viernes, 26 de febrero de 2010

EL VECINO Y EL DOLMEN

Juan Manuel Díaz de Guereñu ha reseñado El Vecino 3 en Dolmen nº 170 (enero 2010).
(¡Gracias, Fernando!)

EL VECINO CONMUTA

Esteve Torrents reseña la saga completa del Vecino en The Commuter Blog.

HOMENAJE A UN PROFESOR

El homenaje de esta mañana a Juan Antonio Ramírez ha sido como procedía que fuera en su casa: apropiado, cercano y emotivo. Los últimos 25 años de su vida estuvo dando clases en la Autónoma, y por eso gran parte de las intervenciones se han centrado en su labor docente, aunque no se han olvidado otros aspectos de su trayectoria, como su lado de escritor o su entusiasta defensa del derecho de los historiadores del arte, críticos e investigadores a utilizar las imágenes como parte de sus discursos icónico-verbales, que era como él concebía que había que estudiar y explicar el arte.
Precisamente las batallas de Juan Antonio en defensa del derecho de cita han ocupado una parte importante de los discursos que se han oído esta mañana en el salón de actos de la facultad de Filosofía y Letras, un espacio que JAR no llegó a conocer, porque se inauguraba hoy tras su (cósmica) remodelación. Y escuchando a varios de los oradores hablar de cómo Juan Antonio se empeñó en defender ese derecho frente a quienes querían limitarlo (no hay mayor enemigo para la historia del arte en España que la VEGAP, o algo parecido, se ha oído esta mañana), he pensado en cómo eso nos afecta también a nosotros, los que queremos escribir y estudiar la historia del cómic como una parte de la historia del arte. Especialmente a nosotros, diría, que trabajamos sobre un arte que está constituido de forma esencial por una mezcla de texto e imagen y que sólo se puede explicar recurriendo a esas imágenes. Y especialmente a nosotros, también, porque necesitamos más que nadie estudios que no sólo nos hagan comprender y conocer mejor nuestro arte, sino además que lo legitimen de forma inequívoca entre las demás disciplinas, ya tan convenientemente respaldadas desde la academia.
Éste es uno de esos temas que ya no podré hablar con Juan Antonio, y seguro que lo echaré de menos.
Su ausencia, evidentemente, ha pesado sobre todos los que han hablado, pero también su presencia, en intervenciones muy sentidas por parte de todos, los que hablaban y los que escuchábamos. No quería destacar a nadie, porque todos han hablado con el corazón, pero tengo que decir que hemos salido de allí emocionados con el recuerdo de las palabras de Carlos Reyero (véase la tercera foto que ilustra este post), que ha estado inmenso.
A la altura del colega, del amigo, del profesor que habíamos ido a homenajear.

jueves, 25 de febrero de 2010

SPIDERMAN NEGATIVO


A veces el trabajo te da alegrías inesperadas. Por ejemplo, el otro día estaba traduciendo Dark Reign: Mr. Negative, y me encontré ¡por fin!, con el Spiderman que llevaba 30 años esperando ver (véase imagen que encabeza el post). Exactamente desde esto:


¡Vértice nunca se equivocaba! ¡Vértice era visionaria! ¡Adelantada a su tiempo!
(portadas de Spiderman arrebatadas a Universo Marvel)

UN RECUERDO

Mañana la UAM rinde su homenaje a Juan Antonio Ramírez, a las 11.30 en el salón de actos de la facultad de Filosofía y Letras. Allí estaremos.

miércoles, 24 de febrero de 2010

LA VIEJA CASA

Este lunes estaré dando una charla en UCMCÓMIC, las jornadas de cómic de la Universidad Complutense de Madrid. Será el día 1 a las 17.45, en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Información, pero intentaré pasarme por allí al mayor número de sesiones posible a lo largo de la semana, porque creo que el cartel que ha preparado el equipo organizador es de lo más interesante para cualquier persona con curiosidad por el cómic. Habrá conferencias de Toni Guiral, Pepo Pérez, Juan Díaz Canales, Juanjo Sáez, Absence, Max o Pepe Gálvez, entre otros, y mesas redondas donde se juntará gente como Manel Fontdevila, Borja Crespo, Miguel Ángel Martín y Hernán Migoya (¡ahí es nada, a ver si se dejan hablar unos a otros!). La verdad es que me quito el sombrero ante Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo, los promotores de todo esto, que con muy pocos recursos y mucha ilusión han montado algo que parece muy prometedor. Para remate, han organizado una exposición paralela al curso con originales de Paco Alcázar, Manuel Bartual, Javier Olivares, Mauro Entrialgo, Paco Roca, Carlos Vermut, Mireia Pérez, David Sánchez y muchos más. Si estás matriculado en cualquier licenciatura y necesitas 3,5 créditos, no te lo pienses. Pocas formas habrá más divertidas de conseguirlos.
A mi charla le puse un título que ahora me suena un poco raro, pero que fue fruto de un rapto de inspiración (o precipitación) cuando me preguntaron qué ponían en el programa, hace semanas: «La genealogía de la novela gráfica: una historia que acaba en el Génesis». Que nadie se asuste, será sencillamente un repaso a la historia de la novela gráfica desde el comix underground hasta nuestros días, siguiendo a grandes rasgos las líneas que trazo en mi inminente libro La novela gráfica, que saldrá en abril (y por tanto, lamentablemente no podré añadir la coletilla «y que tienen a la venta en la mesa que hay en el vestíbulo del edificio»).
Para mí va a ser una ocasión un tanto especial, porque la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense es mi vieja casa, al menos académicamente. Fue allí donde me licencié en Periodismo, a finales del siglo pasado, y fue en su biblioteca donde descubrí los libros de Juan Antonio Ramírez, que me hicieron pensar de inmediato que yo quería hacer ese tipo de cosa algún día. Mi paso por la facultad de Ciencias de la Información fue más bien grisáceo. No estaba de ánimo para pasar mucho tiempo en las aulas, y la carrera tampoco me estimulaba demasiado. Me saqué el título con el mínimo esfuerzo y con una pérdida creciente de ilusión. Las cosas más importantes que saqué de allí no tuvieron que ver con la carrera académica, sino con la vida. Así que tampoco me quejo, digamos que fue indoloro y tuvo su lado bueno.
Luego hice otras cosas, hasta que con 35 años decidí cumplir con aquella promesa que me había hecho a mí mismo de hacer ese tipo de cosa que había descubierto en los libros de Ramírez y me puse a estudiar Historia del Arte en la Autónoma, donde daba clases el mismo Juan Antonio.
Por eso ahora, al volver a Ciencias de la Información para dar una charla basada en el trabajo de doctorado que he hecho en Historia del Arte bajo la dirección de Ramírez, tengo una extraña sensación, como si cerrara un círculo. Siento como si el camino que empezó en la biblioteca de Periodismo hace ya tantos años me hubiera llevado, trazando una muy larga curva, hasta esa sesión del próximo lunes en el salón de actos.
Esto, amiguitos, es lo que pasa cuando te dedicas a escribir historias: todo lo acabas convirtiendo en un relato, la vida misma te parece una ficción. Como si tuviera un sentido que no tiene.

