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martes, 7 de febrero de 2012
RAFAEL
Esta página se publicó en El Manglar nº 11 (2009, Dibbuks), el dibujo es de Javier Olivares y el guión es mío.
En la serie Las vidas de Vasari adaptamos de forma muy sucinta algunas de las biografías incluidas en este texto fundacional de la historia del arte. En El Manglar llegamos a publicar seis entregas, y si tuviéramos alguna revista donde hacerlo, continuaríamos con la serie en la actualidad. Algún día, cuando hayamos reunido el suficiente número de páginas, juntaremos Las vidas de Vasari con otras de nuestras historietas de arte en un solo volumen. O ésa es nuestra idea.
Otras historietas que he hecho con Javier Olivares y que se pueden leer en Mandorla:
Una breve historia del arte marginal
Amanecer nuclear
3 páginas sobre el Guernica
Los álbumes de Ilya Kabakov
¿Dónde viviremos en el futuro?
Viñetas mexicanas
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Javier Olivares
jueves, 19 de enero de 2012
EL HOMBRE DEL MISTERIO
Carlos Vermut tiene un misterio y nos lo quiere vender. Este madrileño de 27 años ha causado un revuelo con su primer álbum, El Banyán Rojo, nominado a cuatro premios del Salón del Cómic de Barcelona de 2007. Bajo la lluvia de halagos, no ha perdido la serenidad: sabe que sólo está dando los primeros pasos para convertirse en un verdadero novelista gráfico profesional. Cuando hablas con él, tienes toda la sensación de que va a conseguirlo, porque Carlos Vermut conoce el secreto, y nosotros queremos que nos lo cuente.
No te has hecho conocido hasta que ganaste el premio de cómic del Injuve hace un año. ¿Estabas alejado del mundillo del cómic?
Cuando tenía 18 años me gustaba mucho el cómic, y hacía cosas con un grupo de amigos, pero para nosotros, no para el mundillo del cómic. Pero con 20 años terminas la Escuela de Ilustración y te vienen por todos lados, porque no sabes qué quieres hacer, si quieres hacer publicidad y ganar mucha pasta, si quieres hacer cómic, porque te gustan los cómics pero no se gana pasta, si quieres hacer animación... Así que todo lo que me ofrecían lo hacía, no tenía un filtro, todo me parecía bien.
Entonces empezaste a trabajar en una productora de animación. ¿Qué hacías?
Hacía sobre todo desarrollo de proyectos, pero en realidad un poco de todo, porque era una empresa en la que había cinco grafistas y cien comerciales. Los grafistas éramos un mal menor que necesitaba la empresa para llenarse los bolsillos. Dejé la productora porque me estaba aburriendo, no me gustaba mi trabajo. Tenía un sueldo fijo pero no era feliz. Quería hacer otras cosas, y la primera opción fue el cómic. Hice el dossier del Banyán Rojo y luego vi el concurso del Injuve y decidí presentarme. Necesitaba dos historias, porque tenía que presentar tres y sólo tenía la que luego salió en el fanzine Frenzy, que fue mi primer intento con un estilo nuevo, influido por el cómic francés. Cuando dejé la productora me metía todos los días en la página web de Dargaud y veía los cómics que publicaban. Yo a Sfar y Blain no los conocí hasta hace dos años, y pensaba que Sfar y Blain eran Trondheim, que él hacía todo lo de La Mazmorra, para que veas lo poco que conocía el cómic europeo, y lo que más me llamó la atención no fue el dibujo en sí, sino la forma de contar las cosas, y el valor que tenían al no ser tan meticulosos como el cómic europeo que yo conocía hasta entonces, que era para mi gusto muy resobado. Ellos se centraban exclusivamente en la narración. Eso me gustó, y quise utilizarlo en mis cómics a partir de Doble sesión.
Te planteaste dos frentes: por un lado el concurso del Injuve y por otro desarrollar un proyecto para vender en Francia, que fue tu idea desde el principio con El Banyán Rojo.
Si hacía un cómic era para venderlo en Francia. Para venderlo en España no quería, porque ya había tenido una experiencia con Mighty Sixties, y hacer cómic da muchísimo trabajo y no tiene ninguna recompensa económica. Que la gente del mundillo te diga que eres estupendo está bien, pero eso no te da de comer.
Expliquemos un poquito qué es Mighty Sixties.
Es mi primer tebeo publicado, que hice en 2001 con un guionista llamado Pedro Belushi que conocí en internet. Es un proyecto de 32 páginas que hice durante dos años, porque tuve que compaginarlo con los estudios. Me lo planteaba como la forma de tener algo publicado para que luego fuera más fácil llegar a otras editoriales. Pero cuando terminé Mighty Sixties tampoco seguí dibujando, yo creo que me desencanté mucho del mundillo del cómic y me puse a hacer otras cosas.
¿Qué conocías del mundillo del cómic?
Muy poco. Era el rollo de los foros. Cuando me metía, me ponía de mala leche. En general, por la peña, me molesta que la gente se hable de usted en los foros.
