La presentación de La novela gráfica el jueves en Málaga fue un poco distinta. Para empezar, porque no tengo fotos de la misma. Pero a pesar de que falte la prueba gráfica, puedo asegurar que el acto no sólo se celebró, sino que se celebró en unos términos notablemente diferentes a los habituales. Y eso no fue mérito mío, por supuesto, eso fue mérito de los que mandan, que son los lectores y que tomaron el acto rápidamente con sus preguntas y participaciones, convirtiéndolo en un diálogo público que disfruté muchísimo. Muchas veces asistimos a las presentaciones a escuchar, y nos vamos a casa con un montón de dudas que traíamos antes del evento, cuando en realidad las personas que presentan lo que están deseando es escuchar al público, responder a sus preguntas y entablar una conversación. Pero hay que hacer las preguntas.
Es lo que hizo el público que acudió el jueves a la librería Luces. Y las preguntas llegaron desde ámbitos que hasta hace poco no eran frecuentes para el mundo del cómic. Marcos, por ejemplo, intervino como bibliotecario, demostrando una vez más que desde ese sector el interés por la novela gráfica está movilizando un interés creciente por el cómic. Diría que es uno de los sectores donde el cómic más está creciendo en estos años. Erika, por su parte, planteaba sus dudas desde su posición de estudiante de Bellas Artes, que ya tiene en consideración al cómic entre sus otras opciones creativas con bastante naturalidad. Tener este debate en un marco como Luces, que es una librería impresionante situada en la calle más comercial de Málaga, y que tiene una buena sección de novela gráfica -separada de la sección de «infantil» donde se agrupaban habitualmente los tebeos-, fue estimulante como poco.
Además, por supuesto, la ocasión dio para compartir buen un rato posterior con los amigos.
Pepo el primero, claro, que para algo hizo de magnífico anfitrión y presentador. Pero también
Pablo y su colega José Luis. También pude conocer a Álex Romero, que con López Rubiño acaba de sacar una novela gráfica excelente en Norma,
La canción de los gusanos; y a Rocío de la Maya y María Eloy-García, que para mí, como traductor, son auténticas
ídolas. Ellas tradujeron y maquetaron el
Acme de Chris Ware, que es como decir que han firmado la Capilla Sixtina de la traducción de cómics en este país. María, que es lectora de literatura de toda la vida y está descubriendo ahora la novela gráfica con entusiasmo, me dejó la frase de la noche como señal de su deslumbramiento con la frescura de Ware, Bechdel, Seth y compañía: «Me parece que la literatura está perdiendo el paso». Bueno, no sé si es para tanto, pero que una persona adulta que acaba de empezar a leer cómics te transmita ese entusiasmo es, como mínimo, ilusionante.
Aprovecho para enlazar algunas cosas que han ido apareciendo sobre La novela gráfica:
Una reseña de Yexus en el Diario Montañés:
Un «test» de Germán Castañeda en AUX Magazine: