lunes, 18 de marzo de 2013

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 87: RUPERT THORNE


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

RUPERT THORNE

Inventado por Steve Englehart para su breve pero fructífera etapa en Detective Comics entre 1976 y 1978, el jefe Rupert Thorne supuso una novedad en el hasta entonces exageradamente contrastado mundo de Batman: un delincuente al que no se podía tocar porque estaba a salvo de la ley. Nadie ha dominado el hampa de Gotham como Thorne, que con su red de influencias políticas consiguió echar de la policía a Gordon, hacer de Batman un proscrito y quedarse a las puertas de la alcaldía, en la que finalmente colocó a un hombre de paja, el alcalde Hill (posteriormente recuperado en la serie animada desechando su relación con Thorne). Rupert fue el hombre que mató a Hugo Strange (o eso parecía) y luego se vio acosado por el fantasma del buen doctor hasta que perdió la cordura. Su regreso de entre los locos, a principios de los ochenta, dio nuevos disgustos a Batman, pero en los 90 los únicos que se han acordado de él han sido los de la serie de animación, que han respetado su posición de zar del crimen en Gotham City.

martes, 12 de marzo de 2013

DESPUÉS DEL CÓMIC: UN AVANCE DE "SUPERCÓMIC"


«En 1964, la National Cartoonist Association, organización profesional que agrupa a los historietistas de Estados Unidos, invitó a Roy Lichtenstein a encontrarse con sus miembros en su sede de Nueva York. Poco imaginaba el pintor pop, que por entonces estaba en la cumbre de su recién obtenida fama artística, que la invitación era en realidad una encerrona. Los dibujantes habían visto sus cuadros basados en viñetas de cómic expuestos en las galerías y habían reconocido sus propios dibujos. Indignados porque alguien estuviera obteniendo fama y dinero con las mismas imágenes que ellos realizaban a destajo, mal pagados y sin reconocimiento alguno, querían despellejar al saqueador de su trabajo. «Le dejaremos hablar un rato y luego lo crucificaremos», se dijeron los historietistas.»

Así empieza Después del cómic, el texto de introducción que he escrito para Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, libro colectivo de ensayos que publica Errata Naturae dentro de un par de semanas. Ahora podéis leer la introducción completa en este avance. Probablemente os sirva para haceros una mejor idea de qué temas tocan los autores reunidos en este libro, y también cómo los abordan.


lunes, 11 de marzo de 2013

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 86: ROBIN


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

ROBIN

El adolescente compañero del Hombre Murciélago es un personaje paradójico. Absolutamente clave para entender el mito de Batman en toda su extensión, parece despertar el mismo odio en lectores y en profesionales, excepto que los lectores lo reclaman cuando desaparece y los profesionales confiesan que, a la hora de ponerse a tratar a Batman, todo funciona mucho mejor si tiene un Robin al lado.

Tras un año de correrías en solitario, Batman decidió adoptar un pupilo cuando sintió reflejado su propio pesar en la figura de Dick Grayson, que acababa de quedar huérfano al ser asesinados sus padres, los acróbatas Grayson Voladores, por el gángster “Boss” Zucco. Supuestamente con la intención de evitarle el mismo funesto destino que a él le había marcado, el millonario Bruce Wayne acogió al niño Dick, consiguiendo a cambio que el muchachito se convirtiera en uno de los más jóvenes justicieros de la historia. “Robin evolucionó de mis fantasías siendo un crío de catorce años -comenta Bob Kane- cuando me imaginaba como un muchacho que luchaba al lado de mi ídolo, Douglas Fairbanks Sr. Me figuraba que los chicos que leyeran las hazañas de Batman proyectarían sus propias imágenes en la historia y soñarían con luchar junto al Cruzado Encapuchado como Batmanes infantiles. Pensé que todos los chicos querrían ser como Robin; en vez de tener que esperar a crecer para convertirse en superhéroes, querrían ser uno ya mismo. Temerarios y risueños, libres, sin colegio, sin deberes, viviendo en una Mansión sobre la Batcueva, viajando en el Batmóvil, eso era algo que apelaba a la imaginación de todos los niños del mundo.

