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viernes, 29 de marzo de 2013
AZUL Y GRIS
El azar quiso que leyera Azul y pálido (Entrecomics Comics, 2012), de Pablo Ríos, poco después de haber visto Grizzly Man (2005), el documental de Werner Herzog. Y como muchas veces establecemos las relaciones comparativas no sólo por semejanza morfológica, sino por pura contigüidad, no pude evitar tener la sensación de que la novela gráfica del malagueño y la película del alemán trataban de lo mismo.
El documental de Herzog cuenta la historia de Timothy Treadwell, un hombre que pasó 13 años conviviendo con osos en una reserva natural de Alaska. En ese tiempo grabó horas y horas de imágenes de la naturaleza y de los grizzlies con los que compartía los veranos. Finalmente, Treadwell y su novia, Amie Huguenard, fueron devorados por un oso. Herzog construye el relato con muchas de las grabaciones originales de Treadwell, además del metraje rodado por él mismo, que incluye entrevistas y testimonios de personas que le conocieron.
Como gran película que es, Grizzly Man es capaz de dar la amplitud suficiente al espectador como para que dentro de ella quepan muchas interpretaciones diferentes. O quizás sería mejor hablar de reacciones, antes que de interpretaciones. Para algunos contiene una moraleja sobre la estupidez humana, para otros es un canto a la naturaleza, y no falta quien lo considere más bien una advertencia contra ella. Mi Grizzly Man particular es una historia que cuenta cómo la soledad engendra la obsesión, y cómo la obsesión nos lleva a traspasar las fronteras de nuestro mundo para buscar una verdad inútil, y por tanto extravagante según los criterios de la sociedad de la que hemos partido. Y si queremos finalizar el viaje, si queremos traspasar la última puerta detrás de la cual encontraremos esa iluminación, tenemos que pagar un precio: tenemos que ser devorados por esa obsesión.
En este caso, literalmente.
Sólo con ese sacrificio nuestra historia será lo suficientemente veraz como para impresionar al pueblo que quedó atrás, y sólo así encontrará entre ellos alguien que la cuente.
El documental se concibe como una narración limitada por su referencia a los hechos reales, pero su sentido verdadero está en su significado mítico. Ordenamos los hechos reales para convertirlos en ficción, y así dominamos el universo. Gracias a que a Timothy se lo comió un oso, nosotros no acabamos vagando por las calles con un camisón manchado y un cartón de vino en la mano.
Todo eso es lo que encontré en la lectura de Azul y pálido, lo cual es singular aún hoy en día en la lectura de cómics.
Azul y pálido es la primera novela gráfica de Ríos, aunque su dominio de la forma es sorprendentemente avanzado, y su habilidad narrativa no es en absoluto propia de un primerizo. Está formada por once episodios que cuentan casos de contactos con extraterrestres. Casos reales. Cuando uno dice casos reales de contactos con extraterrestres, la expresión siempre es recibida con una sonrisa de escepticismo, lo cual es absurdo. Puede que el contacto no fuera real, pero el caso sí lo es. Ese elemento documental forma la base sobre la que construye sus páginas Ríos. Todos los ejemplos reunidos son históricos y diríamos que incluso clásicos dentro del canon de la ufología. Todos evocan los años 70 y 80, que supongo que fue un periodo dorado para este campo, o al menos así lo recuerdo yo de mi infancia. Los platillos volantes tenían una presencia tan continuada en los medios de comunicación que desde mi percepción de niño sólo podía pensar que estaba a punto de pasar algo, de revelarse alguna verdad, igual que en la primera mitad de los 80 tenía el convencimiento de que sólo era cuestión de tiempo que estallara la guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Lo cierto es que cuando era niño, sentía el deseo intenso de ser abducido. Que supongo que viene a ser la versión ciencia-ficción del tradicional sueño infantil de ser un niño adoptado, es decir, descubrir un gran misterio que cambia toda nuestra vida y nos proyecta a vivir una mejor, o al menos más excitante. Es decir, mejor. No quería ser un superhéroe, que era algo que pensaba que daría mucho trabajo, y además no me sentía lo bastante bueno y valiente como para desempeñar el papel, pero sí quería que me llevaran en un platillo volante. Quería traspasar el velo del misterio y ver. Tal como dice George Adamski: «Sí, sí... estuve con él en su nave... ¡un sueño cumplido!»
