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jueves, 3 de diciembre de 2015
YUNA VIVE EN MADRID
Mañana se estrena YUNA en las librerías de toda España y parte del espacio exterior, y precisamente mañana hacemos la presentación en público de nuestro libro Juaco Vizuete y yo. Será en la librería Generación-X (calle Puebla 15) a partir de las 19.30 horas, y después de hablar un poquito de la criatura dedicaremos la obra a todo el que quiera llevársela con un dibujo y una firma.
La presentación la conducirá con su verbo grácil y su inteligencia preclara John Tones, que precisamente es el autor de la primera reseña de Yuna aparecida hasta ahora: Yuna, espacio interior.
Tengo que decir que me produce una especial emoción que Yuna salga acompañada por tres lanzamientos de colegas en Astiberri, en un insólito 4 de diciembre de novela gráfica española a tope que creo que muestra la diversidad y riqueza que ha ido adquiriendo este movimiento en nuestro país. Mañana, junto al tebeo que hemos hecho Juaco y yo, también salen Necrópolis, de Marcos Prior, La Ficción, de Curt Pires y David Rubín (que he tenido el inmenso placer de traducir yo mismo) y La casa, de Paco Roca. Tres tebeos como tres soles. Que ustedes los disfruten.
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lunes, 29 de abril de 2013
EL SUICIDIO DE LOS LUNES
Hace año y medio escribí una entrada en Mandorla sobre Sundays on Mars, la serie de cómics que Corbera estaba publicando en internet. Entonces comentaba que las almas intrépidas harían bien en seguirle los pasos y ver a dónde le (nos) llevaban en el futuro. De momento, le han llevado a la publicación impresa a través de fanzines, que Corbera ha empezado a publicar con una frecuencia cada vez mayor. Monday Suicide (2012, Space Face Books) es el más formal de todos, con su portada de cartulina en color. Le han seguido productos todavía más artesanales: Nowt (2012, Miedo) y Nowt II (2012, Miedo) y Chufi (2013, Miedo y Fatbottom), y parece que vienen más rápidamente en camino.
En Monday Suicide, Corbera continúa su exploración de lo que en su día llamamos la tira cómica contemporánea planteando situaciones comunes, o incluso tópicas -¿hay algo más típico de la tira de prensa que el mal de los lunes?- que se nos presentan con una nueva extrañeza. A veces, uno tiene la sensación de enfrentarse a una versión del Jack Survives de Jerry Moriarty perpetrada por los androides del Electroma de Daft Punk, que hace unos días citaba un lector de Mandorla en los comentarios. Es decir, costumbrismo posthumano.
En Nowt y Nowt II parece que las citas a autores fetiche (algunos más evidentes, como Yuichi Yokoyama o el propio Osamu Tezuka, otros más idiosincráticos, como Leon Sadler) toman un tono más festivo y se escoran hacia el pulp y los géneros de derribo, pero todo tiene una resonancia hueca. Es como si Corbera trabajara para excavar el cascarón emocional de sus tebeos, lo cual no quiere decir que carezcan de emotividad, sino que ésta es tratada como un elemento retórico más. Tal vez todo sea un disfraz que apenas puede cubrir el sentimiento de aislamiento, paranoia y desconfianza que impregna todas las páginas. No puede ser casualidad que el autor haya elegido Miedo como nombre para su sello.
En Chufi el giro hacia el humor negro parece la única salida para una carrera macabra, pero al mismo tiempo hace más patente la presencia de la muerte, que se anuncia no ya a través de calaveras medievales, sino del gusto creciente por la imperfección y el error en el trazo y la mancha. La descomposición incorporada como parte del proceso creativo, vital, es el rasgo que marca el futurismo desideologizado de Corbera. «I find you horrible, but I'll get used to it». Claro que sí, querida.
La adscripción de Corbera al fanzinismo parece militante, y debo decir que hoy por hoy me parece un medio que, más que un simple soporte asequible, hay que entender como elemento que aporta un matiz expresivo a un trabajo tan irrenunciablemente anticomercial como éste.
Para mí es un honor que Gabriel Corbera sea uno de los autores participantes en Panorama, donde además tendremos el privilegio de disfrutar de su primera historieta en español.
ATENCIÓN: Rubén Lardín entrevista a Gabriel Corbera en Vice.
SMALL PRESS: Quiero comentar otro par de productos de la small press española que he disfrutado durante los últimos meses. Del fanzine Buendolor hemos hablado con anterioridad en Mandorla, pero parece que cada vez va a mejor. Su número tres (otoño de 2012), «Experimentando con sexo», utiliza el doble sentido de su lema para mostrar una vez más la vocación vanguardista de su impulsor, Álvaro Nofuentes, que deja claras ya desde la portada sus intenciones interrumpiendo con un troquelado vaginal un pastiche de Disney.
