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sábado, 11 de mayo de 2013

KURTZMAN EXPUESTO



HARVEY KURTZMAN Y WILL ELDER: VAYA PAR DE DOS

Kurtzman era el más listo de la clase, y Elder el payaso. Era inevitable que se unieran y que de su colaboración salieran tebeos tan originales y divertidos que hoy son un tesoro de la cultura popular americana de mediados del siglo XX.
Harvey Kurtzman (1924-1993) y Will Elder (1921) llegaron de Brooklyn y del Bronx, respectivamente, para coincidir en el prestigioso High School of Music and Art de Manhattan, y ya no se separarían a lo largo de su carrera profesional. A finales de los 40 compartían estudio, y a principios de los 50 formaban parte de la plétora de artistas de la pujante EC Comics de Bill Gaines. Ni Kurtzman ni Elder estaban especialmente dotados para el crimen, el horror o la ciencia-ficción, de modo que encontraron su nicho en otros campos. Kurtzman creó los legendarios cómics bélicos de Two-Fisted Tales y Frontline Combat, y en 1952 se inventó el tebeo satírico Mad, donde Elder encontró su plenitud. “Soy un humorista. Me encanta el humor; es la única forma en que puedo expresarme”, diría posteriormente. Kurtzman era un narrador riguroso y exacto, pero su acabado gráfico era escueto, lo que le restaba popularidad entre el público lector acostumbrado a estilos más endulzados. Cuando escribía guiones para otros dibujantes, acostumbraba a imponerles su propio estilo narrativo, proporcionándoles detalladísimos bocetos. Elder, por su parte, era un dibujante versátil y desbordante, que necesitaba la estructura rígida que le proporcionaba Kurtzman para no perderse en infinidad de detalles humorísticos. Con Elder, Kurtzman conseguía un acabado carnoso y comercial; con Kurtzman, Elder dotaba de vida a su estilo ilustrativo.
Tras abandonar Mad en 1956, Kurtzman y Elder siguieron colaborando en revistas satíricas como Trump (1957, para Hugh Hefner), Humbug (1957-58, autoeditada por un colectivo de historietistas) o Help! (1960-65, Warren). En esta última crearon a Goodman Beaver, una especie de Cándido moderno, que serviría de inspiración para la parodia erótica Little Annie Fannie, publicada entre 1962 y 1988 en Playboy. La huella de Kurtzman y Elder es palpable en Robert Crumb.

Texto publicado originalmente en Del tebeo al manga: una historia de los cómics 3. El comic-book: Superhéroes y otros géneros (2007, Panini), obra dirigida por Antoni Guiral.

Ayer estuve viendo la exposición The Art of Harvey Kurtzman en la Society of Illustrators. Casi no llego a tiempo, porque termina hoy, pero mereció la pena hacer el esfuerzo. Reconozco que no soy nada aficionado a las exposiciones de cómic con originales colgados de las paredes, pero hay que decir que ésta es una de las mejores que he podido ver. Primero, por la envergadura del personaje protagonista, Harvey Kurtzman, una figura a la que considero fundamental en la historia del cómic norteamericano moderno, aunque en realidad su influencia es mundial (en La novela gráfica le dedico las páginas 124-133). Y segundo, porque la variedad y amplitud de la muestra se correspondía con la del propio Kurtzman. Páginas originales ya legendarias, como la famosa historieta «Corpse on the Imjin» (Two-Fisted Tales, 1952) completa, o la primera página de «Superduperman» (Mad, 1953), la historieta que más influyó sobre Watchmen, se mezclaban con ejemplos de casi todas las épocas de la carrera de Kurtzman, desde antes de su llegada a EC hasta sus Humbug, Goodman Beaver y Little Annie Fannie, junto con trabajos comerciales o privados, documentos personales e incluso muestras de su época de estudiante de arte. En fin, un festín para el admirador de Kurtzman, que además se aumenta con la capacidad de sorpresa que siempre producen estos materiales, ya que Kurtzman trabajó con numerosos dibujantes a quienes suministraba abocetadas las historietas a las que ellos daban su forma gráfica final, y en esta exposición se podían comparar esos bocetos de Kurtzman con los acabados de sus colaboradores. En la pared se podía disfrutar de una de las colaboraciones más extraordinarias de todos los tiempos, la que realizó con otro genio, Bernard Krigstein, en «Bringing Back Father», la parodia de Bringing Up Father de Geo McManus que hicieron para Mad en 1954, con la participación añadida del compinche habitual de Kurtzman, Will Elder.

