Pepo Pérez, otro de los colaboradores de Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, ha colgado en su blog un extracto de su texto, «Dioses y patria. Viñetas políticas en el cómic norteamericano reciente», con un comentario añadido sobre el libro y su implicación en el mismo:
Dioses y patria en Es muy de cómic.
Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea ya está a la venta.
Véase también La escena del crimen, de Óscar Palmer, en Cultura impopular.
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martes, 2 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
LA ESCENA DEL CRIMEN DE SUPERCÓMIC
Óscar Palmer, uno de los participantes en el libro de ensayo colectivo Supercómic (Errata Naturae, 2013), habla de su aportación a la antología en su excelente blog:
La escena del crimen en Cultura Impopular.
Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea debería de estar ya a la venta en todas las librerías.
La escena del crimen en Cultura Impopular.
Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea debería de estar ya a la venta en todas las librerías.
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martes, 2 de octubre de 2012
LA VIDA Y SU REVERSO
Ayer escribía en Mandorla sobre Pudridero, co-edición de Fulgencio Pimentel y la nueva editorial Entrecomics Comics, nacida de la mejor web de información sobre cómic en español que existe, Entrecomics. Pero Pudridero no era el primer lanzamiento de Entrecomics Comics, y la ocasión me permite recuperar aquí su primer título, que salió hace unos meses y que sería una lástima que pasara desapercibido.
Moowiloo Woomiloo (Entrecomics Comics, 2012), de Molg H. y Néstor F., es un webcómic reformateado espléndidamente para su edición en papel como libro apaisado de colores brillantes, que tiene algo de la radiación tecnológica de la pantalla en sus páginas, y que ejerce sobre mí una fascinación semejante a la de los catálogos de supermercados (especialmente los de tecnología). Al hojearlo, percibo un sinfín de imágenes y textos diversos y hasta heterodoxos que, sin embargo, están unidos por su contenedor: todos los productos los puedo comprar en la misma tienda; todas las historietas pertenecen al mismo libro. Habrá quien piense que en el salto de lo digital intangible a lo material palpable hay un ennoblecimiento del material: yo digo que nada hay más noble que el empanfletamiento que supone este suntuoso cuadernillo.
Pero vamos a lo que vamos, señoras. MW está movilizado por un resorte experimental posmoderno. Uno de los autores plantea una situación en una página y el otro nos da «la otra cara» en la siguiente; lo que no habíamos visto, ni siquiera intuido, nos es revelado. Normalmente, con efectos hilarantes, porque esta pareja tiene un sentido del humor muy agudo a la vez que muy negro. Incluso un poco sardónico y en ocasiones desabrido. Pero muy de nuestros días, en todo caso. MW se encuadra en algún lugar de una región donde también habitan Paco Alcázar y Alberto González Vázquez (imposible no pensar en él al leer la historieta de «Éstas son nuestras armas», véase vídeo al final de este post). La variedad de personajes y temas que recorren estas historietas de dos tiempos es muy grande, pero a mí, como no podía ser menos, me llaman especialmente la atención los episodios dedicados a la novela gráfica y la crítica de cómics. Creo también que es, en realidad, lo que acaba imponiendo de forma más clara su personalidad sobre el conjunto de la obra, sin duda porque es uno de los terrenos en los que Molg H. y Néstor F. están más inspirados.
En una de las historietas más brillantes de MW, ambientada en un supermercado cultural (en Fnac, digámoslo sin rodeos), descubrimos al «crítico de cómics» encerrado en una oscura y vacía celda, a la espera de asesorar a los consumidores, formulando sus gustos, que «son extrapolables a cualquier persona». Cuando el cliente inquiere qué hace falta para ser crítico, el empleado de la tienda contesta: «¿Qué quieres decir? No hay que hacer nada. Nuestro crítico vino un día y se metió ahí dentro». Que es exactamente la verdad, como demuestra Bruno Kolin, el crítico que no hizo nada más que llegar un día y meterse ahí dentro. La pura verdad es que no hace falta ni leer los cómics, porque al fin y al cabo, dentro de la celda del crítico no hay luz para leer.
La crítica de la crítica que practican Molg H. y Néstor F. viene representada de forma exacta por la viñeta con la que encabezo este post: la cabeza abierta y ensangrentada de un autor (desnudo, aunque no se aprecie en esta viñeta), empotrado contra la taza del váter, que se arrastra con el teléfono en la mano para no perder la oportunidad de ser entrevistado en el suplemento cultural. Lo que hacen los autores en MW es imaginar un mundo en el que los dibujantes de cómics (y los críticos) ocupan el mismo espacio (social, cultural, económico) que los novelistas, los cineastas y los artistas (de verdad). Es decir, realizan simbólicamente el sueño de la novela gráfica, y revelan una pesadilla burguesa. Su pirueta satírica es doble: se parodia la situación real, actual, del cómic, tan infame y tan alejada de esa realidad imaginaria que se nos presenta en WM; y a la vez esa aspiración se ridiculiza como mediocre y vulgar. Pero como estamos en MW, la parodia por supuesto que tiene un reverso, y ése es el de la realidad cultural del país, proyectada a través del espejo deformante del cómic.
Hay que decir que, como cómic experimental que es, MW acaba descomponiéndose como parte de la propia combustión interna de sus materiales, y su parte final es un tanto amorfa, como el hijo de Bruno Kolin. Hay una confusión en cadena, que es la confusión de un hombre que quisiera destruir Google con una bomba y en realidad luego todo fuera parte de una película que nunca ha protagonizado. ¿Entiendes lo que quiero decir, o no? Por si acaso, me explico: esa confusión es la sonrisa torcida con la que el posthumor nos cuenta la vida. La vida real, tal como es. Tal y como la vemos en las recomendaciones que hacen en facebook y amazon los autores de las novelas gráficas de la vitrina de destacados de Fnac, haciéndose pasar por lectores anónimos. Es decir, lo que todos entendemos con el lenguaje común de Bruno Kolin como un 0,1.
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lunes, 4 de abril de 2011
RDL 294

En el Rockdelux de este mes (número 294) publico una reseña de Bodyworld (Apa-Apa/Sinsentido) de Dash Shaw. Es en la sección de crítica de cómics que coordina Pepo Pérez, y en la que creo que este mes hay un par de firmas nuevas (si ya habían publicado antes y se me había pasado, lo siento): Raúl Minchinela, que hace una brillante reseña de Ellos mismos (Mondadori), de Joaquín Reyes, e Isabel Cortés, que no se queda atrás con Granja 54 (Astiberri), de Galit y Gilad Seliktar. Además, Cuentos de Pete el Leñador (Apa-Apa), de Lili Carré, por Pablo Ríos; Todo el mundo es imbécil menos yo y otras agudas observaciones (La Cúpula), de Peter Bagge, por Alberto García; La Cosa del Pantano (Planeta-DeAgostini), de Alan Moore, Stephen R. Bissette y John Totleben, por Octavio Beares; Juego de manos (La Cúpula), de Jason Lutes, por Juanp Holguera y Tóxico (Mondadori), de Charles Burns, por Rubén Lardín.
miércoles, 26 de mayo de 2010
LA CRÍTICA DE CÓMICS (O DE NOVELAS GRÁFICAS)
«Hace aproximadamente un año en The Grove, un centro comercial de Los Ángeles, bajaba por las escaleras mecánicas de una librería de tres pisos de Barnes and Noble. Dos niñas adolescentes, de 13 ó 14 años, iban delante de mí, discutiendo el tema clave del día:
Chica nº 1 - ¿Entonces qué es una novela gráfica?
Chica nº 2 - No puedo creer que no sepas lo que es una novela gráfica. Una novela gráfica es seria. Los cómics son graciosos.
De ninguna manera pretendo que este diálogo fuera definitivo. Ahora bien, que las adolescentes de los centros comerciales discutan cómo hay que llamar a los cómics, eso sí que es un momento definitivo. Sobre cómo los cómics se convirtieron en un tema candente -para el público de los Temas Candentes, y para los votantes de los Óscar, y los comités del Guggenheim, y los bibliotecarios públicos que alimentan las secciones de cómics, y los soportes para reseñas de libros importantes, y en su propia lista de best-sellers en el New York Times- es sobre lo que trata este libro.
