Mostrando entradas con la etiqueta Óscar Palmer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Óscar Palmer. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de mayo de 2013

PANORAMA CERCANO



Panorama ya está aquí. O casi. Los ejemplares acaban de salir de imprenta, justo a tiempo para llegar a las librerías el próximo viernes 24 de mayo. Ese mismo día haremos una presentación del libro en la que tendré el gusto de estar presente y el placer de disfrutar de la compañía de Óscar Palmer y Miguel Ángel Martín, además de la de todos los que quieran pasarse por allí. Hablaremos no sólo de Panorama, sino también de Supercómic, su «antología hermana».

La cita: viernes 24 de mayo a las 20 horas en Fnac Callao (Madrid).

Cuantos más seamos, más nos divertiremos.

Para ir abriendo el apetito, aquí se puede leer la introducción que he escrito para Panorama.

PANORAMA: LA NOVELA GRÁFICA ESPAÑOLA HOY

jueves, 18 de abril de 2013

MÁS SUPERCÓMIC

«¿Hacia dónde te diriges, cómic?», es un reportaje de Marta Caballero sobre Supercómic que ha aparecido en El Cultural.

Aprovechando el lanzamiento del libro, en numerocero han querido echarle un vistazo a mi escritorio.

Juan Rodríguez Millán escribe sobre Supercómic en Suite 101.

Colaboradores de Supercómic que escriben sobre el libro en sus blogs:
Daniel Ausente: Supercómic es la bomba.
Max: M+M (I) y M+M (y 2).

Archivo:

Gerardo Vilches escribió cuatro entradas comentando Supercómic:
1 Supercómic: Mutaciones de la novela gráfica contemporánea.
2 Supercómic: Segundo asalto.
3 Supercómic: Y ya van tres.
4 Supercómic: Season Finale.

Supercómic en ¿Quién vigila al Doctor Ender?
Supercómic en el programa de Radio 3 La hora del bocadillo.
Supercómic en Infolibre.
Supercómic en la revista Laraña.

Óscar Palmer escribe sobre Supercómic: La escena del crimen.
Pepo Pérez escribe sobre Supercómic: Terror sagrado.

lunes, 15 de abril de 2013

SUPERCÓMIC EN VIVO

El próximo jueves 18 de abril a las 19.30 se presenta Supercómic en La Central de Callao (Calle Postigo de San Martín 8).

Prometen que en el acto habrá vino y piscolabis, además de la presencia del editor de Errata Naturae Rubén Hernández  junto a algunos de los participantes en el volumen: Mireia Pérez, Max, Óscar Palmer y Alberto García Marcos. Todos ellos son guapos, modernos y de habla perfectamente articulada, así que estoy seguro de que será una delicia contemplarles y escucharles.

El aliciente final será mi ausencia, con lo cual no sólo os ahorraréis mis interminables discursos sino que, sobre todo, tendréis una participación apreciablemente mayor en el convite vinícola y piscolábico. ¿Qué más se puede pedir?

No faltéis. ¡Bastante rabia me da perdérmelo a mí!

MÁS SUPERCÓMIC: Un par de entrevistas que me han hecho recientemente en las que hablamos de Supercómic, entre otras cosas:

· En La hora del bocadillo, el programa de Laura Barrachina en Radio 3.
· En el blog ¿Quién vigila al Doctor Ender?

lunes, 1 de abril de 2013

LA ESCENA DEL CRIMEN DE SUPERCÓMIC

Óscar Palmer, uno de los participantes en el libro de ensayo colectivo Supercómic (Errata Naturae, 2013), habla de su aportación a la antología en su excelente blog:

La escena del crimen en Cultura Impopular.

Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea debería de estar ya a la venta en todas las librerías.

jueves, 28 de febrero de 2013

SUPERCÓMIC


Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea. Libro de ensayo colectivo publicado por Errata Naturae en abril de 2013.
Autores: Daniel Ausente, David M. Ball, Eddie Campbell, Fernando Castro Flórez, Jordi Costa, Alberto García Marcos, Emmanuel Guibert, Eloy Fernández Porta, Max, Ana Merino, Raúl Minchinela, Óscar Palmer, Mireia Pérez y Pepo Pérez.
Portada: David Sánchez.

Durante los últimos meses he tenido el inmenso placer de coordinar la edición de este libro, que finalmente será publicado el próximo abril, coincidiendo con el Salón del Cómic de Barcelona.