Le puse el nombre por Robin Hood, que de niño me encantaba, en la interpretación de Fairbanks. Ambos Robin eran cruzados que luchaban contra las fuerzas del mal. Robin Hood peleaba contra la injusticia en el bosque de Sherwood en los días del Rey Arturo, mientras que Robin combatía el crimen contemporáneo en Gotham City. Incluso vestí a Robin con la túnica, la capa y los zapatos de la época de Robin Hood, y dibujé sus calzones para que pareciesen de cota de malla.

Curiosamente, cuando le presenté la idea a mi jefe, Jack Liebowitz, me dijo que no quería que Robin apareciese en la serie. Dijo que a Batman le iba muy bien solito y que no debíamos andar trastocándolo. Jack también pensaba que las madres pondrían objeciones a un niño luchando contra los gangsters. Podía tener razón. Dije, “¿Por qué no lo intentamos en un solo número? Si no te gusta, podemos quitarlo.” Pero cuando la historia apareció, fue un éxito: el comic book que presentaba a Robin (Detective 38, abril 1940) se vendió casi el doble de lo que Batman se había vendido en solitario. Fui a redacción el lunes después de que recibiéramos las cifras y dije, “Bueno, supongo que ahora habrá que quitar a Robin, ¿verdad, Jack? No querrás a un crío peleando con gangsters.” “Bueno”, dijo tímidamente, “Déjale estar. Está bien, le dejaremos seguir.”

Por supuesto, como en casi todas las creaciones en aquellos momentos, el guionista Bill Finger también aportó algo. “Robin surgió de una conversación que tuve con Bob -recordaba Finger.- Batman era una combinación de Fairbanks y Sherlock Holmes. Holmes tenía a su Watson. A mí me molestaba bastante que Batman no tuviera nadie con quien hablar, y era un poco aburrido que siempre estuviera pensando. Sobre la marcha descubrí que Batman necesitaba un Robin con quien hablar. Así es como apareció Robin.

Bob me llamó y me dijo que iba a meter un chico en la historia para que se identificara con Batman. Pensé que era una gran idea. Me fui a casa e intenté pensar nombres, muchos como Dusty y Scamp. Cuando volví, Bob y Jerry [Robinson, el primer ayudante de Kane] me informaron de que ya tenían nombre. Había decidido llamarle Robin. Siempre pensé que Robinson le había creado a partir de su propio nombre, ROBINson... ROBIN.

Me fui a casa a escribir la primera historia. Le di una honda porque pensé en David y Goliat en el sentido de que Robin resultaría pequeño comparado con hombres de tamaño normal. Pero pensamos que sería peligrosa, así que sólo duró un par de números.

Dick Grayson salió de los pulp. Frank Merriwell tenía un medio hermano llamado Dick, y Grayson salió de un libro que yo estaba leyendo, editado por Charles Garyson Jr. El nombre sonaba bien.

Cuando se me ocurrió la perspectiva del hermano mayor, Robin fue más fácil de escribir. Hacerle humano era casi imposible porque Robin tenía que ser el eco de Batman o hacerle preguntas sofisticadas.

Por supuesto, las consecuencias de la incorporación de este pequeño aventurero fueron más allá de un aumento en las ventas. “La introducción de Robin cambió el tono de las historias de Batman -reflexiona Kane.- Temerario, risueño y joven, Robin aligeró el humor de la serie, ya que él y Batman se enzarzaban en chanzas y bromas mientras derrotaban a sus adversarios. La brillantez del disfraz de Robin también servía para iluminar la imagen y servía como contrapartida al sombrío disfraz de Batman. Aún más significativo fue que la adición de Robin proporcionó a Batman una relación permanente, alguien por quien preocuparse, y le convirtió en un hermano mayor paternal en vez de un vengador solitario.