La exposición, en todo caso, revela que la variedad de temáticas, estilos y colaboradores que caracteriza la carrera de Kurtzman tiene una base material también, con una gran diversidad de técnicas y soportes que saltan a la vista cuando se ven en persona, lo que da una riqueza especial al recorrido. Me gustaría explayarme sobre Kurtzman como merece, pero ahora no tengo tiempo para hacerlo, de manera que he decidido recuperar el texto que encabeza esta entrada para que acompañe a una selección de algunas fotos que tomé ayer en la Society of Illustrators.


























sábado, 20 de abril de 2013

EL CUENTO DE HADAS DE SUPERMAN


El 16 de junio de 1959, George Reeves se quitaba la vida. El actor había sido la imagen de Superman durante toda la década de los cincuenta, desde que se estrenara la serie televisiva del Hombre de Acero en 1952. Sin embargo, el Superman que él representaba –un fortachón simpático que zurraba a ladrones y estafadores- había muerto un año antes en los tebeos. Con fecha de portada de junio de 1958, en Action Comics 241, Superman había entrado en la “Edad de Plata”. Primero fue la Fortaleza de la Soledad, después vendría la mitología kriptoniana –con la ciudad embotellada de Kandor a la cabeza-, la kriptonita roja y sus extravagantes transformaciones, los enemigos estrafalarios como los recuperados Mr. Mxyzptlk y Bizarro, la ampliación de la superfamilia con Supergirl y Superboy, la proliferación fantástica de la Legión de Superhéroes… Y, por supuesto, los legendarios imaginary tales y untold tales que tanto fascinaron a Umberto Eco.

El timonel que guió al Hombre del Mañana con mano firme en la transición de lo que con Siegel y Shuster había sido una “fantasía social moderna” a un “cuento de hadas moderno”, en palabras de Bradford M. Wright, fue el editor Mort Weisinger. Gerard Jones cuenta que “una vez, después de leer unas páginas de una historia de Siegel, Weisinger se levantó con el manuscrito en la mano. ‘Tengo que ir al servicio’, le dijo a Jerry. ‘¿Te importa que utilice tu guión para limpiarme el culo?’” Pero si Weisinger era un ogro con los autores, Superman, que había sido uno de los objetivos del doctor Wertham en su cruzada contra el cómic, tenía que ser el más limpio de los héroes. Probablemente esa fuese una de las razones que impulsaron a Weisinger a alejar a Superman de la realidad, a proyectarle a un universo autocontenido de superhazañas imposibles, donde hacerlo más higiénico y neutro. Pero la fantasía del mundo perfecto de Weisinger resultó tan imposible como la propia felicidad del atormentado editor. Las “historias imaginarias” con frecuencia relataban sucesos tremebundos: matrimonios imposibles que acababan en desastre, sueños truncados, catástrofes cósmicas. El dramatismo de estas historias era tan intenso que las hacía emocionalmente más reales que las historias verdaderas. El mundo perfecto soñaba sueños autodestructivos. Las historias imaginarias que se cuentan los personajes imaginarios son fantasías de una inocencia terrible.

Artículo publicado originalmente en Del tebeo al manga. Una historia de los cómics 5 (2009, Panini), la colección dirigida por Antoni Guiral.

jueves, 18 de abril de 2013

ALGO PARA LEER

Un breve boletín para recordar algunos cómics de los que hemos hablado en Mandorla que ahora se encuentran en las librerías españolas. No quiero dejar de recomendar tres novelas gráficas excepcionales:

Grandes preguntas (Fulgencio Pimentel/Sinsentido), de Anders Nilsen: LOS PÁJAROS.
Virus tropical (Random House Mondadori), de Powerpaola: EL VIRUS DE LA VIDA.
La Hermandad de Historietistas del Gran Norte (Sinsentido), de Seth: UN CAPRICHO.

Además, os recuerdo que ya está a la venta Marvel Comics: La historia jamás contada (Panini), de Sean Howe: LA HISTORIA DE MARVEL.

Y aunque no he escrito nada al respecto en Mandorla, quiero llamar la atención sobre un cómic que he traducido y que hace años que forma parte de mis favoritos: BACO (Astiberri), de Eddie Campbell.

martes, 19 de marzo de 2013

LA HISTORIA DE MARVEL

Supercómic no va a ser el único libro sobre cómic en el que he participado que se publique en las próximas fechas. Para este mismo mes de marzo, Panini anuncia Marvel Comics: La historia jamás contada, de Sean Howe, un libro que he tenido el gusto de traducir, y que no debería pasar por alto ninguna persona interesada en la historia de este medio.