Os copio aquí el texto de contraportada, escrito en la editorial, que creo que ha pillado muy bien el sentido del volumen:

«Precaución: el libro que tiene ahora mismo en las manos no es una historia del cómic. Tampoco es una guía de lectura ni una lista de la compra para principiantes. Dios nos libre. Este libro es un conjunto de ensayos lúcidos, heterogéneos y desacomplejados sobre el cómic actual: sobre sus mutaciones fundamentales en todo el mundo a lo largo de los últimos años. Porque el cómic ha cambiado mucho últimamente, y con él sus lectores. Hasta hace unos años, el lector adulto de cómics era casi siempre alguien que vivía en el recuerdo melancólico de sus lecturas infantiles y adolescentes. Ahora, sin embargo, los nuevos lectores adultos compran cómics porque su lectura les resulta tan estimulante y enriquecedora como una novela de Roberto Bolaño, un capítulo de The Wire o la última película de los hermanos Coen. A ellos se dirige este libro.
¿Y de qué tratan entonces estos ensayos? De la importancia que han tenido en el cómic y su reciente transformación temas como la autobiografía, la memoria, el periodismo gráfico, la reinvención de los superhéroes, el manga más heterodoxo, el nuevo género negro, el tebeo como ensayo, la representación extrema de la sexualidad o la nouvelle bande dessinée francesa.
Y por si acaso sintieran que tras leer estos textos, escritos por algunos de los grandes especialistas nacionales e internacionales, les faltara algo, incluimos también un maravilloso cómic inédito de Max y Mireia Pérez: un historietista consagrado y una de nuestras mejores promesas de la viñeta a la búsqueda conjunta y delirante de la historia perfecta».

Éste es el sumario, en el orden que aparece en el libro, que tiene 357 páginas:

«Después del cómic. Una introducción», Santiago García.
«La autobiografía en el cómic. Una muy breve introducción a un tema muy extenso, visto desde una bicicleta en marcha», Eddie Campbell.
«Love and Rockets o la cumbre de la ficción seriada», Ana Merino.
«Los fracasos de Chris Ware», David M. Ball.
«La imparable extensión de lo nimio», Raúl Minchinela.
«La memoria gráfica y las sombras del pasado», Daniel Ausente.
«M+M», Mireia Pérez y Max.
«Don Sórdido goes global. Miguel Ángel Martín y las gestiones de la violencia», Eloy Fernández Porta.
«Un zoom para Shintaro Kago», Jordi Costa.
«La escena del crimen. Nuevas aproximaciones al género negro norteamericano», Óscar Palmer.
«Dioses y patria: viñetas políticas en el cómic norteamericano contemporáneo», Pepo Pérez.
«"...yo soy Pagliacci" [el (presunto) sacrificio superheroico y la "mentira" (fundadora) social]», Fernando Castro Flórez.
«Entrevista con Emmanuel Guibert: el hombre tranquilo y las pequeñas cosas», Alberto García Marcos.

Hasta aquí la información fundamental sobre el libro, que iré ampliando en próximas fechas: precio y día exacto en que sale a la venta, por ejemplo. Además, en futuras entradas iré comentando de forma concreta cada uno de los artículos incluidos en el volumen.

Aquí ya sólo quiero añadir la crónica personal de este libro.

Como ya habrá supuesto algún seguidor de Mandorla, me encanta escribir sobre cómics. Y, por supuesto, también me encanta leer sobre cómics. Es uno de esos raros placeres que a veces, y lo digo sin complejos, puede superar incluso a la propia lectura de cómics. A veces, pero, reconozcámoslo, raramente. No me encuentro tantos textos maravillosos sobre cómics como me gustaría. Pero también es cierto que no siempre se promueven esos textos, y que las personas que podrían escribir textos fantásticos sobre cómics no siempre reciben el estímulo adecuado para hacerlo, ni tienen dónde hacerlo ni, en definitiva, se lo ha pedido nadie. El caso es que hay un tipo de libro sobre cómic que yo todavía no había visto publicado en España: la colección de ensayos heterodoxos y adultos, que se acerquen al cómic frontalmente, sin pedir disculpas y sin dar explicaciones, desde una perspectiva amplia de la cultura general, no del mundillo especializado. Si algo tenía claro era que, en caso de hacer ese libro, tenía que hacerlo en una editorial que no fuera de cómic, una editorial que tuviese un amplio marco de intereses dentro de los cuales el cómic pudiera presentarse como otro más ante sus lectores, que no tendrían por qué ser necesariamente aficionados de los que frecuentan las librerías especializadas. Y todo esto no es porque haya nada de malo ni en las editoriales de cómic ni en las librerías especializadas, sino porque la idea era salir a un escenario más amplio, al escenario común de la cultura general, compartida, no del nicho para iniciados. Un escenario que pocas veces nos atrevemos a pisar los que básicamente vivimos del cómic.

