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lunes, 25 de febrero de 2013

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 84: RA'S AL GHUL


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

RA’S AL GHUL

Pasados los años 40 es muy difícil encontrar villanos que hayan cuajado en la galería de enemigos de Batman, y sin duda la más destacada excepción es La Cabeza del Demonio, Ra’s al Ghul.

La saga de Ra’s al Ghul se inició en “Into the Den of the Death-Dealers!” (Detective 411, 1971), donde conocemos a la Liga de los Asesinos y a Talia, la hija de Ra’s, la cual menciona a su padre, sobre quien O’Neil confesaría que no tenía ni la más remota idea de quién acabaría siendo. Según O’Neil, “Talia fue una chica inventada para servir las necesidades de un argumento concreto, sin pensar en ningún momento en que volvería a aparecer nunca más, ni en que iba a tener un padre, ni nada parecido. Necesitaba una mujer para que el argumento funcionara, así que me inventé a Talia.” Sin embargo, no tardaría demasiado en evolucionar desde ese embrión, ya que al mes siguiente, en Batman 232, se publicaría un relato histórico, “¡La hija del demonio!”, la primera y la mejor historia de Ra’s al Ghul, merecedora de un lugar destacado en la cronología de Batman aunque sólo fuera por su primera página: es de noche y Robin vuelve a su habitación en la universidad de Hudson entrando por la ventana. Al recortarse contra el marco, susurra “¿Quién es? ¿Quién está ahí?” A continuación, unas armas brillan en la oscuridad y el Prodigio Juvenil es tiroteado sin piedad. Después descubriríamos que sólo había sido víctima de balas adormecedoras, pero el poderío de esa página perviviría en el resto de la historia, un excelente guión de Denny O’Neil con “misterio que no lo parece” dibujado por un Neal Adams con el acelerador apretado hasta el fondo. “Creo que comprendimos que, aunque las historias de Batman eran interesantes, sus enemigos habían sido de poca monta -explicaría O’Neil.- Y, como todo el mundo sabe, la medida de un personaje heroico son sus enemigos. Cuanto más fuerte es el enemigo, más fuerte y noble es el héroe capaz de vencer a ese enemigo. Así que recuerdo que, quizás por orden de Carmine Infantino [director editorial de DC en esos momentos] o más probablemente entre Julie [Schwartz, editor de las colecciones de Batman] y yo, decidimos que necesitábamos otro villano realmente bueno para Batman. Y nos pusimos a crear uno.” La inquietante imagen de Ra’s, difícil de situar étnicamente y con un indefinible aire de nobleza mezclado con perversidad, fue concebida en solitario por Neal Adams, que recuerda así cómo lo hizo: “Denny escribió originalmente a Ra’s al Ghul para que fuera un tipo normal y corriente. Me volví loco intentando crear una visualización de este “tipo” sin disfraz. Pero al final lo encontré.” Ra’s es una especie de misterioso emperador africano con 600 años de edad, que resucita después de cada una de sus muertes mediante la inmersión en el Pozo de Lázaro. Su objetivo final es restituir el orden al mundo, para lo cual debe librarlo antes de la plaga que supone la humanidad, o al menos su inmensa mayoría. A sus propios ojos, él es el héroe, y quiere que Batman, el espécimen supremo de hombre y su único heredero digno, se case con Talia para ocupar algún día su trono, cuando él ya no esté. “Son enemigos que tienen un respeto absoluto el uno por el otro -explica O’Neil- porque reconocen que en el fondo son hermanos, o al menos Ra’s lo reconoce. A Ra’s siempre lo he concebido como un hombre muy noble, a su manera, y en cierta forma considerablemente más admirable que Batman. Ra’s quiere limpiar el planeta. Quiere restaurar el orden. Siente que se avecina el apocalipsis, y va a imponer su voluntad al mundo entero para impedirlo. Eso le convierte en un auténtico fascista, pero hacer que los trenes llegaran puntuales tampoco fue algo tan negativo, ¿no? y él extiende eso a todo el planeta. Batman sólo está obsesionado con atrapar criminales. Es una obsesión bastante más innoble que la de Ra’s.” Los repetidos encuentros con Ra’s tenían un lado positivo para Batman: la posibilidad de darse un revolcón con la siempre tentadora Talia, según O’Neil, la única mujer que ha impresionado a Batman. “Talia no tiene complejos sexuales -explica el guionista.- Imagino que habrá tenido amantes, pero su orgullo y su vanidad son tales que ningún amante excepto alguien próximo a la perfección física la satisfacería, y él no es sólo físicamente perfecto, sino mentalmente perfecto. No ha conocido a nadie más hombre que él, y además para ella resulta un desafío superar su condición asexuada y... llevárselo al huerto. Batman no se casa con ella, pero querría hacerlo por la misma razón que ella quiere casarse con él. Sus mínimos también son muy altos, y ella es una mujer impresionante. Es la cosa más bonita que ha visto jamás, claro que dependiendo de quién la dibuje lo es o no lo es, pero asumamos que lo es, y también es terriblemente lista, y terriblemente competente. Es la pareja perfecta para él, excepto que está manchada con el mal.” La saga de Ra’s al Ghul, interrelacionada con la de la Liga de los Asesinos, llegaría a su final en Detective 490 (1980), al menos tal y como la entiende O’Neil: “Iba a cambiar de editorial [para pasar a Marvel] así que esa última historia de Ra’s al Ghul/Talia/La Liga de los Asesinos era mi manera de decir que esos personajes están muertos. Eran mis personajes, yo me los inventé. Tanto el Sensei como Ra’s mueren en el terremoto. Lo hice para que quedaran muertos, y muertos están. Ya no están vivos, y por supuesto que posteriormente los han traído a la vida, pero esos son impostores. Los auténticos murieron en el terremoto. Esa historia está estructurada de forma muy distinta a cualquier otra historia de Batman que yo había hecho. Se abre con mucha acción, todo lo precipitada que yo soy capaz de hacer, sigue durante unos tres cuartos, y después se detiene y se vuelve pausada, muy dialogada. Es el opuesto completo de la estructura que normalmente usaba para las historias de Batman. Le dije al editor lo que iba a hacer, y que existía un 50% de posibilidades de que me saliera bien, y me dijo que me arriesgara. Era mi última historia y me apetecía hacer algo que no hubiera hecho antes, al menos estructuralmente. Era otra manera de decir adiós a los personajes. Yo me jactaba de ser un profesional. La involucración emocional era para los fans. Así que escribí esa historia, y entonces me encuentro a las dos de la mañana corriendo por Washington Square Park en mitad de una tormenta terrible, y de pronto comprendí “Esto no es racional. Esto me está afectando mucho más de lo que pensaba. Mejor que vuelvas a casa antes de te mueras de una neumonía sin poder empezar en el nuevo trabajo.” Y comprendí que echaría mucho de menos escribir Batman y Linterna Verde.

