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lunes, 29 de octubre de 2012

REPESCA DE NOVEDADES


Como suelo comprarme las novedades en su edición americana, y a menudo las comento inmediatamente, cuando salen publicadas en España a veces ha pasado un año o más desde que las reseñé en Mandorla, con lo que quedan enterradas y son poco útiles para el lector que sigue la actualidad de las librerías españolas. A ver si me aplico y de vez en cuando me voy acordando de rescatar esos textos que vuelven a cobrar actualidad con su traducción al español. En este post he recopilado algunas entradas que se referían a títulos publicados durante los últimos meses en España.

¿ERES MI MADRE?, de Alison Bechdel, publicado por Mondadori: EL DÍA DE LA MADRE.
HOLY TERROR (TERROR SAGRADO), de Frank Miller, publicado por Norma: MÁS LÍBRANOS DEL MAL.
META MAUS, de Art Spiegelman, publicado por Mondadori: DE RATONES Y HOMBRES.
SUPERGODS. HÉROES Y MITOS DEL CÓMIC, de Grant Morrison, publicado por Turner: LITERATURA SUPERHEROICA 4: SUPERGODS.
LOS ENTUSIASTAS, de Brecht Evens, publicado por Sinsentido: UN LUGAR MUY EQUIVOCADO.
LA BIBLIA, de Basil Wolverton, publicado por Diábolo: PROFETAS DEL DIBUJO.
EL NUEVO UNIVERSO DC, de diversos autores, publicado por ECC: EL FIN.

domingo, 8 de julio de 2012

EL DÍA DE LA MADRE


Por empezar por el final: da la impresión de que en su nuevo libro, Are You My Mother? (Houghton Mifflin Harcourt, 2012), Alison Bechdel quería hacer su propia terapia, y de paso también salvar/curar a su madre. Y lo consigue. Si la forma de acabar es lo que determina si una obra es comedia o tragedia, este libro concluye como un monumental «te quiero, mamá, y no sé decírtelo de otra manera». Donde Fun Home era la inconclusión total, maravillosamente expresada en su última viñeta, éste queda perfectamente cerrado, incluso con detalles sentimentales propios de un guión de Hollywood, como la muerte simbólica de la madre, proyectada en la muerte de la terapeuta, que Bechdel elige revelar al final (podía haberlo hecho en otro momento, ya que el libro no sigue ninguna cronología lineal) porque sabe del valor dramático de su posicionamiento.

Tal vez ahí esté la clave de lo decepcionante de Are You My Mother? Alison Bechdel sabe más ahora que cuando hizo Fun Home, y lo que allí era intuición, aquí es razonamiento. Adiós a la sorpresa, adiós a la osadía de la temeridad. La sabiduría no siempre es buena en un autor.

Es significativo que a lo largo de Are You My Mother?, Bechdel dibuje muchos párrafos de libros, fragmentos de textos que lee, pero que, por el contrario, nunca se dibuje dibujando. Sólo hay una ocasión en la que se represente en el ejercicio de su arte, pero realmente no está dibujando, sino trabajando. Está claro que la raíz creativa de Alison Bechdel es literaria, y todos sus modelos lo son. No se le puede reprochar: los temas que quiere abordar no los ha abordado nunca el cómic, y su gran valor está en intentar trasladar esos temas literarios «intrincados» a las viñetas. Como tantos otros pioneros, se enfrenta a la tarea de inventar su propio vocabulario, sus propios recursos. Pero, ¿tiene éxito?

En Fun Home, Bechdel mostraba más vida, más humanidad y más humor que en Are You My Mother? Sólo hace falta comparar el guiño irónico del título Fun Home con el plano y terapéutico Are You My Mother? Uno y otro revelan mentalidades completamente distintas. En algunas partes del nuevo libro, casi daría la impresión de que en Are You My Mother? se ha vertido todo aquello a lo que Fun Home tuvo que renunciar para ser una de las grandes obras maestras del cómic. El residuo, lo reprimido en un gran ejercicio de estoicismo creativo, vuelve para acosarnos.

Fun Home era la obra de toda una vida. Como La ascensión del gran mal, de David B., como Maus, de Art Spiegelman, como Persépolis, de Marjane Satrapi. ¿Se pueden hacer segundas partes de estas obras? Vida no hay más que una, y cuando ya la hemos contado, se nos ha acabado el cuento.

