miércoles, 18 de noviembre de 2009

LEWIS TRONDHEIM. LA MÁQUINA DE HACER TEBEOS

“Soy muy vago”, confiesa Lewis Trondheim, el dibujante que ha entregado a imprenta más de 2.000 páginas durante la década de los 90. Páginas que abarcan un registro amplísimo, casi impracticable para cualquier otro autor: desde la vis experimental de un Chris Ware hasta la más rotunda y directa narrativa de género, desde la autobiografía hasta la pantomima muda. Lewis Trondheim sabe cómo hacer reír al lector, y también cómo hacerle llorar. Su incesante actividad le ha convertido en uno de los nombres clave de la década que ahora termina, y con toda seguridad le va a convertir en uno de los grandes maestros de la primera mitad del siglo XXI. La publicación por vez primera de uno de sus álbumes en España (La mazmorra, en colaboración con Joann Sfar, Norman), nos animó a acercarnos a este gigante emergente para conocerle un poco más.


El público español tuvo la oportunidad de ver tu trabajo en las páginas de Nosotros somos los muertos, donde aparecieron unas breves historietas sobre el génesis del universo. ¿Qué pueden esperar esos lectores cuando se acerquen a La mazmorra? ¿Es algo muy distinto?

Lo que los lectores esperen de mi trabajo no es problema mío. Yo soy dibujante y me encanta hacer tebeos, toda clase de tebeos, los alternativos, los autobiográficos, los de humor y los de aventuras. Hago cómics por mi propio gusto, y los lectores lo que deben hacer es escoger aquellos que más les atraigan. La mazmorra es claramente una serie de aventuras humorísticas. Utilizamos ingredientes de espada y brujería, pero confío en que hayamos conseguido llegar más lejos que la mayoría de los cómics de espada y brujería de dibujo realista. Es una historia de fantasía con multitud de personajes distintos, pero no nos reímos de ellos, son ellos mismos los que se ríen. Y si alguien muere, permanece muerto. No es caricaturesco.


¿Qué opinión personal te merece la espada y brujería?

Demasiadas ambiciones y ninguna buena historia. Pero es difícil hacer algo después de Tolkien.


¿Qué proceso de colaboración seguís Sfar y tú?

El primer paso en el guión lo doy yo, y después hablamos mucho por teléfono. Él dibuja los primeros bocetos y yo reescribo lo que él ha hecho y lo entinto. Pero ahora, con el volumen 101, yo haré la planificación y él entintará. Y en el volumen -99, será Christophe Blain quien entinte. En estos momentos estamos haciendo tres series de La mazmorra simultáneamente. Una está ambientada en el pasado, otra en el presente y la tercera en el futuro.


Has declarado que no sabías dibujar cuando empezaste a hacer historieta, y que eso te llevó a utilizar técnicas minimalistas como las que empleas en Psychanalyse [la primera obra publicada de Trondheim, en la cual la misma imagen fotocopiada se repite en todas las viñetas]. Si te sentías incapaz de dibujar, ¿cómo es que decidiste dedicarte a historietista?

Había visto tebeos alternativos con un estilo de dibujo extraño que sin embargo contaban buenas historias. Así que pensé que el hecho de que dibujara mal no importaría demasiado, porque lo único importante es tener algo que decir. De manera que hice un montón de historias con dibujo minimalista. Por fin, acabé por sentirme limitado con ese estilo de dibujo y entonces hice una historieta de 500 páginas [Lapinot et les carottes de Patagonie] para aprender a dibujar.


¿Entonces crees que es posible hacer buenos cómics con un mal dibujo?

¡Por supuesto! En caso contrario, tendría que dejarlo ahora mismo.


Has dicho que “Para hacer cómics, lo primero que hay que ser es un guionista”...

Eso depende de las necesidades de cada cual. Yo, personalmente, necesito una buena historia. Pero hay otras personas que prefieren dibujos bonitos o virtuosos, o efectos especiales si hablamos de cine, o historias psicológicas...


¿Cómo surgió tu afición a los cómics y cómo te encaminaste a ellos?

Yo fui un chico tímido, después un adolescente tímido y finalmente un joven adulto tímido. Quería escribir historias pero no sabía cómo hacerlo hasta que, por accidente, fui conociendo a diferentes personas que me orientaron hacia “El País de los Cómics”.


¿Cuáles son tus lecturas favoritas actualmente?

Montones de tebeos alternativos, franceses y americanos.


¿Te sientes influido por alguna clase de cómics?

Tal vez por los de Carl Barks...


¿Y por algún otro medio, como el cine o la literatura?

No, por supuesto que no.


Has mencionado los cómics alternativos. ¿Crees que existe un “espíritu común universal” en los cómics independientes a lo largo de todo el mundo? Me refiero a una voluntad compartida por el indie francés y el americano, así como por otros autores europeos, como podría ser Max en España.

Eso es lo que pienso desde hace años. Cada continente desarrolla su propio estilo de cómics. En Japón es el manga, en Estados Unidos los superhéroes, en Europa las historias breves a color con 46 páginas y temática de humor o aventuras. Pero en todos los territorios, el cómic alternativo comparte el mismo espíritu. Eso nunca desaparecerá.


En tu trayectoria aparecen toda una serie de dicotomías que parecen definir tu obra. Por ejemplo: ¿representa para ti alguna diferencia trabajar para un editor pequeño e independiente o para Dargaud?

Todas las historietas que hago, las hago por la misma razón: para divertirme. Algunas las publican grandes editoriales, y otras sólo aparecen bajo editores alternativos. Es cierto que gano más dinero con las grandes, pero eso no me impide hacer cómics, y de hecho en la actualidad estoy haciendo cómics gratis, para l’Association.


