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lunes, 5 de diciembre de 2011

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 20: YO SOY LA NOCHE


(PARTE DEL CAPÍTULO ACCIÓN)

YO SOY LA NOCHE

BATMAN: THE ANIMATED SERIES

Primer episodio emitido el 5 de septiembre de 1992.

85 episodios de 25 minutos de duración en 5 temporadas (hasta 1997).

Una producción de Warner para el Fox Network. Productores: Alan Burnett, Eric Radomski y Bruce W. Timm. Edición de historias: Sean Catherine Derek. Tema musical: Danny Elfman. Música: Shirley Walker. Dirección de voces y casting: Andrea Romano. Intérpretes: Kevin Conroy como Batman; Loren Lester como Robin; Efrem Zimbalist como Alfred; Bob Hastings como el comisario Gordon; Lloyd Bochner como el alcalde Hill; Robert Constanzo como el detective Harvey Bullock; Melissa Gilbert como Batgirl; Mark Hamill como el Joker; Adrienne Barbeau como Catwoman; Paul Williams como el Pingüino; Richard Moll como Dos Caras; Ron Perlman como Clayface; John Glover como el Acertijo; Michael Ansara como Mr. Freeze; Diane Pershing como Poison Ivy; Roddy McDowall como el Sombrerero Loco.

La primera transformación de Batman en dibujo animado se produjo en 1968, cuando The Batman/Superman Hour se estrenó en CBS. Sin embargo, ésta, como otras versiones posteriores del Hombre Murciélago que fueron adaptadas a ese medio, fue una experiencia poco memorable. Para dar una idea del tono con el que solía tratarse al Cruzado Enmascarado, baste indicar que se dejó ver en episodios de Scooby Doo y que su siguiente intentona sería en el marco colectivo de Super Friends (1973, ABC), una especie de versión descafeinada de la Liga de la Justicia. Una serie con protagonismo estelar de nuestro héroe, New Adventures of Batman (1977, CBS) contó con las voces de Adam West y Burt Ward para dar vida al Dúo Dinámico, pero resultó tan poco memorable como las demás.

Visto el historial, hay que considerar que el aficionado al Señor de la Noche no tenía motivos para esperar que la versión definitiva de Batman llegaría precisamente a través de la animación, pero es eso lo que iba a ocurrir con el proyecto de Batman: The Animated Series que Warner puso en marcha para acabar de completar la explotación exhaustiva del personaje iniciada con la película de Tim Burton estrenada en 1989.

La serie de animación de Batman nació de la visión personal de Bruce Timm y Eric Radomski. Timm, que se había iniciado en la profesión en 1982 y que había trabajado con Don Bluth, explicaría pormenorizadamente cómo se gestó el proyecto: “A mediados de 1990 estábamos acabando con los Tiny Toons, y Jean McCurdy [vicepresidenta y directora general de Warner] celebró una reunión con el equipo, que se preguntaba qué sería lo siguiente. Ella nos dijo que íbamos a empezar a desarrollar nuevos proyectos, probablemente una serie sobre Batman. Me entusiasmé con Batman, me fui a mi mesa y me dije: “No quiero seguir haciendo Tiny Toons, quiero dibujar Batman.” Hice unos diseños de Batman que representaban a Batman tal y como yo siempre había deseado que fuera. En la siguiente reunión que tuvimos con Jean, le enseñé los dibujos y me dijo: “Es perfecto. Es exactamente el aspecto que debe tener.” Durante un tiempo no pasó nada, hasta que por fin Jean me dijo: “Me gustaría que Eric Radomski y tú elaboraséis una animación de Batman, porque los chicos de Warner no están completamente seguros de sacar esta serie.” Así que hicimos un promocional de dos minutos. Yo diseñé los personajes e hice el storyboard. Eric hizo los fondos. Ahí fue cuando se nos ocurrió la idea de hacer los fondos sobre papel negro. Eric pintó todos los fondos y luego los enviamos a unos estudios canadienses llamados Lightbox Animation, con los que Eric había trabajado en el pasado. Lo tuvieron terminado en aproximadamente mes y medio. Pensábamos que había sido todo una pérdida de tiempo, pero en realidad resultó que a todo el mundo le gustó tanto el promocional que Jean nos dijo: “Bueno, muchachos, sé que nunca habíais producido una serie, pero, ¿os gustaría producir una?” Y evidentemente, Eric y yo dijimos “Por supuesto.” Pero lo dijimos con ciertas reservas. Dijimos: “Bueno, todo depende de lo que queráis que hagamos. Si queréis que hagamos la serie como en el promocional, por supuesto que la haremos. Pero si queréis que hagamos un calco de la película, entonces no nos interesa.” Yo no quería que la serie fuese percibida como una copia barata de la película. Me gusta la película, pero para mí no era Batman. No era tal y como yo creía que debía ser. Una de las cosas más sorprendentes fue la poca interferencia que tuvimos por parte de Warner.

