miércoles, 19 de mayo de 2010

LA ANTI-NOVELA GRÁFICA

Uno no se enfrenta a una obra nueva de Daniel Clowes de cualquier manera. Cuando se trata de uno de los tres o cuatro nombres que han dado cara a este movimiento (¡él estaba ahí antes que Ware!), y cuando lleva más de un lustro sin engordar su bibliografía con nada serio, uno se toma la lectura de su nuevo libro -su primer libro- como si fuera un acontecimiento.
Eso es problemático.
Así que antes que nada, diré que Wilson (Drawn & Quarterly, 2010) me ha gustado mucho, y que lo he pasado muy bien leyéndolo. Es un Clowes perfectamente reconocible, que vuelve sobre muchos de los temas y personajes que ya ha manejado en su carrera, pero al que nunca había visto tan vivo, tan ágil y tan gracioso. Creo que con Wilson es con el único tebeo de Clowes con el que me he reído en voz alta. He leído un par de opiniones en otro sentido, la de David Muñoz y la de Álvaro Pons, y debo decir que lo que escriben ambos está en el libro, no se lo voy a discutir. Creo que no es tanto una cuestión de que hayamos leído cosas distintas, sino de que somos lectores distintos, y cada uno encuentra en la obra aquello que buscaba (o no). La descripción que hacen ambos se ajusta a la realidad de lo que he leído yo. La diferencia está en cómo te lo tomas.
Clowes vuelve una vez más a la narración por piezas cortas, que es lo que lleva practicando desde siempre (sólo Como un guante de terciopelo forjado en hierro y David Boring se saldrían de ese esquema), y que es ahora mismo una técnica muy en boga en los grandes novelistas gráficos (véase George Sprott, de Seth). Creo que quien realmente ha abierto este camino es Chris Ware, pero en Wilson, Clowes encuentra la forma de hacerlo suyo y alejarlo del modelo Acme, que era el que había practicado en Ice Haven y The Death-Ray. Con Wilson, Clowes consigue un equilibrio entre la reflexión sobre la forma (la historieta de una página, con título propio) y la continuidad narrativa, lo que hace que la lectura tenga mucho ritmo y consiga sumergir al lector, al mismo tiempo que autoriza al dibujante a poner en práctica técnicas anti-realistas, como es el continuo comentario en voz alta del protagonista. Que es, precisamente, lo que le da tanta vida, tanta gracia y tanta chispa a Wilson. Leído, parece muy sencillo, pero la síntesis que ha encontrado Clowes entre los esquemas narrativos de una Little Lulu y los recursos del relato postmoderno no es ninguna tontería. Y funciona muy bien. Este libro tiene un aspecto menos experimental que los dos últimos Eightball. Aunque en gran medida, es más experimental.
Por supuesto, el estilo de dibujo forma parte de todo de manera indisoluble. Clowes alterna entre dos polos de caricatura: la más realista (cargada de texturas, detalles, volúmenes, sombras y juegos de luces con el color) y la más caricaturesca (limpia, exagerada, simple, plana), y entre medias practica todo un rango de variantes. Dejando de lado uno de los posibles motivos para esta decisión (los dibujantes a veces se aburren dibujando siempre igual, y prefieren variar, así de simples son algunas de las decisiones creativas que se toman en ocasiones), la fluidez del trazo corresponde muy bien a la indefinición del propio Clowes (¿cuál es su estilo de dibujo? Porque a lo largo de su carrera le hemos reconocido en registros muy diferentes, sin que podamos decir que ninguno de ellos sea el canónico), que es el más versátil de los maestros de la novela gráfica (Burns, Ware, Seth, Brown, se modulan mucho menos que él), y también a la indefinición del personaje, que es dramático y a la vez patético. Y tal vez en ese dramatismo patético que impregna toda la obra de Clowes se expliquen las propias dificultades del dibujante para dar con una fórmula gráfica definitiva con la que identificarse. Clowes no es el dibujante realista que también hace caricatura, ni el caricaturista que también se vuelve más realista. Clowes es todo a la vez, y Wilson es exactamente lo que vemos en portada: un extraño aborto, un personaje retratado con una extrañísima caricatura realista que lo convierte casi en un freak de feria, un enano deforme y cabezón. Pero real.
Para el debate que tenemos ahora mismo abierto sobre la novela gráfica, es interesante observar que éste es el libro con el que Clowes por fin ha claudicado. A pesar de ser uno de los inspiradores del movimiento, hasta ahora Clowes se ha resistido tenazmente al término (da un poco de vergüenza autocitarse, pero trato el tema en La novela gráfica, con diversas declaraciones de Clowes al respecto), llegando hasta el extremo de parodiarlo con cosas como «comic-strip novel» (en la portada de la edición americana de Ice Haven; en la española suprimido sumariamente por el editor que busca la «etiqueta comercial»). Sin embargo, en Wilson escribe por vez primera «graphic novel» de su puño y letra, en el texto biográfico, y no sólo lo aplica al libro actual, sino retroactivamente a los anteriores. Lo curioso es que describa Wilson como «su primera novela gráfica original», porque en realidad parece haber hecho todos los esfuerzos posibles para alejarla de esa apariencia y, como decía, darle el aspecto de una recopilación de páginas sueltas. Si para algo sirve de ejemplo perfecto Wilson, es para explicar que una novela gráfica no es una novela. Es, casi, una anti-novela.
La experiencia de lectura de Wilson es completamente distinta a la de una novela. Hay otro tipo de novelas gráficas, como el Berlín de Jason Lutes, donde está claro que lo que se busca es una suerte de remedo de una forma de narrar propia de la novela y del cine. En Wilson, sin embargo, se bucea en la propia historia del cómic para encontrar la manera de presentar una narración adulta con características propias. Y ahí está el gran campo de batalla de la novela gráfica para los próximos años, y el gran tema de debate que tal vez habría que discutir (o investigar). Cuando pasé el tribunal del DEA donde presenté La novela gráfica como trabajo de segundo año de doctorado, Fernando Castro, uno de los miembros del tribunal, me dijo -con la perspicacia que a veces tienen los que nos observan desde fuera, sin las orejeras del mundillo- que el tema clave del estudio era, tal vez, la ansiedad por la densidad. Creo que, efectivamente, es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el cómic en nuestros días, y creo que se manifiesta de forma muy evidente en la obra de Clowes. Wilson es una gran lectura, pero es una hora de lectura, como mucho. Cuesta pensar en ello como una «obra maestra» cuando tiene la ligereza de una comedia indie de las que hay una docena al año (digamos, Art School Confidential, la película, por ejemplo). Y cuando decimos que los cómics no son caros en relación con otros libros, con comparaciones materiales tipo «250 páginas a color por 20 euros es más barato que cualquier novela de 300 páginas en blanco y negro que cuesta 30 euros», olvidamos que el comprador no está pagando por página, sino por minuto de lectura, y que una novela de 150 páginas que cuesta 10 euros supone a menudo una experiencia de lectura mucho más intensa que una novela gráfica de 350 páginas. Y Wilson, por si alguien lo dudaba, no compite por el público de JLA o Los Vengadores, sino por el público de Todd Solondz y Haruki Murakami.
La cuestión entonces es: ¿la novela gráfica va a reclamar su propio territorio siendo más parecida a la novela y compitiendo con ella (y con el cine) cuerpo a cuerpo? ¿O la novela gráfica va a buscar su propio territorio, incomparable, partiendo de la tradición específica del cómic e inventando un arte completamente nuevo que leeremos como algo distinto?
Daniel Clowes, de momento, parece que se apunta a la anti-novela con su primera novela gráfica.

