viernes, 4 de julio de 2014

FÚTBOL. LA NOVELA GRÁFICA


Hoy sale a la venta Fútbol. La novela gráfica, el tebeo que he hecho con Pablo Ríos y que publica Astiberri.

Como con todos los estrenos, me muero de ilusión, de emoción y de muchos más sentimientos acabados en ón. Aunque llevo unos meses de publicaciones numerosas, cada vez que uno saca algo nuevo se siente levitar un poquito, casi levemente intoxicado.

La última versión del guión de Fútbol tiene fecha del 9 de septiembre de 2013. O sea, de hace apenas nueve meses. Ha sido un trabajo rápido, aunque podríamos decir aquello de que Pablo y yo hemos necesitado toda una vida para ser capaces de hacerlo. Toda una vida de hinchas, por supuesto.

Si existe Fútbol es gracias exclusivamente a Pablo Ríos. Suyos fueron la idea, la ilusión, el empuje, la constancia, el tesón y el talento necesarios para sacarlo adelante. Aunque habíamos bromeado algunas veces con la posibilidad de colaborar en un cómic sobre nuestra pasión balompédica, la idea seguiría flotando en el aire sin resolución, como tantas otras ideas, si Pablo no se hubiera empeñado en sacarla adelante a toda costa. Él fue quien insistió, insistió e insistió, como un defensa marcador de esos pesados que no te deja solo ni para ir a mear. Al final, para quitármelo de encima, tuve que decirle que sí, que vale, que venga, que lo hacíamos ya.


Pablo Ríos, marcador implacable.

Tengo que reconocer que Fútbol me atraía, pero a la vez me asustaba un poco. Este tebeo planteaba uno de los problemas más complicados a los que me he enfrentado hasta ahora como autor de cómics. No teníamos modelos, no teníamos un camino que seguir. No había ningún cómic sobre fútbol que pudiéramos utilizar como guía para saber cómo contar nuestra historia.

Ni siquiera sabíamos cuál era nuestra historia.

Por supuesto que ha habido tebeos sobre fútbol anteriormente. No demasiados, si tenemos en cuenta la popularidad mundial del deporte y que el público mayoritario de los tebeos era el mismo que el del fútbol: jóvenes varones. Pero todos esos antecedentes pertenecían a la tradición del cómic juvenil comercial y no nos servían de referencia. En la novela gráfica contemporánea no teníamos nada a lo que agarrarnos. Llegamos a preguntarnos: ¿acaso el fútbol es novelagraficable?

Lo es, por supuesto, y si para algo ha servido este año es para confirmarlo, con la publicación de obras como Dream Team de Mario Torrecillas y Artur Laperla o La mano de Dios, de Paolo Castaldi. Pero eso nosotros no lo sabíamos entonces. Estábamos buscando cómo entrar en el tema y la respuesta no parecía evidente.

La respuesta, como casi siempre, apareció en un sitio inesperado: Ben Katchor me dio las claves para meterle la mano al fútbol. En libros como The Cardboard Valise o Hand-Drying in America estaba ese tono entre cotidiano y mágico, histórico e íntimo, que yo entendía que era el único tono asumible para una historia que aspiraba a no ser nada y serlo todo. Katchor también me enseñaba cómo se pueden engarzar historias diferentes en un continuo fluido y sin límites rígidos, donde el hilo conductor entrara y saliera de los relatos sucesivos y estos mantuvieran su propia entidad al mismo tiempo que se enroscaban los unos sobre los otros. El impacto de Katchor sobre esta primera aproximación a Fútbol fue tan grande que por un momento quise organizar el cómic a base de tiras cerradas, como las que hace el dibujante neoyorquino.

Cuando miro ahora Fútbol, creo que además de la de Katchor también he recibido la ayuda de Eddie Campbell (esto me lo señaló el propio Pablo) y hasta del Paco Roca de Memorias de un hombre en pijama. No recuerdo a ninguno de estos autores dibujando historias sobre fútbol, pero es que a veces hay que abrir cajones a lo loco para encontrar las herramientas que uno necesitaba y no sabía dónde estaban.

Y no olvidemos, por supuesto, la otra influencia crucial, la del propio Pablo Ríos, cuyo Azul y pálido fue el pasaporte que utilicé para introducirme en su mundo.

Esto era el cómo contarla, pero, ¿de qué historia estábamos hablando? Desde el principio tuve clara la intención de contar diversas historias. Una de ellas, de hecho, la tenía escrita desde 2005. Se titulaba «120» y la hice para Manel Fontdevila, como parte de una batería de guiones que produje cuando nos planteamos hacer una historieta juntos para El Jueves. Todos quedaron inéditos, pero Manel llegó a dibujar parte de «120», aunque no la terminaría.

«120», por Manel Fontdevila

Aquel «120» acabaría renaciendo en las páginas de Fútbol. Y otro de aquellos guiones, por cierto, daría lugar a Tengo hambre diez años después, como los lectores de este blog bien saben.

Partiendo de esa intención, empezaron a aparecer personajes, historias, escenas, ideas... El conjunto era tan diverso que sólo se le podía dotar de cierta coherencia robando un poco de esa magia narrativa del maestro Katchor de la que he hablado antes. Muchos de los primeros borradores no llegaron a prosperar. Como suele pasar, algunas de las primeras ideas, algunas de mis favoritas, de las que más ganas tenía de hacer, no han llegado finalmente al libro. Sencillamente, no encajaban. En los primeros bocetos de Pablo queda la huella de aquellos caminos abandonados.


Primeros bocetos de «Fútbol» por Pablo Ríos

Fútbol es el tebeo más personal que he publicado hasta ahora. Cualquiera que lo lea pensará probablemente que tenía una intensa necesidad de ponerme en primer plano. Nada más alejado de la realidad. Si Fútbol es mi tebeo más personal, eso es responsabilidad de la otra persona que lo ha hecho conmigo.

Cuando mandé el primer guión de Fútbol a Pablo, no incluía ninguna indicación sobre el narrador anónimo del libro. Pablo podía dibujarlo como quisiera, a su aire, darle la apariencia que le pareciese mejor. A mí eso me daba lo mismo.

Cuando Pablo me devolvió las primeras páginas dibujadas, me llevé la sorpresa de ver que había puesto mi cara al narrador. De pronto, me veía a mí mismo hablando desde las viñetas.

Entendí el mensaje, y entendí que Pablo había sido más sabio y valiente de lo que yo había sido capaz de ser. Me entregué y dejé de resistirme. Reescribí el guión aceptando que tenía que ir más allá de lo que había ido en aquella primera versión. Tenía que entrar en cuerpo y alma en Fútbol si quería que el libro estuviera vivo.

Porque o el fútbol lo es todo, o no es nada.

Y de esta incursión en lo desconocido ha salido finalmente una obra muy peculiar que significa mucho para mí, y que debo totalmente a Pablo y su coraje, su inteligencia y su pesadez, por qué no decirlo también. Éste es su libro, y le agradezco que me invitara a acompañarle porque no me imaginaba que la experiencia pudiera ser tan extraordinaria para mí.

Pero, una vez llegados hasta aquí, ahora lo que queremos Pablo y yo es que este libro sea de cada una de las personas que están ahí fuera y sienten en el bolsillo 16 euros que les queman, que les molestan, que les incomodan. Salgan a las calles, tomen las librerías, busquen montones de objetos rectangulares como los que aparecen reproducidos al final de esta entrada.

Agoten el Fútbol. Acaben con el Fútbol.

Venga, hombre. Ya.