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jueves, 9 de abril de 2015

LAS MENINAS EN BARCELONA


El próximo fin de semana se celebra el 33º Salón del Cómic de Barcelona, en el que estaré presente gracias a la invitación de Ficomic como coautor de uno de los cómics nominados a mejor obra española de 2014, Las Meninas, que hice con Javier Olivares. Ambos estaremos firmando en el stand de Astiberri viernes y sábado, en los horarios que veis indicados en este cartel y que repito a continuación:

Viernes 17 de 12:30 a 14:00 y de 17:00 a 18:30.
Sábado 18 de 17:00 a 18:30.

Allí el Conde Duque de Olivares y yo estaremos encantados de dejaros la Cruz de Santiago y alguna otra dedicatoria sobre vuestras copias del libro. Y no hace falta decir que también firmaré gustosamente cualquier copia de El vecino, La tempestad, Fútbol, Beowulf, Tengo hambre, El fin del mundo, Héroes del espacio, La novela gráfica y cualquier otra cosa que pongáis delante y que lleve mi nombre en la portada. ¡Nos vemos en Barcelona!

sábado, 16 de junio de 2012

CARTA DE FICOMIC

Hace unos días, Ficomic envió una carta a numerosos profesionales de la historieta. Yo no sé si la he recibido, porque ahora mismo no resido en mi domicilio habitual, que es a donde podría haberme llegado. Pero algunos de esos profesionales la han hecho circular por las redes sociales, con el entendimiento de que es una carta abierta. Con el entendimiento, también, de que aborda cuestiones que se trataron aquí en el post titulado «Otro Salón», y con una especial atención al llamamiento final de ideas y colaboración, me ha parecido oportuno reproducirla aquí, ya que interesará a todos quienes leyeron aquel post.



martes, 1 de marzo de 2011

¡SALVEMOS LOS PREMIOS!

Juro que con esto cierro el tema y no volveré sobre él, que no me gusta ser cansino y además el asunto no da para tanto. Pero oye, ya que hoy ya no vamos a salvar ninguna ballena, preocupémonos al menos por algo que nos toca de cerca, algo de casa que nos interesa a todos. Porque ahí está el interés de hablar de esta cosa, en que, por más que Ficomic sea una entidad privada, en cierta manera todos nos sentimos representados por ella -y eso es algo que el propio Ficomic promueve- y por tanto los premios son nuestros premios, los premios de todo el mundillo del cómic español. O eso se pretende, aunque parece que desde hace algunos años hay algunas dudas sobre su legitimidad, y este año se han reeditado con el anuncio de las candidaturas. Pero no basta con decir que los premios hay que cambiarlos o modernizarlos o actualizarlos o dármelos todos a mí; hay que ser constructivos y proponer alguna reforma concreta. Y bueno, aunque no es un tema al que yo le hubiera dado muchas vueltas, con todo lo que se ha comentado en Twitter, entre otros sitios, algunas ideas han ido quedando de cómo podríamos hacer unos premios más adecuados a nuestros días. Aquí dejo algunas propuestas para empezar a planteárselo:

1) ¿Quiénes votan? En esta idea ha insistido especialmente Mauro Entrialgo (@Tyrexito) y no cabe duda de que es el primer paso a dar. Ficomic debería hacer público el listado de todos los que han participado en las votaciones y el número de votos recibidos por cada obra, las elegidas y las que se han quedado fuera. Es la única forma de disipar las dudas que siempre rodean a estos premios y de empezar a dotarlos de prestigio.

