viernes, 18 de noviembre de 2011

CON LOS DEDOS



Chris Ware ha publicado una historieta sólo para iPad. Ha aparecido amparada bajo la aplicación de McSweeney's por el precio de 99 centavos de dólar, y no está disponible en otro formato. Ni en papel, ni en digital. Ni siquiera para iPhone, sólo para iPad.

Se titula Touch Sensitive y es (ninguna sorpresa aquí) una historia de soledad y alienación protagonizada por una mujer común de nuestros días, con el añadido de una coda fantástica. Aunque sé que muchos piensan que Ware es lo más triste del mundo, deberían plantearse que hay un humor, aunque sea ácido, en alguien que dibuja una historieta a partir de un concepto desarrollado hasta sus últimas consecuencias en Seinfeld: «la palmadita de la muerte». Habrá quienes sepan de qué hablo. Los demás, que sigan siendo felices.

Enfrentado a la pantalla del iPad (no del ordenador), Ware ha abrazado (utilizo el término con toda la intención) las cualidades táctiles del dispositivo de Apple para hacer una historia que explota en toda su extensión el interfaz dactilar y que a su vez es una reflexión sobre el contacto físico en nuestros días. La paradoja que vivimos es que las nuevas tecnologías aumentan nuestro grado de interconexión personal al mismo tiempo que parece reducirse el físico. La pantalla es ahora lo único que tocamos, y a través de ella tocamos a los demás, y parece que la proyección es que esta tendencia vaya a más en el futuro.

OK, tal vez no sea el mensaje más sutil que ha introducido Ware en sus historias, pero lo que aprecio en Touch Sensitive es la voluntad por crear un relato específico para el medio que está utilizando. Para Ware habría sido fácil limitarse a dibujar una historieta más y dejar que la digitalizasen y adaptasen al iPad siguiendo las convenciones que ya se han desarrollado en la industria para el tratamiento del cómic, y que básicamente consisten en que hay dos forma de leer cómic digital: a página completa, en imitación literal del libro tradicional, o desplazándose con cada toque de viñeta a viñeta, en imitación del movimiento del ojo. O sea: lo tabular y lo lineal. Pero precisamente Ware es alguien que a lo largo de toda su carrera ha demostrado la importancia que para él tiene la materialidad en sus cómics. El cómic no es sólo contenido, es también forma y es también objeto, y por tanto lo que haga en el iPad no puede ser lo mismo que haga sobre el papel.

Y efectivamente, Touch Sensitive no es trasladable a otro soporte que no sea el iPad, el soporte táctil. Algunos amigos me han pedido que se lo pasara convertido a jpgs, o convertido a vídeo, o a flash, o a algo que permita verlo fuera del iPad. Pero eso no es posible, y no por limitaciones técnicas, sino porque sólo pasando la mano por la pantalla puede cada lector individual leer esta historia.

Ware no se limita a hacer que con nuestra mano recorramos las páginas hasta agotarlas y pasar a la siguiente, que es lo convencional, como digo, y que es, añado, un método muy rudimentario de trasladar la experiencia del cómic a la pantalla táctil. Ware hace que la página se vaya desplegando ante nuestros ojos a medida que la exploramos con nuestros dedos, y que los dibujos se superpongan unos a otros, ocultándose sucesivamente. Por ejemplo, en la primera página, lo primero que nos encontramos es esto:

Cuando tocamos, aparecen algunos elementos más:



Y cuando volvemos a tocar, esos elementos desaparecen debajo de los nuevos:



Es decir: hay varios dibujos que ocupan el mismo espacio plano, lo que introduce la sugerencia de un espacio con una dimensión más de la que permite el papel. Un espacio con dimensiones superpuestas como sedimentos o veladuras que vamos corriendo y descorriendo con la mano.