Con este planteamiento en mente, mi primera elección entre las editoriales que trabajan ahora mismo en España estuvo clara: Errata Naturae representaba justo lo que buscaba. Una editorial que publica tanto ensayo como filosofía y narrativa, y que se ha preocupado de incluir en su catálogo volúmenes dedicados a series de televisión, cine y videojuegos. Si Supercómic tenía sentido, tenía que ser en un sitio como Errata Naturae.

Mientras rumiaba este proyecto, esperando el momento -que al final nunca llega- de que las obligaciones más urgentes me dejaran un rato libre para planteárselo a la editorial, el año pasado recibí inesperadamente una llamada de Errata Naturae. Querían que participara en el volumen dedicado a The Walking Dead, cosa que hice con sumo gusto, escribiendo un artículo sobre el cómic original en el que se basa la serie de televisión. Y ya de paso, aproveché para comentarles mi idea de un libro dedicado a ensayos sobre cómic contemporáneo. ¿Sabéis qué? Resulta que estaban buscando precisamente un proyecto como ése.

A veces, las cosas salen bien casi sin proponérselo.

A partir de ahí, ya sólo ha sido cuestión de seleccionar a un grupo de autores, pedirles un texto y esperar a que lo entreguen. Es maravilloso cuando uno hace un libro y en realidad todo el trabajo duro lo hacen otros. Debo decir que todos los colaboradores han mostrado un trato excepcional y una profesionalidad impecable, y que ha sido un placer trabajar con ellos. Y lo mismo debo decir del equipo de Errata Naturae: Rubén Hernández, Irene Antón y los demás -maquetistas, correctoras- que han trabajado un montón para que este libro quede incluso mejor de lo que había soñado. No sólo han currado una barbaridad, sino que lo han hecho con una amabilidad extraordinaria. Así da gusto.

Ya sólo queda esperar unas semanas para tenerlo en las manos. Me hace muchísima ilusión que este proyecto sea ya una realidad. Espero que si hay por ahí fuera más personas que, como yo, disfrutan leyendo textos excelentes sobre cómic, pasen un buen rato con Supercómic. Es realmente un libro único.

Aunque la semana que viene hablaré de otro que podría ser su hermano, en cierta manera. Pero eso será la semana que viene.

viernes, 5 de marzo de 2010

MAL ROLLO


Hay como una magia mística en lo que uno escribe, Pepo siempre me lo advierte. Yo le digo que son imaginaciones suyas, pero reconozco que cuando decidí titular un post «Buen rollo», era como si ya me estuviera preparando para otro que inevitablemente tendría que venir después y que se titularía «Mal rollo». No, por nada, porque sí, porque el universo así lo exige.
Lo que no imaginaba es que sería tan rápido.
La clausura de las jornadas UCMCOMIC esta mañana en la Complutense empezó con una mesa redonda sobre la divulgación del cómic en la que, moderados por Pedro Toro, participaron Óscar Palmer, Christian Osuna, Gustavo Montes y Alberto García. Aunque menos explosiva que la del miércoles protagonizada por autores, la reunión dio lugar a que se suscitaran algunos temas interesantes, tanto en referencia a la inserción del cómic en la educación y los programas universitarios, donde Montes tiene experiencia como profesor de una asignatura centrada en las narraciones gráficas, como sobre su tratamiento en los medios, en bibliotecas y en internet. A mí, personalmente, me sirvió para confirmar algo que he percibido durante toda esta semana (en mayor grado todavía en la charla del miércoles, aunque sea aquí donde lo mencione): cómo la irrupción novela gráfica ha sembrado la desconfianza y la confusión entre los que nos dedicamos a esto, y cómo no sabemos todavía muy bien cómo interpretar y manejar el término (o el concepto). Me lo tomo como una buena noticia, o al menos un augurio favorable para mi libro.

