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miércoles, 16 de julio de 2014

CÓMICS EN REVISTAS


Lo anticipaba en el post anterior, y quería dedicarle unas líneas específicamente. Estamos encontrando nuevos ámbitos para el cómic, y no es sólo la novela gráfica. También están los webcómics, los fanzines y minicómics, y... las revistas de temática general o cultural. Diréis que cómics en revistas los ha habido siempre. Sí, pero ahora es distinto, entre otras cosas porque estas revistas son distintas.

Las revistas han sufrido (y están sufriendo) la misma debacle que toda la prensa de quiosco. Como los periódicos y todo el material impreso popular, se encaminan al cementerio de los elefantes, y durante la última década han ido cayendo como moscas. Y, sin embargo, muy recientemente -estoy hablando tal vez de los dos o tres últimos años- estamos asistiendo a un verdadero resurgir de las revistas. Ya hablamos un poco de eso cuando escribimos sobre las nuevas revistas de fútbol, pero en este momento hay una explosión -o miniexplosión- de cabeceras de literatura, pensamiento, cine o música.

¿Cómo se entiende esto? Bueno, mi impresión es que estas nuevas revistas se han novelagrafizado. Permitidme la expresión, ya que éste es un blog de cómics, y eso pone ante mis ojos un filtro de viñetas siempre que miro al mundo. En realidad, lo que esto viene a decirnos es que los procesos de transformación del cómic actual no son completamente singulares, sino que se insertan dentro de una dinámica más amplia que está afectando a todos los productos culturales, y sobre todo impresos, y aún más si procedían de una tradición de periódico. Para sobrevivir hay que reinventarse, dar más contenido y de mayor calidad y buscar un público menos numeroso y con criterio a través de espacios como las librerías generales o especializadas. La novelagrafización es un fenómeno general de nuestros días que desborda al cómic, y en el caso de las revistas muy probablemente sea un camino abierto por McSweeney's y sus revistas (The Believer ha lucido portadas de Charles Burns durante años) y donde hoy se encuentran proyectos como Grantland, que vende ese encuentro entre deporte espectáculo y cultura pop sobre un andamio de diseño moderno.

Incluso una veterana revista online de música como Pitchfork se ha apuntado al papel, editando un hermoso tomo trimestral de más de 200 páginas. La sorpresa es descubrir la presencia que tiene el cómic en sus páginas. Ojeando el número 2, por ejemplo, me encuentro historietas de Aisha Franz, Sophia Foster-Dimino, el inevitable Simon Hanselmann, Michael Deforge, Edie Fake y Johnny Sampson, además de un nutrido grupo de ilustradores, entre ellos Irkus M. Zeberio.

En España, la revista de pop-rock por excelencia, Rockdelux, hace años que hizo hueco a los cómics (los incluían ya antes de esta moda reciente), con colaboraciones habituales de Laperla y Morán y también de Juanjo Sáez, por no hablar de una sección fija de reseñas de cómics organizada por Pepo Pérez y una presencia frecuente de entrevistas a historietistas. En Rockdelux, sin embargo, hay una cierta adscripción de los cómics a la temática de la cabecera. Soy ídolo tuyo y Hit emocional, las series de Laperla/Morán y de Sáez, respectivamente, se refieren al mundo de la música. En Pitchfork los cómics no tienen que estar necesariamente ligados a la música. Se ofrecen como contenido tal cual. Esto es tal vez uno de los rasgos singulares de esta nueva inserción de los cómics en las revistas.

Algo parecido ocurre en Presencia humana, la revista de literatura de Aristas Martínez, que en sus números 2 y 3 entrega varias páginas a Ana Galvañ y Ed para que hagan lo que quieran, mezclándose con los relatos de otros escritores en los mismos términos (Aristas Martínez ya había mostrado su aprecio por el cómic en la fastuosa Black Pulp Box). El estado mental, nueva revista de pensamiento crítico, ofrece un deslumbrante despliegue de historietas de aquí y de allá en sus tres primeros números. Los dibujos de Cegado, Nacho García, Maïté Grandjouan, Sergi Puyol, Bendik Kaltenborn, Alberto González Vázquez, Robert Sergel, Anna Sailamaa y otros conviven con los textos de Javier Moscoso, Guillem Martínez, Belén Gopegui, Elena Cabrera, Jimina Sabadú o Juan Marsé. No son cómics «fáciles», sino más bien cómics que desde el mundo del cómic tienden a verse como extraños. Sin embargo, estas revistas los ofrecen en contigüidad con textos que exigen una predisposición intelectual por parte de lectores que no están acostumbrados a leer cómics habitualmente. A lo mejor eso no es casualidad.