Y si se me permite, no puedo creer que no sepa cómo llamar a las "novelas gráficas". O, al menos, desearía conocer un término que cubriera la ficción con dibujos, la no ficción gráfica, las picto-novelas, el humor de tono poético, el cómic autobiográfico y los garabatos con palabras. Graciosos o no, yo los llamo cómics. En cuanto a la clase que se discute en este libro, lo llamo cómics literarios o cómics "lit". Esta antología cubre textos y pensamientos críticos, y algunas historietas, de los años 2000-2008: concretamente, desde el 12 de septiembre de 2000 hasta 2008. El 12 de septiembre es el día que Pantheon publicó Jimmy Corrigan de Chris Ware y David Boring de Daniel Clowes. A partir de ese momento, los cómics literarios ampliaron su distribución, su acceso y su interés público hasta llegar al estado actual».
Ben Schwartz inicia así su introducción al volumen The Best American Comics Criticism (Fantagraphics, 2010), que él mismo ha editado, recogiendo textos, entre otros, de Brian Doherty, Paul Gravett, R. Fiore, Gerard Jones, David Hajdu, Seth, Douglas Wolk, Alan Moore, Peter Bagge, Donald Phelps, Jeet Heer, John Updike, Jonathan Franzen, Daniel Clowes, Dan Nadel, Chris Ware, Rick Moody, Robert C. Harvey, Gary Groth y otros.
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jueves, 4 de marzo de 2010
BUEN ROLLO
Hoy me he tomado permiso de las jornadas de UCMCOMIC, de modo que no habrá resumen ni apuntes tomados al vuelo ni fotos. Pero eso no ha impedido que tuviera mi motivo diario para sentir buen rollo gracias al cómic español en esta feliz semana. Lo he encontrado en las páginas del último rockdelux (282, marzo 2010), al llegar a la sección de cómic y encontrarme con que seis (6) de los ocho (8) títulos reseñados son tebeos españoles. Y buenos tebeos (o muy buenos, coño, no seamos rácanos). Precisamente por eso los han reseñado, y no por ser españoles: Mis problemas con Amenábar, de Jordi Costa y Darío Adanti; Save Our Souls, de Felipe Almendros; El experimento, de Juaco Vizuete; El hijo, de Mario Torrecillas y Tyto Alba; Peter Petrake. De los años 70 al siglo XXI, de Miguel Calatayud; Surfing On The Third Wave, de Miguel Ángel Martín.Que en un mismo mes se puedan reseñar estos seis pedazos de tebeos es una noticia que nos informa de que aquí hay gente a tener en cuenta, y cada vez más.
Por comparación, en la sección de libros reseñan siete títulos y sólo dos son españoles, los otros cinco son traducidos.
Aún más, ninguna de las ocho reseñas de cómic del rockdelux está escrita por Pepo Pérez. Otra magnífica noticia. No porque tenga nada contra Pepo, evidentemente, o porque eso signifique que estará más descansado para machacarse con El Vecino (Pepoooo), sino porque el hecho de que pueda descargarse de la redacción de las reseñas de la sección significa que hay otras personas inteligentes ahora mismo interesadas por leer cómic español y por escribir sobre él. Ocho nombres distintos escribiendo de tebeos de hoy. Y sólo un par, si no me equivoco, son de «los viejos tiempos» (esto lo digo como contestándome a mí mismo cuando decía que dónde estaban los que tenían que escribir después del U). Eso es mérito de Pepo, está claro, y fruto de un trabajo de siembra que lleva años haciendo. Pero también demuestra que los motivos para el optimismo no están sólo a un lado de las viñetas, sino también al otro. Con un poco de suerte, el tebeo español contemporáneo sí tendrá quien lo escriba. Y lo necesita.
Termino con más buen rollo: el que me transmite la recomendación de El Vecino 3 que hace Koldo Azpitarte en la sección píldoras nacionales que lleva Toni Boix en zona negativa.
A ver si mañana rematamos la traca con un gran final de fiesta en la Complutense.
viernes, 29 de enero de 2010
LE PLUS IMPORTANT

La primera frase del libro va directa al grano: «Chris Ware es sin duda el autor de cómics más importante de los últimos años, y no solamente en Estados Unidos, su país de residencia». Es la primera frase de un libro en francés, para que luego hablemos de chauvinismo. Pero es que no se puede decir otra cosa: es realmente el más importante. Consagrado con sólo 43 años, se empiezan a amontonar los volúmenes de estudios sesudos sobre su obra. El que me ha llegado hoy es Chris Ware. La bande dessinée réinventée, de Les Impressions Nouvelles, editado por Jacques Samson y Benoît Peeters. Además de ensayos diversos, incluye cronologías, bibliografías y una entrevista con El Hombre.
Pero no será el último de 2010: la inefable University Press of Mississippi ya ha anunciado para abril The Comics of Chris Ware, editado por David M. Ball y Martha B. Kuhlman.
Vivimos en la Era Ware.
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lunes, 25 de enero de 2010
MICROENTREVISTA: MANUEL BARRERO

Hace poco hablaba de la gente de Tebeosfera y de cómo estoy disfrutando los artículos que están publicando en su número dedicado al horror. Dado que soy un adicto a las revistas sobre cómic, sentía curiosidad por saber cómo era hacer una a estas alturas del siglo XXI y en formato digital, así que he formulado unas cuantas preguntas a su cabeza visible, Manuel Barrero, uno de los investigadores sobre cómic de trayectoria más constante y destacada que hemos tenido los últimos años.
Como estoy un poco anticuado y me cuesta adaptarme a la realidad actual, tengo ciertas dificultades para comprender que algo como Tebeosfera sea una "revista". Sin embargo, he observado por vuestros textos editoriales que vosotros ponéis mucho énfasis en esa denominación. ¿Por qué es importante para vosotros que se defina a Tebeosfera como "revista"?
Resulta sorprendente que, llegados al clímax de la evolución de los medios de comunicación, con los hipermedia, de repente nos encontramos en un espacio indefinido repleto de objetos indeterminados. Y más aún si tenemos en cuenta que cada nuevo formato de difusión es bautizado a capricho y todos lo aceptan (chats, weblogs, portales…), quizá precisamente por lo antedicho. Pero si defines un modelo de divulgación o de estudio con terminología tradicional resulta que nadie lo comprende salvo que sea la traslación de un soporte ya existente y reputado. Por ejemplo, las versiones digitales de Nature o Arbor, ¿no son revistas? Nuestro deseo de ser reconocidos como revista no se ciñe a la definición del diccionario (en su acepción quinta) porque en tal caso tampoco podríamos entender como tales U o Revista de Occidente. Tebeosfera, en su segunda época, arrancó con la idea de ser un academic journal, una publicación científica sobre historieta, idea que rápidamente abandonamos porque los contenidos que podíamos ofrecer, con una periodicidad como mínimo semestral, se deslizan rápidamente hacia lo divulgativo. No obstante, aunque nos alejamos de aquella pretensión, la política editorial, las fórmulas de redacción y publicación, así como el modo de exposición de contenidos responde al de una revista: programación de números por temas, organización de los mismos en mesas de redacción, elección de escritores, revisiones en equipo, publicación ordenada de textos, establecimiento de un índice… Hay quienes me han discutido que Tebeosfera no es revista porque no tenemos un sumario definido en el arranque de cada número. Ese sumario existe, pero sólo lo conocen los redactores, no el público. Y cuando concluye el número programado todos pueden acceder a él; por ejemplo, estamos en el núm. 5 y existen sumarios para los anteriores: 4, 3, 2, 1, 0. ¿Esos no son números de revista? Entonces… ¿qué son? Si imprimimos y encuadernamos todos esos textos en papel resulta un bloque temático considerable. ¿Entonces ya podría ser considerado como revista o como libro? Los nuevos soportes y medios digitales ofrecen información y obras de manera diferente, por lo tanto los modos de producción y desarrollo de contenidos en estos nuevos medios también lo son. Si una publicación en papel por fuerza debe servirse terminada, como un producto cerrado, en Internet podemos trabajar con proyectos abiertos, que se van construyendo. Esto es magnífico en la práctica, porque nos permite evolucionar a otro nivel en la divulgación sin vulnerar la naturaleza del producto que se hace, solamente cambia el modo de elaboración y su exposición. Por otra parte, hay una segunda razón para que Tebeosfera sea revista: porque queremos distinguirla de otro tipo de plataformas de opinión y divulgación sobre historieta en Internet, como los foros, los blogs o las páginas personales. Tebeosfera no es el producto de un ímpetu personal ni es espontánea. Yo siempre he creído que es mejor la democracia que la oclocracia, y en Internet a veces se confunden. Lo que publicamos en Tebeosfera, aparte de que pueda considerarse de mayor o menor calidad, pasa por filtros y se trabaja en equipo, como en una redacción de una revista o diario, con el objetivo de proveer datos y documentos de referencia. Esa es la pretensión: que alguien pueda encontrar datos sobre historieta en la red con un mínimo de contraste previo. Y digo pretensión porque es obvio que lo que ofrecemos no es todo lo correcto que debiera.
