Mostrando entradas con la etiqueta Caramba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Caramba. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de septiembre de 2014

VIDA Y MUERTE DE COLL, DIBUJANTE DE TEBEOS









Publicada originalmente en Caramba nº 1, el fanzine dirigido por Manuel Bartual y Alba Diethelm que dio originen a la editorial ¡Caramba!, esta historieta también pertenece a la serie de artistas que hacemos Javier Olivares y yo, y evoca en esta ocasión la biografía de Josep Coll, dibujante de historietas célebre por sus colaboraciones en el TBO clásico. Coll es probablemente mi dibujante de cómics español favorito de todos los tiempos, de manera que siento un cariño muy especial por esta historieta.

Tenéis recopiladas más historietas de arte de las que hemos hecho Javier y yo en este post: Brunelleschi, cupulista.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

NUEVO CURSO

Con el inicio de septiembre tenemos aún más sensación de empezar un nuevo año que cuando llega el 1 de enero. Para mí, el nuevo curso está señalado en primer lugar por el lanzamiento de Las Meninas, la novela gráfica que he hecho con Javier Olivares y que Astiberri pone a la venta el 19 de septiembre. En algunos medios ya la han incluido entre los cómics que esperan con más interés para este otoño. Por ejemplo, en Zona Negativa y en rtve.es.

Pero ya habrá tiempo de hablar de Las Meninas en las próximas semanas. Precisamente por ese efecto de cesura que produce el verano, quiero aprovechar para recordar algunas de las cosas que he ido publicando estos últimos meses y que todavía están en las librerías.

Por ejemplo, Beowulf, el tebeo dibujado por David Rubín, que todavía no hace ni un año que salió (han pasado tantas cosas desde entonces que me parece que fue hace siglos) y que ha sido recientemente nominado en los premios de la crítica en dos categorías: mejor obra y mejor dibujante. De paso, recomiendo echar un vistazo a esta entrevista con David que publicó El País hace unos días: «El gran sueño americano de David Rubín».

Más recientes todavía son Tengo hambre, con Manel Fontdevila, y El fin del mundo, con Javier Peinado. Y ahora que ya ha vuelto la Liga es el momento de recuperar Fútbol. La novela gráfica, con Pablo Ríos. Aquí, por cierto, una reseña de Octavio Beares para el Faro de Vigo.

Una vez que ya nos hemos parado un momento a mirar brevemente hacia atrás, es el momento de seguir caminando hacia el horizonte. En las próximas semanas espero que podamos hablar no sólo de Las Meninas, sino también de otros proyectos que se están fraguando ahora mismo.

domingo, 6 de julio de 2014

MÁS SOBRE LOS TEBEOS CARAMBÓLICOS

He actualizado la entrada En torno a «El fin del mundo» y «Tengo hambre» con algunas nuevas reseñas aparecidas. Dos online, ambas de Octavio Beares, y otra procedente de la edición impresa de Rockdelux, a cargo de Raúl Minchinela.

lunes, 30 de junio de 2014

EN TORNO A "EL FIN DEL MUNDO" Y "TENGO HAMBRE"



Desde hace unas semanas, El fin del mundo y Tengo hambre están en la calle. Ambos tebeos publicados por ¡Caramba!, el primero dibujado por Javier Peinado y el segundo por Manel Fontdevila. Algunos medios online ya han dado su opinión sobre ellos. Aquí tenéis un pequeño índice de reseñas:

Tengo hambre en Zona Negativa por Raúl Silvestre.
Tengo hambre en ZonaZhero por Ander Luque.
Tengo hambre por Gerardo Vilches en The Watcher and the Tower.
El fin del mundo por Gerardo Vilches en The Watcher and the Tower.
Tengo hambre por Octavio Beares en Serie de viñetas.
El fin del mundo por Octavio Beares en Serie de viñetas.

Tengo hambre por Raúl Minchinela en la revista impresa Rockdelux:



Gerardo Vilches fue, por cierto, el conductor de la presentación de ambos títulos que celebramos en Madrid el pasado 31 de mayo, y él también se ha ocupado de transcribir la charla resultante de aquel evento en el blog de ¡Caramba!:
Hambre y dinosaurios al habla.

miércoles, 18 de junio de 2014

ESTO ES IMPORTANTÍSIMO


Hace hoy exactamente dos miércoles estaba en Bilbao asistiendo al extraordinario festival Letras y fútbol cuando me enteré de que el hito más estable del panorama del cómic español de la democracia, casi podríamos decir nuestra Casa Real de la historieta, saltaba por los aires. La consecuencia de la retirada de una portada sobre la abdicación de Juan Carlos I en El Jueves fue la dimisión de un nutrido grupo de dibujantes de la revista, entre ellos algunos de mis mejores amigos. Menciono esto porque no quiero que nadie dude de que, aunque ni me va ni me viene lo que pase en El Jueves, he sentido una implicación personal en lo que ha pasado a través de estos amigos, cuya situación extremadamente difícil no he dejado de tener muy en cuenta durante casi cada hora de estas dos últimas semanas.

No voy a relatar lo que todo el mundo sabe ya. En internet se puede encontrar abundante información al respecto. Si alguien busca un relato coherente con el que no perderse, recomiendo que lea este resumen de Gerardo Vilches en Entrecomics: RBA retira una portada de El Jueves sobre la abdicación real y varios dibujantes abandonan el semanario en respuesta. También hay una exhaustiva sinopsis repleta de citas y referencias a cargo de José Antonio Serrano en Guía del Cómic.

Tampoco voy a desahogarme con obviedades sobre la ruina que es España ahora mismo, un lugar donde personas honradas y trabajadoras se ven obligadas a renunciar a su empleo por mostrar una dignidad de la que están exentos los que nos gobiernan desde las instituciones políticas y económicas y desde la prensa que nos pastorea. No es lugar ni momento de eso. Es momento y lugar de regocijarse y de movilizarse. Movilizarse sin moverse del sillón sobre el que estamos sentados leyendo este post, se entiende.

Tenemos que regocijarnos porque los dibujantes que abandonaron El Jueves han realizado un esfuerzo inmenso para montar una revista completamente libre y autónoma en la que seguir ejerciendo su profesión: el humor, la sátira social y política. El periodismo, a fin de cuentas, aunque a muchos se les haya olvidado lo que esa palabra significa. Esa revista es Orgullo y satisfacción, se publica en formato digital y se pone a la venta hoy miércoles al precio mínimo de 1,50€.