El fenómeno, en fin, parece imparable. Una nueva revista editada en España pero escrita en inglés, Minchō, que se describe como «Illustration & Graphic Arts Magazine» se presenta con amplios espacios dedicados al cómic (incluida una entrevista con Peter Bagge), y la satírica Mongolia incorpora más páginas de historieta en su número de verano (algunas de ellas, firmadas por parte de los dibujantes perdidos por El Jueves).

Menciono sólo algunas de las revistas que he podido leer durante estos últimos meses, pero estoy seguro de que el fenómeno también se da en muchas otras cabeceras. Es una nueva forma de hacer cómics y, sobre todo, de acceder a un público nuevo, que los dibujantes deberían empezar a incorporar a su horizonte profesional lo antes posible. Pero quiero cerrar aludiendo quizás al caso más paradigmático, el de la revista más leída de España, que no es nueva pero está exigida a renovarse continuamente para mantener su vigencia. El País Semanal incluye desde hace ya tiempo una historieta de dos páginas cada semana. Paco Roca y Max -ahora mismo, sin duda, las dos figuras más representativas de nuestro cómic- se turnan cada quince días con sus dos series: Un hombre en pijama el primero y ¡Oh, diabólica ficción! el segundo. Puede que sea una moda, sí. Pero a veces hay cosas que nos gusta que se pongan de moda.

lunes, 25 de enero de 2010

MICROENTREVISTA: MANUEL BARRERO

Hace poco hablaba de la gente de Tebeosfera y de cómo estoy disfrutando los artículos que están publicando en su número dedicado al horror. Dado que soy un adicto a las revistas sobre cómic, sentía curiosidad por saber cómo era hacer una a estas alturas del siglo XXI y en formato digital, así que he formulado unas cuantas preguntas a su cabeza visible, Manuel Barrero, uno de los investigadores sobre cómic de trayectoria más constante y destacada que hemos tenido los últimos años.

Como estoy un poco anticuado y me cuesta adaptarme a la realidad actual, tengo ciertas dificultades para comprender que algo como Tebeosfera sea una "revista". Sin embargo, he observado por vuestros textos editoriales que vosotros ponéis mucho énfasis en esa denominación. ¿Por qué es importante para vosotros que se defina a Tebeosfera como "revista"?

Resulta sorprendente que, llegados al clímax de la evolución de los medios de comunicación, con los hipermedia, de repente nos encontramos en un espacio indefinido repleto de objetos indeterminados. Y más aún si tenemos en cuenta que cada nuevo formato de difusión es bautizado a capricho y todos lo aceptan (chats, weblogs, portales…), quizá precisamente por lo antedicho. Pero si defines un modelo de divulgación o de estudio con terminología tradicional resulta que nadie lo comprende salvo que sea la traslación de un soporte ya existente y reputado. Por ejemplo, las versiones digitales de Nature o Arbor, ¿no son revistas? Nuestro deseo de ser reconocidos como revista no se ciñe a la definición del diccionario (en su acepción quinta) porque en tal caso tampoco podríamos entender como tales U o Revista de Occidente. Tebeosfera, en su segunda época, arrancó con la idea de ser un academic journal, una publicación científica sobre historieta, idea que rápidamente abandonamos porque los contenidos que podíamos ofrecer, con una periodicidad como mínimo semestral, se deslizan rápidamente hacia lo divulgativo. No obstante, aunque nos alejamos de aquella pretensión, la política editorial, las fórmulas de redacción y publicación, así como el modo de exposición de contenidos responde al de una revista: programación de números por temas, organización de los mismos en mesas de redacción, elección de escritores, revisiones en equipo, publicación ordenada de textos, establecimiento de un índice… Hay quienes me han discutido que Tebeosfera no es revista porque no tenemos un sumario definido en el arranque de cada número. Ese sumario existe, pero sólo lo conocen los redactores, no el público. Y cuando concluye el número programado todos pueden acceder a él; por ejemplo, estamos en el núm. 5 y existen sumarios para los anteriores: 4, 3, 2, 1, 0. ¿Esos no son números de revista? Entonces… ¿qué son? Si imprimimos y encuadernamos todos esos textos en papel resulta un bloque temático considerable. ¿Entonces ya podría ser considerado como revista o como libro? Los nuevos soportes y medios digitales ofrecen información y obras de manera diferente, por lo tanto los modos de producción y desarrollo de contenidos en estos nuevos medios también lo son. Si una publicación en papel por fuerza debe servirse terminada, como un producto cerrado, en Internet podemos trabajar con proyectos abiertos, que se van construyendo. Esto es magnífico en la práctica, porque nos permite evolucionar a otro nivel en la divulgación sin vulnerar la naturaleza del producto que se hace, solamente cambia el modo de elaboración y su exposición. Por otra parte, hay una segunda razón para que Tebeosfera sea revista: porque queremos distinguirla de otro tipo de plataformas de opinión y divulgación sobre historieta en Internet, como los foros, los blogs o las páginas personales. Tebeosfera no es el producto de un ímpetu personal ni es espontánea. Yo siempre he creído que es mejor la democracia que la oclocracia, y en Internet a veces se confunden. Lo que publicamos en Tebeosfera, aparte de que pueda considerarse de mayor o menor calidad, pasa por filtros y se trabaja en equipo, como en una redacción de una revista o diario, con el objetivo de proveer datos y documentos de referencia. Esa es la pretensión: que alguien pueda encontrar datos sobre historieta en la red con un mínimo de contraste previo. Y digo pretensión porque es obvio que lo que ofrecemos no es todo lo correcto que debiera.