lunes, 22 de febrero de 2010

BILBAO

EL VECINO EN LA RÍA

Sabíamos que la visita a Bilbao para presentar El Vecino en Joker merecería la pena, pero la verdad es que yo personalmente me lo he pasado mejor todavía de lo que esperaba. (Hablando de pasarse, también me pasé un poco con los pintxos, exceso que supongo que no soy el primero que sufre en sus visitas a la capital vizcaína). Joker, presidida por el impresionante escaparate diseñado por Manuel Bartual, es una de las tiendas más impresionantes que he visto en nuestro país, y han mejorado mucho las instalaciones para presentación desde la última vez que estuve allí, convirtiendo el espacio del fondo en una verdadera sala de exposiciones y conferencias. El remate ha sido la incorporación del proyector, que se estrenaba con la charla del Vecino. Aquello ya está apto para celebrar congresos, si hace falta.

Aprovechando que tenemos muy recientes en las librerías los tres volúmenes de la serie, el último como novedad y los dos primeros como reedición en nuevo formato, hicimos un repasillo a la trayectoria completa de la obra, llegando incluso a echar un vistazo a lo que va a ser El Vecino 4, que se dejaba ver por primera vez ante los ojos del público. Koldo Azpitarte, ese egregio crítico del norte y autor del excelente libro sobre Paco Roca Senderos, hizo de maestro de ceremonias con su gracia y su perspicacia habituales. Debo decir que nos hizo preguntas que no nos habían hecho nunca y nos obligó a contar cosas que no habíamos contado nunca. Cosas que estaban fuera del guión (y lo digo como guionista). ¿Qué cosas? Bueno, a quien nos las pregunte le contestaremos.

En fin, fue muy agradable sentir el calor del público y también el de los amigos. La hospitalidad de Fernando y Raquel estuvo a la altura de la fama de la región, y también estuvo genial poder pasar unas horas con David, Mikel, Leandro y demás amigos. Vamos, que a uno de le apetecería pasarse todo el día haciendo presentaciones, y si es en Bilbao mejor. Aunque probablemente reventaríamos de pintxos y txacolin. Pero reventaríamos felices.
Gracias, amigos.

viernes, 19 de febrero de 2010

GRANDIOSO PANORAMA


Ya está aquí, tío berni, ya llegó... Y, una vez más, el objeto golpea antes que el contenido, en este caso de forma muy contundente.
El McSweeney's 33 es, como bien anticipaba el tío berni hace unas entradas, un arma anti-digital. Concebido como una fiesta en honor del papel impreso, llega en una bolsa de plástico que contiene varios periódicos y revistas sobre literatura (algunos nombres: Michael Chabon, Stephen King, Nicholson Baker, Miranda July, Junot Díaz) y una espectacular «sección de cómics» al estilo de las de la antigua prensa norteamericana. En la sección de cómics, que es lo que a nosotros (más) nos interesa, auténtico All-Star: Daniel Clowes, Ivan Brunetti, Alison Bechdel, Art Spiegelman, Adrian Tomine, Chris Ware, Kim Deitch, Seth, Jessica Abel... Erik Larsen... Sí, Erik Larsen se marca dos paginazas de Savage Dragon que hay que verlas para creerlas. Además, Chris "manitas" Ware nos obsequia con otro recortable de los suyos, con historieta incluida en el reverso... En fin, un verdadero festival del cómic sobre papel que produce una inmediata sensación de alegría y emoción sin ni siquiera leerlo.
Y que confirma que el largo camino elíptico de huida que han emprendido los novelistas gráficos contemporáneos para alejarse del comic book cada vez les acerca más a McCay, Herriman, King y demás, no sólo en el espíritu y las formas, sino también en el formato.
Quién sabe, tal vez la novela gráfica ya esté muerta y lo nuevo sea la prensa gráfica.

jueves, 18 de febrero de 2010

HÉROES NEGATIVOS

Toni Boix reseña Héroes del espacio 1. La puerta del cielo (Planeta-DeAgostini, 2009), el tebeo que publiqué hace unos meses con Javier Peinado. En zona negativa.

EL VECINO DESEMBARCA EN BILBAO

Este fin de semana tenemos presentación del Vecino en una ciudad muy especial, porque es la casa de nuestros editores y para nosotros es como una segunda casa. Invitados por Fernando Tarancón y Joker, Pepo Pérez y yo estaremos en Bilbao el sábado, acompañados de Koldo Azpitarte. Hablaremos del Vecino 1, del Vecino 2 y hasta del Vecino 3. Aprovechad para acudir ahora, porque la charla de presentación de El Vecino 4 será todavía más larga.

