jueves, 1 de octubre de 2009

EL VUELO DE LA MEMORIA




Decía al escribir sobre Santo Cristo que la memoria no se ha practicado en demasía en el cómic español. Creo que los españoles somos (todavía) demasiado pudorosos para desnudarnos en público sin artificios. Si bien Santo Cristo está hecho de la materia de los recuerdos, es cierto que están ficcionalizados, poniendo una distancia -aunque sea un velo traslúcido- entre el narrador y la obra. Un paso más allá de esa ficcionalización de los recuerdos está El arte de volar (Edicions de Ponent, 2009), de Antonio Altarriba y Kim, que intenta contar lo que pasó con la máxima fidelidad. Pero no lo que le pasó al narrador, sino a su padre.

Antonio Altarriba, el guionista, adopta la voz de su propio padre para contarnos su vida, y esa pirueta narrativa es un acierto porque así conserva el acento singular del protagonista de la obra, como ocurría en Un largo silencio, aquella colaboración entre Miguel Gallardo y su padre Francisco (de la cual, por cierto, me parece increíble que siga existiendo sólo la edición original de 1997; así perdemos nuestros tebeos fundamentales de los últimos años y nuestra propia memoria; fin de la digresión). No es la única coincidencia entre Un largo silencio y El arte de volar. Ambos son tebeos en los que el hijo historietista intenta reconstruir las vivencias del padre derrotado en la guerra civil española, a la que sin embargo sobrevivió físicamente, si no espiritualmente. El modelo lejano para este tipo de empresas sería, obviamente, el Maus de Art Spiegelman, lo que es tanto como decir que se trata de una empresa muy ambiciosa y que sólo deben intentar historietas de gran talento y madurez, como es el caso que nos ocupa.

La historia del padre de Altarriba es la historia de la quiebra de los ideales. Antes de la derrota a manos de Franco, está la derrota de la revolución a manos de los propios revolucionarios. Después, viene la supervivencia del niño convertido en hombre en un solo episodio violento, y ahora perdido en un mundo donde no hay más hogar que el hogar ocupado, y al que, a pesar de todo, no queda más remedio que volver. Así, se produce el viaje de la Historia a la microhistoria, de la patria a la familia, de los ideales a los materiales. Y luego, a la nada.

El dibujo de Kim resulta sorprendentemente apropiado para El arte de volar. A pesar de sus (lejanas) raíces underground, a lo que más recuerda es al tebeo comercial español de los años 50. El choque entre ese estilo minuciosamente descriptivo y ortodoxo y la temática contemporánea que trata hace que miremos el relato con ojos actuales desde un punto de vista tradicional, y eso refuerza la sensación de que lo que estamos leyendo es una revisión de la historia desde hoy; es decir, que lo que realmente estamos viendo no es la historia del padre, sino el intento del hijo por entender la historia del padre, por ponerse en su lugar. Y eso se logra a través de las herramientas que brinda la tradición de la historieta local, la que dibujó el ocio de los españoles durante las décadas cruciales de esta narración. Kim nos redescubre que el underground, al fin y al cabo, aquí como en Estados Unidos, hunde sus raíces en los tebeos comerciales de siempre, es más una revisión que una ruptura. Como esta historia misma.

Dice Antonio Martín en el prólogo que "por vez primera, según mi conocimiento de la historia del cómic español, esta obra se dirige deliberada y definitivamente, de forma exclusiva, a un público maduro mentalmente, a unos lectores que no leen por simple entretenimiento, con una historia que tiene la dimensión y la textura de una novela". Puede sonar chocante, pero creo que en gran medida tiene razón. El arte de volar está hecho sin concesiones de ningún tipo, y podría ser, en efecto, la primera verdadera novela gráfica adulta española. Sus páginas tienen un aire fundacional. Pero que esa promesa se cumpla ya no depende del trabajo que han hecho Antonio Altarriba y Kim, depende de que los demás aprendamos también a volar. Ellos han hecho su parte.

QUÉ BONITO ES BADALONA




Segundo tebeo español de los últimos meses que me ha gustado mucho: Santo Cristo (Glénat, 2009), de Tyto Alba, Mario Torrecillas y Pablo H. Una historia de iniciación, una memoria de la infancia en un barrio periférico badalonés de inmigrantes durante los años 70. El colegio, los amigotes, el primer (y frustrado) amor, las primeras pajas, los primeros embarazos no deseados, la educación religiosa y sus consecuencias... Y la asfixia como combustible para salir corriendo y ver el mundo y, una vez que se ha visto el mundo, volver la vista hacia ese mundo interior de la memoria y hacer las paces con todo aquello.