¿Podrías describir el mecanismo de funcionamiento interno de Tebeosfera? ¿Tenéis constituida una redacción? ¿Cómo elegís los temas y artículos?

Tebeosfera nació hace mucho tiempo, en 2001, como revista de divulgación y opinión cuya filosofía editorial respondía a mi posición como crítico del medio. Los defectos y polémicas suscitadas entonces son absoluta responsabilidad mía y por ellas he respondido y tendré que seguir respondiendo, imagino. Pero esta segunda Tebeosfera, la nacida en 2008 es algo distinto: es un esfuerzo colectivo. Y me atrevo a decir que uno de los mayores esfuerzos conjuntos jamás realizados en España sobre historieta con un objetivo marcado: catalogar todos nuestros tebeos, que es labor que desarrollamos en paralelo a la publicación de artículos en la revista. Para ello, en 2007 decidí contratar a un programador web y reunir un equipo de trabajo. Al grupo inicial de estudiosos y coleccionistas, integrado por Alcázar, Mora, Jiménez Varea, Cepriá, Baena y Díaz Bejarano, se unieron más tarde un colectivo de catalogadores: Gracia, Vaquer, Olmedo, Sitjà, Bosque Sendra, Olivares, Platel, Urrutia, Agustí, De Gregorio y otros, de entre los cuales han pasado a ser editores Ruiz-Dávila, Moreno, Gómez, Capelo y Vidiella. Todos, nos reunimos virtualmente en un grupo de Internet en el cual trabajamos a diario afanosamente, discutiendo temas y proponiendo ideas o dando término a consultas. Aparte, los editores residentes en Sevilla nos reunimos físicamente cada mes para adoptar decisiones y plantear ideas y líneas de trabajo. El resto de reuniones se hacen en espacios virtuales, dos concretamente, uno específico para la catalogación de historietas, personajes, series, tebeos, colecciones, autores, etc., y otro para los asuntos relacionados con la edición de textos para la revista. Los temas y artículos se eligen en grupo y atendiendo no a su posible repercusión pública o actualidad sino a nuestros intereses. Nos parecieron obvias, de partida, dos cosas: una, no íbamos a ser un espacio web promocional, que para eso ya están los jóvenes que hacen volcados de servicios de prensa y amables recensiones reiteradas en variedad de URLs; dos, no íbamos a regirnos por la actualidad a la hora de elegir temas. Abordamos asuntos, géneros, obras o autores dependiendo de nuestras posibilidades de hacerlo en equipo de manera eficiente. A la mayoría de aficionados les interesa saber qué superhéroe traducen, qué película hacen o qué autor viene, pero consideramos que para eso ya disponen de puntos de información puntual y constante. Nosotros hemos elegido investigar y documentar la historia y evolución del medio en aquellos puntos más olvidados, con especial atención hacia lo español. En otro ámbito de la cultura esto sería “lo más importante” pero en el mundo del cómic esa importancia se vuelve relativa. Por ejemplo, en julio de 2009 publicábamos un documento que databa el origen de la historieta española en 1859, con lo cual celebrábamos los 150 años de historia de la historieta española, y apenas se le concedió importancia al asunto. Esos temas nos interesan verdaderamente: los que faltan por estudiar y divulgar. Y te aseguro que en la historia de nuestros tebeos quedan miles de lagunas.

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la publicación en internet frente a la publicación tradicional de una revista en papel? Y no me refiero sólo a cuestiones materiales o económicas, sino a cómo puede afectar a los contenidos.