miércoles, 17 de febrero de 2010

MINIOBJETO


¿Cómo se convierte un fenómeno tan efímero y tan marcado por la insignificancia de su propio soporte (fotocopias) como los minicomix norteamericanos de los 80 en un libro, sin que pierda sentido? Pues incidiendo de nuevo en el soporte para que la materialidad del objeto vuelva a ser un elemento determinante en su percepción. Así lo han hecho en el tomo de casi 900 páginas (o paginitas) titulado Newave! The Underground Mini Comix of the 1980s que acaba de publicar Fantagraphics y que acaba de traerme a casa el señor Amazon.
Continuando con el tema: hace tiempo escribía sobre cómo el formato influía en determinar la forma (y el contenido) de los Wednesday Comics de DC. En junio aparece el tomo recopilatorio de la serie publicada originalmente en periódicos. Me hace gracia cómo el texto promocional subraya que el tamaño extraordinario del volumen «se aproxima a la experiencia de lectura gigante de la publicación semanal».
Por supuesto, en el nuevo horizonte digital se dibujan nuevas posibilidades para la manipulación del formato. Un ejemplo: hace poco veía que en un foro de internet habían subido un torrent donde un usuario había recopilado Wednesday Comics completo, pero... ordenándolo por series de forma correlativa, y no por el orden en que se había publicado originalmente.
La remezcla, la reordenación y la intervención (la recreación, en suma) por parte del lector están a la vuelta de la esquina, más al alcance de la mano que nunca desde que Vértice puso a nuestra disposición aquellos magníficos cuadernillos en blanco y negro para que los coloreásemos según nuestro propio talante artístico.

lunes, 15 de febrero de 2010

EL VECINO MONTAÑÉS

Yexus comenta el Diario Montañés algunos de los tebeos que he publicado últimamente, especialmente El Vecino 3, y de paso me hace una pequeña entrevista.
Aquí, el artículo.
Aquí, la entrevista.

NEGOCIOS SUCIOS

El negocio de los negocios 1. El dinero de invisible (Astiberri, 2010), de Denis Robert, Yan Lindingre y Laurent Astier es un tebeo sintomático de nuestros tiempos. Algo así no podría haber existido hace años. Es que era inconcebible.
Pero si los cómics fueran un medio de expresión normalizado, donde tuviera cabida todo lo que representa nuestra sociedad, como siempre nos gusta soñar, cada mes se publicarían 25 libros como El negocio de los negocios. Mejores o peores, pero en esa línea.
La línea es periodismo de investigación sobre la corrupción financiera a escala europea. Por supuesto, desde una perspectiva francesa, porque Denis Robert es un periodista francés, pero el tema nos afecta a todos (¿no hablábamos hace un par de entradas de la internacionalización?). ¡Incluso sale Baltasar Garzón!
Las primeras páginas de El negocio de los negocios me desalentaron un poco. La impresión inicial era que me enfrentaba a una larguísima red de tramas políticas y económicas protagonizadas por personajes reales que desconocía o conocía muy poco, debido a su pertenencia a la política local francesa, y que allí no iba a haber forma de enterarse. Pero como una sinfonía ruidosa que empieza en pleno fragor y luego se va armonizando, al poco El negocio de los negocios se aclara y se hace comprensible primero, fácil de seguir después, y completamente adictivo por fin. El acierto es dejar en segundo plano el detalle de las tramas (que se exponen más bien a grandes rasgos) y centrarse en el propio Robert como personaje-narrador de la historia, en su día a día familiar y profesional.
Decía que un tebeo así no era concebible antes porque El negocio de los negocios no pide excusas ni se adscribe a géneros. No tiene nada que ver con, por ejemplo, la biografía de Sarkozy que se publicó hace unos años y que era de evidente intención satírica. Este libro, sin embargo, no parece consciente de ser un cómic. Ignora demasiadas convenciones propias de la historieta en su empeño por contar de la mejor manera posible lo que tiene que contar. La consecuencia es, por supuesto, que acaba saliendo un libro que probablemente se haga árido para los lectores habituales de cómics, y que no sabemos si podrá llegar al público general, debido a que le falta un tema local concreto que sirva de reclamo, que es como funcionan estos best-sellers de investigación periodística. Lo primero que piensa uno después de leer este Los negocios de los negocios es que si alguien engatusara para hacer algo así a un Javier Cercas, igual se encontraba con un superéxito entre las manos.
El negocio de los negocios me ha parecido un excelente tebeo y he disfrutado mucho de su lectura, pero al final me ha dejado un regustillo amargo. No sólo por lo que cuenta, que también (porque aunque vivamos en el "planeta cómic", el mundo real sigue ahí fuera y todos lo estamos sufriendo) sino porque me ha hecho echar de menos tantas cosas que no tenemos en las librerías de cómics.

EL HOMBRE DE LA CAJA

Seguimos con manga, porque recientemente también me he leído The Box Man, de Imiri Sakabashira, en la edición que acaba de hacer en inglés Drawn & Quarterly. Pocas horas después de leerlo me enteraba de que Apa-Apa va a publicar en España Travel, de Yuichi Yokoyama, uno de los tebeos más fascinantes que he tenido la suerte de leer los últimos años, y la conexión entre ambos la he establecido de forma natural.
Como Travel, The Box Man también es un manga de vanguardia basado en el movimiento. La sensación de desplazarse es continua a medida que uno avanza por sus páginas, siguiendo la opaca odisea del piloto de la vespa, el hombre de la caja. Ahora bien, donde Yokoyama es geométrico, terso y deshumanizado, casi alienígena, Sakabashira es orgánico, amorfo y físico, muy terrenal. En cierto sentido, recuerda más a Gary Panter que a su compatriota. Casi nada.
En contra de la mayoría de los cómics de corte surrealista que se disuelven en un estallido gráfico sin conclusión satisfactoria, The Box Man tiene una antimoraleja que cierra con humor la epopeya. Lo cual uno no sabe si es irónico o doblemente irónico (y por tanto, deja de serlo).
Los espíritus aventureros no deberían perdérselo. Es improbable que nadie lo saque por aquí (¿me estáis leyendo, Apa-Apa?), pero en todo caso la barrera lingüística no debería disuadir a nadie de conseguir la edición de Drawn & Quarterly si siente mucha impaciencia, porque la historieta es muda en un 95%.

