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jueves, 18 de abril de 2013
SUPERMAN CONTRA LINTERNA VERDE BORRACHO
OK, vamos con una de túnel del tiempo, recuerdos de la infancia y demás mierda nostálgica. Pero con un toque moderno, marca de la casa.
Todos sabéis lo mítico que es «aquel primer tebeo que leíste» de niño, el que te arruinó la vida. Es tan mítico que, para ser sinceros, pocas veces recordaremos de verdad cuál fue. En mi caso, al menos, hay tres o cuatro candidatos que me bailan en la cabeza como mi posible primer tebeo. Al menos que yo recuerde, claro. Pero de todos esos candidatos, sólo hay uno que no sabía cuál era. Un tebeo que había leído en mi viejo colegio de Atocha, del que todo lo que recordaba era que Superman peleaba con Linterna Verde. La cuestión era que Linterna Verde estaba perdido y solo, en una ciudad abandonada y en ruinas, vestido de civil, borracho, y con barba de vagabundo, y allí que iba Superman y se peleaba con él. Recordaba sobre todo la escena de la batalla, en largos planos generales muy peculiares, y poco más.
Nunca más volví a ver ese episodio.
Desde que Google existe, he hecho todo tipo de búsquedas: «Superman contra Linterna Verde borracho», «Linterna Verde mendigo», etc., etc. Nada, cero.
Hasta me he revisado galerías de portadas de Superman y Action Comics esperando encontrar en alguna de ellas una pista de que aquélla era la historia que yo había leído.
«Superman contra Linterna Verde borracho» era mi Moby Dick.
Hace unas semanas me dejé caer por uno de los saldos que menudean por las tiendas de cómics de la zona de Baltimore y puse en marcha la aspiradora. Entre las cosas que se quedaron en la bolsa estaba el Superman #261 (1973) de Cary Bates y Curt Swan-Murphy Anderson, que compré única y exclusivamente porque la portada me pareció espectacular y hacía juego con la portada de otro Superman donde el Hombre de Acero era humillado por el sexo débil, y con Superman siempre es divertido hacer series temáticas.
No tenía mayores expectativas con el tebeo, pero cuando llegué a casa y lo abrí... oh, sí, astuto lector, ya lo has adivinado: ¡de pronto reconocí aquellas viñetas grabadas a fuego en mi cerebro cuando éste todavía tenía cierta plasticidad! ¡Superman #261 era «Superman contra Linterna Verde borracho»!
Oficialmente, sin embargo, el episodio se titula «Slave of Star Sapphire!», y yo lo había leído en su edición de Novaro, cuya portada encabeza este post.
Releerlo fue toda una experiencia.
Porque, ¿sabéis qué? Superman no se pelea con ningún Linterna Verde borracho.
Linterna Verde ni siquiera está borracho.
Bueno, es que Linterna Verde ni siquiera sale en el episodio.
La cuestión es que Carol Ferris es en secreto Star Sapphire, una supervillana cósmica enemiga de Linterna Verde. Tan en secreto lo es que ni ella misma lo sabe. Es como una doble personalidad maligna que ocasionalmente la domina. Viaja a Metrópolis por asuntos de negocios, y mientras su vuelo está a punto de aterrizar, Superman se enfrenta a Max Fenton, un criminal conocido que, entre chato y chato (éste es el que bebe), amenaza con provocar un desastre con un chaleco forrado de explosivos. El caso es que Carol se ve dominada por su personalidad de Star Sapphire mientras Superman intenta detener a Fenton sin que éste explote. Desde el avión, Carol-Sapphire lo ve todo con unos prismáticos, pero lo que ella ve no es la realidad. En la página que he reproducido más arriba, la parte de la izquierda muestra lo que está sucediendo, es decir, el enfrentamiento Superman-Fenton, mientras que la parte de la derecha muestra lo que está viendo en su cabecita loca Carol Ferris-Star Saphire: Superman está atacando a su amado Linterna Verde. (He dicho que Star Sapphire es enemiga de Linterna Verde; sí, y de hecho lo odia porque lo ama y él la ha rechazado).
Terminado el suceso, Star Sapphire cree que Superman ha matado a Linterna Verde, y jura venganza contra el defensor de Metrópolis. Lo que sigue es el enfrentamiento entre ambos, que concluye con un complicado juego de personalidades entre Ferris, Lois Lane y Star Sapphire que ahora no viene a cuento.
De este reencuentro con la infancia saqué un par de cosas, y no me refiero sólo a la vieja y repetida lección de que revisar el pasado es desmitificarlo.
La primera es la fascinación por la página que he reproducido, la del duelo doble entre Superman y Fenton con la superposición de la fantasía linternaverdesca de Carol Ferris. Es una página verdaderamente extraordinaria, con una sucesión de planos repetidos aéreos, casi axonométricos. Es muy raro que en los cómics de superhéroes se repita tanto el mismo plano de forma seguida, sobre todo en aquella época, y es muy raro que se utilice una perspectiva como ésa, que parece propia de Chris Ware, aunque en este caso esté justificada por el punto de vista elevado de Carol Ferris.
Es todo tan raro que no me extraña que se me quedara grabado de crío: lo excepcional es lo memorable. Probablemente la primera vez que se me pasó por la cabeza la idea de que un superhéroe pudiera combatir vestido de civil y que pudiera ser un borracho que no se afeita y lleva el pelo sucio me la sugirió este tebeo hacia 1975, años antes de que existieran cosas como los Ultimates.