Y es que habría sido un pecado interferir en un trabajo realizado con un cuidado y una calidad tan exquisitos.

Los planteamientos de la serie quedaron claramente establecidos desde el principio. Decorados cuidadísimos inspirados en el art déco que acabarían siendo conocidos con el apodo cariñoso de dark déco, mucha atención a los detalles estéticos y respeto absoluto a la imagen más seria de Batman que se puede extraer de los comics. A pesar de que Timm defendió firmemente la independencia de la serie respecto a los proyectos cinematográficos, lo cierto es que las películas de Tim Burton están presentes en muchos detalles. El estreno de la serie se produjo el mismo año que Batman Returns, y evidentemente eso supuso alguna imposiciones por parte de la empresa. Así, por ejemplo, el Batman animado utiliza herramientas vistas en el cine, como el lanzaganchos. Sin embargo, esta circunstancia, lejos de perjudicar a los dibujos, los ha fortalecido, pues la serie de animación pronto se revelaría como una discriminatoria esponja capaz de absorber lo mejor que ha dado cada versión del Hombre Murciélago para ponerlo al servicio de una imagen integradora y superior al resto. Paul Dini, que pronto se convertiría en el más importante de los guionistas de la serie (y, junto al tercer productor, Alan Burnett, y los guionistas Michael Reaves y Martin Pasko, en el supervisor de guiones), sintetiza la visión que han dado de Batman: “En la serie, Batman es una amalgama de todas las personalidades que ha ido asumiendo a lo largo de su historia. Está más cerca del Batman de comienzos de los años 40, pero también tiene mucho de la versión “Señor de la Noche.” Vive bajo la sombra de la muerte de sus padres. Algo que nunca podremos tratar en la serie es cómo Bruce Wayne se convirtió en Batman como catarsis que le permitió enfrentarse a la muerte de sus padres.” Con un talento y una intuición geniales, Timm, Dini y el resto de su equipo han sabido purgar el lastre que arrastraba el personaje, seleccionar lo más aprovechable que se ha hecho con él en cualquier medio y refinar y mejorar lo que resultaba demasiado débil. Con una actitud que sólo se puede entender desde el apasionamiento, se han aproximado a cada situación y a cada personaje, han estudiado el modelo planteado por los comics y lo han respetado fielmente, siempre que fuera aceptable. Pero cuando había eslabones sueltos o cuestiones manifiestamente mejorables, han acometido sin titubeos la tarea de dotar de mayor consistencia a la situación o el personaje en cuestión, no para adaptarlo a sus propios caprichos, sino para fortalecerlo. Así, la mayoría de los villanos son muy semejantes a como los conocemos a través de los tebeos, pero en casi todos los casos poseen una historia, una justificación y unas motivaciones cuidadosamente elaboradas de las que a menudo carecen en su origen viñetero. Uno de los casos ejemplares probablemente sea el de Dos Caras, que durante años había sobrevivido en el cómic sin una justificación demasiado lógica para su división de personalidad y que en la serie televisiva protagoniza un apasionante episodio (doble, por supuesto) de intensidad psicológica inusitada para una serie supuestamente infantil.

Y es que no se trata sólo de que Batman: The Animated Series sea estéticamente fascinante, sino que en seguida sus guiones empiezan a adquirir una talla asombrosamente compleja y seria. La chiquillería cae rendida ante las emocionantes escenas de acción y las trepidantes aventuras, pero el espectador adulto pronto queda fascinado por una sucesión de historias inteligentes, sorprendentes y cargadas de resonancias dramáticas. Tandas de episodios como los protagonizados por Mr. Freeze, Dos Caras, Clayface y el Sombrero Loco impresionan por la sucesión de personajes trágicos y tristes que presentan, alejados del maniqueísmo de los malvados con afanes de dominación enfrentados al héroe imperturbablemente bueno. Estos son villanos repletos de matices y dudas, individuos situados en una posición desfavorable la mayor parte de las veces por un azar de la mala fortuna, a los que Batman debe someter ya que ni él ni su sociedad son capaces de ayudarlos.