Por supuesto, lo que opina O’Neil sobre el final de Ra’s y lo que opina DC son cosas distintas, y como la propietaria del personaje es DC, no hay mayor discusión. La Cabeza del Demonio ha seguido siendo el más poderoso adversario de Batman durante estos años, pero en manos de muchos guionistas se ha escorado peligrosamente hacia decorados de amenaza global, grandes organizaciones e hipertecnología tipo James Bond. Tres novelas gráficas exploran diferentes aspectos del universo de Ra’s y Talia. En Son of the Demon, Batman y Talia tienen un hijo, pero sólo Birth of the Demon está escrita por O’Neil, y en ella se narra el remoto origen del maligno señor. Recientemente, Ra’s decidió sustituir al reticente Batman por Bane en su búsqueda de un heredero, y desató la espantosa plaga que asoló Gotham City en sus dos últimas macro-sagas, Contagion y Legacy. El propio O’Neil se ocupó de adaptar su historia original para la serie de animación en “The Demon’s Quest”, una aventura dividida en dos capítulos.

lunes, 29 de octubre de 2012

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 67: JOKER


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

JOKER

El coloso de los adversarios de Batman, y quizás el supervillano supremo de todos los tiempos (lo siento por Lex Luthor y Darth Vader), su creación es aún más polémica que la del mismo Señor de la Noche. Si en lo que respecta a Batman el propio Kane admite que el mérito de Bill Finger jamás fue reconocido, en lo referente al Joker el debate provoca el enfrentamiento directo entre Kane y su primer ayudante, Jerry Robinson.

Como estudiante universitario y lector de los clásicos -recordaría Robinson- me pareció obvio que cada héroe importante de la literatura, la mitología e incluso la Biblia, tenía un adversario digno que realmente fortalecía al héroe, desde David y Goliat hasta Sherlock Holmes y Moriarty. Cuando propuse por vez primera el concepto de un supervillano -un boceto del Joker, adaptado de la imagen clásica del naipe- Bob y Bill se entusiasmaron, al igual que los editores de DC. De hecho, quisieron que apareciese inmediatamente en la historia principal del nuevo Batman trimestral, que ya estaba en producción. Aunque yo deseaba escribir la primera historia del Joker (lo cual me habría servido además para mi clase de escritura creativa en la Universidad de Columbia), reticentemente coincidí con Bob en que, teniendo en cuenta que ese habría sido mi primer guión, era preferible que lo hiciera Bill. Bill fue muy astuto al seleccionar el tema de la “habitación cerrada” para la primera historia del Joker, Bob fue igualmente creativo con sus dibujos, y mientras desarrollábamos al Joker para esa primera historia, todos supimos que algo especial estaba ocurriendo.” Kane desmiente la versión de Robinson cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo, contando una historia bien distinta: “En varias entrevistas, Jerry Robinson ha afirmado que él creó al Joker -explica Kane en su autobiografía.- En aquel momento él era un chaval de 18 años que acababa de salir del instituto. Él trajo un dibujo de un naipe del Joker, con un Joker que parecía un bufón cortesano. Utilizamos el naipe en la primera historia del Joker y en varias de las posteriores. Era la tarjeta de visita del Joker; la dejaba después de matar a alguien, o de cometer un crimen. Jerry afirma que este naipe fue la inspiración original del Joker.

“Pero yo mantengo que, en realidad, Jerry dibujó ese naipe después de que Bill Finger y yo ya hubiéramos creado al Joker. La idea procedía de mí, que vi el naipe del Joker y que les gastaba bromas pesadas a mis amigos cuando era joven. Cuando estábamos intentando crear un supervillano que se opusiera a Batman durante el primer año de la serie, hice un par de bocetos básicos basados en el naipe del Joker y se los enseñé a Bill. Le gustó la idea de un bromista compulsivo y estuvimos discutiendo ideas para un asesino maníaco que le gastaría bromas mortales a Batman, y que pondría a prueba su temple y su habilidad para ser más listo que su enemigo.

