Como ya hice hace unos meses, recupero algunos enlaces de interés que han podido quedar enterrados en este blog con el paso del tiempo y que están relacionados con novedades del mercado español de estas semanas.
En primer lugar, uno de los cómics verdaderamente grandes que se han publicado en lo que va de siglo por fin llega a España: El Rayo Mortal (Random House Mondadori), de Daniel Clowes. Hablamos de él en «Supervillanos: El Rayo de la Muerte».
Una de las sorpresas más agradables del comic book americano comercial del último año: Prophet (Aleta), relanzado por Brandon Graham con la ayuda de una galería de excelentes dibujantes, con Simon Roy a la cabeza. Lo comentamos en «Profeta en tierra extraña».
No he escrito una verdadera reseña de Antes de Watchmen (ECC), pero aquí hablamos de alguna circunstancia que nos llamó la atención en su día: «Superhéroes para adultos».
El último enlace no lleva a Mandorla, sino a Entrecomics y a una reseña que Gerardo Vilches ha escrito a partir de Mi libro sobre el dinero. Esa cosa maravillosa y horrible (Astiberri), de Eddie Campbell, que tuve el gusto de traducir y que es ya uno de mis títulos favoritos del autor escocés. Lo recomiendo fervientemente, y la reseña se puede leer aquí.
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viernes, 25 de enero de 2013
miércoles, 11 de julio de 2012
PROFETA EN TIERRA EXTRAÑA
Tal vez a alguien le extrañara que en la entrada anterior mencionase una serie como Prophet dentro de los títulos que orbitan esta tendencia de lo primitivo cósmico. Al fin y al cabo, Prophet no es precisamente un minicómic ni un fanzine. Por el contrario, es una serie Image protagonizada por un personaje creado por Rob Liefeld en los años 90. Un personaje que no recuerdo haber leído nunca en su día, y del que no sabía absolutamente nada antes de empezar a leer el número 21, publicado hace unos meses. Ni falta que me hace. El nuevo Prophet pertenece a un impulso de relanzamiento del antiguo sello Extreme en el que se han entregado nombres y personajes a autores nuevos para que hagan con ellos lo que les dé la gana. No se trata de un reboot ni una versión alternativa ni nada parecido. A todos los efectos prácticos, Prophet 21 y los números que lo han continuado son una colección nueva con un personaje nuevo perfectamente accesible para lectores nuevos. Como yo.
Lo que me atrajo inmediatamente de Prophet fue el dibujo. La serie está escrita por Brandon Graham y dibujada por Simon Roy, y tiene un inequívoco aire indie, pero al mismo tiempo cierto tono de profesionalidad mainstream. O sea: se mueve en el terreno de los tebeos comerciales peculiares, esos tebeos que parecen dirigidos al público habitual de cómic pero que tienen una cierta personalidad distintiva. Eso se percibe a simple vista en el dibujo un tanto brusco pero muy potente de Roy, que inmediatamente le hace pensar a uno en un Corben basto, en un Métal Hurlant artesanal. Hay algo grandioso y a la vez rudimentario en sus viñetas.
Al leerlo, uno descubre que ese tono está también en las historias. Contada con suma economía narrativa, impulsada por textos de apoyo muy sobrios que ambientan más que describen, la odisea de este Prophet es la de un hombre que despierta en un mundo futuro extraño y poblado de criaturas inhumanas donde tiene que cumplir una misión. Para cumplir esa misión, Prophet viaja a través de una desolación poblada de monstruos y se enfrenta a diversas pruebas que van de lo escatológico a lo abyecto. Come cosas incomestibles, se aparea con seres repugnantes, sufre mutilaciones y reconstrucciones, y trabaja trasladando mierda caliente a paletadas, entre otras cosas. Todo esto sucede sin grandes explicaciones ni digresiones filosóficas o sentimentales. Es casi una historia de Conan (el Conan de John Milius, quiero decir) en un paisaje postapocalíptico.
Todo esto es, para mí, lo que claramente emparenta Prophet con el espíritu primitivo cósmico. El gusto por lo orgánico y su manipulación, y el telón de fondo de sucesos de alcance mitológico, con el héroe transitando por el paisaje del Génesis o del Apocalipsis, si es que se pueden distinguir el uno del otro.
Los tres primeros números (21-23) representan para mí el Prophet clásico, el de Graham y Roy. A partir del 24, la serie sufre el mal del cómic americano contemporáneo y empieza el baile de dibujantes, aunque mantiene a Graham al mando (incluso acreditando ocasionalmente a Roy como coguionista). Así, el 24 está dibujado por Farel Dalrymple (Omega el Desconocido), el 25 por Giannis Milonogiannis, y el 26 (último aparecido a la hora de escribir estas líneas) por el propio Brandon Graham. Estos episodios siguientes nos revelan que Prophet es en realidad la historia de una legión de clones que despiertan en el futuro para cumplir con su misión preprogramada. La serie mantiene el interés, pero sin Roy, algo se ha perdido. Es la diferencia, al parecer inevitable, entre el producto de gran editorial (por mucho que recurra a autores indies) y el tebeo que se mantiene al margen de ese circuito. En el segundo caso, la identidad entre autores y obras forma parte inseparable del paquete. En el primero, es una variable.
[Merece la pena mencionar también que desde el nº 22, todos los episodios llevan una historieta de complemento de autores diversos, y la última publicada está firmada por una Emma Ríos espléndida en guión y dibujo].
King City. Brandon Graham ha visto cómo se publicaba recientemente en España su tebeo más conocido. King City (DeBolsillo, 2012). Escrito y dibujado por el propio Graham, ha aparecido en nuestro país dividido en varios volúmenes (la edición americana es en un solo tomo y de tamaño bastante mayor). King City es una historia de ciencia-ficción moderna y juvenil, que a mí inevitablemente me recuerda un poco a Tekkon Kinkreet, la odisea urbana de Taiyo Matsumoto. De contornos borrosos, un poco como Prophet, veo difícil que King City se convierta en el nuevo Scott Pilgrim, como probablemente le gustaría a sus editores. Pero para quien sienta curiosidad, King City es una forma de descubrir un modelo de hacer cómic moderno entre lo personal y lo comercial, equidistante del producto más mainstream de las grandes editoriales y de los fanzines autopublicados.
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