Los lógicos límites de censura que plantea una producción destinada al consumo infantil televisivo son sorteados con extrema habilidad. Por ejemplo, el Joker, que evidentemente no puede ir provocando una carnicería en cada una de sus numerosas apariciones, resulta sin embargo tan estremecedoramente loco y peligroso como la mejor versión que se haya podido concebir de él, gracias principalmente a los complicados y absurdos planes que urde para él Paul Dini, su principal guionista. La “amiga” del Joker, Harley Quinn, es un diamante añadido por los dibujos al mito batmaniano, aunque sus reconstrucciones casi completas de personajes como Mr. Freeze han sido aún más provechosas. Varios episodios adaptan historias originales del cómic, en ocasiones respetándolas fielmente, en otras manipulándolas con soltura, o incluso mezclando elementos de unas con otras.

Repasando casi cualquier personaje, ambiente o escenario propio de Batman, nos encontramos con que la versión de The Animated Series es la mejor, superior en casi todo a cualquiera propuesta por los tebeos, por las películas o por la serie de TV de 1966. Las excepciones (el Pingüino, por ejemplo, no tiene nada que hacer frente al Danny DeVito de Batman Returns) son escasísimas, y probablemente provocadas por la necesidad de ceñirse a unos límites aceptables para el público infantil al que teóricamente va dirigido.

Dado el enorme éxito de la serie, pronto se estableció su autonomía de cualquier otra fuente externa (cine, comics), para pasar a convertirse, de hecho, en una de las fuentes principales que imitan las versiones de Batman en otros medios. DC no tardó en sacar una colección de comic books realizada en el estilo de los dibujos (pero que no adapta episodios televisivos, sino que produce historias originales) que continúa activa tras varias encarnaciones y cambios de título. En varios especiales de estas colecciones de comics hemos visto muestras de las maravillas que son capaces de hacer Timm, Dini y otros de los profesionales de la animación (Murakami, Del Carmen) cuando se aplican a las viñetas.

En diciembre de 1993 se estrenó en los cines Batman: The Mask of the Phantasm, que sería el primer largometraje de animación de Batman. A pesar de contar con mayores medios que los episodios semanales, sin embargo no resulta tan inspirado de guión, y queda lejos de los mejores momentos de la serie. Una segunda película, realizada directamente para el video doméstico y titulada Batman & Robin: Sub-Zero tiene como protagonista a Mr. Freeze, aprovechando el tirón del personaje provocado por la interpretación de Arnold Schwarzenegger en Batman & Robin. Sub-Zero, que se anunció en primera instancia para el verano de 1997 (coincidiendo con la segunda película de Schumacher), fue retrasado más tarde hasta el otoño, y a la hora de redactar estas líneas aún no ha sido publicada, con una nueva fecha anunciada para marzo de 1998. En teoría, debería haber encajado entre el final del Batman: The Animated Series y el inicio de la nueva época de la producción, en la cual cambia de diseño, de mentalidad y de canal.

En efecto, a partir del 4 de octubre de 1997, Batman pasa a emitirse a través de Kids’ WB!, el canal infantil de Warner. El traslado ha supuesto una remodelación completa de la serie. Para empezar, se insertará dentro de una programación conjunta con los dibujos animados de Superman, titulada The New Batman/Superman Adventures, que se abre con tres episodios protagonizados por ambos héroes, titulados, como es lógico World’s Finest, y de los que existe una adaptación al cómic. Pero este Batman y su entorno ya no serán los mismos que durante 5 años hemos conocido. Timm ha rediseñado todos los personajes, estilizando mucho más los trajes y figuras, y el mismo tono argumental se ha modificado. Ambientada algunos años después de Batman: The Animated Series, The New Adventures of Batman ve cómo Dick Grayson se ha convertido en Nightwing, y Tim Drake es el nuevo Robin (aunque con un origen inspirado en Jason Todd). Ellos dos, junto a Batgirl (Barbara Gordon, la hija del comisario, anteriormente sólo presente de forma esporádica) completan el grupo que compartirá el estrellato con Batman, para enfrentarse con mayor frecuencia a grandes supervillanos que relegarán a un segundo plano a los gángsters y mafiosos de la época anterior. Según Dini, “No pretendemos de ninguna manera imitar lo que Joel Schumacher hace en las películas, pero hay una semejanza en tanto en cuanto que sus películas ponen el énfasis en los villanos y en grandes escenarios.” Quizás para compensar este tono más ligero y el extremo colorido de la galería de enemigos, el nuevo diseño de Batman es notablemente más oscuro que el antiguo, emparentando directamente al personaje con el que era en 1939, o incluso con la versión de The Dark Knight Returns.