Yo no pretendía conscientemente cambiar el tono de la serie; eso evolucionó a medida que escribíamos historias con Robin. No introduje a Robin para humanizar a Batman, sino que le creé porque pensé que así la serie tendría más éxito al atraer a dos públicos. Pensé que los niños querían a un héroe más ligero con un humor más ligero y que se identificarían con un personaje joven como Robin, mientras que los adultos y los adolescentes querrían un héroe serio y se identificarían con un adulto como Batman. De esta manera atraeríamos a dos públicos. También dio equilibrio a la serie; como Laurel y Hardy, Batman y Robin son un gran equipo.

Prefiero el primer año de Batman, cuando operaba en solitario y era un personaje más sombrío, pero no me gustaría ver al dúo disuelto de manera permanente.

Lo que parece probable es que, sin Robin, Batman no habría conservado la frescura y el atractivo durante el cuarto de siglo siguiente. Desde su introducción hasta la llegada del “New Look”, en 1964, Batman y Robin fueron una pareja indisoluble que compartió todas las aventuras en Batman, Detective y World’s Finest. Paralelamente, el Prodigio Juvenil vivió sus propias aventuras en solitario en títulos como Star Spangled Comics, donde se convirtió en la estrella a partir de su número 65 (1947), con esporádicas apariciones estelares de su famoso mentor. Durante la “Era Clásica”, Robin se mantuvo tan inalterable física y psicológicamente como Batman, sometiéndose únicamente a las inevitables y transitorias metamorfosis fantacientíficas propias de la segunda mitad de los 50 y principios de los 60.

Mientras que el “New Look” trajo un importante cambio de disfraz para Batman al añadir el óvalo al emblema del murciélago, Robin no varió un ápice su atuendo, pero sí se mostró algo más crecidito en los lápices de Carmine Infantino. Si anteriormente aparentaba 12-13 años, ahora estaba claro que se trataba de un hombrecito de 16-17. De hecho, su apelativo “Boy Wonder” fue sustituido por el de “Teen Wonder”, de la misma manera que empezó a liderar a los Teen Titans a partir de su debut en The Brave and the Bold 54 (1964), y después en su propia serie, Teen Titans (1966-1973). Los Teen Titans eran una suerte de Liga de la Justicia adolescente, integrada por los pupilos de Batman, de Flash (Kid Flash), de Flecha Verde (Speedy), de Aquaman (Aqualad) y de Wonder Woman (Wonder Girl).

La partida de Dick Grayson para estudiar en la universidad de Hudson rompió al Dúo Dinámico en diciembre de 1969, y a partir de ese momento, aunque volverían a compartir muchas aventuras, Robin sólo sería un invitado especial en los títulos de Batman, protagonizando series en solitario como complemento de Detective, Batman Family y cualquier colección batmaniana que tuviese unas páginas de sobra. Todavía como Robin, Dick relanzó a su antigua pandilla como The New Teen Titans (1980), colección que no sólo fue uno de los éxitos de DC durante los 80, sino que dio un objetivo en la vida al más bien desorientado Grayson.

Tras catorce años de hombre duro y solitario, Batman también sintió nostalgia de Robin y se procuró un segundo muchachito que desempeñara el papel. El origen de Jason Todd mimetizaba punto por punto el de Dick Grayson, y con ese bagaje echó a andar en 1983 (Batman 366), lo que provocó, de rebote, que Dick tuviera que buscarse otra identidad, que acabó encontrando en el nombre de Nightwing. A pesar de los años que llevaba ausente de la colección, este nuevo Robin fue impopular desde el primer momento, en parte debido al carácter desafiante, rebelde y protestón que le dieron los guionistas, especialmente a partir de su relanzamiento con un nuevo origen que le convertía en un golfo callejero poco fiable y nada respetuoso con las vidas ajenas. Las malas vibraciones que rodearon a Jason desembocaron en la maniobra de las llamadas telefónicas y su muerte dictada por los lectores y ejecutada por Jim Starlin y Jim Aparo en “Una muerte en la familia” (Batman 426-429, 1988).

