martes, 1 de diciembre de 2009

BIEN DADAS

Si no llego a ir a Getxo, no sé si me habría enterado de que lo nuevo de Leandro Alzate es un minicómic, Pómez. Leandro Alzate firmó uno de los mejores tebeos españoles del año pasado, Mal dadas (Astiberri, 2008), aunque casi nadie se enteró. Sus historietas muestran a un autor reflexivo y muy preocupado no sólo por lo que dice, sino por cómo lo dice exactamente, y con muchas ganas de romper moldes y salirse de tópicos. Pómez se abre con la imagen de un pato que parece un conejo o de un conejo que parece un pato. Y es una imagen adecuada por un doble motivo. En primer lugar, porque representa dos tradiciones que se dan cita en el trabajo de Leandro: la tradición del cómic más puro y genuino (la imagen apareció originalmente en Die Fliegenden Blätter, una revista alemana del siglo XIX donde también publicaba Busch) y la tradición de la reflexión sobre el sentido de la imagen y cómo la percepción nos engaña (Gombrich utilizó este truco visual como uno de los argumentos de partida de Arte e ilusión... justo después de un chiste del New Yorker, todo sea dicho). Pero en segundo lugar, la elección de esta imagen por parte de Leandro nos advierte de que en sus cómics siempre se pueden ver dos cosas a la vez, según inclinemos la mirada y según midamos la lectura. Tal vez por eso hay un aire como de Cortázar en la primera historieta, una especie de sublimación nouvelle vague de la clásica anécdota "salió a por tabaco y se fue a Cuba", y tal vez por eso las interrupciones textuales que separan cada pieza nos invitan a ver de otro modo lo que aparentemente se presenta como costumbrismo indie. Y bueno, lo es si vos queréis, de acuerdo, pero es algo más. No pensamos en costumbrismo cuando leemos a Chris Ware o a Dash Shaw, y lo de Leandro se escora más hacia esas latitudes. Tal vez el deseo de no ser malinterpretado le haya llevado a elegir este formato sorprendente y desfasado del minicómic autopublicado. Lo primero que uno piensa es que un minicómic es ahora mismo un acto de nostalgia o un gesto afectado, pero pronto comprendemos que en realidad es la manifestación física de la marginalidad de Leandro en el panorama actual del cómic español. Me parece que dice más de dónde no consigue ubicarse que de dónde se quiere ubicar. Leandro ha reconocido que en el cómic español de ahora mismo no hay espacio para lo suyo, así que se ha salido. A mí me parece bien. Que esté fuera, sí. Pero que no se vaya. Que siga así.

En la página de Leandro Alzate se pueden leer varias historietas suyas, entre ellas Pómez, que también se puede encargar a través de la web o comprar en algunas librerías (la lista aparece allí).

7 comentarios:

Manuel Bartual dijo...

A mí me ha encantado. Es lo primero que leí de lo que compré en Getxo, nada más subir al autobús de vuelta. ¡Me parece fatal que Leandro no se prodigue más!

Santiago García dijo...

Mi favorita es la última historia, la del tabaco. Tela marinera, ¿eh?

Manuel Bartual dijo...

Ésa es cojonuda, aunque la verdad es que me cuesta quedarme con una. Me han gustado todas cantidad.

el tio berni dijo...

Yo lo leí anoche y también me gustó mucho, especialmente la historia del tabaco y la que ya había aparecido en... ¿2 Veces Breve? No lo recuerdo bien.

También me vino a la cabeza Dash Shaw al leerlo, no tanto por el estilo como por la intención, que va más por el lado de sugerir sensaciones que por la de narrar una historia al uso. Y por saltarse a la torera las soluciones habituales y aplicar las propias.

Leandro dijo...

Gracias por la reseña, Santiago. ¡Veo que no has tardado en cazar la liebre (o el pato)!

Está bien la matización sobre el costumbrismo, es un término completamente fuera de órbita para mis comics ( y para muchos otros, la verdad).

La que menciona el tío berni es la historia del estudio de grabación, apareció en Dos veces breve.

Santiago García dijo...

Alberto-berni, el otro día un amigo me mencionaba un nombre que también creo que se puede poner al lado de Leandro: Bastien Vives. Y como dices tú del caso de Dash Shaw, no por el estilo, sino por las intenciones. En resumidas cuentas: que Leandro es un moderno (de los que no nos sobran, por cierto).

Leandro: creo que lo que pasa es que aquí estamos tan poco acostumbrados a que se haga ficción no de género que cada vez que se hace algo con "personas", la gente lo mete de cabeza en el saco del costumbrismo a falta de una etiqueta mejor. Pero no, yo creo que lo tuyo no es eso.

Pepo Pérez dijo...

Ni lo de Leandro ni algunas cosas más. A mí también me ha gustado su minicómic. Lo del pato-conejo se me pasó, así que muy bien visto, Santiago. De hecho saqué el libro de Gombrich de la estantería para ver el dibujo y, de paso, el maravilloso chiste del New Yorker.

Sobre lo moderno... Esta mañana le decía a alguien que siempre podemos imaginar a Leandro haciendo sus cómics en los años ochenta, cuando lo vanguardista y experimental era lo más de lo más (con Micharmut a la cabeza)... yo creo que tendría mucha más acogida, al menos entre el público especializado comiquero, me parece a mí. En el fondo el momento actual es raro, raro, raro... Y aquí en ESpaña hay cosas que no acaban de encajar. Es raro por todo, por la transición entre el viejo mundo industrial y el "nuevo mundo", la revolución de la novela gráfica, los nuevos temas en el cómic y demás... Pero también y por lo que ahora nos toca, por estos nuevos enfoques y tratamientos: Dash Shaw, Bastien Vivès, Leandro Alzate, CF, Anders Nilsen... yo creo que no se parecen a nada, o casi nada, que se haya hecho antes en el cómic.