Debo decir que cuando me propusieron traducir Marvel Comics: The Untold Story, me sorprendió. Panini es la editora en España de Marvel, y por lo tanto, si bien parece normal que sienta interés por divulgar la historia del sello norteamericano, uno también esperaría que se inclinase por difundir una versión canónica y oficial del mismo, una historia acorde al viejo discurso institucional de la alegre Casa de las Ideas donde Stan Lee daba origen a una mitología moderna ayudado por sus talentosos y felices colaboradores, con Jack Kirby y Steve Ditko a la cabeza. Algo informado, sí, pero con un claro sesgo pro-empresa. Así que digo que me sorprendió que Panini quisiera publicar esta Historia jamás contada porque el libro de Sean Howe es todo menos eso. Es una historia realista, veraz y desacomplejada, que cuenta las cosas desde múltiples puntos de vista -el de la empresa, sí, pero también el de los muchos colaboradores que entraron y salieron de ella a lo largo de las décadas, no siempre en los mejores términos-, y es una historia donde personajes clave como Stan Lee quedan retratados con la cantidad de complicados matices que se podría esperar de lo que solemos llamar una figura polémica. En resumidas cuentas, la historia jamás contada que se relata aquí no siempre es bonita. Diría que en ocasiones es incluso deprimente. Pero es reveladora, y creo que es muy valiente por parte de Panini haber decidido publicarla.

Este libro no está escrito para el público aficionado, sino para el público general. Yo lo he visto en las mesas de novedades de Barnes & Noble entre la biografía de Lincoln y No Easy Day, y Howe ha trabajado para medios mainstream como Entertainment Weekly. Es decir, que no está planteado ni escrito para Marvel zombis. Yo, por otra parte, ya tenía un conocimiento bastante amplio y asentado de la historia de Marvel antes de abordar esta lectura. Vamos, que estoy más cerca del Marvel zombi que del curioso casual. Y, sin embargo, la he disfrutado muchísimo. No sólo por la cantidad de información nueva que aún así me ha aportado (especialmente de la última etapa de Marvel, la relacionada con los grandes negocios financieros de los 20 últimos años), sino sobre todo por cómo se relacionan las distintas fuentes y datos en un relato donde el entramado entre creatividad, autoría, economía y empresa es inseparable. Creo que ésa es la única manera de hacer historia cultural en cualquier caso, pero aún más en el de una entidad como Marvel que, como editorial, no se limita a ser la intermediaria entre los autores y el público, sino que es de hecho la generadora del producto desde el primer instante, la fuente y referencia cultural de la que mana la producción del historietista contratado y a la vez el vendedor final del mismo. En Marvel -y podemos tomar a Marvel como ejemplo del modelo tradicional de cómic industrial- lo creativo y lo económico no son dos pasos separados de la producción: son un solo proceso. Por eso Howe hace bien en explicarnos no sólo las idas y venidas de guionistas y dibujantes, sino también los cambios en la dirección y propiedad de la editorial, que poco a poco ha ido siendo engullida por conglomerados mediáticos cada vez más descomunales.

Como relato novelesco, Marvel Comics: La historia jamás contada es apasionante. Quien haya leído Moteros tranquilos, toros salvajes, el libro donde Peter Biskind hacía la crónica de Hollywood durante los 70, reconocerá el mismo esquema de sucesión generacional. Los Jack Kirby y Steve Ditko serían los equivalentes a John Ford y Howard Hawks, los viejos maestros profesionales que a finales de los 60 ven cómo su modelo va siendo sustituido por un influjo de psicodelia y realismo sucio revolucionario. En parte podríamos decir que los Steve Gerber, Steve Englehart y Jim Starlin que llegan entonces serían los Hal Ashby, Jack Nicholson y Francis Ford Coppola del cómic de la era del Vietnam, y que fueron posteriormente barridos por la eficacia comercial de Jim Shooter, Chris Claremont, John Byrne y los megacrossovers de los 80 como aquel cine fue barrido por Steven Spielberg, George Lucas, Robert Zemeckis y las franquicias fílmicas. Pero esta Historia jamás contada va mucho más allá, porque empieza en los años 40, y permitirá a muchos descubrir a figuras tan pintorescas como Martin Goodman, el fundador de la editorial, y a dibujantes como Carl Burgos y Bill Everett, que pusieron los cimientos de su futuro con Namor y la Antorcha Humana (la Edad de Oro de Timely sigue siendo una de las cuentas pendientes más grandes que tiene el lector español), y alcanza hasta nuestros días y los últimos procesos de sinergias que estamos viviendo alrededor del concepto «propiedad intelectual».