Así que después de Mighty Sixties hay un periodo de cinco o seis años donde no dibujas nada de cómic y te dedicas a otras cosas.
Sí, y durante ese tiempo cambia mi percepción del cómic. No solamente ya no me quería dedicar al cómic mainstream norteamericano, sino que quería hacer algo completamente diferente.
¿Eso viene por un cambio tuyo de lecturas, de gustos, de influencias?
Completamente. Yo admito que para mí el cómic francés nuevo ha supuesto un cambio muy importante. No sólo el cómic francés, sino Frederick Peeters, Gipi, que no hacen el típico cómic francés que yo conocía. Es gente que hace cosas diferentes y que llegan al gran público.
¿Hubo algún título en concreto que fuera una revelación?
Sí, cuando dejé la productora recuerdo que un día fui a Pantha Rei y me compré dos tebeos: Los buscadores de tesoros de David B. y Profesor Bell de Sfar. Como yo venía de la animación y tenía un sentido del ritmo diferente, me llamaron la atención. El cómic francés tampoco tiene un ritmo de narración muy trepidante, son pequeñas ilustraciones, no como el manga, que sí tiene un ritmo más potente. A mí me gusta conservar eso del manga, porque a mí el manga me ha influido muchísimo, y unir el fondo del manga con la forma del cómic europeo. Yo creo que lo que hago es eso, porque yo tengo muchísimas influencias del manga, sobre todo en la acción, y en el estilo me considero un autor europeo, entre otras cosas porque somos europeos.
¿El manga es entonces tu influencia original?
Sí, el manga es el germen. Yo conozco el cómic por Batman, pero yo soy consciente de que dibujo cómics por el manga.
¿Y qué mangas son concretamente los que te influyen?
Bueno, decir manga en España en 1992 era decir Bola de Dragón, y es que Bola de Dragón fue una revolución en todos los sentidos, porque no había llegado nada así a España. Me engancharon más los cómics que la serie de televisión. Yo fui consciente de que quería dibujar cómics con Bola de Dragón y con Los Caballeros del Zodíaco. Yo no he visto un cómic americano con una escenas de pelea tan bien contadas como Bola de Dragón, cada movimiento que hacían, cuando subían, cuando bajaban, cuando giraban... Yo nunca había visto nada así. ¡Yo soy un otaku!
¿Tú dirías que Bola de Dragón te influyó más moralmente que Batman?
Exacto. Batman me influyó en la estética, pero Bola de Dragón me influyó en la forma de ver la vida, directamente.
Bola de Dragón es la Biblia.
Claro, pero Bola de Dragón es como la Biblia, el texto está ahí y luego cada cual lo interpreta como quiere. Los bakalas de Parla interpretarían que lo que hay que hacer es dar de hostias a tu enemigo, y yo lo interpretaba más a un nivel relacionado con lo que yo quería para mi vida y para lo que quería hacer en aquel momento, que era contar historias dibujando. Y en ese sentido me abrió un camino. Por ejemplo, que los cómics podían ser igual de interesantes en blanco y negro, cosa que hasta entonces en España no abundaba. Son muchas cosas que inconscientemente vas haciendo tuyas en tu forma de narrar, pero también en tu forma de entender la vida, claro.
¿Te das cuenta de que tú eres un ejemplo del modelo de niño aficionado al manga que de mayor lee cómic adulto?
No sé si mi caso es extrapolable, porque también es cierto que en 1992 tenías Bola de Dragón, y nada más. Si te hartabas de Bola de Dragón tenías que leer otros tebeos, americanos o europeos. Ahora, un chaval tiene mil opciones sin dejar de leer manga nunca.
Y de hecho, tú no has dejado de leerlo, ahora lees el manga para adultos.
Sí, el de terror y misterio, tipo Dragon Head o los de Urasawa. Pero también es por las fascinación por el misterio.
El misterio es muy importante para ti.
Para mí, la salsa de la vida es el misterio. Yo tengo una caja y te digo que no puedes ver lo que hay dentro y tú, inmediatamente, vas a querer ver lo que hay dentro. Todos los cómics que he hecho hasta ahora tienen mucho de misterio. Hay que ser muy inteligente e ir madurando como dibujante para saber cómo desvelar ese misterio o no desvelarlo. Lo más difícil cuando estás contando una historia de misterio no es saber plantear el misterio, sino desvelarlo de forma que el lector quede satisfecho. En eso estoy ahora. No estoy aprendiendo a generar misterios, sino que estoy aprendiendo a saber desvelarlos de forma elegante.
¿Y cuál es el sentido del misterio?
El misterio tiene que tener algo más, tiene que tener una historia detrás. A mí me han influido más películas como Old Boy, o Sympathy For Lady Vengeance que cualquier cómic, pero porque me gusta plantear las cosas de forma desordenada para que luego el lector pueda ir ordenándolas. Y me estoy dando cuenta de que realmente no existe ningún gran misterio, sino que el misterio es saber ir racionando la verdad hasta el punto de que el lector la descubra sin darse cuenta. Es un poco lo que pasa en las pelis de Shyamalan, que toda la peli está preparada para ese final. Es ir dando pistas al espectador para que pueda participar de la historia resolviéndola.