¿Por qué digo precio mínimo? Porque Orgullo y satisfacción es algo más que una cuestión de principios. Es también una cuestión de supervivencia. Para muchos de los dibujantes que han abandonado El Jueves, éste era su único medio de subsistencia. Como autónomos que son, se han quedado sin sueldo, sin subsidio y sin protección alguna de la noche a la mañana. Y como profesionales del dibujo que son, han dedicado años a trabajar a cambio de tarifas muy modestas. No penséis que tienen un colchón en el banco. Lo que sí siguen teniendo son familias que alimentar e hipotecas que pagar. Orgullo y satisfacción es su finiquito, un puente tendido hacia el futuro, en el que espero no tarden en organizarse para lanzar una revista nueva y viable donde puedan seguir su profesión. Pero ahora necesitan nuestra ayuda para llegar hasta ahí. Orgullo y satisfacción vale mucho más que un euro y medio.

También me gustaría que todo el mundo tuviera claro que detrás de Orgullo y satisfacción no hay ningún grupo mediático, ningún inversor, ningún apoyo financiero. Son los propios dibujantes los que se han organizado y financiado el proyecto, que aprovecha la mínima estructura editorial preexistente de ¡Caramba!, una microeditorial de cómics fundada por uno de ellos hace apenas tres años. Es una publicación verdaderamente independiente, algo cuyo valor creo que todos estamos empezando a apreciar más cada día, sobre todo después de estas semanas de bombardeo propagandístico sobre las excelencias del Régimen que Franco nos dio en la figura de los Borbones. Es el momento de estirarse un poquito y demostrar con la cartera que creemos en todo lo que decimos en Twitter. Es el momento de comprar.

COMPRA ORGULLO Y SATISFACCIÓN

ADEMÁS: Los dibujantes de Orgullo y satisfacción llevan muchos años haciendo excelentes cómics, en El Jueves y fuera del mismo. Comprar esos cómics es más una forma de ayudarse a uno mismo que a ellos. Me permito hacer unas pocas sugerencias al lector curioso que pueda necesitar entretenimiento para las inminentes vacaciones estivales:

23 fotogramas por segundo, de Albert Monteys.
Ser un hombre: cómo y por qué, de Albert Monteys.
La industria de los sueños, de Paco Alcázar.
Reunión, de Manel Fontdevila.
Manual de instrucciones para libros de instrucciones, de Bernardo Vergara.
¡Escucha esto!, de Manuel Bartual.
Sexorama, de Manuel Bartual.
Sexorama. Donde caben dos, caben tres, de Manuel Bartual.
No os indignéis tanto, de Manel Fontdevila.
¡La crisis está siendo un éxito!, de Manel Fontdevila.
Profundamente anticlerical, de Manel Fontdevila.
¡Esto es importantísimo!, de Manel Fontdevila.
Daño gratuito, de Paco Alcázar.
Huracán de sensatez, de Paco Alcázar.
El mundo según Ptolomeo, de Bernardo Vergara.
Zorgo, de Luis Bustos.
Anunciado en TV, de Sergio Morán y José Luis Ágreda.

TODO LO IMPORTANTE YA ESTÁ DICHO. Pero si has llegado hasta aquí y eres lector habitual de Mandorla, no me resisto a dejar anotadas dos ideas que posiblemente tengan desarrollo en el futuro. Para los que seguimos y estudiamos el cómic español, creo que durante este par de semanas se han producido un par de hechos significativos que deberíamos recordar cuando hagamos historia de esta época. Por un lado, la escisión muy probablemente suponga la muerte efectiva de El Jueves, tras una agonía más o menos larga y dolorosa. Si esto fuera así, se estaría cerrando todo un capítulo de la historia del cómic español, porque El Jueves era la última superviviente de la época en que el cómic de prensa inundaba los kioscos. Representaba un modo de trabajar y un concepto de la profesión de historietista que ya sólo El Jueves mantiene y que se ha extinguido, probablemente para no volver. La segunda idea está relacionada con ésta, ya que precisamente la plataforma que han elegido los autores salientes de El Jueves para articular Orgullo y satisfacción es ¡Caramba!, una microeditorial fundada por Manuel Bartual y Alba Diethelm hace apenas tres años y que representa el modelo completamente opuesto al de la gran empresa al estilo RBA/El Jueves. Un modelo que, de hecho, ha sido frecuentemente denostado y menospreciado desde el propio mundillo del cómic tradicional que se aferra al sistema de El Jueves pensando que todo tiempo pasado fue mejor. Pero cabe preguntarse, ¿dónde estarían ahora los dibujantes exiliados si no existiera ¡Caramba! para darles voz? Aún más: ¿de qué oferta de humor crítico disfrutarían los lectores esta semana del traspaso de poderes de Juan Carlos a su hijo? Quizás a esto se refiriese el Borbón cuando dijo que había que dejar paso a una nueva generación. Todo está cambiando siempre, continuamente, pero sólo en ocasiones esos cambios se visibilizan ante nuestros ojos de una forma tan evidente. Tan revolucionaria, sí.

[Despedida a gritos desde el pasillo: no tengo palabras para expresar lo espectacular que fue el trato que recibimos en Bilbao; cuando os inviten allí... ¡dejadlo todo y salid corriendo!]

ACTUALIZACIÓN: Leído Orgullo y satisfacción, me he reído muchísimo. Tal vez sea por eso que dicen de que el hambre agudiza el ingenio, o porque los autores no han tenido tiempo de pensarlo demasiado y se han lanzado a tumba abierta sobre sus páginas, pero el nivel de esta revista es abrumador. Realmente han respondido a la ocasión dando lo mejor de sí mismos. Por otra parte, la revista funciona maravillosamente en el iPad, hasta el punto de que hacerme pensar que preferiría leer algo así en formato digital todas las semanas antes que en papel. Quizás Orgullo y satisfacción esté marcando un momento más histórico de lo que creemos y abra el camino de la viabilidad del cómic digital para el futuro.


De izquierda a derecha, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Luis Bustos
y Olga Rodríguez. En pantalla: Pepe Colubi y Albert Monteys.