¿Podrías describir el mecanismo de funcionamiento interno de Tebeosfera? ¿Tenéis constituida una redacción? ¿Cómo elegís los temas y artículos?
Tebeosfera nació hace mucho tiempo, en 2001, como revista de divulgación y opinión cuya filosofía editorial respondía a mi posición como crítico del medio. Los defectos y polémicas suscitadas entonces son absoluta responsabilidad mía y por ellas he respondido y tendré que seguir respondiendo, imagino. Pero esta segunda Tebeosfera, la nacida en 2008 es algo distinto: es un esfuerzo colectivo. Y me atrevo a decir que uno de los mayores esfuerzos conjuntos jamás realizados en España sobre historieta con un objetivo marcado: catalogar todos nuestros tebeos, que es labor que desarrollamos en paralelo a la publicación de artículos en la revista. Para ello, en 2007 decidí contratar a un programador web y reunir un equipo de trabajo. Al grupo inicial de estudiosos y coleccionistas, integrado por Alcázar, Mora, Jiménez Varea, Cepriá, Baena y Díaz Bejarano, se unieron más tarde un colectivo de catalogadores: Gracia, Vaquer, Olmedo, Sitjà, Bosque Sendra, Olivares, Platel, Urrutia, Agustí, De Gregorio y otros, de entre los cuales han pasado a ser editores Ruiz-Dávila, Moreno, Gómez, Capelo y Vidiella. Todos, nos reunimos virtualmente en un grupo de Internet en el cual trabajamos a diario afanosamente, discutiendo temas y proponiendo ideas o dando término a consultas. Aparte, los editores residentes en Sevilla nos reunimos físicamente cada mes para adoptar decisiones y plantear ideas y líneas de trabajo. El resto de reuniones se hacen en espacios virtuales, dos concretamente, uno específico para la catalogación de historietas, personajes, series, tebeos, colecciones, autores, etc., y otro para los asuntos relacionados con la edición de textos para la revista. Los temas y artículos se eligen en grupo y atendiendo no a su posible repercusión pública o actualidad sino a nuestros intereses. Nos parecieron obvias, de partida, dos cosas: una, no íbamos a ser un espacio web promocional, que para eso ya están los jóvenes que hacen volcados de servicios de prensa y amables recensiones reiteradas en variedad de URLs; dos, no íbamos a regirnos por la actualidad a la hora de elegir temas. Abordamos asuntos, géneros, obras o autores dependiendo de nuestras posibilidades de hacerlo en equipo de manera eficiente. A la mayoría de aficionados les interesa saber qué superhéroe traducen, qué película hacen o qué autor viene, pero consideramos que para eso ya disponen de puntos de información puntual y constante. Nosotros hemos elegido investigar y documentar la historia y evolución del medio en aquellos puntos más olvidados, con especial atención hacia lo español. En otro ámbito de la cultura esto sería “lo más importante” pero en el mundo del cómic esa importancia se vuelve relativa. Por ejemplo, en julio de 2009 publicábamos un documento que databa el origen de la historieta española en 1859, con lo cual celebrábamos los 150 años de historia de la historieta española, y apenas se le concedió importancia al asunto. Esos temas nos interesan verdaderamente: los que faltan por estudiar y divulgar. Y te aseguro que en la historia de nuestros tebeos quedan miles de lagunas.
¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la publicación en internet frente a la publicación tradicional de una revista en papel? Y no me refiero sólo a cuestiones materiales o económicas, sino a cómo puede afectar a los contenidos.
Ventajas, esencialmente tres: la edición abierta, la revisión constante y la difusión masiva e instantánea. Inconvenientes, uno: la falta de identificadores de calidad. No dejan de escribirnos aficionados y coleccionistas para pedir que lancemos una revista, en papel, con los contenidos más interesantes que ellos ya han leído en línea. Me ha sorprendido que incluso nos lo pidan nuestros propios colaboradores o habituales consumidores de documentación e informaciones a través de la Red. Esto es producto de una falla en la concepción de los soportes y las herramientas, y también de los hábitos de consumo, que finalmente se traduce en la consideración efectiva que se tiene de estos esfuerzos. Algunos de los ensayos que hemos publicado en el último año y medio podrían haber sido destinados a revistas científicas (de hecho, algunos lo han sido); otros podrían haber sido editados como monografía teórica del estilo de las de la colección Sinpalabras; ciertos artículos, a mi juicio bastantes, perfectamente hallarían sitio en cualquier revista de divulgación sobre cómic de buena calidad. No obstante, sitos en Internet, aunque su calidad y rigor sean palmarios a primera vista, pasan a obtener otro aprecio. Son considerados “otra cosa”. Es como si trabajáramos en tierra de nadie, cuando Internet es la “tierra de todos”. Lo cómico es que, y esto lo constatamos en nuestra última mesa de redacción, para gran parte de los aficionados que sólo demandan noticias, comentarios e información puntuales nosotros somos en exceso rigurosos, pero para los teóricos más rigurosos del medio pecamos de ser poco científicos. Ahí estamos, vadeando en el vasto mar de viñetas sin que nos oteen. Pero no nos quejamos, porque lo hacemos con mucho entusiasmo y, tras la experiencia acumulada, nos hemos propuesto ser más divulgativos en las opiniones y más rigurosos en los ensayos y las fichas.
Con respecto a las ventajas, no creo que necesiten comentario. Gran parte de los que divulgamos en Internet sabemos que la posibilidad de ir construyendo documentos, sin la obligatoriedad de servirlos terminados y cerrados, es magnífica. Nos permite volver sobre lo escrito y mejorarlo, buscar apoyos y nuevos referentes, variar el rumbo de las hipótesis y mejorar conclusiones. La posibilidad de recibir opiniones de otros estudiosos más versados y regresar sobre lo escrito y modificarlo también es algo que estaba negado en la edición analógica, supeditada a una segunda edición que depende ya no sólo de uno mismo, sino de editores y público. Finalmente, la difusión que permiten estos medios nada tiene que ver con la que consigue una edición impresa. Es cierto, sí, que los libros se atesoran en bibliotecas y se citan siguiendo un sistema en el que va implícita la fiabilidad y el reconocimiento de un producto de calidad supuesta (pues hay un editor intermediario, y una presumible revisión de contenidos), pero el tiempo ha demostrado que existen muchos libros que aportan bien poco y que hay editores que no cumplen con su oficio, publicando lo que les llega a las manos y tal y como les llega. Los criterios de selección se han venido diluyendo, aunque tan triste como esto me parece la asunción de certezas solamente en función del número de resultados que arroja Google en una búsqueda. Me explico: Tebeosfera recibe cada día más de 2.000 consultas procedentes de diferentes IPs, unos 54.000 visitantes distintos al mes según nuestro servidor. Pero esto hay que ponerlo en relación con el total de páginas web existentes, que ahora mismo son más 80.000; en total, pues, son visitadas entre 500 y 600.000 páginas web distintas de Tebeosfera al mes. Mas, insisto, esto no es indicativo de que nuestros textos los vayan a leer mucha gente. O a valorarlos. Con todo, pensamos que esta plataforma de difusión llega potencialmente a más público que la impresa, en el sentido de que un libro sobre historieta, hoy, en España, con el mercado que tenemos, como media alcanza los 500 ejemplares vendidos (y es una media alta) y nosotros queremos divulgar más, llevar el conocimiento y el aprecio por la historieta a más público.