Sí, pero, ¿por qué el misterio y no el romance?
Porque el ser humano es curioso. Deseamos que nos cuenten historias que no deberían contarnos. Tocando los botones adecuados, llamamos la atención del espectador. El misterio consigue que la gente se interese por algo que a lo mejor no le interesaría. La misma información contada de manera diferente puede generar una gran sorpresa o ser indiferente.
Aplicando esto a tu obra, El Banyán Rojo es una historia que podría ser una gran tragedia clásica, pero tú lo que decides es contar un timo.
Exacto. Es eso. Partes de un timo, aunque el final del Banyán Rojo aparece a posteriori, cuando fui desarrollando la historia. Es cierto que en la primera versión del Banyán Rojo sí existía un timo, pero no era este timo, era otro.
¿El argumento es original tuyo o está sacado del folklore hindú?
El argumento es original mío, todos los elementos, como los brazos en sal, el cuento del lagarto, son míos. En realidad, ni siquiera se dice en ningún momento que esté ambientado en la India, sólo lo parece, pero es fingido. Podríamos decir que en ese sentido estoy también timando al lector. ¡Es un timo dentro de un timo!
¿Y el misterio?
En realidad en El Banyán Rojo no hay un misterio.
Bueno, lo hay pero el lector no lo sabe, de ahí el timo.
Exacto. Es como la diferencia entre las pelis de Shyamalan y Amenábar. Amenábar sí genera las señales de un misterio del cual espectador es consciente y que al final se resuelve dando una explicación verbalizada muy larga. Shyamalan te plantea una historia completamente normal, no hay ningún misterio, y al final da un giro, sin explicaciones verbales, en el cual le da la vuelta completamente a la historia, pero en el desarrollo él no te ha planteado ningún misterio.
Entonces El Banyán Rojo es más Shyamalan.
Sí, tiene el desarrollo de Shyamalan... pero el final de Amenábar.
Son dos tipos de “historia de misterio”. Una es el secreto, la otra es la sorpresa.
Justo.
En ese sentido El Banyán Rojo es distinto de las otras cosas que has hecho, y por eso su atractivo no reside en el misterio únicamente.
Claro, lo que le ha gustado a la gente del Banyán Rojo no es tanto el final como el desarrollo.
Quizás sería buen momento para que explicaras tu proceso de trabajo.
Para mí en el proceso de crear una historia hay un momento clave que no es el guión ni el dibujo, sino el desarrollo del plot en storyboards. Ahí yo soy un actor, y tengo que dejar parte a la improvisación, porque si dejas parte a la improvisación, el lector percibe realmente la frescura, ya que han salido cosas que cuando tú tampoco te esperabas. Me gusta dejar un tanto por ciento a la improvisación, porque es la salsa de la narración. Cuando estás haciendo un plot es una narración muy rápida, dibujas una página cada cinco minutos, no tienes tiempo de pensar. Sabes lo que va a pasar, pero tienes que dejar que los personajes actúen. Los tienes planteados, sabes que tienen que llegar de A a B, pero no me gusta dibujarles el camino para que lleguen, sino que lleguen solos.
¿El Banyán Rojo lo hiciste entero en forma de plot?
No, El Banyán Rojo no lo tenía entero en forma de plot. Hacía ocho páginas, las dibujaba, hacía otras ocho páginas, más o menos con la idea que yo tenía del principio. Al principio tenía planificadas 48 páginas, luego por adaptarlo al formato que me propusieron los franceses, lo pasé a 64, y entonces decidí darle un ritmo más pausado. Eso fue una trampa, porque luego me faltaron páginas y el final es muy precipitado. Fue un poco la ingenuidad del novato.
¿Eres un perfeccionista?
Sí, soy perfeccionista en cuanto al proceso de narración. Y también en el dibujo. Me gusta la frescura en el acabado de Sfar y Blain, pero esa frescura no sale sola, hay que buscarla. Si tú dibujas suelto, puede que acabes cargando la página demasiado, y para mí lo más importante es que la página tenga una coherencia, más que el hecho de que la página sea muy realista. Pero es que esa coherencia, aunque sea muy suelta, necesita de una planificación, y con esa planificación sí que soy muy perfeccionista.
Tu estilo gráfico con lo que tiene más que ver es con la tradición de animación de Bruce Timm.
Sí, pero yo nunca he copiado a un autor, lo que hago es “copiar” la esencia del autor. Si el autor dibuja simplificando, yo intento simplificar. Busco quedarme más con el fondo que con la forma, y con los franceses pasa un poco eso. No quiero dibujar como Sfar, sino que me fijo en que por ejemplo muchas veces sugiere las cosas en vez de dibujarlas. Bueno, pues yo también intento sugerir.