33 comentarios:

Álvaro Pons dijo...

Cualquier intento de valoración de una obra por la rentabilidad temporal que produce desdibuja completamente el sentido de la cultura y lo entronca con el de industria de entretenimiento. Es una dicotomía de la que no se puede escapar, pero desde el instante en que se mide el coste de cada minuto de entretenimiento, creo que ya no hablamos de arte o cultura, hablamos de industria. No teien ya sentido especificar si hay un territorio propio dentro del arte, sino dentro de la industria del entretenimiento. Snif.

Respecto a Wilson, coincido contigo, es una gran obra (lo que ya empieza a ser repetitivo respecto a Clowes...¿qué haremos el día que falle?), pero reincido en mi sensación de ese mensaje profundamente depresivo sobre la situación humana que lanza Clowes. Me gustó mucho, pero reconozco que al cerrar la página uno siente esa misma sensación de mirada perdida de Wilson...

Hay una cuestión que, en cualquier caso, me sorprendió mucho: la elección narrativa de hacer una especie de repaso a la historia de los diferentes estilos de "cartoonists"... Más allá del homenaje.. ¿cómo explicarlo como recurso narrativo? Debo reconocer que me cuesta establecer una necesidad de esa elección, más allá de una sutil y socarrona crítica sobre el concepto de "graphic novel" con el, aparentemente, parece claudicar... :)

Santiago García dijo...