El segundo acto del día fue una conferencia impartida por Francisco Reyes, profesor de la Complutense especializado en hip hop, con el título «Los superhéroes en España. Colecciones pioneras».
Y aquí se concentra el mal rollo del título.
Acudí ilusionado por escuchar a alguien conocedor de las colecciones de superhéroes publicadas en España en los años 40 a 60, algunas de cuyas portadas -y poco más- he visto asomar en ocasiones en recopilaciones de tebeos antiguos o en el blog de Joan Navarro. Y si la charla no iba de eso, sentía curiosidad por saber de qué trataría.
El caso es que no trató de nada.
A lo largo de mi vida me he tragado unas cuantas charlas vergonzosas, y sobre todo estos últimos años, pero creo que ésta las gana a todas. Reyes se dedicó a ir pasando un Power Point plagado de portadas de comic books americanos de los años 40 y 50, seguidos de portadas de tebeos de Vértice, Surco, Bruguera y Forum, nombrando al superhéroe que aparecía en dicho tebeo y acompañando en ocasiones la imagen de datos irrelevantes o, con mucha frecuencia, erróneos. Ahora mismo me vienen a la cabeza informaciones tan clamorosas como decir que en 1956 DC estaba en su edad de oro gracias a la Liga de la Justicia (la cual no aparece hasta 1960, añado el dato de mi cosecha para aquellos de nuestros lectores que no tengan la wikipedia instalada en el ordenador, como el profesor Reyes) y perlas de este calibre. Que no eran "errores" o "deslices" (ya sabemos que a veces a uno se le va una fecha o un nombre de la cabeza cuando está hablando), porque el discurso revelaba el desconocimiento absoluto del ponente sobre el tema que estaba tratando. Uno de los grandes daños que ha causado internet es que cualquier ignorante se puede montar un Power Point de 200 imágenes bajadas de tebeosfera (con su marca de agua incluida) y otros sitios y exhibirlo ante su público sin necesidad de saber ni lo que está mirando. Antes, normalmente para acceder a las imágenes uno tenía que tenerlas en casa, en cómics originales o al menos reproducidas en libros que se suponía que uno había comprado y leído porque tenía interés.
Además de la desinformación total de la que hizo gala, Reyes exhibió una falta de discurso preocupante en un profesor universitario. Incapaz de hilar ninguna idea, de juntar dos frases con sentido o de hacer alguna observación que fuera más allá del chistecillo fácil sobre los poderes o la apariencia de los personajes sobre los que estaba hablando, a los cuales se tomó a guasa en todo momento. Y esto tal vez fuera lo más grave.
La actitud.
Porque uno no se puede presentar ante un público con tal falta de respeto hacia quienes van a dedicarle un rato a oírle, hacia sus alumnos, hacia el material que está tratando y, en última instancia, hacia sí mismo. A lo largo de esta semana he tenido ocasión de escuchar muchas presentaciones. Algunos de los ponentes lo han hecho mejor y otros lo han hecho peor, algunos tienen más lucidez, más facilidad de palabra, más experiencia, más viveza y más conocimientos, y otros menos. Pero todos, absolutamente todos, han mostrado un enorme entusiasmo por lo que estaban haciendo, un inmenso deseo de agradar, de comunicarse y de aportar algo en la medida de sus capacidades. Todos, digo, han respetado a su público, a su tema y a sí mismos.
Y eso es lo mínimo que se puede pedir.
Y en esta conferencia no se han cumplido los mínimos.
No es de recibo que en una jornadas universitarias, en el salón de actos de la Complutense, un profesor de esa misma casa se ría constantemente de lo que está contando y diga varias veces que no entiende qué hace allí y que le parece muy raro estar hablando de «esas cosas» en la universidad y en el salón de actos. No es de recibo que, aburrido por su propia ineptitud, vaya preguntando cada poco tiempo si falta mucho y diga que «ya queda poco» y «venga, vamos corriendo ya», suspirando con agotamiento, como si aquello fuera tan insoportablemente tedioso para él como, de hecho, lo estaba siendo para nosotros.
Después de una semana de tan buenas sensaciones, después de escuchar inmediatamente antes a Óscar, Christian, Gustavo y Alberto insistir en la importancia de la divulgación del cómic, esto fue un bajonazo gordo. Sí, ya sé que en la universidad no todos los profesores son como era Juan Antonio Ramírez. He tenido ocasión de conocer a muchos, y de todo tipo y pelaje, así que no es una sorpresa, y por tanto tampoco hay que creerse que la universidad es un sacrosanto recinto de venerables sabios. Pero me pregunto si uno se puede presentar con tanta desfachatez para hablar de un tema del que lo desconoce todo, y además con esa indolencia, en unas jornadas de literatura, de arte o de cine, sin peligro de que lo echen a patadas.
En fin, creo que me alargo demasiado sobre un punto negro que no emborrona el conjunto de este pedazo de semana, así que voy a cortar ya. Andrés y Daniel han demostrado un nivel, calidad y gusto tan extraordinario como organizadores que tendré que suponer que esta charla ha sido el peaje administrativo que han tenido que pagar. Ya sabemos cómo son las cosas en los pasillos de la uni.