“Entonces, aproximadamente una semana después, llegó Bill con una fotografía de Conrad Veidt, un excelente actor alemán, que actuaba en una película que yo había visto de niño, llamada El hombre que ríe. Estaba basada en una famosa novela de Victor Hugo.

“Bill, que era un lector voraz, había leído una edición en “fotonovela” del libro, tomada del guión cinematográfico, y me enseñó la foto de Conrad Veidt. Tenía una sonrisa grotesca y maliciosa, y ojos fúnebres y tristes. “Aquí tienes una foto del personaje del Joker”, exclamó Bill. “Cópiala y yo escribiré la primera historia del Joker usando el tema de las bromas pesadas como plan contra Batman.

“Así, según yo lo recuerdo (y han pasado cincuenta años) es como fue creado el Joker. No dudo que mi ex-ayudante sea sincero al creer que realmente creó al Joker, pero el tiempo ha erosionado su memoria.

En todo caso, el Joker apareció por partida doble en Batman 1, y ahí estuvo a punto de acabar su carrera criminal, porque al final de la segunda historia perecía apuñalado por su propia mano. “Era natural que Bill hiciera eso porque al principio no teníamos villanos recurrentes, y que el Joker regresara habría sentado un precedente -justifica Kane-. Pero Whitney Ellsworth pensó que era un personaje tan bueno que me hizo redibujar la última viñeta para que apareciese una ambulancia y añadió una frase que decía que el Joker viviría. Así que es gracias a Ellsworth que el Joker sobrevivió y se convirtió en uno de los más grandes villanos del cómic.

Durante los años 40 y 50 las apariciones del Joker menudearon hasta convertirle casi en co-protagonista de la serie, pero con su mayor frecuencia disminuyó su salvajismo, de manera que se transformó en poco más que un bromista travieso. La serie de TV, en la que fue interpretado por César Romero, acentuó su inofensividad, que sólo perdería con la mítica “Joker’s 5-Way Revenge”, una historia de Denny O’Neil y Neal Adams a principios de los 70 en la que se le devolvía toda su gloria de asesino loco. A partir de ese momento, el Joker volvería a ser peligroso, extremadamente peligroso, y cada vez más popular, hasta convertirse en quizás el más célebre de todos los supervillanos, no sólo de DC. Contó con su propia colección, Joker (9 números, 1975-76) y se convirtió en el más fiel cliente de Arkham Asylum.

La versión del Joker ofrecida por la serie de animación de los 90 es excelente, a pesar de que no pueda prodigarse en los derramamientos de sangre como a él le gusta, lo cual se compensa al enriquecerlo con el añadido de Harley Quinn, su secuaz. Jack Nicholson cumple sobradamente con el papel en el primer Batman de Tim Burton. Memorable también es el Joker terminal que pinta Frank Miller en The Dark Knight Returns, y decepcionante el pretendidamente definitivo de Alan Moore y Brian Bolland en La broma asesina. Sin embargo, si hay que elegir una sola entre los centenares de historias protagonizadas por este asesino de masas que nunca pierde la sonrisa, indudablemente tendríamos que quedarnos con “The Laughing Fish!”/ “Sign of the Joker”, su memorable retrato a manos de Steve Englehart y Marshall Rogers (Detective Comics 475-476, 1978). En esta historia se va más allá que en ninguna otra al revelar al Joker no como un maníaco homicida al que le gusta disfrazarse de manera extraña, sino como un genio pervertido que sigue su propia lógica surrealista. Además, contiene un plan propio del Joker, que sólo habría podido concebir él y que le define por completo: hacer que los peces del mar adquieran su sonrisa e intentar patentarlos a su nombre, de manera que cobre un porcentaje de cada venta de pescado. Un plan increíblemente absurdo, y ante cuyo fracaso no tiene otra reacción más que vengarse en un simple funcionario. Este Joker no sólo es un asesino implacable -que lo es, y más que nunca- sino que está loco de una manera mucho más profunda que en ninguna de sus demás encarnaciones. Englehart explicaría qué era concretamente lo que hacía especial a su Joker: “Aquí hay dos cosas, ser homicida y ser un maníaco. Si te fijas en la historia de Denny, “The Joker’s Five-Way Revenge”, verás que es homicida, pero no es un maníaco. Dice que lo es, pero siempre está diciendo que lo es. Denny tomó el Joker que se había convertido en tradicional, el bromista, y lo hizo real, pero lo que yo intenté hacer es un Joker surrealista. El mío estaba demente, el de Denny no. El Joker de Denny mataba a un montón de gente, se reía un montón, incluso en un momento determinado mata a uno de sus hombres, pero lo hacía como intentando ser bromista deliberadamente, por así decirlo. Es decir, que en vez de ser un bufón, fingía ser un bufón, pero nos demostraba que en realidad iba en serio. Mi Joker no era especialmente serio. Es decir, mataba gente, pero era un lunático. Es la diferencia entre realismo y surrealismo. El Joker de Denny no mantenía conversaciones sobre los peces.” Pero para acabar de describir al Joker que fue, que es y que será, el Joker de todos los tiempos, probablemente nada mejor que acudir a las palabras de Paul Dini, uno de los guionistas que con más cariño lo han escrito: “Tiene una faceta perversa y sádica, pero eso queda equilibrado por el hecho de que sea un payaso gracioso. Es alguien que podría ser tu mejor amigo, ya sabes “Ooooh, cuánto me alegro de volver a verte. Ooooh, mira, tengo un globo y te lo voy a regalar, ¿qué tal estás?” Cuenta chistes y parece tu mejor amigo, y en cuanto le das la espalda te empuja a un pozo lleno de hienas que te hacen pedazos.