Según leo, la edición española añade un capítulo extra al texto original, donde Alejandro Martínez Viturtia y Julián M. Clemente (los dos máximos responsables de la edición de Marvel en España ahora mismo) revisan la historia de la editorial norteamericana en nuestro país.

El libro de Howe no incluía originalmente ninguna ilustración. Para compensar esa carencia, el autor tiene un blog dedicado exclusivamente a imágenes de la historia de Marvel. Es una verdadera maravilla, un tesoro de fotografías y dibujos raros, insólitos, sorprendentes y muy significativos, donde perder horas sin fin:

Marvel Comics: The Untold Story


miércoles, 30 de enero de 2013

MÁS ALLÁ DE LAS LÁGRIMAS


La industria del comic book respondió al declive de los superhéroes tras la II Guerra Mundial con una variedad de géneros distintos que ofrecían el panorama más rico y diverso que jamás han conocido los tebeos americanos. Los cómics románticos, mal estudiados, apenas reeditados y poco valorados artísticamente, fueron, sin embargo, los más populares de su momento, por encima de los tebeos de horror o crimen. Según el especialista John Benson, el periodo dorado del cómic romántico abarca desde 1949 hasta 1955, durante el cual se vendieron 1.000 millones de copias y llegaron a publicarse hasta 150 cabeceras distintas en un mismo mes, lo que equivalía al 25% del mercado total del comic book.

La fiebre del cómic romántico fue iniciada por la pareja creativa que había sido responsable de éxitos del cómic de acción como Capitán América: Joe Simon y Jack Kirby. Buscando nuevos mercados, publicaron Young Romance (1947) con Crestwood, que, en un acuerdo poco común en la época, aceptó repartir con ellos los beneficios. La tirada de 500.000 ejemplares se agotó, y al cabo de un par de años multitud de editoriales -algunas de ellas especializadas en el género- habían inundado el kiosko de historias de amor. Los cómics románticos se anticiparon en cierta medida al cómic adulto de décadas posteriores. Por un lado, su estilo confesional abría la puerta de la historieta autobiográfica; por otro, los temas tratados, aunque desde una perspectiva moralista y didáctica, se asomaban al mundo del trabajo y las relaciones sentimentales. La mayoría de los dibujantes que trabajaron en el género lo hicieron también en otros campos, aunque algunos destacaron especialmente en éste, como Matt Baker o Alex Toth. Algunas cabeceras llegaron a mezclar géneros, como Cowboy Love, Negro Romance o True War Romances.


La crisis general del comic book tras 1954 también afectó a los tebeos románticos, que sufrieron una lenta agonía hasta su total desaparición en la década de los 70, cuando ya sólo Marvel y DC los publicaban. La imagen de la joven lloriqueante, tan popularizada por los cuadros de Lichtenstein, pertenece a esta época decadente.


[Texto publicado originalmente en Del tebeo al manga: una historia de los cómics volumen 3 (Panini, 2007), dirigida por Antoni Guiral. Me ha parecido oportuno recuperar ahora este breve artículo para complementar un poco la atmósfera romántica de la semana].

martes, 28 de agosto de 2012

EL ARTE DE JACK KIRBY



Se dice que Jack Kirby dejó publicadas 25.000 páginas. Cuando se puso a dibujar la primera viñeta de la obra por la que más le recordamos hoy en día, Los Cuatro Fantásticos, tenía 44 años y ya había dibujado muchas de esas 25.000 páginas. Desde los superhéroes hasta el crimen, el romance y el western, todo había pasado por sus manos. Sin embargo, a pesar de su madurez como persona y como autor, la transformación de su trabajo durante su primera etapa en Marvel sería pasmosa. En menos de diez años se convertiría en un artista completamente diferente. 

