lunes, 15 de febrero de 2010

ESTAMOS COMO ESTAMOS

«Estoy como estoy», me dijo el otro día mi madre.
Y la entendí muy bien, porque en el mundo del cómic, estamos como estamos.
Esto viene a ser la entradilla de un post para mirar un poco desde lejos (o desde media distancia, vaya), el «affair El libro de los otros», que no voy a resumir porque quien tenga interés por el mismo puede ponerse al día aquí. Como veis, estoy lanzado con las reflexiones teóricas esta mañana, a ver si me quito de en medio temas pendientes...
Una reflexión sobre lo que pasó con El libro de los otros: tenemos la piel muy fina. En el mundo del cómic, quiero decir. Ya se ha visto en otros casos más recientes y más espectaculares, pero aquí también las reacciones han sido de indignación y ofensa (yo el primero), aunque afortunadamente en tono más moderado (no me ha parecido ver pelotones con antorchas y horcas pasar bajo la ventana). En todo caso: mosqueo. Y mosqueo reflejo, instantáneo.
Cuidado: esa actitud no es sana. Tenemos que mirárnoslo. Denota, sí, complejos.
¿Y por qué no? Sólo aquel que está acomplejado repite que no lo está. Y motivos tenemos para seguir con la mosca detrás de la oreja.
Salamandra tuvo a bien explicarnos que la supresión de las historietas de Clowes y Ware en la edición española de El libro de los otros no fue una chapuza nacional. Fue un desastre internacional. Al menos la edición alemana tampoco las incluye, y no he comprobado otras, pero el caso está ahí. Es decir: que la cosa es más grave de lo que pensábamos. No es que aquí (cómo nos gusta decir eso de aquí para referirnos a este país) no nos enteremos de que el cómic ya no es tebeo, sino novela gráfica, y tiene un valor literario, artístico y cultural comparable al de las mejores producciones del intelecto humano. Es que no se enteran en general en todo el mundo. Ni aquí ni en Alemania. Y si Zadie Smith ha aprobado la carnicería, tampoco en Estados Unidos.
O sea (repito), estamos peor de lo que estábamos.
Porque, bueno, puede que hacer una rotulación de bocadillos de historieta sea más de lo que se puede pedir a una editorial de literatura (lo dudo, y más cuando esa editorial de literatura ya ha publicado otros cómics), pero el caso no es tanto eso como que se pueden permitir suprimir las dos historias complicadas, las de las viñetas, y no pasa nada. Nadie piensa que hay una merma de la calidad del conjunto de la obra.
Esto no es un acto maligno de Salamandra. Más bien es un síntoma, un reflejo de la mentalidad dominante.
La editorial no se siente obligada a publicar esos cómics. De la misma manera que no se siente obligada la editorial alemana. De la misma manera que no se siente obligada a exigir su inclusión la editora norteamericana que ha encargado esas historias (El libro de los otros no es una recopilación de relatos publicados anteriormente en otro sitio, sino que todas las piezas se encargaron exprofeso para el volumen y tienen un tema unificador).
Ésa es la realidad.
Lo otro, lo que nosotros soñamos.
Eso sí, la excusa o el motivo para la exclusión del cómic ya no es de índole cultural. Ahora es de índole material.
Rotular las historietas es complicado.
O cualquier otra excusa.
Y digo cualquier otra excusa porque la pura verdad es que El libro de los otros ha acabado poniendo de manifiesto que, en este empeño por acercar la novela gráfica a la literatura que vivimos con tanta euforia últimamente, el cómic no tiene nada que ver con la literatura.
Al final resulta que es verdad: meter alegremente historietas entre relatos en prosa es antinatural.
El cómic está determinado por su formato en un grado mucho más elevado que la literatura, y eso va a pesar en el complicado viaje que le espera durante los próximos años para intentar insertarse definitivamente en la respetabilidad. A lo que me refiero es a lo que dije aquí.
Las peculiaridades formales del cómic van a suponer un obstáculo constante a la hora de que sea aceptado por las editoriales literarias no de cómic. Eso es evidente, más que nada porque ya suponen un obstáculo dentro del mundo del cómic.
Sí, dentro también.
Tal vez antes de empezar a señalar con el dedo a los que nos miran con curiosidad desde fuera, deberíamos mirarnos a nosotros mismos más seriamente.
Por ejemplo, está feo que en la edición española de El libro de los otros no aparezcan las historietas de Chris Ware y Daniel Clowes. Es doloroso, incluso.
Pero me parece mucho peor que se cumplan seis años (SEIS) (6) desde que se publicó «The Death-Ray» en Eightball 23 y todavía siga inédito en España.
Si Daniel Clowes y Chris Ware aparecen en El libro de los otros (edición original) no es por casualidad. Es porque cuando enumeramos los nombres de los historietistas que han definido la ilusión actual que sentimos por una novela gráfica seria, ellos son los dos primeros nombres que se enumeran. Ware y Clowes, y luego vienen los demás.
Y «The Death-Ray» ES LA MEJOR PUTA HISTORIETA QUE HA PUBLICADO JAMÁS DANIEL CLOWES.
Y seis años después, ningún editor de cómic español se ha dignado en traducirla.
¿Por qué?
Pues por el formato, claro.
Porque no está publicada en forma de libro, sólo ha aparecido con grapa en el Eightball en que salió y todavía no se ha reeditado adaptando el formato a la novela gráfica.
Qué ironía, ¿verdad? Hace muy pocos años nos quejábamos de que los grandes cómics que se publicaban fuera en forma de libro aparecían en España rebajados a cuadernillos con grapa, porque aquí no se podían publicar libros, y ahora nos privan de los grandes cómics que se publican con grapa porque sólo se pueden publicar libros.
Digamos también que de Chris Ware se han publicado dos libros (dos) en España.
Uno, el Jimmy Corrigan (¡menos mal!) hace ya seis años. El otro, el fabuloso Acme Novelty Library recopilatorio ha tenido que esperar años a que una editorial no de cómic (Random House Mondadori) lo editara aquí (fabulosamente), supongo que porque todas nuestras editoriales de cómic lo dejaron pasar porque su formato resultaba demasiado exigente.
Y hay más libros de Ware, ¿eh? No os creáis que ahí se acaba todo. Pero supongo que los lectores españoles tendrán que esperar a que alguna editorial literaria decida que bueno, que sí, que vale, que finalmente merece la pena hacer el esfuerzo.
Está muy bien exigir a los demás que nos respeten.
¿Pero qué tal si empezamos por respetarnos nosotros mismos un poquito más?
Estamos como estamos.
Y gracias.

2 comentarios:

elpablo dijo...

sacto.
y lo de dez ray no tiene nombre, no.

JavierOlivares dijo...

Tengo una idea... !! Voy a pedir THE DEATH RAY a "Amazon"!. Es un recurso que me ha dado resultado otras veces. Basta que, cansado o a veces impaciente por su salida, pida un tebeo fuera para que de repente algún editor de aquí se interese por él y anuncie su publicación.
Esto no pretende echar más leña al fuego para avivar el debate de lo presuntamente aleatorio del panorama del tebeo en España, solo deja constancia de que, más veces de lo que nos creemos, lo sobrenatural le echa una mano al mercado.