jueves, 18 de marzo de 2010

UNA SENSACIÓN DESCONOCIDA

Me he esperado a tener los tres volúmenes de Rosalie Blum de Camille Jourdy para leerlos del tirón, y tengo que decir que no me extraña nada el éxito que está teniendo la obra. Se lo merece.
A mí no me vuelve loco, pero creo que vamos a ver muchos tebeos de este estilo en un futuro próximo.
Ojalá.
Para empezar, Rosalie Blum es un producto pleno de la era de la novela gráfica, no sólo por formato, sino por formas y por aspiraciones. No se concibe esta obra sin Sfar, no se concibe serializada en revistas y casi no se concibe comprada por fervor por coleccionistas de Moebius.
Está muy bien escrita, muy bien dibujada y muy bien narrada, con hallazgos expresivos notables como la particular atención al detalle que presta continuamente. Bajo su apariencia informal y espontánea hay un trabajo enorme de planificación que se nota, y mucho (a veces, me temo, tal vez en contra de los deseos de la propia Jourdy). Rosalie Blum es lo que tienen que ser los tebeos en la era de la novela gráfica. Lo que hemos pensado que deberían ser. Es real, y está aquí.
No es razonable esperar que cada año surjan varios Maus, Jimmy Corrigan, Epiléptico o Persépolis, pero sí es razonable esperar que cada año salgan dos docenas de Rosalie Blum o Stitches. No lo digo en tono peyorativo. El cómic ha estado hasta hace nada dominado completamente por los muy fanáticos del medio, como yo y como me imagino que todos o casi todos los que estáis leyendo estas líneas, personas que, cada cual con nuestro propio ideario, juzgamos el valor de las obras en la medida en que suponen un avance para el cómic, un descubrimiento formal o una exhibición de calidad. Rosalie Blum es un cómic muy bueno. Stitches no tanto. Pero la pura verdad es que las mesas de novedades de literatura están llenas de best-sellers que no van a pasar a la historia, pero que resultan interesantes para el gran público, sin que eso quiera decir que sean necesariamente malos. Los lectores los leen sin darse cuenta, porque les cuentan cosas que quieren leer. Y creo que ahí se sitúa Rosalie Blum (y Stitches, que ha aparecido en algún momento de este post no sé muy bien por qué y ahora no puedo quitármelo de encima ni con agua caliente).
Yo lo he pasado muy bien leyendo Rosalie Blum (Stitches bastante menos... ¡otra vez!), aunque finalmente me he desinflado un poco con un final demasiado benévolo (y demasiado redondo, pero con un redondeo inútil, y me refiero al epílogo) para lo que me hubiera gustado. Ojo, lo que me hubiera gustado, no lo que probablemente pedía la historia, con la que el final es coherente en todo punto. No me ha producido una decepción catastrófica, como la que me provocó la sonrojante conclusión de Tamara Drewe, de la divina Posy Simmonds, pero tengo claro que no es mi tebeo. Lo cual me parece fantástico. Después de pasarme toda la vida sintiéndome obligado a que me gustaran todos los tebeos buenos que se publicaban, por pura militancia, ahora por fin puedo renunciar a tebeos realmente buenos porque, sencillamente, no me interesan. Por mucho que sean tebeos. Eso por sí sólo ya no va a hacer que me interesen, como no me interesarían si fueran una película o una novela.
Esto es una gran noticia, creo.
Y es una sensación desconocida.
La gran duda que me planteo con cómics como Rosalie Blum es que son tan novelescos (en el sentido literario) que en ocasiones me parece que ponen más de manifiesto las limitaciones del cómic para hacer lo que hace la novela que las propias virtudes del cómic para hacer lo que es suyo propio. En algunos momentos de Rosalie Blum no podía evitar pensar: ¿Y aquí no falta una pizca de densidad? ¿Aquí no estamos siendo demasiado fáciles? ¿Aquí no está resultando todo demasiado indoloro y bonito? Y finalmente: ¿esto no funcionaría mejor como una novela de prosa, de verdad?
Creo que cuando uno encadena cuatro preguntas seguidas es que va llegando el momento de cortar, so pena de zozobrar en el mar de las dudas. No sé si ha quedado claro que, a pesar de lo dicho, he pasado muy buen rato leyendo los tres volúmenes de Rosalie Blum, que creo que hay una gran historietista detrás de ellos, y que celebro su salida, su existencia y sus (previsiblemente) buenas ventas. No siento tanta simpatía por Stitches, pero es que ni siquiera sé por qué ha vuelto a aparecer otra vez ese maldito tebeo en este post. Será porque estoy llegando al final, ya sólo me queda por escribir una frase, y es ésta: Sospecho que es un tebeo (¡Rosalie Blum, no Stitches!) que no voy a releer muchas veces, pero que sí lo voy a regalar unas cuantas.

9 comentarios:

José-Antonio Gómez-Hernández dijo...

