martes, 25 de septiembre de 2012

UNA BARBARIDAD (AMERICANA)


Esto no es de la SPX, pero podría serlo, porque allí también estaba Tom Scioli, con su propia mesita cubierta de sus cómics a la venta. Pero no, American Barbarian (Adhouse, 2012) es una de las lecturas que dejé pendientes de comentar antes de irme de viaje viñetero a Colombia y Bethesda y que quiero recuperar brevemente ahora porque es de justicia reconocer un tebeo que te ha hecho pasar un buen rato.

A Scioli lo mencioné al escribir sobre «Los primitivos cósmicos», y hay que decir que en él es evidente un impulso nostálgico moderno por recuperar un tipo de relato ingenuo y premoderno. Algo así intentó en Godland (Image), la serie que ha realizado desde 2005 junto al guionista Joe Casey y que ahora está llegando a sus capítulos finales. Godland era un monumental pastiche de Jack Kirby, y especialmente del Kirby de los 70, donde se mezclaba el espíritu de los Cuatro Fantásticos post-66 con la grandiosidad descacharrante de series como 2001 o Los Eternos. Pero Godland, a pesar de su desmesura, resultaba demasiado mimética de Kirby, la demostración misma de que la nostalgia como ingrediente activo sólo estimula la pasividad mórbida, y acababa desmoronándose, más allá de su valor fetichista o como elemento ancilar en una colección obsesiva de objetos kirbyanos.

American Barbarian, sin embargo, es otra cosa. Aunque su filiación kirbyana es igual de evidente, en este caso no es tan transparente. Sí, el paisaje donde se desenvuelve tiene ecos de Kamandi, pero Meric, su joven protagonista, posee un perfil propio. Incluso en el dibujo, Scioli parece concentrarse menos en convertirse en la mano resucitada del Rey, se relaja y se vuelve más imperfecto y vivo. Por todo esto, el relato sorprende más por su propia dinámica que por su adhesión a los tropos kirbyanos. Y el relato es una desmadrada colección de encuentros epopéyicos entre Meric y una sucesión de criaturas seudomitológicas en un escenario postapocalíptico, en el cual Scioli se las apaña para no bajar nunca el ritmo y para mostrar un caudal de imaginación que, aunque recicla mil motivos preexistentes (no sólo en Kirby) acaba siempre encontrando una voz original.

El gran éxito de American Barbarian es que consigue conciliar los dos impulsos de los que hablaba antes, el primitivo-nostálgico y el moderno-intelectual, en un nuevo orden: el del pop. Así, el libro se convierte en una referencia que por una parte cita, pero por otra parte se mantiene abierta. Es una forma eficaz de reempaquetar el antiguo mito y erosionar las barreras del escepticismo.

En relación con todo esto, American Barbarian me ha hecho pensar también en la influencia real -y nunca apreciada, más bien rechazada con violenta repulsa- de Roy Lichtenstein sobre el cómic contemporáneo. El cómic, que era un objeto pop, se ha transformado en arte pop durante los cuarenta últimos años, en un proceso inspirado por el artista neoyorquino y negado activamente por todos sus practicantes en el mundo de las viñetas. Algún día derrumbaremos las barreras mentales, como Scioli lo ha hecho en American Barbarian con los muros kirbyanos que cercaban su talento, y encontraremos un pasto enorme al otro lado.

AMERICAN BARBARIAN EN LA RED:

American Barbarian se publicó originalmente en internet, donde todavía puede leerse gratis. Si la lectura de las primeras páginas os anima a seguir, os recomiendo la compra del volumen publicado por Adhouse. Es un libro precioso, y la experiencia me ha resultado mucho más gratificante en papel. En la red: American Barbarian.

En la actualidad, Scioli está publicando en internet su nuevo cómic, Final Frontier, que aparecerá impreso dentro de unos meses. Aunque para mi gusto Final Frontier es un retroceso de nuevo al corazón del universo kirbyano -sosias demasiado evidentes de los personajes de Jack Kirby en un escenario que invoca a partes iguales la etapa clásica de Los Cuatro Fantásticos y el Cuarto Mundo de DC-, el lector puede juzgar por sí mismo: Final Frontier.


2 comentarios:

david rubín dijo...

Si que mola este tebeo, si. Yo me lo compré en el último Angouleme, con dibujazo de Scioli y todo, que además era un chaval muy majo.

Es una puta locura llena de frescura y poderío, no puedo decir lo mismo de eso de Godland.

d.

Intramuros dijo...

Aunque estoy de acuerdo en general con la entrada, he de romper una lanza a favor de "Godland": pienso que, aún siendo un calco del Kirby setentero, ha conseguido algo que se le escapó al Maestro: mantener el interés de la historia hasta el final sin desinflarse una vez establecidos los conceptos iniciales (duele, pero eso Kirby no lo conseguía). Pero bueno, es cuestión de gustos...