ACTUALIZACIÓN 2 · «ORGULLO Y SATISFACCIÓN» EN VIVO EN LAVAPIÉS: Ayer tuve ocasión de asistir a uno de los eventos en torno al cómic más peculiares y emocionantes que recuerdo. Uno de esos que te hace pensar «Me alegro de haber estado allí» porque olía a histórico. Si al mediodía se ponía a la venta Orgullo y satisfacción, apenas seis horas después se había organizado una improvisada presentación de la revista en el Teatro del Barrio, en Lavapiés. La presentación ofreció numerosas y significativas diferencias con lo que estamos acostumbrados a ver en las típicas presentaciones del mundo del cómic. Se celebró en un escenario que no pertenece al circuito de cómics, asistió un público muy numeroso que no es lector de cómics habitual y se difundió por streaming a través de eldiario.es, alcanzando así a un público aún mayor. Aún más significativa fue la calidez con la que el público arropó a los chicos de Orgullo y satisfacción, dedicándoles numerosas ovaciones llenas de cariño, algo que los normalmente solitarios dibujantes de cómics no están acostumbrados a recibir. Los tres autores presentes en persona -Manuel Bartual, Paco Alcázar y Luis Bustos- estuvieron muy simpáticos e inspirados, entre los lamentos de un Bartual en estado de alucinación después de «40 horas sin dormir» hasta las ocurrencias de un Paco Alcázar que demostró que, si las cosas van mal en el futuro, ellos siempre podrán ganarse la vida yendo de salón del cómic en salón del cómic y contando el numerito de la ruptura con El Jueves, al estilo de las viejas estrellas de Star Trek en las convenciones americanas. También hubo conexiones vía Skype con Albert Monteys y Pepe Colubi, primero, y con Bernardo Vergara, después. Todo ello conducido por la periodista Olga Rodríguez.

Durante el acto, ya se sabía que Orgullo y satisfacción había sido un éxito, superando las previsiones de sus organizadores. 17.000 ejemplares vendidos (que no hay que multiplicar por 1,5€, ya que muchos compradores pagaron más). Debido a este éxito, reinaba una atmósfera de incertidumbre y de excitación. Nadie sabe qué va a pasar ahora, pero la sensación es que se ha abierto una puerta y al otro lado está el futuro. Ésta es la primera vez que un cómic digital funciona de esta manera en España (bueno, de ésta o de cualquier otra), y más allá de todos los análisis que se quieran hacer sobre las circunstancias irrepetibles del fenómeno, Orgullo y satisfacción ha demostrado que ahí hay un negocio, si se sabe encontrar la manera de explotarlo y articularlo. Y ese negocio es el que tiene que reemplazar al antiguo y caduco negocio de la prensa de kiosco, de modo que más vale que los observadores de este episodio se lo tomen con la debida atención y rigor, porque su valor es histórico.

Pero ayer hubo otra cosa que me llamó la atención. El apoyo y la participación del público, sincero y entusiasta, mostraba que hay al menos una parte de la población que está harta de consignas oficiales y prensa institucional y que demanda rupturas en todos los órdenes de la vida social española, y entre ellos en los medios de comunicación y los productos informativos y culturales que consumimos. No cabe la menor duda de que uno de los motivos por los que Orgullo y satisfacción se ha ganado el apoyo de este público ha sido por lo que su acto tiene de ruptura. Ruptura con la gran empresa, ruptura con las consignas oficiales, ruptura con un sistema y un medio de vida que cada vez más se percibe como alienante y dañino para el ciudadano medio. Hay sed de nuevas propuestas, de propuestas auténticas e independientes que den respiro entre tanta tormenta mediática de las corporaciones internacionales. Creo que Orgullo y satisfacción no habría tenido el mismo apoyo si simplemente hubiera estado respaldado por otra editorial, por un competidor de RBA. Ser pequeño parece hoy una clara ventaja, y es difícil que no te venga a la cabeza la metáfora de los ágiles mamíferos que correteaban entre los descomunales dinosaurios durante el ocaso de estos. Creo que hay una parte del público que está muy necesitada de sentir que los nuestros toman la voz en la guerra de difusión de mensajes propagandísticos.

Todos los autores de cómics estamos embarcados en nuestra propia guerra continua, que es la de ampliar nuestro público, llegar a nuevos lectores. Tal vez ayer se escenificara de forma más evidente que nunca la necesidad de salir a buscar a ese nuevo público en nuevos espacios, acercándose a ellos con nuevas maneras y nuevos temas que les interesen e impliquen. Y ésta puede ser la lección más importante que nos ha dado esta semana un grupo de dibujantes que deberían sentirse henchidos de un merecidísimo Orgullo y Satisfacción.

[A las 10 de la mañana del día 19, 22 horas después de su salida a la venta, Manuel Bartual me confirma que las ventas ya han llegado a los 21.000 ejemplares, y siguen subiendo].

martes, 6 de mayo de 2014

DOS TEBEOS EN CARAMBA



En apenas diez días tendré dos cómics nuevos en la calle: El fin del mundo, dibujado por Javier Peinado, y Tengo hambre, dibujado por Manel Fontdevila. Ambos publicados por ¡Caramba!, estarán disponibles para el Graf, ese evento maravilloso al que todavía no he tenido ocasión de asistir, aunque nada me gustaría más. Bueno, me gustaría más encontrarme un millón de dólares por la calle, pero ya me entendéis.



El fin del mundo es un tebeo de 24 páginas a color que pertenece a la colección Jaimito. Sale al mismo tiempo que 23 fotogramas por segundo, de Albert Monteys, porque los Jaimitos siempre salen en parejas, como la Guardia Civil. Peinado y yo volvemos a colaborar en un tebeo completo después de Héroes del espacio, el álbum que hicimos en 2009. Desde entonces, sólo nos habíamos reencontrado en algunas historietas cortas. No hace falta decir que ha sido un placer volver a trabajar con Javi. Tampoco hace falta decir nada más sobre el tebeo, porque sería destriparlo y no merece la pena. Es mucho mejor dejar que se revele por sí solo al lector.



Tengo hambre también es un tebeo de 24 páginas, aunque en esta ocasión en blanco y negro, y no pertenece a la colección Jaimito. ¿Por qué no pertenece a la colección Jaimito? El formato y la presentación son un tanto distintos, y nos parecía que no encajaba demasiado como parte de una colección, sino que era más bien un cuerpo extraño. Creo que, salvo alguna página suelta que habíamos hecho anteriormente, es la primera vez que Manel y yo conseguimos completar una colaboración de cierta envergadura, después del lamentable fracaso de nuestra Obra Magna García. Nos ha costado un huevo, pero aquí está por fin, y no podríamos estar más contentos de este tebeo que ha estado ten years in the making.

En los próximos días me extenderé un poco más sobre ambos títulos. Hoy sólo quiero añadir la ilusión que me hace pasar a formar parte del catálogo de ¡Caramba! No sólo porque los editores son dos amigos a quienes quiero mucho, sino porque bajo este sello han aparecido algunos de los cómics que más me han gustado de los últimos años. En concreto, Humor cristiano, de Alberto González Vázquez, Grandes verdades de la humanidad, de Carlos de Diego, y Esto se ha hecho mil veces, de Xabi Tolosa, son tres joyas que muy probablemente no existirían hoy si no fuera por Alba Diethelm y Manuel Bartual. Compradlos. Comprad media docena de copias de cada uno y regaladlas a vuestros seres queridos mientras todavía estáis a tiempo.