Sin duda, la historia que mejor representa el mito extraterrestre es el apasionante enredo de Ummo, para colmo un relato castizo con un sabor local que lo hace más intoxicante. En esta historia, leemos: «Dios, ¿de verdad alguien puede pensar que una civilización alienígena superavanzada...? ¡Siglos, milenios de adelanto! Le decía, ¿alguien puede creer que se pusiera en contacto con cuatro fulanos que se reunían en el sótano de un café para revelarles de manera infalible la gran verdad universal?» Y si hay un elemento invariable en todas las historias es que todos los contactados son fulanos cualquiera, personas irrelevantes, sin una preparación ni una proyección destacada en la sociedad. Personas grises que de pronto saltan a una vida de fantasía mediante una historia real. Pero acaso sea porque la verdad sólo se revela a aquél que la busca. Y se revela en forma de mentira.
Finalmente, todos estos iluminados acaban siendo devorados por su propia obsesión, y su relato es heredado por otros con un fervor casi religioso. Ríos mantiene la distancia, y respeta a los que se han atrevido a perder el juicio y marginarse de la sociedad para ayudarnos a entender el mundo. No le corresponde a él decirnos si nosotros somos los osos con los que vienen a convivir locos alienígenas que rechazan sus propias sociedades o si los extraterrestres son los osos que nos van a comer si dormimos con ellos. La renuncia a lo fácil, que habría sido convertir Azul y pálido en un pastiche de ciencia-ficción de género, hace que el libro tome un cariz místico (profano) que es lo que da la sustancia humana a toda historia que merezca la pena releer.
Quiero añadir una última cosa. Una última lectura que Ríos esconde en las claves más secretas del libro: Azul y pálido como metáfora del fútbol, esa obsesión en la que necesitamos creer en los demás y que los demás crean en nosotros para llegar a traspasar la puerta del misterio, delimitada entre los palos de una portería al final de una gran pradera. ¿Cómo sé esto? Porque me ha sido revelado, y ante vosotros tenéis los signos, si los queréis ver: once capítulos como once jugadores, y al final un balón que se pierde en la lejanía, en un inmenso, infinito saque de puerta hacia las estrellas.
OTRO COLOR: El gris alienígena domina todo Azul y pálido, y precisamente así se titula un cuadernillo de Olivier Schrauwen que publicó la librería especializada Desert Island durante el último Festival de Brooklyn, en el que el belga estuvo invitado: Greys.
Greys es el relato en primera persona de la abducción del novelista gráfico O. Schrauwen. A través de sus palabras y de las imágenes acompañantes, vemos cómo fue raptado de su casa en Neukölln, Alemania, cómo fue sometido a un experimento a bordo de un platillo volante y cómo luego los extraterrestres le mostraron toda la historia del universo y la humanidad, antes de devolverle a su cama, como si nada hubiera pasado. Salvo la transmisión de conocimiento, claro. «Hasta el momento presente, 100 065 personas han sido abducidas por grises», advierte al inicio.
Pero Greys no encajaría como un relato más de Azul y pálido. El tono es completamente distinto: irónico (desde el principio relaciona todo el episodio con un sueño erótico provocado por la sobrecarga de semen acumulado y el exceso de horas manipulando tramas grises) y apoyado en los gestos típicos del cómic de género, como esos textos narrativos anticuados al estilo de las historias de EC, por ejemplo. No quiero decir con esto que Greys sea simplemente una parodia, o por lo menos no es una burda parodia. La acumulación de lugares comunes del imaginario misterioso llega en determinado momento a producir un efecto casi emotivo: todo el relato es tan patético, que no podemos evitar hasta conmovernos un poco.
