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jueves, 18 de abril de 2013
CUESTIONES DE GÉNERO EN EL CÓMIC DE SUPERHÉROES (I)
Una de las viejas reglas del subgénero del cómic de superhéroes que son los cómics de supergrupo decía: «Que salgan todos en todas las viñetas de la página y que todos digan algo en cada viñeta». Era la regla nº 6, en concreto, y resultaba agotadora, pero los viejos profesionales del ramo intentaban cumplir con ella siempre que podían. Véase el ejemplo en esta página de X-Men #21 (1966), de Roy Thomas, Jay Gavin (Werner Roth) y Dick Ayers. Y no nos olvidemos del rotulista Artie Simek, que también trabajó lo suyo...
Pero la regla se aplica con ciertos matices. Si queremos saber quiénes llevan la voz cantante en el grupo de jóvenes mutantes, encontraremos que Cíclope y la Bestia tienen 6 bocadillos de diálogo cada uno; el Hombre de Hielo y el Ángel, 4; la Chica Maravillosa, 2.
Claro que tal vez este aparente desequilibrio tenga una explicación narrativa un par de páginas antes:
En la viñeta 4, que es la primera en la que se ve al grupo en conjunto, la Chica Maravillosa casi ha desaparecido, reducida a un discreto segundo plano y apisonada por la parlanchanería de la Bestia. De los seis personajes de esa viñeta, no sólo ella es la única mujer, sino que es la única que no dice ni pío. En la viñeta 5, el guionista hace que Cíclope repare en la actitud de su compañera: «Jean... ¡estás muy silenciosa! ¿Te pasa ALGO, chata?» Es entonces cuando la futura genocida cósmica por fin abre los labios: «¡Pues claro que no!» Y a continuación se añade un bocadillo de pensamiento: «Nunca me hace caso... ¡a menos que me pase algo!»
Lo interesante no es cómo se revela al joven lector del cómic que el mecanismo psicológico de funcionamiento interno de las incomprensibles chicas es básicamente pasivo-agresivo. Lo interesante es que la Chica Maravillosa es el único miembro de la Patrulla-X que piensa.
Da que pensar.
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miércoles, 13 de enero de 2010
NUEVO Y SENSACIONAL
Cómo he disfrutado releyendo Captain Marvel #17 (Marvel, 1969, Roy Thomas, Gil Kane y Dan Adkins), uno de los tebeos que me traje de Getxo. El Capitán Marvel es otro de mis 20 ó 25 personajes favoritos de siempre, y éste era uno de los huecos que me quedaban para completar la colección de comic books originales. Y no es un número cualquiera, ni mucho menos. Éste es el número de presentación del nuevo Capitán Marvel, el del traje rojo y azul que sustituía al antiguo uniforme de cosmonauta verde y blanco (un poco anticuado, sí, pero que cada vez me gusta más, tengo que reconocerlo). Pero, en fin, a estas alturas esos detalles frikis son lo de menos, lo fundamental es el asombro que produce pasar estas páginas con más de 40 años a sus espaldas y encontrarse con un Gil Kane rabiosamente contemporáneo. El episodio está organizado a base de grandes imágenes-póster, de manera que cada página produce un impacto monumental, una sensación de asombro y grandeza inherente al mismo acto de leer el tebeo (el sense of wonder superheroico) casi con independencia de lo que se cuenta en la página. Por ejemplo, en estas dos páginas está justificada la utilización de los viñetones estáticos porque se están rememorando viejas andanzas y se están invocando figuras de grandes superhéroes:Pero a continuación, nos encontramos con Rick Jones haciendo autoestop, y el tratamiento es exactamente igual de majestuoso:
Estas dos páginas enfrentadas hacen un efecto rarísimo al verlas. Casi parece que en la segunda el Gil Kane de Marvel hubiera sufrido una recesión al Gil Kane previo de Linterna Verde.
El dominio abrumador de la imagen superheroica página tras página, elevada a su máxima potencia, me recuerda muchísimo a un tebeo reciente: Batman: The Dark Knight Strikes Again, la fantasía superheroica definitiva de Frank Miller. No creo que sea casualidad.
Kane echa mano de grandes imágenes y de una profusión de la figura heroica (el cuerpo masculino desnudo, al fin y al cabo), y con frecuencia rompe los marcos de las viñetas (es otra de las cosas que ayuda a crear la página-póster) y las composiciones en ángulo, siempre superdramáticas. Por supuesto, la precipitación con la que se trabaja en Marvel en ese momento hace que el dibujo no siempre esté cuidado, pero lo interesante es cómo Kane también es capaz de narrar con gran depuración visual a pesar de estar buscando continuamente el impacto visual. Un buen ejemplo lo vemos en la tira siguiente:
En la primera viñeta, las líneas inclinadas (la morada, de la pared del fondo, y la verde, de la barandilla), llevan directamente hacia la viñeta siguiente, donde por un lado se continúan con la negra de la pared, y por otro se ven frenadas por la rosa de los cables, que enmarca la figura de Rick y refuerza el cambio de orientación hacia la tercera viñeta. Si seguimos el movimiento del ojo en el tránsito de la viñeta 1 a la viñeta 2, de forma natural nos lleva por la pared hasta el cubo de basura y Rick Jones, y su pie (la inercia de la mirada nos conduce hasta ahí), se continúa con la pata del chucho en la tercera viñeta, desde donde pasamos directamente al lomo y la cabeza del animal y de nuevo a Rick Jones, que reaparece como por sorpresa, aunque no hemos dejado de verle en ningún momento. Fin de la secuencia. Leer esas tres viñetas (sin el texto) no puede ser más fácil ni más emocionante. El color, por cierto, ayuda mucho. Hablando de color, flipo con el de esta página, casi parece Peter Petrake:
La historia es puro ruido, fragor y melodrama, pero acaba en una nota reflexiva que nos deja con la sensación de que el angst prefabricado de Marvel dota de un peso especial a la sucesión de poses extrañas del héroe musculoso a las que hemos asistido durante las veinte páginas anteriores. No hace falta leer las palabras para entender la gravedad de la última tira. Está todo contado visualmente, y no con el dibujo, sino con la articulación ente viñetas y la manipulación del marco de las mismas:
La portada de este tebeo anteponía al título Captain Marvel los adjetivos "sensacional" y "nuevo". Cuarenta años después, eso es exactamente lo que sigue pareciendo: sensacional y nuevo. Gil Kane: qué grande fuiste.