2) ¿A quién se vota? Y no me refiero solo al acceso a un listado fiable de obras elegibles -existe, pero no está dividido por categorías; por ejemplo, obras españolas y extranjeras, obras que pueden optar a premio revelación, reediciones, etc.-, sino a la falta de claridad de algunos conceptos. ¿Cuántas discusiones y deslices ha habido en los últimos años en la categoría de «autor revelación»? ¿Cuántos fanzines y cuáles cuentan en el historial de los candidatos a esta categoría? Aún más: ¿por qué optan a las categorías españolas obras producidas para el mercado francés o norteamericano y traducidas posteriormente al español, comprando los derechos a la editorial extranjera que las ha financiado? ¿Porque los autores son españoles? Según esa misma lógica, Darío Adanti o Jorge González no podrían optar más que a mejor obra extranjera, y sin embargo las obras que producen aquí son mucho más representativas del cómic español actual que las que se hacen desde nuestro país para Dargaud, Casterman o Marvel. Y antes de que alguien piense que planteo esta cuestión porque soy un autor que publica directamente en España y, lógicamente, un cobarde que quiere que le quiten de enmedio la competencia de sus mejores, aquellos que sí son capaces de trabajar para las grandes editoriales internacionales, diré que por lo que a mí respecta, me parece muy bien que todos sigamos optando en la misma categoría, no tengo ningún inconveniente. Es sólo que no acabo de entender la lógica que hay detrás de este premio, no sé muy bien qué es lo que se quiere recompensar. Y tampoco voy a discutirlo más de lo razonable, porque, al fin y al cabo, si mi propuesta de reforma se hiciera realidad, esta cuestión nacional desaparecería por completo. Véase el punto siguiente:

3) ¿Qué categorías? Ésta es, creo, una de las reformas más urgentes y necesarias. Las categorías que se están premiando ahora mismo se han quedado obsoletas, pertenecen a otro mundo del cómic que ya no es el actual. Para empezar (y ahora enlazo con el punto 2), no deberíamos hacer distinción entre obras nacionales y obras extranjeras. Esta división siempre me ha recordado a la clasificación de anotadores de la Liga ACB: por un lado extranjeros y por otro españoles. Es como si dieras por sentado que los españoles nunca van a poder ser máximos anotadores en general, así que creas una categoría especial donde estén ellos solos y así puedan destacar entre la mediocridad a la que naturalmente aspiran. No, señores, los tebeos son tebeos, y no tiene sentido valorar su calidad por nacionalidades. Lo bueno es bueno, sea de aquí o sea de Francia, Japón o Mozambique. Y lo malo no va a ser menos malo porque sea una producción nacional que destaca sobre otras cosas aún peores. Si queremos tomarnos en serio, vamos a medirnos unos con otros con la misma vara, y punto. Pero aún más graves son los artificiales premios de «Mejor Guión» y «Mejor Dibujo», que son una herencia del modelo de producción en cadena norteamericano (en especial) y de la gran industria tradicional (en general), pero que no se corresponden con el modelo de producción dominante entre los historietistas que trabajan en nuestro país, sean autores de El Jueves o de novela gráfica. Creo que los premios han de reconocer principalmente los usos y modelos del país en el que se otorgan, y que no tiene sentido hacer una pobre traslación de los Eisner o los Harvey a nuestro cómic. Mucho más cercano a nuestra realidad, sobre todo hoy en día, es el modelo de Angulema donde se elige una serie de obras según diferentes criterios, obras que se pasean ante los medios como las destacadas entre la oferta anual. No me he planteado exactamente qué nombres habría que dar a esos cómics destacados del año, pero me parece que unos premios tipo «Patrimonio» (a una reedición excepcional), «Juvenil» (a un cómic para chavales), «Revelación» (a autores por debajo de determinada edad, sin otro tipo de condicionantes dudosos), «Documento» (cómic basado en la realidad), etc., etc. (repito, sería cuestión de discutir cómo concretarlos) podrían dar una visión panorámica de quince o veinte títulos que mereciesen ser reconocidos por los medios y el público como la selección de lo mejor del año. Y, por otra parte, ¿según qué criterio de calidad objetiva podemos juzgar si es mejor una reedición como Los 12 trabajos de Hércules de Calatayud, una novela gráfica nacional como El invierno del dibujante de Roca o una gran serie internacional como Blacksad de Díaz Canales y Guarnido? Cada una ocupa su propio espacio y define sus propias características. Al fin y al cabo, es con una intención de promoción y de prestigio con la que se otorgan los premios, y quizás esa promoción y ese prestigio sean más útiles si se diseminan entre una diversidad de obras que no compitan, sino que cooperen en dibujar un mapa más completo del cómic actual. Aunque, por supuesto, siempre habría que elegir una Obra del Año, porque necesitamos ese cierre contundente y porque los medios lo necesitan, pero esa Obra del Año -española o extranjera, repito, daría lo mismo- iría acompañada de un variado séquito de obras muy recomendables. De aquí y de fuera, insisto, tanto da. Lo único que importa es que en el año dado se hayan publicado en España.

