jueves, 25 de agosto de 2011

EL (VIEJO) SUEÑO AMERICANO


Lo más parecido que voy a hacer en la vida a dar una vuelta a la manzana conduciendo un Ferrari Testarossa es lo que hice este fin de semana pasado: tener en las manos el número 15 de Amazing Fantasy. Por si algún lector de Mandorla no lo sabe, es el tebeo donde aparece por vez primera Spiderman, un simple comic book de grapa que se publicó en 1962, que se vendía en su día por 12 centavos y que este sábado y domingo se podía comprar en la Comicon de Baltimore por apenas 45.000 dólares. Allí estaba, era real, su presencia física era auténtica. De hecho, no había sólo una copia, sino varias (con precios más asequibles, aunque siempre por encima de los 6.000 dólares). También había múltiples copias de Fantastic Four #1, X-Men #1 (y Giant-Size X-Men #1, por supuesto, de hecho vi cómo compraban una delante de mí) y todas las demás primeras apariciones de personajes históricos del comic book americano salvo, tal vez, Batman y Superman. No llegué a localizar ninguna copia de Detective Comics #27 ni de Action Comics #1. Tal vez las tuvieran guardadas en alguna cámara acorazada, como al atareadísimo Stan Lee, que tenía sesiones de firmas y de fotos (a 50$ la instantánea) a todas horas, protegido de la amenaza de las amistosas cámaras espontáneas por un cubículo tapado con un telón negro parecido al de la Kaaba. En realidad, los peregrinos disfrazados de Stormtroopers, Nightwing, Dazzler o Capitán América (look The First Avenger, este año) parecían tan devotos como cualquier fiel de una religión oficial.

Y más divertidos, claro, porque se trata de la religión del cómic. La que todos aquí profesamos.

No llevaba ni diez días en Baltimore cuando descubrí que se me venía encima una convención de cómics. Mi primera convención americana, lo cual es un gran acontecimiento para alguien que lleva leyendo tebeos de superhéroes toda su vida. La Comicon de Baltimore no es la de San Diego, evidentemente, pero tiene su importancia. Aquí se conceden los Harvey, que compiten con los Eisner por la distinción de galardones más prestigiosos del cómic americano, y la ciudad está a driving distance de Nueva York, Washington y Filadelfia, lo que permite a cualquier aficionado de esas ciudades ir y volver en el día. El evento se celebra en un inmenso Pabellón de Convenciones en pleno centro de Baltimore, al lado del Inner Harbor, que es la zona más turística, así que resulta de fácil acceso. El precio de la entrada son 30 dólares por los dos días, lo cual a esta gente les parece francamente barato.

Fue todo tan imprevisto que debo reconocer que, después de toda una vida esperando este momento, me pilló por sorpresa y sin preparación. Tal vez por eso al minuto de entrar en el pabellón estaba aturdido de ver tantos, tantos y tantísimos tebeos históricos por todas partes. Tebeos que había leído cien veces en cien ediciones españolas y reediciones americanas, pero que ahora estaban delante de mí en su versión original, todos por supuesto prolifácticamente protegidos dentro de sus bolsitas.

Por lo que contaba el Tío Berni de San Diego, allí la presencia de los elementos periféricos al cómic -merchandising, licencias, películas- era abrumadora. En Baltimore, sin embargo, el ochenta por ciento del espacio estaba ocupado por puestos de librerías de coleccionismo de comic book antiguo. Básicamente, lo que había por todas partes era tebeos, y sobre todo, tebeos viejos. De eso no deduzco que hubiera más tebeos en Baltimore que en San Diego. Probablemente los mismos libreros -y más- que acudieron a Baltimore también estuvieron en San Diego, pero aquí, al haber menos parafernalia externa, su presencia era proporcionalmente más importante. Fuera como fuese, el caso es que había muchísimos tebeos de la Golden Age, muchos más de los que jamás había podido ver en persona, y no sólo de Timely y National, sino de todas las demás editoriales pioneras que uno sólo conoce a través de los libros de historia: Fiction House, Fawcett, Lev Gleason, etc. Había originales de EC, de Crime Does Not Pay, de cualquier cosa que uno pudiera imaginarse hasta la Era Marvel. Y luego estaba la Era Marvel. Creo que no me equivoco si digo que, teniendo el dinero suficiente, uno podría haberse llevado de la Comicon una colección completa de todos los tebeos Marvel publicados desde Fantastic Four #1 hasta nuestros días. Estoy seguro de que las décadas de los 60 y 70 estaban completas, al menos. Eso sí, a qué precios. Pero ay, amigo, el coleccionismo es un capricho caro, y en este país cuya renta per cápita supera en varias veces a la española, lo practican señores de edad madura con pinta de tener unos ingresos muy abundantes. Señores que departían con los comerciantes con la familiaridad de los viejos amigos y que probablemente estaban a pocos ejemplares de terminar su Whiz Comics o su Planet Comics. No me cabe la menor duda de que en un momento determinado había en el pabellón decenas de personas que ya poseían el dichoso Amazing Fantasy #15 antes de entrar en la Comicon. Se les veía en la cara.