¿En qué medida se parece Tebeosfera a la revista que te gustaría hacer? ¿Cómo sería ésta, idealmente?
Ya indiqué que la revista que me gustaría hacer sería una revista académica, con participación internacional y con difusión, objetiva y necesariamente, restringida a un público especializado. Eso es posible si se circunscribe la redacción a ciertos ámbitos y ciertos públicos, e implica –creo yo- su edición dentro de un entorno ligado a la Universidad, pues en caso contrario no será identificada, “etiquetada”, como producto académico. Lo intenté al comienzo, pero las universidades son islas amuralladas en el mar este que vadeamos: cuesta trabajo entrar en ellas con esta bandera, la del estudio de los tebeos, y todavía más difícil es entrar y clavar nuestra bandera junto a las suyas. El reconocimiento de la historieta como medio susceptible de estudio académico aún no ha llegado (a ver si este año…) y esto hay que asumirlo. Tebeosfera, por lo tanto, es una revista de divulgación que intenta editar contenidos organizados y bajo supervisión. Tenemos a un equipo de colaboradores que consideramos buenos, pero querríamos poder contar con el equipo de colaboradores óptimo, ese en el que escribirían las firmas más capacitadas del terruño, cada uno en su especialidad, claro. Firmas como las de Altarriba, Azpitarte, Cava, De Guereñu, De la Calle, De Salazar, Díaz, Fernández, Fernández Soto, Gálvez, García, García Sánchez, Guiral, Hernando, Jiménez Varea, Lombilla, Marín, Martín, Martínez Peñaranda, Meléndez, Moliné, Moreno Santabárbara, Muro, Pérez, Pons, Porcel, Serrano, Varillas, Yexus, Yugo… y los pongo en orden alfabético y dejo muchos por citar para no herir susceptibilidades. Pero este equipo debería complementarse con las firmas de otros comunicólogos, filólogos, sociólogos, historiadores, etc., para así reforzar la calidad de la historieta como objeto de investigación y reflexión. Para eso tenemos un problema: no hay dinero. Y, claro…
En suma, la revista ideal se construiría con el equipo ideal. Ahora, coordinar ese equipo es muy difícil y costoso.
Con todo, uno de los objetivos que yo creía lejano y que hemos logrado es el de contener, en la Tebeosfera, el catálogo de nuestros tebeos. La tarea de catalogar es ardua, muy esforzada; labor de años para el caso de los tebeos porque no existen depósitos fiables, ni registro de tiradas, apenas muestras de lo publicado de 1940 para atrás… Fue tarea difícil lanzar el primer catálogo para Delhom y Navarro, y también lo ha sido para los que les continuaron hasta 1993: Beitia, Illera, López, Palañá, González, Ortega Anguiano. Pero no hubo quien tomara el relevo durante la última década. Y en 2003, ya me planteaba yo que la historieta y el conocimiento de los tebeos jamás serían admitidos como parte de la cultura si no había un registro de lo publicado, de las obras, las editoriales, determinadas e identificadas de forma rigurosa y científica. De ahí el ideal de partida, diseñar y terminar ese catálogo, lo cual pensamos que serviría también como carta de presentación de nuestro esfuerzo frente a aficionados, coleccionistas, editores e instituciones. Han sido miles de horas de programación de un gestor que ha sido creado desde cero (los sistemas de catalogación tradicionales, ajustados a la bibliofilia, no sirven para los tebeos), años de localización y búsqueda de muestras por parte de los catalogadores de base Rodríguez y Gracia, cientos de horas de discusiones y contrastes de datos, decenas invertidas en la incorporación de imágenes o asientos a las catorce bases de datos que hemos creado al efecto. Y hemos construido el primer gran catálogo de la historieta, con 10.070 colecciones registradas a día de hoy. Además, nosotros catalogamos los números de esas colecciones (cada tebeo) y vamos por el tebeo 58.206 hoy… Esto supera con creces a las 4.900 colecciones del último catálogo en papel publicado, el cual contemplaba la mitad de categorías por registro con respecto al nuestro, y no llevaba imágenes; en Tebeosfera ya hemos puesto al alcance de todos más de 70.000 imágenes, y en color.
En muchos editoriales y textos de Tebeosfera hay una queja por la falta de repercusión de vuestro trabajo. ¿Cuál es la repercusión que querríais tener o que esperabais tener?
Es cierto lo que indicas. Y asumo haber adoptado ese tono de queja, lo cual deseo modificar. No hago responsable al equipo porque, obviamente, ellos no han redactado esos editoriales, en los que yo quería depositar el rescoldo de la vena crítica que me guió en la primera época de Tebeosfera. Esa inconformidad respondía a lo contestado en la pregunta anterior. En nuestro equipo hemos invertido tanta energía y tiempo en la construcción de un sistema para estudiar con rigor la historieta y catalogar sus productos que, pensaba yo, por fuerza eso debía despertar una respuesta entusiasta por parte de aficionados y estudiosos. Era natural pensar así tras tanto trabajo invertido, escribir, escanear, buscar y localizar las muestras más difíciles en colecciones ajenas, contrastar datos con editores y autores. ¡Hombre, que hay catalogadores, como Álvarez Pérez, que han llegado a crear 500 fichas de tebeos en un día! Si eso no merece una figurita dorada… Pero no, no era esperanza, era ilusión. Está claro que la estructura de nuestra publicación, al no adecuarse a los estándares en Internet, es menos accesible sin ayuda de la debida difusión, y la ubicación de nuestro catálogo es poco evidente para el aficionado medio y resulta oculta para los intelectuales e instituciones de la cultura. Debo reconocer que no analicé correctamente el funcionamiento de los micromedios de la Red. Es decir, las ristras de comentarios bajo una entrada en un blog no significan que lo comentado sea más o menos relevante, simplemente que hay una focalización de intereses sobre un punto y/o una cualidad del comunicador que regenta el blog. Todo esto no indica que lo que hacemos sea poco interesante, simplemente que carece del atractivo de lo actual o del toque divertido del comentario chispeante, que es efímero. Por ejemplo, hemos entrevistado a Lalia o a Mandrafina, grandes de la historieta argentina, pero estas largas entrevistas no interesan tanto como un cuestionario a David Baldeón; otro por ejemplo, llevamos meses tras la figura de Auraleón y la de Gómez Esteban para crear fichas biográficas completas y rigurosas, ¿qué atención suscitarán frente una semblanza concisa y anecdótica de Takeshi Obata en un blog? Lo segundo atraerá a una legión de interesados que depositarán entusiastas comentarios reconociendo la labor del redactor; lo primero, no. Tardé en darme cuenta de eso porque a mí me fascina la historieta española, pero lo que interesa en general a los lectores, al público (y al mercado) hoy es la historieta estadounidense, japonesa, francesa y belga, por este orden. El valor de lo que hacemos se comprenderá importante con el tiempo, cuando se mire atrás, al abordar trabajos panorámicos, al buscar un dato que se resiste, al estudiar con seriedad el medio o la tebeografía nuestros. De hecho, durante la construcción de nuestro catálogo se han iniciado dos tesis doctorales que se harán con nuestras bases de datos, pues les permite acercarse a los tebeos –muchos inaccesibles de otro modo- con la posibilidad de agrupar por géneros, acotar por años, localizar por títulos o simplemente poder determinar el total de números de una o varias colecciones. Amén de que también hallarán densos textos de análisis o divulgativos sobre parcelas de nuestra historieta que no podrán encontrar en otro soporte. En este sentido no podemos quejarnos, estamos muy satisfechos si podemos ayudar a que se siga investigando sobre nuestros tebeos.
