Me he esperado a tener los tres volúmenes de Rosalie Blum de Camille Jourdy para leerlos del tirón, y tengo que decir que no me extraña nada el éxito que está teniendo la obra. Se lo merece.A mí no me vuelve loco, pero creo que vamos a ver muchos tebeos de este estilo en un futuro próximo.
Ojalá.
Para empezar, Rosalie Blum es un producto pleno de la era de la novela gráfica, no sólo por formato, sino por formas y por aspiraciones. No se concibe esta obra sin Sfar, no se concibe serializada en revistas y casi no se concibe comprada por fervor por coleccionistas de Moebius.
Está muy bien escrita, muy bien dibujada y muy bien narrada, con hallazgos expresivos notables como la particular atención al detalle que presta continuamente. Bajo su apariencia informal y espontánea hay un trabajo enorme de planificación que se nota, y mucho (a veces, me temo, tal vez en contra de los deseos de la propia Jourdy). Rosalie Blum es lo que tienen que ser los tebeos en la era de la novela gráfica. Lo que hemos pensado que deberían ser. Es real, y está aquí.
No es razonable esperar que cada año surjan varios Maus, Jimmy Corrigan, Epiléptico o Persépolis, pero sí es razonable esperar que cada año salgan dos docenas de Rosalie Blum o Stitches. No lo digo en tono peyorativo. El cómic ha estado hasta hace nada dominado completamente por los muy fanáticos del medio, como yo y como me imagino que todos o casi todos los que estáis leyendo estas líneas, personas que, cada cual con nuestro propio ideario, juzgamos el valor de las obras en la medida en que suponen un avance para el cómic, un descubrimiento formal o una exhibición de calidad. Rosalie Blum es un cómic muy bueno. Stitches no tanto. Pero la pura verdad es que las mesas de novedades de literatura están llenas de best-sellers que no van a pasar a la historia, pero que resultan interesantes para el gran público, sin que eso quiera decir que sean necesariamente malos. Los lectores los leen sin darse cuenta, porque les cuentan cosas que quieren leer. Y creo que ahí se sitúa Rosalie Blum (y Stitches, que ha aparecido en algún momento de este post no sé muy bien por qué y ahora no puedo quitármelo de encima ni con agua caliente).
Yo lo he pasado muy bien leyendo Rosalie Blum (Stitches bastante menos... ¡otra vez!), aunque finalmente me he desinflado un poco con un final demasiado benévolo (y demasiado redondo, pero con un redondeo inútil, y me refiero al epílogo) para lo que me hubiera gustado. Ojo, lo que me hubiera gustado, no lo que probablemente pedía la historia, con la que el final es coherente en todo punto. No me ha producido una decepción catastrófica, como la que me provocó la sonrojante conclusión de Tamara Drewe, de la divina Posy Simmonds, pero tengo claro que no es mi tebeo. Lo cual me parece fantástico. Después de pasarme toda la vida sintiéndome obligado a que me gustaran todos los tebeos buenos que se publicaban, por pura militancia, ahora por fin puedo renunciar a tebeos realmente buenos porque, sencillamente, no me interesan. Por mucho que sean tebeos. Eso por sí sólo ya no va a hacer que me interesen, como no me interesarían si fueran una película o una novela.
Esto es una gran noticia, creo.
Y es una sensación desconocida.
La gran duda que me planteo con cómics como Rosalie Blum es que son tan novelescos (en el sentido literario) que en ocasiones me parece que ponen más de manifiesto las limitaciones del cómic para hacer lo que hace la novela que las propias virtudes del cómic para hacer lo que es suyo propio. En algunos momentos de Rosalie Blum no podía evitar pensar: ¿Y aquí no falta una pizca de densidad? ¿Aquí no estamos siendo demasiado fáciles? ¿Aquí no está resultando todo demasiado indoloro y bonito? Y finalmente: ¿esto no funcionaría mejor como una novela de prosa, de verdad?
Creo que cuando uno encadena cuatro preguntas seguidas es que va llegando el momento de cortar, so pena de zozobrar en el mar de las dudas. No sé si ha quedado claro que, a pesar de lo dicho, he pasado muy buen rato leyendo los tres volúmenes de Rosalie Blum, que creo que hay una gran historietista detrás de ellos, y que celebro su salida, su existencia y sus (previsiblemente) buenas ventas. No siento tanta simpatía por Stitches, pero es que ni siquiera sé por qué ha vuelto a aparecer otra vez ese maldito tebeo en este post. Será porque estoy llegando al final, ya sólo me queda por escribir una frase, y es ésta: Sospecho que es un tebeo (¡Rosalie Blum, no Stitches!) que no voy a releer muchas veces, pero que sí lo voy a regalar unas cuantas.