jueves, 1 de octubre de 2009
EL VUELO DE LA MEMORIA
Decía al escribir sobre Santo Cristo que la memoria no se ha practicado en demasía en el cómic español. Creo que los españoles somos (todavía) demasiado pudorosos para desnudarnos en público sin artificios. Si bien Santo Cristo está hecho de la materia de los recuerdos, es cierto que están ficcionalizados, poniendo una distancia -aunque sea un velo traslúcido- entre el narrador y la obra. Un paso más allá de esa ficcionalización de los recuerdos está El arte de volar (Edicions de Ponent, 2009), de Antonio Altarriba y Kim, que intenta contar lo que pasó con la máxima fidelidad. Pero no lo que le pasó al narrador, sino a su padre.
Antonio Altarriba, el guionista, adopta la voz de su propio padre para contarnos su vida, y esa pirueta narrativa es un acierto porque así conserva el acento singular del protagonista de la obra, como ocurría en Un largo silencio, aquella colaboración entre Miguel Gallardo y su padre Francisco (de la cual, por cierto, me parece increíble que siga existiendo sólo la edición original de 1997; así perdemos nuestros tebeos fundamentales de los últimos años y nuestra propia memoria; fin de la digresión). No es la única coincidencia entre Un largo silencio y El arte de volar. Ambos son tebeos en los que el hijo historietista intenta reconstruir las vivencias del padre derrotado en la guerra civil española, a la que sin embargo sobrevivió físicamente, si no espiritualmente. El modelo lejano para este tipo de empresas sería, obviamente, el Maus de Art Spiegelman, lo que es tanto como decir que se trata de una empresa muy ambiciosa y que sólo deben intentar historietas de gran talento y madurez, como es el caso que nos ocupa.
La historia del padre de Altarriba es la historia de la quiebra de los ideales. Antes de la derrota a manos de Franco, está la derrota de la revolución a manos de los propios revolucionarios. Después, viene la supervivencia del niño convertido en hombre en un solo episodio violento, y ahora perdido en un mundo donde no hay más hogar que el hogar ocupado, y al que, a pesar de todo, no queda más remedio que volver. Así, se produce el viaje de la Historia a la microhistoria, de la patria a la familia, de los ideales a los materiales. Y luego, a la nada.
El dibujo de Kim resulta sorprendentemente apropiado para El arte de volar. A pesar de sus (lejanas) raíces underground, a lo que más recuerda es al tebeo comercial español de los años 50. El choque entre ese estilo minuciosamente descriptivo y ortodoxo y la temática contemporánea que trata hace que miremos el relato con ojos actuales desde un punto de vista tradicional, y eso refuerza la sensación de que lo que estamos leyendo es una revisión de la historia desde hoy; es decir, que lo que realmente estamos viendo no es la historia del padre, sino el intento del hijo por entender la historia del padre, por ponerse en su lugar. Y eso se logra a través de las herramientas que brinda la tradición de la historieta local, la que dibujó el ocio de los españoles durante las décadas cruciales de esta narración. Kim nos redescubre que el underground, al fin y al cabo, aquí como en Estados Unidos, hunde sus raíces en los tebeos comerciales de siempre, es más una revisión que una ruptura. Como esta historia misma.
Dice Antonio Martín en el prólogo que "por vez primera, según mi conocimiento de la historia del cómic español, esta obra se dirige deliberada y definitivamente, de forma exclusiva, a un público maduro mentalmente, a unos lectores que no leen por simple entretenimiento, con una historia que tiene la dimensión y la textura de una novela". Puede sonar chocante, pero creo que en gran medida tiene razón. El arte de volar está hecho sin concesiones de ningún tipo, y podría ser, en efecto, la primera verdadera novela gráfica adulta española. Sus páginas tienen un aire fundacional. Pero que esa promesa se cumpla ya no depende del trabajo que han hecho Antonio Altarriba y Kim, depende de que los demás aprendamos también a volar. Ellos han hecho su parte.
QUÉ BONITO ES BADALONA
Segundo tebeo español de los últimos meses que me ha gustado mucho: Santo Cristo (Glénat, 2009), de Tyto Alba, Mario Torrecillas y Pablo H. Una historia de iniciación, una memoria de la infancia en un barrio periférico badalonés de inmigrantes durante los años 70. El colegio, los amigotes, el primer (y frustrado) amor, las primeras pajas, los primeros embarazos no deseados, la educación religiosa y sus consecuencias... Y la asfixia como combustible para salir corriendo y ver el mundo y, una vez que se ha visto el mundo, volver la vista hacia ese mundo interior de la memoria y hacer las paces con todo aquello.