Y ya que hablamos de tu proceso de trabajo, tú dibujas directamente todo en el ordenador, no tienes originales.
Para mí el ordenador es como el traje negro de Spiderman. Te da fuerza, te da velocidad, te da posibilidades que no te dan otros medios, pero también cansa mucho, te agota. Te evitas muchos pasos de trabajo, pero también cansa mucho la vista, y al final como puedes trabajar menos horas no puedes avanzar tanto como dibujando a mano, que lo disfrutas mucho más como proceso. Pero el acabado que tiene el ordenador me fascina. No consigo tener ese acabado con ninguna herramienta tradicional de dibujo. Es el gran dilema, pero al final siempre acaba ganando el traje negro, siempre acabo dibujando con la tableta.
¿Y los diálogos?
No tengo un diálogo previo. En el momento de ir dibujando las viñetas voy escribiendo los diálogos al lado. Si hay algo que no me convence, borro la página que he hecho hace cinco minutos y la vuelvo a hacer. Pero los diálogos van apareciendo. A no ser que sea un diálogo muy concreto que tiene que tener un doble sentido o algo, me transformo en la persona que está hablando y escribo como él lo diría. Pero eso lo hago todo en el proceso narrativo.
¿Te gusta escribir diálogos?
Me gusta muchísimo escribir diálogos. Casi te diría que combinar los diálogos y la acción es lo que más me gusta.
¿Y esa tendencia que tienes a mezclar elementos muy distintos y claramente ajenos es algo consciente? Me refiero, por ejemplo, a los vaqueros y los romanos, la mitología y la mafia, o en tu nueva serie para El Manglar, ROM, dos cosas que no vamos a desvelar aquí.
Esto es algo que me pasa desde pequeño, lo de mezclar cosas imposibles. A mí hay una cosa que me gusta casi más que dibujar, que es la cocina. Y tiro mucho dinero por culpa de este tipo de experimentos. El otro día hice un estofado asqueroso, con piña incluida...
Esta mezcla es la base de Doble sesión, la serie que has hecho en los tres primeros números de El Manglar.
Sí, pero no podía seguir porque las mezclas cada vez eran más frikis, más concretas. En la primera, mezclaba dos géneros, romanos y vaqueros, sin más. En la segunda, ya mezclaba dos películas concretas, Alien y El abuelo de Garci. En la tercera ya mezclaba una peli japonesa, The Ring, con la versión doblada del Resplandor y la voz de Verónica Forqué. Entonces, como veía que por este camino iba a acabar mezclando cortos de mis amigos, decidí hacer otra cosa que no se sustentase tanto en la importancia de conocer las referencias de las que hablo, sino que se basara en el placer de lo que está pasando, y luego, el que comprenda las referencias, podrá disfrutar quizás un poco más, pero que se pueda ir disfrutando del misterio poco a poco. Es decir, no fundar tanto el misterio en cosas que puede que la gente no conozca, y que por tanto alguien se quede sin disfrutar de una historia.
Te refieres a ROM, la nueva historia.
Sí, a ROM.
Pero ROM tiene un elemento referencial muy importante.
Sí, pero la puedes comprender sin conocer la referencia. No hace falta comprender los elementos para comprender la historia, porque es una historia de acción y de misterio. Los pequeños misterios de cada capítulo se van a ir resolviendo en los siguientes, y luego existirá un marco general para todas las historias.
Una diferencia importante entre ROM y Doble sesión o The Grunt Way es que aquí al final tal vez no haya una explicación explícita de todo como había en aquéllas.
O dicho de otra manera, la base de la historia no va a ser la explicación.
¿Es una serie sin final previsto o finalmente se convertirá en un álbum?
Va a ser un álbum, sí. No sé si habrá meses que me tome un descanso, pero sí quiero que se recopile en un álbum y sí exista la sensación de que, aunque no se hayan explicado ciertas cosas, sí se puedan encontrar respuestas a los pequeños enigmas que se han ido planteando a lo largo de la serie, y al gran enigma de la serie. Y tendrá un final.
Entonces no te planteas dar continuidad a los personajes.
No, eso lo hago más en The Grunt Way, donde el misterio sólo se plantea al final, y el peso de la historia lo llevan los personajes. Lo que pasa es que no te das mucha cuenta de que son personajes porque BD Banda sale cada seis meses y claro, hasta que salga otra entrega pasa mucho tiempo para tener esa sensación de continuidad.
¿Y al Banyán Rojo te has planteado darle continuidad?
Me planteé la posibilidad de hacer otra historia. Tenía personajes, pero no conseguí encontrar buenas historias para los personajes. Pienso que hay que ser muy buen guionista para ser capaz de hacer historias cortas buenas. A mí me gusta más hacer historias largas que cortas. A mí me supone un sacrificio enorme hacer historias cortas, por eso siempre intento que formen parte de un algo más grande. Lo del Banyán eran historias protagonizadas por diferentes personas portadoras de la máscara de Dundhu. No descarto hacerlo más adelante.