“El Joker considera a Batman como a un igual. Batman es suyo, y el Joker está realmente convencido de que Batman sólo existe para proporcionarle nuevos desafíos, y espera cada duelo con impaciencia.

“Batman sabe que su imagen puede atemorizar a los criminales, y en nuestra serie de animación el Joker se da cuenta de que su imagen aterroriza a las personas honradas. La amenaza de lo que el Joker puede hacerte es peor que el verle sacar una pistola para pegarte un tiro. La gente le tiene pánico al Joker, y él lo sabe... y lo explota al máximo, naturalmente.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¡SUPERVILLANOS!: TÍO AARON


El nuevo Ultimate Spider-Man es todo lo que debería ser una serie que aspire a poner a cero el cuentakilómetros de un concepto para relanzarlo con un personaje nuevo destinado a una nueva época y un nuevo público. Basado firmemente en la tradición arácnida, es a la vez algo completamente distinto, con un personaje con sus propios rasgos, virtudes y defectos, su propia historia por escribir en un cuaderno en blanco, sin necesidad de volver a garabatear encima de páginas ya escritas. Es la continuidad como obra nueva, y no la continuidad como palimpsesto. Es lo que quisieron hacer y no pudieron -o no se atrevieron- cuando intentaron sustituir a Peter Parker por Ben Reilly en los años 90. Es eso, muy mejorado.

Lo nuevo se construye sobre los cimientos de lo antiguo, y por eso existen fuertes lazos entre el Spiderman tradicional/Peter Parker y este nuevo Spiderman/Miles Morales. Y la transmisión de legado más importante que puede haber entre ambos personajes es, sin duda, la de la base moral del amistoso vecino arácnido. Ya sabéis: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Peter Parker aprende su lema a través del sacrificio, concretamente del sacrificio de su tío Ben, padre sustituto, un sacrificio del que se culpabiliza por no haber hecho nada para impedirlo cuando pudo hacerlo. Aunque hoy en día sentimos que el tío Ben llevaba el lema tatuado en la frente y que se lo transmitió a Peter de palabra antes de grabárselo a fuego a través del ejemplo de su propia muerte, en la historia original, Amazing Fantasy #15 (Marvel, 1962, Stan Lee y Steve Ditko), el tío Ben apenas aparece en dos viñetas.


En ninguna de las dos parece un individuo con un carácter especialmente filosófico, alguien de una talla moral como para forjar héroes para la eternidad. Su magisterio, pues, se ejerce a través del acto, y la lección que deducimos de él. O que deduce el narrador omnisciente, más bien, que nos ofrece como moraleja de la historia el principio que ha regido a Spiderman durante todas estas décadas, mostrándolo en el último texto de la historieta:


Es, de hecho, casi la última frase de la historia, y su verdadera conclusión. Un final que en realidad es todo un principio y que se ha mantenido como elemento inmutable del mito arácnido a través de transformaciones de poderes, de disfraz, de elenco de secundarios e incluso del propio individuo que hay bajo la máscara.

Por tanto, incluso aunque cambiemos a Peter Parker por Miles Morales, aunque lo situemos en otro universo, aunque lleve otro traje, aunque sus poderes varíen, aunque su reparto de secundarios sea distinto, lo único que no podemos cambiar, lo único esencial que tenemos que transmitir a su heredero es que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.

¿Cómo hacen tal cosa los autores de Ultimate Spiderman, con el guionista Brian Michael Bendis a la cabeza? Bueno, Miles Morales, a diferencia de Peter, sí tiene padres. Pero eso no impide que tenga también un tío, su tío Aaron, que va a ser decisivo en su formación. En primer lugar, porque su tío Aaron es en secreto un supervillano ladrón, el Merodeador, y es a través de él como Miles entra en contacto con la araña que le proporcionará sus poderes. Y en segundo lugar, porque es a través de él, de su sacrificio, que también aprenderá que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.


El tío de Miles no es un pícaro o un delincuente forzado por las circunstancias. Es un criminal encallecido, un hijodeputa que, cuando descubre que su sobrino posee poderes asombrosos, sólo piensa en explotarlos en su beneficio y aprovecharse del niño. La cuerda se tensa hasta el límite y entonces llega el inevitable enfrentamiento: Merodeador contra Spiderman, tío contra sobrino.


Miles no lo deseaba, él estaba dispuesto a dejar marchar a su tío Aaron -igual que Peter Parker había dejado marchar al ladrón que acabaría matando a tío Ben- a cambio de que les dejara en paz a él y a sus padres. Pero Aaron no cede. En la batalla subsiguiente, el Merodeador muere víctima de una explosión (de la que, como es preceptivo, Miles también se culpabiliza).