Sobre FUN HOME.

domingo, 9 de octubre de 2011

LA MEMORIA GRÁFICA


Desde que Robert Crumb abriera las puertas al cómic autobiográfico en la década de los sesenta, la experiencia personal ha sido el argumento principal de la historieta alternativa. El desparpajo del relato exhibicionista de Joe Matt, la melancolía sentimental de Chester Brown, la ficcionalización satírica de Lauzier o, en nuestro país, la regocijante vida golfa de Boldú, han dado páginas brillantes.
TODO ESTÁ EN LOS LIBROS
«Mis padres me resultan más reales en términos ficticios», dice Bechdel en un momento de Fun Home, que, en efecto, es una reelaboración literaria de una vida vivida a través de la literatura, a través de la palabra, y que sin embargo resulta finalmente expresable sólo a través del lenguaje secreto de los dibujos. «Y tal vez mi estética fría y distante consiga transmitir el clima glacial de nuestra familia mucho mejor que cualquier comparación literaria».
Alison Bechdel (Lock Haven, Pensilvania, 1960) es uno de los iconos del cómic gay americano. Su serie Dykes to Watch Out For (Unas bollos de cuidado, en su edición española), que se publica en numerosas revistas y periódicos desde 1983, es un retrato generacional de la comunidad homosexual progresista. Al acercarse a los 40, Bechdel sintió la necesidad de sumergirse en lo más íntimo de sus recuerdos para contar su propia historia, o la historia de su padre, o la historia de su familia, o todas esas historias juntas en una sola, o tal vez en un delicado tapiz de historias que se sostienen unas a otras. Tardaría siete años en terminar Fun Home.
LA CASA DE LA RISA
Fun Home es el tragicómico nombre de la casa familiar, a la vez una funeraria, y una «casa de juegos» (léase con ironía). El padre de Bechdel, Bruce, llevaba la funeraria y complementaba sus ingresos como profesor de inglés, aunque su verdadera pasión (visible) era «la restauración monomaníaca» de la vieja casa familiar, una vivienda neogótica de 1867. Su otra pasión (invisible) era acostarse con jovencitos. Ese secreto de familia, continuamente presente y continuamente silenciado, expresado sólo a través del filtro simbólico de la mitología y la literatura, llena de silencios el erial de la vida íntima de los Bechdel. Cuatro meses después de que Alison saliera del armario y se lo confesara a sus padres (por carta, como no podía ser de otra manera en una familia incapaz de comunicarse si no era a través de la palabra escrita), Bruce moría atropellado por un camión. Aunque no había pruebas que apuntaran a otra cosa que un accidente, Alison siempre pensó que había sido su propia confesión la que le había impulsado al suicidio. La única forma que la autora tiene de asimilarlo es, por supuesto, a través de la literatura. Así, recuerda de Fitzgerald, uno de los escritores que más habían obsesionado a su padre: «Scott en Hollywood, alcoholizado, muere de un ataque al corazón a los cuarenta y cuatro años. Mi padre también tenía cuarenta y cuatro años cuando murió. Impresionada por la coincidencia, hice un recuento del tiempo que habían vivido: el mismo número de meses, el mismo número de semanas... pero Fitzgerald vivió tres días más. Por un instante llegué a barajar la descabellada idea de que mi padre había elegido conscientemente el momento de su muerte como una especie de delirante tributo. Pero eso solo confirmaría que su muerte no fue culpa mía. Que, de hecho, no había tenido nada que ver conmigo. Y me cuesta renunciar a ese último y frágil vínculo.»
LA FAMILIA COMO TRAUMA
Fitzgerald, Proust, Joyce... Todo lo vivido está filtrado por la literatura en Fun Home, y, sin embargo, es plenamente un tebeo, no una obra literaria ilustrada. El minucioso dibujo, apoyado en referencias fotográficas, resulta a veces envarado, lo cual es conveniente. No es una historieta de acción, sino del recuerdo, y el recuerdo se sustenta sobre las imágenes fotográficas congeladas que son el depósito de la memoria, como ese salto a la piscina de la última viñeta. Al igual que Maus, otro de los grandes tebeos sobre las relaciones de los hijos con los padres, Fun Home cuenta cosas que sólo puede contar el cómic, y abre nuevos caminos al hacerlo. Lo que consigue Bechdel no es ya una de las mejores novelas gráficas de la historia, sino algo nuevo que habría que llamar «memoria gráfica».
Por supuesto, el tema de la familia como territorio traumático no es nuevo en el cómic. La obra maestra seudobiográfica Jimmy Corrigan (2000), de Chris Ware, gira en torno a la ausencia del padre. Más dramática es la opresiva presencia del mismo en La muñequita de papá (1995), de Debbie Drechsler, desnudo relato de los abusos infantiles sufridos por la autora. En La ascensión del gran mal (2003), de David B., es la enfermedad del hermano epiléptico la que anuda todas las tensiones familiares durante los años de crecimiento del autor. En el caso de Bechdel, ese desarrollo personal la llevó a descubrirse como lesbiana, convirtiendo a Fun Home, también, en uno de los grandes relatos sobre el autodescubrimiento sexual que ha dado el cómic, junto a Stuck Rubber Baby (1995), de Howard Cruse. 
Vida, memoria y ficción; imagen y palabra: para agotar Fun Home es necesario recorrer sus páginas muchas veces, con los ojos muy abiertos.
Texto publicado originalmente en ABCD #854 (13 de junio de 2008). Ya que en la entrada anterior mencionaba a Alison Bechdel, editora del volumen correspondiente a 2011 de la serie Best American Comics, me ha parecido oportuno rescatar esta reseña que hice de Fun Home en el suplemento cultural del ABC.