LOS FANTASMAS DE NUESTRA INFANCIA

Esto sí, esto es otra cosa. Me refiero a NonNonBa (Astiberri, 2010), de Shigeru Mizuki. Confieso que su Hitler (Glénat, 2009) todavía no me lo he acabado. No he sido capaz. De modo que recibí la bendecida NonNonBa con cierta precaución. Pero mis temores eran infundados. Éste es un pedazo de tebeo, de los que probablemente uno va a releer en el futuro.
De las tres autobiografías de mangakas que prácticamente han coincidido en nuestras librerías en el plazo de dos meses, Una vida errante, de Tatsumi, es la más ancha, pero NonNonba es la más profunda. Un zoo en invierno (Ponent Mon, 2009) es la injusta derrotada en esta improvisada competición que nos hemos montado aquí en las últimas semanas. No es lo bastante ancha ni lo bastante profunda, aunque sí es la más sentimental. Pero su sentimentalismo parece forzado y artificial al lado de la forma tan directa en que Mizuki aborda su propia infancia y el origen de sus obsesiones por los espíritus y por el dibujo. Bajo su aparente atonalidad hay una sustancia muy auténtica, y se percibe la vida misma de los recuerdos pegajosos de la infancia. En muchas escenas de NonNonba he sentido un recuerdo profundo que resonaba con el eco de mi propio pasado. Y ha sido raro, porque reconocía cosas que había olvidado. Y eso no te lo hacen todos los tebeos.
No me extiendo más, porque tengo que escribir un artículo para el ABCD sobre este trío de autobiografías japonesas, y no quiero quemarme en el blog. Además, podéis leer un par de reseñas de NonNonBa mucho más articuladas en la cárcel de papel y entrecomics.

ESTAMOS COMO ESTAMOS

«Estoy como estoy», me dijo el otro día mi madre.
Y la entendí muy bien, porque en el mundo del cómic, estamos como estamos.
Esto viene a ser la entradilla de un post para mirar un poco desde lejos (o desde media distancia, vaya), el «affair El libro de los otros», que no voy a resumir porque quien tenga interés por el mismo puede ponerse al día aquí. Como veis, estoy lanzado con las reflexiones teóricas esta mañana, a ver si me quito de en medio temas pendientes...
Una reflexión sobre lo que pasó con El libro de los otros: tenemos la piel muy fina. En el mundo del cómic, quiero decir. Ya se ha visto en otros casos más recientes y más espectaculares, pero aquí también las reacciones han sido de indignación y ofensa (yo el primero), aunque afortunadamente en tono más moderado (no me ha parecido ver pelotones con antorchas y horcas pasar bajo la ventana). En todo caso: mosqueo. Y mosqueo reflejo, instantáneo.
Cuidado: esa actitud no es sana. Tenemos que mirárnoslo. Denota, sí, complejos.
¿Y por qué no? Sólo aquel que está acomplejado repite que no lo está. Y motivos tenemos para seguir con la mosca detrás de la oreja.
Salamandra tuvo a bien explicarnos que la supresión de las historietas de Clowes y Ware en la edición española de El libro de los otros no fue una chapuza nacional. Fue un desastre internacional. Al menos la edición alemana tampoco las incluye, y no he comprobado otras, pero el caso está ahí. Es decir: que la cosa es más grave de lo que pensábamos. No es que aquí (cómo nos gusta decir eso de aquí para referirnos a este país) no nos enteremos de que el cómic ya no es tebeo, sino novela gráfica, y tiene un valor literario, artístico y cultural comparable al de las mejores producciones del intelecto humano. Es que no se enteran en general en todo el mundo. Ni aquí ni en Alemania. Y si Zadie Smith ha aprobado la carnicería, tampoco en Estados Unidos.
O sea (repito), estamos peor de lo que estábamos.
Porque, bueno, puede que hacer una rotulación de bocadillos de historieta sea más de lo que se puede pedir a una editorial de literatura (lo dudo, y más cuando esa editorial de literatura ya ha publicado otros cómics), pero el caso no es tanto eso como que se pueden permitir suprimir las dos historias complicadas, las de las viñetas, y no pasa nada. Nadie piensa que hay una merma de la calidad del conjunto de la obra.
Esto no es un acto maligno de Salamandra. Más bien es un síntoma, un reflejo de la mentalidad dominante.
La editorial no se siente obligada a publicar esos cómics. De la misma manera que no se siente obligada la editorial alemana. De la misma manera que no se siente obligada a exigir su inclusión la editora norteamericana que ha encargado esas historias (El libro de los otros no es una recopilación de relatos publicados anteriormente en otro sitio, sino que todas las piezas se encargaron exprofeso para el volumen y tienen un tema unificador).
Ésa es la realidad.
Lo otro, lo que nosotros soñamos.
Eso sí, la excusa o el motivo para la exclusión del cómic ya no es de índole cultural. Ahora es de índole material.
Rotular las historietas es complicado.
O cualquier otra excusa.
Y digo cualquier otra excusa porque la pura verdad es que El libro de los otros ha acabado poniendo de manifiesto que, en este empeño por acercar la novela gráfica a la literatura que vivimos con tanta euforia últimamente, el cómic no tiene nada que ver con la literatura.
Al final resulta que es verdad: meter alegremente historietas entre relatos en prosa es antinatural.
El cómic está determinado por su formato en un grado mucho más elevado que la literatura, y eso va a pesar en el complicado viaje que le espera durante los próximos años para intentar insertarse definitivamente en la respetabilidad. A lo que me refiero es a lo que dije aquí.
Las peculiaridades formales del cómic van a suponer un obstáculo constante a la hora de que sea aceptado por las editoriales literarias no de cómic. Eso es evidente, más que nada porque ya suponen un obstáculo dentro del mundo del cómic.
Sí, dentro también.
Tal vez antes de empezar a señalar con el dedo a los que nos miran con curiosidad desde fuera, deberíamos mirarnos a nosotros mismos más seriamente.
Por ejemplo, está feo que en la edición española de El libro de los otros no aparezcan las historietas de Chris Ware y Daniel Clowes. Es doloroso, incluso.
Pero me parece mucho peor que se cumplan seis años (SEIS) (6) desde que se publicó «The Death-Ray» en Eightball 23 y todavía siga inédito en España.
Si Daniel Clowes y Chris Ware aparecen en El libro de los otros (edición original) no es por casualidad. Es porque cuando enumeramos los nombres de los historietistas que han definido la ilusión actual que sentimos por una novela gráfica seria, ellos son los dos primeros nombres que se enumeran. Ware y Clowes, y luego vienen los demás.
Y «The Death-Ray» ES LA MEJOR PUTA HISTORIETA QUE HA PUBLICADO JAMÁS DANIEL CLOWES.
Y seis años después, ningún editor de cómic español se ha dignado en traducirla.
¿Por qué?
Pues por el formato, claro.
Porque no está publicada en forma de libro, sólo ha aparecido con grapa en el Eightball en que salió y todavía no se ha reeditado adaptando el formato a la novela gráfica.
Qué ironía, ¿verdad? Hace muy pocos años nos quejábamos de que los grandes cómics que se publicaban fuera en forma de libro aparecían en España rebajados a cuadernillos con grapa, porque aquí no se podían publicar libros, y ahora nos privan de los grandes cómics que se publican con grapa porque sólo se pueden publicar libros.
Digamos también que de Chris Ware se han publicado dos libros (dos) en España.
Uno, el Jimmy Corrigan (¡menos mal!) hace ya seis años. El otro, el fabuloso Acme Novelty Library recopilatorio ha tenido que esperar años a que una editorial no de cómic (Random House Mondadori) lo editara aquí (fabulosamente), supongo que porque todas nuestras editoriales de cómic lo dejaron pasar porque su formato resultaba demasiado exigente.
Y hay más libros de Ware, ¿eh? No os creáis que ahí se acaba todo. Pero supongo que los lectores españoles tendrán que esperar a que alguna editorial literaria decida que bueno, que sí, que vale, que finalmente merece la pena hacer el esfuerzo.
Está muy bien exigir a los demás que nos respeten.
¿Pero qué tal si empezamos por respetarnos nosotros mismos un poquito más?
Estamos como estamos.
Y gracias.