Si siempre había resultado difícil de justificar que Batman pusiese en la línea de fuego a un niño, después del trágico fin de Jason este sentimiento debería haberse reforzado. Por el contrario, Batman se dio prisa en buscar un relevo para su malogrado aprendiz, relevo que encontró en la figura de Tim Drake, el tercer Robin, que debutaría en Batman 457 (diciembre 1990).

Tim ha sido el más popular Robin de la Era Moderna. Partiendo de la originalidad de que no fuera huérfano (al menos al principio) y no viviera en Wayne Manor, se ha mostrado mucho menos acomplejado que sus predecesores y con mayor capacidad para disfrutar de la vida. Si Dick Grayson siempre estuvo eclipsado por Batman, y de adulto buena parte de sus esfuerzos los ha dedicado a demostrar que podía ser tan bueno como su infalible mentor, y Jason Todd nunca consiguió superar la amargura que le había marcado en su infancia, Tim no se plantea seguir ejerciendo de superhéroe cuando sea mayor. Para él, ser Robin es simplemente otra más de las actividades que realiza este hiperenergético y brillante muchachito que el día de mañana recordará sus andanzas junto a Batman con una mezcla de orgullo y nostalgia, pero sin ningún remordimiento. Conveniente genio de la informática en los tiempos que corren, el tercer Robin también ha conseguido establecer su personalidad desde el principio con mayor rotundidad que sus homólogos. Es un Robin que está ahí cuando hace falta, pero que no está siempre al lado, incluso cuando no hace falta y sólo estorbaría. También es un Robin con sus propias alas que desde muy pronto ha volado en solitario, creándose su propio entorno de villanos (King Snake) y secundarios (Spoiler) que no tienen nada que ver con los del Señor de la Noche. Tres miniseries en rápida sucesión (Robin, 1991; Joker’s Wild, 1991-92; Cry of the Huntress, 1992-93) sirvieron para corroborar su éxito como héroe juvenil para los 90 capaz de sostenerse sin su famoso socio al lado, y así emprendió su propia colección mensual en 1993, que ya ha alcanzado más de 50 números publicados.

Más moderno, ágil e interesante que nunca, este Robin parece destinado a perdurar, y ha sido clave para la reconstrucción de la “familia Batman”, al servir de bisagra entre Batman y Nightwing, articular las relaciones con Huntress (él es el único que conoce la identidad secreta de ella, cosa que no ocurre recíprocamente) y dotar de más funciones a Alfred, ahora también confidente y consejero de Tim.

Durante el último año se han publicado tres tebeos de adquisición obligada para cualquier fan de Robin. El primero, el “prestige” The Gauntlet, nos relata exquisitamente (con guión de Bruce Canwell y estupendos dibujos de Lee Weeks) cómo fue la primera noche de Dick Grayson como Robin, cuando tuvo que demostrar que valía para el trabajo. El segundo, Legends of the Dark Knight 100, está dedicado al Prodigio Juvenil y contiene dos historias. La primera, escrita por Dennis O’Neil e ilustrada por Dave Taylor, vuelve a contar el origen de Dick Grayson. La segunda, más breve, es una inesperada reivindicación de Jason Todd a cargo de James Robinson y, de nuevo, Lee Weeks. El tercero y mejor es Batman Chronicles 9, que contiene una deliciosa historieta de 18 páginas que recupera toda la magia y el sabor de cuando los superhéroes se divertían. Protagonizada por Robin-Dick Grayson y Batgirl-Barbara Gordon, es una colección de ocurrencias ingeniadas por Devin Grayson y maravillosamente dibujadas por Duncan Fegredo. Quizás la mejor historia de Robin de los últimos treinta años.