¿Y de dónde sale en The Grunt Way la idea de mezclar mitología y gángsters?
La mitología me ha gustado siempre mucho, desde pequeño. Y un día surgió la idea en una charla entre amigos de que los gángsters podrían utilizar a la Medusa para convertir en piedra a sus víctimas y tirarlas al fondo del mar, como cuando ponen zapatos de cemento a los chivatos que quieren eliminar. Y de ahí surgió la idea de hacer gángsters que sean elfos, orcos, humanos... En la primera historia me hubiera gustado meter un elemento fantástico fuerte, porque no hay ninguno realmente hasta el final. En el siguiente capítulo me gustaría que hubiera un elemento fantástico más fuerte durante el desarrollo de la historia.
Ahora mismo también estás preparando el libro más largo que has hecho nunca, para Dibbuks en España y para un editor extranjero que todavía no has buscado. ¿Qué quieres contar de este proyecto?
El título es Golden Hive, y es la historia de tres personajes que se cruzan en Bangkok, y todos bajan al infierno, un infierno metafórico, un infierno emocional, para rescatar a la persona a la que quieren. Sus ambiciones se ven interrumpidas por las de los demás. Todo esto, contado así, puede parecer un dramón, pero yo quiero centrarme en la acción, y hasta en el humor que plantean muchas situaciones.
¿Para cuándo tienes previsto publicarlo?
Pues no sé, pero como muy tarde para diciembre de este año o para principios del año que viene.
¿Diciembre de este año? ¿Cuántas páginas va a tener?
Doscientas.
¿Cuántas páginas tienes hechas?
Pues ninguna. Pero El Banyán Rojo, que eran 60 y en color, lo hice en tres meses... bueno, en realidad hice 80, porque luego están las que tiré, claro, las de pruebas y descartes. Así que yo creo que éste, que es en blanco y negro, lo termino en cuatro meses...
¿Entonces tú trabajas de forma muy febril-obsesiva, o eres muy disciplinado?
Febril-obsesiva. No puedo hacer otra cosa.
¿Ahora no haces otra cosa?
No, he estado ahorrando para poder dedicarme sólo a esto y ROM, y no tener que coger ningún otro tipo de trabajo. O sea, que es todo dinero perdido. Esa es mi inversión para lograr mi objetivo, que es conseguir vivir de hacer una novela gráfica al año.
Objetivo que te parece conseguible en la situación actual.
Sí, yo creo que se puede vivir del cómic. Dentro de España no se puede vivir del cómic como no sea que dibujes para El Jueves... o que no seas dibujante. Pero fuera de España sí se puede vivir del cómic, como hacen Tirso Cons o Kenny Ruiz. Yo creo que en España los autores nos subestimamos muchísimo. Siempre decimos “el cómic español” el “cómic europeo”, como si el cómic español no fuera cómic europeo, como si fuera otra cosa. ¡El cómic español es cómic europeo!
Entrevista publicada originalmente en El Manglar nº 4 (julio 2007), Dibbuks.
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domingo, 13 de junio de 2010
UNA DOCENA

Una docena de manglares ya en la calle. Y por fin tengo en las manos el último número, recién salido de imprenta, que me ha entregado esta mañana Ricardo Esteban -quien lo codirige junto a Manuel Bartual- en la Feria del Libro (gracias a todos los que os habéis pasado por mi sesión de firmas).
El Manglar sigue incluyendo páginas que me gustan mucho, como las de Albert Monteys, Mathieu Sapin, Riad Sattouf (portada de Pascual Brutal), Luis Bustos, Carlos de Diego, Jorge Monlongo o David Sánchez, entre otros, y sigue intentando descubrir o redescubrir a gente de valía. En este número se cuelan, por ejemplo, Miguel B. Núñez, Lucas Varela y Mireia Pérez (por cierto, que Mireia ya ha sacado Chico y monstrua en la llegada de la primavera, continuación de aquella joya que era Chica y monstruo en la llegada del invierno).
Además, como siempre desde casi el principio, en este número del Manglar hay una historieta corta de El Vecino (algún día habrá libro recopilatorio, sí, pero faltan años para que salga; nos lo reservamos para vivir una jubilación dorada), y en la sección «A Machete» (qué bien puesto está ese título), John Tones comenta La novela gráfica. En la cabecera de este post tenéis un boceto de la historieta vecinal y al pie tenéis la reseña de LNG.
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lunes, 31 de mayo de 2010
TRIVIALIDADES

Voy a hacer una ensalada injustamente precipitada con tres tebeos a los que veo algo en común. A lo mejor son alucinaciones mías, pero vamos a ello. El primero es Pirueta (Una china en mi zapato, 2010), de Charles Dutertre, un señor a quien descubro con este título. Entra directamente en una corriente que se está explotando mucho (muchísimo, diría alguno) últimamente: la memoria de la infancia, basada en episodios aparentemente banales, y preocupada de la reconstrucción de ambientes, sabores y evocaciones. Todo con un estilo infantil y con ambientación rural, y hasta agrícola. El protagonista (narrador) y su hermano pasan el verano en la granja de los abuelos, y se suceden todo tipo de situaciones banales. No hay intención de hacer un gran cuadro, el autor sólo quiere la pincelada. O mejor, cambio de metáfora: el autor lo que quiere es sacar cuatro fotos viejas de la familia y explicarte un poco lo que le traen a la memoria. Es amable y bonito, aunque a veces peca de inofensivo.