El interés de nuestra asociación, verdaderamente, es intentar que todo este trabajo sirva para hacer ver a universitarios, periodistas, funcionarios de la cultura, acaso políticos, que la historieta tiene una presencia en la historia de los medios de comunicación española, que la industria de los tebeos adoptó una forma y brindó unos títulos y que son “X”, y que la abundancia de autores y la riqueza de sus obras puede ser accesible e interesante para su análisis desde distintos enfoques.
En 2005 Astiberri publicó un libro con materiales de Tebeosfera. ¿Hay planes de hacer más ediciones en papel?
Planes hay, lo que no hay es dinero, ni tiempo. Queremos lanzar una colección de textos teóricos porque todavía existe una dependencia del papel directamente relacionada con la lentitud a la que evolucionan ciertos aprecios o estructuras. Por más que Internet ya esté instalada en casi todas las sociedades, con más o menos censura pero con todo su potencial, no parece haber un reconocimiento generalizado de sus posibilidades como soporte para la edición y publicación de obras literarias y científicas válidas. Existen dos trabas para que esta aceptación se dé: por un lado superar la nostalgia del papel, que sigue teniéndose por un material (un soporte) que le confiere una especial sustancia (al parecer) a lo publicado. Por otro lado está la cuestión económica: un producto virtual se puede copiar más fácilmente que vender, y la desaparición de intermediarios que agilicen un mercado echa por tierra las posibilidades de que haya más intereses enfocados en estas producciones. Lo que no debe desaparecer jamás es la figura de un editor. De momento, nuestro plan consiste en buscar financiación para ir editando libros o cuadernos teóricos, sencillos, con un diseño básico, donde se recojan los mejores textos publicados en Tebeosfera para que quede depósito y registro en los mausoleos de la cultura. Los científicos están ya demostrando que la edición en papel es menos ágil y menos eficaz para trabajar, para investigar, pero la rama de las humanidades es otro cantar, avanza en progresión más lenta. En fin, habrá que comportarse como poetas durante un tiempo.
Resulta sorprendente que, llegados al clímax de la evolución de los medios de comunicación, con los hipermedia, de repente nos encontramos en un espacio indefinido repleto de objetos indeterminados. Y más aún si tenemos en cuenta que cada nuevo formato de difusión es bautizado a capricho y todos lo aceptan (chats, weblogs, portales…), quizá precisamente por lo antedicho. Pero si defines un modelo de divulgación o de estudio con terminología tradicional resulta que nadie lo comprende salvo que sea la traslación de un soporte ya existente y reputado. Por ejemplo, las versiones digitales de Nature o Arbor, ¿no son revistas? Nuestro deseo de ser reconocidos como revista no se ciñe a la definición del diccionario (en su acepción quinta) porque en tal caso tampoco podríamos entender como tales U o Revista de Occidente. Tebeosfera, en su segunda época, arrancó con la idea de ser un academic journal, una publicación científica sobre historieta, idea que rápidamente abandonamos porque los contenidos que podíamos ofrecer, con una periodicidad como mínimo semestral, se deslizan rápidamente hacia lo divulgativo. No obstante, aunque nos alejamos de aquella pretensión, la política editorial, las fórmulas de redacción y publicación, así como el modo de exposición de contenidos responde al de una revista: programación de números por temas, organización de los mismos en mesas de redacción, elección de escritores, revisiones en equipo, publicación ordenada de textos, establecimiento de un índice… Hay quienes me han discutido que Tebeosfera no es revista porque no tenemos un sumario definido en el arranque de cada número. Ese sumario existe, pero sólo lo conocen los redactores, no el público. Y cuando concluye el número programado todos pueden acceder a él; por ejemplo, estamos en el núm. 5 y existen sumarios para los anteriores: 4, 3, 2, 1, 0. ¿Esos no son números de revista? Entonces… ¿qué son? Si imprimimos y encuadernamos todos esos textos en papel resulta un bloque temático considerable. ¿Entonces ya podría ser considerado como revista o como libro? Los nuevos soportes y medios digitales ofrecen información y obras de manera diferente, por lo tanto los modos de producción y desarrollo de contenidos en estos nuevos medios también lo son. Si una publicación en papel por fuerza debe servirse terminada, como un producto cerrado, en Internet podemos trabajar con proyectos abiertos, que se van construyendo. Esto es magnífico en la práctica, porque nos permite evolucionar a otro nivel en la divulgación sin vulnerar la naturaleza del producto que se hace, solamente cambia el modo de elaboración y su exposición. Por otra parte, hay una segunda razón para que Tebeosfera sea revista: porque queremos distinguirla de otro tipo de plataformas de opinión y divulgación sobre historieta en Internet, como los foros, los blogs o las páginas personales. Tebeosfera no es el producto de un ímpetu personal ni es espontánea. Yo siempre he creído que es mejor la democracia que la oclocracia, y en Internet a veces se confunden. Lo que publicamos en Tebeosfera, aparte de que pueda considerarse de mayor o menor calidad, pasa por filtros y se trabaja en equipo, como en una redacción de una revista o diario, con el objetivo de proveer datos y documentos de referencia. Esa es la pretensión: que alguien pueda encontrar datos sobre historieta en la red con un mínimo de contraste previo. Y digo pretensión porque es obvio que lo que ofrecemos no es todo lo correcto que debiera.
¿Podrías describir el mecanismo de funcionamiento interno de Tebeosfera? ¿Tenéis constituida una redacción? ¿Cómo elegís los temas y artículos?
Tebeosfera nació hace mucho tiempo, en 2001, como revista de divulgación y opinión cuya filosofía editorial respondía a mi posición como crítico del medio. Los defectos y polémicas suscitadas entonces son absoluta responsabilidad mía y por ellas he respondido y tendré que seguir respondiendo, imagino. Pero esta segunda Tebeosfera, la nacida en 2008 es algo distinto: es un esfuerzo colectivo. Y me atrevo a decir que uno de los mayores esfuerzos conjuntos jamás realizados en España sobre historieta con un objetivo marcado: catalogar todos nuestros tebeos, que es labor que desarrollamos en paralelo a la publicación de artículos en la revista. Para ello, en 2007 decidí contratar a un programador web y reunir un equipo de trabajo. Al grupo inicial de estudiosos y coleccionistas, integrado por Alcázar, Mora, Jiménez Varea, Cepriá, Baena y Díaz Bejarano, se unieron más tarde un colectivo de catalogadores: Gracia, Vaquer, Olmedo, Sitjà, Bosque Sendra, Olivares, Platel, Urrutia, Agustí, De Gregorio y otros, de entre los cuales han pasado a ser editores Ruiz-Dávila, Moreno, Gómez, Capelo y Vidiella. Todos, nos reunimos virtualmente en un grupo de Internet en el cual trabajamos a diario afanosamente, discutiendo temas y proponiendo ideas o dando término a consultas. Aparte, los editores residentes en Sevilla nos reunimos físicamente cada mes para adoptar decisiones y plantear ideas y líneas de trabajo. El resto de reuniones se hacen en espacios virtuales, dos concretamente, uno específico para la catalogación de historietas, personajes, series, tebeos, colecciones, autores, etc., y otro para los asuntos relacionados con la edición de textos para la revista. Los temas y artículos se eligen en grupo y atendiendo no a su posible repercusión pública o actualidad sino a nuestros intereses. Nos parecieron obvias, de partida, dos cosas: una, no íbamos a ser un espacio web promocional, que para eso ya están los jóvenes que hacen volcados de servicios de prensa y amables recensiones reiteradas en variedad de URLs; dos, no íbamos a regirnos por la actualidad a la hora de elegir temas. Abordamos asuntos, géneros, obras o autores dependiendo de nuestras posibilidades de hacerlo en equipo de manera eficiente. A la mayoría de aficionados les interesa saber qué superhéroe traducen, qué película hacen o qué autor viene, pero consideramos que para eso ya disponen de puntos de información puntual y constante. Nosotros hemos elegido investigar y documentar la historia y evolución del medio en aquellos puntos más olvidados, con especial atención hacia lo español. En otro ámbito de la cultura esto sería “lo más importante” pero en el mundo del cómic esa importancia se vuelve relativa. Por ejemplo, en julio de 2009 publicábamos un documento que databa el origen de la historieta española en 1859, con lo cual celebrábamos los 150 años de historia de la historieta española, y apenas se le concedió importancia al asunto. Esos temas nos interesan verdaderamente: los que faltan por estudiar y divulgar. Y te aseguro que en la historia de nuestros tebeos quedan miles de lagunas.
¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la publicación en internet frente a la publicación tradicional de una revista en papel? Y no me refiero sólo a cuestiones materiales o económicas, sino a cómo puede afectar a los contenidos.
Ventajas, esencialmente tres: la edición abierta, la revisión constante y la difusión masiva e instantánea. Inconvenientes, uno: la falta de identificadores de calidad. No dejan de escribirnos aficionados y coleccionistas para pedir que lancemos una revista, en papel, con los contenidos más interesantes que ellos ya han leído en línea. Me ha sorprendido que incluso nos lo pidan nuestros propios colaboradores o habituales consumidores de documentación e informaciones a través de la Red. Esto es producto de una falla en la concepción de los soportes y las herramientas, y también de los hábitos de consumo, que finalmente se traduce en la consideración efectiva que se tiene de estos esfuerzos. Algunos de los ensayos que hemos publicado en el último año y medio podrían haber sido destinados a revistas científicas (de hecho, algunos lo han sido); otros podrían haber sido editados como monografía teórica del estilo de las de la colección Sinpalabras; ciertos artículos, a mi juicio bastantes, perfectamente hallarían sitio en cualquier revista de divulgación sobre cómic de buena calidad. No obstante, sitos en Internet, aunque su calidad y rigor sean palmarios a primera vista, pasan a obtener otro aprecio. Son considerados “otra cosa”. Es como si trabajáramos en tierra de nadie, cuando Internet es la “tierra de todos”. Lo cómico es que, y esto lo constatamos en nuestra última mesa de redacción, para gran parte de los aficionados que sólo demandan noticias, comentarios e información puntuales nosotros somos en exceso rigurosos, pero para los teóricos más rigurosos del medio pecamos de ser poco científicos. Ahí estamos, vadeando en el vasto mar de viñetas sin que nos oteen. Pero no nos quejamos, porque lo hacemos con mucho entusiasmo y, tras la experiencia acumulada, nos hemos propuesto ser más divulgativos en las opiniones y más rigurosos en los ensayos y las fichas.
Con respecto a las ventajas, no creo que necesiten comentario. Gran parte de los que divulgamos en Internet sabemos que la posibilidad de ir construyendo documentos, sin la obligatoriedad de servirlos terminados y cerrados, es magnífica. Nos permite volver sobre lo escrito y mejorarlo, buscar apoyos y nuevos referentes, variar el rumbo de las hipótesis y mejorar conclusiones. La posibilidad de recibir opiniones de otros estudiosos más versados y regresar sobre lo escrito y modificarlo también es algo que estaba negado en la edición analógica, supeditada a una segunda edición que depende ya no sólo de uno mismo, sino de editores y público. Finalmente, la difusión que permiten estos medios nada tiene que ver con la que consigue una edición impresa. Es cierto, sí, que los libros se atesoran en bibliotecas y se citan siguiendo un sistema en el que va implícita la fiabilidad y el reconocimiento de un producto de calidad supuesta (pues hay un editor intermediario, y una presumible revisión de contenidos), pero el tiempo ha demostrado que existen muchos libros que aportan bien poco y que hay editores que no cumplen con su oficio, publicando lo que les llega a las manos y tal y como les llega. Los criterios de selección se han venido diluyendo, aunque tan triste como esto me parece la asunción de certezas solamente en función del número de resultados que arroja Google en una búsqueda. Me explico: Tebeosfera recibe cada día más de 2.000 consultas procedentes de diferentes IPs, unos 54.000 visitantes distintos al mes según nuestro servidor. Pero esto hay que ponerlo en relación con el total de páginas web existentes, que ahora mismo son más 80.000; en total, pues, son visitadas entre 500 y 600.000 páginas web distintas de Tebeosfera al mes. Mas, insisto, esto no es indicativo de que nuestros textos los vayan a leer mucha gente. O a valorarlos. Con todo, pensamos que esta plataforma de difusión llega potencialmente a más público que la impresa, en el sentido de que un libro sobre historieta, hoy, en España, con el mercado que tenemos, como media alcanza los 500 ejemplares vendidos (y es una media alta) y nosotros queremos divulgar más, llevar el conocimiento y el aprecio por la historieta a más público.
¿En qué medida se parece Tebeosfera a la revista que te gustaría hacer? ¿Cómo sería ésta, idealmente?
Ya indiqué que la revista que me gustaría hacer sería una revista académica, con participación internacional y con difusión, objetiva y necesariamente, restringida a un público especializado. Eso es posible si se circunscribe la redacción a ciertos ámbitos y ciertos públicos, e implica –creo yo- su edición dentro de un entorno ligado a la Universidad, pues en caso contrario no será identificada, “etiquetada”, como producto académico. Lo intenté al comienzo, pero las universidades son islas amuralladas en el mar este que vadeamos: cuesta trabajo entrar en ellas con esta bandera, la del estudio de los tebeos, y todavía más difícil es entrar y clavar nuestra bandera junto a las suyas. El reconocimiento de la historieta como medio susceptible de estudio académico aún no ha llegado (a ver si este año…) y esto hay que asumirlo. Tebeosfera, por lo tanto, es una revista de divulgación que intenta editar contenidos organizados y bajo supervisión. Tenemos a un equipo de colaboradores que consideramos buenos, pero querríamos poder contar con el equipo de colaboradores óptimo, ese en el que escribirían las firmas más capacitadas del terruño, cada uno en su especialidad, claro. Firmas como las de Altarriba, Azpitarte, Cava, De Guereñu, De la Calle, De Salazar, Díaz, Fernández, Fernández Soto, Gálvez, García, García Sánchez, Guiral, Hernando, Jiménez Varea, Lombilla, Marín, Martín, Martínez Peñaranda, Meléndez, Moliné, Moreno Santabárbara, Muro, Pérez, Pons, Porcel, Serrano, Varillas, Yexus, Yugo… y los pongo en orden alfabético y dejo muchos por citar para no herir susceptibilidades. Pero este equipo debería complementarse con las firmas de otros comunicólogos, filólogos, sociólogos, historiadores, etc., para así reforzar la calidad de la historieta como objeto de investigación y reflexión. Para eso tenemos un problema: no hay dinero. Y, claro…
En suma, la revista ideal se construiría con el equipo ideal. Ahora, coordinar ese equipo es muy difícil y costoso.