El rango estético de Buendolor es muy amplio, porque su nómina de colaboradores toca muchos palos, desde Esteban Hernández hasta Micharmut y todo lo que hay por medio y en sus orillas. A mí en este número me han llamado la atención especialmente las historietas de Marcos Prior (que ha dibujado algo que llevaba mucho tiempo dándome vueltas en la cabeza... aunque en mi caso era con robots gigantes), Clément Xavier, con una deliciosa parodia de James Bond (véase imagen de ilustración) y Maxime Jeune y Camille Albaret, con una fantasía erótica precolombina. En conjunto, un número muy jugoso. Para conseguir Buendolor, consúltese el blog de Nofuentes.
El segundo título que quería mencionar es La isla del Diablo/Escondite, un minitebeo doble de Alexis Nolla publicado por Apa Apa, que sigue manteniendo vivo el frente de la resistencia alternativa en las viñetas españolas. Nolla se inscribe plenamente dentro de la estética indie de nueva ola de fanzines como Colibrí, y en las dos portadas de este tebeo casi podríamos decir que condensa todo su programa: personajes disfrazados con los rasgos icónicos de los estereotipos que representan, pero detenidos, estáticos en una inacción perpleja. En resumidas cuentas: en pose.
Y eso es lo que encuentra uno en las historietas del interior: la evocación de grandes escenarios y aventuras clásicas que se descomponen en un escepticismo posmoderno que sólo entiende las relaciones a pequeña escala. El mundo como entramado literario, la vida como aventura proyectada y siempre demorada. La deliciosa fluidez con la que Nolla lo cuenta todo hace que espere con ilusión sus próximas historietas.
En Entrecomics entrevistaron a Alexis Nolla.
domingo, 24 de julio de 2011
CUANDO ESCUCHO ALGO ASÍ ME CUESTA CREER QUE UN DÍA TENGA QUE MORIR
En verano, como el resto de los seres humanos, yo también tengo mis rachitas de tiempo libre en las que intento ponerme al día con tantas cosas acumuladas a lo largo del año, y cuando digo cosas me refiero concretamente a «lecturas». O en el caso del post de hoy, mejor que a «lecturas», a escrituras. Durante los últimos meses he ido leyendo algunos cómics que me han gustado mucho y a los que siempre he reservado el espacio mental para escribir un comentario extenso e individual sobre ellos, pero nunca he encontrado el tiempo necesario para hacerlo. Y como es una pena que pasen sin una sola mención, y como es posible que muchos de los lectores de Mandorla tengan ahora ese tiempo extra para lecturas y estén rebuscando entre el material publicado durante los últimos meses algo que llevarse a la playa (o a la montaña), voy a hacer un gazpacho de comentarios por si a alguien le sirve de algo. Todo lo que comento aquí son buenos tebeos, incluso excelentes, que le recomendaría leer a cualquier persona interesada en las últimas novedades del arte secuencial moderno.
Cuadernos ucranianos (Sinsentido, 2011), de Igort, es realmente un libro monumental. Yo nunca había sido muy fan de Igort, a quien veía demasiado esteticista en sus trabajos anteriores, pero con Cuadernos ucranianos pone todo su buen gusto al servicio de una narración de gran envergadura. Siguiendo los pasos del maestro Sacco, Igort se vuelve hacia la realidad, hacia el reportaje, hacia lo documental y hacia la memoria, pero lo hace con su propia personalidad, sin renunciar a ese esteticismo que mencionaba, el cual encaja sublimemente con las necesidades narrativas de su materia para articular los diferentes niveles, tiempos y fuentes del mismo. Cuadernos ucranianos es un excelente ejemplo de cómic de la realidad de nuestros días, en el que el lenguaje de las viñetas se fuerza, modela y adapta para llegar a rincones que le resultaban inéditos hasta hace muy poco. Un libro sobre el que volver una y otra vez.
También hay una voluntad experimental en La señorita Else (Sinsentido, 2011), de Manuele Fior, que adapta una novela de 1924 de Arthur Schnitzler, autor de Traumnovelle, en la que se basaba la película Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. La referencia la hago no solo por ubicar un poco al autor, sino porque quienes hayan visto la película tal vez encontrarán algo de su aroma en este cómic: cierto olor a corrupción sexual, a trauma psicológico, a teatro de los sueños levemente espectral. A decadencia moral, también. Lo experimental de La señorita Else es el intento de traer a un medio tan visual como el cómic la esencia de una novela intimista, de los sentimientos, profundamente psicológica, muy al estilo de los años 20, y hacerlo sin caer en lo fácil, que es la transposición literal de tochos de texto. Fior se fía de la fuerza de su dibujo, también muy en sintonía con las corrientes centroeuropeas de la época de entreguerras. Es otro libro que inspira por su voluntad y por su osadía.