Depare lo que depare esta nueva versión del Batman animado y sus posibles secuelas (se habla de una nueva película de venta directa en video cuando aún no ha salido Sub-Zero), lo indiscutible es que el trabajo de Timm, Dini y el resto de su equipo ya ha dejado uno de los momentos cumbre y una de las referencias más admirables dentro de la compleja y multifacética trayectoria de los Cruzados Encapuchados.

lunes, 31 de octubre de 2011

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 15: ¡ES BUENO PARA LOS NIÑOS!


(PARTE DEL CAPITULO SESENTA AÑOS DE TEBEOS)

¡ES BUENO PARA LOS NIÑOS!

El año decisivo para definir completamente el rostro del Batman que ahora conocemos será 1992. En ese año se acumulan acontecimientos fundamentales. El primero y más destacado, lógicamente, es el estreno de Batman Returns, la secuela de la primera película, la mejor de las cuatro y la que supuso un enfriamento del entusiasmo de Warner con su nuevo juguete, al mermar sus facultades recaudatorias. Ese mismo año se inicia la emisión de Batman: The Animated Series, producida por la Warner y emitida por el Fox Network. Contando con los talentos de Eric Radomski, Alan Burnett y Bruce Timm como productores y cabezas visibles de un grupo de profesionales extraordinarios, esta serie de animación marcará un nivel de calidad altísimo y pondrá otro escalón más en el camino hacia las nubes de Batman, cuya imagen se multiplica por momentos, con el añadido de que ofrece diversos perfiles según donde se proyecte. DC se animará a lanzar otros dos títulos al mercado protagonizados por el Señor de la Noche. Uno de ellos es una secuela de la serie de animación: The Batman Adventures, cuyo número 1 sale a la venta en octubre de 1992 y que no sólo imita perfectamente el estilo caricaturesco de los episodios televisivos, sino que no tardará mucho en demostrar niveles de calidad comparables al ofrecer guiones deliciosamente ingeniosos y divertidos y dibujos depurados, esenciales. En parte, no deja de ser un regreso provechoso a las fuentes clásicas de DC, esos limpios tebeos de los años 50 y 60 cargados de argumentos férreamente construidos y con caracterizaciones sencillas pero lúcidas. The Batman Adventures, siguiendo los pasos de su modelo televisivo, cerrará en el nº 36 (octubre 1995), para volver a la carga como Batman & Robin Adventures, que durará otros 25 números (1995-1997), hasta ser reemplazada por una miniserie (The Batman Adventures: The Lost Years) que sirve de prólogo a la tercera colección mensual, con inicio en abril de 1998. El motivo de estos cierres y posteriores inauguraciones está en el intento de reflejar las sucesivas temporadas y cambios de nombre de la serie televisiva. En sus distintas encarnaciones, este maravilloso tebeo ha visto pasar a profesionales de la televisión y algunos de los mejores talentos del comic book: Kelley Puckett, Ty Templeton, Rick Burchett, Paul Dini, Brandon Kruse... Lamentablemente, el dibujante habitual de la primera serie, Mike Parobeck, murió en 1996 a los 31 años como consecuencia de unas complicaciones diabéticas, viendo así cortada una prometedora carrera que precisamente empezaba a emerger gracias a este trabajo. Especialmente recomendables son los extras y “Annuals”, que suelen contener trabajos de algunos de los genios de la animación, como el guionista Paul Dini o los dibujantes Bruce Timm, Glen Murakami y Ronnie del Carmen. De hecho, el multipremiado especial Mad Love (1994) se distingue señaladamente como uno de los mejores tebeos de Batman de todos los tiempos. El éxito de esta versión aparentemente infantil del Hombre Murciélago ha sido aprovechado por DC para lanzar varios títulos en el mismo tono caricaturesco, como Superman Adventures, Adventures In The DC Universe, Young Heroes In Love, y por otras editoriales para probar suerte con proyectos semejantes (Marvel no ha tardado en imitar la fórmula) hasta el punto de que en la actualidad podemos hablar de una tendencia de comic books con estilo “cartoon” nacida a partir de Batman Adventures.