Pero aún más, Greys funciona en toda su dimensión como artefacto. Si he insistido muchas veces en la importancia del formato, en este caso es capital. Greys no tiene ninguna imagen en portada, y su apariencia es tosca y antiprofesional. Un fajo de fotocopias borrosas y deslucidas, grapadas y distribuidas tal vez de contrabando por algún personaje sórdido que ha puesto una mesita plegable en una esquina. La sabiduría popular comiquera clama que todo tebeo ha de ser publicado siempre con la mejor calidad de reproducción y el formato más lujoso, para que los aficionados podamos disfrutar mejor del talento del artista. Pero convertir Greys en un álbum de tapa dura impreso a todo lujo lo haría menos de lo que es como objeto desechable: un facsímil de un artilugio clandestino y miserable pergeñado por un alucinado que masculla algo entre dientes y hace un mes que no se lava.
Por supuesto, no es eso, sino que es todo lo contrario: un objeto artístico muy deliberado por parte de un artista consciente que ya ha demostrado en las obras que le conocemos (Mi pequeño y El hombre que se dejó crecer la barba) el gusto por retomar temas e iconografías populares y utilizarlas como vehículo para un discurso moderno. En el fondo, con otra estrategia, Schrauwen indaga en Greys en lo mismo que Ríos en Azul y pálido. Y quién sabe si no es de eso también de lo que va el Vapor de Max. O a lo mejor son sólo semejanzas casuales que uno encuentra por contigüidad.
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Pablo Ríos
miércoles, 16 de junio de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
viernes, 29 de enero de 2010
SERES QUERIDOS, SERES QUERIDOS
Recién llegado a Madrid después de la presentación de anoche en Málaga, gracias a los milagros de la tecnología moderna que nos ha dado el AVE, me tomo un momento para decir que la presentación en Fnac fue de maravilla. La sala de actos era muy acogedora, la introducción de María Jesús Silvente fue lúcida y brillante (me encanta cuando se hacen lecturas del Vecino desde fuera del mundo del cómic y dan en todas las dianas) y el público estuvo sensacional. Vamos, más o menos lo que esperaba, porque jugaba en casa y ya sabía que Pepo allí es un ídolo (y no sólo allí, pero ahora hablamos de allí).
De hecho, en la sección de cómic de Fnac destacaba un pedazo de expositor dedicado en exclusiva a V3. Otro motivo para estar agradecido a Fnac, que además tuvo la amabilidad de invitarme al acto. Lo del expositor es una de esas cosas que ves y le tienes que sacar una foto. (Las fotos de la presentación, por cierto, son de Michael, que en diez minutos me enseñó a utilizar como Dios manda mi cámara, que yo tengo desde hace tres años sin saber cómo se hacen los ajustes correctos; ¡gracias, amigo!).