Por mucho que lo hayamos visto antes en novelas y películas, la memoria no es un género que se haya practicado tanto en el cómic español, y mucho menos con el nivel de verosimilitud con el que se transmiten las sensaciones y los recuerdos en Santo Cristo. En ocasiones parece que, más que estar leyendo el tebeo, lo estuviéramos oliendo o sintiendo. Y es que ya se sabe que una historia vieja es nueva si quien te la cuenta te la sabe contar como es debido. Si en el caso de Endurance decía que Luis Bustos plantea una modernidad clásica, como de los 70, Santo Cristo se sitúa en la encrucijada de las tendencias de ahora mismo, y ahí reside buena parte de su éxito, en el lenguaje tan de finales de los 2000 con que cuenta las experiencias de hace veinte, treinta años. Al igual que en Endurance, en Santo Cristo el entorno tiene una importancia fundamental, pero el entorno es completamente opuesto al de Endurance. En lugar de la naturaleza salvaje e incontrolada, son los regulados bloques de hormigón de las viviendas populares. Las viñetas que sólo muestran esquinas, rincones, tapias, vallas, ángulos rectos, líneas inquebrantables, son como la mirada de reojo que lanza el reo sobre su prisión. El estilo manga internacional del dibujante mexicano Pablo Hernández, que de alguna forma incomprensible recrea con una exactitud pavorosa no sólo lo visible, sino también lo invisible de la España de los 70-80, está lleno de hallazgos. Uno de los que más me ha fascinado ha sido la fantástica rotulación, todo un logro en una época en la que cada vez más las editoriales tienden a preferir rotulaciones mecánicas estandarizadas para facilitar la posible traslación a otros idiomas.

Aunque, ahora que lo pienso, ¿qué puede ser más adecuado que un dibujante extranjero, un inmigrante artístico, haya dibujado este tebeo charnego? Al fin y al cabo, cuando volvemos al pasado, todos somos extraños.

LA GRAN AVENTURA




Tengo la sensación de que cada vez se publican más tebeos españoles que me interesan de verdad. Aunque el retraso endémico nacional que sufrimos en todas las áreas también se extiende a las viñetas, poco a poco vamos recuperando el terreno perdido y empezamos a presentar títulos que entrarían en nuestras listas de "los mejores tebeos del año", y no, como hasta hace poco era frecuente, de "los mejores tebeos nacionales del año". Voy a comentar tres de los cómics españoles que más me han gustado de los que he leído durante los últimos meses (sobre el cuarto ya escribí hace algunas fechas) y voy a hacerlo sin muletas, porque me han gustado tanto como cualquier tebeo extranjero que haya leído.

Endurance (Planeta DeAgostini, 2009), de Luis Bustos, es una novela gráfica en blanco y negro que pertenece a la nueva incursión de la gran editorial barcelonesa en la edición de cómics de producción propia, como el Héroes del espacio que hemos firmado Javier Peinado y yo. Conozco a Luis desde hace muchos años -hemos compartido fatigas en U, Volumen y Más libros, entre otras- y, a pesar de eso, este libro me ha sorprendido. Luis es un dibujante de un talento enorme que había demostrado gran facilidad para el humor en tramos cortos. Una de las mejores muestras de sus habilidades cómicas se puede encontrar en Zorgo, una serie protagonizada por un patoso supervillano y su ayudante Manolito, que se publicó originalmente en la revista juvenil Mister K, de El Jueves, y de la que Dibbuks ha sacado un álbum recopilatorio de lo más recomendable (y el segundo está al caer, sumando páginas que ahora se publican en la revista El Manglar).

Pero entre montar un gag de una página y levantar una novela gráfica de casi 200 hay la misma diferencia que entre hacer una caseta en el árbol y construir las pirámides de Egipto. Sí, lo uno y lo otro es hacer tebeos, pero son cosas muy distintas, y cada una requiere su sensibilidad. A pesar de sus años de experiencia, Luis era un novato en el tipo de trabajo que requería Endurance.

Él mismo ha declarado que la inspiración le vino al visitar una exposición itinerante sobre la expedición a la Antártida de Ernest Shackleton en 1914, que ha recorrido varias ciudades españolas durante el último año. La expedición forma parte de la mitología de la gran aventura, a la que sirve de epílogo. La labor pedía más un tratamiento épico que la caricatura fácil que era el sello de Bustos.

Luis ha respondido al desafío acudiendo a dos fuentes de inspiración clásicas, pero con las que se sentía cómodo: Kirby y Tezuka. Ahí es nada. Palabras mayores y riesgo evidente, pues los astros de tal tamaño a menudo tienen el peligro de atraer con una fuerza de gravedad tan potente que hacen que sus satélites se estrellen en el desierto de la imitación. Luis salva el peligro porque tiene interiorizados de una forma tan natural a ambos maestros que no necesita imitarlos: simplemente los incorpora a su propia personalidad. De Kirby lo más evidente es el volumen ciclópeo de sus personajes, el peso que tienen y que los convierte en piedras capaces de resistir la erosión de los vientos árticos. De Tezuka está un diseño de página amorfo y dúctil, y el descaro para contar sucesos grandes a lo grande. De ambos maestros llega a Endurance esa capacidad para acometer la empresa sin timidez, para dejarse arrastrar por lo enorme y lo arrollador y lo brutal sin pedir disculpas. Y esto es muy importante para hacer grande a Endurance, porque Endurance no triunfa por ser un trabajo fino, sino por ser un trabajo osado.