La cuestión del "tiempo de lectura" no es sólo de "rentabilidad minuto/euro", Álvaro, eso es sólo su manifestación más mercantil. Hay algo más allá. No es lo mismo leer una novela durante días o semanas, tenerla en la cabeza todo ese tiempo, que te acompañe en muchas situaciones de tu día a día (en el metro, en el váter, en el sofá) o que pase a formar parte de tu rutina, que sentarte un rato y acabártelo del tirón. La forma en eso te afecta como obra es completamente distinta.

En cuanto a lo de los estilos, doy mi propia opinión en la entrada.

Ah, y respecto a la última página, una curiosidad que no comento en el post: se parece mucho, pero mucho, a lo que iba a ser la última página de "El Vecino 1", antes de que decidiéramos cambiar todo el final.

elpablo dijo...

ah, ah, ÉSE es el motivo de la guerra, y no de la batalla. 'ansiedad por la densidad', qué gran concepto.
la guerra se ganará cuando se suba esa colina. porque, a lo mejor, el cómic, la novela gráfica, va a ser una cosa 'leve'... y aún así IMPORTANTE.

Santiago García dijo...

En efecto, pablo, ÉSE es exactamente el tema, eso es lo que tenemos que descubrir ahora, y me parece crucial para el futuro de los cómics.

El debate no es de valoración, no se trata de discutir si una obra es de mayor calidad por ser más o menos grande. Ya sabemos que un poema de tres líneas puede ser más importante que una novela de 1.500 páginas. No, se trata de otra cosa. Se trata de descubrir un modelo propio en un panorama nuevo, y de cuáles son las aptitudes que tiene el cómic -o que va a desarrollar- en ese nuevo panorama.

Y creo que "Wilson" es una obra que pone ese debate sobre la mesa de una forma muy clara.

Como no podía ser menos, viniendo de un autor de tal categoría.

¿Podemos construir catedrales con mimbre?
Es más: ¿tenemos que hacerlo?

elpablo dijo...

el mimbre es durísimo!
citas a lutes, que es clave, pero clave en 'plan mal', a mi juicio. 'berlín'... habéis visto el principio de 'berlín, sinfonía de una ciudad', el tren ese que llega a la estación con la música en crescendo? pues 'berlín' (el tebeo) es ese tren, pero descarrila antes de llegar! ese no es el camino del cómic. está claro que es otro.
pero claro, es el problema de usar un término convencional. hace tiempo dije que a lo mejor teníamos que recordar la etimología de novela, esa 'novella' que era una 'novedad', no 'un tochaco de tropecientas páginas que mola porque está editado en tapa dura y con el nombre del autor bien grande'.
y como 'novedad' que es, daremos muchos palos de ciego hasta manejarla.
quién decía lo del 'túnel del tiempo entre 1910 y 2010', fue en entrecomics, no?

el tio berni dijo...

Wilson me ha gustado mucho, muchísimo de hecho. Iba a decir que yo sí que la encontraba bastante densa, pero después de leer a elpabo creo que prefiero su definición de "leve pero importante". Importante por la cantidad de sugerencias trascendentes que presenta, a pesar de que en ocasiones no se desarrollen en la página y deba desarrllarlas el lector a lo largo de esos días, semanas o meses en que la lectura le hará compañía en la cabeza (o en el váter), como dice Santiago.

Otra cosa. El desarrollo del personaje que logra Clowes con esos mini-capítulos es impresionante. La obra está totalmente viva, muta a medida que se lee. Wilson no es lo mismo en la página 20 que en la 40, ni en la 40 que en la 60. Y a pesar de todo, es consistente.

No he leído todavía la reseña de Álvaro, voy para allá, pero si incide en el tono depresivo de la obra, me temo que yo mi lectura ha sido un poco distinta. En cierta manera me parece su obra más positiva, precisamente porque el proceso de maduración no es totalmente destructivo.

Hay mucho que hablar todavía, ¿eh?

el tio berni dijo...

Ah, perdón, veo que Álvaro no ha escrito todavía su reseña completa.

Santiago García dijo...