BANDERAS

Inmerso en la maquetación de La novela gráfica y en otros curros muy urgentes, he dejado pasar este último par de semanas algunos temas que se debatieron en este blog, pero sobre los que no querría dar la impresión de que escurro el bulto. De modo que, aprovechando que sigo hasta las cejas de trabajo pero hoy nieva sobre Madrid y me apetece escaquearme de lo que debería estar haciendo, voy a ver si recupero un par de cuestiones.
La primera es la de la nacionalidad de los cómics, que surgió a partir de este post donde reproducíamos los 10 mejores tebeos españoles de 2009 para Manuel Darias. En los comentarios, el tio berni se planteó la pregunta de qué era un verdadero cómic español (¿el que hacen autores españoles, sin más, o el que se produce directamente para el mercado español, y no para el extranjero y luego se traduce aquí, aunque sus autores sean españoles?), yo simplemente dije que era una cuestión complicada, Roger dijo que el cómic era de la nacionalidad de los autores, sin más, y Pepo que había que tener en cuenta para quién se producía la obra, especialmente en los casos de cómic industrial o comercial.
Qué difícil, ¿no?
El tema me interesa, digo, porque es uno de los temas que se tratan precisamente en La novela gráfica, y es más, creo que es uno de los temas fundamentales de la novela gráfica moderna, uno de cuyos ejes es precisamente la internacionalidad. La literatura se ha organizado siempre a través de estudios por lenguas, ya que la propia lengua es la materia de la que está hecha la literatura, pero el componente visual del arte permite que en lo plástico se desborden las barreras nacionales. El cómic, en ese sentido (como en tantos otros), está a medio camino entre una posición y la otra. Para leerlo, es necesario conocer la lengua en que está escrito, pero se puede acceder a él en muchos otros aspectos a través de lo meramente visual. Hergé absorbió a Geo McManus sin leerlo, a través de las ediciones mexicanas de Bringing Up Father, y Frank Miller se empapó de Lobo solitario y su cachorro sin traducir. Eso ha pasado siempre.
Sin embargo, el cómic industrial de toda la vida ha estado tradicionalmente muy dividido por naciones. Aunque ciertos éxitos de las industrias punteras -la norteamericana y la francesa, básicamente- se difundían por toda su esfera de influencia, cada país contaba con su propio ecosistema cerrado, sus propios productos para su propio público con un desarrollo en ocasiones imitativo del de las potencias hegemónicas, pero finalmente siempre autónomo.
La novela gráfica contemporánea se genera, sin embargo, en un horizonte creativo deslocalizado e internacional. El sentimiento de comunidad entre Lewis Trondheim y James Kochalka, por ejemplo, es mayor que entre Trondheim y Van Hamme.
Creo que el ejemplo perfecto del nuevo historietista plenamente internacional es Jason. ¿Podemos decir que hace cómic noruego? Copio un par de líneas de La novela gráfica donde trato este caso:

[Jason] triunfa por igual en Francia y Estados Unidos, y por supuesto en sus mercados clientes, como el español. La difusión de Jason ha sido favorecida tal vez por su tendencia a realizar historietas sin palabras, y su espíritu nomádico se ha trasladado a su propia vida, pues tras salir de su Molde natal ha tenido residencia en Nueva York y en Montpellier. Las historias de Jason, que juegan con los tópicos de género y mezclan personajes y épocas históricas a conveniencia, en ocasiones para conducir a finales sorpresa, están desprovistas, por su propia condición de materiales de aluvión, de especificaciones localistas. Cualquier persona que comparta el bagaje cultural común de occidente se sentirá igualmente familiarizada con ellas, sin importar cuál sea su lengua materna y su cultura local.