4) Categorías secundarias. Aunque lo principal es elegir a los mejores tebeos del año, hay una serie de reconocimientos alrededor de la pista central que también hay que cuidar. Urge crear ya un premio al mejor webcómic, o, a estas alturas, ya casi sería más apropiado al mejor cómic digital. La razón por la que no considero al cómic digital como competidor por los premios generales es que creo firmemente en el valor material del cómic, y por tanto considero que el cómic digital es un medio distinto del cómic tradicional, como la fotografía digital es algo distinto de la fotografía convencional. Un medio directamente emparentado, pero distinto, ni mejor ni peor, y al que ya va siendo hora de reconocer. Igualmente, la categoría en la que soy candidato este año -divulgación- se beneficiaría de una mayor precisión: ¿compiten autores de obras teóricas con periodistas y animadores culturales? ¿Cómo se puede comparar el trabajo de uno con el de otros? La dimensión cultural del cómic cada vez tiene más facetas: exposiciones, ensayos, investigación, prensa, festivales, catalogación. Todos están juntos, pero no deberían estar revueltos.

Termino: no hay que volverse loco con los premios. Tienen el valor que tienen, y autores como el mismo Mauro Entrialgo (ya que le he citado antes) han podido hacer una larguísima y brillante carrera, con ventas envidiables y el máximo prestigio, sin necesidad de llevarse ninguno de esos premios. Pero no por eso podemos despreciar su valor. Tal vez tengan poca repercusión mediática, pero hasta el momento, los premios de Barcelona están determinando quién gana el Premio Nacional del Cómic, y ese ya es otra cosa: otorga prestigio, otorga fama y otorga ventas. Podríamos decir que todo gran premio conlleva una gran responsabilidad.

Y yo, repito, hasta aquí he llegado. El tema no me da para más y no voy a alargarlo hasta la extenuación. Hoy ha sido el día de los premios y ya está, se acabó. Nos volveremos a ver el 15 de abril, felicitaremos a los ganadores y nos beberemos unas copas para celebrar o para consolarnos. Mañana, de momento, toca seguir con lo mismo: haciendo tebeos, leyendo tebeos, escribiendo sobre tebeos. Como cada día. Como cada puto día, gracias a Dios.

Rectificación: Me corrige el propio Mauro Entrialgo, avisándome de que en realidad sí que ganó uno de dichos premios, precisamente el premio al autor revelación en 1994.

OTROS PREMIOS

Solo unas palabras de desahogo, y sin demasiada reflexión detrás, pero con el valor testimonial de lo urgente, sobre las otras nominaciones a los premios del Salón del Cómic de Barcelona (que nos importan y son tema de discusión porque son nuestros premios). En primer lugar, los otros nominados en la categoría a la que opto yo me parecen incuestionables: Yexus lleva años escribiendo sobre cómics no sólo en su ámbito local, sino en prácticamente todas las revistas especializadas que han existido en España desde hace mucho tiempo; Borja Crespo es el gran animador del cotarro nacional con sus salones y actividades incontables, además de su trabajo periodístico; y Pedro Porcel ha sacado este año un libro, Tragados por el abismo, que hacía mucha falta en nuestro país y que ya es referencia obligada en nuestra bibliografía sobre cómics. Hay otros que podrían haber sido seleccionados con el mismo mérito, como los componentes de Tebeosfera, o Pepo Pérez, por ejemplo, pero no se puede poner pegas a esos tres que han salido finalmente elegidos.