Por mucho que lo hayamos visto antes en novelas y películas, la memoria no es un género que se haya practicado tanto en el cómic español, y mucho menos con el nivel de verosimilitud con el que se transmiten las sensaciones y los recuerdos en Santo Cristo. En ocasiones parece que, más que estar leyendo el tebeo, lo estuviéramos oliendo o sintiendo. Y es que ya se sabe que una historia vieja es nueva si quien te la cuenta te la sabe contar como es debido. Si en el caso de Endurance decía que Luis Bustos plantea una modernidad clásica, como de los 70, Santo Cristo se sitúa en la encrucijada de las tendencias de ahora mismo, y ahí reside buena parte de su éxito, en el lenguaje tan de finales de los 2000 con que cuenta las experiencias de hace veinte, treinta años. Al igual que en Endurance, en Santo Cristo el entorno tiene una importancia fundamental, pero el entorno es completamente opuesto al de Endurance. En lugar de la naturaleza salvaje e incontrolada, son los regulados bloques de hormigón de las viviendas populares. Las viñetas que sólo muestran esquinas, rincones, tapias, vallas, ángulos rectos, líneas inquebrantables, son como la mirada de reojo que lanza el reo sobre su prisión. El estilo manga internacional del dibujante mexicano Pablo Hernández, que de alguna forma incomprensible recrea con una exactitud pavorosa no sólo lo visible, sino también lo invisible de la España de los 70-80, está lleno de hallazgos. Uno de los que más me ha fascinado ha sido la fantástica rotulación, todo un logro en una época en la que cada vez más las editoriales tienden a preferir rotulaciones mecánicas estandarizadas para facilitar la posible traslación a otros idiomas.
Aunque, ahora que lo pienso, ¿qué puede ser más adecuado que un dibujante extranjero, un inmigrante artístico, haya dibujado este tebeo charnego? Al fin y al cabo, cuando volvemos al pasado, todos somos extraños.
LA GRAN AVENTURA
Tengo la sensación de que cada vez se publican más tebeos españoles que me interesan de verdad. Aunque el retraso endémico nacional que sufrimos en todas las áreas también se extiende a las viñetas, poco a poco vamos recuperando el terreno perdido y empezamos a presentar títulos que entrarían en nuestras listas de "los mejores tebeos del año", y no, como hasta hace poco era frecuente, de "los mejores tebeos nacionales del año". Voy a comentar tres de los cómics españoles que más me han gustado de los que he leído durante los últimos meses (sobre el cuarto ya escribí hace algunas fechas) y voy a hacerlo sin muletas, porque me han gustado tanto como cualquier tebeo extranjero que haya leído.
Endurance (Planeta DeAgostini, 2009), de Luis Bustos, es una novela gráfica en blanco y negro que pertenece a la nueva incursión de la gran editorial barcelonesa en la edición de cómics de producción propia, como el Héroes del espacio que hemos firmado Javier Peinado y yo. Conozco a Luis desde hace muchos años -hemos compartido fatigas en U, Volumen y Más libros, entre otras- y, a pesar de eso, este libro me ha sorprendido. Luis es un dibujante de un talento enorme que había demostrado gran facilidad para el humor en tramos cortos. Una de las mejores muestras de sus habilidades cómicas se puede encontrar en Zorgo, una serie protagonizada por un patoso supervillano y su ayudante Manolito, que se publicó originalmente en la revista juvenil Mister K, de El Jueves, y de la que Dibbuks ha sacado un álbum recopilatorio de lo más recomendable (y el segundo está al caer, sumando páginas que ahora se publican en la revista El Manglar).
Pero entre montar un gag de una página y levantar una novela gráfica de casi 200 hay la misma diferencia que entre hacer una caseta en el árbol y construir las pirámides de Egipto. Sí, lo uno y lo otro es hacer tebeos, pero son cosas muy distintas, y cada una requiere su sensibilidad. A pesar de sus años de experiencia, Luis era un novato en el tipo de trabajo que requería Endurance.
Él mismo ha declarado que la inspiración le vino al visitar una exposición itinerante sobre la expedición a la Antártida de Ernest Shackleton en 1914, que ha recorrido varias ciudades españolas durante el último año. La expedición forma parte de la mitología de la gran aventura, a la que sirve de epílogo. La labor pedía más un tratamiento épico que la caricatura fácil que era el sello de Bustos.