De manera que sí, sacar un par de tebeos con ¡Caramba! me produce un cosquilleo muy especial.

miércoles, 1 de mayo de 2013

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS

En las últimas semanas, he escrito varios posts comentando cómics españoles (o en español) más o menos recientes. Para quien sienta curiosidad por revisarlos o recuperarlos, si se le pasaron, aquí va un resumen:

Pavor, en torno a VAPOR, de Max.
Azul y gris, sobre AZUL Y PÁLIDO, de Pablo Ríos.
Rojo y verde, sobre las dos cajas de minicómics de autores diversos ROJO y VERDE publicadas por Autsaider Comics.
Un juego intelectual, sobre LA SOGA, de Zer.
Durante los próximos cien kilómetros, sobre LA MUERTE EN LOS OJOS, de David Sánchez.
Eres lo que comes, sobre COSMIC DRAGON, de Carlos Vermut.
El suicidio de los lunes, sobre MONDAY SUICIDE y otros cómics de Gabriel Corbera, con un apéndice donde se habla de BUENDOLOR 3, de varios autores, y de ESCONDITE/LA ISLA DEL DIABLO, de Alexis Nolla.
La autobiografía colombiana de Supermán y otras disquisiciones, en torno a MALDITO PLANETA AZUL, de Joni b, con una coda sobre ALOHA, de Maco.

De propina, una reflexión sobre la postnovela gráfica a partir de los Jaimitos de ¡Caramba!: Regreso al futuro.

jueves, 25 de abril de 2013

REGRESO AL FUTURO


En las últimas entradas de Mandorla he comentado La muerte en los ojos, de David Sánchez, y Cosmic Dragon, de Carlos Vermut, dos tebeos que pertenecen a la colección Jaimito de la editorial ¡Caramba!, junto a Ser un hombre, de Albert Monteys, e Infame, de Néstor F. Y digo bien, tebeos, porque en apariencia física recuerdan a lo que materialmente hemos conocido como tebeos de toda la vida. Tapa blanda, 24 páginas, grapa. El clásico cuadernillo.

El cuadernillo fue el soporte predilecto durante las décadas en las que el cómic fue un producto masivo de kiosco. Apaisado o vertical, era en «comic books» como se difundían los Roberto Alcázar y Pedrín, El Guerrero del Antifaz y El Capitán Trueno.

El cuadernillo era un formato adecuado a un punto de venta donde se vendía prensa, como era el kiosco, pero la retirada de los kioscos fue eliminando el cuadernillo de la producción internacional, y hoy en día ya casi sólo lo utilizan las editoriales mainstream norteamericanas: Marvel, DC y sus competidoras en la librería especializada, Image, Dark Horse, IDW y demás. Sin embargo, el comic book se ha desnaturalizado mucho en el mercado norteamericano. Ya no tiene entidad propia, sino que ahora se entiende como la prepublicación fasciculada de una obra que encontrará su verdadera forma recopilada posteriormente en libro. (Las colecciones que todavía tratan el comic book como un soporte independiente, como el Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja del que ya hemos hablado aquí, son ya casi excepcionales).

Diría que casi la última vez que vimos a autores españoles publicar en cuadernillos fue a finales de los 90, cuando una microeditorial barcelonesa, Camaleón, se refugió en el formato más barato posible para dar salida a un buen número de jóvenes autores españoles que se habían quedado huérfanos en el inmenso cráter en el que había implosionado el cómic español de aquel momento. Con esa voluntad meramente de supervivencia básica, los tebeos de Camaleón acogieron los primeros pasos de nombres que hoy nos suenan tanto como Albert Monteys, Álex Fito, Marcos Prior, Josep Busquet, Ramón F. Bachs, Luis Bustos y otros, por citar sólo a unos cuantos. Las editoriales grandes decidieron imitar a Camaleón, y pronto tuvimos a Planeta-DeAgostini publicando a autores en blanco y negro en la célebre Laberinto de Toni Guiral, y a La Cúpula haciendo lo propio (y también con figuras extranjeras) en Brut Comix. (Un documento de la época que rescaté hace algún tiempo en Mandorla: «Guerreros de antaño», publicado en U #20, en 2000).

Aquello no duró mucho, y con la retirada definitiva de los kioscos y el auge de la novela gráfica y los webcómics, apenas hemos visto comic books españoles durante la última década.

A simple vista, por tanto, sorprende un poco que sea ¡Caramba!, una editorial comprometida con nuevos modelos de distribución y comercialización, quien haya realizado este gesto regresivo de recuperar el tebeo de grapa justamente ahora.

Mirando los antecedentes, uno se preguntaría cuál de los dos primeros motivos posibles que a uno se le ocurren les ha impulsado a hacer esto:

· ¿Se trata de una estrategia económica? ¿Un intento de recuperar formatos más baratos y más populares?
· ¿Se trata de una estrategia de repliegue hacia modelos viejos para restaurar el orden natural en un mundo del cómic que se ha escorado últimamente hacia formatos más pesados para conquistar las librerías generalistas?

En mi opinión, no se trata de ninguna de las dos cosas.

Los Jaimitos no pretenden ser baratos. Cuando uno tenía en las manos los tebeos de Camaleón o Laberinto, comprendía que el editor había ahorrado en todo lo posible, salvo quizás en la última concesión que era mantener la portada a color. Los Jaimitos, por contraste, son comic books de lujo, a todo color, con solapas en las portadas, y con un precio de 6€ que es superior al que suelen marcar los comic books que todavía hoy se publican en España, y que consisten en algunas colecciones de Panini (Marvel) y ECC (DC). Dudo tanto que los Jaimitos nazcan con la intención de abaratar nada como que Cosmic Dragon pretenda competir con La Patrulla-X y Batman.

Y dudo mucho también que haya ninguna intención de vuelta atrás en esta propuesta. Al contrario, veo más bien en estos Jaimitos un gesto de futuro, un gesto postnovela gráfica. Desde luego, tienen más que ver con los comic books de Nobrow (en España el antecedente más cercano estaría en algunos que sacó Inrevés, la editora de NSLM) que con El Corsario de Hierro. Me pregunto si es un gesto incluso demasiado avanzado, prematuro, en un momento en el que estamos todavía dudosos de que se haya consolidado la novela gráfica y teniendo en cuenta, sobre todo, la crisis económica general en la que estamos sumidos todos, con cómics o sin ellos.