El tío Ben muere y Peter Parker aprende que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, el tío Aaron muere y Miles Morales aprende que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cómo se transmite el legado al público de cincuenta años después? En Amazing Fantasy, Peter Parker aprendía que si no intervenimos, las personas buenas sufrirán. En Ultimate Spiderman, Miles Morales aprendía que si no intervenimos, las personas malas triunfarán. Peter Parker está forjado por un tío bondadoso, Miles Morales por un tío malvado; el primero tiene que aprender a superar su impulso a ser pasivo, el segundo tiene que aprender a no controlar su impulso a ser activo. Un mensaje de esperanza, un mensaje de pesimismo. La familia como refugio, la familia como infierno. Es la transmisión de un legado, un relanzamiento a conciencia, en resumidas cuentas, la continuidad bien aplicada: los mismos conceptos, generaciones diferentes.

Y UN APUNTE sobre cómo ha cambiado la retórica de los cómics de superhéroes en... bueno, en  medio siglo ya. Amazing Fantasy #15 resolvía toda la cuestión en 12 páginas. Ultimate Spider-Man lo hace en 240 (12 números de 20 páginas). Eso también son diferencias generacionales.

EN MANDORLA ya hemos hablado anteriormente de Miles Morales, el nuevo Ultimate Spiderman: MILES MORALES ES SPIDERMAN

martes, 23 de octubre de 2012

¡SUPERVILLANOS!: CÍCLOPE


Más notas para mi futura Enciclopedia mundial de los supervillanos, que tal vez acabe siendo un manual de autoayuda: Cómo conocí la felicidad al volverme supervillano. Cíclope. Cíclope, sí. CÍCLOPE. Mi personaje favorito de todos los tiempos. ¿Qué le habéis hecho a mi Cíclope, cabrones?

Lo que le han hecho es, contado en dos patadas, que le ha poseído la Fuerza Fénix, se ha convertido en el ser más poderoso del universo, ha matado al Profesor Xavier y finalmente ha sido sometido por las fuerzas combinadas de la Patrulla-X y los Vengadores, tras lo cual le han encerrado en una prisión de máxima seguridad como si de un vulgar Magneto se tratara. Y así están las cosas a día de hoy.

Reconozco que no me convence demasiado el proceso, entre otras cosas porque la maldad de Scott Summers a lo largo de este arco ha sido la misma que la que han exhibido toda la vida personajes como el Capitán América o Iron Man. Y además, el ciclo del héroe omnipotente al que corrompe el poder empieza a repetirse un poco desde al menos la caída de Linterna Verde/Hal Jordan en los noventa. Pero bueno, esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas. A veces en la vida pasan cosas que no te gustan, y los tebeos se parecen en eso a la vida.

A Cíclope lo adoro desde que empecé a leer Marvel hace cien años, y en cierta manera todavía sigo atrapado en el laberinto de las historias de la Patrulla-X original, que para haber sido sólo 66, en mi memoria son interminables. Atrapado en esas historias donde estaba tan lejos de llegar un día a asesinar a su mentor Xavier, la persona a quien más adoraba en el mundo (salvo tal vez a su pelirroja compañera Jean Grey).


X-Men #45 (1968), Gary Friedrich, Don Heck, Werner Roth y John Tartaglione

Viendo lo que ha pasado, casi da escalofríos revisar esta escena en la que Scott Summers le explica a Mercurio, esbirro de Magneto, su inquebrantable lealtad hacia Xavier: «¡Yo estudié con el Profesor X demasiado tiempo como para creer que él [Magneto] pueda representar algo que no sea el mal!» Quizás una lágrima invisible ruede bajo el visor de cuarzo durante la declaración de fidelidad. Pero ahí está la cosa, precisamente, en cómo reconciliar en nuestros esquemas mentales este Cíclope disciplinado, ñoño y entrañable con la criatura cósmica y apocalíptica de 2012. Así, mientras el otro día leía Uncanny Avengers #1 (Marvel, 2012, Rick Remender y John Cassaday), que es el punto de partida de Marvel NOW, el relanzamiento de todo el Universo Marvel tras Avengers vs. X-Men, donde se produjo el ciclocalipsis, no pude evitar tener una iluminación: ¿Y si alguien no hubiera leído ningún tebeo de Marvel entre X-Men #66 (1969) y Uncanny Avengers #1? ¿Qué pensaría? ¿Con qué ojos vería esas primeras escenas donde nos encontramos a un personaje completamente desconocido, un tipo achaparrado y peludo, entonando una elegía por Charles Xavier ante decenas de Hombres-X anónimos, reunidos en su escuela de Westchester? ¿Qué habría pensado ese lector al ver al sumiso Scott Summers encerrado en una celda hipertecnológica en la que le visita su hermano, el antaño impetuoso Alex, Kaos, convertido ahora en la voz de la razón? ¿De qué forma habría podido reconciliar su imaginación ambos escenarios? Bueno, sobre esa idea se basa la nueva serie All-New X-Men, así que pronto saldremos de dudas, pero mientras tanto, quizás nos podamos hacer una composición de lugar con este fogonazo que es uno de los momentos más inspirados de Uncanny Avengers #1, este pequeño vistazo al pasado que echa un vistazo al futuro, y que para quien empezó leyendo la vieja Patrulla está cargado de una melancolía real superpuesta a la melancolía fabricada que invoca:


Uncanny Avengers #1 (2012), Rick Remender y John Cassaday

Porque sí, Scott Summers se ve de pronto a sí mismo como fue, y eso hace que se vea a sí mismo como es ahora. Por un solo instante, que en la permanencia del dibujo no tiene fin sobre el papel. Y entonces, tal vez, el viajero del tiempo que ha saltado de X-Men #66 a Uncanny Avengers #1 se dé cuenta de qué es lo que ha pasado: las promesas se han cumplido.

