miércoles, 6 de enero de 2010

LOS GUIONISTAS CON PRINCIPIOS NO LLEGAN A NADA

Sigo lanzado. Ahora que he pasado de Spidey a Titán y he mencionado los Diálogos del Señor Boliche, aprovecharé que en dichas jornadas hicimos una mini-exposición del Vecino para hablar de algo que salió a relucir en la charla de Valladolid. En la exposición estaba el original de la primera página de V3, que en realidad son dos originales (y los dos están ahora mismo en mi poder porque Pepo tuvo la generosidad de regalármelos). Cualquiera que se haya leído el libro se dará cuenta de una diferencia evidente: los originales tienen 16 viñetas por página, mientras que el libro tiene 9 viñetas por página. Esto es debido a que empezamos a hacer El Vecino 3 en ese formato de 16 vpp y en un momento determinado decidimos pasar a 9 vpp, adaptando el material con facilidad gracias a que todas las páginas tenían las mismas viñetas, y todas las viñetas eran del mismo tamaño.
Pero ésa no es la explicación de que haya dos páginas originales de la página 1. La explicación es que en la página 1 se cambiaron 9 viñetas entre la primera versión dibujada y la versión final publicada. Esas 9 viñetas son las que aparecen en el "segundo original", a la derecha en la foto.
En la primera versión (a la izquierda en la foto), Lola y Marisa mantenían una conversación en la que ponían un poco al día al lector sobre la situación vital y laboral de Javier mientras éste estaba en el servicio.
Pero era una mierda.
Y yo lo sabía. Sabía que esa conversación era estúpida, aburrida y torpe, pero el tebeo tenía que empezar. Como fuera.
Normalmente, cuando se explica al público el proceso creativo que supone realizar un cómic, se empieza por el guión y a continuación se detallan todos los pasos que llevan del guión al dibujo final: los diseños, los bocetos, los lápices, las tintas, etc. Y es normal, porque es lo que el público quiere ver. Es lo más vistoso.
Pero el cómic no empieza en el guión. El guión es más bien el resultado final de todo un trabajo previo, una acumulación de notas sobre la historia, sobre escenas concretas, sobre los personajes... Un material amorfo e ingente que de alguna manera hay que acabar encajando en una forma manejable que es lo que llamamos guión. Todo ese material previo tiene que madurar y hay que darle vueltas lentamente en la olla, removiéndolo y dejándolo cocer mucho tiempo, hasta que está en su punto justo para ser escrito como guión. Pero cuando llega el momento de empezar a escribir el guión, todavía no está completamente claro todo. Ojo, que no digo que a veces no está claro todo. Digo que nunca está claro todo. Uno se puede hacer su escaleta escena por escena y saber cómo se une esto con aquello y tenerlo todo atadito, y aún así, en el momento de la escritura -en cada paso de la escritura- hay una chispa de magia imprevisible y necesaria. Sin ésa, no haces nada.
Lo que pasa es que en ocasiones, tarda en aparecer.
Vamos, que no se presenta a la cita cuando tú la estabas esperando.
Y no te puedes quedar esperándola toda la noche, compuesto y arreglado, empapándote de lluvia con tu ramo de flores mustio en la mano.
Si no viene, te vas. Te vas con otra (escena). Con la siguiente. Con la que haga falta, que hay muchas. Que ya vendrá la que no ha venido cuando tenga que venir.
Al final, siempre vienen.
Por decirlo en términos más concretos: no hay que desesperar nunca. Y no hay que intentar resolver todos los problemas antes de pasar a los siguientes problemas. En el caso del que estábamos hablando, yo sabía cómo empezaba El Vecino 3 en general. Tenía la idea de qué tipo de escena quería para arrancar, qué tono quería que tuviera, cómo quería que "sonara", qué personajes iban a salir. Pero no sabía exactamente qué iban a hacer y decir los personajes. Cuando llegó el momento de escribir, seguía sin saberlo. Pero como lo que necesitaba era llegar a las páginas siguientes, que sí estaban claras en mi cabeza, lo que hice fue escribir cualquier mierda, ocupar el espacio que tenía que ocupar y con eso medir el tiempo que tenía que medir -escribir es fundamentalmente cuestión de ritmo, al fin y al cabo-, avanzar con la historia y olvidarme del tema.
Efectivamente, al cabo del tiempo la escena me vino a la cabeza, decidimos acompañar a Javier al cuarto de baño para ver básicamente cómo meaba (ahora sí era una escena interesante) y el problema de la primera página quedó resuelto. Juro que es el arranque vecinal que más me gusta de los tres libros publicados hasta el momento.
Si me hubiera empeñado en resolver definitivamente esa primera página antes de pasar a la siguiente, puede que todavía estuviéramos esperando a acabar el guión de V3. Es más, estoy seguro de que nunca se me habría ocurrido la escena que finalmente utilizamos.
Esto sucede en diversas ocasiones a lo largo del proceso de escritura del libro. A veces encadenas escenas como si se escribieran solas, a veces te quedas bloqueado con una escena que sabes que tiene que ir ahí pero que no sabes cómo resolver. Lo mejor es poner cualquier cosa en el hueco y seguir adelante. Luego ya volverás sobre ella. Luego ya se te ocurrirá cómo resolverla. Cuando llegue el momento.
Pero si te empeñas en empezar bien, igual no acabas nunca.