Alberto, yo también tengo la sensación de que Clowes ha aumentado la densidad sacando cosas del libro, en lugar de metiéndolas.

elpablo dijo...

todavía no lo he terminado ('wilson', digo'), pero claro, sacar, sí...
PERO!
es que el rollo... EL ROLLO! es que. a lo mejor, esas 'cosas' las DIBUJA!
porque los tebeos son COSAS DIBUJADAS!
VISUALES!
y no hay que EXPLICARLO TODO con PUTAS PALABRAS!
porque las LETRAS son UNIVERSALES!
FIBERGRAN!!!
arggg!
(elpablo acaba de caer inconsciente ahogado en sus propias babas. continuará la conversación cuando se recupere, gracias).

Santiago García dijo...

Ja ja, tranquilo, Pablo, no te colapses...

Cuando hablo de "lo que saca" no me refiero sólo a lo que no escribe, sino a lo que no dibuja. De hecho, me refiero especialmente a eso.

Algo que tiene mucho que ver con la técnica de "páginas individuales" y el modelo de narración discontinua que se construye así.

elpablo dijo...

sí, te he pillado, claro. en este caso, el rollo fragmentado le viene de perilla para la sugerencia.
mi pensamiento sobre el tema, para que se me entienda, está en dos vías:
1. en el particular, clowes es un maestro precisamente por lo que sugiere, sí. claro, acaso no pasa eso en todas las disciplinas? no es mejor artista el que te enseña la patita por debajo de la puerta?
yo digo AMÉN a eso! y en el meollo específico del cómic, ESO (lo del 'sugerir', el 'découpage', jaja) debería ser la ley de jehová en un medio que exige tanta decodificación a un lector.
2. respecto a mi 'colapso' anterior, básicamente redundaba en tu otra idea expuesta, porque claro, perogrullada acojonante, pero es que un dibujo vale más que mil palabras. de hecho, yo incluso hasta desconfío un poquito de los tebeos muy gordos, a ver si me están vendiendo una burra!
(jojo, anda que estoy currando yo mucho hoy, vaya mañana entretenida que llevo!)

el tio berni dijo...

Joder que sí, que hay muchas cosas que no están dibujadas, algunas parece que quedan fuera de viñetas concretas, otras fuera de las páginas, y otras se pierden entre los capítulos. Sí, sí, lo que no dibuja está muy presente.

el tio berni dijo...

Hablando de dibujos que cuentan muchas cosas... esa portadaaaaaa!!!

David Muñoz dijo...

Dice Santiago: "se bucea en la propia historia del cómic para encontrar la manera de presentar una narración adulta con características propias". Y precisamente esa es una de las razones por las que últimamente estoy harto, pero harto reharto, de Clowes y compañía. Estoy cansado de tebeos que incluyen un nivel de lectura (por así llamarlo) solo comprensible por gente como nosotros gracias a los ya para mí pesaditos e innecesarios guiños referenciales, genéricos, etc. Clowes está obsesionado por los cómics que leyó en su infancia, y bueno, no es que me parezca bien ni mal, es que eso... pues hombre, por Ej. no es Murakami, ni de lejos. Sería como Murakami escribiendo una... no sé... novela adulta usando recursos formales de los cuentos infantiles que leyó de niño, por Ej. Que podría hacerlo y a lo mejor sería interesante. Pero la cuestión es que no lo hace. Y lo que me agobia es como rápidamente eso se ha convertido en "el" cómic adulto norteamericano. Lo que más atrajo de toda esta gente es que tenían voces únicas, personales, pero ahora Clowes, Tomine y Ware (y alguno más menos conocido) podrían estar trabajando mano a mano en el taller de Will Eisner aplicando a rajatable una fórmula que no admite apenas variación alguna. Y lo mismo me pasa con la variante comercial del tema. Sinceramente, a su manera "Kick Ass" (que me parece también horrible) no está tan lejos en algunos aspectos de todos estos tebeos. Pero bueno, lo mismo soy yo. Ahora que lo pienso veo más conexión entre Wilson y algunas películas de los Cohen (por su forma de tratar a los personajes y su mejunje referencial) que con cualquier escritor que al menos yo haya leído.

elpablo dijo...

ahí también le has dado, david, pero, personalmente me mola que el cómic se mire en el cómic para ir hacia delante... la sensación de que el reflejo es menos 'distorsionado' que si miras en otros espejos, no sé si me explico. los titubeos que decía antes.
ahora, 'kick ass' es un mojón, só, jojo.

Pepo Pérez dijo...