Luis ha respondido al desafío acudiendo a dos fuentes de inspiración clásicas, pero con las que se sentía cómodo: Kirby y Tezuka. Ahí es nada. Palabras mayores y riesgo evidente, pues los astros de tal tamaño a menudo tienen el peligro de atraer con una fuerza de gravedad tan potente que hacen que sus satélites se estrellen en el desierto de la imitación. Luis salva el peligro porque tiene interiorizados de una forma tan natural a ambos maestros que no necesita imitarlos: simplemente los incorpora a su propia personalidad. De Kirby lo más evidente es el volumen ciclópeo de sus personajes, el peso que tienen y que los convierte en piedras capaces de resistir la erosión de los vientos árticos. De Tezuka está un diseño de página amorfo y dúctil, y el descaro para contar sucesos grandes a lo grande. De ambos maestros llega a Endurance esa capacidad para acometer la empresa sin timidez, para dejarse arrastrar por lo enorme y lo arrollador y lo brutal sin pedir disculpas. Y esto es muy importante para hacer grande a Endurance, porque Endurance no triunfa por ser un trabajo fino, sino por ser un trabajo osado.
La potencia de Endurance no llega del guión, que podríamos considerar casi parco y amorfo, sino de la puesta en página y del dibujo. La primera tiene una modernidad clásica; es decir, es rompedora y juguetona al estilo de las páginas innovadoras de los años 70 -como las del mismo Tezuka- más que al estilo de ahora mismo. Si en la historia lo importante no son los personajes, sino el ambiente, el entorno sobrecogedor, en el tebeo ese entorno sobrecogedor es la página y las viñetas cambiantes y amenazadoras. De un simple vistazo, comprendemos que para los pequeños personajes que transitan por ellas, negociar el camino a través de esas viñetas ariscas, oblicuas, ondulantes y disueltas es una verdadera aventura gráfica. Si los personajes no se pierden y naufragan en ese temporal de viñetas embravecidas es porque son personajes muy sólidos, y me refiero a muy sólidamente dibujados. Creo que he visto todo lo que ha dibujado Luis Bustos en su carrera, y esto es lo mejor que ha dibujado nunca. Y es la cualidad inherente al dibujo la que confiere a los personajes un valor que un guión meticulosamente convencional nunca habría podido darles.
Finalmente, al terminar el libro no sé si habré aprendido mucho sobre la expedición de Shackleton, pero sí tengo la sensación de haber vivido una experiencia intensa, más intensa cuanto más desesperada es la situación de los expedicionarios, y sé que no es fácil transmitir eso hasta la página final, y sé que es muy difícil transmitir toda ese energía y desesperación a través de cuatro trazos de tinta (bueno, y unas tramas grises excepcionalmente aplicadas). Es muy difícil hacer un tebeo que resulte tan abrumadoramente físico. Y Luis lo ha logrado como lo lograban los grandes, como Kirby o Tezuka.
El día 9 de octubre hay una sesión de firmas de Endurance en Universal (Barcelona).
miércoles, 30 de septiembre de 2009
CLÁSICOS (DEMASIADO) MODERNOS
"Porque tanto Jekyll y Hyde como El monte de las ánimas me han gustado bastante, pero sobre todo el primero me crea ciertas dudas al respecto. Es un buen cómic, pero no para ser el primer cómic de un chaval. Tiene composiciones de páginas excesivamente experimentales, transiciones de viñetas poco claras —de las que hay que seguir de una página a otra y luego volver a la segunda fila de la anterior—, metáforas visuales que no sé yo si se captarán —“Hyde hizo algo muy malo”; y se ve una tumba… sí, es evidente, pero ¿para un chaval de once o doce años también lo es?—, y en general un uso del lenguaje del cómic que es para iniciados."