Casualidades: empecé mi nota sobre este comic casi igual que tu, y casi el mismo día... Y coincido en tus opiniones sobre la obra, aunque no suelo expresarlas tan explicitamente como tu -sobre todo lo negativo. Es de agradecer que se escriba con un criterio propio...
Saludos

Nemo Nadir dijo...

De acuerdo con su apreciación de Rosalie Blum, más de acuerdo aún con sus opiniones sobre Stitches y Tamara Drewe, pero, sobre todo, absolutamente de acuerdo con esta frase: "Después de pasarme toda la vida sintiéndome obligado a que me gustaran todos los tebeos buenos que se publicaban, por pura militancia, ahora por fin puedo renunciar a tebeos realmente buenos porque, sencillamente, no me interesan".

¡Sí!

el tio berni dijo...

Yo también me estoy esperando a tener los 3 Rosalies para leerlos del tirón, así que no digo nada al respecto, pero coño, menos mal que a alguien más (por lo que veo a Nemo Nadir también) el Tamara Drewe le parece bochornoso. Y en mi caso, no solo por la conclusión, que también, sino por las ínfulas y lo facilón de todo el tebeo.

Nemo Nadir dijo...

El pasado octubre publiqué mi reseña de Tamara Drewe, Tío Berni, y con permiso de nuestro anfitrión, copio y pego aquí el principio y el final de la misma, que creo que resume mi opinión:

Todo es muy bonito en Tamara Drewe. El dibujo de Posy Simmonds es suave; su paleta de colores, delicada; sus personajes, guapos; sus trabajos, glamurosos; su historia, amable. Uno se la puede imaginar perfectamente como una comedia romántica protagonizada por Hugh Grant, Julia Roberts y John Cusack al estilo de Cuatro Bodas y un Funeral. Demasiado bonito.

(...)

Pero el lector, seducido por Tamara también quiere ver un final feliz, un fin sin preocuparse a través de qué medio llega. Vive en el espejismo de que la historia acaba como debe acabar. El lector quiere ver cómo los elegantes residentes en el mundo de Tamara Drewe consiguen finalmente el amor. Los pobres, los desclasados, los exiliados, siguen hundidos en su miseria, atascados cada vez más profundamente en la porquería. La sociedad de Tamara Drewe sigue lejos del mundanal ruido en todos los aspectos. Vive en un ambiente de celos y conspiraciones amorosas y culturales, y queda como un mundo de filigrana que se contempla en la lejanía como una reliquia. Todo es tan bonito que no es difícil imaginarle un puñetero final feliz idílico. Tan conservador como predecible.

el tio berni dijo...

Sí, estoy bastante de acuerdo contigo. Lo que no sé es hasta que punto es culpa de la remilgada de Simmons el final, porque toda la historia está basada en un folletín decimonónico o así, creo recordar. En cualquier caso, ella es responsable de haber elegido esa historia y no otra, y también de no haber mantenido el final pastelero (si es que lo ha hecho). Pero vamos, que no es sólo el tema, o el mensaje, lo que me rechina en Tamara, que precisamente eso que tanto se ha alabado de la "mezcla de disciplinas artísticas con el cómic" me parece fatalmente resuelto, al servicio puramente del efectismo y de la vagancia de unaa autora que no sabe hacerlo mejor en cómic "de toda la vida".

Bueno, este post iba de Rosalie, no de Tamara...

lokodatar dijo...

Habrá que repasar vista la abundancia de recomendaciones positivas, porque la verdad es que leí el primero y me parecio un bluffffff....pero entre la red y gentes cuyo rostro he visto emocionado hablandome de la mejora del segundo desde el punto de vista de ella y tal y tal, pues eso, que habrá que hacerse la del trio.

Santiago García dijo...

Podríamos hablar largo y tendido de "Tamara Drewe", sí, pero como bien dice tio berni, aquí habíamos venido a hablar de "Rosalie Blum"... que no es lo mismo.

loko, si no te gustó el primero, no te recomiendo la continuación. En mi opinión, no mejora. Ni empeora. Creo que es una obra en tres partes muy homogéneas y que sólo tienen sentido en conjunto, y no aprecio ninguna variación de calidad o interés entre un volumen y otro. Si te gusta, te va a gustar completa, y si no, no creo que ninguno de los volúmenes por separado te haga cambiar de opinión.

Christian Osuna dijo...

A tenor de la oportunidad de la novela gráfica vs. literatura. Anoche mostré a unos clarinetistas "no iniciados en las viñetas" el primer tomo de El Dinero de los dineros, de Denis Robert.
Hubo un comentario curioso: "¿y todo esto, ¿porque no lo escriben?
(en vez de dibujarlo, se entiende)
Quizá sea también tema para otro post, aclarar las posibilidades del ensayo "autobiográfico-periodístico"
Aquello de la realidad en los tebeos.

Santiago García dijo...

De "El negocio de los negocios" estuvimos hablando aquí: http://santiagogarciablog.blogspot.com/2010/02/negocios-sucios.html