Y una vez que ha quedado eso claro, vamos con otro par de detalles: mi opinión sobre las candidaturas «nacionales» se la puede imaginar cualquiera que haya leído lo que acababa de escribir al respecto en una entrada de este blog de ayer mismo. Está claro que lo que pienso yo y lo que piensan los profesionales del cómic en España son cosas que van por caminos separados. Lo cual, dicho sea de paso, me parece perfecto y saludable.

Ahora bien: lo de la candidatura a los premios a mejor obra extranjera me parece de escándalo. Da la casualidad de que 2010 ha sido un año agraciado en nuestro país con la publicación de un puñadito de obras excepcionales. No buenas ni soberbias, sino excepcionales, de las que no se encuentra uno todos los años. Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco, no es que pueda ser el mejor tebeo del año, es que probablemente es uno de los mejores tebeos de los 25 últimos años en todo el mundo. Y ni siquiera está nominado. Shigeru Mizuki ha sido el gran descubrimiento de estos últimos tiempos, con dos libros monumentales: NonNonba y Operación Muerte. Y ni siquiera está nominado. Y de Eddie Campbell por fin nos ha llegado Alec, que es una de las cosas más abrumadoras que se han publicado en el cómic contemporáneo. Y ni siquiera está nominado.

Por supuesto que esto es sólo mi opinión, por eso la digo yo. Pero oye, estamos hablando de obras tan extraordinarias que uno pensaría que su valor es difícilmente discutible, y estos premios los eligen los profesionales, no el público. O sea, que me quedo preguntándome: ¿qué leen los profesionales del cómic en España? Desde luego, me queda claro que mandorla, no.

LA LABOR TEÓRICA

Gracias desde aquí a todos los que con sus votos han permitido que este año vaya invitado a Barcelona como nominado a uno de los premios del Salón del Cómic. Optaré, al igual que Pedro Porcel, Yexus y Borja Crespo, al premio a la divulgación, o lo que es lo mismo, a un premio por mi trabajo como teórico y supongo que (implícitamente) por La novela gráfica. El año pasado estuve nominado como autor por El Vecino 3, la obra que hago junto a Pepo Pérez. Aunque no sea muy habitual, no es la primera vez que una misma persona recibe nominaciones como creador y como teórico. Ahí está el caso del propio Pepo, que acumuló ambas distinciones en la misma edición, la anterior (y que igualmente habría merecido ser candidato este año). Sólo quiero aprovechar esta circunstancia para decir una cosa: yo no distingo entre un trabajo y el otro. Para mí, escribir es escribir, y tanto tiene de teórico el trabajo creativo como de creativo el teórico. No concibo la reflexión sin la práctica ni la práctica sin la reflexión. La una alimenta a la otra, si es que llegamos a pensar que se pueden separar. Por eso, si el año pasado escribí que estaba eufórico cuando me enteré de que estaba nominado por El Vecino 3, este año estoy igualmente entusiasmado. Termino como empezaba: muchas gracias a todos por el apoyo.

martes, 25 de enero de 2011

LA MEJOR PELÍCULA


«La mejor película basada en un cómic 2010» es la nueva categoría que ha incluido Ficomic en los premios del Salón del Cómic de este año. Me ha pillado completamente por sorpresa, la verdad. La descripción del premio dice: «Premio en reconocimiento al mejor largometraje nacional o internacional basado en un cómic o que el cómic sea su protagonista estrenado en salas comerciales españolas a lo largo del año 2010. Con este galardón se quiere premiar la creciente vinculación del cine con el cómic».

Curioso, ¿no?