UNA ENTREVISTA CON LA NOVELA GRÁFICA
lunes, 28 de septiembre de 2009
EL OTRO LADO DEL VECINO

Del Vecino 3, concretamente. Pepo Pérez ha publicado en su blog Es muy de cómic la portada de nuestro próximo libro, El Vecino 3 (Astiberri), y yo aprovecho para rematar la jugada y publicar aquí la contraportada. Los materiales están muy cerquita de salir para la imprenta, y apenas a unas semanas de llegar a las tiendas. No puedo hablar por Pepo, pero por mi parte es el libro del que estoy más orgulloso, y el trabajo que ha hecho mi socio es sencillamente abrumador. Lo digo con el corazón en la mano (macabra metáfora, cierto): pocos dibujantes habrá ahora mismo en España capaces de dibujar lo que ha dibujado él en El Vecino 3. Seguiremos hablando de V3 en próximas fechas.
domingo, 27 de septiembre de 2009
EL REY DE LOS ESPACIOS GRISES
Una de las preguntas que más les hacen a los escritores y los guionistas es: "¿De dónde salen las ideas?" Sobre todo, es una pregunta frecuente en aspirantes a escritores y guionistas, que tal vez harían mejor en preguntarse qué hay que hacer con las ideas una vez que uno las tiene, ya que probablemente la confusión entre "tener una idea" y "tener una historia" es una de las que ha dado lugar a más amargas decepciones en la carrera de las letras (con o sin imágenes).sábado, 26 de septiembre de 2009
HÉROES EN ZONA NEGATIVA
viernes, 25 de septiembre de 2009
NUKLEARES MORGENGRAUEN



Ahora que está en las librerías el último trabajo que hemos hecho juntos Javier Olivares y yo, El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde (SM), he querido recuperar nuestra primera colaboración. Y la verdad es que me he dado cuenta de que para rastrear los orígenes de nuestras historietas juntos, hay que seguir un camino tortuoso. Nuestras primeras páginas a cuatro manos son las de Beowulf, que permanecen inéditas hasta el momento. De modo que, puestos a buscar nuestras primeras páginas a cuatro manos publicadas, resulta que me encuentro con que también están inéditas... en español. Amanecer nuclear apareció en el nº 74 de la revista Strapazin, de marzo de 2004. Allí llevaba el título Nukleares Morgengrauen. Aquel número de la revista germanoparlante estaba dedicado al cómic español, y detrás de una portada de Max estábamos no sólo Javier y yo, sino también Martí, Keko, Darío Adanti, Linhart, Miguel Núñez, Santiago Sequeiros y Gabi Beltrán, contextualizados todos por un ensayo de Óscar Palmer. Si no me equivoco, hasta el día de hoy Amanecer nuclear no ha visto la luz en su idioma original.HOY EN RADIO CÍRCULO
Christian Osuna ha tenido la amabilidad de invitarme a su programa La guía del cómic, que se emite en Radio Círculo hoy viernes de 19.00 a 20.00 horas. Radio Círculo se puede escuchar en el 100.4 FM de Madrid, o a través de internet en cualquier territorio. Hablaremos de Héroes del espacio, Doctor Jekyll y Mister Hyde, y del próximo Vecino 3. Christian me ha dicho que también quiere aprovechar para recordar la figura de Juan Antonio Ramírez, cosa que a mí me hace mucha ilusión.jueves, 24 de septiembre de 2009
PRIMEROS TITANES

Estos días que Pepo Pérez y yo andamos ultimando los detalles finales de El Vecino 3 antes de entregarlos a Astiberri, he andado revisando materiales antiguos, y eso me ha llevado a reencontrarme con algunos de los primeros dibujos que hizo Pepo, probablemente allá por el 2002 ó el 2003, cuando estábamos concibiendo la serie y sus personajes. Esos bocetos ejercieron sobre mí una fascinación inmediata y, desde luego, hicieron que en mi imaginación surgiese todo un mundo perfectamente configurado en lo visual, que es algo fundamental cuando quieres concebir un relato en cómic. Hasta el día de hoy, cada vez que veo estos dibujos sigo viendo en ellos la quintaesencia del Vecino, como si en ellos estuviera contenido todo lo que es y todo lo que puede ser. No estoy seguro de si habían aparecido ya en algún sitio, pero ahora que está a punto de publicarse lo último del Vecino, me parece oportuno recordar también lo primero.

miércoles, 23 de septiembre de 2009
UNA AUTOBIOGRAFÍA INTELECTUAL
RIUSCITE A SENTIRMI TUTTI?