Con todo, uno de los objetivos que yo creía lejano y que hemos logrado es el de contener, en la Tebeosfera, el catálogo de nuestros tebeos. La tarea de catalogar es ardua, muy esforzada; labor de años para el caso de los tebeos porque no existen depósitos fiables, ni registro de tiradas, apenas muestras de lo publicado de 1940 para atrás… Fue tarea difícil lanzar el primer catálogo para Delhom y Navarro, y también lo ha sido para los que les continuaron hasta 1993: Beitia, Illera, López, Palañá, González, Ortega Anguiano. Pero no hubo quien tomara el relevo durante la última década. Y en 2003, ya me planteaba yo que la historieta y el conocimiento de los tebeos jamás serían admitidos como parte de la cultura si no había un registro de lo publicado, de las obras, las editoriales, determinadas e identificadas de forma rigurosa y científica. De ahí el ideal de partida, diseñar y terminar ese catálogo, lo cual pensamos que serviría también como carta de presentación de nuestro esfuerzo frente a aficionados, coleccionistas, editores e instituciones. Han sido miles de horas de programación de un gestor que ha sido creado desde cero (los sistemas de catalogación tradicionales, ajustados a la bibliofilia, no sirven para los tebeos), años de localización y búsqueda de muestras por parte de los catalogadores de base Rodríguez y Gracia, cientos de horas de discusiones y contrastes de datos, decenas invertidas en la incorporación de imágenes o asientos a las catorce bases de datos que hemos creado al efecto. Y hemos construido el primer gran catálogo de la historieta, con 10.070 colecciones registradas a día de hoy. Además, nosotros catalogamos los números de esas colecciones (cada tebeo) y vamos por el tebeo 58.206 hoy… Esto supera con creces a las 4.900 colecciones del último catálogo en papel publicado, el cual contemplaba la mitad de categorías por registro con respecto al nuestro, y no llevaba imágenes; en Tebeosfera ya hemos puesto al alcance de todos más de 70.000 imágenes, y en color.
En muchos editoriales y textos de Tebeosfera hay una queja por la falta de repercusión de vuestro trabajo. ¿Cuál es la repercusión que querríais tener o que esperabais tener?
Es cierto lo que indicas. Y asumo haber adoptado ese tono de queja, lo cual deseo modificar. No hago responsable al equipo porque, obviamente, ellos no han redactado esos editoriales, en los que yo quería depositar el rescoldo de la vena crítica que me guió en la primera época de Tebeosfera. Esa inconformidad respondía a lo contestado en la pregunta anterior. En nuestro equipo hemos invertido tanta energía y tiempo en la construcción de un sistema para estudiar con rigor la historieta y catalogar sus productos que, pensaba yo, por fuerza eso debía despertar una respuesta entusiasta por parte de aficionados y estudiosos. Era natural pensar así tras tanto trabajo invertido, escribir, escanear, buscar y localizar las muestras más difíciles en colecciones ajenas, contrastar datos con editores y autores. ¡Hombre, que hay catalogadores, como Álvarez Pérez, que han llegado a crear 500 fichas de tebeos en un día! Si eso no merece una figurita dorada… Pero no, no era esperanza, era ilusión. Está claro que la estructura de nuestra publicación, al no adecuarse a los estándares en Internet, es menos accesible sin ayuda de la debida difusión, y la ubicación de nuestro catálogo es poco evidente para el aficionado medio y resulta oculta para los intelectuales e instituciones de la cultura. Debo reconocer que no analicé correctamente el funcionamiento de los micromedios de la Red. Es decir, las ristras de comentarios bajo una entrada en un blog no significan que lo comentado sea más o menos relevante, simplemente que hay una focalización de intereses sobre un punto y/o una cualidad del comunicador que regenta el blog. Todo esto no indica que lo que hacemos sea poco interesante, simplemente que carece del atractivo de lo actual o del toque divertido del comentario chispeante, que es efímero. Por ejemplo, hemos entrevistado a Lalia o a Mandrafina, grandes de la historieta argentina, pero estas largas entrevistas no interesan tanto como un cuestionario a David Baldeón; otro por ejemplo, llevamos meses tras la figura de Auraleón y la de Gómez Esteban para crear fichas biográficas completas y rigurosas, ¿qué atención suscitarán frente una semblanza concisa y anecdótica de Takeshi Obata en un blog? Lo segundo atraerá a una legión de interesados que depositarán entusiastas comentarios reconociendo la labor del redactor; lo primero, no. Tardé en darme cuenta de eso porque a mí me fascina la historieta española, pero lo que interesa en general a los lectores, al público (y al mercado) hoy es la historieta estadounidense, japonesa, francesa y belga, por este orden. El valor de lo que hacemos se comprenderá importante con el tiempo, cuando se mire atrás, al abordar trabajos panorámicos, al buscar un dato que se resiste, al estudiar con seriedad el medio o la tebeografía nuestros. De hecho, durante la construcción de nuestro catálogo se han iniciado dos tesis doctorales que se harán con nuestras bases de datos, pues les permite acercarse a los tebeos –muchos inaccesibles de otro modo- con la posibilidad de agrupar por géneros, acotar por años, localizar por títulos o simplemente poder determinar el total de números de una o varias colecciones. Amén de que también hallarán densos textos de análisis o divulgativos sobre parcelas de nuestra historieta que no podrán encontrar en otro soporte. En este sentido no podemos quejarnos, estamos muy satisfechos si podemos ayudar a que se siga investigando sobre nuestros tebeos.
El interés de nuestra asociación, verdaderamente, es intentar que todo este trabajo sirva para hacer ver a universitarios, periodistas, funcionarios de la cultura, acaso políticos, que la historieta tiene una presencia en la historia de los medios de comunicación española, que la industria de los tebeos adoptó una forma y brindó unos títulos y que son “X”, y que la abundancia de autores y la riqueza de sus obras puede ser accesible e interesante para su análisis desde distintos enfoques.
En 2005 Astiberri publicó un libro con materiales de Tebeosfera. ¿Hay planes de hacer más ediciones en papel?
Planes hay, lo que no hay es dinero, ni tiempo. Queremos lanzar una colección de textos teóricos porque todavía existe una dependencia del papel directamente relacionada con la lentitud a la que evolucionan ciertos aprecios o estructuras. Por más que Internet ya esté instalada en casi todas las sociedades, con más o menos censura pero con todo su potencial, no parece haber un reconocimiento generalizado de sus posibilidades como soporte para la edición y publicación de obras literarias y científicas válidas. Existen dos trabas para que esta aceptación se dé: por un lado superar la nostalgia del papel, que sigue teniéndose por un material (un soporte) que le confiere una especial sustancia (al parecer) a lo publicado. Por otro lado está la cuestión económica: un producto virtual se puede copiar más fácilmente que vender, y la desaparición de intermediarios que agilicen un mercado echa por tierra las posibilidades de que haya más intereses enfocados en estas producciones. Lo que no debe desaparecer jamás es la figura de un editor. De momento, nuestro plan consiste en buscar financiación para ir editando libros o cuadernos teóricos, sencillos, con un diseño básico, donde se recojan los mejores textos publicados en Tebeosfera para que quede depósito y registro en los mausoleos de la cultura. Los científicos están ya demostrando que la edición en papel es menos ágil y menos eficaz para trabajar, para investigar, pero la rama de las humanidades es otro cantar, avanza en progresión más lenta. En fin, habrá que comportarse como poetas durante un tiempo.
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miércoles, 18 de noviembre de 2009
MIL O MIL DOSCIENTOS

Acabo de venir de comer con Óscar Palmer y Manuel Bartual, y precisamente una de las excusas para quedar ha sido que Óscar me pasara ejemplares del U, ya que él conservaba los "fondos" y yo sólo tenía una colección, cada día más ajada. Óscar me ha dado un buen puñado de ejemplares, y de algunos me ha informado que ya "eran los últimos". Como no se pueden juntar tres ex-alcohólicos alrededor de una botella de whisky sin que se pongan a recordar viejas borracheras, y como encima tenemos tan reciente la discusión en los comentarios del post sobre Volumen, el U ha sido tema predilecto de la conversación. Según me contaba Óscar -que fue quien se ocupó no sólo de dirigir, sino prácticamente de todo el proceso durante la última etapa de la revista- en la fase final de autoedición, el U vendía entre 900 y 1.200 ejemplares (que era la tirada en esa época). Por lo que yo recuerdo de cuando nos publicaban Camaleón y La Factoría de Ideas, las cifras rondaban esas mismas cantidades, tal vez con algún pico hacia los 1.500 en números concretos. En su momento, me parecían muy pocos; ahora, me parecen una barbaridad. Por supuesto, no hemos podido evitar plantearnos la Gran Pregunta: ¿vendería hoy en día una revista parecida al U -digamos de periodicidad anual y más gorda todavía- 1.000 ó 1.200 ejemplares a un precio de portada de 10-12€, más acorde con su verdadero coste? Yo apostaría a que no.