El resultado final del trabajo de Kirby siempre dependió en gran medida de los entintadores que le asignaron. Sin embargo, los cambios que experimentaría Kirby en Marvel afectarían de manera profunda a su manera de entender la historieta. El Kirby de los primeros Cuatro Fantásticos era un narrador competente, y uno de los mejores, si no el mejor dibujante de acción del momento. Sus tebeos estaban cargados de energía, y su uso de un diseño de página convencional de tres tiras le permitía centrarse en el dibujo, apoyado con frecuencia en uno de sus recursos narrativos favoritos: la secuencia de tres viñetas en la que se representan tres pasos de una misma acción. En 1964, Kirby empieza a introducir fotografías como fondos, al mismo tiempo que alguna página-viñeta espectacular. Con la llegada del entintador Joe Sinnott, rotundo en los contornos y las sombras, pero al mismo tiempo suavizador de los habitualmente desabridos rostros de los personajes kirbyanos, la serie inicia su periodo clásico. A partir del número 44 (1965), se caracteriza por el frenesí argumental y la monumentalización gráfica creciente. Aparecen complicadas maquinarias gigantes, menudean los planos cortos, las viñetas crecen y la narración se comprime. Al tiempo que los dibujos son cada vez más grandiosos, la lectura es cada vez más confusa, y Lee tiene que compensarlo con textos prolijos que explican lo que no cuentan las imágenes. Este estilo de producción torrencial es evidente en el final de la trilogía de Galactus (nº 50, 1966), que se produce en la página 13 de un episodio de 20. Las 7 páginas restantes se rellenan con intrascendentes escenas cotidianas. Pero eso ya no importa: como dice Glen David Gold, Kirby por entonces ya es “emocionalmente abrumador”. Se ha convertido en el dibujante del poder, y es por eso por lo que le recordamos.

Texto publicado originalmente en Historia de los cómics, tomo 4 (Panini, 2008), colección dirigida por Antoni Guiral.

Hoy, Jack Kirby habría cumplido 95 años. En este blog he dedicado varias entradas al que tal vez sea el dibujante más importante de mi vida. Hoy es un buen día para recordarlas:

¡EL ESLABÓN MÁS DÉBIL!
TAN CERCA DE AMÉRICA, TAN LEJOS DE KIRBY
LOS CRÍMENES DE KIRBY
BIG JACK
JACK KIRBY: LUCHADOR
JACK KIRBY: SOÑADOR
JACK KIRBY: AMANTE

martes, 3 de noviembre de 2009

UNDERGROUND Y ALTERNATIVO

Acabo de recibir una copia de Del tebeo al manga. Una historia de los cómics 6. Del comix underground al alternativo (Panini), por cortesía del editor de la colección, Toni Guiral, un tío genial, cuyo nombre tanto juego ha dado en los comentarios del post anterior sobre leyendas argentinas. Si sacar adelante este proyecto ya es un esfuerzo heroico digno de grandes ovaciones y hasta de hacer la ola a su responsable (aunque no sé si está teniendo el eco que merece en el comics mundill), este tomo en concreto es para mí muy especial. Primero, porque Toni me ha permitido participar en él en mayor medida que en ocasiones anteriores, y segundo, porque entronca directamente con mi libro de La novela gráfica, con el que, es obvio decirlo, tiene muchos puntos en común. En este volumen, además de con un informe previo (del que Toni ha extractado algunos fragmentos en la introducción), he participado con cinco textos: Raw, Weirdo y Love and Rockets: nace lo alternativo; American Splendor: ficciones cotidianas; Eightball: el mundo de Daniel Clowes; Acme Novelty Library: el anti-comic book de Chris Ware y una biografía de Chris Ware. Otros colaboradores que participan en el tomo bajo la dirección de Guiral son Marc Bernabé, Norman Fernández, Pepe Gálvez, Alberto García Marcos, Juan Carlos Gómez, Breixo Harguindey, Rubén Herrero de Castro, Eduardo Martínez-Pinna, Alfons Moliné, Antonio José Navarro, Juanjo Sarto, Luis Vigil y Yexus.

Todavía no he tenido ocasión de leer el libro, pero no dejo de hojearlo alucinado. Solamente por la cantidad y pertinencia de las imágenes que Toni y su equipo han conseguido reproducir, ya vale lo que cuesta. Hay de todo, desde publicaciones underground de los 50 y 60 hasta muestras de cómics alternativos periféricos (o sea, no norteamericanos ni franceses), pasando por... ¡un comix underground de la Unión Soviética! No creo que haya ahora mismo en español otro libro que ofrezca una información comparable sobre una etapa de la historia del cómic tan crucial para entender la novela gráfica contemporánea. Y es más, creo que no nos damos cuenta de que proyectos como éste no surgen todos los días. Su modelo más evidente es la Historia de los comics (Toutain) de Javier Coma, y de ésta han pasado más de 25 años. Y me extrañaría que surja otro trabajo de envergadura comparable al que capitanea Guiral, figura crucial, en los próximos 25 años.