Si hubiera necesitado buscar un ejemplo que sirviera de contraste para explicar qué había sido lo peor de la charla del profesor Reyes, me habría bastado con esperarme a escuchar a Nacho Vigalondo, que cerró las jornadas con una intervención titulada «Cuando desperté, Mark Millar estaba allí».
Vigalondo no es ningún erudito, ni falta que le hace. Inició la charla avisando de que nada de lo que dijera tendría ningún valor académico: él era un fan y como tal se presentaba ante nosotros.
Con esas palabras, una vez más, Vigalondo demostraba su lucidez.
Esa puesta en escena, en lugar de descalificarle, le recalificaba. Porque los fans también forman parte de la «institución cómic». El cómic lo hacen autores, editores, distribuidores y también lectores. Todos participan en la misma medida en el medio, y esa visión de fan también tenía, por tanto, su lugar en estas jornadas, un lugar que Vigalondo se ocuparía de reivindicar sin complejos.
Como decía más arriba, la documentación no es tan importante. Vigalondo se había leído los tebeos de los que hablaba, y había reflexionado sobre ellos. Con eso basta, no hay mejor documentación que hablar de algo de primera mano.
Además, la charla de Vigalondo mostró un discurso. Allí había alguien que tenía algo que decir y que sabía decirlo. Importa poco si es o no académico, es algo y merece la pena oírlo. Es honesto, es digno, es merecedor de respeto. Y para que conste, normalmente considero que Vigalondo suele tener intuiciones geniales sobre el funcionamiento de los medios y las narraciones. Más de una vez me he encontrado en su blog con explicaciones nítidas y convincentes de cuestiones en las que pensadores profesionales se han enfangado en libros académicos.
Por último, si en algo brilló Vigalondo fue en el tercer elemento fundamental de toda charla: la actitud. Entrega total, pasión absoluta, comunicación directa con el público. Es cierto que yo ya estoy algo talludito para que las exhortaciones tipo «lefa» y «polla» me hagan desternillarme, pero comprendo que Vigalondo supo usarlas con inteligencia como herramientas para manipular (en el buen sentido de la palabra) a su público mayoritariamente juvenil. Básicamente, vimos a un narrador en acción.
Y a una persona que respetaba al público que tenía delante, a la materia que estaba tratando y que, de esa manera, se ganó mi respeto.
A pesar de que nos dieran las tres y estuviera muriéndome de hambre.
Me parece increíble que cuando nos fuéramos empezaran a hacer el examen del curso. Espartanos todos.
Gracias, Nacho Vigalondo, por dejarme ese buen sabor de boca al final de unas jornadas tan cojonudas.
Gracias a Daniel y Andrés por currarse esto.
Y gracias a todos los estudiantes que estuvisteis allí animando a estos fatigados viejunos del cómic a seguir adelante.

DIVULGADORES

Casi como una continuación del post anterior, la discusión sigue ahora mismo en vivo y en directo en la Complutense.