La potencia de Endurance no llega del guión, que podríamos considerar casi parco y amorfo, sino de la puesta en página y del dibujo. La primera tiene una modernidad clásica; es decir, es rompedora y juguetona al estilo de las páginas innovadoras de los años 70 -como las del mismo Tezuka- más que al estilo de ahora mismo. Si en la historia lo importante no son los personajes, sino el ambiente, el entorno sobrecogedor, en el tebeo ese entorno sobrecogedor es la página y las viñetas cambiantes y amenazadoras. De un simple vistazo, comprendemos que para los pequeños personajes que transitan por ellas, negociar el camino a través de esas viñetas ariscas, oblicuas, ondulantes y disueltas es una verdadera aventura gráfica. Si los personajes no se pierden y naufragan en ese temporal de viñetas embravecidas es porque son personajes muy sólidos, y me refiero a muy sólidamente dibujados. Creo que he visto todo lo que ha dibujado Luis Bustos en su carrera, y esto es lo mejor que ha dibujado nunca. Y es la cualidad inherente al dibujo la que confiere a los personajes un valor que un guión meticulosamente convencional nunca habría podido darles.

Finalmente, al terminar el libro no sé si habré aprendido mucho sobre la expedición de Shackleton, pero sí tengo la sensación de haber vivido una experiencia intensa, más intensa cuanto más desesperada es la situación de los expedicionarios, y sé que no es fácil transmitir eso hasta la página final, y sé que es muy difícil transmitir toda ese energía y desesperación a través de cuatro trazos de tinta (bueno, y unas tramas grises excepcionalmente aplicadas). Es muy difícil hacer un tebeo que resulte tan abrumadoramente físico. Y Luis lo ha logrado como lo lograban los grandes, como Kirby o Tezuka.

El día 9 de octubre hay una sesión de firmas de Endurance en Universal (Barcelona).



Es inevitable terminar esta entrada citando esta canción del grupo favorito de todos los tiempos de Luis, que imagino le habrá amenizado las largas horas dedicadas a dibujar esta novela gráfica:



miércoles, 30 de septiembre de 2009

CLÁSICOS (DEMASIADO) MODERNOS

En The Watcher and the Tower escriben sobre la colección de Clásicos en cómic de SM donde Javier Olivares y yo acabamos de publicar El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde y plantean varias cuestiones interesantes: la validez del cómic como estación intermedia en la educación lectora de los niños, la oportunidad de las adaptaciones de historias literarias a otros medios y, ya en una reflexión concreta sobre el trabajo que hemos realizado Javier y yo, y también David Rubín en El monte de las ánimas, algunas observaciones como la siguiente:

"Porque tanto Jekyll y Hyde como El monte de las ánimas me han gustado bastante, pero sobre todo el primero me crea ciertas dudas al respecto. Es un buen cómic, pero no para ser el primer cómic de un chaval. Tiene composiciones de páginas excesivamente experimentales, transiciones de viñetas poco claras —de las que hay que seguir de una página a otra y luego volver a la segunda fila de la anterior—, metáforas visuales que no sé yo si se captarán —“Hyde hizo algo muy malo”; y se ve una tumba… sí, es evidente, pero ¿para un chaval de once o doce años también lo es?—, y en general un uso del lenguaje del cómic que es para iniciados."

UNA ENTREVISTA CON LA NOVELA GRÁFICA



En el último número de El Estafador, Juanjo Sáez publica una entrevista con la novela gráfica. Hay más comentarios viñeteros sobre la posición cultural del cómic a cargo de Javirroyo, Pepo Pérez, Liniers, Tute y Susipop.


lunes, 28 de septiembre de 2009

EL OTRO LADO DEL VECINO


Del Vecino 3, concretamente. Pepo Pérez ha publicado en su blog Es muy de cómic la portada de nuestro próximo libro, El Vecino 3 (Astiberri), y yo aprovecho para rematar la jugada y publicar aquí la contraportada. Los materiales están muy cerquita de salir para la imprenta, y apenas a unas semanas de llegar a las tiendas. No puedo hablar por Pepo, pero por mi parte es el libro del que estoy más orgulloso, y el trabajo que ha hecho mi socio es sencillamente abrumador. Lo digo con el corazón en la mano (macabra metáfora, cierto): pocos dibujantes habrá ahora mismo en España capaces de dibujar lo que ha dibujado él en El Vecino 3. Seguiremos hablando de V3 en próximas fechas.

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL REY DE LOS ESPACIOS GRISES


Una de las preguntas que más les hacen a los escritores y los guionistas es: "¿De dónde salen las ideas?" Sobre todo, es una pregunta frecuente en aspirantes a escritores y guionistas, que tal vez harían mejor en preguntarse qué hay que hacer con las ideas una vez que uno las tiene, ya que probablemente la confusión entre "tener una idea" y "tener una historia" es una de las que ha dado lugar a más amargas decepciones en la carrera de las letras (con o sin imágenes).