LA NOSTALGIA

Hace un par de días me llegó el volumen de este año de Best American Comics, que ya se ha convertido en una tradición editorial norteamericana siempre bienvenida. Cuánto nos beneficiaría algo así en España (y qué difícil lo veo). El caso es que he empezado por el principio, es decir, por los textos de los editores de la colección y de la editora de este volumen en concreto, y quería compartir un par de párrafos que me han llamado la atención:

«El cómic es un medio impreso. Y ahora también es un medio digital. Lo que no es, es un medio directo, como el dibujo o la pintura: no hay un cómic "original" que leer. Las páginas que tienen la tinta encima tal vez sean bellas a la vista y tal vez nos ofrezcan mucha información a los fans y los investigadores, pero la mayoría de la gente estará de acuerdo en que no son realmente un cómic hasta que no se reproducen». Jessica Abel y Matt Madden, editores de la serie, en el prólogo.

«Es tentador hablar melancólicamente de aquellos días sombríos en los márgenes de la sociedad. Qué embriagador era saber -especialmente porque nadie más lo sabía- que nosotros éramos el futuro. La sensación de estar embarcados en una misión, la comunidad estrechamente unida, las incursiones furtivas en aquella estantería en la parte de atrás de la tienda donde nos saludaba un puñado de títulos familiares. ¡La acusación persistente de que estábamos seduciendo a los inocentes! ¡Oh, el incómodo y sensual encanto de las manchas de tinta negra sobre el papel barato ya amarillento!
«Pero no me recrearé en mi anhelo nostálgico de una pureza anti-intelectual perdida. Como la mayoría de los anhelos nostálgicos, es nostalgia de algo que nunca existió en primer lugar. Y además, estoy segura de que incluso el más sofocante abrazo del mainstream no podría ni empezar a exprimir la vida de este medio tan vital. Sin embargo, hay una pregunta que merece la pena hacerse: si has pasado toda tu vida resistiéndote al statu quo -sea en el arte, la sociedad o el mundo político-, ¿qué pasa cuando ese statu quo por fin cede?
«Se abre un universo de posibilidades, lo cual, por supuesto, es lo que siempre quisiste, pero aún así, puede ser una experiencia algo desconcertante. Hay una especie de tendencia newtoniana, especialmente si llevas mucho tiempo dedicándote a eso, a seguir aferrándote encarnizadamente a tu resistencia aún después de que se haya ganado la batalla. Las generaciones más jóvenes, sin embargo -las que te vienen pisando los talones- no sentirán ningún escrúpulo en reclamar su propio espacio en este nuevo territorio». Alison Bechdel, editora del volumen, en la introducción.

Best American Comics 2009, en Mandorla.

viernes, 19 de febrero de 2010

GRANDIOSO PANORAMA


Ya está aquí, tío berni, ya llegó... Y, una vez más, el objeto golpea antes que el contenido, en este caso de forma muy contundente.
El McSweeney's 33 es, como bien anticipaba el tío berni hace unas entradas, un arma anti-digital. Concebido como una fiesta en honor del papel impreso, llega en una bolsa de plástico que contiene varios periódicos y revistas sobre literatura (algunos nombres: Michael Chabon, Stephen King, Nicholson Baker, Miranda July, Junot Díaz) y una espectacular «sección de cómics» al estilo de las de la antigua prensa norteamericana. En la sección de cómics, que es lo que a nosotros (más) nos interesa, auténtico All-Star: Daniel Clowes, Ivan Brunetti, Alison Bechdel, Art Spiegelman, Adrian Tomine, Chris Ware, Kim Deitch, Seth, Jessica Abel... Erik Larsen... Sí, Erik Larsen se marca dos paginazas de Savage Dragon que hay que verlas para creerlas. Además, Chris "manitas" Ware nos obsequia con otro recortable de los suyos, con historieta incluida en el reverso... En fin, un verdadero festival del cómic sobre papel que produce una inmediata sensación de alegría y emoción sin ni siquiera leerlo.
Y que confirma que el largo camino elíptico de huida que han emprendido los novelistas gráficos contemporáneos para alejarse del comic book cada vez les acerca más a McCay, Herriman, King y demás, no sólo en el espíritu y las formas, sino también en el formato.
Quién sabe, tal vez la novela gráfica ya esté muerta y lo nuevo sea la prensa gráfica.