El fenómeno es crucial para la novela gráfica contemporánea, diría que forma parte esencial de su definición, pero también se ha filtrado al cómic comercial que sigue las estructuras tradicionales. La internacionalización, al fin y al cabo, está cada vez más presente en todos los órdenes de la vida. Ahora bien, creo que no era de esto de lo que se discutía, creo que era de otra cosa. Lo que pasa es que esto es lo que me interesa a mí de la «cuestión nacional».
Porque lo que se debatía estaba aplicado a una pregunta muy concreta que tiene una función muy concreta en un caso muy concreto. La pregunta la hacía el tío berni en relación, muy probablemente, con la encuesta que acababan de realizar entre los lectores de entrecomics para elegir los mejores cómics de 2009. Allí, y cito textualmente, el tío berni se planteaba lo siguiente:
«Otro aspecto que nos ha resultado interesante es el de la percepción del público de la nacionalidad de las obras. Las bases indicaban claramente que para considerar un cómic como nacional y con independencia de la nacionalidad de sus autores, el cómic debía estar producido y publicado por vez primera en España. No importa. También por clamor popular, Ken Games (Francia), El juego de la luna (Francia), La guerra del profesor Bertenev (Francia), La isla sin sonrisa (Francia) o Esther y su mundo (Reino Unido), son obras españolas.»
Frente a este planteamiento, en el lado opuesto se encuentra el de Roger, para el que -y así se dijo en los comentarios, ya que al menos son casos que yo planteé-, Watchmen no es cómic norteamericano, sino británico, porque sus autores son de esa nacionalidad, ni tampoco Ultimate Avengers es estadounidense, sino escocés-español.
Yo, sinceramente, no me lo creo. Como no me creo que los westerns de DC de los 70 o La espada salvaje de Conan sean cómic filipino, por ejemplo.
Como no me creo que Marcos Martín o David Aja estén haciendo cómic español cuando hacen Spiderman o Puño de Hierro, o Munuera cuando dibuja Spirou,por ejemplo.
Pero, por otra parte, siguiendo la lógica del tío berni, nos dejaríamos fuera del «cómic español» Arrugas, el cómic español más importante de los cinco últimos años. Y me refiero, por supuesto, para la industria española. Porque Arrugas ha sido (y sigue siendo) mucho más importante para el cómic español que para el cómic francés.
Llegados a este punto, la discusión parece haber alcanzado ese grado de absurdo en el que todo se queda empantanado y cada cual se repliega a sus posiciones para revisar concienzudamente todas las tonterías que ha dicho el bando enemigo.
Y ése es el mejor momento de darse cuenta de qué estamos discutiendo de verdad.
Y por supuesto, lo que estamos discutiendo, como pasa con demasiada frecuencia cada vez que sale la palabra «nación», es política pura y simple. Política en el peor sentido: intereses privados invadiendo la esfera pública.
Porque está claro que un autor español, trabaje para la editorial de su barrio o para una editorial japonesa, es un autor español. Nadie le va a quitar esa condición, y nadie le va a negar su parte, pequeña, grande o mediana, en la historia del cómic español. Porque la historia del cómic español la hacen todos, los que trabajan aquí y los que trabajan allí, los que se quedan y los que se van, los emigrantes y los que no emigran. Pero de lo que se hablaba no era de la nacionalidad de los autores, sino de las obras. Y las obras de la gran industria internacional -es decir, norteamericana y francobelga- son de algo más que un guionista y un dibujante. Son también de editores, son también de su público y sus canales de distribución, de su mercado, son obras de su institución, en suma. ¿O alguien piensa que existe una demanda de una miniserie de Nova, por ejemplo, fuera del ecosistema ya creado por la industria norteamericana? ¿Alguien piensa que cuando realiza una miniserie de Nova está haciendo algo diferente de un producto de encargo norteamericano? No me gustan mucho las comparaciones inter-especies, pero, ¿alguien duda de que los Gasol y Rudy Fernández juegan baloncesto americano, por mucho que sean españoles, como demuestra el hecho de que participen de la Selección de este país cada verano? ¿Acaso eso les excluye de la historia del baloncesto español? En mi opinión, lo único que hacen es, en todo caso, agrandar esa historia. Como agrandan la historia del cómic español los Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Roger Ibáñez, Tirso Cons y demás.
La historia.
No la industria nacional.
Y eso no tiene nada de malo.
Salvo cuando se vienen a repartir premios.
Entonces, todos queremos ser elegibles, por supuesto.
¿Y por qué no? A mí, personalmente, me da lo mismo que las obras producidas por Marvel o Dargaud sean elegibles o no como mejores obras españolas del año. Creo que, en todo caso, es una decisión convencional que debe tomar la institución que otorga el premio. Se establecen unas bases pensando en premiar tal cosa, y por tanto se definen unas condiciones. Se cumplen o no se cumplen, y punto. Ésa, por ejemplo, era la postura de partida de entrecomics: cómic español era el que se producía para España (y presumo que como tal se entendía entonces el cómic hecho por argentinos para editoriales españolas, por ejemplo). Es un planteamiento tan respetable y sensato como cualquier otro. Convencional, como decía. Pero ante la «conciencia general» del público de que las obras producidas para el extranjero también son españolas si las firman autores españoles, entrecomics decide aceptar las mismas. Como entrecomics no es realmente una institución, se puede permitir esa flexibilidad, y me parece bien que tengan la inmensa sensatez de no encastillarse en sus posiciones de partida. Al fin y al cabo, la mejor forma de saber si algo es español es comprobar que todos (la mayoría, el consenso) lo reconocemos como español.
Por supuesto, gran parte de la confusión deriva de la propia debilidad de la industria «nacional», ta permeable a cualquier producto extranjero y tan incapaz de generar su propia dinámica comercial. El problema, en gran medida, es que las condiciones actuales no son comparables a las que se han dado en ningún momento del pasado, y todavía no sabemos cómo comportarnos, tal vez porque no sabemos a dónde vamos.
Me resulta paradójico que, en la España de las autonomías y las nacionalidades históricas, en la España donde lo políticamente correcto es decir «estado español», la única forma de evitar que la gente se enfade sea salir al balcón y gritar: «¡Españoles todos!»
Y recibir el clamor popular.
Me he extendido lamentablemente sobre algo que quería zanjar de la forma más expeditiva posible. Me disculpo, y prometo no volver sobre el tema. Porque sí me interesa mucho lo que significa el fenómeno de internacionalización o nacionalización para la historieta contemporánea. Pero si de lo que vamos a hablar en realidad es de pura y simple política interesada, prefiero que no. Porque en toda mi vida, nunca he visto una discusión de ésas que acabe bien.
[La imagen que ilustra la entrada, por cierto, es de Vacaciones en Budapest, de Yves Chaland].

viernes, 12 de febrero de 2010

jueves, 11 de febrero de 2010

VECINOS NEGATIVOS

En zona negativa, David Fernández comenta la nueva edición de V1 y V2.