No he leído Wilson (el mío viene de camino aún, marditos roedores) más allá de las páginas que subieron a internet como preview. Sin embargo, sí creo que los cambios de registro en el dibujo en una misma historia, por lo menos en Clowes, no son un simple guiño referencial. Clowes en concreto lo viene haciendo desde Ice Haven, lo repitió en su obra maestra The Death-Ray y, por lo que he leído de Wilson, lo ha vuelto a hacer aquí.

Ahora bien: ¿con qué se escribe en el cómic? Me refiero al cómic terminado, por supuesto, el que se publica y lee el lector, no a un guión o borrador previo. El cómic se escribe con el dibujo. Y por tanto el dibujo, incluyendo los posibles cambios de registro en ese dibujo, es una forma de modular tonos y texturas narrativas. Y en Clowes desde luego esos cambios no son un simple juego de guiños. Esos cambios de dibujo dicen un huevo, pero un huevo, sobre la historia, los personajes o la ambientación. Sin decirlo expresamente, claro. Dicen sobre el tono en que el lector percibe esa escena concreta, pero también sobre la contraposición entre, por ejemplo, lo que se está diciendo (algo adulto, por ejemplo) y un registro de dibujo a priori sorprendente (por ejemplo, caricatura propia de tebeo infantil).

La comparación con Murakami (o el escritor güeno que sea), yo cada vez la veo menos. Es lo que decía Pablo. En el cómic se trabaja con dibujos, no sólo con palabras. Y los dibujos, pues eso, son dibujos, son imágenes. No las palabras que manejan exclusivamente la literatura. Y una nueva prueba de que el cómic, definitivamente, no es literatura. Lo cual enlaza con el debate al que hacía referencia Santiago, sobre la ansiedad por la densidad y el imitar a la novela como búsqueda de la madurez en el cómic. Imitación que, como apuntaba Santiago, Clowes hace cada vez hace menos. Desde Ice Haven para acá cada vez más hace tebeos-tebeos, aunque, claro, no sean "tebeos" realmente como los tradicionales.

Puestos a comparar con otras artes, ¿por qué no hacerlo -salvando todas las distancias- con las plásticas o la videocreación en lugar de la literatura? Al menos ellas sí usan imágenes, como el cómic. Porque en ese campo yo sí he visto usar cambios de registro gráfico-visual en una misma obra, a veces constituyen la base misma de la obra.

Santiago García dijo...

Ahí está la cuestión, David, ¿se puede hacer novela gráfica -cómic adulto contemporáneo, vaya- utilizando los recursos de la tradición del cómic, que son infantiles? En eso están muchos, Ware, Clowes y Seth a la cabeza, aunque no creo que podamos meter en el mismo saco a... Joe Sacco (ejem), Alison Bechdel y otros. Pero ésta es una vía que se está explorando, y no es casualidad, y la respuesta todavía está por verse. Por eso digo que vivimos en un momento decisivo en la historia de los tebeos. Porque, aunque en tu comentario parezca que dices lo contrario, en realidad están pasando muchas cosas nuevas de verdad, que no sabemos cómo van a salir. Ware, Clowes y Seth (por cierto, no mencionas a Seth pero sí a Tomine, que es mucho menos referencial e "infantil" que Seth, supongo que porque George Sprott sí te moló, y al final el criterio es que las cosas que nos gustan son buenas, y las que no nos gustan no) no practican una fórmula, pero están trabajando en la misma época y se están influyendo unos a otros, es normal que haya puntos de conexión. ¿No ha pasado eso en todas las épocas y en todos los ambientes? Ahora, equiparar eso con un taller de producción de comic books de los años 40 me parece que está completamente fuera de lugar.
Tampoco es que Ware, Clowes & cía hayan sido los primeros en recurrir al pasado del cómic para construir su propia obra personal. Ahí está Crumb, ahí está el Maus de Art Spiegelman, sin ir más lejos. No creo que se pueda discutir que Maus ha llegado al público general. Creo que hay que distinguir entre guiños referenciales y trabajar sobre la historia del cómic. Esto último es, sobre todo, lo que hacen Ware y Clowes. Sus novelas gráficas las lee público no lector de cómics y las disfruta sin descifrar sus referentes. No hacen el número 215 de Daredevil, ni un tebeo de Mark Millar en el que cada personaje "nuevo" es un sosias de un viejo superhéroe.
Ahora bien, que pueda haber otros caminos, claro que no lo niego, y de hecho estoy deseando verlos. Es lo que más me interesa de lo que vendrá, ver por dónde salen otros autores. Por ejemplo, ¿qué novelas gráficas -qué tebeos- harán historietistas que hayan empezado leyendo directamente a Joe Sacco o Dash Shaw o Ware? ¿Historietistas que no hayan pasado su infancia entera leyendo tebeos y que hayan llegado a la edad adulta como creadores sin un amplísimo vocabulario heredado del cómic comercial infantil? Entonces probablemente nos llevemos sorpresas. Pero todavía es muy pronto, no lo olvidemos. Esto apenas está empezando.