No es, sin embargo, mi intención contestar aquí a esa pregunta (pero podría hacerlo en un futuro, porque es un tema que tiene su interés), sino sacar a la luz la fuente de una de las ideas que hay detrás de Héroes del espacio. Hace poco, José Antonio Serrano nos entrevistaba a Javier Peinado y a mí sobre nuestra nueva serie, y en respuesta a una de las preguntas hice un breve listado de algunas influencias, creo que bastante obvias: Roco Vargas, Sky Masters, Twin Earths, Tomorrowland... Pero luego, pensando en el tema, y también tras conversar con algunos de los amigos que se acercaron a la presentación del libro en Generación-X, me di cuenta de que podían ir saliendo otros nombres, como Starship Troopers (1997), de Paul Verhoeven, una película que siempre me ha gustado muchísimo. Incluso me mencionaron la reciente serie de televisión Battlestar Galactica, que vi completa este verano, con Héroes del espacio ya entregado a imprenta. No lo niego, pudiera ser una influencia retroactiva. O una influencia añadida a próximos episodios de la saga.

El caso es que, aunque todo esto llega de una forma u otra hasta Héroes del espacio, porque, en definitivas cuentas, es muy difícil que no llegue algo de todo lo que vemos, leemos y vivimos hasta las cosas que escribimos y dibujamos, mencionar esta amalgama de títulos sólo sirve para describir un aluvión amorfo de materiales dispersos que desembocan de forma residual en la página final. El tejido descompuesto de todas esas obras fermenta las viñetas, pero ninguna de ellas es realmente la chispa que la ha prendido.

Y entonces me acordé de "¡El rey de los espacios grises!".

Si hay algo que me haya servido de inspiración directa para Héroes del espacio, probablemente sea esta historieta de ocho páginas publicada originalmente en Weird Fantasy #19 (mayo-junio 1953, EC). Con guión de Al Feldstein y dibujos de John Severin y Bill Elder, adaptaba un cuento de Bradbury, y yo la traduje para la edición española de Planeta-DeAgostini de hace algunos años.

"King of the Grey Spaces!" es la típica historia de fantasía sentimental de Brabdury, más introspectiva y emotiva que científica. Casi carece de argumento, y podríamos decir que su única intención es mostrar un estado de ánimo, un momento en la biografía espiritual de una persona, justo el momento en que está a punto de cumplir un rito de paso y convertirse en adulto dejando atrás la infancia. Sé que parece absurdo, pero pienso en esta pequeña historieta de ciencia-ficción y me acuerdo de El bello verano, de Pavese.

En la historieta de EC hay un cuerpo de aviación galáctico que recluta a sus miembros entre muchachos en edad escolar, seleccionándolos rigurosamente y sin que ellos mismos puedan presentarse como candidatos a la plaza, ya que todo el proceso está envuelto en el secreto. Dos amigos anhelan viajar a las estrellas y uno lo conseguirá. Uno de ellos vive en un orfanato, el otro sólo tiene a su madre. Todo esto aparece de forma más o menos visible en Héroes del espacio, pero no es lo más importante. Lo que me sirvió de inspiración para Héroes del espacio es menos obvio que todo esto, es la sensación de irreprimible melancolía, y a la vez de excitación incontrolable, que se siente al abandonar el hogar y encaminarse hacia un futuro desconocido y propio, hacia la vida. La penúltima viñeta de "¡El rey de los espacios grises!", con el oficial espacial indicando el camino a seguir al niño elegido, en un pasillo neutro y oscuro, casi arquetípico, al final del cual se eleva el rectángulo amarillo de la luz del porvenir, es genuinamente emocionante... y ahí se acaba todo, por supuesto, en el umbral.

Quiero decir, pues, que lo que me proporcionó "¡El rey de los espacios grises!" fue algo que considero fundamental para cualquier historia: el centro emocional de Héroes del espacio. Ese sentimiento íntimo y profundo, ese sentimiento del recluta espacial adolescente, que es simplemente un sentimiento que todos hemos vivido en un momento dorado de nuestra juventud sin necesidad de levantar los pies de la Tierra, tenía que ser el eje sobre el que girasen los protagonistas de nuestra saga, tenía que ser el sentimiento que nunca se olvidara, el sentimiento al que volver siempre, cuando estuvieran perdidos en sus aventuras espaciales. Ese sentimiento tenía que ser nuestro hogar.










sábado, 26 de septiembre de 2009

HÉROES EN ZONA NEGATIVA

En la sección Píldoras Nacionales de Zona Negativa, escrita por Toni Boix, Fernando Tarancón recomienda Héroes del espacio 1. La puerta del cielo.