Pero es un gesto que tenía que llegar tarde o temprano, y que yo personalmente estaba deseando ver lo más temprano posible. Durante los últimos años la novela gráfica ha sido la expresión de una voluntad por manifestar temas y formas nuevas para el cómic que atraigan a un público nuevo, el público de la cultura, y esta voluntad ha utilizado el libro para alcanzar a esos lectores en el único sitio donde podía encontrarlos, en la librería generalista. Pero el cómic ha llegado a esta estación con un equipaje muy grande, una herencia a veces un poco destartalada, sí, no pasa nada por reconocerlo, pero también con alguna joya deslumbrante perdida entre la bisutería barata. En todo caso, es nuestra herencia, y los que venimos del cómic de siempre la queremos tal como es. Como en cualquier otra forma artística, es normal que en el cómic deseemos revisar ese legado, y reutilizarlo, rehabilitarlo y hasta repudiarlo cuando sea necesario. No perderlo ni dilapidarlo, en todo caso. Ahora es el momento de verificar nuestras maletas y pensar cómo nos pueden servir para continuar el viaje desde aquí.

Una vez que el cómic ha atrapado la atención de un nuevo lector a través de una novela gráfica cuyo tema le ha interesado, y luego de otra, y de otra... ¿puede finalmente ese lector nuevo interesarse por cuestiones propias del cómic? Creo que ahora mismo no se me ocurre otra manera de formular esta pregunta que la siguiente: ¿Podemos hacer que nuestros nuevos lectores pasen de leer historias a leer cómics?

Ésa, y no otra, puede ser la batalla decisiva para la supervivencia del cómic en los próximos años. La batalla de la postnovela gráfica.

Y es una batalla que pasa por el formato, como plantean de forma meridianamente clara estos Jaimitos. Yo siempre he defendido la condición decisiva de lo material, pero el caso que tratamos aquí es muy revelador. El catálogo de ¡Caramba! está lleno de obras heterodoxas, títulos que difícilmente encajarían en el repertorio de un editor de cómics convencional: El Hematocrítico de arte, Humor cristiano, Reunión, Los fabulosos Teykerman... Incluso novelas gráficas aparentemente más convencionales, como Let's Pacheco! Una semana en familia son obra de autoras alejadas del mundillo y nacidas en internet.

Frente a esto, precisamente los cuatro Jaimitos son los cuatro títulos que de forma más ortodoxa encajan en los esquemas del mundillo. ¿Acaso Ser un hombre está muy alejado de un Para ti que eres joven monográfico? ¿Se puede concebir Cosmic Dragon con otro formato que no sea como un comic book convencional y en conversación con los géneros tradicionales? La muerte en los ojos continúa con el estilo de ADN comiquero que ya muestran las otras novelas gráficas de David Sánchez, e Infame es una farsa sobre un crítico de novelas gráficas.

¿Es casualidad esto?

Parecería que tebeo llama a tebeo.

NOTA 1: Una llamada, por cierto, a la que yo no me he podido resistir. Por eso ahora mismo estoy trabajando en un Jaimito en colaboración con Javier Peinado, con quien ya colaboré en La tempestad y Héroes del espacio. Más adelante daré detalles al respecto.
NOTA 2: Sé que recientemente ha habido otros intentos de lanzar comic books con autores españoles, entre ellos las Nuevas Hazañas Bélicas de EDT. No los menciono simplemente porque no he tenido ocasión de verlos, y por tanto no voy a especular con ellos. Mi comentario, pues, se basa exclusivamente en los Jaimitos de ¡Caramba!

miércoles, 24 de abril de 2013

ERES LO QUE COMES


Roberto Bartual, que es una de las personas que mejores textos en español sobre cómic está dejando por la red, escribió recientemente en Factor Crítico sobre Cosmic Dragon (2012, ¡Caramba!), el último tebeo de Carlos Vermut, que une a través de una vinculación insólita (pero inevitable) las dos obras maestras de Akira Toriyama, Dragon Ball y Doctor Slump. La teoría de Bartual, inspirada por Raúl Minchinela, me pareció fascinante: Boken, el héroe de Cosmic Dragon, pide la unión de toda la humanidad en un solo propósito: luchar contra el enemigo, contra el demonio, contra el villano, para salir adelante todos juntos. Rememos todos en la misma dirección. Pero Bartual se cuestiona qué hay detrás de ese llamamiento, que tanto nos recuerda a los que hace el gobierno en nombre de la lucha contra la crisis y que finalmente sólo sirven para que sigan desvalijándonos desde el poder. Así, se podrían plantear las preguntas sobre quién ha elegido a Boken como héroe que tome las decisiones por todos nosotros, y por qué la destrucción de Demoniak ha de ser necesariamente la destrucción del mal. ¿Cuáles son las credenciales del héroe y del villano? Un cuestionamiento crítico posmoderno que se apoya en la posmodernidad de Cosmic Dragon, en línea con la de la película de Vermut, Diamond Flash, que ya daba la vuelta a los roles predeterminados.

Pero cavilando sobre el tema he acabado pensando que Cosmic Dragon no es un tebeo posmoderno, sino de un clasicismo militante.

Es cierto que el principio (la imagen que abre este post es la primera página) es quintaesencialmente posmoderno. Cosmic Dragon empieza después del final de la historia. Cosmic Dragon empieza con la derrota del villano y su descomposición. ¿Qué pasa después, qué pasa cuando ya se ha acabado el relato?

Que el relato continúa, claro. Porque el villano se recompone y vuelve a la batalla, y así es como Vermut en apenas tres páginas se desmarca de la intertextualidad referencial literaria para señalar la adherencia de Cosmic Dragon a las marcas formales de su modelo industrial: Cosmic Dragon es una serie. Sí, por supuesto que es sólo una historia completa y cerrada, no hay números anteriores ni posteriores, ni los habrá jamás, como no hubo jamás más que un número 237 de Calavera Lunar, por más que lleve quince años buscando el resto desesperadamente, pero lo importante es que en cada episodio de una serie moderna está contenido un fragmento de una historia (o sea, que no hay historia, salvo como ruina) y todos los elementos heredados que permitirán que deje un legado bajo la forma del siguiente episodio. Cada número es un eslabón de una cadena: completo y cerrado pero útil solo en tanto en cuanto se enganche con los demás. Para eso se ha creado.

Así que a cada victoria sigue una derrota y a cada derrota una victoria.

Las formas determinan el contenido. A la pregunta, entonces, de quién decide que Boken es el héroe y Demoniak el villano, la respuesta no es ética, sino formal: lo decide el relato. Es justamente sobre esto sobre lo que escribía en esta entrada acerca de Batman: The Dark Knight Returns.

Pero si hiciera falta una prueba moral de que Boken es realmente la representación del héroe clásico, sólo hace falta fijarse en lo obvio: es Boken quien come mierda.

Y tragar mierda ha sido siempre la prerrogativa de los más grandes héroes. Cuanta más mierda, mejor. Que se lo digan a Peter Parker.