lunes, 30 de noviembre de 2009

SCHULZ, CARLITOS, SNOOPY Y NOSOTROS

Uno de los momentos que más disfruté de este Salón de Getxo fue la presentación del libro Schulz, Carlitos y Snoopy. Una biografía (2009, Es Pop) a la que tuvo la amabilidad de invitarme su editor, Óscar Palmer, y que me permitió mantener una charla pública no sólo con él, sino también con Pepo Pérez y Manel Fontdevila, que completaban la mesa redonda.
Schulz, Carlitos y Snoopy llegó en el último segundo a las librerías presentes en el festival, para alivio de Óscar, que tuvo los dedos cruzados durante toda la semana. Como me imagino que ya esta misma semana estará en todas las librerías, creo que no está de más recordar algunas de las cosas que allí comentamos.
Schulz, Carlitos y Snoopy no es un libro sobre cómic, aunque lo parezca. Es un libro sobre cultura popular, o, más exactamente, sobre cultura de masas, que es a lo que se dedica precisamente Es Pop, una jovencísima editorial que ha publicado apenas tres libros: uno sobre cine, otro sobre rock y este tercero sobre historieta. Pero digo que no es sobre cómic porque no es un libro escrito desde el mundo del cómic. Su autor, David Michaelis, es un biógrafo -o un "biografista"- que ya había tenido un gran éxito de ventas con un trabajo sobre la vida de N.C. Wyeth, y que andaba buscando otro tema cuando se topó con Schulz, probablemente el historietista americano más importante del siglo XX.
Como es típico en estas grandes biografías profesionales tan del gusto de los americanos, las más de 600 páginas del volumen están llenas de detalles minuciosos, hasta tal punto que casi podríamos decir que los detalles están llenos de detalles. Y aunque, evidentemente, su lectura es imprescindible para cualquier aficionado al cómic que sienta un poco de curiosidad por la historia del medio, y en efecto hay mucha información sobre el funcionamiento de las tiras de prensa, las agencias y los profesionales de la viñeta en Estados Unidos, Michaelis no intenta hacer un trabajo especializado en historia del cómic. Su perspectiva es más amplia, lo cual es de agradecer porque realmente es necesaria una perspectiva muy amplia para abarcar la figura de Schulz y su serie Peanuts, que es siempre inconmensurable y con frecuencia contradictoria. Porque Peanuts es uno de los cómics más importantes que han existido, sí, pero también es el origen de uno de los emporios comerciales más grandes de todos los tiempos, y conocer esa dimensión es tan necesaria como conocer la puramente viñetera para entender la historia completa.
Curiosamente, de los cuatro que participamos en la mesa de presentación de la obra, tres -Óscar, Pepo y yo- no habíamos llegado a Peanuts como cómic hasta muy tarde, y sólo siendo adultos habíamos empezado realmente a disfrutar la serie. Yo apenas leí Carlitos y Snoopy de crío -mi familia era más de Mafalda-, pero por supuesto que mi contacto con los personajes fue muy intenso desde muy temprana edad. Al fin y al cabo, había figuritas, colonias, anuncios y ropa con la efigie de Snoopy por todas partes. Mi adolescencia coincidió con el apogeo de la apropiación de Snoopy por los pijos, los años duros del "Te lo juro por Snoopy" y de figuritas de Snoopy rampante con la bandera española. Desde luego, las creaciones de Schulz no despertaban mis simpatías por aquel entonces.
Sin embargo, recientemente Peanuts ha sufrido un proceso de rescate. Desde la muerte de Schulz en 2000 (la noche anterior a que se publicara su última tira), los principales autores de novela gráfica han insistido por activa y por pasiva en la enorme influencia de Peanuts sobre su propio trabajo. Algunos, como Ivan Brunetti o Seth, lo llevan escrito en su trazo de forma evidente. El parecido gráfico de la primera etapa de Peanuts con las obras del autor de George Sprott es más que evidente. No es un amor secreto: ha sido precisamente Seth quien se ha ocupado de diseñar la reedición completa y definitiva de Peanuts que Fantagraphics publica desde 2004 (Planeta-DeAgostini, en España). Chris Ware, por su parte, manifiesta siempre que puede su amor por Charlie Brown y compañía. En el número 13 de McSweeney's Quarterly Concern (2004), que él editó, reprodujo varios papeles con los "dibujos preliminares de Charles Schulz", y escribió: "Cualquiera que haya intentado dibujar a Charlie Brown descubre de inmediato que es una tarea imposible; siempre sale mal, como una broma grotesca, como alguien que se hubiera disfrazado para ir a una fiesta".
Aunque no se puede negar que el estilo limpio y minimalista de Schulz es una fuente constante de inspiración para Ware y compañía, es evidente que su influencia va más allá del aspecto gráfico. Es más bien el minimalismo argumental, el despojamiento narrativo y el interés por la representación a través del cómic de estados de ánimo o "no incidentes" lo que sin duda fascina a estos autores interesados en narrar todo aquello que hasta ahora no se había narrado con viñetas.
Excepto en Peanuts, tal vez.
En Apocalípticos e integrados (1965), Umberto Eco incluyó un ensayo sobre "El mundo de Charlie Brown", en el que escribía:
"Desde que el mundo es mundo, artes mayores y artes menores han podido prosperar casi siempre únicamente en el ámbito de un sistema dado que permitía al artista cierto margen de autonomía a cambio de cierta sumisión a los valores establecidos: y que, con todo, en el interior de estos varios circuitos de producción y de consumo, se han visto surgir artistas que, valiéndose de ocasiones concedidas a todos los demás, lograron transformar profundamente el modo de sentir de sus consumidores desarrollando, en el interior del sistema, una función crítica y liberadora. Como siempre, es cuestión de genialidad individual, de saber elaborar un discurso lo suficientemente límpido, incisivo y eficaz para lograr el dominio de todas las condiciones dentro de las que, por la fuerza de las cosas, se mueve".
Continuaba Eco planteando dos vías posibles para elaborar ese discurso: una de ellas la ejemplificaba con la sátira intelectual de Jules Feiffer y su Sick, Sick, Sick. La segunda vía la representaba Krazy Kat de George Herriman, y era en esta tradición en la que insertaba a Peanuts. Es curioso que Eco relacionase a Peanuts con este cauce que él llamaba "lírico", ya que Michaelis también insiste en la influencia de la obra de Herriman sobre Schulz. Parece evidente, pues, que Peanuts es uno de los grandes cómics artísticos de la historia, un cómic que parece destinado a satisfacer las demandas de los lectores más inteligentes.