Me he alegrado especialmente de que Héroes le haya gustado a Fernando porque él es un personaje fundamental en mi carrera como guionista. Librero responsable de la fastuosa tienda Joker de Bilbao y uno de los editores de Astiberri, Fernando apostó con una confianza absoluta por El Vecino desde el primer momento. En el caso de Héroes del espacio, un título que no ha publicado Astiberri, la influencia de Fernando se puede considerar incluso mayor. Fue él quien nos puso en contacto a Javier Peinado y a mí, y de ahí surgió primero La tempestad, publicada por Astiberri, y ahora Héroes, que ha sacado Planeta-DeAgostini. Sin esa labor del editor que pone en contacto a un guionista y un dibujante que no se conocen, Javier y yo probablemente nunca hubiéramos trabajado juntos. Y es que un editor, cuando sabe hacer de editor, es algo muy bueno y muy necesario.

viernes, 25 de septiembre de 2009

NUKLEARES MORGENGRAUEN




Ahora que está en las librerías el último trabajo que hemos hecho juntos Javier Olivares y yo, El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde (SM), he querido recuperar nuestra primera colaboración. Y la verdad es que me he dado cuenta de que para rastrear los orígenes de nuestras historietas juntos, hay que seguir un camino tortuoso. Nuestras primeras páginas a cuatro manos son las de Beowulf, que permanecen inéditas hasta el momento. De modo que, puestos a buscar nuestras primeras páginas a cuatro manos publicadas, resulta que me encuentro con que también están inéditas... en español. Amanecer nuclear apareció en el nº 74 de la revista Strapazin, de marzo de 2004. Allí llevaba el título Nukleares Morgengrauen. Aquel número de la revista germanoparlante estaba dedicado al cómic español, y detrás de una portada de Max estábamos no sólo Javier y yo, sino también Martí, Keko, Darío Adanti, Linhart, Miguel Núñez, Santiago Sequeiros y Gabi Beltrán, contextualizados todos por un ensayo de Óscar Palmer. Si no me equivoco, hasta el día de hoy Amanecer nuclear no ha visto la luz en su idioma original.

Sobre la Amanecer nuclear, debo decir dos cosas: la primera, que estaba inspirada por una historia de Oliver Sacks, "El caso del pintor ciego al color". La segunda, que con lo que me gustan los personajes que dibuja Javier O., no se me ocurre otra idea más feliz que pedirle que no dibuje ninguno en cuatro páginas. ¡No te merezco, Javier!

De Beowulf hablaremos otro día...

HOY EN RADIO CÍRCULO

Christian Osuna ha tenido la amabilidad de invitarme a su programa La guía del cómic, que se emite en Radio Círculo hoy viernes de 19.00 a 20.00 horas. Radio Círculo se puede escuchar en el 100.4 FM de Madrid, o a través de internet en cualquier territorio. Hablaremos de Héroes del espacio, Doctor Jekyll y Mister Hyde, y del próximo Vecino 3. Christian me ha dicho que también quiere aprovechar para recordar la figura de Juan Antonio Ramírez, cosa que a mí me hace mucha ilusión.

Como también me hace ilusión este reencuentro con Christian, con quien compartí uno de los proyectos más interesantes de mi vida profesional, el lanzamiento de la revista de actualidad comiquera Volumen, que él editó y yo dirigí en su primera etapa. Precisamente el pasado abril se cumplieron diez años de la aparición del número uno de Volumen. Cómo pasa el tiempo, señor Osuna.

jueves, 24 de septiembre de 2009

PRIMEROS TITANES



Estos días que Pepo Pérez y yo andamos ultimando los detalles finales de El Vecino 3 antes de entregarlos a Astiberri, he andado revisando materiales antiguos, y eso me ha llevado a reencontrarme con algunos de los primeros dibujos que hizo Pepo, probablemente allá por el 2002 ó el 2003, cuando estábamos concibiendo la serie y sus personajes. Esos bocetos ejercieron sobre mí una fascinación inmediata y, desde luego, hicieron que en mi imaginación surgiese todo un mundo perfectamente configurado en lo visual, que es algo fundamental cuando quieres concebir un relato en cómic. Hasta el día de hoy, cada vez que veo estos dibujos sigo viendo en ellos la quintaesencia del Vecino, como si en ellos estuviera contenido todo lo que es y todo lo que puede ser. No estoy seguro de si habían aparecido ya en algún sitio, pero ahora que está a punto de publicarse lo último del Vecino, me parece oportuno recordar también lo primero.



miércoles, 23 de septiembre de 2009

UNA AUTOBIOGRAFÍA INTELECTUAL

"Cuando el profesor Diego Angulo, director entonces del Instituto Diego Velázquez del CSIC, intentó disuadirme de mi intención de estudiar los tebeos y me propuso, como (un buen) ejemplo, dedicar mis energías intelectuales a "un escultor bueno, castellano, del siglo XVI", yo me reafirmé en mi propia decisión. Aquel consejo benevolente (y los de otros compañeros y amigos, en una línea parecida) emanaba, para mí, de la caverna apolillada de la dictadura. Nunca sabré si me equivoqué al elegir una ruptura tan radical con las orientaciones de mis antiguos profesores, pero sí está claro que el tema de la tesis determinó decisivamente mi futuro intelectual.