Ventajas, esencialmente tres: la edición abierta, la revisión constante y la difusión masiva e instantánea. Inconvenientes, uno: la falta de identificadores de calidad. No dejan de escribirnos aficionados y coleccionistas para pedir que lancemos una revista, en papel, con los contenidos más interesantes que ellos ya han leído en línea. Me ha sorprendido que incluso nos lo pidan nuestros propios colaboradores o habituales consumidores de documentación e informaciones a través de la Red. Esto es producto de una falla en la concepción de los soportes y las herramientas, y también de los hábitos de consumo, que finalmente se traduce en la consideración efectiva que se tiene de estos esfuerzos. Algunos de los ensayos que hemos publicado en el último año y medio podrían haber sido destinados a revistas científicas (de hecho, algunos lo han sido); otros podrían haber sido editados como monografía teórica del estilo de las de la colección Sinpalabras; ciertos artículos, a mi juicio bastantes, perfectamente hallarían sitio en cualquier revista de divulgación sobre cómic de buena calidad. No obstante, sitos en Internet, aunque su calidad y rigor sean palmarios a primera vista, pasan a obtener otro aprecio. Son considerados “otra cosa”. Es como si trabajáramos en tierra de nadie, cuando Internet es la “tierra de todos”. Lo cómico es que, y esto lo constatamos en nuestra última mesa de redacción, para gran parte de los aficionados que sólo demandan noticias, comentarios e información puntuales nosotros somos en exceso rigurosos, pero para los teóricos más rigurosos del medio pecamos de ser poco científicos. Ahí estamos, vadeando en el vasto mar de viñetas sin que nos oteen. Pero no nos quejamos, porque lo hacemos con mucho entusiasmo y, tras la experiencia acumulada, nos hemos propuesto ser más divulgativos en las opiniones y más rigurosos en los ensayos y las fichas.
Con respecto a las ventajas, no creo que necesiten comentario. Gran parte de los que divulgamos en Internet sabemos que la posibilidad de ir construyendo documentos, sin la obligatoriedad de servirlos terminados y cerrados, es magnífica. Nos permite volver sobre lo escrito y mejorarlo, buscar apoyos y nuevos referentes, variar el rumbo de las hipótesis y mejorar conclusiones. La posibilidad de recibir opiniones de otros estudiosos más versados y regresar sobre lo escrito y modificarlo también es algo que estaba negado en la edición analógica, supeditada a una segunda edición que depende ya no sólo de uno mismo, sino de editores y público. Finalmente, la difusión que permiten estos medios nada tiene que ver con la que consigue una edición impresa. Es cierto, sí, que los libros se atesoran en bibliotecas y se citan siguiendo un sistema en el que va implícita la fiabilidad y el reconocimiento de un producto de calidad supuesta (pues hay un editor intermediario, y una presumible revisión de contenidos), pero el tiempo ha demostrado que existen muchos libros que aportan bien poco y que hay editores que no cumplen con su oficio, publicando lo que les llega a las manos y tal y como les llega. Los criterios de selección se han venido diluyendo, aunque tan triste como esto me parece la asunción de certezas solamente en función del número de resultados que arroja Google en una búsqueda. Me explico: Tebeosfera recibe cada día más de 2.000 consultas procedentes de diferentes IPs, unos 54.000 visitantes distintos al mes según nuestro servidor. Pero esto hay que ponerlo en relación con el total de páginas web existentes, que ahora mismo son más 80.000; en total, pues, son visitadas entre 500 y 600.000 páginas web distintas de Tebeosfera al mes. Mas, insisto, esto no es indicativo de que nuestros textos los vayan a leer mucha gente. O a valorarlos. Con todo, pensamos que esta plataforma de difusión llega potencialmente a más público que la impresa, en el sentido de que un libro sobre historieta, hoy, en España, con el mercado que tenemos, como media alcanza los 500 ejemplares vendidos (y es una media alta) y nosotros queremos divulgar más, llevar el conocimiento y el aprecio por la historieta a más público.

¿En qué medida se parece Tebeosfera a la revista que te gustaría hacer? ¿Cómo sería ésta, idealmente?