David Muñoz dijo...

Al mencionar a Tomine me refería a su historieta del superhéroe en el San Francisco Panorama. Me dio un bajón importante, porque hasta ahora me había gustado mucho lo último que estaba haciendo, y de pronto... Y Seth en "George Sprott" me parece que no está haciendo ni de lejos lo que hacen Clowes, Ware y Tomine en sus últimos trabajos (que me parece que tú has explicado muy bien; solo que a mí me aburre y a ti te gusta). Sus referencias son otras. Y quizá por menos cercanas y porque las comparto menos me resultan más interesantes. Ojala me equivoque, porque he disfrutado mucho con casi todo lo que han hecho, pero mi impresión es que Clowes y Ware muestran síntomas de prematura decadencia (o sea, cuando un artista convierte en fórmula sus hallazgos y se dedica a repetirlos una y otra vez generando menos interés y sorpresa cada vez que publica; y sus lectores, como yo, se quedan con la impresión de que ya han dicho todo lo que tenían que decir). A lo mejor, no sé, es un proceso inevitable. En fin, ya digo que deseo no tener razón y que lo próximo de Clowes me guste tanto como me gustó la del rayo de la muerte, por Ej. Pero sí que echo en falta nuevos autores en esa línea con cosas nuevas que contar que no sean clónicos de autores pasados. Recuerdo con nostalgia la sensación aquella hace diez años cada vez que salía un tebeo de Ware o de Clowes. Los esperaba nervioso, con emoción; y ahora también, en realidad, me leí "Wilson" a la media hora de recibirlo, solo que después de leerlos me quedo como estaba. ¡Lo mismo me estoy haciendo mayor!
A ver Dash Shaw... tengo en casa por leer "Body World". Y estoy deseando disfrutarlo.

Santiago García dijo...

Ja ja, me temía que te refirieses a la historieta de Tomine para el San Francisco Panorama. Digo "me temía" porque a mí Tomine sí que me tenía aburridísimo (Shortcomings me parece un truño gordo) y sin embargo esa historieta me moló cantidad. ¡No es que hayamos leído libros distintos, porque está claro que los dos hemos visto lo mismo, es que los leemos personas distintas!

¿El "Body World" no lo has leído en internet? Yo lo leí online y lo disfruté una barbaridad, y precisamente me pareció que estaba hecho para leerlo así, en pantalla. Todavía no me he puesto con la edición en papel, pero tengo la sensación de que no la voy a disfrutar igual. Por cierto, que me esperaba un libro más espectacular, al final la edición no es para tanto.

Manuel Bartual dijo...

A mí tampoco me ha parecido que haya que conocer los referentes gráficos que Clowes maneja en Wilson para entenderlo y disfrutarlo, la verdad. Y no sé si su intención sería ésta, pero yo mientras lo leía interpreté los cambios de registro como una forma de mostrar visualmente el funcionamiento de la mente de su protagonista, que ya desde la primera página nos deja claro que no es un tipo con la cabeza muy cuerda.

En muchas páginas Wilson se pasa cinco viñetas diciendo una cosa para luego cerrar en la sexta con un compartimiento opuesto a aquello que estaba predicando en las viñetas anteriores: para mí, pasar de página y encontrarme cada vez con un estilo diferente, lo entendí también como la manera con la que Clowes traslada este esquema de página al funcionamiento de la propia obra.

Y por cierto, Santiago: a mí el final de Wilson también me recordó al final de El Vecino 1, pero al final que terminó siendo, no al final que iba a ser.

Santiago García dijo...

"Y por cierto, Santiago: a mí el final de Wilson también me recordó al final de El Vecino 1, pero al final que terminó siendo, no al final que iba a ser." Ja ja, a ver si es que a la primera edición de "Wilson" también "le falta" la última página.

Yo sospecho que cualquiera que lea "Wilson" sin ser lector de cómics o conocer la historia del cómic, probablemente interprete las variantes de estilo como tú dices, como una visión subjetiva. Es como si "Wilson" estuviera "dibujado en primera persona", que es tanto como decir "escrito en primera persona". Y Wilson se ve a sí mismo como muchas personas diferentes, parecidas, pero no iguales. Aparte, también ayuda a remarcar más la ruptura entre página y página y reforzar esa estructura de páginas individuales.