Pero sin duda, el libro «que hay que tener» de los que ha publicado este año la editorial madrileña es Un lugar equivocado (Sinsentido, 2011), del jovencísimo Brecht Evens, una exhibición deslumbrante de cómic contemporáneo que parece novísimo, aunque hunda sus raíces gráficas en la ilustración de las revistas de mediados del siglo XX. Evens se presenta completamente formado, como otro pequeño genio juvenil que situar al lado de Dash Shaw y Bastien Vivès en la vanguardia de los autores últimos que llegan al cómic sin la carga de un pasado profesional. Una cosa es haber luchado toda tu vida por ser libre, como les ha ocurrido a los grandes maestros de lo que llamábamos el cómic independiente, y otra cosa es haber nacido libre, como les pasa a estos cachorros. Tal vez por eso obras como Un lugar equivocado tengan ese aire de facilidad, de comodidad, de desenfado, y estén tan felizmente despojadas de todos aquellos compromisos que hemos adquirido los que nos hemos criado leyendo a Gil Kane. En todo caso, y por concretar, una de las cosas más importantes que creo que ofrece Un lugar equivocado es una concepción nueva del espacio -el espacio físico en el que se mueven los personajes y el espacio de la página-. La anécdota que sustenta su ejercicio visual es leve. Me recuerda a la descripción que Vila-Matas hace en París no se acaba nunca de una película de Adolfo Arrieta: «En realidad, toda la película de Arrieta era una fiesta. Se iniciaba con unas escenas en Nueva York en las que la cámara del mítico cineasta Jonas Mekas servía de soporte a un pequeño journal de un joven escritor (Javier Grandes) que era esperado en París en una fiesta. El tiempo que duraba ésta era el tiempo del film. Tam-Tam era la historia de una fiesta continua, sin límites, que se desarrollaba sin interrupción de Nueva York a París pasando por el sur de España (Marbella), y en un apartamento, que era todos los apartamentos: esa casa de París en la que esperaban a Grandes, que, por estar en Nueva York, no acudía, pero tenía el detalle de mandar a su hermano gemelo». Eso es Un lugar equivocado, la fiesta móvil, la conga uróboros. Y el leve, casi imperceptible sabor amargo del café y los cigarrillos.
Otro libro profundamente urbanita y moderno es Cecil y Jordan en Nueva York (La Cúpula, 2011), de Gabrielle Bell, una colección de relatos cortos que supera con mucho a Afortunada, el anterior libro de Bell, que ya me había gustado mucho. En Cecil y Jordan en Nueva York, la variedad de registros, temáticos y gráficos, y la introducción inesperada de elementos fantásticos enriquece los relatos y los convierte en pequeñas joyas como el primero, el de la silla, que ya por sí solo justifica todo el libro. Ficción contemporánea de primer nivel.
Lo primero en lo que pensé al leer Cárcel de amor (Apa-Apa, 2011), de Sergi Puyol, fue en El coleccionista, legendaria película de William Wyler que marcó mi infancia. Aparte de eso, Cárcel de amor se mueve en unos registros completamente opuestos a los de una gran producción cinematográfica clásica, y se acerca más a la sensibilidad típica del pop indie español. De hecho, hay muchas cosas típicas del indie (comiquero, no musical): el protagonista es el fracasado típico que no encaja con las demandas de la sociedad pero que, al fin y al cabo, está justificado porque todos los que le rodean son todavía más desagradables (esa mirada ternurista y autocomplaciente que tanto daño ha hecho a lo alternativo); tiene treinta y tantos años, y está en el momento justo en el que se acaba la expectativa de mantener eternamente la infancia y se empieza a saborear de verdad el fracaso. Cárcel de amor está bañado en fracaso y depresión, podríamos decir que es el reverso áspero y psicópata de Arroz pasado, de Juanjo Sáez. Pero lo interesante es que todo esto se puede interpretar como una parodia del indie, y que lo importante no es tanto el discurso expreso como lo que muestran las imágenes: los paisajes urbanos y los jardines desolados. La verdadera cárcel. Lo íntimo, pero también lo inexpresable. Lo importante de Cárcel de amor no es que intente contar una historia, sino que intenta contar un estado de ánimo.