"Y no me refiero ahora a los asuntos estratégicos relacionados con la promoción profesional, pues nadie preveía entonces que pudiera haber algún futuro en la universidad española (y menos aún en aquel Instituto Diego Velázquez del CSIC dominado por Diego Angulo) para alguien que se "suicidaba" eligiendo los cómics del franquismo como investigación doctoral. Pienso en algo más sutil: los tebeos me obligaron a cambiar la manera de entender todo el arte. Se trataba de una producción iconográfica gigantesca desde el punto de vista cuantitativo y eso solamente hacía inevitable el replanteamiento de algunas cuestiones que afectaban a otras producciones iconográficas del pasado. ¿Cómo han funcionado las imágenes en el seno de la vida social?"

Juan Antonio Ramírez.

En 2008, JAR publicó en el Boletín de Arte nº 29 de la Universidad de Málaga un texto en el que hacía repaso de su propia trayectoria intelectual. Se puede leer completo en la red gracias a contraindicaciones.

RIUSCITE A SENTIRMI TUTTI?


Me acaban de llegar ejemplares de Héroes del espacio 1. La puerta del cielo, y también de Eroi dello Spazio 1. La porta del cielo. Qué curioso es ver a tus personajes hablando en italiano...

martes, 22 de septiembre de 2009

LA TRADICIÓN ESPACIAL


En el abrumador blog de Joan Navarro descubro esta página de El aventurero del espacio (Martínez, en La Risa, 1956, según indica el propio Joan), que me hace pensar inmediatamente en Héroes del espacio. Si lo que estuviéramos haciendo Javier Peinado y yo fuera mantener esta venerable tradición de aventuras espaciales, sólo con eso ya me sentiría orgulloso. Supongo que, además del parentesco de familia, lo que me ha hecho evocar Héroes del espacio ha sido el propio título de la serie, y aprovecho la excusa para anunciar que el título es invención de Javi. Durante mucho tiempo trabajamos sobre el título de Cadetes estelares o Cadetes del espacio, pero finalmente decidimos tirar por otro lado. Yo ya estaba dispuesto a llamar a la serie algo así como Pilotos del espacio cuando Javier tuvo la ocurrencia de poner lo de Héroes, que me gustó por lo rotundo, porque tenía cierto aire clásico (por decirlo claro, como si hubiera podido dibujarlo Martínez en La Risa hacia 1956) y porque, al fin y al cabo, encajaba de pleno con el tema del álbum. Diría que incluso me ayudó a clarificar el tema del álbum.

Tengo la sospecha de que esta página de El aventurero del espacio le ha molado a Javi tanto como a mí.

DOCTOR OLIVARES Y SEÑOR GARCÍA

José Antonio Serrano ha publicado una entrevista con Javier Olivares y conmigo en Guía del Cómic. Como todos los trabajos de José Antonio, es minucioso y está profusamente ilustrado, y es muy recomendado para todos aquellos que quieran saber algo más sobre nuestra versión de El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

EL CABALLERO DE SETH

La edición de Gentleman Jim que manejé para su traducción era la reciente de Drawn & Quarterly, que incluía una introducción de Seth que al final se quedó fuera de la edición española. Ya que el trabajo de traducirla ya está hecho, me ha parecido oportuno recuperarla aquí como complemento al comentario sobre la obra que hacía ayer:

"No es habitual que un artista pueda ser un innovador, adelantado a la mayoría, y que haya sido capaz de haber producido una impresionante lista de novelas en cómic, y sin embargo que se le pase por alto cuando se habla de “la novela gráfica”. Sin embargo, tal es el caso de Raymond Briggs. Lamentablemente, su nombre no sale tan a menudo como debería.

No me malinterpreten, no es que sea un desconocido o esté minusvalorado. Briggs es un artista respetado y galardonado, y puede que sea uno de los historietistas de mayor éxito que hay en el mundo, con más de tres millones de libros vendidos. Sin embargo, pocas personas le ven como un historietista per se. Es la vieja historia de las etiquetas. Empezó como autor de libros infantiles, y la etiqueta se le ha quedado pegada.

A menudo se considera Contrato con Dios, de Will Eisner, publicado en 1978, como la primera novela gráfica oficial (ignorando el hecho de que en realidad se trata de una colección de historias cortas y no de una “novela” en absoluto). ¿Por qué nadie ha observado nunca que The Snowman, de Briggs, que salió el mismo año, es una candidata mucho mejor para ese título? De hecho, Briggs había publicado dos “novelas gráficas” de larga extensión y autocontenidas varios años antes: Father Christmas y Father Christmas Goes On Holidays. El hecho de que fueran escritas para niños no debe eliminarlas de la competición. Pero ahí está el problema. Los niños. Es la relación con los libros infantiles la que le ha mantenido al margen.

Tengo la impresión de que este libro, Caballero Jim, es el trabajo que marca la línea divisoria en su carrera. Antes de él, la mayoría de sus obras podían seguir siendo etiquetadas como dirigidas primordialmente a los niños. Caballero Jim es inconfundiblemente una obra dirigida a un público adulto. Puedo imaginarme a un niño leyéndola y disfrutándola –al fin y al cabo es un libro divertido- pero supongo que será un lector mayor quien aprecie verdaderamente su tono seco y el patetismo del pobre Jim y su obcecada forma de pensar. Briggs ha producido posteriormente su buena media docena de álbumes de cómic para adultos, y sin embargo se le sigue dejando de forma habitual fuera de la lista de historietistas importantes. Sospecho que si su carrera hubiera empezado con Caballero Jim, tal no sería el caso.