Trabajo en solitario frente al trabajo en colaboración.

Para mí es importante colaborar con otras personas porque así puedo hacer cosas que nunca sería capaz de hacer sin ellos. Además, confío en que este método me impida caer en el amaneramiento típico que se produce al trabajar solo año tras año.


Cómics mudos frente a cómics llenos de juegos de palabras.

Ambos son divertidos de hacer. Me relaja hacer historietas mudas, pero me obliga a practicar un difícil ejercicio de contención, aunque por otra parte me entusiasma contenerme así, ya que esta clase de trabajo puede ser leído por cualquier persona del mundo sin necesidad de que medie una traducción. Pero las palabras son útiles cuando se trata de expresar cosas más complejas.


Ficción de género frente a ficción no de género.

Hum... por tu pregunta supongo que la ficción se opone a la autobiografía... Todo vale en el cómic. La autobiografía es muy interesante, pero por el momento no necesito seguir practicándola. La ficción también me permite hablar sobre nuestras vidas. De todas maneras, recuperar los géneros clásicos de la ficción popular, tipo pulp, tampoco es el viaje en el que yo estoy embarcado. Pero otras personas pueden preferirlo, y a veces obtener un buen resultado. No tienes más que ver el Batman de Frank Miller.


Cuando trabajas en color, ¿eso cambia de alguna forma tu trabajo, o se trata sólo de una cuestión que afecta a las calidades de producción?

Es meramente una cuestión relacionada con la producción editorial, pero no afecta a mi método de trabajo.


Aunque la mayoría de tu público te conoce como potente narrador de ficción de género, has hecho una buena cantidad de historietas experimentales, y bastante radicales. ¿Qué valor le das a la experimentación?

La empresa que deja de invertir en laboratorios de investigación acabará por morir. Creo que lo mismo les ocurre a los autores. Si uno hace sólo o que ya sabe hacer, estará repitiéndose. Por otra parte, los hallazgos que se encuentran en los trabajos experimentales no sólo son valiosos en sí mismos, sino también por cómo se pueden aplicar posteriormente en trabajos más estándar.


Has llegado a redibujar completamente un álbum para Dargaud (Slaloms) sin alterar el guión. ¿Por qué te tomaste esa molestia? ¿No habría sido mejor invertir ese esfuerzo en hacer otro álbum completamente nuevo?

De cara al público, sí. Pero lo hice por mí mismo. Quería dibujarlo de la misma manera que lo había pensado cuando lo escribí. En aquellos momentos, mi dibujo no era lo suficientemente bueno para conseguirlo. Como sabía que podía redibujarlo exactamente en la forma en que había querido dibujarlo l aprimera vez, lo hice. No es que me sienta orgulloso, pero sí que estoy satisfecho de haberle dado esa nueva forma. Pero no he redibujado solamente un tebeo, ya llevo cuatro.


Con La Mouche tuviste ocasión de trabajar para los japoneses y asomarte al mercado nipón.

Dibujé cuatro páginas de La Mouche para l’Association, y un tipo que trabajaba para Kodansha las vio y me pidió que dibujara un manga con ese personaje, pero que tendría que cambiar su aspecto. Dibujé más de 48 páginas para ellos, y entonces decidieron detenerlo. Redibujé todas esas páginas y añadí más para completar el volumen francés de La Mouche. ¿No habría sido mejor haber invertido ese esfuerzo en hacer otro libro completamente nuevo? Ja ja...


Lapinot el conejo es tu personaje más conocido.

Apareció por primera vez en aquel libro de 500 páginas que hice para aprender a dibujar. La razón por la que el mundo de Lapinot está habitado por animales antropomórficos es bien sencilla: son más fáciles de dibujar. Soy muy vago. A pesar de su aspecto, los personajes de Lapinot no son icónicos ni metafóricos. Creo que mis animalitos son actualmente más “realistas” y están más “vivos” que muchos personajes dibujados con un estilo más realista y que en realidad resultan mucho más tópicos.


¿Qué opinas del cómic autobiográfico?

Como en todo, los hay buenos y los hay malos. Actualmente en Francia hay una verdadera explosión de cómics autobiográficos, siempre dentro del campo alternativo. Pero demasiada gente piensa que sus vidas son interesantes. Y demasiada gente que podría ser capaz de hacer historietas de ficción quiere exhibir su propia vida. La autobiografía y la ficción son estilos exigentes. Cuando he hecho Aproximativament [el tebeo autobiográfico de Trondheim] ha sido para intentar saber quién era yo, para conocerme a mí mismo.


¿Te ves a ti mismo, al menos en parte, como una especie de “intelectual” del cómic con un punto de vista postmoderno?

Ja ja ja... Nooooo. Sólo soy un dibujante.


Por último, tengo una gran curiosidad por saber algo. ¿Cómo puedes ser tan prolífico?

Porque me encanta este trabajo y tengo muchas cosas que decir. Trabajo muy rápido, aunque no trabajo muchas horas diarias. Puede que me dedique unas cuatro o cinco horas al día. Me despierto alrededor de las once, echo un vistazo al correo, y como a las doce. Después, trabajo hasta que termino una página. Cuando está acabada, me puedo dedicar a jugar o a ver la tele. Como te dije, soy muy vago.


[Publicado originalmente en Volumen 1 nº 7, octubre de 1999].

Es interesante rescatar esta entrevista ahora. Cuando se realizó, Trondheim estaba prácticamente inédito en España, mientras que durante la última década, su presencia ha sido continua. Dos de los tebeos que se mencionan en la conversación han sido ya publicados en nuestro país, ambos por Astiberri: Approximativement, bajo el título Mis circunstancias (2002) y Les carottes de Patagonie, como Lapinot y las zanahorias de la Patagonia (2009).

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