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domingo, 9 de octubre de 2011

LA NOSTALGIA

Hace un par de días me llegó el volumen de este año de Best American Comics, que ya se ha convertido en una tradición editorial norteamericana siempre bienvenida. Cuánto nos beneficiaría algo así en España (y qué difícil lo veo). El caso es que he empezado por el principio, es decir, por los textos de los editores de la colección y de la editora de este volumen en concreto, y quería compartir un par de párrafos que me han llamado la atención:

«El cómic es un medio impreso. Y ahora también es un medio digital. Lo que no es, es un medio directo, como el dibujo o la pintura: no hay un cómic "original" que leer. Las páginas que tienen la tinta encima tal vez sean bellas a la vista y tal vez nos ofrezcan mucha información a los fans y los investigadores, pero la mayoría de la gente estará de acuerdo en que no son realmente un cómic hasta que no se reproducen». Jessica Abel y Matt Madden, editores de la serie, en el prólogo.

«Es tentador hablar melancólicamente de aquellos días sombríos en los márgenes de la sociedad. Qué embriagador era saber -especialmente porque nadie más lo sabía- que nosotros éramos el futuro. La sensación de estar embarcados en una misión, la comunidad estrechamente unida, las incursiones furtivas en aquella estantería en la parte de atrás de la tienda donde nos saludaba un puñado de títulos familiares. ¡La acusación persistente de que estábamos seduciendo a los inocentes! ¡Oh, el incómodo y sensual encanto de las manchas de tinta negra sobre el papel barato ya amarillento!
«Pero no me recrearé en mi anhelo nostálgico de una pureza anti-intelectual perdida. Como la mayoría de los anhelos nostálgicos, es nostalgia de algo que nunca existió en primer lugar. Y además, estoy segura de que incluso el más sofocante abrazo del mainstream no podría ni empezar a exprimir la vida de este medio tan vital. Sin embargo, hay una pregunta que merece la pena hacerse: si has pasado toda tu vida resistiéndote al statu quo -sea en el arte, la sociedad o el mundo político-, ¿qué pasa cuando ese statu quo por fin cede?
«Se abre un universo de posibilidades, lo cual, por supuesto, es lo que siempre quisiste, pero aún así, puede ser una experiencia algo desconcertante. Hay una especie de tendencia newtoniana, especialmente si llevas mucho tiempo dedicándote a eso, a seguir aferrándote encarnizadamente a tu resistencia aún después de que se haya ganado la batalla. Las generaciones más jóvenes, sin embargo -las que te vienen pisando los talones- no sentirán ningún escrúpulo en reclamar su propio espacio en este nuevo territorio». Alison Bechdel, editora del volumen, en la introducción.

Best American Comics 2009, en Mandorla.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

LOS MEJORES CÓMICS DEL 2009 (AMERICANOS)

("Jillian in The Argument", Tim Hensley)

Otra lectura de aeroplano: The Best American Comics 2009. Una rápida puesta en situación: Best American Comics es una serie anual de libros que publica Houghton Mifflin Harcourt desde 2006. La editorial se ha hecho conocida por sus antologías de los más diversos géneros, iniciadas en 1915 con The Best American Short Stories, y que ya cuenta con series como Las mejores recetas americanas o Los mejores textos espirituales americanos. La idea es, pues, reunir en un libro una muestra representativa de lo mejor que ofrece la producción estadounidense (o de autores instalados en Estados Unidos) de un género o campo determinado durante un periodo determinado. Y aunque el concepto parezca bochornosamente comercialote y facilón, el mecanismo establecido para llevarlo a cabo ha convertido esta serie en un escenario privilegiado para hacer la foto de familia del cómic americano actual. Cada año es un editor invitado el encargado de seleccionar las historietas incluidas entre aquellas que han recogido los editores de la serie (por supuesto, el editor invitado también puede aportar historietas que no hayan sido previamente seleccionadas por los editores de la serie). Desde 2008, los editores de la serie son Jessica Abel y Matt Madden, dos autores de cómic con gran interés por la teoría y la pedagogía del cómic (han firmado el manual Drawing Words & Writing Pictures) . Y la lista de editores invitados de los cuatro primeros volúmenes es de primerísima línea: Harvey Pekar (2006), Chris Ware (2007), Lynda Barry (2008) y en este 2009, Charles Burns.