ADEMÁS: Lo bueno de manejar comic books originales en lugar de reediciones es que uno se encuentra con todo aquello que acompañaba a la historieta en sí y que muchas veces la pone en su verdadero contexto. Me refiero, por supuesto, a anuncios, correo de los lectores, etc. Y es curioso observar cómo se debatían en su momento las cosas que hoy en día damos por supuestas. Hace poco, a raíz del Invincible Iron Man de Matt Fraction y Salvador Larroca, debatíamos sobre los problemas de la continuidad y sobre la conveniencia o no de hacer historias de 22 páginas que tienen sentido en una revista si luego se van a leer recopiladas en libro. El debate no es nuevo. Ésta es la "Stan's Sopabox" (la columna editorial de Stan Lee) que aparece en este ejemplar con fecha de octubre de 1969: "¡Aquí lo tenéis, pandilla! ¡Un anuncio tan portentoso que hemos tardado meses en reunir valor para hacerlo! ¡Empezando lo antes posible, vamos a abandonar nuestra política de historias continuadas! ¡Sí, eso significa que intentaremos que cada obra maestra Marvel esté completa en cada número! Vuestras cartas han quedado al 50% a favor y en contra, y dado que nosotros personalmente preferimos los relatos continuados, los mantuvimos en marcha. Pero por fin hemos decidido que el otro 50% del marvelismo merecía igualdad de derechos, y siempre es emocionante cambiar. Eso hará que nuestro trabajo sea mucho más difícil: tendremos que abreviar los argumentos, y tal vez rebajar algunas subtramas e imponer un ritmo más estricto. Pero es lo menos que podemos hacer por nuestros alegres lectores, y será divertido ver cómo sale. ¡Puede que algunas de las historias actuales tarden uno o dos números más en cerrarse, y ocasionalmente TENDREMOS que ofrecer una historia en dos capítulos, pero en gran medida abandonaremos las historias continuadas hasta nueva orden! Ahora, por el amor de Odín, escribid tan pronto como podáis para decirnos qué os parece esto. ¡Si estamos cometiendo otro estúpido error, puede que la columna del mes que viene la escriba Irving Forbush!"
También me parece interesante la siguiente carta, enviada por Walt Stringer, de Armore, que aparece en la página de correo ("Mail It to Mar-Vell"): "He leído con gran interés el intercambio de cartas en CAPTAIN MARVEL #13 sobre el destino del Capitán Marvel y sus futuras hazañas. Eso me ha hecho pensar, y éste es el resultado.
Lo primero es que tenéis un personaje en una situación bastante similar a la de SILVER SURFER. Ambos tienen grandes poderes y ambos están atrapados en la Tierra debido a que sus superiores los han metido allí. Y por último, ambos están colgados de al menos una chica, lo cual me lleva a mi segundo punto. Yo personalmente daría la bienvenida a como mínimo un superhéroe en vuestro repertorio que no tenga problemas con su chica, con su identidad o con la ley, y que sea un solitario. Eso daría libertad completa al personaje y a quienes lo dibujan y escriben sus conversaciones y su acción. Mar-Vell es del espacio exterior; ¿por qué no devolverle allí? Podría encontrarse con el Vigilante y tener otras aventuras de ciencia-ficción sin límites para la imaginación.
Supongo que lo que quiero en realidad es un héroe solitario que esté libre de lazos emocionales, libre para ir y venir como guste, y cuyas aventuras se alejen de los argumentos y los dibujos tradicionales en el cómic. Gracias por escuchar".
La respuesta de Marvel es significativa: "La verdad, Walt, es que creemos que estás poniendo el carro delante del caballo del superhéroe en tu razonamiento. Al fin y al cabo, fue la maravillosa Marvel (empezando con los Cuatro Fantásticos, en el 61) la que hizo que el héroe con lazos emocionales cobrara valor propio; hasta ese momento, lo que se solían seguir era lo que llamas las historias "tradicionales", con una implicación relativamente escasa del héroe en ningún conflicto que se pareciese a los que se encuentran en la vida real".
La discusión se produce a punto de acabarse la "década Marvel", al borde de 1970, lo cual da para pensar, como mínimo, en qué medida no decimos con demasiada alegría que el estilo Marvel revolucionó los cómics, como si instantáneamente hubiera transformado el paisaje. Puede que fuera un proceso más traumático del que nos hemos acostumbrado a creer. Puede que lo siga siendo. Al fin y al cabo, la inquebrantable línea de la continuidad comunica directamente aquel Captain Marvel con este Invincible Iron Man.
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