Con Tim no se acaba la lista de los Robin que ha habido o habrá. Junto a las variantes inconcebibles y aún así concebidas durante los 50, junto al Robin de Tierra-2 (que crecía hasta convertirse en un héroe de la envergadura de Batman pero sin abandonar su viejo nombre de guerra, aunque sí actualizando su humillante disfraz), junto a variaciones “Elseworlds” del tipo de Robin 3000, es necesario mencionar a Carrie Kelley, el Robin femenino de The Dark Knight Returns que cumple una función principalmente icónica.

En los dos primeros seriales cinematográficos, Robin fue interpretado por actores pasados de años y kilos hasta lo grotesco, pero el Burt Ward de la serie de TV de 1966 fue tan aproximado al Prodigio Juvenil en imagen real como se puede llegar a ser. Sus insufribles tics, como el golpearse la palma de la mano con el puño, y sus irritantes exclamaciones de admiración hacían que el espectador desease para él la peor de las muertes al final de cada episodio, aún sabiendo que tan ansiada resolución se vería abortada al inicio del capítulo siguiente.

Las películas de los 90 tardaron en decidirse a introducirlo, aunque los primeros proyectos lo consideraban imprescindible. Por fin, Dick Grayson apareció en Batman Forever (1995), en la figura de Chris O’Donnell, más ancho, más alto y más musculoso que Val Kilmer, el actor que entonces hacía de Batman, lo cual inmediatamente trastocaba de forma completa la relación entre ambos huérfanos, al no establecerse un salto de autoridad tan grande entre ambos. Schumacher y su equipo se libraron del aire kitsch del uniforme original convirtiendo al hipervitaminado O’Donnell en simplemente una réplica de Batman con pequeñas variaciones en el disfraz y su propio merchandising a generar. Batman & Robin ha consagrado su estrellato, pero apenas ha aportado novedades a su acartonada personalidad. Algunos de los rumores sobre posibles continuaciones de la saga indican que O’Donnell se convertirá en Nightwing y aparecerá un nuevo Robin más ajustado al ideal juvenil del personaje.

En los dibujos animados han encontrado el punto justo de equilibrio entre las diferentes visiones del pequeño justiciero. Aunque se llama Dick Grayson, su posición respecto a Batman se asemeja mucho a la de Tim Drake (al igual que su traje), y su edad a la de Chris O’Donnell. En la nueva serie, que pasa a emitirse en el canal Kids WB!, Grayson ya es Nightwing, y Tim Drake se ha convertido en Robin, aunque con la particularidad de que el origen de este Tim Drake está basado en el origen callejero de Jason Todd.

jueves, 7 de marzo de 2013

PANORAMA


Panorama. La novela gráfica española hoy, antología de cómic con historietas inéditas de treinta autores diferentes. 312 páginas. Edita Astiberri. A la venta el 24 de mayo.

NOTA DE PRENSA DE PANORAMA EN LA WEB DE ASTIBERRI

La semana pasada escribía sobre Supercómic, la antología de ensayos sobre cómic que he editado para Errata Naturae, y al final decía que esta semana hablaría de un libro hermano de aquél. Hoy es el día que nos toca presentar a Panorama, ese pariente espiritual de Supercómic. Si uno es un libro de teoría, el otro lo es de práctica. Panorama es una antología donde se ha reunido un puñado de historietistas de nuestros días para ofrecer una cata del estado de la cuestión viñetera en España ahora mismo.

Detrás de la portada de Javier Olivares, estos son los autores participantes:

Paco Alcázar, Antonio Altarriba y Kim, Clara-Tanit Arqué, Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí, Juan Berrio, Ramón Boldú, Gabriel Corbera, Carlos de Diego, José Domingo, Miguel Gallardo, Miguel Ángel Martín, Max, Micharmut, Álvaro Ortiz, Pere Joan, Mireia Pérez, Marcos Prior, Rayco Pulido, Sergi Puyol, Paco Roca, David Rubín, Juanjo Sáez, David Sánchez, Fermín Solís, Santiago Valenzuela, Juaco Vizuete, Alfonso Zapico, Irkus M. Zeberio.