9 comentarios:

elpablo dijo...

bravorl!
a pepo le tengo más que escuchao (jojo), pero este post ha sido revelador! ahora mismo estoy liao con un tebeaco (por lo gordo que me temo me va a quedar)y estas dudas me asaltan cada dos por tres... yo, lo que tengo, es una línea cronológica que me da miedo verla de larga que es la hijaputa, y la voy rellenando con postits, y cuando la cosa está a punto me lío a dibujar. pero efectivamente, es lo que tú dices, hay que tirar palante, si el armasón está ensamblao pienso que es lo de menos

Nadie nadie dijo...

qué bueno. escribiendo un guión de cine sucede lo mismo. hay quien se queda esperando toda la vida a la escena que nunca llega a tiempo. por otro lado, está el guionista mcnulty(=whore) que se va con la primera que llega y nunca mira atrás. y entonces las historias salen como salen. felicidades por el blog y los buenos guiones.

JavierOlivares dijo...

Muy interesante reflexión.
Eso mismo lo leí hace tiempo en boca de un coreógrafo que al ver cómo la compañia ( en manos en ese momento del primer ayudante) estaba parada, sin hacer nada preguntó que pasaba.
No sabemos cómo empezar, no se me ocurre nada- le dijo el ayudante, azorado.
Que bailen cualquier cosa- dijo el coreógrafo- así tendremos algo que cambiar.

Santiago García dijo...

Ejemplo perfecto, Javier. Se trata de eso, justamente. Al fin y al cabo, es más fácil corregir que empezar de cero. Y esto no es algo que se aplique sólo a los guiones, ni siquiera a la "actividad artística" en general (anda que no hay dibujantes a los que les cuesta un montón pasar de página si no les ha quedado "perfecta" la página anterior), sino a la vida en todas sus facetas. La gente se queda parada esperando la oportunidad de hacer algo y mientras se le escapan las oportunidades de hacer todo lo demás.

Santiago García dijo...

elpablo: ánimo con ese guión, ¡que no te intimide lo gordo! Y no tengas vergüenza de lo que escribes, que hasta que llega a la imprenta, todo se puede cambiar...

Nadie nadie: gracias. ¿Escribes guiones de cine?

Nadie nadie dijo...

uh...lo intento.

Bruce dijo...

Con las traducciones también da menos pereza corregir que empezar a hacerlas. Aunque hay algunas que están tan mal que te hacen perder más tiempo y es mejor empezarlas. Pero qué te voy a decir a tí

Santiago García dijo...

Yo las traducciones siempre las hago en dos pasadas mínimo. Si en la primera no me sale alguna cosa, aplico el mismo método: continúo con lo siguiente y en la revisión ya lo corrijo. A veces lo que no veías la primera vez lo ves diáfano la segunda.

Álvaro Cadenas dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que decís... y sin embargo... hay veces en que el objeto que debe salir de tu cabeza DEBE SALIR enterito, con todas sus partecitas ya distribuidas, sus funciones a toda potencia, su estructura, su forma y su fondo definidos... Y lo único que tiene que hacer el/la parturiento/-a es mirarlo, entre asombrado, acojonao, asqueado, exhausto, maravillado. Solía ocurrir así con la poesía, en tiempos...
En cualquier caso, enhorabuena por el Vecino, Santiago y Pepo. Seguid en la línea que la cosa marcha!!