[Por supuesto, si se me quedó grabado como algo excepcional, eso significa necesariamente que no pudo ser mi primer tebeo de superhéroes; tenía que haberme formado ya una idea de qué era lo normal para que esto me impresionara tanto].
Pero la segunda lección que saco de esta lectura es algo que hace tiempo que voy teniendo cada vez más claro. Mientras que el aficionado actual a los superhéroes, que suele ser un señor madurito que lleva toda su vida leyendo tebeos (es decir, alguien como yo) no hace más que quejarse amargamente de que los superhéroes de hoy ya no son como los de antes, que antes sí que tenían buenas historias, que la continuidad lo ha destrozado todo y que lo que hay que hacer es volver a los fundamentos y a la narración clara y limpia para recuperar las esencias, yo cada vez estoy más convencido de que las buenas historias importan entre poco y nada. Digámoslo así: probablemente este Superman me proporcionara una de las experiencias lectoras que más he disfrutado en mi vida, y sin embargo está claro que no me enteré de nada. Ni sabía qué estaba pasando, ni quiénes eran los personajes, ni nada de nada. Probablemente era la primera vez en mi vida que veía a Linterna Verde, y mucho menos iba a entender que Star Sapphire estaba haciendo un crossover desde otra colección, y para remate, el desenlace implica a dos mujeres (Lois y Carol) disfrazadas del mismo personaje. La escena que he recuperado aquí muestra dos acciones en paralelo, una de las cuales es real y la otra lo parece, pero en realidad es la representación de los delirios de una mujer poseída por una personalidad cósmica maligna. ¿De verdad alguien espera que un niño de siete años procese esto correctamente?
No, amigos, creo que puedo decir que si tanto disfruté esta aventura de Superman no fue porque fuera una buena historia, sino porque los dibujos eran potentes y los colores rotundos, y porque los personajes eran absolutamente fascinantes. Los personajes eran, de hecho, lo nunca visto.
¡Si hasta salía Linterna Verde borracho!
[ANOTACIÓN AL MARGEN: Sólo hay que ver la portada para darse cuenta de que a partir de este tebeo se podría haber hecho perfectamente el capítulo IV de «Cuestiones de género en el cómic de superhéroes». No descarto que reaparezca en el futuro].
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domingo, 12 de diciembre de 2010
¡EH, MI ARMA!
Aventura nº 898 (5 de abril de 1979), Editorial Novaro. Gerry Conway, José Luis García López y Wally Wood.
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EL SECRETO DE LOS HOMBRES PULGARCITOS
Titanes Planetarios nº 425 (19 de marzo de 1979), Editorial Novaro. [Cortesía de Manuel Bartual]
AVENTURAS EN EL ESPACIO
T.V. Mundial nº 77 (1 de junio de 1966), Editorial Novaro. [Cortesía de Manuel Bartual].
martes, 7 de diciembre de 2010
OROZCO

Brutal la exposición «Orozco. Pintura y verdad» que vi hace unos días en el colegio San Ildefonso, en la calle Donceles. El escenario era ideal, porque sus patios están repletos de murales del pintor de Jalisco, pero la vastísima muestra iba mucho más allá de los célebres murales. Descubrir los cuadros de prostitutas, las caricaturas y dibujos políticos y los potentísimos bocetos preparatorios de José Clemente Orozco fue una experiencia abrumadora. Y tiene más mérito todavía por cuanto me enfrenté a la obra de Orozco diez minutos después de haber estado viendo los murales de Diego Rivera en la SEP, que no son precisamente moco de pavo. Pero Orozco me resultó más cercano que Rivera por su fidelidad al dibujo, al trazo negro y al papel, por la naturalidad con la que construye figuras ciclópeas que a la vez son caricaturescas. La exposición no da tregua al menos hasta que llegamos a la Segunda Guerra Mundial, cuando parece que todos los grandes artistas de las vanguardias históricas y del primer tercio del siglo entraron en una crisis colectiva de agotamiento, y Orozco mismo se amanera en un estilo que luego se perpetuaría en iglesias modernas y enrolladas hasta los años 60 y 70.
Como no tengo espacio en la maleta para transportar libros de semejante tonelaje ni en casa para guardar tantos centímetros cúbicos de papel, he renunciado al soberbio catálogo y prescindo por tanto de poner aquí muestras de lo que hablo. Pero está bien así, porque al fin y al cabo en este blog se habla de cómics, y aunque hay mucho en el trabajo de Orozco que resulta cercano para cualquier buen aficionado al cómic, más apropiado todavía es traer a Orozco directamente en forma de cómic. El episodio de Vidas ilustres que se dedicó al pintor manco no es ninguna maravilla de la historieta, pero resulta interesante por cómo reproduce el viejo mito heroico del artista, un discurso que se nos cuela sin darnos cuenta en la conciencia y hace que luego interpretemos como interpretamos el relato de nuestros propios éxitos y fracasos. Por eso, supongo, uno reconoce en esta página un problema tan candente hoy en el cómic contemporáneo (el español y el mexicano, por ejemplo) como en la pintura de los tiempos mozos de Orozco:
Por eso, tal vez, sea fácil identificarse con «la lucha de los pioneros»:
Por esto, quizás, esta página me recuerde a debates recientes en el mundo de las viñetas:
Y bueno, en esta página no le busquen tres pies al gato. La subo porque me gusta, y punto:
Vidas ilustres. José Clemente Orozco, nº 190, 15 de julio de 1968, Editorial Novaro. Ilustraciones de Antonio Cardoso.
domingo, 28 de noviembre de 2010
viernes, 26 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
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