Las promesas implícitas que nos hicieron cuando leíamos esos tebeos hace doscientos años eran las promesas de que habría un futuro, y habría muertes, y por tanto vida, y habría un final. Sabíamos que ahora, en aquel momento, no podía pasar, pero todo el valor de lo que pasaba entonces era por la promesa de que en el futuro, tarde o temprano, pasaría, de que todo tendría consecuencia, de que nada seguiría igual eternamente. Y se han tomado su tiempo, pero el futuro es NOW y han cumplido esa promesa. Cada vez que se alza la voz en contra de la continuidad en los cómics del Universo Marvel o el Universo DC, se ignora que la continuidad era todo, el alfa y el omega, lo que daba sentido final a la experiencia. No eran las buenas historias, que nunca fueron tales, y tampoco los excelentes dibujos, que a menudo dejaban mucho que desear. No, eran los personajes, y era la promesa de que vivían en un complicado universo hiperreal en el que todo tenía un sentido.

Y no penséis que las promesas que se están cumpliendo hoy nunca se formularon antes. Estaban allí, cifradas a la vista de todos, pero no sabíamos cómo ni dónde leerlas.


X-Men #15 (1965), Stan Lee, Jack Kirby, Jay Gavin y Dick Ayers

«¡Tomaste la decisión correcta, Scott! ¡Pero recuerda siempre que el orgullo del liderazgo conlleva también el peso de la responsabilidad! ¡Tienes que ser capaz de cargar con ambos!», advierte mentalmente el Profesor Xavier a su pupilo, ya un aprendiz de tirano, en el primer enfrentamiento de la Patrulla-X contra los Centinelas, hace trescientos años. Y ahora todos sabemos que Cíclope empezó a dar sus primeros pasos por el camino del déspota antes de lo que pensábamos, y que lo recorrió muy, muy despacio. Y que ya entonces anunciaba su momento culminante, tan lejano aún en el tiempo. Fijaos en la última viñeta de la tira que encabeza este post, perteneciente a ese mismo X-Men #15, y veréis cómo allí ya grita NOW!, el lema de la Marvel renacida por su sacrificio.

Qué bárbaro Stan Lee, ¿eh? O Jack Kirby, o los dos. Cómo lo dejaron todo planificado cuidadosamente hace ya cuatrocientos años para que llegáramos a este punto en la actualidad. Bueno, no, claro. Nadie ha escrito esta historia, y la han escrito todos, desde Lee y Kirby hasta Remender y Cassaday, pasando por Thomas y Adams, Claremont y Byrne y hasta Rob Liefeld que se inventó a Cable que educó a Hope que derrotó a Cíclope. Como todas las grandes historias de superhéroes, es producto de los hombres, pero también de un ente superhumano: la continuidad. En el recién publicado Marvel Comics. The Untold Story (Harper Collins, 2012), Sean Howe escribe: «Todo fue absorbido por la bola de nieve del Universo Marvel, que se amplió hasta convertirse en una de las narraciones de ficción más complicadas de la historia mundial: miles y miles de personajes y episodios entrecruzados. Para generaciones de lectores, Marvel era la gran mitología del mundo moderno». Así pues, si uno de esos miles de lectores despertara repentinamente tras haber dormido cuarenta años en un bloque de hielo y leyera Uncanny Avengers #1 después de haber leído X-Men #66, ¿qué pensaría? Creo que pensaría que han pasado muchas cosas. Se han cumplido las promesas.

lunes, 22 de octubre de 2012

¡SUPERVILLANOS!: WANTED


Wanted, sí, pero no la serie de Mark Millar y J. G. Jones (2003-2005) que fue adaptada al cine (2009) con Angelina Jolie como gran estrella, no. Wanted, un serie publicada por DC durante los setenta y de la que me compré un ejemplar por vez primera el otro día. No pude resistirme a añadirla a esta serie de notas sobre los supervillanos que, como los lectores más irredentos de Mandorla saben, llevo acumulando aquí desde hace algún tiempo y que algún acabarán desembocando en la mar, que es el morir. Por ejemplo.

El caso es que Wanted. The World's Most Dangerous Villains!, que tal era su nombre completo (9 números publicados en 1972-73) es una colección peculiar, porque estaba dedicada expresamente a los supervillanos. No contenía material original, sino reediciones de viejas aventuras, de manera que en realidad era sólo otro título más donde reciclar aventuras de superhéroes vistas una y mil veces. Pero el mero hecho de dedicar su advocación a los genios del mal coloca esas mismas historias bajo una lente perversa.

Y sí, es cierto que no solemos identificar DC con perversidad. Los chicos malos eran los de Marvel y los chicos buenos los de DC. Eso nos han contado, y habría mucho que discutir al respecto, pero como mínimo es peculiar la abundancia de colecciones dedicadas a supervillanos que tuvo DC durante los años centrales de la década de los setenta. No es que eso fuera exactamente una novedad, porque las raíces del supervillanismo en DC se remontan hasta personajes como Eclipso (House of Secrets, 1963-66), de quien he hablado un par de veces en Mandorla, en esta entrada y en esta otra; pero lo de que aquel momento se puede considerar una verdadera fiebre canalla. Si Wanted actuó de avanzadilla, muy pronto llegarían The Joker (9 números, 1975-76), Kobra (7 números, 1976-77) y ya en pan paroxismo all-star malote, Secret Society of Super-Villains (15 números, 1976-78), de la que hablé también en un post de este blog.