Pido disculpas por extenderme con esto –desde luego que no quiero desperdiciar la introducción decidiendo quisquillosamente qué libros encajarían en una historia imaginaria de la “novela gráfica” moderna. Tampoco deseo insistir en el argumento y dar la impresión equivocada de que el sr. Briggs languidece en algún limbo historietístico. Por supuesto que su duradera importancia quedó confirmada ya sólo por la atención crítica que recibió por Cuando el viento sopla. Publicado en 1982, este libro es casi universalmente reconocido como uno de los tratamientos más conmovedores y potentes de la guerra nuclear. Como la mayoría de los lectores, éste fue el libro con el que descubrí a Briggs, y me sentí muy conmovido por él. Su decisión de concentrarse en dos personajes tan sencillos y vulnerables como los Bloggs, puestos en una situación que sobrepasaba de tal manera su comprensión, fue una decisión inspirada. Para mí supuso una experiencia lectora que siempre he recordado. Hay muy poco relatos en cómic que hayan llegado a traer las lágrimas a mis ojos. Tal vez sólo éste.

Unos años después me sorprendió descubrir que los Bloggs habían aparecido en un libro anterior, Caballero Jim. No me di cuenta entonces, pero ahora es obvio que los Bloggs son los Briggs, los padres de Raymond. Al verlo desde hoy en día, creo que puedo adivinar que su decisión de sacar a los Bloggs en Cuando el viento sopla tal vez no fuera una decisión muy difícil.

Empecé a comprenderlo cuando leí sus libros de Unlucky Wally. Había algo en la madre que me resultaba familiar. Esto quedó completamente confirmado en 1998 cuando publicó la maravillosa semblanza de sus padres, Ethel & Ernest. Aunque de manera menos caricaturizada, es inconfundible que Ethel y Ernest son Jim y Hilda Bloggs. La muerte de la madre en Unlucky Wally refleja la muerte de la madre de Briggs, tal y como aparece en Ethel & Ernest. Al revisar su obra, empiezas a ver a los padres de Briggs por todas partes en sus libros. Podría atreverme a suponer que la compleja relación de Raymond Briggs con sus padres es la fuerza principal y seminal de su impulso como artista. Es una veta rica y cada vez que ha vuelto a esas figuras, han ganado en profundidad. Y parece sentirse impelido a volver a ellas una y otra vez.

Debo decir, también, que estos Jim y Hilda son creaciones singulares. Tan dulces y a la vez tan ignorantes. Te ríes de ellos pero también los compadeces. Y, sin saber por qué, también los admiras. Son directos y sinceros y auténticos. En cierto sentido, son niños perpetuos. También transmiten una cualidad genuinamente triste. Nos producen una profunda empatía. Jim y Hilda me recuerdan en muchas cosas a mis propios padres, y tal vez sea por eso por lo que me atraen tanto.

Me alegra ver que esta edición de Caballero Jim vuelve a la imprenta. Es un libro absolutamente encantador. Me gustaría ver todos sus libros reeditados. Raymond Briggs es un gran historietista. Lo tengo en la máxima estima. Un maravilloso artesano, un trabajador incansable y un artista reflexivo, original y sensible."

Seth

lunes, 21 de septiembre de 2009

MAMÁ, SABE A CLORO


Mientras escribía sobre Pobre marinero, he empezado a pensar en El gusto del cloro (Diábolo, 2009), de Bastien Vivès, el tebeo que nos ha pillado a todos por sorpresa con sus deslumbrantes viñetas azul piscina, salpicadas de color carne y trocitos de negro. A mí El gusto del cloro me ha gustado una barbaridad, pero hay quien me ha dicho que sí, que es muy bonito pero que, a la hora de la verdad, cuenta muy poca cosa. Debo decir que me parece fenomenal que cuente muy poca cosa. A ver si nos entendemos: me parece fenomenal que la anécdota argumental sea muy leve. No tengo en nada contra el gusto por acumular una gran cantidad de sucesos, peripecias y, en general, todo tipo de fuegos artificiales argumentales, pero la obsesión por "la historia" en el cómic llega a veces a resultar un poco infantil. De tanto insistir en que hay que contar "una buena historia" (entiéndase como tal una adecuada combinación de giros sorprendentes, momentos emotivos y revelaciones de carácter por parte de los personajes), podemos olvidarnos de que el cómic es capaz hacer algo más que "contar buenas historias".

