si en algo brilló Vigalondo fue en el tercer elemento fundamental de toda charla: la actitud. Entrega total, pasión absoluta, comunicación directa con el público. Es cierto que yo ya estoy algo talludito para que las exhortaciones tipo «lefa» y «polla» me hagan desternillarme, pero comprendo que Vigalondo supo usarlas con inteligencia como herramientas para manipular (en el buen sentido de la palabra) a su público mayoritariamente juvenil. Básicamente, vimos a un narrador en acción.
Y a una persona que respetaba al público que tenía delante, a la materia que estaba tratando y que, de esa manera, se ganó mi respeto.
A pesar de que nos dieran las tres y estuviera muriéndome de hambre.
Me parece increíble que cuando nos fuéramos empezaran a hacer el examen del curso. Espartanos todos.
Gracias, Nacho Vigalondo, por dejarme ese buen sabor de boca al final de unas jornadas tan cojonudas.
Gracias a Daniel y Andrés por currarse esto.
Y gracias a todos los estudiantes que estuvisteis allí animando a estos fatigados viejunos del cómic a seguir adelante.
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Casi como una continuación del post anterior, la discusión sigue ahora mismo en vivo y en directo en la Complutense.


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miércoles, 3 de marzo de 2010
LA CENSURA, LA VIDA, EL MAESTRO

A primera hora, charla monumental de Absence. En principio, era sobre la censura, y por ahí ha empezado, pero ha acabado en una inmensa panorámica del comic book precode con amplios paseos por los géneros de romance, crimen y horror. Como me gustan mucho esos tebeos, lo he disfrutado mucho, y he visto muchas páginas y viñetas que desconocía, procedentes de la enciclopédica biblioteca del ponente, con lo cual aún lo he disfrutado más. Si lees esto, Absence, a ver si un día nos vemos con calma y podemos charlar un rato.
Luego, mesa redonda moderada por Pedro Toro con Borja Crespo, Hernán Migoya, Miguel Ángel Martín y Manel Fontdevila. En principio, tema tópico: "vivir del cómic en España". Ya se sabe lo que uno puede esperar de estas cosas: lloros, quejas, lamentos, bla-bla-bla. Pues no. Esta vez había mucha pólvora en la mesa, y la mecha ha prendido más de dos y de tres veces. Algunos de los mejores momentos de lo que yo he visto esta semana se han concentrado en explosiones incontenibles de estos monstruos de nuestras viñetas. Pero necesito meditar tranquilamente lo que se podría o no contar de lo que se dijo en esa mesa y cómo podría contarlo, no vaya a ser que me precipite o me traicione la memoria.
Por la tarde me he perdido la charla de Noel Ceballos, cuyo tema me interesaba mucho (las 15.30 es una hora chuuuunga), pero he llegado a tiempo para ver la de Max, un repaso señorial y apasionante a su propia obra de la mano del autor mismo. Lamentablemente, no he podido quedarme hasta el final porque me tenía que ir a ver a Les Luthiers entregar los premios Mastropiero.
Como digo, está siendo una semana muy larga. Pero una gran semana de cómic, aquí en Madrid.
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martes, 2 de marzo de 2010
TALENTO
Y vaya que si lo está.
No es que esté muy bien, es que está de puta madre, mucho mejor de lo que me podría imaginar.
Arrós Covat es un pequeño milagro: una serie de estructura completamente convencional que conserva el toque personal y original de su autor. O por decirlo así, la esencia de Juanjo Sáez modelada para hacerse accesible al gran público. Es muy graciosa, está muy bien hilada, y es muy ingeniosa en sus soluciones formales. Sólo espero que consigan venderla a una cadena nacional y dentro de poco la pueda disfrutar completa. El público se reía a carcajadas, y a mí me ha impresionado. Cómo te envidio, Juanjo Sáez.
Ha sido la tarde del talento, simple y llanamente. Primero, el de Juanjo Sáez, y luego el de Miguel Noguera, otro descubrimiento. No había visto ninguno de sus ultrashows, pero el de esta tarde ha sido deslumbrante desde el principio. Básicamente era un monólogo cómico acompañado de la proyección de dibujos del humorista, que éste iba comentando. Ha empezado como un número de comedia intelectual, pero en el buen sentido, con mucha altura, y no sé cómo ha acabado porque por problemas de horario me he tenido que marchar antes del final, pero el tío tiene presencia, sabe actuar y es inteligente.
Como Juanjo, talento puro. Da igual lo que hagan, por algún lado tiene que salir.
De verdad que le estoy sacando provecho a estas jornadas...
Añado: Al llegar a casa he hecho lo que hacemos siempre hoy en día, irme a buscar a Miguel Noguera en la red, y en su blog me encuentro de entrada con un vídeo donde habla de una película que vio de pequeño y que estaba protagonizada por un hurón. Bueno, yo diría que no era un hurón, sino una nutria, pero yo también vi esa película de niño y, aunque él lo diga de coña en su ultrashow, en mi caso es verdad: me causó un impacto tremendo, tanto que todavía no la he podido olvidar. Por supuesto que no tengo ni idea de qué película era, cómo se titulaba ni quién salía (sobre todo, quién interpretaba a la nutria... o al hurón), pero la sensación de horror indescriptible que me produjo algún sábado por la mañana de los años 70 todavía perdura. Noguera lo cuenta aquí:
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UNA MAÑANA CON BRUGUERA
Y una mañana fantástica la que hemos vivido hoy en el segundo día de las jornadas de la Complutense. En primer lugar, con una conferencia espectacular de Toni Guiral sobre la escuela Bruguera. No me voy a hacer el sorprendido. Que Toni haga dé una charla soberbia sobre Bruguera es algo con lo que ya contaba, y no me defraudó en nada. La sorpresa vino en el animadísimo turno de preguntas, cuando descubrimos que el joven público asistente conocía muy bien los tebeos de Bruguera y se interesaba vivamente por ellos. La verdad, no me lo esperaba, y creo que Toni tampoco. Pero fue muy agradable ver eso.
La impresión se confirmó después del descanso, cuando Toni acompañó a Óscar Aibar en la presentación de la película El gran Vázquez, ésa que todos los comiqueros de este país esperamos con ilusión, esperanzados en que cumpla el objetivo que Óscar Aibar declaró: recrear nuestros propios mitos culturales (de la baja cultura) en la gran pantalla. El director nos ofreció un clip de muestra de tres minutos y nos dejó claro el cariño y el respeto con el que está realizado el filme, y el público demostró las ganas que tiene de ver la película y cuánto les interesa la figura del creador de las hermanas Gilda.
En fin, esta mañana en la Complutense ha sido todo casi demasiado bonito: nuestros tebeos presentándose en un marco excelente ante el interés verdadero de un público nuevo. ¿Será verdad...?
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RECIBIENDO AL TÍO VÁZQUEZ
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lunes, 1 de marzo de 2010
DÍA UNO
Sé que procedería una crónica apropiada de la primera jornada de las jornadas UCMCOMIC, pero la verdad es que no me llegan las fuerzas. Eso es porque el día ha sido mucho mejor de lo que me esperaba, y por tanto mucho más cansado. Muy buenas conferencias de Toni y Pepo, muchos amigos comiqueros con los que pasar el rato, mucho jaleo pero del bueno, del de buen rollito. Dejo una cosa más articulada para cuando esté más recuperado y hoy me limito a una mínima crónica fotográfica, sólo por dejar constancia del evento.
Inicio: Toni Guiral con Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo, organizadores.
Toni Guiral, dándolo todo.
Pepo intenso, como siempre.