Espero volver sobre estas series en futuras entregas, pero baste de momento anotar que hay una vena siniestra en DC que alimenta todavía su ficción contemporánea, y que tal vez explique brutalidades como Identity Crisis, o el «baño gore» de los New 52, mientras que en Marvel el enemigo siempre ha estado en el interior, como demuestra Avengers vs. X-Men.

viernes, 23 de diciembre de 2011

SUPERVILLANOS: MICK JAGGER

Estoy viendo Gimme Shelter, de los Maysles, cuando de pronto aparece en pantalla Arcade:


Arcade es un viejo villano Marvel que tiene un parque de atracciones llamado Murderworld donde mata a sus víctimas:


Pero no es él, es Mick Jagger en 1969.

A su lado, Keith Richards parece la calavera de la muerte.


Al final, todo tiene sentido: Altamont es el Murderworld hippie.

viernes, 16 de diciembre de 2011

BATMAN CONTRA ECLIPSO


Todos recordáis a Marcia Monroe, ¿verdad? Sí, hombre, Marcia Monroe, el gran amor de Batman... ¿No? Situémonos. La colección es The Brave and the Bold, publicada por DC. En 1966 está dedicada a publicar team-ups, o sea, alianzas entre sus superhéroes, emparejamientos improvisados entre diversas estrellas. Poco después, pasaría a ser coprotagonizada de forma habitual por Batman, acompañado en cada número por otro superhéroe de la casa. Pero todavía no, aquí en cada entrega había una pareja diferente, y de hecho la aparición de Batman en la cartelera es solamente la segunda de la serie. No importa, lo que importa es que The Brave and the Bold #64 (febrero-marzo de 1966) está coprotagonizado por Batman y Eclipso. Eclipso es un personaje peculiar del que ya hablamos en Mandorla. En realidad, se trata de un supervillano (otro más para nuestra subserie de entradas ¡supervillanos!), que cohabita con un científico heroico, Bruce Gordon (obsérvese que en este episodio Bruce Gordon se encontrará con el alterego de Bruce Wayne y con el inspector Gordon). Por tanto, este Brave and Bold es un poco peculiar, ya que no es tanto una alianza de dos héroes como una clásica batalla de un héroe (Batman) contra un villano (Eclipso).

Pero en realidad, eso tampoco importa.

El guión es de Bob Haney y el dibujo de Win Mortimer. No aparecen acreditados en ningún lugar del tebeo. Son dos profesionales con trabajos apreciables, aunque tal vez éste no sea su mejor momento. Pero eso tampoco importa.

Lo que importa es que en la primera página de la historia nos encontramos con una situación que inmediatamente nos deja desconcertados. Una chica que está en los muelles es víctima de un atentado con flecha. Batman la salva. Y al final ella cae en sus brazos. Batman exclama «¡Marcia! ¡Querida!», y ella: «¡Batman! ¡Oh, amor mío!» Y se funden en un beso. ¡Arrea!


El desconcierto es tal que ni siquiera reparamos en detalles como que Batman diga cosas tales que: «¿Por qué ese buitre del arco estaba intentando ventilar tu bello torso?» Y además que lo diga con la boca llena (de lengua). Lo que importa es: ¿Quién es esta Marcia y que hace besando a mi enmascarando?

En la página siguiente ella nos cuenta que está en posesión de una joya llamada el Gato Esmeralda, que fue robada hace poco del Museo Municipal. El autor del robo fue Nicky Jarvas, el novio que tuvo Marcia después de Batman. ¿El móvil? Quería demostrar a su chica que él valía tanto como Batman, y ya sabemos que la mejor manera de demostrarlo es robando joyas, claro. El caso es que el robo de la esmeralda atrajo sobre Nicky la atención del sindicato del crimen Cyclops, y sus agentes le mataron. La última voluntad de Nicky fue que la joya fuera devuelta a su legítimo lugar en el museo, como si no hubiera pasado nada. ¿Sería Batman tan amable de hacerle el favor a Marcia de ocuparse de esa devolución clandestina? Otro besito más para acabar de convencer al murciélago solitario, y entonces éste recuerda los buenos viejos tiempos. Marcia, una niña rica mimada al estilo Paris Hilton, se había subido a un puente provocando un altercado público, y Batman tuvo que rescatarla. Pero una vez salvada la joven heredera, el Señor de la Noche decidió aplicar su severa justicia, condensada en una viñeta que tal vez Christopher Nolan no se atreva a llevar nunca al cine:


A la mañana siguiente, Bruce Wayne ve la foto en el periódico y se ríe de la humillación a la que sometió a la jovencita. ¡Ha-ha!:


Sin embargo, Marcia reacciona bien a los azotes (omito comentario alguno sobre el mensaje subyacente), y decide convertirse en justiciera, inspirada por el ejemplo de Batman, «el primer hombre al que puedo admirar». Durante las semanas siguientes, el dúo que patrulla la ciudad no es Batman y Robin, sino Batman y Marcia, a la que no sabemos si el Caballero Oscuro también llamará la Chica Maravillas en la intimidad del Batmóvil. Como vemos, en apenas una viñeta Batman ya se ha ilusionado como una quinceañera y está haciendo planes de matrimonio, pero... oh, amarga decepción, la pécora de Marcia le deja plantado y Batman, despechado, llora sin consuelo mientras los policías cuchichean en su coche patrulla.