Y bueno, creo que ahí está lo que me traía a la cabeza El gusto del cloro mientras escribía sobre Pobre marinero. En ambos tebeos -desaforadamente modernos y hasta futuristas- hay un deseo de ir más allá de la historia, de buscar la forma de contar cosas que escapan del relato, el argumento y los personajes, cosas que nos entran directamente por la retina hasta los centros emocionales más básicos. Eso es lo que hace que El gusto del cloro no se acabe al terminar de leerlo. Al contrario, es entonces cuando empieza, cuando descubrimos que hipnóticamente volveremos a abrirlo y a recorrer otra vez sus páginas acuáticas.

Me parece que éste es uno de esos tebeos que resucita el viejo debate entre la forma y el contenido, el debate sobre si es más importante lo que se cuenta o cómo se cuenta. Confieso que me resulta un debate agotador y que además no lo entiendo. Yo soy guionista de cómics. Yo no escribo historias, yo escribo tebeos.

MARINERO DE MONTAÑA


Escribiendo sobre la desarmante humanidad de Gentleman Jim, no he podido evitar acordarme de uno de los mejores tebeos que he leído este año, Pobre marinero (2009, Apa-Apa), de Sammy Harkham. Curiosamente, Harkham nació en 1980, el mismo año en que Briggs publicaba Gentleman Jim. Si nos ponemos a sacar semejanzas, podemos encontrar unas pocas más: Pobre marinero también es un tebeo con un aire a cuento infantil, de apariencia sencilla, y que acaba por ser conmovedor y dejarte con un poso de haber leído algo profundamente humano.

Pero creo que sería buscar semejanzas forzadas. Mientras que Gentleman Jim fuera de la tradición del cómic, Pobre marinero es obra de uno de los historietas actuales con más conciencia de artista y de su posición en la tradición del cómic y en el panorama actual del mismo. No en vano, Harkham dirige Kramers Ergot, la antología de cómic de vanguardia más sonora del momento en Estados Unidos (su último número, el 7, causó revuelo por sus extraordinarias dimensiones, lo que ha hecho que acabe alojándolo junto a los Little Nemo de Peter Maresca, cosa que me imagino que es premeditada por parte de Harkham y le habrá llenado de felicidad).

El caso es que Pobre marinero de sencillo no tiene nada. Al contrario, es una obra donde se han destilado muchas de las reflexiones del cómic reciente más avanzado para dar forma a un material narrativo muy tradicional (está basado en un relato de Guy de Mapassant) y demostrar que por la experimentación también se puede llegar al corazón.

El tamaño del libro refuerza su efecto: es tan pequeño que dan ganas de convertirlo en un objeto personal que llevar siempre encima y consultar al azar, abrirlo por cualquier página como si abriésemos un camafeo para ver una foto que nos recuerda lo que ya no va a volver.

CABALLERO JIM


La semana pasada me llegó un tebeo que traduje hace unos meses, Gentleman Jim (Astiberri, 2009). Lo único que había leído de Raymond Briggs era Ethel & Ernest, la biografía de sus padres (que tenía bastante olvidada), y su archifamoso Cuando el viento sopla, cuya adaptación animada recuerdo haber ido a ver a la Gran Vía allá por los años 80, cuando todavía nos preguntábamos aterrorizados qué haríamos nosotros en un ataque preventivo de la URSS. Debo reconocer que, a simple vista, el estilo exageradamente naif del dibujo de Briggs, y su aparentemente correspondiente ingenuidad argumental me hicieron levantar un grueso muro de cinismo defensivo. Gentleman Jim lo derritió con una sonrisa y un encogimiento de hombros.

Briggs es uno de esos historietistas que se ha quedado al margen de la historia oficial del cómic, al proceder del mundo de la ilustración infantil y al haberse movido siempre en editoriales y mercados ajenos a los propios de los tebeos. Ahora, en pleno festival de recuperación de antecedentes de la novela gráfica, el mismísimo Seth ha querido reivindicar su figura como un antepasado del moderno movimiento de cómic para adultos. Evidentemente, y por mucho que el pasado lo estemos siempre reescribiendo desde el presente, eso no va a colar. La novela gráfica moderna se ha desarrollado como se ha desarrollado sin la menor influencia de Raymond Briggs. Pero eso es lo de menos. Lo mejor es que ese interés contemporáneo nos permite volver sobre las páginas de este autor y descubrir que, tal vez precisamente porque se mantuvo al margen de las modas viñeteras de su momento, hoy nos resulta vigente por completo.

Gentleman Jim se publicó originalmente en 1980, pero conserva una frescura infantil. Al mismo tiempo, tiene algo de la crueldad de los niños, también. Lo que me desarma de Gentleman Jim es que, aunque parece extremadamente sentimental, en el fondo es extremadamente brutal, y más cuando pensamos que la casi disfuncional pareja protagonista está basada en los padres del autor. La última página es chocante, y más todavía porque uno no se espera un final tan abrupto servido con tan dulce apariencia.

Hay que ser muy artista y muy genial para realizar un trabajo formal tan sutil que parezca constantemente obvio, hasta el punto de adormecernos, hacernos bajar las defensas e invadirnos con emociones ñoñas. Este es el tebeo bonito que hace daño para regalar estas navidades.

WHITE LUNAR