Harvey y yo.
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miércoles, 24 de febrero de 2010
LA VIEJA CASA

Este lunes estaré dando una charla en UCMCÓMIC, las jornadas de cómic de la Universidad Complutense de Madrid. Será el día 1 a las 17.45, en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Información, pero intentaré pasarme por allí al mayor número de sesiones posible a lo largo de la semana, porque creo que el cartel que ha preparado el equipo organizador es de lo más interesante para cualquier persona con curiosidad por el cómic. Habrá conferencias de Toni Guiral, Pepo Pérez, Juan Díaz Canales, Juanjo Sáez, Absence, Max o Pepe Gálvez, entre otros, y mesas redondas donde se juntará gente como Manel Fontdevila, Borja Crespo, Miguel Ángel Martín y Hernán Migoya (¡ahí es nada, a ver si se dejan hablar unos a otros!). La verdad es que me quito el sombrero ante Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo, los promotores de todo esto, que con muy pocos recursos y mucha ilusión han montado algo que parece muy prometedor. Para remate, han organizado una exposición paralela al curso con originales de Paco Alcázar, Manuel Bartual, Javier Olivares, Mauro Entrialgo, Paco Roca, Carlos Vermut, Mireia Pérez, David Sánchez y muchos más. Si estás matriculado en cualquier licenciatura y necesitas 3,5 créditos, no te lo pienses. Pocas formas habrá más divertidas de conseguirlos.
A mi charla le puse un título que ahora me suena un poco raro, pero que fue fruto de un rapto de inspiración (o precipitación) cuando me preguntaron qué ponían en el programa, hace semanas: «La genealogía de la novela gráfica: una historia que acaba en el Génesis». Que nadie se asuste, será sencillamente un repaso a la historia de la novela gráfica desde el comix underground hasta nuestros días, siguiendo a grandes rasgos las líneas que trazo en mi inminente libro La novela gráfica, que saldrá en abril (y por tanto, lamentablemente no podré añadir la coletilla «y que tienen a la venta en la mesa que hay en el vestíbulo del edificio»).
Para mí va a ser una ocasión un tanto especial, porque la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense es mi vieja casa, al menos académicamente. Fue allí donde me licencié en Periodismo, a finales del siglo pasado, y fue en su biblioteca donde descubrí los libros de Juan Antonio Ramírez, que me hicieron pensar de inmediato que yo quería hacer ese tipo de cosa algún día. Mi paso por la facultad de Ciencias de la Información fue más bien grisáceo. No estaba de ánimo para pasar mucho tiempo en las aulas, y la carrera tampoco me estimulaba demasiado. Me saqué el título con el mínimo esfuerzo y con una pérdida creciente de ilusión. Las cosas más importantes que saqué de allí no tuvieron que ver con la carrera académica, sino con la vida. Así que tampoco me quejo, digamos que fue indoloro y tuvo su lado bueno.
Luego hice otras cosas, hasta que con 35 años decidí cumplir con aquella promesa que me había hecho a mí mismo de hacer ese tipo de cosa que había descubierto en los libros de Ramírez y me puse a estudiar Historia del Arte en la Autónoma, donde daba clases el mismo Juan Antonio.
Por eso ahora, al volver a Ciencias de la Información para dar una charla basada en el trabajo de doctorado que he hecho en Historia del Arte bajo la dirección de Ramírez, tengo una extraña sensación, como si cerrara un círculo. Siento como si el camino que empezó en la biblioteca de Periodismo hace ya tantos años me hubiera llevado, trazando una muy larga curva, hasta esa sesión del próximo lunes en el salón de actos.
Esto, amiguitos, es lo que pasa cuando te dedicas a escribir historias: todo lo acabas convirtiendo en un relato, la vida misma te parece una ficción. Como si tuviera un sentido que no tiene.
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