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Pepo Pérez
jueves, 28 de enero de 2010
viernes, 18 de diciembre de 2009
OTROS VECINOS
El pasado domingo, en Expocómic, tuve la oportunidad de reencontrarme con José Luis Ágreda, un tío al que tengo un gran aprecio y que, como todo el mundo sabe, es un enorme dibujante y un mediocre waterpolista. José Luis había hecho la ilustración para el sumario del Manglar 11, que llevaba portada del Vecino, y había utilizado a Titán junto con el personaje mascota de la revista. Como José Luis es así, se había traído los originales (dos, uno con cada personaje) de la imagen para regalárnoslos a Pepo y a mí, y como Pepo es así, se empeñó en que yo me quedara con el original de Titán, y como yo soy así, pues lo he subido a la cabecera de esta entrada.Siempre tiene algo de curioso ver cómo otros autores interpretan a tus personajes. Supongo que es algo parecido a asistir a tu propio funeral: descubrir qué hacen los demás con tus cosas cuando tú no estás (algo que, imagino, todos querríamos saber si pudiéramos ahorrarnos el estar muertos para conseguirlo). En los cinco años transcurridos desde que se publicó el primer volumen del Vecino, Pepo y yo ya hemos visto varias interpretaciones de nuestros personajes en manos ajenas. En ese mismo Manglar, sin ir más lejos, Javier Olivares se marcaba un Titán icónico en la ilustración que abría la entrevista:
Titán ha aparecido en la portada de los tres catálogos de Astiberri publicados entre 2007 y 2009, lo que significa que ha sido dibujado por Paco Roca (2007):
Por Mauro Entrialgo (2009):
Y por David Rubín (2008):
David, por cierto, también lo incluyó en esta portada del Manglar 10 (sí, de verdad, está ahí, ¿no lo ves?):
Cuando se publicó el primer volumen del Vecino, a modo de juego decidimos añadir una página extra de "final" en la revista de información Trama, que llevaban Elena Cabrera y Manuel Bartual. Allí aparecieron cuatro versiones de ese "final alternativo" del Vecino, el primero dibujado por el propio Pepo, pero los demás obra de otros dibujantes. Uno de ellos fue el propio Manuel Bartual, que este año ha publicado el superhit ¡Escucha esto! (Astiberri, 2009):
También hubo un "final" de Juaco Vizuete, que acaba de publicar esa joya oscura que es El experimento (Glénat, 2009):
Bernardo Vergara, excelso dibujante de El mundo según Ptolomeo (Diábolo, 2009), se encargó de otro final:
Como podéis ver, la moraleja está clara: Manuel Bartual, Juaco Vizuete y Bernardo Vergara recibieron el encargo de dibujar a Titán y lo hicieron. Algún tiempo después, consiguieron publicar un libro maravilloso cada uno, exactamente en el mismo año. Frank Miller no quiso hacerlo: ahora es director de cine. Si estás leyendo estas líneas y te piden un dibujo de Titán en el futuro, no te niegues.Una de las versiones más originales y diferentes de Titán fue la que hicieron Sagar Forniés y Sergi Álvarez en una historieta titulada "Volar sin alas", donde adaptaban un relato de Bukowski pasándolo por el filtro del Titán de El Vecino 2 (creo). Sagar y Sergi no necesitaban para nada utilizar a Titán, porque era su historia y tenía entidad propia, pero quisieron hacernos ese guiño, que a Pepo y a mí nos hizo mucha ilusión. Por supuesto, su Titán era "otro vecino". Aquí le vemos en fase futbolista (véase el logo en el pecho):
Y aquí está convertido en homeless (población flotante):

De vez en cuando, a algún amigo le da por hacer un personaje del Vecino porque sí, sin más y sin excusa. Es algo que le ha pasado con relativa frecuencia a Manuel Bartual. Este primer dibujillo a color es uno de mis favoritos de siempre:
Aquí, Manolo probó el crossover imposible entre Titán y su personaje (co-creado junto a Lorenzo Gómez), el Oficinista. ¿O no tan imposible? Porque José Ramón y el Ofi tienen sus puntos en común.
Hace poco el dio el pronto a Bernardo Vergara, que subió esto a su blog:
Y El Vecino 3 inspiró un arranque de travestismo a elpablo:
Cierro con una escena clásica que colgó en su día en su blog Carlos Vermut:¡Gracias a todos estos peazo artistas!
sábado, 14 de noviembre de 2009
UNA VESINA

Dibujo y reseña de V3 a cargo del pablo. Visto a través de Pepo, que hoy estará firmando ejemplares de nuestro nuevo hijito en la librería malagueña En Portada a partir de las 19.30.
Lo que no sé es cómo ha averiguado elpablo que lo de Titana ya estaba en marcha...
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