Me acaban de llegar ejemplares de Héroes del espacio 1. La puerta del cielo, y también de Eroi dello Spazio 1. La porta del cielo. Qué curioso es ver a tus personajes hablando en italiano...
martes, 22 de septiembre de 2009
LA TRADICIÓN ESPACIAL

En el abrumador blog de Joan Navarro descubro esta página de El aventurero del espacio (Martínez, en La Risa, 1956, según indica el propio Joan), que me hace pensar inmediatamente en Héroes del espacio. Si lo que estuviéramos haciendo Javier Peinado y yo fuera mantener esta venerable tradición de aventuras espaciales, sólo con eso ya me sentiría orgulloso. Supongo que, además del parentesco de familia, lo que me ha hecho evocar Héroes del espacio ha sido el propio título de la serie, y aprovecho la excusa para anunciar que el título es invención de Javi. Durante mucho tiempo trabajamos sobre el título de Cadetes estelares o Cadetes del espacio, pero finalmente decidimos tirar por otro lado. Yo ya estaba dispuesto a llamar a la serie algo así como Pilotos del espacio cuando Javier tuvo la ocurrencia de poner lo de Héroes, que me gustó por lo rotundo, porque tenía cierto aire clásico (por decirlo claro, como si hubiera podido dibujarlo Martínez en La Risa hacia 1956) y porque, al fin y al cabo, encajaba de pleno con el tema del álbum. Diría que incluso me ayudó a clarificar el tema del álbum.
DOCTOR OLIVARES Y SEÑOR GARCÍA
EL CABALLERO DE SETH
No me malinterpreten, no es que sea un desconocido o esté minusvalorado. Briggs es un artista respetado y galardonado, y puede que sea uno de los historietistas de mayor éxito que hay en el mundo, con más de tres millones de libros vendidos. Sin embargo, pocas personas le ven como un historietista per se. Es la vieja historia de las etiquetas. Empezó como autor de libros infantiles, y la etiqueta se le ha quedado pegada.
A menudo se considera Contrato con Dios, de Will Eisner, publicado en 1978, como la primera novela gráfica oficial (ignorando el hecho de que en realidad se trata de una colección de historias cortas y no de una “novela” en absoluto). ¿Por qué nadie ha observado nunca que The Snowman, de Briggs, que salió el mismo año, es una candidata mucho mejor para ese título? De hecho, Briggs había publicado dos “novelas gráficas” de larga extensión y autocontenidas varios años antes: Father Christmas y Father Christmas Goes On Holidays. El hecho de que fueran escritas para niños no debe eliminarlas de la competición. Pero ahí está el problema. Los niños. Es la relación con los libros infantiles la que le ha mantenido al margen.
Tengo la impresión de que este libro, Caballero Jim, es el trabajo que marca la línea divisoria en su carrera. Antes de él, la mayoría de sus obras podían seguir siendo etiquetadas como dirigidas primordialmente a los niños. Caballero Jim es inconfundiblemente una obra dirigida a un público adulto. Puedo imaginarme a un niño leyéndola y disfrutándola –al fin y al cabo es un libro divertido- pero supongo que será un lector mayor quien aprecie verdaderamente su tono seco y el patetismo del pobre Jim y su obcecada forma de pensar. Briggs ha producido posteriormente su buena media docena de álbumes de cómic para adultos, y sin embargo se le sigue dejando de forma habitual fuera de la lista de historietistas importantes. Sospecho que si su carrera hubiera empezado con Caballero Jim, tal no sería el caso.
Pido disculpas por extenderme con esto –desde luego que no quiero desperdiciar la introducción decidiendo quisquillosamente qué libros encajarían en una historia imaginaria de la “novela gráfica” moderna. Tampoco deseo insistir en el argumento y dar la impresión equivocada de que el sr. Briggs languidece en algún limbo historietístico. Por supuesto que su duradera importancia quedó confirmada ya sólo por la atención crítica que recibió por Cuando el viento sopla. Publicado en 1982, este libro es casi universalmente reconocido como uno de los tratamientos más conmovedores y potentes de la guerra nuclear. Como la mayoría de los lectores, éste fue el libro con el que descubrí a Briggs, y me sentí muy conmovido por él. Su decisión de concentrarse en dos personajes tan sencillos y vulnerables como los Bloggs, puestos en una situación que sobrepasaba de tal manera su comprensión, fue una decisión inspirada. Para mí supuso una experiencia lectora que siempre he recordado. Hay muy poco relatos en cómic que hayan llegado a traer las lágrimas a mis ojos. Tal vez sólo éste.
Unos años después me sorprendió descubrir que los Bloggs habían aparecido en un libro anterior, Caballero Jim. No me di cuenta entonces, pero ahora es obvio que los Bloggs son los Briggs, los padres de Raymond. Al verlo desde hoy en día, creo que puedo adivinar que su decisión de sacar a los Bloggs en Cuando el viento sopla tal vez no fuera una decisión muy difícil.