La idea que anima a Panorama es la de publicar un libro que sirva de escaparate para los autores de cómic que están trabajando en España ahora mismo. Casi una guía para que el no iniciado pueda descubrir historietistas que tal vez le hayan pasado desapercibidos. La inspiración está en series como los volúmenes Best American Comics, que cada año se publican en Estados Unidos a modo de resumen de la actividad del curso pasado. A diferencia de Best American Comics, que recoge siempre material previamente publicado, en Panorama queríamos contar con páginas nuevas. (Y, por otra parte, creo que ahora mismo no hay intención de convertir este proyecto en un evento periódico, aunque supongo que si el público responde con entusiasmo en la editorial se lo plantearán). En lo que coinciden Best American Comics y Panorama es en el ánimo divulgativo. Queremos llegar al gran público general, al público que está descubriendo el cómic ahora mismo y que quiere profundizar un poco.

Evidentemente, Panorama no representa a todo el cómic español de ahora mismo. Adelantando algo de lo que ya explico en la introducción del volumen, señalaré que en esta antología no están representados los guionistas y dibujantes que viven la emigración creativa, y trabajan desde nuestro país para Francia y Estados Unidos. Tampoco están representadas otras tendencias de la historieta que sí forman parte directa del mercado español: el humor y el manga, por ejemplo. Es por eso que hemos subtitulado Panorama como la novela gráfica española hoy, porque pensamos que ésa es la corriente que aparece representada de forma más fidedigna en nuestro libro. El motivo para ceñirnos a una sola de las muchas familias que forman el cómic español ha sido, principalmente, el de intentar que el libro tuviese una cierta identidad, que representase un momento y un lugar del amplio escenario del cómic, en lugar de intentar ser demasiadas cosas a la vez y acabar diluyéndose entre todas ellas. Creo, además, que es al público de la novela gráfica al que se dirige Panorama, y que en gran medida son estos autores los que han dibujado el rostro del nuevo cómic español del siglo XXI.

Cuando digo «estos autores» no me refiero sólo a la treintena reunida en Panorama. Hay más, afortunadamente muchos más, que, aunque puedan adscribirse a la novela gráfica, tampoco están presentes en el libro. Ellos también existen. En este caso, el motivo de su ausencia no requiere mucha elaboración teórica: no cabían todos. Las limitaciones de espacio han obligado a que sólo pudiera acudir a una selección. Con mejor o peor acierto, he intentado que en el libro estuvieran representadas diferentes tendencias y estilos. Por supuesto que siento que la muestra es insuficiente para mostrar todo lo bueno que hay en el cómic español de hoy, y lamento no haber podido llamar a otros treinta autores tan buenos como los treinta que están presentes. Pero como decía, Panorama tiene un ánimo divulgativo, de manera que hemos intentando suplir en la medida de lo posible esas ausencias con una amplia guía de cómics publicados en España durante los últimos años. Títulos notables de autores a los que no hemos podido pedir una historieta. Creo que es una sección que enriquece enormemente a Panorama, y existe gracias al esfuerzo de Alberto García Marcos y Gerardo Vilches, que se han ocupado de la selección y redacción de los textos.

Finalmente, y más allá de las intenciones de partida, lo que nos queda es un libro de cómics con un montón de historietas nuevas a cargo de un montón de autores a los que admiro y respeto enormemente.  En el sumario hay un puñado de Premios Nacionales, cierto, y me entusiasma que Antonio Altarriba y Kim se hayan reunido por vez primera desde El arte de volar para hacer otra historieta juntos. Pero igualmente me entusiasma haber podido traer a Gabi Corbera por vez primera (casi) desde la pantalla al papel (y encima en su primera historieta en español, nada menos). Quiero decir con esto que para mí todos los autores presentes en Panorama son especiales, tengan una larga carrera cargada de éxitos y reconocimientos a sus espaldas o estén dibujando apenas sus primeras páginas. Son todos tan distintos que cada uno te aporta algo diferente. Son literalmente incomparables, y cuando los ves desplegarse a todos uno detrás de otro, la verdad es que impresionan. Sí, joder, lo digo porque no me lo puedo aguantar más: Panorama impresiona mucho.

