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miércoles, 1 de mayo de 2013

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS

En las últimas semanas, he escrito varios posts comentando cómics españoles (o en español) más o menos recientes. Para quien sienta curiosidad por revisarlos o recuperarlos, si se le pasaron, aquí va un resumen:

Pavor, en torno a VAPOR, de Max.
Azul y gris, sobre AZUL Y PÁLIDO, de Pablo Ríos.
Rojo y verde, sobre las dos cajas de minicómics de autores diversos ROJO y VERDE publicadas por Autsaider Comics.
Un juego intelectual, sobre LA SOGA, de Zer.
Durante los próximos cien kilómetros, sobre LA MUERTE EN LOS OJOS, de David Sánchez.
Eres lo que comes, sobre COSMIC DRAGON, de Carlos Vermut.
El suicidio de los lunes, sobre MONDAY SUICIDE y otros cómics de Gabriel Corbera, con un apéndice donde se habla de BUENDOLOR 3, de varios autores, y de ESCONDITE/LA ISLA DEL DIABLO, de Alexis Nolla.
La autobiografía colombiana de Supermán y otras disquisiciones, en torno a MALDITO PLANETA AZUL, de Joni b, con una coda sobre ALOHA, de Maco.

De propina, una reflexión sobre la postnovela gráfica a partir de los Jaimitos de ¡Caramba!: Regreso al futuro.

martes, 30 de abril de 2013

LA AUTOBIOGRAFÍA COLOMBIANA DE SUPERMÁN Y OTRAS DISQUISICIONES


Joni b fue uno de los grandes descubrimientos que hice en mi visita a Colombia el año pasado. Su Parque del Poblado es una de esas novelas gráficas que se te quedan más dentro de lo que te habías dado cuenta y a las que al cabo del tiempo sigues dándole vueltas cuando creías que ya la habrías olvidado. Ése es el encanto de Joni b, discreto pero persistente. No causa un gran impacto de entrada, no es nada ostentoso, pero con voz baja y suave sus fantasías, un poco tímidas al principio, se van desenvolviendo con la soltura creciente de la embriaguez que aumenta gota a gota durante una noche de copas. Esto es un poco lo que pasa con las historias que ha reunido en Maldito planeta azul (2012, Periférica), un volumen publicado por una editorial literaria de Cáceres donde se concentran varios relatos que sorprenden por sorpresa. Dirán que no hay otra manera de sorprender, claro. Pero es que lo que tienen las historias de Joni b. es que al empezar a leerlas uno no espera que le sorprendan. Y cuando ya lo hacen, cuando revelan todo su potencial mágico, uno todavía se resiste a aceptar lo desaforadas que son.

El truco está, sin duda, en la perezosa cotidianidad en la que están inscritas todas, y en la transparente proyección de la intimidad del dibujante que hay en todos sus personajes, por estrafalarios que sean. Es todo tan palpablemente real y normal que uno se resiste a aceptar que en realidad lo que está pasando sea extraordinario, incluso cuando lo tiene ante los ojos.

El libro se abre con una fantasía delirante titulada Supermán, que lleva el subtítulo «una nueva aventura autobiográfica de Joni b» y en la que lo que parece el costumbrismo juvenil haragán más ortodoxo poco a poco se va precipitando en una gran saga donde Supermán, Linterna Verde, Lex Luthor, Luisa Lane y Espiderman se drogan con kryptonita, arman una revolución contra los generales y se quejan de que el mate está lavado. Joni b consigue un equilibrio propio que se mantiene equidistante de la farsa underground y la parodia fanboy, quizás porque su gran tema es el escepticismo. Con su absoluta ausencia de ambiciones, supera las ambiciones de las versiones serias del mismo tema, esa larga estirpe que empieza en Watchmen y acaba de momento en Jupiter's Legacy. Pero el Supermán de Joni b., por supuesto, es otra cosa, y la inesperada continuación de la historia lo subraya: Supermán se encuentra ahora en un planeta alienígena, el planeta de la responsabilidad y la vida en pareja. Y añora la adolescencia. Esa adolescencia prolongada que se resume en los otros relatos del libro en viajes a Marte o apocalipsis zombi devenidos en juergas de fin de semana. El tipo de fantasías propias de personas a las que nunca pasa nada pero que están todo el día viendo películas y leyendo cómics. Personas como nosotros.


