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sábado, 2 de julio de 2011

¡SUPERVILLANOS!


Acabo de ver (por fin) Danger: Diabolik (1968), de Mario Bava, inspirada en la famosa serie de cómic italiana que acaba de empezar a publicar en nuestro país Kraken. Yo a Diabolik lo adoraba como icono, pero lo tenía muy poco leído, aunque hay algunos libritos italianos por casa. Lamentablemente, la lectura del primer volumen que ha salido aquí me ha dejado bastante chafado. Es material rancio, y no tiene tampoco esa gracia desaforada del pulp antiguo. La película me la he puesto para quitarme el mal sabor de boca (y tal vez para convencerme de que haga otro intento cuando salga el número 2, así somos los consumidores de tebeos), y vaya que si lo ha conseguido.

Danger: Diabolik es un espectáculo fastuoso muy de su época. Al estilo de Barbarella, artificiosa y chillona, es un insólito espectáculo kitsch completamente arreferencial. No representa el mundo, lo reinventa en un delirio psicodélico, al estilo de los tebeos de Eric Losfeld o de Peter Petrake. Como Barbarella, está ya tan pasada de moda que ha recuperado su dignidad artística. Ya no es un objeto antiguo, es un objeto intemporal. Un anticlásico, diríamos.

Pero lo que más me ha interesado de Diabolik ha sido cómo proyecta, ya en 1968, el tema del supervillano como héroe que se planteó el otro día en los comentarios de este post. O al menos yo creo que se planteó, o al menos creo que yo lo planteé. El protagonista es un espléndido, anónimo y gozoso malvado que comete crímenes con la misma rigurosa rectitud con la que los héroes hacen el bien. Para Diabolik, el crimen es un fin en sí mismo. Para Diabolik, matar y robar es un placer. Y para el espectador, también. Un placer lujoso y sensual, añado.

La película es sorprendentemente antisistema. A la luz de lo que está pasando ahora con nuestro sistema financiero, sorprende ver el colapso del estado cuando Diabolik hace volar por los aires la Hacienda pública, y los ciudadanos se niegan a pagar los impuestos. Todo se viene abajo, y el enmascarado se carcajea, feliz. Y sí, Diabolik es antisistema, pero no por convicciones políticas, sino por rebeldía generacional. Los protagonistas, Diabolik y su amada Eva, representan la juventud, la esperanza del verano del amor, y frente a ellos se alza un único obstáculo: el viejo sistema, el sistema de los viejos.

De hecho, Diabolik y Eva viven en su propio Edén, en su jardín privado, apartados del mundo exterior, puros en su mar de billetes, entregados al arrebato de las joyas y los bikinis. Su pasión es una pasión profundamente materialista, y por tanto inocente. Se han protegido del universo corrupto de los mayores con un abrigo de rapiña.

Al final, Diabolik eyacula un chorro de semen ardiente, inmenso, que arrasa el mundo en el que viven y da paso a un nuevo mundo, y a la invasión de su paraíso. Pero el viejo sistema no puede acabar del todo con Diabolik. Pueden capturarle, pero no pueden tocarle. Una gruesa capa de oro le protege de la miseria de nuestras vidas. Abre un ojo muerto y luego lo guiña. Y en esa pupila se reflejan todos los tebeos de supervillanos, perdón, de superhéroes, que van a venir en la década de los 2010.