Entonces, yo me pregunto, ¿cómo es posible que también fuera uno de los cómics más populares de todos los tiempos? ¿Cómo podía ser el favorito de las élites el producto más groseramente masificado?
Estamos acostumbrados a pensar que las obras verdaderamente brillantes y originales están condenadas a la incomprensión por parte de las masas (véase precisamente el caso de Krazy Kat). ¿Cuál es el secreto de la magia de Peanuts?
No lo sé -como supongo que no lo sabe nadie, o ya lo habrían patentado, y probablemente el único que lo descubrió fue Bill Watterson y decidió guardárselo-, aunque sospecho que para los americanos, Peanuts representaba la sal de la tierra, ese punto intermedio -geográfico y espiritual- que es el Medio Oeste equidistante de la intelectualidad europea de Nueva York y de la extravagancia de California. Un país que nunca existió pero en el que todos se encontraban en casa. Probablemente también tuviera algo que ver la facilidad de Schulz para generar lemas que fueran el equivalente occidentalizado de la filosofía zen. Los relajantes haikus que son muchas veces las tiras de Peanuts alcanzaron su máxima popularidad durante los años 60, una época que está cruzada de frases de motivación, de espiritualidad resumida en un eslógan y de mantras de autoayuda.
Por supuesto que gran parte de la popularidad que alcanzó Peanuts durante esa década se debe también al ascenso al estrellato de Snoopy, y a la multiplicación de la imagen de éste en todo tipo de productos comerciales y anuncios. Y empiezo a sospechar que hay un tipo de figura -normalmente blanca, indefinida, antropomórfica pero no del todo humana, una especie de interrogación ambulante- que cautiva la imaginación del público masivo en virtud de su propia neutralidad. Me pregunto: ¿hay alguna relación secreta entre Snoopy, Bone, los Moomins, los Schmoo y otros mil avatares de esta silueta fantasmal?
En todo caso, la explotación mercantil de Peanuts se basó -en un principio, al menos-, en las cualidades inherentes a la tira. El origen del imperio está en Happiness is a Warm Puppy, un libro regalo aparecido en 1960 que creó un mercado hasta entonces inexistente. No había libros como ése hasta aquel momento -formato reducido y cuadrado, muy colorido, conformado por apenas unas ilustraciones acompañadas de variantes del lema "la felicidad es..."-, como no había sudaderas de colores con logos de personajes hasta que aparecieron las de Peanuts. Una de las cosas que más me ha interesado del libro de Michaelis es cómo explica de qué manera las creaciones de Schulz han contribuido de manera decisiva a dar forma a la sociedad de consumoen la que hoy vivimos, saturada de logos y de marcas.
[Por cierto, que Happiness is a Warm Puppy ha sido publicado por vez primera en España precisamente ahora, casi 50 años después de su aparición original en Estados Unidos, junto con otros tres títulos de la serie; aquí se llama La felicidad es un cachorrito].
Pero en última instancia, Schulz, Carlitos y Snoopy es, como reza su subtítulo, "una biografía". Lo que importa es la vida de una persona, y ahí es donde el libro de Michaelis ha recibido la mayor contestación por parte de algunos sectores, animados por el hijo mayor de Schulz, Monte.
Monte Schulz fue compañero y amigo de Michaelis durante todo el proceso de documentación y escritura del libro, pero cuando leyó el texto final se sintió profundamente decepcionado por el retrato que hacía de su padre. Sus quejas acabaron dando lugar a un número especial de The Comics Journal (290, mayo de 2008) donde se examinaba con lupa la biografía. En aquel TCJ aparece un largo texto de Monte que intenta corregir la semblanza de su padre que, según él, daba el libro: un hombre frío, distante, en permanente estado de melancolía, con problemas para relacionarse con sus semejantes y su familia, y marcado indeleblemente por la muerte de su madre. Además, de Monte Schulz, especialistas de primerísima línea como R.C. Harvey, Jeet Heer y Kent Worcester hacían críticas muy detalladas de Schulz, Carlitos y Snoopy. Mi impresión, después de leerlas, es que la biografía es muy consistente y fiable, porque la mayoría de las pegas que se le planteaban no pasaban de errores menores. Por ejemplo, que Schulz no leyó Krazy Kat a medida que se publicaba en los periódicos, ya que no aparecía en ninguno al que él tuviese acceso. Por el contrario, descubrió la serie de Herriman recopilada en libro cuando ya no se publicaba en prensa. Es un detalle a tener en cuenta, pero no cambia el hecho de que le influyó poderosamente.
Queda el tema de la veracidad de la descripción que se hace del carácter de Schulz. Evidentemente, puede que Michaelis -que no llegó a conocer en vida al biografiado- nos haya transmitido una impresión equivocada. Diría que incluso me inclino a pensarlo, porque, como señalan Monte Schulz y Harvey -que sí conoció al dibujante-, nadie que viviera amargado podría haber estado realizando durante 50 años un chiste diario. Pero a una persona sólo se la puede conocer realmente tratándola en persona, y a nosotros no nos importa tanto cómo era realmente Schulz, sino que más bien nos interesa el relato absorbente de su vida y sus circunstancias que hace Michaelis. Al fin y al cabo, toda biografía es una ficción, un relato novelesco en el que se reconstruye un argumento a partir de unos elementos anecdóticos que siempre son incompletos, siempre son parciales, siempre son engañosos. Y el mejor biógrafo es el que, consciente de que su verdad es una mentira, la engarza en un tema y lo desarrolla con brío y talento. Schulz tuvo una vida que no se puede considerar interesante. Fue un hombre sencillo -a pesar de su riqueza-, su vida sentimental, si bien no fue anodina, tampoco fue extraordinaria, y su trayectoria profesional se resume diciendo que se pasó medio siglo sentado a una mesa dibujando. Que su biografía se lea apasionadamente es un tributo al brío y talento de Michaelis.
Quería decir más cosas, pero me temo que ya he dicho demasiadas (yo que odiaba los posts largos en los blogs), así que me limito a cerrar con una tira de Peanuts que se publicó en enero de 1973 y que creo que todos los que nos dedicamos al cómic -como autores o como críticos- deberíamos tatuárnosla en la frente. Traduzco los diálogos. Viñeta 1: ¿Qué pasa si trabajas durante 20 años y al final acabas no siendo ni rico ni famoso? Viñeta 2: El placer está en tocar. Viñeta 4: ¡Estás de broma!
Más:
David Michaelis habla de Schulz, Carlitos y Snoopy, subtitulado al español. (Visto en cultura impopular).