Tal vez menos deliberadamente banal, pero moviéndose igualmente en pos de cierta trivialidad vocacional, es el juego emprendido en Usted está aquí (Dibbuks, 2010), una especie de revista comandada por José Luis Ágreda, Fermín Solís y Juan Berrio de la que han salido dos números de golpe en el pasado Salón del Cómic. Usted está aquí plantea pequeñas historias urbanas levemente humorísticas, levemente tiernas, levemente románticas y levemente azarosas. En general, leves. Como Pirueta, tiene cierto aire a producto de los 90 que te descoloca un poco. Igual nos hemos vuelto muy serios y graves para los entretenimientos ligeros. Al final, es una colección de historietas cada una de su padre y de su madre, y lo que queda, como siempre, son algunas páginas que te deslumbran más que otras. En mi caso, las de Miguel B. Núñez (véase ilustración, y me quedo con la duda de si el comienzo está inspirado en el comienzo de un episodio de The Wire), Ágreda, Berrio, Lorenzo Gómez y Brais Rodríguez.
El tercer tebeo que busca deliberadamente lo trivial me temo que tiene ya, sin embargo, claras hechuras de obra mayor. La felicidad inquieta (Sinsentido, 2010), de Lewis Trondheim, es el tercer volumen de «Las pequeñeces de Lewis Trondheim», que rápidamente se está convirtiendo en mi serie favorita de la descomunal producción del francés. Probablemente las entregas anteriores eran más divertidas o más ingeniosas, pero a mí lo que me gusta de estas historietas de una página es que no aspiran a nada, ni a ser divertidas ni a ser ingeniosas, sólo a ser un testimonio a menudo perplejo de lo cotidiano. Trondheim se ha construido un personaje de cascarrabias entrañable al que ya reconocemos y con quien participamos en el juego, y ha sabido dejarse fuera todo lo denso y comprometedor que tendría una verdadera autobiografía, para dejarnos sólo con aquello que nos contaría el autor cuando, de buen humor y con una botella de vino ya vacía, se animara la conversación en un grupo de esos que hacemos en un salón del cómic, donde todos nos medio conocemos pero tampoco hay intimidad. Sí, es una colección de estampas triviales y superficiales, no hay grandes revelaciones ni una sustancia importante, lo reconozco. En eso justamente se parece a la mayor parte del tiempo de nuestras vidas.
martes, 6 de abril de 2010
BOBOS

Durante la gira de presentación del Vecino que terminamos Pepo y yo hace unas semanas, hemos hablado bastante del Señor Jean de Dupuy y Berberian. La forma más fácil de presentar El Vecino 1 es describirlo como una mezcla de tres fuentes distintas: Spiderman, Señor Jean y Seinfeld. Sí, la realidad es más compleja, pero es una manera sencilla de explicarse y de poner ciertos temas sobre la mesa.
Si bien la influencia de Spiderman tanto Pepo como yo la llevamos grabada en el ADN desde niños y no la vamos a perder nunca, la de Señor Jean fue más un deslumbramiento momentáneo que con el tiempo fuimos dejando atrás. A mí esto no me ha ocurrido sólo como autor, sino también como lector. Con el paso de los años, cada vez me ha interesado menos lo que hacían Dupuy y Berberian, y especialmente Señor Jean.
Pero ah, siempre queda ese recuerdo de los buenos viejos tiempos, así que uno no se puede resistir cuando se le presenta un hermoso librito a color como este Bienvenidos a Bobolandia (Dibbuks, 2010), que recopila la serie que ha ido apareciendo en El Manglar, acompañada de páginas nuevas. Bienvenidos a Bobolandia se publica en Francia en Fluide Glacial, que es una revista satírica, y por lo tanto se le presume una intención principalmente humorística. El género es la crítica social, dirigida a un grupo muy específico: los «BoBos», que no son bobos como en español (la traducción del título es engañosa), sino «Bohemios Burgueses», lo que vendría a ser algo parecido a pijos enrollados o modernos con conciencia. Bienvenidos a Bobolandia ofrece el despliegue gráfico al que nos tienen acostumbrados desde hace mucho Dupuy y Berberian, un despliegue gráfico que, me temo, hace tiempo que da ciertas señales de fatiga: la nostalgia de los grandes dibujantes de prensa de los 50 y 60 es ya un lastre que a veces les pesa demasiado, y el denso color (no sé si perjudicado por el tamaño de esta edición) hace que a veces resulte demasiado recargado. Lo cual es contradictorio, cuando su estilo se basa en la ligereza del trazo.
