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jueves, 21 de julio de 2011

EL CONGRESO DE LOS ANIMALES


He hablado en otras ocasiones de Jim Woodring en Mandorla, de modo que no quiero extenderme demasiado en este post. Pero no puedo dejar pasar sin un comentario su última novela gráfica, The Congress of the Animals (Fantagraphics, 2011). Temo haber gastado todos los superlativos en la producción anterior de Woodring, y encontrarme ahora con el problema de que The Congress of the Animals supera a todo lo que ha hecho antes, y ya no me quedan palabras para calificarlo. En cierta manera, es lo mismo que se encuentra en Frank y en Weathercraft, pero en cierta manera, también, es la odisea suprema de sus personajes, ahora enzarzados no solo en un eterno viaje al confín de la fantasía, sino también en la parodia de su regreso a casa, a la familia y a la normalidad. No he utilizado la palabra «odisea» por casualidad. Deslumbrante en su ambición de artista moderno y en su devoción de artesano medieval, Jim Woodring demuestra que su talento es un manantial inagotable que alimenta un río fantástico más caudaloso cada año que pasa. Y ya se sabe que los ríos van a dar al papel.

Jim Woodring en Mandorla:

lunes, 28 de marzo de 2011

ANIMALITOS ANTROPOABYECTOS


Con mucha frecuencia, cuando leo algo sobre Frank (Fulgencio Pimentel, 2010), de Jim Woodring, me encuentro con que este tebeo protagonizado por un animal antropomórfico imaginario (¿no lo son todos?) se adscribe al surrealismo. Supongo que es en parte porque superficialmente recuerda a algunas de las criaturas que uno se encuentra en las ilustraciones de la corriente que se ha dado en llamar «surrealismo pop» y en parte por pura desesperación para definir de alguna manera esta extraña historieta. A mí, a quien por cierto, la etiqueta de surrealismo pop siempre me ha parecido bastante perezosa, me parece que Frank transita más cerca de los territorios de lo que se conoce como «arte fantástico» que del surrealismo propiamente dicho. Puede parecer una distinción académica, pero creo que en Frank lo que impera es lo irracional, y lo irracional tiene su lógica, que es la que nos atrapa en estas páginas infinitamente releíbles.

Cuando hablo de lo irracional, lo hago en el sentido en el que lo hace Eloy Fernández Porta en Afterpop al hablar de Lewis Carroll: «En primera instancia Deleuze valora en el autor de Alicia la pulsión puramente irracional, el 'haberlo apostado todo al sinsentido', pero también el sentido de la anécdota narrativa como un puro acontecimiento que no se acoge a las determinaciones del principio y el final, de la razón causal y del devenir histórico, sino que 'escapa a los estados de las cosas' y se resiste a una interpretación cultural». Un párrafo que, sinceramente, parece escrito palabra por palabra con este Frank en mente.

Por una vez, merece la pena reconocer que el prologuista famoso (Francis Ford Coppola en este caso) ofrece no solo su sonora firma, sino una intuición por la que entrar en el mundo de Jim Woodring con una orientación válida: «Muchos mitos arcaicos y tradiciones orales, preservados durante milenios en todas las culturas, conservan todavía un sentido para nosotros porque el ingrediente fantástico que los nutre hunde sus raíces en la realidad inmutable». También el Señor Ausente lo vio con envidiable lucidez en la reseña que publicó en su propio blog: Frank pertenece a una estirpe de animales antropomórficos que se remonta a lo atávico, se moderniza en el absurdo de Carroll y desemboca en el apocalipsis pueril de los dibujos animados, que serán la puerta de entrada a la hiperviolencia para generaciones de niños. A todo lo cual cabría añadir en este caso un ingrediente abyecto y existencialista, incluso sádico, que también se encuentra en otra fuente literaria de la modernidad donde hombre y animal se entrecruzan, La metamorfosis de Kafka. ¿Es casualidad que la crucial historia de Gregor Samsa, así como los Bilder de Robert Musil -como recordaba hace poco Andreas Huyssen en una conferencia impartida en Madrid- planteen esta visión grotesca de la humanidad bajo la luz de los animales en una época en la que empieza a forjarse la imaginería de los dibujos animados contemporáneos? Si esta pregunta la contesta algún estudio, agradecería que por favor en los comentarios tuvieran la amabilidad de indicármelo.

Volvemos a las viñetas totémicas y primitivas de Frank, a sus peripecias carnosas de una blandura cruel que son perfectamente atemporales. Las historietas contenidas en este volumen abarcan un periodo de 20 años, y tan actuales se ven ahora como lo parecían en su origen, cuando eran iconos de un cómic indie que apenas asomaba la patita por debajo de la puerta. El nuevo empaquetado que le ha concedido en España Fulgencio Pimentel le sienta, no obstante, estupendamente bien. No se puede hablar de este libro sin decir algo de la edición. En los últimos años nos estamos acostumbrando a que las editoriales españolas nos ofrezcan objetos cada vez mejores, pero Frank es para darle de comer aparte, y probablemente va a quedar como referencia internacional para esta obra. Por una puñetera vez, parece que hemos demostrado que aquí también somos capaces de hacer las cosas bien.

Otras visiones de Frank:
El tio berni en Entrecomics.
Álvaro Pons en lacarceldepapel.

viernes, 4 de junio de 2010

UN MUNDO RARO

Pasar del panorama infantil de Al final a la odisea masoquista de Weathercraft (Fantagraphics, 2010), de Jim Woodring, resulta casi natural. Woodring y Brieva son maestros del dibujo orgánico y cerrado, de la viñeta clausurada, la textura rayada y la figuración carnosa. Woodring es uno de los pocos historietistas norteamericanos contemporáneos que, si no es un auténtico genio, cerca está de serlo. Precursor del cómic alternativo de los 80, precursor del surrealismo pop y precursor del cómic artístico de última hornada, se ha mantenido en un territorio propio y muy definido donde la palabra «surrealismo» no da licencia para tirar por la calle de enmedio, sino que por el contrario significa practicar una disciplina que abre un riguroso camino de exploración de la propia psique. En Woodring todo es extremadamente coherente y sólido, y diría incluso que es uno de los historietistas más realistas de los últimos años. Otra cosa es que queramos tantear el verdadero significado de ese realismo, porque, al fin y al cabo, ¿quién querría entender lo que puede ocultarse en las peripecias de un cerdo-hombre que es continuamente torturado por bufones rizomáticos hasta que alcanza la conciencia y la dignidad humanas para acabar perdiéndola siempre al final, indefectiblemente, y así caer en una humillación mayor que la que sufría cuando empezó?

Woodring no es muy conocido en España, pero su obra está al alcance de todo el mundo, porque no utiliza palabras, y su narración es clara y límpida. Este Weathercraft es una puerta de entrada a su trabajo tan brillante como cualquiera de sus títulos anteriores.