martes, 1 de diciembre de 2009

SCHULZ, CARLITOS, SNOOPY Y NOSOTROS

Uno de los momentos que más disfruté de este Salón de Getxo fue la presentación del libro Schulz, Carlitos y Snoopy. Una biografía (2009, Es Pop) a la que tuvo la amabilidad de invitarme su editor, Óscar Palmer, y que me permitió mantener una charla pública no sólo con él, sino también con Pepo Pérez y Manel Fontdevila, que completaban la mesa redonda.
Schulz, Carlitos y Snoopy llegó en el último segundo a las librerías presentes en el festival, para alivio de Óscar, que tuvo los dedos cruzados durante toda la semana. Como me imagino que ya esta misma semana estará en todas las librerías, creo que no está de más recordar algunas de las cosas que allí comentamos.
Schulz, Carlitos y Snoopy no es un libro sobre cómic, aunque lo parezca. Es un libro sobre cultura popular, o, más exactamente, sobre cultura de masas, que es a lo que se dedica precisamente Es Pop, una jovencísima editorial que ha publicado apenas tres libros: uno sobre cine, otro sobre rock y este tercero sobre historieta. Pero digo que no es sobre cómic porque no es un libro escrito desde el mundo del cómic. Su autor, David Michaelis, es un biógrafo -o un "biografista"- que ya había tenido un gran éxito de ventas con un trabajo sobre la vida de N.C. Wyeth, y que andaba buscando otro tema cuando se topó con Schulz, probablemente el historietista americano más importante del siglo XX.
Como es típico en estas grandes biografías profesionales tan del gusto de los americanos, las más de 600 páginas del volumen están llenas de detalles minuciosos, hasta tal punto que casi podríamos decir que los detalles están llenos de detalles. Y aunque, evidentemente, su lectura es imprescindible para cualquier aficionado al cómic que sienta un poco de curiosidad por la historia del medio, y en efecto hay mucha información sobre el funcionamiento de las tiras de prensa, las agencias y los profesionales de la viñeta en Estados Unidos, Michaelis no intenta hacer un trabajo especializado en historia del cómic. Su perspectiva es más amplia, lo cual es de agradecer porque realmente es necesaria una perspectiva muy amplia para abarcar la figura de Schulz y su serie Peanuts, que es siempre inconmensurable y con frecuencia contradictoria. Porque Peanuts es uno de los cómics más importantes que han existido, sí, pero también es el origen de uno de los emporios comerciales más grandes de todos los tiempos, y conocer esa dimensión es tan necesaria como conocer la puramente viñetera para entender la historia completa.
Curiosamente, de los cuatro que participamos en la mesa de presentación de la obra, tres -Óscar, Pepo y yo- no habíamos llegado a Peanuts como cómic hasta muy tarde, y sólo siendo adultos habíamos empezado realmente a disfrutar la serie. Yo apenas leí Carlitos y Snoopy de crío -mi familia era más de Mafalda-, pero por supuesto que mi contacto con los personajes fue muy intenso desde muy temprana edad. Al fin y al cabo, había figuritas, colonias, anuncios y ropa con la efigie de Snoopy por todas partes. Mi adolescencia coincidió con el apogeo de la apropiación de Snoopy por los pijos, los años duros del "Te lo juro por Snoopy" y de figuritas de Snoopy rampante con la bandera española. Desde luego, las creaciones de Schulz no despertaban mis simpatías por aquel entonces.
Sin embargo, recientemente Peanuts ha sufrido un proceso de rescate. Desde la muerte de Schulz en 2000 (la noche anterior a que se publicara su última tira), los principales autores de novela gráfica han insistido por activa y por pasiva en la enorme influencia de Peanuts sobre su propio trabajo. Algunos, como Ivan Brunetti o Seth, lo llevan escrito en su trazo de forma evidente. El parecido gráfico de la primera etapa de Peanuts con las obras del autor de George Sprott es más que evidente. No es un amor secreto: ha sido precisamente Seth quien se ha ocupado de diseñar la reedición completa y definitiva de Peanuts que Fantagraphics publica desde 2004 (Planeta-DeAgostini, en España). Chris Ware, por su parte, manifiesta siempre que puede su amor por Charlie Brown y compañía. En el número 13 de McSweeney's Quarterly Concern (2004), que él editó, reprodujo varios papeles con los "dibujos preliminares de Charles Schulz", y escribió: "Cualquiera que haya intentado dibujar a Charlie Brown descubre de inmediato que es una tarea imposible; siempre sale mal, como una broma grotesca, como alguien que se hubiera disfrazado para ir a una fiesta".