En el aspecto personal, el libro me ha proporcionado una satisfacción singular. Llevo casi dos años viviendo en Estados Unidos, y hacer Panorama me ha permitido volver de forma virtual al cómic de mi país, volver a trabajar con un montón de historietistas españoles y sentirme otra vez cercano a ellos, aunque fuera a través de la conexión digital. Y creo que, si hay una función que Panorama debe cumplir, aparte de la ya declarada promocional, es la de ayudar a crear comunidad. Es una palabra cuyo verdadero sentido he empezado a entender viviendo en América, y que ahora no puedo evitar que sobrevuele este proyecto. Reconocernos como individuos, sí, pero que entre todos formamos una sociedad con intereses comunes, y aún más que eso, con unas tradiciones y una cultura compartidas. En resumidas cuentas: con una identidad en la que todos nos podemos reconocer.

Si esta comunidad del cómic español existe realmente, de los miembros que la representan en Panorama tengo que decir una cosa: son personas muy amables y muy generosas. La profesionalidad que han mostrado durante todo el proceso ha sido irreprochable, aunque muchos se dediquen a esto más por vocación que por profesión. No he tenido ocasión de mosquearme con nadie porque nos haya dejado tirados. Y yo que venía preparado para lo peor... Prometo no volver a dudar de mis colegas. Estoy en deuda con todos ellos.

El libro está casi terminado y listo para entrar en imprenta. Estamos dándole los últimos toques, y eso significa que durante las últimas semanas el equipo editorial ha trabajado a toda máquina para cumplir los objetivos. Héloïse Guerrier, la editora interna de Astiberri, Manuel Bartual, el diseñador y maquetista, y el resto del equipo (con la correctora Soraya Pollo a la cabeza) han trabajado (y todavía están trabajando, mientras escribo estas líneas) como si fuera una cuestión personal para ellos. Sin su esfuerzo y su talento, Panorama no existiría. Les agradezco de todo corazón su generosidad.

Y ésa es la historia. Seguiremos hablando de Panorama en el futuro, por supuesto. Pero ahora sólo me queda esperar que salga del huevo y todo el mundo pueda disfrutar de sus historietas.

Mientras esperamos que lleguen al público Supercómic y Panorama, para mí el trabajo en ambos libros empieza a quedar atrás. Eso significa que llega el momento de que empiece a currar en la tercera antología que editaré este año.

lunes, 4 de marzo de 2013

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 85: REY TUT


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

REY TUT

Entre los villanos creados originalmente para la serie de TV de los sesenta, sólo el Cabeza de Huevo del incomparable Vincent Price y el Rey Tut merecen un recuerdo especial (¿quién se acuerda de Louie el Lila?). De hecho, el Rey Tut es uno de los nombres que se ha barajado para posibles continuaciones del Batman cinematográfico. Interpretado por el orondo Victor Buono, el villano en cuestión es un profesor de arqueología que recibe un golpe en la cabeza y se cree la reencarnación de un monarca del Egipto de las pirámides. Empeñado en convertir Gotham en una moderna Tebas, este antecedente de Maxie Zeus se rodea de una banda que interpreta los papeles requeridos (la reina Nefertiti, el Visir, etc.) y se pone manos a la obra, pero los Cruzados Encapuchados acaban con sus planes. Diversos golpes en la cabeza, que el profesor parece extraordinariamente proclive a sufrir, adormecen o despiertan su personalidad imperialista según convenga a la trama. Su mayor éxito: obligar a Batman a bailar el Bat-usi.