domingo, 7 de marzo de 2010

LECCIONES

Cuando uno va a la universidad, es para aprender, así que voy a tomar nota brevemente de algunas de las lecciones recibidas esta semana, antes de que las olvide:
1) Lo dijo Nacho Vigalondo el último día: el público del cómic es muy difícil. Sólo están los que no saben absolutamente nada y los que ya se lo saben todo. No hay un terreno intermedio donde ampliar de forma razonable. Nunca sabes si te vas a quedar corto o si te vas a pasar, y supongo que al final acabas haciendo las dos cosas a la vez. Para mi charla de repaso del trayecto desde el comix underground hasta la novela gráfica decidí que lo único que daría por supuesto que conocía el público era la figura de Robert Crumb, ya que justo antes de mi intervención habían proyectado el documental de Terry Zwigoff.
2) Unas jornadas universitarias no son un salón del cómic. Las relaciones son distintas, nos escuchamos unos a otros de diferente manera, el ritmo es mucho más relajado. Tenemos algo que hacer, además de estar parados de pie entre dos casetas de venta rebotando andanadas de saludos. Hace unos meses dije que los salones sirven para que las gentes del cómic nos identifiquemos como colectivo, pero necesitamos también otro tipo de reuniones, como ésta, menos abrumadoras y más reposadas.
3) En contra de lo que nos llevan diciendo años, no somos los últimos. El negocio del cómic no es algo que vayamos a cerrar cuando nos vayamos, dejando las sillas encima de las mesas y apagando la luz al salir. Eso mismo se lo contaban a Jack Kirby en los 60 y a Frank Miller en los 80. Y sin embargo, aquí estamos nosotros, y detrás de nosotros también hay un montón de gente joven que espera que el chiringuito siga montado dentro de 20 años, porque les va a pertenecer a ellos. O mejor dicho, no esperan, porque se trata de una generación más preparada y mejor informada que todas las precedentes, capaz de discutir en detalle sobre Bruguera, sobre Terry Gilliam o sobre la transformación del Capitán América en Nómada. Leen tebeos y van a seguir leyéndolos mientras existan (los tebeos, no ellos, evidentemente) y les interesen. Y nosotros sólo existiremos mientras sigamos captando su interés. Muchos no acudieron a las jornadas sólo porque fuera una manera fácil de sacarse 3,5 créditos, sino porque querían saber, querían escuchar, quería ver, querían conocer. Son fancineros, blogueros y lectores.
Por tanto, este tipo de eventos son importantes para algo más que para decir que el cómic ha entrado en la universidad. Son cruciales también para su futuro.
4) Hay otros públicos. Uno de ellos estaba bien representado en el profesor Reyes, que impartió una de las conferencias de la jornada de clausura. Y antes de que los malpensados se imaginen cosas, lo digo sin ningún tono peyorativo. Me refiero al lector de superhéroes que en los años 70 mamó Vértice y llegó hasta Forum, abandonó los cómics en los 80, probablemente cuando rondaba los 18-20 años de edad, y ahora, al cabo de 20 años, ya cuarentón y asentado en la vida, ha vuelto a ellos con curiosidad, por recuperar una vieja afición. Gracias, por supuesto, a que los cómics siguen ahí, a pesar de todo. Gracias, probablemente, a que un día se encontró un tomo de Spiderman en la Fnac. Migoya habló de un público enorme para la Esther de Pura Campos, probablemente muy parecido al que representa Reyes: antiguas lectoras que vuelven ahora sobre sus viejos tebeos, después de haberlos abandonado.
Entonces, si hay chavales de 20 años con ganas, si hay cuarentones y cuarentonas que vuelven, y si entre medias hay treintañeros que descubren la novela gráfica -como lectura novedosa, y también como regalo de buen gusto en estos tiempos en que toda la cultura material se ha depreciado tanto-, ¿por qué nos empeñamos en discutir acaloradamente si lo comercial son los superhéroes o la autobiografía, el género o lo artístico? ¿No es evidente que no hay un público, sino muchos públicos, más públicos diversos de los que ha habido nunca, y que esos públicos necesitan tebeos muy distintos?
5) Hay algunos temas sobre los que convendría imponer el veto en las mesas redondas y charlas sobre cómic. El primero, en concreto: vivir del cómic. Estoy harto, literalmente harto, de que no se hable de otra cosa. Al cómic no se dedica nadie que no quiera, y el que se dedica, ya sabe lo que hay. Del cómic vive casi toda la gente que suele participar en esas mesas diciendo que no se puede vivir del cómic. La pura realidad de vivir del cómic es la misma que la de vivir de cualquier otra cosa: a cada uno le va como le va. Hay gente a la que le va bien, hay gente a la que va mal. Está muy achuchado, pero hay quien se sabe buscar la vida y quien espera que venga a resolvérsela. Pero, ¿qué cojones hacemos hablando siempre de lo mismo ante el público? Inevitablemente, las charlas se convierten en una larga serie de quejas que no llevan más que al desconcierto del espectador ajeno. ¿No hay otros temas? ¿De verdad? ¿Se supone que estamos practicando no sólo un oficio profesional, sino también un arte, y nunca hay nada que hablar del arte de hacer tebeos? Porque esto es algo que llama mucho la atención en las charlas de autores, profesionales y teóricos: se habla poquísimo de tebeos, y muchísimo de cobrar. Pero parece que a nadie le interese una reflexión sobre el medio, sobre las tendencias, sobre los temas, sobre las figuras, sobre los desafíos, sobre los soportes, sobre los formatos, sobre cualquiera de las cosas que deberían estar debatiendo las personas que se dedican en cuerpo y alma a una profesión. Un ejemplo: en la charla de los divulgadores, el viernes, se repitieron punto por punto los mismos tópicos que en la de autores del miércoles. Que si no se puede vivir del cómic, que si está muy difícil el divulgar tebeos en los medios, que si la novela gráfica vende más o menos... Sólo Gustavo Montes puso sobre la mesa un tema de los más importantes para entender el cómic de los últimos años y su inserción en la sociedad, el de la aparición de la realidad en el cómic. Pero nadie siguió el tema. Creo que nadie entendió de lo que estaba hablando, quizás porque todo el mundo está demasiado preocupado por pasarse el día mirando las cifras de ventas y no tiene tiempo de leer los tebeos y pensar sobre ellos.
6) Predicar con el ejemplo. Es lo que hicieron Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo, cuyo heroico trabajo de organización me ha dejado profundamente impresionado. Estamos hablando de dos estudiantes (o recientísimos licenciados) que sin prácticamente ningún apoyo institucional (o con el mínimo, vaya) han sabido organizar un evento de lo más interesante y bien gestionado en un escenario de privilegio. Sólo porque han querido, porque han tenido la voluntad, porque les ha dado la real gana y porque han preferido hacerlo que quedarse en el bar lamentándose de que no se puede hacer.
Pero sí.
Sí se puede.