Una cosa es que nos pidan unirnos todos contra el mal y tragar mierda por el bien común, y que desconfiemos de quien nos pide tal sacrificio, y otra cosa es que alguien que va a hacer altruistamente algo por todos nosotros que nosotros no somos capaces de hacer nos pida que le apoyemos con un gesto que no nos cuesta nada y que nosotros, como respuesta, le hagamos tragar mierda.

O sea, que más que una meditación sobre las trampas del poder, podríamos ver aquí una meditación sobre la miseria de la masa y la dificultad de convencer a los colectivos para que se entreguen por un proyecto común, aunque sea en su propio beneficio. O tal vez sea la meditación de un director de cine novato que se está relajando después de su primera experiencia sumando las fuerzas y voluntades de un grupo humano en una obra coherente.

Cualquiera sabe. Mi objetivo con este post no es invalidar la lectura de Bartual, desde luego, sin la cual probablemente no existiría esta entrada, sino señalar cómo la belleza de Cosmic Dragon está en la amplitud que tiene para recibir a públicos diferentes que llegan desde lugares diferentes, como Roberto y yo. Y creo que ésa sí es indiscutiblemente una de las virtudes del trabajo de Carlos Vermut que el autor se esfuerza en cuidar y fomentar deliberadamente.

De hecho, es difícil imaginar que alguien criado con Dragon Ball pueda moverse por impulsos cínicos. Al fin y al cabo, eres lo que comes. Quiero con esto decir que sospecho que muchos lectores hipsters de Cosmic Dragon lo interpretarán en términos de barrabasada destructiva, que es lo que marca la tendencia moderna: reírse de los héroes y chocar esos cinco con una sonrisa cómplice. Leyendo muchas reseñas o comentarios por internet, uno pensaría que lo único que hace David Sánchez (por ejemplo) es acumular citas a Lynch, las drogas y los freaks de una manera confusa pero molona, y que Carlos Vermut es un tío guay porque saca a un héroe serio haciendo burradas como comer caca y al final se carga al pobre desgraciado del coprotagonista. Y sin embargo, lo que de verdad está haciendo Vermut es preguntar por los límites de la ética en el heroísmo y responder dos veces que el corazón de Boken es inmensamente generoso. Porque no hay acto más generoso y heroico que el que ejecuta en la última página.



Todo, pues, está en la gracia con la que uno sepa mezclar en la batidora de referencias las citas apropiadas. O tal vez todo esté en lo que uno haya comido cuando crecía. Yo, por ejemplo, como soy ya un veterano, mientras veía cómo Pichukli el fiel amigo de Boken invocaba a todos los seres humanos del mundo entero, tenía en la mente una escena de la Patrulla-X (Uncanny X-Men #65, 1970, Dennis O'Neil, Neal Adams y Tom Palmer), donde el Profesor Xavier aunaba las energías de todos los hombres y mujeres de buena voluntad para rechazar la amenaza extraterrestre.




Todo es nuevo y todo es igual. Y bien pensado, a lo mejor es que el cómic nació posmoderno.

La entrevista de Alberto García Marcos con Carlos Vermut en la web de ¡Caramba! es fabulosa: Dirigiendo cómics, dibujando películas.

DURANTE LOS PRÓXIMOS CIEN KILÓMETROS


Me encanta esta secuencia de cuatro viñetas de La muerte en los ojos (2012, ¡Caramba!), el último tebeo de David Sánchez. Con un clasicismo riguroso, el autor modula la repetición y la variación con la medida exacta necesaria para representar el paso del tiempo, que es una de sus obsesiones principales. David Sánchez ha emprendido un proyecto para intentar representar con la máxima exactitud todas las dimensiones físicas, incluso las invisibles, como es el tiempo. Aún más: incluso las dimensiones psicológicas, como por ejemplo la dimensión cultural que hace de filtro para nuestra percepción de todas las demás. En esta secuencia, por ejemplo, un Citroën Tiburón avanza solitario por el desierto, y parece que estuviera aplanando en un solo concepto los dos primeros éxitos de Spielberg: El diablo sobre ruedas y Tiburón. Dos historias donde lo único que importa es la superficie, y los discursos -como la famosa charla de Robert Shaw sobre los náufragos devorados- son sólo un añadido físico, que no explica la obra ni la dota de significado. Son sólo piezas, sonidos de los personajes, como en esas canciones en las que la voz no está acompañada de la música, sino que está tratada como cualquier otro instrumento, la voz humana con la misma categoría que la guitarra o la batería. Eso es lo que sucede en las páginas de David Sánchez, donde todos los objetos tienen el mismo rango: una persona, un radiocasete o un cenicero. El otro día estuve en una charla de Dash Shaw, donde habló del concepto de dumb line acuñado por David Mazzucchelli, su maestro en la SVA. La línea tonta es una línea de dibujo que ni jerarquiza, ni enfatiza, ni explica. Es la búsqueda de un dibujo que no añade un color emocional al mensaje iconográfico, sino que deja que sea el lector quien negocie directamente con el dibujo su propia respuesta a él.

En cierta manera, no hay línea más tonta que la línea clara con la que David Sánchez describe un mundo tan perfecto que no puede ocultar sus errores. Por ejemplo, en la página 3 vemos una señal de tráfico que indica que se puede adelantar plantada al lado de una línea continua en la carretera. Como lectores, nos toca a nosotros decidir qué interpretación queremos hacer: ¿es una señal que denuncia la condición de constructo de toda la historia, un aviso de que hay un glitch en matrix? ¿O aceptamos la tersa perfección del mundo que estamos visitando y entendemos entonces que el error es de los operarios que pusieron la señal? ¿Tal vez las reglas aquí sean diferentes? Al fin y al cabo, nuestra mirada se pierde en el horizonte desértico sin desenfocarse. Todo está impecablemente nítido.

Dependiendo de cuál sea nuestra respuesta, podremos decidir si en la página que reproduzco a continuación lo que vemos a través de las ventanillas es el paisaje físico por el que se desplaza el tiburón o el paisaje psicólogico del pasajero y el conductor:


¿Que uno de los personajes explique la norma dos, que ordena la sumisión al ejemplo, enmarcado por dos loros, que «son buenos imitadores» y «les resulta fácil reproducir los sonidos de otras aves y animales, incluidos los humanos» es entonces una simple casualidad?


Por supuesto, porque en los tebeos de David Sánchez todo está improvisado, como en cualquier viaje epistemológico real (véase el Vapor de Max o el Grandes preguntas de Anders Nilsen, otras dos obras que tratan sobre lo mismo). Todo son pistas falsas. Ésa es la única verdad, y ésa es la única manera de acercarse a ella.