Aunque no se puede negar que el estilo limpio y minimalista de Schulz es una fuente constante de inspiración para Ware y compañía, es evidente que su influencia va más allá del aspecto gráfico. Es más bien el minimalismo argumental, el despojamiento narrativo y el interés por la representación a través del cómic de estados de ánimo o "no incidentes" lo que sin duda fascina a estos autores interesados en narrar todo aquello que hasta ahora no se había narrado con viñetas.
Excepto en Peanuts, tal vez.
En Apocalípticos e integrados (1965), Umberto Eco incluyó un ensayo sobre "El mundo de Charlie Brown", en el que escribía:
"Desde que el mundo es mundo, artes mayores y artes menores han podido prosperar casi siempre únicamente en el ámbito de un sistema dado que permitía al artista cierto margen de autonomía a cambio de cierta sumisión a los valores establecidos: y que, con todo, en el interior de estos varios circuitos de producción y de consumo, se han visto surgir artistas que, valiéndose de ocasiones concedidas a todos los demás, lograron transformar profundamente el modo de sentir de sus consumidores desarrollando, en el interior del sistema, una función crítica y liberadora. Como siempre, es cuestión de genialidad individual, de saber elaborar un discurso lo suficientemente límpido, incisivo y eficaz para lograr el dominio de todas las condiciones dentro de las que, por la fuerza de las cosas, se mueve".
Continuaba Eco planteando dos vías posibles para elaborar ese discurso: una de ellas la ejemplificaba con la sátira intelectual de Jules Feiffer y su Sick, Sick, Sick. La segunda vía la representaba Krazy Kat de George Herriman, y era en esta tradición en la que insertaba a Peanuts. Es curioso que Eco relacionase a Peanuts con este cauce que él llamaba "lírico", ya que Michaelis también insiste en la influencia de la obra de Herriman sobre Schulz. Parece evidente, pues, que Peanuts es uno de los grandes cómics artísticos de la historia, un cómic que parece destinado a satisfacer las demandas de los lectores más inteligentes.
Entonces, yo me pregunto, ¿cómo es posible que también fuera uno de los cómics más populares de todos los tiempos? ¿Cómo podía ser el favorito de las élites el producto más groseramente masificado?
Estamos acostumbrados a pensar que las obras verdaderamente brillantes y originales están condenadas a la incomprensión por parte de las masas (véase precisamente el caso de Krazy Kat). ¿Cuál es el secreto de la magia de Peanuts?
No lo sé -como supongo que no lo sabe nadie, o ya lo habrían patentado, y probablemente el único que lo descubrió fue Bill Watterson y decidió guardárselo-, aunque sospecho que para los americanos, Peanuts representaba la sal de la tierra, ese punto intermedio -geográfico y espiritual- que es el Medio Oeste equidistante de la intelectualidad europea de Nueva York y de la extravagancia de California. Un país que nunca existió pero en el que todos se encontraban en casa. Probablemente también tuviera algo que ver la facilidad de Schulz para generar lemas que fueran el equivalente occidentalizado de la filosofía zen. Los relajantes haikus que son muchas veces las tiras de Peanuts alcanzaron su máxima popularidad durante los años 60, una época que está cruzada de frases de motivación, de espiritualidad resumida en un eslógan y de mantras de autoayuda.
Por supuesto que gran parte de la popularidad que alcanzó Peanuts durante esa década se debe también al ascenso al estrellato de Snoopy, y a la multiplicación de la imagen de éste en todo tipo de productos comerciales y anuncios. Y empiezo a sospechar que hay un tipo de figura -normalmente blanca, indefinida, antropomórfica pero no del todo humana, una especie de interrogación ambulante- que cautiva la imaginación del público masivo en virtud de su propia neutralidad. Me pregunto: ¿hay alguna relación secreta entre Snoopy, Bone, los Moomins, los Schmoo y otros mil avatares de esta silueta fantasmal?