6 comentarios:

javierrodriguez dijo...

Estoy muy de acuerdo en todo lo que comentas. La eterna brasa sobre vivir del cómic hace que no sólo me de pereza las charlas al respecto sino también los salones. Muchos autores no hablan de otra cosa, éxito y ventas, de tebeos en si, como medio, lenguaje, ¡afición! ya no hay manera.

José-Antonio Gómez-Hernández dijo...

Gracias por la valoración de las Jornadas, los videos, etc. Muy interesante y útil para los que no estuvimos ahí.

Angel dijo...

Amen

Christian Osuna dijo...

Sinceramente, y por lo que me toca, en la charla de divulgación. O no supe hacerme entender, o mas bien, me quedé solo en mi intención de explicarle a la audiencia que si les interesa aprender a difundir el cómic lo tienen o tendrán complicado, de igual forma que lo tienen complicado en cualquier otra materia. ¡¡La problemática de los medios de comunicación!!!
Lo que pareció es que Oscar solo fué a hablar de su libro. El señor Montes a hablar de su asignatura, El tio Berni de su blog, yo de mi programa de radio. Y fué un poco porque nos vimos obligados a presentarnos a nosotros mismos, haciendonos quedar a todos como tipo ignotos que teniamos que explicarle a la audiencia que haciamos y por qué estabamos allí.
Y además cada vez que yo quería extender por algún lado, y como soy tan plasta, me quedaba solo y se forzaba a pasar a otro tema.
Por otro lado creo que el tema de la realidad en el cómic surgió a partir de comentar El Arte de Volar de Altarriba y Kim. No recuerdo quien sacó el asunto. O si lo recuerdo, en realidad.
Sirva como disculpa por mi parte de responsabilidad en esta, para ti, fallida charla.
Para mi simplemente, el tema se planteo como el de el sexo de los angeles.

Christian Osuna dijo...

Por otro lado, releyendo, si que recuerdo haber marcado en la charla, las diferencias entre le época reciente y esta. Y haber dado razones concretas de por qué los tebeos están en los medios mas que ahora.
No solo porque se han hecho hueco en los puntos de ventas generalistas frente al CD y el DVD. Sino porque nos hemos encontrado ante un rejuvenecimiento de la figura del periodista, al tiempo que han accedido profesionales que traen la cultura del medio consigo.
Vamos, que sigo defendiendome...
Y no acabo de entender lo tibio de tus comentarios hacia según que ponencia sobre superheroes. Yo también estuve allí. A tu lado, Santiago. Y aquello no mereció ni merece ningún respeto ni comprensión.

Santiago García dijo...

Christian, no hace falta que te defiendas porque nadie te está atacando. El problema de la brasa sobre "vivir del cómic" creo que es generalizado, y también ocupó un buen espacio en la charla de los autores, por eso lo mencionaba. Está "en el ambiente". Siento haber redactado el post de forma que pareciera que había sido exclusivamente cosa vuestra. No sois "culpables", ni tú individualmente ni todos los que estuvisteis en la mesa como colectivo, porque son temas que nos arrastran sin que queramos, eso es lo que intentaba decir. Por eso lo planteaba como un tema "a vetar", un poco exageradamente, supongo. La mesa de divulgadores planteó temas interesantes -lo dije en un post anterior-, pero fue un poco a trompicones y la lastró la larguísima presentación, sí. A pesar de eso, a mí no me dio la impresión de que fuerais a hablar cada uno de lo vuestro, lo único que pasa es que la introducción se comió mucho tiempo. Un abrazo.