El caso es que claro, cómo no, pelillos a la mar, vivamos el hoy. Batman se presta a devolver la joya al museo, y todo sale bien. O eso creía él. Al día siguiente, cuando espera reunirse de nuevo con Marcia, se encuentra por sorpresa con una encerrona que le tiende la policía, con el inspector Gordon a la cabeza, acompañado de «suficiente policía para proteger a un dictador de visita», lo cual, si me permiten decirlo, me parece una comparación un poco extraña para que le venga a la cabeza a un superhéroe de un país democrático. La cosa es que Gordon ha recibido una foto donde parece que Batman está precisamente robando la joya, y por tanto se ve en la obligación de arrestar al Detective Enmascarado. Vosotros, que habéis leído a Frank Miller, pensaréis que éste es el momento en que Batman le rompe la nariz a Gordon de un codazo y luego salta sobre los cráneos de quince policías vestidos con chaleco antibalas y huye protegido por una nube de murciélagos salidos de una caverna del infierno. Pues no. Este Batman se entrega sin resistencia, entra dócilmente en su celda y... se echa a llorar. Otra vez.


A todo esto, dijimos que el titular era «Batman contra Eclipso», y a las 10 páginas de historia todavía no hay ni rastro de Eclipso. ¿Dónde está? Pues en Solar City, o mejor dicho, en los restos de Solar City, donde están a punto de vivir un eclipse solar que liberará al villano. Tomando precauciones para impedirlo, Bruce Gordon, «benefactor de la humanidad», se ha atado a una silla para que sus aliados puedan bombardearlo con luz durante el fenómeno natural y así impedir que surja el monstruo. Pero justo entonces, un «extraño ser abeja» entra volando por la ventana. ¿Quién hubiera esperado que justo entonces apareciese un hombre abeja volador? Y luego otro y otro. Entre todos, le arrean un trompazo al profesor y se llevan a Eclipso con ellos. En la última viñeta descubrimos una escena que, según parece, se celebra en la sede de Apis Enterprises, un rascacielos que nos han presentado en la página anterior. La Reina Abeja aparentemente baila flamenco ante una reunión de hampones, todo bajo la supervisión de un enorme globo ocular que no sabemos si flota en el aire o está clavado en la pared.


Y ahora es cuando la cosa se pone realmente interesante. La Reina Abeja, que trabaja para Cyclops (los que mataron al novio de Marcia, ¿recordáis?), con la ayuda de Eclipso, monta una ola de crímenes en Gotham City. Batman se entera mientras está entre rejas y decide escapar por fin de su celda. No preguntéis cómo, no importa. Llega al rascacielos de Apis, donde es capturado por un matón moliente y corriente. Lo arrojan al mar, se sube a una barcaza de basura, y finalmente escapa zambulléndose de nuevo mientras la policía lo tirotea. No son estos días los que han labrado la leyenda del Señor de la Noche. Mientras tanto, Bruce Gordon llega a Gotham y ofrece su ayuda al comisario Gordon para capturar a Eclipso. Esto, en realidad, tampoco importa demasiado. Lo importante es que cuando Eclipso, hinchadísimo por sus victorias, intenta beneficiarse a la Reina Abeja, y ésta lo rechaza, ambos se ven sorprendidos por la repentina intromisión de un encapuchado que irrumpe en la sala a través del Globo Ocular gigante.


Aunque en principio Eclipso y la Reina Abeja lo toman por un agente de Cyclops, la mascarada dura poco (dos viñetas, para ser exactos). En realidad se trata de Batman, que pierde el disfraz rápidamente, y con él la dignidad. Descubierto, intenta huir como una rata, pero Eclipso lo caza en una trampa. Ya sabemos que este Batman responde mal a las situaciones de estrés.


Afortunadamente, cuenta con la inesperada ayuda de la propia Reina Abeja, que lo rescata, revelándose como... ¡Marcia! ¡Marcia Monroe en persona! ¡Lo inesperado se hace realidad en este sorprendente tebeo! Y lo más sorprendente es que la revelación llega porque... porque a Batman se le ocurre, sin más.


A partir de ahí, la Reina Abeja-Marcia (¡es Marcia, sí!) huye y ya nos encaminamos hacia el gran enfrentamiento final entre Batman y Eclipso. Un enfrentamiento que se producirá en la fachada del rascacielos, después de que Batman acceda a ella atravesando el panel de cristal con la cabeza. Bueno, al fin y al cabo, como él mismo grita, es una suerte que «construyan estos nuevos edificios con paredes de cristal». Niños, no hagáis esto en casa.


Y bueno, el resto ya  no importa. El doctor Gordon arroja una granada de luz y reabsorbe el cuerpo de Eclipso dentro del suyo delante de unos doscientos testigos, pero sin que nadie lo vea, de manera que puede conservar su identidad secreta, y Batman medita finalmente sobre el destino doloroso de Marcia, aunque en esta ocasión consigue contenerse y no echarse a llorar.

Y eso es todo, amigos. Por esto es por lo que adoro los tebeos. Por esto es por lo que estoy escribiendo hoy este blog. Vosotros sabréis por qué lo leéis. Eso es lo que importa.