Un estado de ánimo que puede ser colectivo, como demuestra el fanzine Colibrí, editado por el propio Puyol con Toni Joan Mascaró (uno de los editores de Apa-Apa) y que viene al rescate de esa ética indie que ya parece de otra época invocando a un buen puñado de autores españoles con vocación alternativa, acompañados de algunos nombres extranjeros. Llevan tres números y valen la pena para quien quiera salirse un poco de los caminos más trillados.
Si hay un libro del que me hubiera gustado hablar más a fondo es de Fagocitosis (Glénat, 2011), de Marcos Prior y Danide. A Danide lo descubro ahora, y es un inmenso dibujante, que por momentos me recuerda en el estilo a Luis Bustos. Aquí demuestra versatilidad y capacidad para dibujar lo que quiera, como quiera y donde quiera. Veremos en qué se concreta. Prior, por su parte, tiene ya una larga carrera en las trincheras del experimentalismo. Abnegadamente fiel al laboratorio, lleva años proponiendo una apertura de esquemas temáticos y formales para el cómic español que llegó a algo muy serio en Fallos de raccord (Diábolo, 2008), dibujado por él mismo, y que ahora concreta quizás más su ambición. Fagocitosis ataca el tema de nuestros días: el sistema, y lo hace desde un horizonte político y estético que los propios autores enmarcan sin complejos (como debe ser): desde Miguel Noguera hasta Slavoj Zizek pasando por Eloy Fernández Porta (con quien también ha colaborado Prior). Es decir, las coordenadas del posthumor y del afterpop, o lo que es lo mismo, la búsqueda de lo que está después de todo lo que hemos heredado, y en nuestro caso concreto, de los tebeos. Y sí, este Fagocitosis es un tebeo deliberadamente afterpop porque utiliza los materiales de la historia del tebeo (como los clásicos ilustrados o los personajes icónicos) con la conciencia de estar reutilizando objetos dados para dotarlos de un nuevo sentido al cambiar su red de relaciones y referencias. Fagocitosis es un tebeo extremadamente ambicioso en lo formal, y muy logrado en gran medida, con el que yo tengo un pequeño problema, y es que la sátira nunca me ha llenado (prefiero la comedia de situación, pero hablaré más de eso en un próximo post), y por lo tanto acaba siendo un tebeo gracioso que no me hace tanta gracia. Es más, al situarse dentro del horizonte del humor, Fagocitosis parece en cierta medida menos experimental de lo que es, ya que sobre todo sirve para revelarnos que el humor siempre ha sido el territorio más avanzado en el cómic. Las parodias de anuncios, la mezcla de materiales, el choque entre fotografía, publicidad y caricatura, son habituales en las revistas satíricas de todas partes desde hace mucho (incluyendo a El Jueves, por supuesto), y por tanto en ese contexto no choca ver según qué experimentos. Pero me interesa mucho cómo se puede aplicar el modelo narrativo de Fagocitosis a otro tipo de relatos, los que llamaríamos «serios» o «realistas» (siguiendo las convenciones de la tradición del cómic), que siempre han sido más pacatos y están más necesitados de renovación. Es decir, que me interesa mucho el camino de Fagocitosis y que creo que es uno de los más adecuados para describir el mundo en el que vivimos.