Yo, modestamente, me di los caprichos que pude permitirme. Si uno no tiene demasiadas exigencias con el grading, puede encontrar cositas. Los libreros, además, siempre están dispuestos a negociar y a hacer precios por lotes. Y, por supuesto, había miles de cajas de saldo que a veces no eran nada despreciables. Además, ya sabemos que, pagues lo que pagues, probablemente dentro de unos años podrás venderlo por más. En fin, que racionalizaciones no faltan. Sea como sea, ya hablaremos de ese material en Mandorla cuando tenga tiempo.

Aparte de los tebeos, lo que ya se sabe: señoritas como la de la foto, a montones. También señores. Una convención sin disfraces no es convención, está claro.


También es curioso ver las mesas de «artistas», donde dibujantes de todo tipo y pelaje ocupan su espacio haciendo dibujos y dedicatorias a cualquier aficionado que se les acerque. Lo mismo se encuentra uno a absolutos desconocidos que a Jason Pearson o Mike Grell. La mayoría estaban desocupados.

Que quede claro: la Comicon de Baltimore es una convención mainstream, una celebración del old comic book way. Un asunto de coleccionistas y aficionados a los superhéroes Marvel y DC, mayoritariamente, que en Estados Unidos todavía son legión, suficientes al menos para mantener este tinglado. Sí, podías encontrar a Denis Kitchen muerto de aburrimiento en un puesto, o al amabilísimo Chris Staros al frente de la delegación de Top Shelf (que creo que era la editorial independiente con presencia más fuerte en el evento). Allí también tuve ocasión de saludar a José Villarrubia, un madrileño que lleva treinta años afincado en Baltimore y que precisamente se llevó el Harvey al mejor colorista por una novela gráfica que he traducido yo, Cuba: My Revolution. Enhorabuena, José.

Pero, como digo, la Comicon está montada según el canon clásico que divide el cómic en mainstream y alternativo. Todo lo que no tenga que ver con Kirby y derivados es puramente marginal. Eso no quiere decir que fuera de la Comicon la situación sea exactamente la misma. La siguiente foto es de una mesa que hay a la entrada del Barnes & Noble de la Johns Hopkins University:


«Lecturas obligatorias» para el curso: Persépolis y Maus. Ahí, al lado de Hemingway y otros clásicos escolares. Sin embargo, me hubiera costado mucho encontrar algo de Marjane Satrapi o de Art Spiegelman en el Pabellón de Convenciones.

Pero tampoco lo busqué. Cada cosa en su sitio. En la Comicon estuve demasiado atareado navegando entre las olas de los comic books favoritos de mi infancia y haciendo planes ya -como el Pensador Loco- para llegar mejor preparado al siguiente evento. Y si no mejor preparado, al menos con una tarjeta de crédito. Porque en este país, si no tienes crédito, no eres nadie. Aunque ahora que lo pienso, tal vez no me haga falta, porque la próxima cita es la SPX en Bethesda, al lado de Baltimore, y se trata de una convención de cómic de autor. Y allí el rollo supongo que será otro, y no la zambullida gozosa en mares de papel amarillento. Veremos.

5 comentarios:

el tio berni dijo...

Es impresionante comprobar que esos tebeos de los que hablas existen, son entidades físicas. Creo que rebuscar en esas cajas polvorientas es una de las cosas más emocionantes que he hecho desde que leo tebeos.

Te veo comprando la Overstreet Comic Book Price Guide en breve.

JC malaga dijo...

¡Qué envidia! Pero estos yankis te sangran cual vampiros: 30 dólares la entrada, 50 la foto con Stan Lee, y luego a comprar tebeos.

javier Olivares dijo...

Que caro Stan Lee...!
Y muy bien transmitida la emoción tebeística en la crónica.
Y esa foto no hace sino poner el broche de oro!

Robur dijo...

Stan Lee Kaaba a 50 dolares la foto jaja, que bueno. 30 de entrada por dos dias esta tirado, si la convencion local mas zarrapastrosa pide eso como minimo por uno.

Lo de los Required Readings que cada universidad manda a sus estudiantes de primer año siempre me ha parecido una buena idea. Eso si por lo general la inteligentsia considera a los materiales requeridos en los últimos años como muy middlebrow y por supuesto siempre esta la queja constante de los de siempre de que son en su mayoria lectures izquierdistas(liberales).

Sama dijo...

Suena tan a feria de coleccionismo de Rusty Brown!