Toda la información sobre el libro (incluidas 10 páginas en pdf) en cultura impopular, el blog de Óscar Palmer y Es Pop ediciones.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

MIL O MIL DOSCIENTOS


Acabo de venir de comer con Óscar Palmer y Manuel Bartual, y precisamente una de las excusas para quedar ha sido que Óscar me pasara ejemplares del U, ya que él conservaba los "fondos" y yo sólo tenía una colección, cada día más ajada. Óscar me ha dado un buen puñado de ejemplares, y de algunos me ha informado que ya "eran los últimos". Como no se pueden juntar tres ex-alcohólicos alrededor de una botella de whisky sin que se pongan a recordar viejas borracheras, y como encima tenemos tan reciente la discusión en los comentarios del post sobre Volumen, el U ha sido tema predilecto de la conversación. Según me contaba Óscar -que fue quien se ocupó no sólo de dirigir, sino prácticamente de todo el proceso durante la última etapa de la revista- en la fase final de autoedición, el U vendía entre 900 y 1.200 ejemplares (que era la tirada en esa época). Por lo que yo recuerdo de cuando nos publicaban Camaleón y La Factoría de Ideas, las cifras rondaban esas mismas cantidades, tal vez con algún pico hacia los 1.500 en números concretos. En su momento, me parecían muy pocos; ahora, me parecen una barbaridad. Por supuesto, no hemos podido evitar plantearnos la Gran Pregunta: ¿vendería hoy en día una revista parecida al U -digamos de periodicidad anual y más gorda todavía- 1.000 ó 1.200 ejemplares a un precio de portada de 10-12€, más acorde con su verdadero coste? Yo apostaría a que no.

viernes, 25 de septiembre de 2009

NUKLEARES MORGENGRAUEN




Ahora que está en las librerías el último trabajo que hemos hecho juntos Javier Olivares y yo, El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde (SM), he querido recuperar nuestra primera colaboración. Y la verdad es que me he dado cuenta de que para rastrear los orígenes de nuestras historietas juntos, hay que seguir un camino tortuoso. Nuestras primeras páginas a cuatro manos son las de Beowulf, que permanecen inéditas hasta el momento. De modo que, puestos a buscar nuestras primeras páginas a cuatro manos publicadas, resulta que me encuentro con que también están inéditas... en español. Amanecer nuclear apareció en el nº 74 de la revista Strapazin, de marzo de 2004. Allí llevaba el título Nukleares Morgengrauen. Aquel número de la revista germanoparlante estaba dedicado al cómic español, y detrás de una portada de Max estábamos no sólo Javier y yo, sino también Martí, Keko, Darío Adanti, Linhart, Miguel Núñez, Santiago Sequeiros y Gabi Beltrán, contextualizados todos por un ensayo de Óscar Palmer. Si no me equivoco, hasta el día de hoy Amanecer nuclear no ha visto la luz en su idioma original.

Sobre la Amanecer nuclear, debo decir dos cosas: la primera, que estaba inspirada por una historia de Oliver Sacks, "El caso del pintor ciego al color". La segunda, que con lo que me gustan los personajes que dibuja Javier O., no se me ocurre otra idea más feliz que pedirle que no dibuje ninguno en cuatro páginas. ¡No te merezco, Javier!

De Beowulf hablaremos otro día...