Ya que he mencionado El Jueves, no puedo pasar por alto que nuestro historietista supremo de estos momentos, Manel Fontdevila, sacó hace un par de meses una recopilación de los chistes que publica todos los días en el diario Público: ¡La crisis está siendo un éxito! (Astiberri, 2011), recopila y reordena multitud de chistes sobre el tema de nuestros días, de tal manera que parece crear con ellos una especie de relato. Aunque en realidad es un relato intemporal, que acaba siendo prácticamente un mito. Podríamos llamarlo el mito de la opulencia occidental. El éxito de Manel está en que no se limita a la caricatura de actualidad, sino que hace la crónica de la crisis a pie de calle. O a pie del escenario que corresponda, porque los hay muy diversos en este libro: los grandes ámbitos empresariales y financieros poblados por gigantescos semidioses habitualmente dotados de gafas de sol, o sea, sin ojos, o sea, sin alma; los pequeños negocios, desesperados, cerrados, y las oficinas de los bancos donde solo queda el desafío del señor con su cerdito; el escenario doméstico, el saloncito invadido (física o figuradamente) por la crisis: los matrimonios desaliñados, los jóvenes sin futuro. Manel sabe recoger la vieja tradición del humor español para darle la vuelta y hacerla nuevamente actual: remetaforiza una metáfora cuando hace que los quinquis hablen como empresarios, o rescata al clásico mendigo que pide en la esquina (un auténtico hito nacional), o nos hace vitorear al pequeño y recio obrero, un muñeco simpático al que dan ganas de apretar a ver si pita, que es, efectivamente, lo que hacen los orondos empresarios. Este libro es un perfecto compañero para Fagocitosis, y es tentador verlo como otra lectura afterpop de la crisis. La fragmentación del chiste diario construye una gran realidad escrita en cooperación por el dibujante y por la Invisible Mano Negra que rige nuestros destinos. También hay otro aspecto de interés en ¡La crisis está siendo un éxito! y es que, al igual que Bodyworld, de Dash Shaw, es un libro que se ha publicado íntegramente primero en internet (donde sigue a disposición de los lectores, gratis) y posteriormente en papel. Siento, por tanto, curiosidad por ver qué éxito comercial tiene. ¿Será la base de lectores acumulada en internet la base del éxito de su versión física, o será la accesibilidad en la red la que impida que despeguen sus ventas? Ni idea. [Disclaimer: cuando digo que Manel Fontdevila es nuestro historietista supremo en estos momentos, lo digo porque lo creo; también es amigo y colaborador mío; si alguno cree por tanto que lo digo por interés espurio, sírvase usted mismo]

Y ya que estoy plenamente metido en el humor, que finalmente acaba siendo el género más maduro y rico que hasta el momento nos ha dado el cómic, acabo con dos fogonazos satíricos que tienen un par de cosas en común: ambos vienen de Francia y ambos se basan en la sátira de costumbres de la juventud. El primero es Girls Don't Cry (2011, Glénat), de Nine Antico, de quien conocía su ambiciosa novela gráfica Coney Island Baby (L'Association, 2010), un volumen épico protagonizado por Bettie Page y Linda Lovelace de muy distinto tono. Girls Don't Cry va de forma muy directa al retrato descarnado de unas jovencitas estúpidas y superficiales devoradas por la moda. Un blanco fácil que podía haber precipitado una serie de lugares comunes, pero que Nine Antico salva con una cierta empatía hacia sus criaturas e inclinando el relato hacia lo puramente cotidiano. Más pop que afterpop, con su estética conectada por vía directa con la psicodelia de los 60, Girls Don't Cry tiene de verosímil lo que no tiene de estrictamente gracioso.
El segundo volumen se sitúa ya a otro nivel. La vida secreta de los jóvenes II (La Cúpula, 2010) es una obra maestra de nuestros días. Rebuscando por Mandorla veo que no hay nada sobre el primer volumen, cosa que no entiendo porque era fantástico (sí escribí sobre otro libro de Sattouf, el también excelente Manual del pajillero). Para mi sorpresa, esta segunda entrega es aún mejor. Aunque el punto de partida podría parecer semejante al de Girls Don't Cry (la observación naturalista de las costumbres de la juventud), esta serie hace tiempo que ya rebasó ese planteamiento para extender su mirada curiosa a toda la sociedad. Verdadera colección de retazos de vida captados en plena naturaleza (urbana), a modo de guiones encontrados, por un lado La vida secreta de los jóvenes II es afterpop (por seguir con el tema de este post) en su visión fragmentaria del mundo, que construye como un magma irónico sin orden ni jerarquía alguna. Pero por otro, remite a la observación costumbrista más tradicional de la historia del cómic. La caricatura, la gestualidad (los rostros que dibuja Sattouf son fabulosos), el uso del lenguaje (la traducción es una brillante recreación), en todo esto se podría comparar, por ejemplo, a Milt Gross, que es otro autor del que me tocaría hablar por la reciente aparición en España de Él fue malo con ella. En La vida secreta de los jóvenes II abunda el plano televisivo, porque hay algo de exhibicionista y de reality en la forma en que nos revela ante nosotros mismos. Nos permite mirarnos y, la mayoría de las veces, sin reírnos, pasar la página abochornados y al mismo tiempo hiponitzados, deseando llegar al final de algo que querríamos que no acabara nunca. Es tan fácil reconocernos que a veces hasta creo reconocer conceptos abstractos con los que vivimos dentro de nuestra cabeza. Por ejemplo, en la página que reproduzco a continuación, he tenido la sensación de que el viejo protagonista es el cómic de toda la vida. Menos mal que gente como Sattouf tiene la suficiente perspectiva para verlo de lejos y pintar otra escena.
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lunes, 7 de marzo de 2011
DUELE BIEN

(Álvaro Nofuentes)
(Marcos Prior)
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