miércoles, 10 de febrero de 2010

EN DIRECTO DESDE LA COCINA

MICROENTREVISTA: PEPO PÉREZ


Pepo Pérez es un nombre habitual en Mandorla, cosa que no tiene mucho misterio porque es el co-creador del Vecino, una serie de cómic de la que han oído hablar tarde o temprano todos los que siguen este blog. Pero el Pepo Pérez que aparece hoy aquí para ser microentrevistado no es el dibujante del Vecino, sino el dibujante del semanario de humor en internet El Estafador, que acaba de publicar su entrega número 23, dedicada a la "Pobreza mental", con colaboraciones del propio Pepo y de Juanjo Sáez, Javirroyo, Liniers, Tote, Susipop, Martirena, Troche, Mireia Pérez y Joaquín Reyes (y si me he dejado alguno, lo siento). Como además mañana hay una presentación del Estafador oficial y real, de carne y hueso, en la Fnac Triangle de Barcelona, me ha parecido un momento oportuno para saber a qué dedica el tiempo libre mi media naranja historietística. Porque siempre es bueno que la mano izquierda sepa qué hace la mano derecha...
(Post ilustrado con una foto de Óscar Palmer).

¿Cuál es el mecanismo de funcionamiento del Estafador?

Es una iniciativa de Javirroyo. Suya fue la idea, él ha montado El Estafador, ha diseñado la cabecera y reclutado a los colaboradores. Cada semana se encarga de coordinarla también, y él sube los contenidos, aunque los demás podemos proponer los temas semanales. Nos comunicamos por e-mail.

¿Qué objetivos tenéis? ¿Que El Estafador sea rentable? ¿Proyectaros personalmente y que alguien os fiche o compre la cabecera?...

Javirroyo tenía la ilusión de hacer algo así desde hace tiempo, por el gusto de hacerlo. Su empeño, además, es conseguir que sea rentable. De momento se ha intentado mediante anunciantes pero no ha funcionado, aunque Javirroyo sigue probando por otras vías. La intención principal es usar El Estafador como plataforma creativa, de expresión o como quieras llamarlo. Y justo porque nos permite una libertad total -y en esto Javirroyo siempre hace hincapié-, a mí ni se me ha ocurrido que alguna empresa pudiera comprar la cabecera o algo así. Es más, espero que no suceda nada parecido, ja, ja.

Tu trabajo llama la atención por cómo busca explotar las virtudes propias de la pantalla, utilizando con frecuencia el scrolling vertical (algo que también suele hacer Juanjo Sáez), sin pensar aparentemente en la posible publicación en papel. ¿Qué ventajas e inconvenientes le encuentras al "lienzo digital", como diría McCloud? (Un buen ejemplo de este tipo de piezas de Pepo se puede ver en la entrega de esta misma semana).

Sí, es otro soporte, otro formato de publicación, con mecanismos distintos al de la página impresa. Para El Estafador jamás pienso en cómo se verían impresas las viñetas en papel. Las pienso para la pantalla del ordenador, que es donde se van a publicar y leer. Aparte del formato vertical, y los colores “de luz” -a veces uso colores chillones que no podrían imprimirse tal cual en cuatricomía, y otros dibujantes de El Estafador también los usan-, hay otra gran diferencia: el “paso de página” respecto al papel impreso. En un webcomic no hay páginas en realidad, claro, es una especie de “cinta continua”, pero la gracia es que no puedes ver todo el contenido de la “cinta” a la vez. Así que el lector va pasando la “cinta” con la barra de scroll, tal como dices, y eso te permite jugar con la sorpresa de aquello que no se ve aún de la tira, del “chorizo” como solemos decir en El Estafador, y que irá apareciendo “paulatinamente” conforme el lector vaya moviendo el ratón. Pero cuando aparecen las nuevas viñetas, siguen viéndose parte de las viñetas anteriores, cosa que no sucede al pasar la página de un tebeo impreso, con lo cual hay una continuidad distinta. En cuanto le vas cogiendo el truco te permite recursos diferentes, sobre todo con la sorpresa, que es la clave del humor. El principal inconveniente del formato web es que no puedes publicar cómics de mucha extensión. Es muy cansado leer en la pantalla del ordenador. Los cómics largos, de momento, son para el papel impreso. Imagínate leer una novela gráfica de 300 páginas en la pantalla del ordenador, ja ja… un coñazo.

¿Cuáles son las fuentes de inspiración para tu trabajo?

En los últimos años leo bastante sobre historia del arte y sociología, de hecho es lo que más leo aparte de tebeos, y me está influyendo un montón. Me ha cambiado la percepción de muchas cosas, el modo de entender el mundo y por supuesto de los cómics. Entonces, intento aplicar recursos que no siempre proceden del cómic sino del “mundo del arte”, por ejemplo descontextualizar cosas, o combinar dos “planos” de significado contrapuesto para intentar conseguir un tercero, etc. Luego hay algunos historietistas a cuya influencia es difícil escapar ahora mismo. Chris Ware, que me parece el autor de cómic más importante de los últimos veinte años, de hecho el más importante desde Robert Crumb. A Crumb también lo estoy leyendo mucho últimamente, y redescubriendo. Los dos son muy grandes, tanto que te hacen sentir un enano, casi un gusano, pero por eso mismo resultan tan inspiradores. De Art Spiegelman también he aprendido algunos recursos formales, sobre todo de las viejas historietas que ha recopilado en su Breakdowns.

De autores cercanos de “humor gráfico”, al que más sigo últimamente es a Manel Fontdevila, que me parece, ahora mismo y en España, sencillamente el mejor. Va tan sobrado de talento que, estudiando su trabajo, te sientes también muy pequeño: “¿De dónde ha sacado esta idea el cabrón? ¿Cómo se le ha ocurrido esto otro?”, etc. Manel usa mecanismos bastante impredecibles, que es la clave básica del humor, y además tiene la cosa de que cada vez dibuja mejor, con lo cual se le ocurren modos de representar las ideas cada vez mejores también. Juanjo Sáez también me gusta mucho, su trabajo siempre me ha inspirado, es un teórico muy fino, muy avanzado, aunque sus cómics puedan no aparentarlo; de hecho funcionan ocultando toda la reflexión que tienen detrás. Luego hay recursos formales que saco de la tradición del cómic, incluso de viejas tiras de principios del siglo XX. La estructura de las pantomimas mudas, por ejemplo, que alguna he hecho.