Recomiendo la lectura de esta excelente entrevista con David Sánchez a cargo de Alberto García Marcos en la web de ¡Caramba!: Bienvenido al nivel uno.

jueves, 6 de septiembre de 2012

CUATRO TÍTULOS


Pasé el verano en España y aproveché, lógicamente, para ponerme al día dentro de lo posible con las novedades editoriales del mundo del cómic. Las librerías españolas son de una riqueza peculiar: en ellas se puede encontrar lo mejor de Oriente y de Occidente, lo mejor de las dos orillas del Atlántico, y lo mejor de varias generaciones de autores españoles que están influidos por las tradiciones más dispares. Ahora, seamos sinceros: después de seis meses, tampoco me encontré con tantísimos títulos imprescindibles. Pero eso sí, entre lo mejor que me encontré, me encontré con cuatro libros sensacionales. Cuatro libros que ya les gustaría poder leer a los americanos.

Mi intención era dedicar a cada uno de esos libros la atención requerida y escribir a fondo sobre ellos, pero luego pasa lo que pasa: uno tiene otras cosas que hacer y lo va posponiendo, y llega el día de volverse a América y no lo has hecho. Me los hubiera traído aquí, no ya para prolongar la posibilidad de escribir esos textos merecidos, sino simplemente para tenerlos cerca, para mantenerme en contacto físico con ellos, que es un fetichismo que tengo con los cómics que me gustan mucho, pero al final las limitaciones de peso de las compañías aéreas te hacen entrar en razón y dejarlos en Madrid.

Como me da mucha rabia que estos cuatro títulos queden sin mención en Mandorla, he recurrido a esta entrada para dejar al menos constancia de mi adoración por ellos. Diréis que no tienen nada que ver unos con otros. Así es, afortunadamente. Pero sí tienen un punto en común: son geniales. No geniales en el sentido de «chupi-guay», sino geniales en cuanto que son productos del genio individual de cuatro autores que tienen la cabeza hecha de otra manera, que nos hacen ver cosas que nosotros nunca imaginaríamos. Que valen de verdad la pena, en resumidas cuentas. En fin, sólo cuatro líneas apresuradas, una llamada de atención sobre estas cuatro joyas:

REPRODUCCIÓN POR MITOSIS (EdT), de Shintaro Kago. Probablemente ningún libro de Kago vuelva a impresionarnos como éste primero. Descubrirlo es abrirse a una visión tan completamente desconcertante que gran parte del impacto procede del efecto de la primera impresión. Eso no quiere decir que Kago sea simplemente un autor impresionante, sus historietas tienen un trabajo de reflexión enorme detrás, tanto que casi parecen ejercicios de estudio para un curso avanzado de metafísica de la historieta. Se suele pensar que existen dos vertientes claramente diferenciadas en Kago: la del autor de historietas experimentales de formalismo avanzado y la del autor de escatología extrema. Reproducción por mitosis demuestra que no es así, sino que más bien Kago está embarcado en un proyecto de descubrimiento de los orígenes materiales de la existencia física y espiritual, de la realidad y de la ficción, en la página y en lo orgánico, en el trazo y en lo abyecto. Creo que descubrí a Kago gracias a el Tío Berni de entrecomics, y en su página web podéis encontrar multitud de entradas referidas a este dibujante japonés. Además, una reseña de Reproducción por mitosis a cargo del Tío Berni, y otra en The Watcher and the Tower.

NO CAMBIES NUNCA (Astiberri), de David Sánchez. Este libro lo había leído en pantalla, pero tenerlo en papel en las manos es otra cosa. Lo hace más real, más auténtico, más analógico, que es algo que conviene a los tebeos de David, que parecen obra de una tecnología arcaica y sin embargo, en cierto sentido, más sabia que la actual. Su primer libro, Tú me has matado, fue una gran sorpresa que le hizo llevarse el premio al autor revelación en el Salón de Barcelona en 2011, pero No cambies nunca es mucho mejor. Más personal, más original, más arriesgado, más valiente. La forma de trabajar de David es fascinante, porque se basa en un contraste agudo entre la imagen y la narración. David utiliza como lenguaje gráfico la línea clara, en la más estricta tradición de Hergé-Burns-Jason. Es un lenguaje que se basa en la revelación total de lo que está incluido en el cuadro, en la viñeta. Todo lo que aparezca dentro del marco tiene que ser estrictamente dibujado, sin disimulo, sombreado ni difuminado alguno. La línea clara es, en realidad, una hipervisión. Pero la forma de escribir de David es completamente opuesta a la revelación total de la línea clara, y se basa precisamente en la ocultación (o manipulación) de elementos clave de la historia. Así que podríamos decir que de lo que nos cuenta David, nos lo cuenta todo, nos da todos los detalles. Pero hay detalles que no vemos en la claridad de sus imágenes, y hay relaciones que no entendemos de forma obvia entre esos detalles. No queda claro si lo suyo es una reivindicación de la claridad narrativa o una crítica a la misma. Durante una conversación en Madrid este pasado verano, me reveló que hay dos viñetas que dan la clave para interpretar el sentido exacto de No cambies nunca. Sólo hay que fijarse un poco para descubrir cuáles son. No es que eso sea necesario para disfrutar completamente del libro, que gracias a su cualidad enigmática se hace infinitamente releíble. En una reseña que escribí para Rockdelux llamé a lo que hace lo pulcro nauseabundo. La podéis leer aquí. Otra reseña, en entrecomics, a cargo de Gerardo Vilches. También: una entrevista con David Sánchez y la presentación en directo de Tú me has matado en Madrid.

HUMOR CRISTIANO (Caramba), de Alberto González Vázquez. Creo que no me equivoco si digo que no había leído nunca un libro como éste. Lo maravilloso de editoriales como Caramba es que nos plantean libros de cómic que están hechos por gente que no tiene nada que ver con el cómic, y que por lo tanto vienen con sus propias ideas de cómo puede ser y funcionar este medio. Y no es que yo esté en contra de la tradición del cómic, obviamente, pero sí es cierto que este mundillo ha sido y sigue siendo demasiado endogámico, y que es extraordinariamente resistente a la introducción de ideas nuevas o heterodoxas. De eso es de lo que está lleno Humor cristiano, de ideas nuevas y heterodoxas, de formas nuevas de pensar la representación. Por ejemplo, depurando la fotografía en la línea (el resultado final recuerda en cierta manera a lo que hace Neil Dvorak), lo que equivale a hacer un estricto trabajo de abstracción analítica, que es en realidad lo que hacen también los guiones de González Vázquez. También está lleno de un humor que a veces resulta tan inhumano como su propia apariencia visual. Hay algo hasta desagradable en el humor de González Vázquez, antídoto contra el exceso de sentimentalismo almibarado y las buenas intenciones prefabricadas que en la actualidad se celebran de forma automática en todos los ámbitos. Pero ese humor desagradable, sardónico y hasta hiriente estimula nuestro organismo de forma sana porque, básicamente, posee una cualidad redentora: el talento, un talento insultantemente soberbio. Historietas como la de los vampiros (o los andaluces), la de Obama hablando a la cámara, la del regalito de Echanove o la de la última cena han entrado directamente en mi mitología personal a golpe de carcajada. La chispa de la vida, sí señor. Reseña de Humor cristiano, en entrecomics, a cargo de Gerardo Vilches.