David Muñoz dijo...

"Body World" empecé a leerlo en Internet pero lo dejé para el libro porque me estaba gustando. La culpa es de mis problemas oculares... siempre me cansa menos leer en papel y de todos modos ya me paso ocho horas al día delante del ordenador escribiendo.

Santiago García dijo...

Pues a ver qué te parece. Y a ver si me lo leo yo también en papel y lo cuento aquí y así podemos comentarlo.

No sé si te pasará a ti, pero en referencia a lo que hablábamos antes, con Dash Shaw sí que tengo una fuerte sensación de que es "la nueva generación" y trae la cabeza equipada de otra manera.

elpablo dijo...

dash shaw es otra liga, sí.
tomine me ha parecido siempre un petardo! esa del panorama no la he leído, a ver qué tal! y no sólo el shortcomings, eh? sus historietas cortas contienen lo peor del indie, así a lo bestia, cine y música, no sé si me explico!
me voy a mi casa, os sigo luego!

el tio berni dijo...

Sobre Wilson, yo también interprete que los distintos estilos, al menos en parte, reflejaban lo real o irreal no tanto de las situaciones, sino de la capacidad del protagonista de asimilar las mismas. La teoría no me cuadraba en todos los casos, aclaro. Por otra parte me parece que funciona también universalizando a Wilson. De alguna manera su historia, sus comportamientos, son equiparables a la de muchas otras personas, y por eso el personaje se dibuja de muchas formas. Por otra parte, me parece que Wilson es el mismo Clowes, y de ahí las pistas en la portada: ese lápiz en el bolsillo, esa firma de Clowes con su fecha de nacimiento. En Ghost World hizo que Enid Coleslaw fuera un acrónimo de su nombre. Y tampoco me parece que sea fortuita la evolución de Wilson a lo largo del libro desde la posición de cínico misántropo a la de *** (leer libro), o las escenas del hospital, teniendo en cuenta la crisis de salud de Clowes y su operación de corazón. Pero como digo, en gran medida gracias a las distintas aproximaciones gráficas, evita que identifiquemos en demasía a Wilson con su autor o con un indivuo concreto.

Bodyworld yo lo he leído en papel (online no), y me ha parecido una pasada salvo porque al final parece que se desinfla. Realmente esperaba que de alguna manera atase las muchas ideas que va desperdigando y que además se multiplican con todos los recursos gráficos y narrativos novedosos. No digo que no me gustase, ¿eh?, que ya sé que el más mínimo comentario negativo parece un ataque frontal cuando se escribe en internet, pero al final la cosa fue como un polvo que acaba en coitus interruptus.

Robur dijo...

Yo estoy con David Muñoz, y por cierto Dash Shaw me parece mas interesante que Cloves o Tomime y casi que Ware. Lo que me aburre mas de estas historias de misántropos, y aquí casi que podemos incluir a Joe Matt que no se esconde en paralelismos, es que no hay ningún otro mensaje aparte del feismo humano del personaje. No se Tatsumi cuenta también historias pesimistas de la humanidad, pero hay algo mas detrás.

A mi Wilson no me llama, tras leer las paginas de internet me pareció un personaje de Tomime que se ha hecho adulto y tiene un crisis de identidad. Por cierto hablando de estos dos: no se parecen Dead Ray y la historia Bomb scare de Summmer blonde?

Pepo Pérez dijo...

Al poco de escribir mi comentario sobre las comparaciones del cómic con la literatura o con las artes plásticas, tal como decía yo, caí en la cuenta que tal vez, tal vez, tal vez : ), ya es hora de abandonar las comparaciones.

A mí también me parece que a Dash Shaw se le nota mucho que pertenece a otra generación. Está en otras coordenadas mentales que los Clowes-Ware-Burns,etc., y me parece que no piensa demasiado en el pasado del cómic, en sus tradiciones. Al menos es la sensación que me transmite cuando leo sus tebeos, y supongo que en gran parte por eso parecen tan marcianos y futuristas.

Joan Marín dijo...

Aún no he leído el Wilson, pero después de tantos años de seguir sus maravillas, cada vez más intensas, imagino que será formidable---
Este fin de semana me leeré el Body World, a ver qué tal.