Pero vale, un tebeo de Dupuy y Berberian siempre es bonito de mirar, y no es difícil de leer. Otra cosa es que este Bienvenidos a Bobolandia no sea ni tan gracioso como debería ser, ni tan mordaz como tal vez pretende. Porque la crítica es demasiado distanciada y fría. Todos los personajes resultan antipáticos y carecen de rasgos redentores, y finalmente el retrato de la modernidad que se nos ofrece nos resulta ajeno. Aquí es donde Juanjo Sáez es un maestro: en la implicación personal, en el factor humano, Juanjo consigue llevarnos de la mano al corazón de la modernidad, mientras que Dupuy y Berberian parece que están hablándonos de lo que ven a través de la tele y en las revistas. Finalmente, lo suyo no es tanto una crítica de los «BoBos» como de los medios. Pero me da la impresión de que no son conscientes de ello.
Sigo queriendo mucho a Dupuy y Berberian, tal vez ahora más que nunca, ahora que empiezan a parecer un poquito venerables, un poquito desbordados por todo lo que ha venido después de ellos y a veces también gracias a ellos. Y Bienvenidos a Bobolandia es una lectura decente y entretenida, y la mar de bonita. Pero han perdido la posición que tenían hace tan sólo 10 años. Lo cual es una prueba de lo rápido que está cambiando el cómic contemporáneo.
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martes, 12 de enero de 2010
UNA TACITA DE TÉ
Hace muchos meses que Dibbuks publicó Tea Party, de Nancy Peña, que en cierta medida continuaba temas y personajes aparecidos en El gato del kimono (Dibbuks, 2008), pero yo lo he leído recientemente. El gato del kimono era un álbum fino y literario que quería hacer orfebrería delicada y se quedaba más bien en bisutería resultona, pero Tea Party es un salto de gigante respecto a eso. Ya sólo las cuatro primeras y soberbias páginas cautivan a cualquiera a quien le gusten los tebeos, y a partir de ahí la cosa no da tregua. Vaya por delante que los escenarios victorianos me tienen harto y que se han sobado hasta el aburrimiento más total en el cómic reciente (sí, ya sé que yo he escrito una adaptación de Jekyll y Hyde, pero mi primera propuesta a Javier Olivares fue trasladar la historia de Stevenson a otra ambientación; propuesta que, todo sea dicho, fue rápidamente desechada por el dibujante), y sin embargo, en Tea Party se justifica la época y el escenario en virtud de la trama muy bien hilada, de la gracia con que está contada y del ligero toque amargo que Nancy Peña sabe añadir a la mezcla para darle cuerpo al trago y que nos quede un regusto a algo más que puro artificio a la moda. Un libro muy inteligente hecho con mucho talento y también con mucho oficio.
viernes, 4 de diciembre de 2009
HUMORISTAS
Me he leído consecutivamente dos tebeos de dos amigos humoristas y la verdad es que me he reído mucho con los dos.

El primero es El mundo según Ptolomeo (Diábolo, 2009), un álbum de Bernardo Vergara que recopila montones de historietas de lo más heterogéneas publicadas previamente en El Jueves y El Heraldo de Aragón, entre otros sitios. En El mundo según Ptolomeo hay de todo, pero sobre todo hay lo que solemos llamar humor de actualidad, y aún más, de un tipo de actualidad "intemporal" que más o menos es cíclica o permanente, que siempre forma parte de nuestro paisaje social. Vamos, que nunca deja de ser actualidad: la iglesia, el coche, el cine, el rey, El Señor de los Anillos... Las páginas han sido realizadas a lo largo de mucho tiempo, pero el tono es bastante regular; ni en dibujo y color (donde a Bernardo le ayuda Carmen Recreo) ni en guiones se aprecia desnivel entre las historietas más antiguas y las más recientes. Esa evolución sí era fácil notarla en obras anteriores de Bernardo, como Manual de instrucciones para libros de instrucciones (Astiberri, 2002) o Urbano: mi colega invita (Astiberri, 2003), lo cual me imagino que significa que el autor está ya muy maduro y en pleno dominio de sus facultades. Para mí, éste es el mejor Bernardo Vergara, el más inspirado y que se muestra más en su salsa, sacando chiste tras chiste de la materia que llena los telediarios, es decir, de la información compartida entre todos nosotros. Porque Bernardo, digámoslo ya, no es realmente un crítico social, sino un crítico de los medios. Su tradición es formalmente la de Bruguera, pero espiritualmente está más cerca de Mad. El mundo según Ptolomeo es un libro de humor "general" que encantaría a cualquier lector "general" que no suela leer cómics, ahora sólo falta esperar que Diábolo sepa hacerlo llegar hasta ese lector.