Una característica de tu trabajo que me parece muy deliberada por tu parte es un intento continuo de desafiar los límites establecidos entre el humor gráfico y el cómic. ¿Existen esos límites?

Es que no veo una diferencia esencial. Para mí el llamado “humor gráfico” y el cómic es lo mismo, en todo caso serían géneros narrativos distintos dentro de un solo medio, el cómic. Manejan los mismos recursos formales, el mismo lenguaje, y el hecho de que la temática sea humorística, el chiste como finalidad, no significa que sean cosas distintas. En otros medios se hace humor, en cine, en literatura, etc., y no por eso se le pone aparte como “algo distinto”. Tampoco me parece que la secuencia de viñetas respecto a la viñeta única marque ninguna diferencia esencial. Lo que solemos entender hoy por cómic procede de las caricaturas impresas y de las viñetas –únicas- de la prensa gráfica del siglo XVIII y XIX; de hecho en ellas se ensayaron recursos como los bocadillos modernos, o la misma interacción entre dibujo y texto, o el tipo de dibujo que mejor funcionaba para ser reproducido (y ser reproducido junto a un texto), todo eso mucho antes que en las historietas de varias viñetas. El cómic moderno procede del “humor gráfico”, así veo yo la historia del medio, y tienen la misma naturaleza. Y cuando pienso mi colaboración para El Estafador no lo hago en términos de “hoy voy a hacer un cómic” o bien “hoy no voy a hacer cómic, voy a hacer humor gráfico”, esto sería absurdo. Hay ideas que piden ser resueltas con una sola viñeta, otras con dos, otras con más viñetas, todo depende de la idea. Pero los mecanismos -el dibujo pensado para ser reproducido y “leído”, la caricatura, la palabra, los bocadillos si los usas- son los mismos.

Luego hay semanas en que no me apetece hacer chiste, o se me ocurre algún chiste muy tópico, y prefiero hacer algo que no tiene gag realmente, o que puede ser una historieta más “de cómic”. En el fondo todo es lo mismo. Igual con el dibujo, la idea se impone. Las ideas te piden un tipo de dibujo, a veces más elaborado, otra veces un rollo más de garabato. Y siempre tienes que intentar sorprender al lector. Si consigues hacerle reír alguna vez, no va a ser desde luego repitiendo el mismo truco.

¿Piensas que lo que haces en El Estafador es humor gráfico y por tanto distinto de lo que haces cuando haces cómic en El Vecino?

La diferencia básica es el formato y la libertad que tengo en El Estafador. En El Vecino trabajo en colaboración, contigo, con tus guiones, luego me tengo que sujetar a una historia pensada de antemano. El tipo de dibujo también es distinto. En El Estafador me permito unas, digamos, libertades que no permitiría en El Vecino. O eso creo de momento, ja, ja. Pero en lo demás, para mí, no es distinto. Todo es cómic.

¿Te ves haciendo este trabajo indefinidamente? ¿Te resulta fácil?

No, no me resulta fácil, y no sé hasta cuándo seguiré. Lo haré mejor o peor, pero siempre procuro ir más allá del tópico, que es por cierto lo primero que se te suele ocurrir. A veces me parece que lo consigo, pero otras veces no, y entonces me doy por vencido y dibujo el tópico para salir del paso. Las ideas, la inspiración, son extrañas, van y vienen. Hay veces que se te ocurre una buena idea casi a la primera, y otras veces te das de cabezazos. También he descubierto que hacer una historieta semanal de humor de calidad es MUY difícil. Admiro y aplaudo a quienes llevan años haciéndolo.

¿Es un alivio no trabajar conmigo?

Sí, un descanso total, ja, ja. Ahora en serio, es distinto, obviamente. A mí me gusta colaborar (como tú bien sabes). He colaborado en el pasado con otras personas, con Juanjo Sáez y con otros amigos, es algo que siempre me ha gustado, ver qué sale de la colaboración, y todo lo que aprendes con ella. Tener un guión escrito por ti, por otra parte, me libera del peso de pensar en muchísimas cosas previas. Pero en El Estafador estoy “solo ante el peligro”. Las primeras semanas me dio mucho miedo, la verdad, sobre todo porque es una publicación de humor, y hacer humor es, repito, francamente difícil. Pero cuando te sale bien, es muy liberador.

lunes, 8 de febrero de 2010

DECIDETE




Esta es la segunda historieta que publiqué con dibujo de Sergio Córdoba, en Malas tierras nº 2 (noviembre de 2004). La portada también estaba dedicada a Decídete.
Ver también: Roky Erickson, coño.

viernes, 5 de febrero de 2010

DIEZ DE UNO


La inauguración de la exposición «10 libros ilustrados», de Javier Olivares, ha estado llena de dibujantes, ilustradores, historietistas, editores y, en resumidas cuentas, amigos y admiradores de ese pedazo de artista y persona completa que es Javier. Ha sido muy agradable, sin estridencias pero muy acogedor, como el artista mismo. La sala de exposiciones tiene muy buen aspecto y es muy céntrica, y el montaje es de lo más adecuado porque, al disponerse los materiales sobre mesas, recuerda mucho a la manera en la que se pueden ver cuando uno visita el estudio de Javier y le pilla en mitad de faena, con las manos en la tinta. El público tiene más la sensación de haberse colado en la cocina del ilustrador que de estar contemplando sus trabajos museificados. Es una exposición viva, casi parece de trabajos que estén todavía en curso, vibrantes. Repito, una vez más produce un efecto muy cercano, muy Javier. El material, por supuesto, es extraordinario, porque Javier produce muchísimos dibujos cada vez que emprende un proyecto, y porque cada uno de los diez libros que han sido elegidos para la muestra tiene su propia historia -gráfica y plástica- que contar, de manera que todos son distintos.

Hoy no era el día de detenerse en detalle a observar cada vitrina, así que espero volver en otra ocasión con más calma, acompañado si es posible del artista para que me haga la visita guiada. Hasta el 23 de abril que la quitan, hay tiempo de sobra para no perdérsela.

jueves, 4 de febrero de 2010