Ya indiqué que la revista que me gustaría hacer sería una revista académica, con participación internacional y con difusión, objetiva y necesariamente, restringida a un público especializado. Eso es posible si se circunscribe la redacción a ciertos ámbitos y ciertos públicos, e implica –creo yo- su edición dentro de un entorno ligado a la Universidad, pues en caso contrario no será identificada, “etiquetada”, como producto académico. Lo intenté al comienzo, pero las universidades son islas amuralladas en el mar este que vadeamos: cuesta trabajo entrar en ellas con esta bandera, la del estudio de los tebeos, y todavía más difícil es entrar y clavar nuestra bandera junto a las suyas. El reconocimiento de la historieta como medio susceptible de estudio académico aún no ha llegado (a ver si este año…) y esto hay que asumirlo. Tebeosfera, por lo tanto, es una revista de divulgación que intenta editar contenidos organizados y bajo supervisión. Tenemos a un equipo de colaboradores que consideramos buenos, pero querríamos poder contar con el equipo de colaboradores óptimo, ese en el que escribirían las firmas más capacitadas del terruño, cada uno en su especialidad, claro. Firmas como las de Altarriba, Azpitarte, Cava, De Guereñu, De la Calle, De Salazar, Díaz, Fernández, Fernández Soto, Gálvez, García, García Sánchez, Guiral, Hernando, Jiménez Varea, Lombilla, Marín, Martín, Martínez Peñaranda, Meléndez, Moliné, Moreno Santabárbara, Muro, Pérez, Pons, Porcel, Serrano, Varillas, Yexus, Yugo… y los pongo en orden alfabético y dejo muchos por citar para no herir susceptibilidades. Pero este equipo debería complementarse con las firmas de otros comunicólogos, filólogos, sociólogos, historiadores, etc., para así reforzar la calidad de la historieta como objeto de investigación y reflexión. Para eso tenemos un problema: no hay dinero. Y, claro…
En suma, la revista ideal se construiría con el equipo ideal. Ahora, coordinar ese equipo es muy difícil y costoso.
Con todo, uno de los objetivos que yo creía lejano y que hemos logrado es el de contener, en la Tebeosfera, el catálogo de nuestros tebeos. La tarea de catalogar es ardua, muy esforzada; labor de años para el caso de los tebeos porque no existen depósitos fiables, ni registro de tiradas, apenas muestras de lo publicado de 1940 para atrás… Fue tarea difícil lanzar el primer catálogo para Delhom y Navarro, y también lo ha sido para los que les continuaron hasta 1993: Beitia, Illera, López, Palañá, González, Ortega Anguiano. Pero no hubo quien tomara el relevo durante la última década. Y en 2003, ya me planteaba yo que la historieta y el conocimiento de los tebeos jamás serían admitidos como parte de la cultura si no había un registro de lo publicado, de las obras, las editoriales, determinadas e identificadas de forma rigurosa y científica. De ahí el ideal de partida, diseñar y terminar ese catálogo, lo cual pensamos que serviría también como carta de presentación de nuestro esfuerzo frente a aficionados, coleccionistas, editores e instituciones. Han sido miles de horas de programación de un gestor que ha sido creado desde cero (los sistemas de catalogación tradicionales, ajustados a la bibliofilia, no sirven para los tebeos), años de localización y búsqueda de muestras por parte de los catalogadores de base Rodríguez y Gracia, cientos de horas de discusiones y contrastes de datos, decenas invertidas en la incorporación de imágenes o asientos a las catorce bases de datos que hemos creado al efecto. Y hemos construido el primer gran catálogo de la historieta, con 10.070 colecciones registradas a día de hoy. Además, nosotros catalogamos los números de esas colecciones (cada tebeo) y vamos por el tebeo 58.206 hoy… Esto supera con creces a las 4.900 colecciones del último catálogo en papel publicado, el cual contemplaba la mitad de categorías por registro con respecto al nuestro, y no llevaba imágenes; en Tebeosfera ya hemos puesto al alcance de todos más de 70.000 imágenes, y en color.

En muchos editoriales y textos de Tebeosfera hay una queja por la falta de repercusión de vuestro trabajo. ¿Cuál es la repercusión que querríais tener o que esperabais tener?