En todo caso, la explotación mercantil de Peanuts se basó -en un principio, al menos-, en las cualidades inherentes a la tira. El origen del imperio está en Happiness is a Warm Puppy, un libro regalo aparecido en 1960 que creó un mercado hasta entonces inexistente. No había libros como ése hasta aquel momento -formato reducido y cuadrado, muy colorido, conformado por apenas unas ilustraciones acompañadas de variantes del lema "la felicidad es..."-, como no había sudaderas de colores con logos de personajes hasta que aparecieron las de Peanuts. Una de las cosas que más me ha interesado del libro de Michaelis es cómo explica de qué manera las creaciones de Schulz han contribuido de manera decisiva a dar forma a la sociedad de consumoen la que hoy vivimos, saturada de logos y de marcas.
[Por cierto, que Happiness is a Warm Puppy ha sido publicado por vez primera en España precisamente ahora, casi 50 años después de su aparición original en Estados Unidos, junto con otros tres títulos de la serie; aquí se llama La felicidad es un cachorrito].
Pero en última instancia, Schulz, Carlitos y Snoopy es, como reza su subtítulo, "una biografía". Lo que importa es la vida de una persona, y ahí es donde el libro de Michaelis ha recibido la mayor contestación por parte de algunos sectores, animados por el hijo mayor de Schulz, Monte.
Monte Schulz fue compañero y amigo de Michaelis durante todo el proceso de documentación y escritura del libro, pero cuando leyó el texto final se sintió profundamente decepcionado por el retrato que hacía de su padre. Sus quejas acabaron dando lugar a un número especial de The Comics Journal (290, mayo de 2008) donde se examinaba con lupa la biografía. En aquel TCJ aparece un largo texto de Monte que intenta corregir la semblanza de su padre que, según él, daba el libro: un hombre frío, distante, en permanente estado de melancolía, con problemas para relacionarse con sus semejantes y su familia, y marcado indeleblemente por la muerte de su madre. Además, de Monte Schulz, especialistas de primerísima línea como R.C. Harvey, Jeet Heer y Kent Worcester hacían críticas muy detalladas de Schulz, Carlitos y Snoopy. Mi impresión, después de leerlas, es que la biografía es muy consistente y fiable, porque la mayoría de las pegas que se le planteaban no pasaban de errores menores. Por ejemplo, que Schulz no leyó Krazy Kat a medida que se publicaba en los periódicos, ya que no aparecía en ninguno al que él tuviese acceso. Por el contrario, descubrió la serie de Herriman recopilada en libro cuando ya no se publicaba en prensa. Es un detalle a tener en cuenta, pero no cambia el hecho de que le influyó poderosamente.
Queda el tema de la veracidad de la descripción que se hace del carácter de Schulz. Evidentemente, puede que Michaelis -que no llegó a conocer en vida al biografiado- nos haya transmitido una impresión equivocada. Diría que incluso me inclino a pensarlo, porque, como señalan Monte Schulz y Harvey -que sí conoció al dibujante-, nadie que viviera amargado podría haber estado realizando durante 50 años un chiste diario. Pero a una persona sólo se la puede conocer realmente tratándola en persona, y a nosotros no nos importa tanto cómo era realmente Schulz, sino que más bien nos interesa el relato absorbente de su vida y sus circunstancias que hace Michaelis. Al fin y al cabo, toda biografía es una ficción, un relato novelesco en el que se reconstruye un argumento a partir de unos elementos anecdóticos que siempre son incompletos, siempre son parciales, siempre son engañosos. Y el mejor biógrafo es el que, consciente de que su verdad es una mentira, la engarza en un tema y lo desarrolla con brío y talento. Schulz tuvo una vida que no se puede considerar interesante. Fue un hombre sencillo -a pesar de su riqueza-, su vida sentimental, si bien no fue anodina, tampoco fue extraordinaria, y su trayectoria profesional se resume diciendo que se pasó medio siglo sentado a una mesa dibujando. Que su biografía se lea apasionadamente es un tributo al brío y talento de Michaelis.
Quería decir más cosas, pero me temo que ya he dicho demasiadas (yo que odiaba los posts largos en los blogs), así que me limito a cerrar con una tira de Peanuts que se publicó en enero de 1973 y que creo que todos los que nos dedicamos al cómic -como autores o como críticos- deberíamos tatuárnosla en la frente. Traduzco los diálogos. Viñeta 1: ¿Qué pasa si trabajas durante 20 años y al final acabas no siendo ni rico ni famoso? Viñeta 2: El placer está en tocar. Viñeta 4: ¡Estás de broma!
Más:
David Michaelis habla de Schulz, Carlitos y Snoopy, subtitulado al español. (Visto en cultura impopular).