ADEMÁS de Maldito planeta azul, Periférica ha incluido otro título de cómic en su catálogo: Aloha (2012), de la uruguaya Maco, una jovencísima autora (nacida en 1987) que es básicamente un viaje por la topografía de la página explorando todo tipo de posibilidades narrativas y juegos gráficos a través de los devaneos de un personaje genérico. Aunque el conjunto resulta un tanto blando y no supera la sensación de ejercicio de estilo, la osadía de la autora y su juventud hacen que merezca la pena estar atentos a sus próximos esfuerzos. Tomo nota.

martes, 9 de octubre de 2012

ESTAMPAS DE LA AMISTAD


Una de las cosas que probé en Medellín, además de la bandeja Paisa, fue la amistad filosófica y deambulatoria de sus ciudadanos. Así, por ejemplo, una cálida y larga conversación nocturna con Álvaro Vélez, Truchafrita, una de las figuras del cómic local. Días después, la primera historieta que empecé a leer del propio Truchafrita fue «Más conversaciones», el número 9 de Cuadernos Gran Jefe, la revista dedicada íntegramente a sus propias producciones. Todo el número está dedicado a las charlas que mantienen el protagonista y Chimpandolfo, una de esas criaturas antropomórficas de filiación dudosa que abundan en el cómic y que podría estar emparentado con el Lapinot de Trondheim, sin ir más cerca. ¿De qué platican los dos amigos? Pues de qué va a ser: del arte, de las mujeres, del trabajo, del sentido de la vida y de los cinco discos que más les gustaron de la primera década del siglo XXI. O sea, todo aquello intrascendentemente fundamental para reconocernos como machos ociosos tumbados a la sombra de un árbol, confiando una vez más en que se produzca ese milagro que nos traiga la manduca diaria y nos evite tener que levantarnos para ganarnos el pan con el sudor de la frente. Y en todas esas conversaciones leídas, me parecía oír la voz hablada del propio Truchafrita. Sin imposturas y sin pretensiones, tal cual.

Pero Cuadernos Gran Jefe tiene una vocación experimental que hace que Truchafrita se plantee un desafío en cada número. Si «Más conversaciones» es un torrente de palabras, el número anterior, «Chimpandolfo silente», cede todo el protagonismo al peculiar seudoconejo humanoide y le hace protagonizar una serie de diversas peripecias (entre las que se incluye, cómo no, la mítica carrera con la tortuga), todas ellas sin acompañamiento alguno de palabras. Y el experimento funciona, porque el dibujo tiene una sencilla capacidad para la empatía, y la cifra abstracta que es Chimpandolfo se hace expresiva con la mera ayuda de una gota de sudor que salta del rostro y una leve torcedura en el gesto de la boca.

En la contraportada de uno de estos Cuadernos se citan unas palabras de Luis Tejada, de las que entresaco: «Murmurar es simplemente recordar». El recuerdo protagoniza el nº 7, «Días de escuela (segunda parte)», donde Truchafrita ha registrado un puñado de esas escenas que todos hemos vivido y ya hemos olvidado. Lo interesante, para mí, no es ya que lo haga con limpieza y elegancia en el relato, sino que en este caso, como en los otros dos, sabe orillar los tópicos, y sin caer en cinismos, esparce las gotas de ironía necesarias para dejarte algo sincero y auténtico entre las manos. O sea: como un abrazo de colega que sabe que ya le animan los vapores de la madrugada, pero que no por eso es menos honrado. Precisamente porque lo sabe.


El Poblado es el barrio de Medellín donde me alojé, y donde está ambientada la novela gráfica Parque del Poblado, de Joni b., que fue otro de mis anfitriones en aquella ciudad. Si Cuadernos Gran Jefe me había hecho pensar en esas conversaciones de amigotes que se arrastran en meandros perezosos durante horas sin fin, Parque del Poblado se yergue expresamente sobre la observación de esos mecanismos de la amistad a lo largo de una única noche de copas en una zona de bares. Con ese desorden natural de las películas de Cassavetes (desde Shadows a Husbands), y con esa mirada escéptica y melancólica del autor-personaje que se despide de una etapa de su vida (a lo American Graffiti), Parque del Poblado consigue recrear la misma atmósfera que Sergio Córdoba recreaba en su añorado Freaks in Love.

Joni es un dibujante de trazo simpático y habilidad gestual, que hace que sus personajes vivan y respiren, tal y como necesita esta comedia sentimental tardoadolescente. Siento mucha curiosidad por saber qué historietas va a hacer en el futuro.

ALGO MÁS: Para hacerse una idea panorámica de una escena, no hay nada mejor que acudir a una revista antológica. En Colombia se publica ahora mismo Larva, «revista de expresión visual» de la que me traje su número 14. Dirigida por Daniel Jiménez Quiroz, a su vez cabeza organizadora del Festival Entreviñetas, reúne páginas de autores locales e internacionales, además de incluir textos diversos. En este número, me gustaron especialmente Powerpaola, de quien hablé hace unos días, y «Kapax revisitado», de Inu Waters.

Cortesía de Marco Tóxico, un excelente ilustrador y portadista, me traje también varios números de la boliviana Gringo muerto, que ahora mismo parece en hibernación, después de que su último número, el 8, apareciese en 2011, financiado por los franceses de Ferraille. Gringo muerto es una revista chiquita y de vocación mucho más radical (una entrevista a Mike Diana sirve de indicativo de sus intenciones). Incluye gamberradas tan memorables como «El gato nazi del rabino», del argentino Brian Jánchez. Pero de este autor espero poder hablar más adelante y con mayor extensión.