Es cierto lo que indicas. Y asumo haber adoptado ese tono de queja, lo cual deseo modificar. No hago responsable al equipo porque, obviamente, ellos no han redactado esos editoriales, en los que yo quería depositar el rescoldo de la vena crítica que me guió en la primera época de Tebeosfera. Esa inconformidad respondía a lo contestado en la pregunta anterior. En nuestro equipo hemos invertido tanta energía y tiempo en la construcción de un sistema para estudiar con rigor la historieta y catalogar sus productos que, pensaba yo, por fuerza eso debía despertar una respuesta entusiasta por parte de aficionados y estudiosos. Era natural pensar así tras tanto trabajo invertido, escribir, escanear, buscar y localizar las muestras más difíciles en colecciones ajenas, contrastar datos con editores y autores. ¡Hombre, que hay catalogadores, como Álvarez Pérez, que han llegado a crear 500 fichas de tebeos en un día! Si eso no merece una figurita dorada… Pero no, no era esperanza, era ilusión. Está claro que la estructura de nuestra publicación, al no adecuarse a los estándares en Internet, es menos accesible sin ayuda de la debida difusión, y la ubicación de nuestro catálogo es poco evidente para el aficionado medio y resulta oculta para los intelectuales e instituciones de la cultura. Debo reconocer que no analicé correctamente el funcionamiento de los micromedios de la Red. Es decir, las ristras de comentarios bajo una entrada en un blog no significan que lo comentado sea más o menos relevante, simplemente que hay una focalización de intereses sobre un punto y/o una cualidad del comunicador que regenta el blog. Todo esto no indica que lo que hacemos sea poco interesante, simplemente que carece del atractivo de lo actual o del toque divertido del comentario chispeante, que es efímero. Por ejemplo, hemos entrevistado a Lalia o a Mandrafina, grandes de la historieta argentina, pero estas largas entrevistas no interesan tanto como un cuestionario a David Baldeón; otro por ejemplo, llevamos meses tras la figura de Auraleón y la de Gómez Esteban para crear fichas biográficas completas y rigurosas, ¿qué atención suscitarán frente una semblanza concisa y anecdótica de Takeshi Obata en un blog? Lo segundo atraerá a una legión de interesados que depositarán entusiastas comentarios reconociendo la labor del redactor; lo primero, no. Tardé en darme cuenta de eso porque a mí me fascina la historieta española, pero lo que interesa en general a los lectores, al público (y al mercado) hoy es la historieta estadounidense, japonesa, francesa y belga, por este orden. El valor de lo que hacemos se comprenderá importante con el tiempo, cuando se mire atrás, al abordar trabajos panorámicos, al buscar un dato que se resiste, al estudiar con seriedad el medio o la tebeografía nuestros. De hecho, durante la construcción de nuestro catálogo se han iniciado dos tesis doctorales que se harán con nuestras bases de datos, pues les permite acercarse a los tebeos –muchos inaccesibles de otro modo- con la posibilidad de agrupar por géneros, acotar por años, localizar por títulos o simplemente poder determinar el total de números de una o varias colecciones. Amén de que también hallarán densos textos de análisis o divulgativos sobre parcelas de nuestra historieta que no podrán encontrar en otro soporte. En este sentido no podemos quejarnos, estamos muy satisfechos si podemos ayudar a que se siga investigando sobre nuestros tebeos.
El interés de nuestra asociación, verdaderamente, es intentar que todo este trabajo sirva para hacer ver a universitarios, periodistas, funcionarios de la cultura, acaso políticos, que la historieta tiene una presencia en la historia de los medios de comunicación española, que la industria de los tebeos adoptó una forma y brindó unos títulos y que son “X”, y que la abundancia de autores y la riqueza de sus obras puede ser accesible e interesante para su análisis desde distintos enfoques.

En 2005 Astiberri publicó un libro con materiales de Tebeosfera. ¿Hay planes de hacer más ediciones en papel?

Planes hay, lo que no hay es dinero, ni tiempo. Queremos lanzar una colección de textos teóricos porque todavía existe una dependencia del papel directamente relacionada con la lentitud a la que evolucionan ciertos aprecios o estructuras. Por más que Internet ya esté instalada en casi todas las sociedades, con más o menos censura pero con todo su potencial, no parece haber un reconocimiento generalizado de sus posibilidades como soporte para la edición y publicación de obras literarias y científicas válidas. Existen dos trabas para que esta aceptación se dé: por un lado superar la nostalgia del papel, que sigue teniéndose por un material (un soporte) que le confiere una especial sustancia (al parecer) a lo publicado. Por otro lado está la cuestión económica: un producto virtual se puede copiar más fácilmente que vender, y la desaparición de intermediarios que agilicen un mercado echa por tierra las posibilidades de que haya más intereses enfocados en estas producciones. Lo que no debe desaparecer jamás es la figura de un editor. De momento, nuestro plan consiste en buscar financiación para ir editando libros o cuadernos teóricos, sencillos, con un diseño básico, donde se recojan los mejores textos publicados en Tebeosfera para que quede depósito y registro en los mausoleos de la cultura. Los científicos están ya demostrando que la edición en papel es menos ágil y menos eficaz para trabajar, para investigar, pero la rama de las humanidades es otro cantar, avanza en progresión más lenta. En fin, habrá que comportarse como poetas durante un tiempo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

MIL O MIL DOSCIENTOS


Acabo de venir de comer con Óscar Palmer y Manuel Bartual, y precisamente una de las excusas para quedar ha sido que Óscar me pasara ejemplares del U, ya que él conservaba los "fondos" y yo sólo tenía una colección, cada día más ajada. Óscar me ha dado un buen puñado de ejemplares, y de algunos me ha informado que ya "eran los últimos". Como no se pueden juntar tres ex-alcohólicos alrededor de una botella de whisky sin que se pongan a recordar viejas borracheras, y como encima tenemos tan reciente la discusión en los comentarios del post sobre Volumen, el U ha sido tema predilecto de la conversación. Según me contaba Óscar -que fue quien se ocupó no sólo de dirigir, sino prácticamente de todo el proceso durante la última etapa de la revista- en la fase final de autoedición, el U vendía entre 900 y 1.200 ejemplares (que era la tirada en esa época). Por lo que yo recuerdo de cuando nos publicaban Camaleón y La Factoría de Ideas, las cifras rondaban esas mismas cantidades, tal vez con algún pico hacia los 1.500 en números concretos. En su momento, me parecían muy pocos; ahora, me parecen una barbaridad. Por supuesto, no hemos podido evitar plantearnos la Gran Pregunta: ¿vendería hoy en día una revista parecida al U -digamos de periodicidad anual y más gorda todavía- 1.000 ó 1.200 ejemplares a un precio de portada de 10-12€, más acorde con su verdadero coste? Yo apostaría a que no.

lunes, 16 de noviembre de 2009

VOLUMEN


(Las dos portadas de Alex Ross en Volumen 1 nº 1)

Supongo que era de esperar, pero a mí me ha sorprendido la noticia de que The Comics Journal abandona su formato tradicional de revista para pasarse a internet y reconvertirse en una especie de libro de lujo de periodicidad semestral (o algo así). Uno se acostumbra a que haya ciertas cosas ahí durante toda su vida, y piensa que van a seguir siempre, sin más, porque sí, por inercia. Pero la existencia mensual del Comics Journal siempre ha sido un milagro que se ha prolongado demasiado. Y ya sabemos que los nuevos tiempos digitales amenazan al papel, a nuestro querido papel.

Lo del Journal me ha hecho recordar algo en lo que caí hace unas semanas, cuando estuve en el programa de radio de Christian Osuna. Hace ya diez años que Christian, Luis Bustos y yo, junto con un equipo de colaboradores, fundamos la revista mensual de información sobre cómic Volumen. En realidad, el título de la revista era Guía mensual del cómic, pero decidimos que utilizaríamos como cabecera la palabra Volumen, ya que decidimos articularla por volúmenes anuales. Al terminar cada año, se emprendería un volumen nuevo con su propia numeración.

(Portada de Pepo Pérez para Volumen 1 nº 9)

Christian editaba Volumen -producción, publicidad, distribución, mil jaleos-, Luis se ocupaba de darle un aspecto magnífico con el diseño y la maquetación, y yo dirigía la revista, que en el editorial del número 1 declaraba su "vocación abierta, plural y accesible, donde tengan cabida todos los tebeos que se publican: lo mismo superhéroes que alternativos en blanco y negro, lo mismo álbumes franceses que tomos de manga, lo mismo autores españoles que extranjeros". Y cuando decíamos todo, no queríamos decir casi todo, sino todo-todito-todo. En "El Centinela", el cuadernillo central de reseñas, dábamos cuenta de cada título que se publicaba en nuestro país, salvo error u omisión. La de reseñas de Spawn, Xena, Wildcore y muchos títulos infumables de Image que tan en auge estaban por entonces que se tragó mi álter ego Trajano Bermúdez...
(Magneto, la tira de Gallardo, en Volumen 1 nº 1)

El gran capital de Volumen era su equipo de colaboradores. Si digo que eran fantásticos, sonará a tópico, así que mencionaré algunos nombres (sólo algunos, por no alargarme) para que cualquiera que haya seguido el mundo del cómic en la última década compruebe por sí mismo que, en efecto, eran fantásticos y además siguen siéndolo: J. Edén, Eduardo García Sánchez, Antoni Guiral, José María Méndez, David Muñoz, Óscar Palmer, Eduardo de Salazar, José Antonio Serrano, Enrique Bonet, Francisco Naranjo, Yexus, Álvaro Pons, Pepo Pérez, Manuel Bartual, Pepe Gálvez... Siempre insistí en que contáramos con entrevistas originales con autores que estuvieran de actualidad, y pudimos hacerlo gracias sobre todo al trabajo incansable de Óscar Palmer y de Yexus. Óscar entrevistó a Miguel Ángel Martín, Charles Burns, Ralf König, Carlos Giménez, Santiago Sequeiros, Paul Grist y Eddie Campbell. Yexus, a Ramón F. Bachs, Sergio Córdoba, Manel Fontdevila y Albert Monteys y Daniel Torres. Algunas de las entrevistas que realizaron otros colaboradores fueron las de John Romita Jr. (Ray Mescallado) y Lewis Trondheim (servidora).