El otro título nuevo es Shadow of the Bat, que empieza en junio de 1992, y no plantea en principio ningún rasgo que lo distinga de Batman y Detective, excepto si nos fijamos en cuestiones superficiales, como son las portadas, pintadas por Brian Stelfreeze (hasta el nº 49) o cierto propósito original, que pronto se abandonó, de realizar sagas en 5 episodios al estilo de las de Legends of the Dark Knight, pero integradas en la continuidad regular del personaje. Con la partida de Norman Breyfogle tras el número 5, Shadow of the Bat ha visto ir y venir a un buen puñado de dibujantes, entre los que merece la pena destacar a Bret Blevins, que permaneció varios meses, y a Tim Sale y John Paul Leon, que han realizado intervenciones puntuales pero altamente apreciables. El más reciente y prolongado dibujante fijo de la serie es el más bien mediocre Dave Taylor, que inició su trabajo en el nº 50 (mayo 1996). Dado que ninguna excusa argumental dota a Shadow of the Bat de diferencias notables respecto a sus dos colecciones hermanas, cabe señalar que el elemento característico que ha ortorgado personalidad y unidad al título ha sido la presencia ininterrumpida de Alan Grant como guionista. A la hora de redactar estas líneas, Grant cumple 67 números consecutivos escritos en Shadow of the Bat, y nueve años y medio (desde febrero de 1988, cuando empezó en Detective Comics) dedicado al murciélago, lo que le convierte ya en uno de los guionistas históricos del personaje. Claro que tampoco parece que le cueste demasiado: “No me gusta decir esto, porque Batman es el personaje más importante en el que trabajo, pero es muy fácil escribirlo, porque me encanta -reconoce Grant.- Es mi ídolo desde que tenía 5 años. No es difícil hacerlo, porque no tiene que ser necesariamente el centro de las historias. Las historias tienen que hablar de Gotham City tanto como de él. Para mí, el único genio del cómic es Will Eisner. Cuando escribía The Spirit, sus guiones tenían resonancia, porque hablaba de la gente. Aunque no he crecido con él, el trabajo de Eisner me ha influido mucho.