Empecé a comprenderlo cuando leí sus libros de Unlucky Wally. Había algo en la madre que me resultaba familiar. Esto quedó completamente confirmado en 1998 cuando publicó la maravillosa semblanza de sus padres, Ethel & Ernest. Aunque de manera menos caricaturizada, es inconfundible que Ethel y Ernest son Jim y Hilda Bloggs. La muerte de la madre en Unlucky Wally refleja la muerte de la madre de Briggs, tal y como aparece en Ethel & Ernest. Al revisar su obra, empiezas a ver a los padres de Briggs por todas partes en sus libros. Podría atreverme a suponer que la compleja relación de Raymond Briggs con sus padres es la fuerza principal y seminal de su impulso como artista. Es una veta rica y cada vez que ha vuelto a esas figuras, han ganado en profundidad. Y parece sentirse impelido a volver a ellas una y otra vez.
Debo decir, también, que estos Jim y Hilda son creaciones singulares. Tan dulces y a la vez tan ignorantes. Te ríes de ellos pero también los compadeces. Y, sin saber por qué, también los admiras. Son directos y sinceros y auténticos. En cierto sentido, son niños perpetuos. También transmiten una cualidad genuinamente triste. Nos producen una profunda empatía. Jim y Hilda me recuerdan en muchas cosas a mis propios padres, y tal vez sea por eso por lo que me atraen tanto.
Me alegra ver que esta edición de Caballero Jim vuelve a la imprenta. Es un libro absolutamente encantador. Me gustaría ver todos sus libros reeditados. Raymond Briggs es un gran historietista. Lo tengo en la máxima estima. Un maravilloso artesano, un trabajador incansable y un artista reflexivo, original y sensible."
Seth
lunes, 21 de septiembre de 2009
MAMÁ, SABE A CLORO

Mientras escribía sobre Pobre marinero, he empezado a pensar en El gusto del cloro (Diábolo, 2009), de Bastien Vivès, el tebeo que nos ha pillado a todos por sorpresa con sus deslumbrantes viñetas azul piscina, salpicadas de color carne y trocitos de negro. A mí El gusto del cloro me ha gustado una barbaridad, pero hay quien me ha dicho que sí, que es muy bonito pero que, a la hora de la verdad, cuenta muy poca cosa. Debo decir que me parece fenomenal que cuente muy poca cosa. A ver si nos entendemos: me parece fenomenal que la anécdota argumental sea muy leve. No tengo en nada contra el gusto por acumular una gran cantidad de sucesos, peripecias y, en general, todo tipo de fuegos artificiales argumentales, pero la obsesión por "la historia" en el cómic llega a veces a resultar un poco infantil. De tanto insistir en que hay que contar "una buena historia" (entiéndase como tal una adecuada combinación de giros sorprendentes, momentos emotivos y revelaciones de carácter por parte de los personajes), podemos olvidarnos de que el cómic es capaz hacer algo más que "contar buenas historias".
MARINERO DE MONTAÑA

Escribiendo sobre la desarmante humanidad de Gentleman Jim, no he podido evitar acordarme de uno de los mejores tebeos que he leído este año, Pobre marinero (2009, Apa-Apa), de Sammy Harkham. Curiosamente, Harkham nació en 1980, el mismo año en que Briggs publicaba Gentleman Jim. Si nos ponemos a sacar semejanzas, podemos encontrar unas pocas más: Pobre marinero también es un tebeo con un aire a cuento infantil, de apariencia sencilla, y que acaba por ser conmovedor y dejarte con un poso de haber leído algo profundamente humano.
CABALLERO JIM

La semana pasada me llegó un tebeo que traduje hace unos meses, Gentleman Jim (Astiberri, 2009). Lo único que había leído de Raymond Briggs era Ethel & Ernest, la biografía de sus padres (que tenía bastante olvidada), y su archifamoso Cuando el viento sopla, cuya adaptación animada recuerdo haber ido a ver a la Gran Vía allá por los años 80, cuando todavía nos preguntábamos aterrorizados qué haríamos nosotros en un ataque preventivo de la URSS. Debo reconocer que, a simple vista, el estilo exageradamente naif del dibujo de Briggs, y su aparentemente correspondiente ingenuidad argumental me hicieron levantar un grueso muro de cinismo defensivo. Gentleman Jim lo derritió con una sonrisa y un encogimiento de hombros.






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