Los colaboradores de Volumen no fueron sólo los redactores y periodistas que aportaron sus textos, reseñas, noticias y entrevistas, sino también los dibujantes que entregaron sus historietas. Gallardo publicaba una tira patrocinada por la librería madrileña Elektra, y Sergio Córdoba y Bernardo Vergara hacían "En el espacio interior" y "Los Retractilados", respectivamente. Además, unos cuantos dibujantes nos regalaron portadas originales: Bachs, Sergio Córdoba, Sequeiros, Manel y Monteys, Pepo Pérez... Lo de la portada fue una de las originalidades de Volumen. Desde el número 1, en cada entrega teníamos dos portadas. La cosa surgió un poco por casualidad. Para el primer número, que llevaba como reportaje principal un artículo sobre los sesenta años de Batman, queríamos utilizar una ilustración de Alex Ross para No Man's Land. Pero Ross había hecho toda una secuencia a partir de la misma ilustración, y no nos decidíamos por cuál elegir, de modo que al final nos quedamos con dos. Mucha gente no se dio cuenta de que el número 1 de Volumen tenía dos portadas diferentes, pero a partir del segundo eso resultó evidente: Predicador-Bachs, Agujero negro-Star Wars, Sergio Córdoba-Jack Kirby o John Romita Jr.-Carlos Giménez fueron las alternativas que planteamos los meses siguientes.

(Los Retractilados, de Bernardo Vergara, y En el espacio interior, de Sergio Córdoba, en Volumen 1 nº 7)

Volumen 1, número 1, salió a la venta en abril de 1999. Tenía 32 páginas de tripas a color y costaba 275 pesetas. En el número 3, ya habíamos aumentado a 48 páginas. Mi ritmo de vida durante aquellos meses era de locos. Al mismo tiempo, seguía co-dirigiendo con David Muñoz la revista U, que era bimestral y más sesuda (algún día hablaremos de ella) y a pesar de eso, en realidad me ganaba la vida traduciendo. Así no podía durar mucho, de modo que dejé la dirección de Volumen con el número 1 del Volumen 2, en enero de 2000, después de haber completado 10 números. Óscar Palmer, que sin duda había sido el colaborador más importante de la revista, se hizo cargo de la dirección durante cuatro números más, y finalmente el propio Christian editó los dos últimos. Volumen 2 nº 8, la entrega final, se publicaba en septiembre de 2000.

(Portada de Manel Fontdevila y Albert Monteys para Volumen 1 nº 8)

Repasar aquellos números de Volumen es curioso, porque uno se topa con temas recurrentes. Hace diez años, Spiderman "renacía" con nuevos títulos, nuevos autores y un nuevo concepto para darle definitivamente el impulso que llevaba años necesitando; hace diez años, Carlos Giménez "volvía"; hace diez años, el cómic español "se hundía", en aquel caso en la línea Laberinto de Planeta-DeAgostini; hace diez años, Expocómic no levantaba cabeza y era el patito feo de los salones del cómic españoles, pero confiábamos en que fuera mejorando en próximas ediciones...

Aunque, por supuesto, no todo es recurrente. Hace diez años, cuando salía Volumen, también salía U y, por supuesto, Dolmen. Y Nemo, y Yellow Kid, y Dentro de la viñeta, y Trama y no sé cuántas más. Menos el infantigable Dolmen, todas las revistas se extinguieron cuando se les acabó el impulso a sus equipos redaccionales. El ciclo de sucesión generacional en la crítica sobre cómic en España era considerado por entonces algo casi natural. Antes habían estado los Bang, los Tribulete, los Krazy Comics, los Slumberland, y después de nuestros Volumen y nuestros U, vendrían otros.

Pero no vinieron.

Resulta que nunca se ha hablado tanto en los medios sobre cómic como ahora, nunca han tenido una presencia tan continua en los suplementos culturales y las universidades, nunca han conseguido implantarse con tanta fuerza en las librerías generales como hoy. Nunca se han publicado tantos títulos diversos, probablemente. Y no hay ni una sola revista (aparte de Dolmen) que oriente un poco entre tanto título a tanto lector nuevo.

¿Qué ha pasado?

¿Dónde están los que tenían que venir después?

Y por favor, que no me digan que en los blogs, porque yo también tengo un blog. Y no es lo mismo.