Aún más: no hay un modo normalizado de «manejar» la página. Ésta viene sin instrucciones. No sabemos si tenemos que tocar una o dos veces en el espacio en blanco, si tenemos que barrer de izquierda a derecha ni de derecha a izquierda, dónde están los puntos calientes que van a producir una reacción y dónde no vamos a conseguir que pase nada por mucho que toquemos. Eso produce una sensación de sutileza -la misma que algunas leves infraanimaciones- y de inseguridad. Nunca tenemos la certeza de que hayamos conseguido descubrir todo lo que había en la página, de que hayamos podido acceder a todo lo que se ocultaba dentro de ella. ¿Y si nos hemos dejado alguna viñeta, alguna secuencia por revelar? Es decir: tal vez no hayamos tocado de forma adecuada la historia, y eso hace que la historia no nos haya dado todo lo que podía darnos.

En este otro ejemplo, lo que vendría a ser una doble página en un tebeo convencional se convierte en un espacio a recorrer no sólo visualmente, sino físicamente, pues la imagen se desplaza a medida que la movemos con nuestros dedos. Lo que reproduzco a continuación nunca lo vemos en el iPad, porque la pantalla nunca lo abarca completamente, sólo fragmentariamente. Como en un rollo japonés, tenemos que viajar horizontalmente por el decorado:


Ante una interfaz háptica, Ware ha decidido abrazar la tactilidad como un elemento que sumar a lo óptico, lo cual es una decisión valiente en un autor que se ha caracterizado siempre por la absoluta planitud de su universo gráfico. Pero es que Ware ha entendido que el cómic digital es algo más que la digitalización de las páginas de cómic. De hecho, la sensación final que tengo no es exactamente la de estar leyendo un cómic, pero sí la de estar disfrutando de una obra de Chris Ware.

Y ésta es la gran barrera que tiene que superar en el futuro inmediato el cómic digital: encontrar su propio camino y explotar las nuevas posibilidades, la nueva poética que le ofrece la pantalla. O mejor aún, las diferentes pantallas, porque no interactuamos de la misma manera con una pantalla de ordenador que manejamos con el puntero del ratón que con una pantalla táctil, ni con una pantalla táctil de 3,5" y con una pantalla táctil de 9,7". El cómic digital necesita salir de ese estupor que a veces parece comparable al pictorialismo de la fotografía del XIX, empeñada en continuar el camino de la pintura, como si sólo fuera una evolución de ésta y no otra cosa. Parece improbable que Ware repita muchas experiencias en este campo, pero con Touch Sensitive el Cerebro de Chicago da muestras, una vez más, de que si aplicara toda esa energía mental al cómic digital, podría darle la vuelta en dos patadas, como se la ha dado al cómic en papel.

3 comentarios:

Manel dijo...

Igual digo una tontería porque tecnológicamente estoy en las cavernas, pero me da como la impresión que esto que cuentas, más que poner en peligro al libro, lo devuelve, de alguna manera, a su sitio. Muy a grosso modo, ¿eh?

javier Olivares dijo...

La verdad es que yo llevo bastante tiempo pensando en esa dirección... Planteándome que aún tenemos los cerebros configurados en la época pre-digital y que nos parece un reto eso de trabajar para otro medio, para otro formato y empezar a pensar, no en superficies sino en espacios, y además teniendo en cuanta todas las posibikidades de un dispositivo digital. Y ahora veo que Ware ha conseguido usar de forma narrativa el soporte. Y es lo que apunta Manel, en el momento que leamos en los soportes digitales y estos se usen de forma radicalmente diferente que los libros, los libros tendrán ya sus características propias bien definidas y su nombre los definirá solo a ellos, y entonces imagino que habrá que inventar palabras nuevas para nuevas formas y soportes de lectura.
Que bien que tenemos a Ware, allanándonos el camino!

Santiago García dijo...

Ahí está el tema, exactamente. Cada cosa es cada cosa, y de la misma manera que la fotografía no acabó con la pintura y el cine no acabó con el teatro, el cómic digital no tiene por qué acabar con el cómic (tradicional). La cuestión será que los artistas empiecen a utilizar la imaginación para descubrir un medio nuevo, y no un simple soporte para distribuir un medio ya existente. Y entonces cada cual sabrá a qué juega y cada cosa tendrá su valor.

Pero ahora, ahora nos toca vivir la confusión. La emocionante confusión.