Por supuesto, este retrato de "los mejores cómics americanos del año" es también un retrato de exclusiones. En el prólogo de 2008, Lynda Barry advertía de que ella misma tomó la "injusta y arbitraria decisión de dejar fuera tiras diarias y chistes editoriales cuando elegía cómics para esta colección. Y aunque los dibujantes del New Yorker son de mis favoritos, también los dejé fuera". Excluidos también quedan los superhéroes y personajes licenciados, no siempre por motivos de calidad artística. En ese mismo tomo de 2008, Lynda Barry había seleccionado el Batman Year 100 de Paul Pope, pero DC no concedió permiso para reeditar algunas páginas en el volumen. Así, este "los mejores cómics" acaba identificándose con "los mejores cómics alternativos americanos" del año. Sólo que ya no son realmente cómics alternativos. Son cómics generales, que se venden en las librerías generales, y que lee el público que no va a librerías especializadas en cómic. O dicho de otra forma, estamos hablando de "lo mejor de la novela gráfica americana" en un año determinado. Y, por supuesto, se sirve en formato de novela -un libro de más de 300 páginas en cartoné con sobrecubierta- para lectores de novela que no tienen por qué estar necesariamente al día de lo que se cuece en el mundillo del cómic. Me pregunto cuántos de los lectores de este Best American Comics sólo comprarán este cómic en todo el año.

El escenario de la novela gráfica americana contemporánea que queda reflejado en este volumen se muestra muy consolidado. Nadie que siga con un poco de atención la actualidad se va a llevar ninguna sorpresa. Como dice Burns en la introducción, "hoy en día, si eres un historietista de talento razonable, es difícil permanecer bajo el radar mucho tiempo". Y a continuación, señala que de las 36 piezas elegidas para el libro, 20 pertenecen a historietistas previamente publicados en las tres ediciones anteriores de Best American Comics. Ésta es quizás la encrucijada en la que se encuentra ahora mismo la novela gráfica: ya no basta con hacer "cómic adulto". Eso ya no es novedad, y muchos grandes autores jóvenes se han revelado en los cinco últimos años. Se han empezado a consolidar ciertas formas y tendencias y parece que ya se distinguen claramente determinados caminos a seguir. El desafío de los próximos años, pues, tal vez no esté en la osadía, como hasta ahora, sino en la calidad. Se ha reclamado un espacio y el público parece dispuesto a atender esa reclamación. Ahora hay que ver qué van a hacer los historietistas con ese espacio.


("Indian Spirit Twain & Einstein", Michael Kupperman)

Este Best American Comics da testimonio de esos caminos que se van consolidando, y de esos artistas que empiezan a marcar estilos. Por un lado, la línea del relato personal, basado en la memoria sentimental e íntima. Dos (tres, en realidad) grandes -grandísimos- nombres lo señalan en este tomo, Art Spiegelman ("Portrait of the Artist as a Young %@#*!!") y Robert Crumb con Aline Kominsky-Crumb ("Our Beloved Tape Dispenser"), y lo siguen muchos otros, desde Laura Park hasta Mimi Pond, Gabrielle Bell o Dan Zettwoch. En el extremo opuesto podríamos decir que se encuentra una familia más experimental y menos narrativa, de la cual aparecen en este volumen dos de sus grandes inspiradores, Gary Panter ("Dal Tokyo") y Jerry Moriarty (con toda una serie de piezas). En esta línea están trabajando artistas como CF, Anders Nilsen, Al Columbia, Ron Regé Jr. o Michael Kupperman (autor de la portada del libro, por cierto). Entre estos dos límites, hay intentos de encontrar una forma de hacer una nueva ficción que no sea un simple reflejo de la literatura ni del cine y que es donde podrían situarse los trabajos que aparecen aquí de Sammy Harkham y Dash Shaw, a quienes menciono como tal vez los dos nombres más prometedores de la nueva ola. Pero en esta misma vía se ubicarían las páginas de nombres ya tan venerados como los de Daniel Clowes ("Justin M. Damiano", que apareció en la recopilación de ficción editada por Zadie Smith The Book of Other People) , Peter Bagge (el drama histórico "Artist vs. Artisan"), Chris Ware ("Jordan W. Lint"), Gilbert Hernandez ("Papa") o Ben Katchor (varias páginas humorísticas).

Quizás el historietista paradigmático del momento actual, tras su rápido ascenso a la fama por las páginas que ha publicado en MOME, sea Tim Hensley, que significativamente abre y cierra el volumen con su serie "Gropius". Hensley practica un humor provocativo y escatológico sobre estructuras convencionales, apropiándose del lenguaje de los cómics de adolescentes como Archie. En su trabajo vemos en gran medida la postura de muchos de los novelistas gráficos actuales, con la mirada vuelta hacia atrás, hacia la tradición del cómic convencional -juvenil- con el que se han criado, mientras intentan avanzar hacia el cómic adulto. Pero ese avance se hace de espaldas, sin saber muy bien hacia dónde caminamos, y si el siguiente paso nos va a llevar a los brazos de un público acogedor o solamente un poco más cerca de un abismo que ni siquiera imaginamos.

("The Company", Matt Broersma)