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lunes, 16 de noviembre de 2009
VOLUMEN


(Las dos portadas de Alex Ross en Volumen 1 nº 1)
Supongo que era de esperar, pero a mí me ha sorprendido la noticia de que The Comics Journal abandona su formato tradicional de revista para pasarse a internet y reconvertirse en una especie de libro de lujo de periodicidad semestral (o algo así). Uno se acostumbra a que haya ciertas cosas ahí durante toda su vida, y piensa que van a seguir siempre, sin más, porque sí, por inercia. Pero la existencia mensual del Comics Journal siempre ha sido un milagro que se ha prolongado demasiado. Y ya sabemos que los nuevos tiempos digitales amenazan al papel, a nuestro querido papel.
Lo del Journal me ha hecho recordar algo en lo que caí hace unas semanas, cuando estuve en el programa de radio de Christian Osuna. Hace ya diez años que Christian, Luis Bustos y yo, junto con un equipo de colaboradores, fundamos la revista mensual de información sobre cómic Volumen. En realidad, el título de la revista era Guía mensual del cómic, pero decidimos que utilizaríamos como cabecera la palabra Volumen, ya que decidimos articularla por volúmenes anuales. Al terminar cada año, se emprendería un volumen nuevo con su propia numeración.
(Portada de Pepo Pérez para Volumen 1 nº 9)
Christian editaba Volumen -producción, publicidad, distribución, mil jaleos-, Luis se ocupaba de darle un aspecto magnífico con el diseño y la maquetación, y yo dirigía la revista, que en el editorial del número 1 declaraba su "vocación abierta, plural y accesible, donde tengan cabida todos los tebeos que se publican: lo mismo superhéroes que alternativos en blanco y negro, lo mismo álbumes franceses que tomos de manga, lo mismo autores españoles que extranjeros". Y cuando decíamos todo, no queríamos decir casi todo, sino todo-todito-todo. En "El Centinela", el cuadernillo central de reseñas, dábamos cuenta de cada título que se publicaba en nuestro país, salvo error u omisión. La de reseñas de Spawn, Xena, Wildcore y muchos títulos infumables de Image que tan en auge estaban por entonces que se tragó mi álter ego Trajano Bermúdez...
(Magneto, la tira de Gallardo, en Volumen 1 nº 1)
El gran capital de Volumen era su equipo de colaboradores. Si digo que eran fantásticos, sonará a tópico, así que mencionaré algunos nombres (sólo algunos, por no alargarme) para que cualquiera que haya seguido el mundo del cómic en la última década compruebe por sí mismo que, en efecto, eran fantásticos y además siguen siéndolo: J. Edén, Eduardo García Sánchez, Antoni Guiral, José María Méndez, David Muñoz, Óscar Palmer, Eduardo de Salazar, José Antonio Serrano, Enrique Bonet, Francisco Naranjo, Yexus, Álvaro Pons, Pepo Pérez, Manuel Bartual, Pepe Gálvez... Siempre insistí en que contáramos con entrevistas originales con autores que estuvieran de actualidad, y pudimos hacerlo gracias sobre todo al trabajo incansable de Óscar Palmer y de Yexus. Óscar entrevistó a Miguel Ángel Martín, Charles Burns, Ralf König, Carlos Giménez, Santiago Sequeiros, Paul Grist y Eddie Campbell. Yexus, a Ramón F. Bachs, Sergio Córdoba, Manel Fontdevila y Albert Monteys y Daniel Torres. Algunas de las entrevistas que realizaron otros colaboradores fueron las de John Romita Jr. (Ray Mescallado) y Lewis Trondheim (servidora).
Los colaboradores de Volumen no fueron sólo los redactores y periodistas que aportaron sus textos, reseñas, noticias y entrevistas, sino también los dibujantes que entregaron sus historietas. Gallardo publicaba una tira patrocinada por la librería madrileña Elektra, y Sergio Córdoba y Bernardo Vergara hacían "En el espacio interior" y "Los Retractilados", respectivamente. Además, unos cuantos dibujantes nos regalaron portadas originales: Bachs, Sergio Córdoba, Sequeiros, Manel y Monteys, Pepo Pérez... Lo de la portada fue una de las originalidades de Volumen. Desde el número 1, en cada entrega teníamos dos portadas. La cosa surgió un poco por casualidad. Para el primer número, que llevaba como reportaje principal un artículo sobre los sesenta años de Batman, queríamos utilizar una ilustración de Alex Ross para No Man's Land. Pero Ross había hecho toda una secuencia a partir de la misma ilustración, y no nos decidíamos por cuál elegir, de modo que al final nos quedamos con dos. Mucha gente no se dio cuenta de que el número 1 de Volumen tenía dos portadas diferentes, pero a partir del segundo eso resultó evidente: Predicador-Bachs, Agujero negro-Star Wars, Sergio Córdoba-Jack Kirby o John Romita Jr.-Carlos Giménez fueron las alternativas que planteamos los meses siguientes.
(Los Retractilados, de Bernardo Vergara, y En el espacio interior, de Sergio Córdoba, en Volumen 1 nº 7)
Volumen 1, número 1, salió a la venta en abril de 1999. Tenía 32 páginas de tripas a color y costaba 275 pesetas. En el número 3, ya habíamos aumentado a 48 páginas. Mi ritmo de vida durante aquellos meses era de locos. Al mismo tiempo, seguía co-dirigiendo con David Muñoz la revista U, que era bimestral y más sesuda (algún día hablaremos de ella) y a pesar de eso, en realidad me ganaba la vida traduciendo. Así no podía durar mucho, de modo que dejé la dirección de Volumen con el número 1 del Volumen 2, en enero de 2000, después de haber completado 10 números. Óscar Palmer, que sin duda había sido el colaborador más importante de la revista, se hizo cargo de la dirección durante cuatro números más, y finalmente el propio Christian editó los dos últimos. Volumen 2 nº 8, la entrega final, se publicaba en septiembre de 2000.
(Portada de Manel Fontdevila y Albert Monteys para Volumen 1 nº 8)
Repasar aquellos números de Volumen es curioso, porque uno se topa con temas recurrentes. Hace diez años, Spiderman "renacía" con nuevos títulos, nuevos autores y un nuevo concepto para darle definitivamente el impulso que llevaba años necesitando; hace diez años, Carlos Giménez "volvía"; hace diez años, el cómic español "se hundía", en aquel caso en la línea Laberinto de Planeta-DeAgostini; hace diez años, Expocómic no levantaba cabeza y era el patito feo de los salones del cómic españoles, pero confiábamos en que fuera mejorando en próximas ediciones...
Aunque, por supuesto, no todo es recurrente. Hace diez años, cuando salía Volumen, también salía U y, por supuesto, Dolmen. Y Nemo, y Yellow Kid, y Dentro de la viñeta, y Trama y no sé cuántas más. Menos el infantigable Dolmen, todas las revistas se extinguieron cuando se les acabó el impulso a sus equipos redaccionales. El ciclo de sucesión generacional en la crítica sobre cómic en España era considerado por entonces algo casi natural. Antes habían estado los Bang, los Tribulete, los Krazy Comics, los Slumberland, y después de nuestros Volumen y nuestros U, vendrían otros.
Pero no vinieron.
Resulta que nunca se ha hablado tanto en los medios sobre cómic como ahora, nunca han tenido una presencia tan continua en los suplementos culturales y las universidades, nunca han conseguido implantarse con tanta fuerza en las librerías generales como hoy. Nunca se han publicado tantos títulos diversos, probablemente. Y no hay ni una sola revista (aparte de Dolmen) que oriente un poco entre tanto título a tanto lector nuevo.
¿Qué ha pasado?
¿Dónde están los que tenían que venir después?
Y por favor, que no me digan que en los blogs, porque yo también tengo un blog. Y no es lo mismo.
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