lunes, 26 de abril de 2010

UN DETALLE

El librito que ha publicado hace poco Mauro Entrialgo con el título El cementerio de la familia Pis (Blur, 2009) parece un mero detalle, pero a veces a los detalles hay que prestarles atención.
El cementerio de la familia Pis es, salvo por algún añadido, un facsímil de una de los libretas de notas que Mauro lleva siempre encima. Normalmente, los cuadernos de bocetos de los dibujantes de cómics se justifican para los lectores por el fetichismo de los objetos íntimos del autor (la reliquia) y se razonan por la admiración hacia la línea pura y espontánea y otro tipo de coartadas seudoartísticas de parecida catadura.
Afortunadamente, Mauro está a salvo de la admiración por el trazo y demás gestos carcas y, por el contrario, en su cuaderno lo que se puede vislumbrar en funcionamiento es más su cabeza que su mano. Lo cual quiere decir que aquí hay mucho Mauro, porque Mauro es el historietista más intelectual de España (y, aunque parezca absurdo tener que decirlo, lo diré, porque sé cómo se toman luego las cosas: ¡dicho sea sin ningún ánimo peyorativo!). Por compararlo con algo, este objeto se parecería más al cuaderno de bocetos de Art Spiegelman que publicó Mondadori que al típico sketchbook de Adam Hughes o Milo Manara.
Así pues, entre garabatos de superhéroes, monstruos, robots y chicas, se despliega un intelecto en perpetuo estado de alerta, que necesita estar narrándose el mundo a todas horas para ordenarlo, y que necesita ordenarlo para que no le devore.
Más que un accesorio, por tanto, esta especie de diario artístico (que tampoco es eso, al menos de forma expresa), es un género en sí mismo cuyo mecanismo de lectura hay que descubrir sobre la marcha. Parece liviano, pero es engañoso. Da para mucho, si se mira con un poco de paciencia. Y con el complemento del excelente prólogo de Raúl Minchinela (pocos textos introductorios tan atinados he leído recientemente) y la explicación posterior del propio Mauro, el objeto se acaba convirtiendo en... vaya, sí, un auténtico fetiche. Pero un fetiche que camina solo.

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