Tan importante como el arranque de las dos nuevas cabeceras es el hecho de que en 1992 se establecerán los equipos creativos que cinco años después siguen al mando de Batman y Detective Comics. En la primera colección, regresa Doug Moench (a partir de Batman 481, julio 1992), que ya había escrito la serie durante una extensa etapa en la primera mitad de los ochenta, y tras compartir labores con el eterno Jim Aparo, pronto encontrará su media naranja artística. El extravagante Kelley Jones empieza a realizar las portadas en Batman 491 (abril 1993), y en Batman 515 (febrero 1995) amplía sus deberes también al interior. Su particular estilo parte hacia terrenos alejados del superhéroe convencional: “A mediados de los ochenta no había nadie que se tomara el terror en serio, con las excepciones de Steve Bissette y John Totleben, y en aquellos momentos ni tan siquiera ellos estaban haciendo gran cosa -observa Jones-. Me pareció que era un mercado con posibilidades, y que nadie sentía el más mínimo interés artístico hacia él. Bueno, yo siempre había querido trabajar en el terror. Todo el mundo se dedicaba a los mutantes o los superhéroes, cosa que entiendo porque es donde se puede ganar más dinero; pero yo siempre había estado convencido de que si podía demostrar que era capaz de hacer algo bueno con el terror existían muchas posibilidades que se podían explotar. Había un montón de personajes y títulos esperando ser dibujados y nadie quería explotar ese filón. Muchos guionistas se han labrado su reputación con el terror, pero aparte de mí no recuerdo a ningún otro dibujante que se haya hecho famoso gracias a esos títulos “raros”, lo cual me encanta, aunque no me limite al terror. Puedo dedicarme a la ciencia ficción y a los superhéroes, pero creo que sigue habiendo una falta de atención al terror. Moench y Jones habían producido un par de proyectos especiales de ambiente fantástico-mágico en los que combinaban elementos vampíricos y esotéricos con los personajes y motivos de Batman. Aunque Batman/Dracula: Red Rain, Bloodstorm y Dark Joker: The Wild son obras más efectistas que sustanciosas, gozaron de un éxito notable, y forjaron lazos creativos entre Moench, Jones y el entintador Beatty que el trío pronto quiso renovar. “En cuanto me enteré de que Lluvia Roja era un proyecto Elseworlds, pensé que podría cambiar algunos elementos del mundo de Batman que no me gustaban, como el Batmóvil. Me gusta que sea pequeño y redondeado, como un coche de carreras de los años 30; y en cuanto a la Batcueva, prefiero que sea más parecida a una caverna y que tenga montones de columnas enormes. Siempre me la había imaginado así, y descubrí que Doug Moench compartía mis ideas. Cuando recibí el guión, en seguida me di cuenta de que había una historia que encantaría a los fans de Batman, y vi también que había otros elementos que me atraían. Batman es un auténtico personaje de terror... no es un superhéroe. Si tiene que golpear a alguien, eso significa que no está haciendo bien su trabajo. Yo lo veo como un personaje puramente intimidatorio, y así lo dibujo. Lluvia Roja era una gran historia para Elseworlds, pero tenía el problema de que iba a venderse a un precio bastante alto, así que me esforcé al máximo para que nadie pudiera sentirse estafado. Cada vez que Batman hacía algo, tenía que procurar que resultara lo suficientemente espectacular. La duda de si Jones podría soportar el ritmo de entrega de 22 páginas mensuales, acostumbrado a recrearse en su recargado estilo cuando tiene tiempo de sobra para realizar proyectos fuera de serie, quedaría resuelta de manera gratamente sorprendente. Kelley Jones no sólo ha conseguido entregar puntualmente -obligando a DC en muy pocas ocasiones a recurrir a dibujantes de relleno que han resultado tan afortunados como Eduardo Barreto o J. H. Williams III-, sino que ha rendido a un nivel muy superior al de sus celebradas y lujosas obras “de biblioteca”. Irregular y proclive a que la narrativa sirva a sus propias obsesiones ilustrativas, Jones no obstante ha dotado a Batman de una imagen particular e inconfundible, en la que se asientan desordenada y furiosamente ecos de Michael Golden y Berni Wrightson barnizados con un toque único y original. Moench, en una demostración de clarividencia, ha insuflado viento en las velas de Jones ofreciéndole una colección de guiones que, aunque predecibles, juegan a recuperar los monstruosos archivillanos de Batman, que son reinterpretados en el carnaval macabro de una Gotham City a mitad de camino entre la pesadilla y el cuento de hadas.

Mientras tanto, en Detective Comics, 1992 ve establecerse al equipo Chuck Dixon-Graham Nolan. Dixon, que había escrito un episodio unos meses antes, recibe el encargo mensual a partir del 644 (mayo 1992), y poco después se le une Nolan (Detective 650, septiembre 1992), que al mes siguiente empezará a ser entintado por Scott Hanna, su más frecuente colaborador. Dixon (1954) es un profesional en el más estricto sentido del término. Poco destacado como fabulador y escasamente introspectivo, Dixon produce guiones-fórmula de alto rendimiento comercial, convencionales y repletos de acción de principio a fin. El mismo Dixon, que es uno de los guionistas más prolíficos del comic book americano de los 90, describe así su estilo: “Siempre pongo tres escenas de acción. Siempre abro con acción, pongo algo de acción en el medio y cierro con acción. Nunca hay una, ni dos, ni cuatro. Tres.” Emparejado con el dibujante Graham Nolan (1962), parece haber dado lo mejor de sí mismo. Nolan, que suele ser entintado por Scott Hanna, es el sueño de cualquier editor de títulos batmanianos. Recoge el hilo de la “verdadera tradición Neal Adams” interpretada por Jim Aparo y cumple con la misma formalidad que éste. De hecho, Nolan es el relevo natural de Aparo, con el cual mantiene ciertos puntos de contacto que, no obstante, no ocultan su personalidad y sus propias y abundantes virtudes narrativas. Mientras que Moench-Jones se ocupan de explorar el lado más moroso de Gotham City y la vertiente enfermiza de sus archicriminales, Dixon-Nolan cubren la parcela de aventura hiperdinámica con un tono muy elogiable.