El segundo libro es Zorgo 2 (Dibbuks, 2009) de Luis Bustos, que no se parece en nada a lo de Bernardo salvo en que la mayoría de sus páginas también tienen su origen en El Jueves (la editorial, no la revista) y en que ambos dan mucha risa. Por lo demás, el libro de Luis parece muy ligero después de emerger de la increíble densidad del de Bernardo (atención, compradores de El mundo según Ptolomeo, sabed que las 80 páginas que os lleváis a casa equivalen aproximadamente a 350 de cualquier otro tipo de cómic... no se lee en un rato tonto), y Luis no es un observador de la realidad como Bernardo. Más bien todo lo contrario, lo suyo es inventarse una realidad singular que podríamos denominar a veces de pop cazurro o chic castizo. Zorgo nació como serie juvenil en la revista Mister K, y Dibbuks ha recopilado en dos volúmenes todo el material que se publicó allí (más algunas páginas añadidas que han ido apareciendo en El Manglar, si no me equivoco). Aunque el humor de Zorgo -un supervillano de opereta, "azote de la democracia, mariscal del terror, amado y temido a días alternos"- es lo bastante blanco como para que lo puedan leer los críos, la verdad es que la sofisticación de la que hace gala Luis lo convierte en una lectura la mar de entretenida para los mayores también. Bustos siempre se ha confesado un admirador de Gallardo, y se nota, pero la soltura con la que maneja aquí los discursos desopilantes ha hecho que me recuerde más de una vez y más de dos al Manel Fontdevila más desbocado. Zorgo merecía haber tenido más suerte. En otro país se habría convertido en una franquicia con derivados de animación y muñequitos, pero aquí estamos para lo que estamos. Sospecho que hay muchos lectores que han descubierto por vez primera a Luis Bustos como el autor serio y épico de ese novelón gráfico de aventuras clásicas que es Endurance (Planeta-DeAgostini, 2009). Espero que Zorgo también llegue a sus manos para que descubran el verdadero rostro de Luis: cuando se les pase el soponcio, se van a tronchar.Qué curioso mercado tenemos en España. Salen dos libros nacidos por impulso de una industria comercial pero materializados finalmente por editoriales minoritarias. El contenido de ambos no sólo es excelente, sino de lo más interesante para el gran público. Y sin embargo, tanto Ptolomeo como Zorgo podrían acabar siendo lectura exclusiva de aficionados muy cafeteros. Ah, pero me había prometido no meterme en grandes reflexiones en este post...
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
EL MANGLAR 11
El gran Manuel Bartual anuncia en su blog la próxima salida del Manglar 11, la revista que dirige y que edita Ricardo Esteban, de Dibbuks. Este número del Manglar es un poco más especial que los anteriores para mí, ya que la portada (véase la cabecera de este post) está dedicada al Vecino y la ha dibujado Pepo Pérez. En el interior aparecen las dos series que vengo realizando para esta revista desde hace meses, "Las vidas de Vasari", con Javier Olivares, y las historias cortas vecinales, con Pepo. Además, a Manuel le pareció buena idea que la entrevista central del número me la hicieran a mí, tarea que recayó sobre ese MITO de nuestros tebeos que es Juanvi Chuliá. Por si esto no fuera suficiente, para rematar también he escrito tres reseñas de cómics, de modo que, como decía, es un número al que me siento muy unido. Supongo que no es casualidad que sea el 11, ya que, como comenté hace semanas, mi número favorito es el 2, y 1+1 es 2.Manuel me ha transmitido su ilusión por la revista, porque con este número, El Manglar emprende una nueva etapa, más grande, más potente, más magnífica, más estupenda, más mejor. Cuando lo tenga en las manos (a finales de este mes, supongo), lo comentaré más en detalle, pero sirve de momento esta entrada como aviso de lo que se avecina. ¡Oh! Me ha salido un juego de palabras vecinal sin pretenderlo...
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miércoles, 4 de noviembre de 2009
¡MANDORLA!
En El Manglar nº 4 (Dibbuks, 2007), Pepo Pérez y yo publicamos la segunda historieta corta del Vecino, donde debutaba el supergrupo de Titán, Mandorla. Como ya escribí con anterioridad sobre las historias cortas del Vecino, aquí me voy a centrar en ésta.
Atención porque a algunos de los personajes que asoman por estas páginas los volveremos a ver en El Vecino 3 (Astiberri), como a la Legión Invisible. Y muchos tendrán importancia fundamental en El Vecino 4. Al principio no estaban previstos, pero al final les hemos ido cogiendo cariño y volvemos una y otra vez a ellos. Esto es lo que pasa cuando te pones a hacer historias, que sabes por dónde empiezan pero no sabes por dónde acaban.
Atención porque a algunos de los personajes que asoman por estas páginas los volveremos a ver en El Vecino 3 (Astiberri), como a la Legión Invisible. Y muchos tendrán importancia fundamental en El Vecino 4. Al principio no estaban previstos, pero al final les hemos ido cogiendo cariño y volvemos una y otra vez a ellos. Esto es lo que pasa cuando te pones a hacer historias, que sabes por dónde empiezan pero no sabes por dónde acaban.
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