Santiago: siempre he visto a la historieta como algo incomparable, que tiene su propio territorio y tradición (en mi mesa de dibujo tengo siempre el Thimble theatre!).
Pero no sé si te entiendo bien: ¿quieres decir que el único camino que nos queda, ya que el camino de Lutes y cia nos lleva a un callejón sin salida, es estudiar el lenguaje de los comics de prensa previos al cine y partir de sus hallazgos para desarrollar un nuevo lenguaje?
Y otra cosa que me viene a la cabeza: en la era de la interdisciplinareidad, ¿no es preferible un arte tránsfuga, contaminado, mestizo, sin complejos, que algo tan categórico que, inevitablemente, puede ser una sentencia de muerte para la creatividad y un desarrollo más profundo del medio?
No sé, son dudas, ¿tú que piensas?
Saludos!

Santiago García dijo...

Hola, Joan.

No, no es eso lo que he dicho. O por lo menos lo que he querido decir, puede que me exprese fatal.

Lo que he dicho es que ése es un camino que están explorando Ware, Clowes y Seth, entre otros, pero que menciono como figuras más representativas de la novela gráfica. Y que es un camino interesante y que está descubriendo muchas cosas, y que ya veremos hasta dónde llega.

Pero también he dicho que hay otros autores en otro rollo (algunos de los cuales me gustan muchísimo, he mencionado a Joe Sacco y Alison Bechdel, pero podríamos mencionar igualmente a Paul Pope, Yuichi Yokoyama, Eddie Campbell, Bastien Vivès y cien más, todos distintos). Y por último, que habrá que ver qué aporta gente nueva que venga con otras ideas, gente como Dash Shaw (y aún más, sus posibles seguidores, cuando lleguen... ¡que el chaval es un veinteañero!)

Puede que no me haya expresado con toda la claridad que yo quisiera, pero de verdad que no sé dónde he hablado de "único camino".

Esto está copiado de un comentario mío anterior:
"Ahora bien, que pueda haber otros caminos, claro que no lo niego, y de hecho estoy deseando verlos. Es lo que más me interesa de lo que vendrá, ver por dónde salen otros autores. Por ejemplo, ¿qué novelas gráficas -qué tebeos- harán historietistas que hayan empezado leyendo directamente a Joe Sacco o Dash Shaw o Ware? ¿Historietistas que no hayan pasado su infancia entera leyendo tebeos y que hayan llegado a la edad adulta como creadores sin un amplísimo vocabulario heredado del cómic comercial infantil? Entonces probablemente nos llevemos sorpresas. Pero todavía es muy pronto, no lo olvidemos. Esto apenas está empezando."

Y creo que mi post está escrito precisamente desde la duda o el escepticismo que me planteo con la lectura de "Wilson" sobre las posibilidades de esta forma de hacer tebeos para responder a las demandas cada vez mayores a las que se enfrenta la novela gráfica.

En cuanto al mestizaje, es un concepto peligroso, pero muy de nuestros días. En el caso concreto de la novela gráfica, es posible que forme parte consustancial de la esencia del cómic.

¿A qué te refieres con "algo tan categórico"? ¿Qué es ese algo que crees que puede ser "una sentencia de muerte para la creatividad"? Porque yo creo que si la creatividad ha sobrevivido a medio siglo de producción masificada y formulaica de aventuras dirigidas a un público juvenil que no dejaban resquicio para otra cosa, sobrevivirá a cualquier desafío nuevo que le presenten nuestros tiempos.

Joan Marín dijo...

Todas las dudas que tenía venían de la dualidad que planteas al final del post:

"""La cuestión entonces es: ¿la novela gráfica va a reclamar su propio territorio siendo más parecida a la novela y compitiendo con ella (y con el cine) cuerpo a cuerpo? ¿O la novela gráfica va a buscar su propio territorio, incomparable, partiendo de la tradición específica del cómic e inventando un arte completamente nuevo que leeremos como algo distinto?"""

No sé por qué, me daba la sensación que te posicionabas en la segunda opción, entendiéndola como la "única" o la más válida forma de avanzar. De ahí lo de "categórico"... Y me interesaba entender por qué!!

Ahora ya veo que me había equivocado en la interpretación! Gracias por aclarármelo!!!!!

Un abrazo
Joan

13 millones dijo...

Obra maestra absoluta

Santiago García dijo...

No está mal del todo, no :)

Daniel Bartual dijo...

¡Menuda pandilla os habéis juntado en este post! A ver si me leo el Wilson yo también que por lo que decís tiene buena pinta.