Mis tres hombres principales -dice O’Neil refiriéndose a Grant, Dixon y Moench-. Creo que son los tres mejores profesionales del negocio, y no es un accidente que estén trabajando para mí. Por encima de todo y antes que nada, son narradores que han elegido trabajar en este medio, en vez de personas que les gustan tanto los tebeos que tenían que dedicarse a ellos fuera como fuese. Comprenden la responsabilidad de ser un escritor profesional, y los tres son buenos en todos los elementos de Batman: atmósfera, acción, misterio y algunos elementos de trabajo detectivesco.

Responsables principales del destino del Cruzado Encapuchado durante los 90, estos profesionales no han acaparado sin embargo todo el producto batmaniano que DC ha puesto en el mercado durante la última década del siglo. Entre éste hay que contar un torrente de volúmenes “Prestige” y novelas gráficas dedicadas a versiones alternativas de Batman, los llamados “Elseworlds”, que no son sino las “historias imaginarias” de los años 50 con moldes actualizados, y que nos acercan a un Batman ambientado en el siglo XVIII, en el año 3000, y en una abundancia de escenarios imaginarios. También han menudeado los encuentros del Señor de la Noche con personajes de otras editoriales, en una práctica comercial repetida con profusión por las editoriales ante la monumental crisis de público que arrasa al comic book yanqui. Si en más de medio siglo Batman sólo se había permitido la frivolidad de encontrarse con un personaje de Marvel en una ocasión (Batman/Hulk, 1981), ahora ya se ha tropezado con Spider-Man, con el Punisher y con el Capitán América, en esta última ocasión beneficiándose de uno de los más disfrutables trabajos recientes del decaído John Byrne. También se ha encontrado con Spawn, la estrella de Image creada por el ex-dibujante de Detective Comics Todd McFarlane, con el superpolicía británico Juez Dredd y con los cinematográficos Predator y Aliens. Son las esclavitudes que imponen los tiempos.

DC ha extraído distintos frutos del árbol del murciélago, intensificando su política de explotación a partir de 1991, cuando se publicó la primera miniserie de Robin. Visto que Tim Drake funcionaba en el balance de fin de mes, el tercer Prodigio Juvenil volvió a la carga en otras dos miniseries hasta recibir su propio título mensual. Con guiones de Chuck Dixon y dibujos del eficaz Tom Grummett, el brillante Mike Wieringo y el deleznable Staz Johnson, Robin (1993) ha conseguido defenderse en el quiosco hasta el momento actual. Pronto le han seguido otros enmascarados de Gotham. Catwoman (1993), que había gozado de una miniserie en 1989 en la estela del Year One, se relanza como superladrona de alta tecnología en su propia colección, por la que han pasado guionistas consagrados como Doug Moench y Chuck Dixon, profesionales del montón como Jo Duffy y promesas de estrella como Devin K. Grayson, pero que se ha visto lastrada por los dibujos del insufrible Jim Balent, quien, a pesar de sus manifiestas deficiencias de todo orden, incomprensiblemente goza de cierto predicamento entre los fans adolescentes y filomamarios. Ahí no acabaría la cosa, Sword of Azrael (1992-93) sería la miniserie que, exquisitamente dibujada por Joe Quesada, presentaría al personaje que durante un año iba a calzarse la capucha de Batman. Retirado del oficio más duro de Gotham, Azrael (1994) recibió también su propia serie mensual. Ya en esta tesitura, resultaba clamoroso que precisamente Dick Grayson, el primer discípulo del Señor de la Noche, no gozase de su propia colección, injusticia que se remedia en 1996, cuando debuta el título mensual de Nightwing después de la conveniente miniserie de prueba. Gracias a un convincente trabajo de Chuck Dixon (otra vez) y a los pirotécnicos dibujos de Scott McDaniel, Nigthwing se ha convertido en un modesto éxito.