Toda la información sobre el libro (incluidas 10 páginas en pdf) en cultura impopular, el blog de Óscar Palmer y Es Pop ediciones.

9 comentarios:

Manel dijo...

"La felicidad es un cachorrillo" quizás haya estado inédito en España hasta la fecha; no así otros libros de Schulz en ese formato... hace como 30 años tuve uno en que daba diversas definiciones de lo que es "un amigo": "un amigo es aquel a quien no molesta que oigas viejos discos de Benny Goodman" y así... (cito de memoria, aunque el nombre de BG lo recuerdo perfectamente: pasé años pensando que su música debía ser poco menos que maravillosa -luego lo he oído y no me ha llegado a interesar demasiado, ¡así se escribe la historia!) El libro lo perdí, pero aún lo recuerdo, verde manzana y con páginas en cartoncillo que se deshojaban todas a la segunda lectura...

Muy buen post, por otra parte. A ver si me leo el libro y te cuento algo.

elpablo dijo...

sin todavía haberme leío el libro, y ganas que le tengo, varias cosas, porque a mi el tema de 'carlitos' me obsesiona:
1. la primera, personal. yo sí pillé tebeos de 'carlitos' cuando era crío, y bien que los disfruté (grijalbo lo sacó en los 80, nol?). obvio, había que superar todo el rollo snoopyjo y tal, pero a mi me escamaban aquel tebeo y aquellos personajes, y tenía que leérmelo a ver de qué coño iban.
2. esto me lleva a intentar dilusidar la incógnita qué planteas('¿cómo es posible que también fuera uno de los cómics más populares de todos los tiempos?') y que ware medio responde más arriba ('Cualquiera que haya intentado dibujar a Charlie Brown descubre de inmediato que es una tarea imposible; siempre sale mal, como una broma grotesca, como alguien que se hubiera disfrazado para ir a una fiesta'). Es el dibujo, sosios. El dibujo de 'Carlitos' es tan bonito, tan cuco, tan sensasional, que un nene de seis años por cohones lo tiene que flipar cuando ve al puto perro. Y en esa ola navegará Watterson luego, porque su dibujo es preciosísimorl. En cambio Herriman no se comerá nunca un colín en el rollo popular porque dibuja feo.
3. y claro, por supuesto que el momento de su publicasión y el carácter de schulz influyó en su popularidad bestial en los usa (dios, tarta de mansana y snoopy), pero pienso que la clave está en que, además de ser uno de los ejersisios intelectuales más interesantes que puede proponer un tebeo, también es una tira protagonisada por niños monos, un canario simpatiquísimo, y un perrito adorable que es puramente, 'the happines'.

Santiago García dijo...

Manel, por lo que cuentas, parece uno de esos libros de la serie de libros-regalo originales iniciada con "La felicidad es un cachorrillo". Puede que al final sí que se hubiera publicado en España con anterioridad. A lo mejor algún lector de este blog tiene por ahí un ejemplar antiguo y nos saca de dudas.

elpablo, respecto a lo que dices del dibujo (el "cute factor", que podríamos decir) estoy completamente de acuerdo. Traduzco a continuación una parte del artículo de R.C. Harvey titulado "The Pagliacci Bit" del mencionado The Comics Journal 290 (mayo 2008):

"Durante la única conversación que tuve con él [con Schulz], le pregunté si era verdad que a menudo generaba ideas simplemente dibujando a sus personajes, abocetándolos en un papel hasta que surgían las ideas. Oh, sí, me contestó: «Eso es la clave de todo: los dibujos divertidos»".
"«Cuando me lo preguntan, le digo a la gente que lo más importante de un cómic es que tiene que ser divertido mirarlo», me dijo. «Si tienes que dibujar algo día tras día, no importa lo gracioso que sea el diálogo, tiene que ser divertido de mirar»".

Por otra parte, respecto a lo de cómo puede ser popular algo innovador, anoche leí una cosa que me hizo pensar en esto. Fue en "El ruido eterno", de Alex Ross (no ESE Alex Ross que estás pensando). Cuenta que Strauss tuvo un éxito arrollador con el estreno de su ópera "Salomé", que fue rompedora en su momento. Cito: "En el tren de regreso a Viena, Mahler expresó su desconcierto por el éxito de su colega. Tenía a «Salomé» por una obra importante y audaz -«una de las más grandes obras maestras de nuestro tiempo», afirmó más tarde- y no podía entender cómo era posible que al público le hubiera gustado tan rápidamente. Pensaba, al parecer, que el genio y la popularidad eran incompatibles".

Pepo Pérez dijo...

Lo del dibujo es tal cual, como decía Schulz. A veces es simplemente dibujando como te vienen las ideas, y no al revés. Y ahí está, creo yo, una de las razones más importantes de por qué el cómic tiene su propio camino (sus recursos) para expresar las cosas, y por qué un cómic puede llegar a ser denso, complejo y profundo desde una aparente simplicidad, y sin necesidad de intentar imitar a la literatura.

Óscar Palmer dijo...

"El dibujo de 'Carlitos' es tan bonito, tan cuco, tan sensasional, que un nene de seis años por cohones lo tiene que flipar cuando ve al puto perro".

¡Es una de las mejores definiciones que he leído nunca! Respecto a lo de los libros, Manel, ¿puede que fueran ediciones latinoamericanas? Porque en el ISBN para esas fechas no encuentro nada. Lo que sí he localizado es una edición del Happiness... y del Security... que se me debieron pasar por alto la otra vez o que sencillamente no supe encontrar (ahora, a través de la ficha de las reediciones, sí he conseguido hacerlo). Son de 1989 y fueron editados por la extinta Plaza Joven con los títulos "Snoopy: Felicidad es un perrito cariñoso" y "Snoopy: Seguridad es un pulgar y una manta". Así que rectifico: esos dos al menos inéditos no estaban. Siento el error.

Manel dijo...

Así forzándome la cabeza, creo ver algo que no era verde manzana, que era amarillo, y que se llamaba "Necessito amics!" o algo así. Quizás estaba en castellano, "¡Necesito amigos!" pero diría que no. Posiblemente editado por Edicions 62, que es quien sacaba aquí estas cosas.

Por lo demás, lo del dibujo bonito es primordial para que algo sea del gusto de miles de millones de personas compradoras, pero vaya, Dennis the Menace también tiene un dibujo espléndido y no es lo mismo, Sempé es también grandioso y ahí está, carne de "conoisseurs". O, lo que es lo mismo, si no fuera por la conexión íntima que Charlie Brown permite con el lector, una conexión casi confidencial, inédita hasta la fecha -hablamos de alguien en quien reconocemos nuestra frustración, nuestros problemas de autestima, nuestras dificultades de comunicación... nada de chistes de suegras o de préstame el coche, papá: material sensible e inédito hasta la fecha: yo creo que es ahí donde hay que buscar el secreto, no en otra parte. La habilidad de concentrar un pequeño drama en cuatro viñetas, como otros saben concentrar ahí un chiste, esto no es cualquier cosa. Y la enorme conexión con los 60 y 70... vosotros mismos lo decís: para quien conoció la obra en los ochenta, en selecciones relamidas y coloreadas a mayor gloria del fenómeno Snoopy, no fue lo mismo: un Garfield "cool" con otro tipo de inútil por dueño, así parece que vendieran el tema.

El dibujo, por supuesto, está más que bien; es perfecto, además, en su congruencia con los fondos: el fondo es blanco porque forma parte de la síntesis, como también lo es el pelo de Charlie, resuelto con un tirabuzón en la frente. No pasa siempre: el dibujo de Mafalda es tan acabado que, cuando el fondo es blanco, vemos ahí la mano, la decisión del dibujante de obviarlo: en Peanuts, el fondo siempre "está", aun cuando no se vea. Es magia. Y, como ésta, hay muchísima más.

elpablo dijo...

sí, manel, si tienes razón, pero tú mismo lo dices, 'está más que bien, es perfecto'.
el de 'daniel el travieso' no es 'perfecto'... pero mira, era bonito, y también es un éxito (que si pelis, que si serie de animasión, también merchandaisin a tutiplén...). ahora, que hay algo más, claro, joer, 'magia', claro.
pero es que schulz era un genio. qué bonito cuando todos podemos ponernos de acuerdo en algo!
entonses la nueva pregunta es: dónde estaba su magia? la aprendió en hogwarts?

elpablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nadie nadie dijo...

Es verdad que una biografía tiene mucho de interpretación subjetiva, pero caramba, igual que un retrato, de una manera o de otra, la biografía tiene que "retratar" al biografiado.

Es decir, Schulz o era un amargado, etc o no lo era. si no lo era, la biografía está muy mal.

de primeras uno pensaría que el hijo tiene que conocer mejor al padre que un biógrafo que ni siquiera lo trató, pero claro, el hijo nunca va a ser objetivo. yo recuerdo el sentido del humor de mi padre, pero para el resto del mundo era una persona antipática y antisocial. Y como retrato, esa percepción exterior es desgraciadamente más correcta.

y no veo incompatible ser alguien triste y amargado con hacer un chiste diario. el humor tiene otros circuitos. Y peanuts tiene para mí una tristeza impregnada evidente, sobre todo leído con ojos de niño.