SILVIO JOSÉ, FARAÓN (Astiberri), de Paco Alcázar. En general, no solemos dar demasiada importancia a lo que hacen en El Jueves. Por mil razones que darían para discutir en varios congresos, tendemos a pasar por alto sus paginas, incluso aunque adoremos a algunos de sus autores. En parte, tal vez sea por el fenómeno de acumulación que produce toda serie. En cuanto han salido dos libros de una serie, ya es como si cada nueva entrega fuera sólo «otra más» de algo que ya conocemos. Y Silvio José, Faraón es la segunda entrega de la serie Silvio José, el buen parásito, de Paco Alcázar (la primera, Silvio José, Emperador, la publicó El Jueves, mientras que esta segunda ha corrido a cargo de Astiberri, lo cual me hace pensar que tal vez sea el propio El Jueves quien en primer lugar no valora demasiado lo que hacen sus autores). Centrándonos: Silvio José, Faraón es un absorbente despliegue de imaginación que te traslada a un mundo propio que, sin embargo, es fascinantemente parecido al mundo en el que vivimos. Lo que practica Paco Alcázar viene a ser el esperpento, en su más grotesca expresión, y me resulta pasmoso que un autor que parece tan poco interesado en lo que sucede a su alrededor esté haciendo, sin embargo, una de las crónicas más fidedignas y precisas de la sociedad española contemporánea. Cada página de Silvio José, Faraón es una verdadera novela gráfica comprimida, una farsa completa que conecta en algún punto con personajes y situaciones de nuestro mundo con la misma exactitud con la que lo hacían las series clásicas de Bruguera. O probablemente con más. El efecto crece a medida que uno va leyendo páginas y se acumula una inercia imparable que le hace desear que el volumen fuera infinito. Es algo singular que prefiramos vivir en el esperpento que en la realidad. Supongo que es porque, al fin y al cabo, en el esperpento hay unas reglas. Y sin duda, es a esas reglas, a esa ley del zoológico, a la que queremos acogernos para imponer cierto orden en nuestro caos cotidiano. Paco Alcázar también ha publicado este año otro libro muy recomendable: La industria de los sueños. Además: entrevista con Paco Alcázar.

[La foto que ilustra el post es cortesía de Manuel Bartual].

sábado, 9 de junio de 2012

FELIZ ANIVERSARIO

Hace un año apareció ¡Caramba! 1. Lo que entonces parecía que iba a ser simplemente un fanzine más, ha acabado convirtiéndose en una de las editoriales más ilusionantes que han surgido en años en España. Manuel Bartual y Alba Diethelm, amigos míos y responsables de la iniciativa, decidieron no reeditar aquel ¡Caramba! 1, a pesar de agotar rápidamente la tirada, lo que ha hecho que el artefacto se convierta en uno de los mitos instantáneos más rápidos del cómic español contemporáneo. Para celebrar el aniversario de la ocasión, los carambolos han decidido regalar aquel ¡Caramba! 1 a todo el que lo quiera. En formato digital, claro. En ese número Javier Olivares y yo publicamos una historieta dedicada al gran historietista del TBO Josep Coll. Quien tenga interés por hacerse con el objeto, ahora desmaterializado, que se pase por el siguiente enlance.

¡Caramba! 1 GRATIS.

miércoles, 28 de marzo de 2012

CARAMBA GOLPEA DOS VECES


Colaboro en el número 2 del fanzine ¡Caramba! junto a mi buen amigo Javier Olivares. Si todo el proyecto editorial Caramba ya es la repanocha de original, el número 2 del fanzine es algo verdaderamente muy especial. Os recomiendo que os paséis por la web de la editorial y le echéis un vistazo al vídeo para entender a qué me refiero. Y si os entran los mismos deseos irresistibles de tenerlo ya en las manos que siento yo ahora mismo, os recomiendo que no os lo penséis mucho. El nº 1 del fanzine está agotado, y de éste sólo han hecho 500. ¡Caramba! 2 vuela... ¡o rueda!

miércoles, 25 de enero de 2012

¿QUIÉN HA DEJADO UN TORO EN EL BORDE DE LA MESA?

El otro día, al hablar de Diamond Flash, la película de Carlos Vermut, decía que hay formas de hacer las cosas que están alejadas de los sistemas industriales y más próximas al compromiso personal. Y aunque Manel Fontdevila, precisamente Manel, me lo puntualizaba en comentarios, creo que ése es un valor singular y poco común. Y además, creo que es algo que aprecio más a medida que pasa el tiempo, por cierto.

Compromiso personal es el que tengo, por ejemplo, con mis amigos Alba Diethelm y Manuel Bartual, de manera que sólo puedo escribir sobre ellos desde la amistad. Y compromiso personal es el que tienen ellos con su microeditorial ¡Caramba!, que tiene su mayor capital en la cantidad desbordante de ideas que maneja y en el talento y la habilidad de sus fundadores.

Gestionando el tinglado desde el salón de casa, Alba y Manolo sacaron una publicación espectacular dedicada a los mecanismos del humor, y a continuación se han descolgado con un libro que es uno de los objetos más singulares que se han visto en el cómic español reciente y que, sin embargo, muestra una coherencia absoluta con su primer lanzamiento. Porque Reunión, de Manel Fontdevila, también está dedicado a explorar cómo se enciende la chispa del humor, cómo se da ese primer paso en dirección hacia la risa.

[Después, el catálogo de ¡Caramba! ha engordado con uno de los libros estrella de las pasadas navidades, Let's Pacheco!, de Carmen y Laura Pacheco; y ya asoma por el horizonte la singular cabeza de Paco Alcázar; termina aquí toda la publicidad institucional y gratuita de Mandorla sobre ¡Caramba!].

Reunión recoge con apariencia de facsímil -la encuadernación imita un bloc de espiral- montones de hojas de los apuntes que ha tomado Manel Fontdevila mientras asistía a las reuniones del consejo de redacción de El Jueves entre 1997 y 2011. Hay en sus páginas un barullo de texto, tipografías espectaculares, dibujos, viñetas, caricaturas y ocurrencias de todo tipo semejante al que se podría encontrar en las hojas en las que cualquier persona garabatea mientras está hablando por teléfono. Siempre y cuando, claro está, esa cualquier persona esté dotada de un talento que, al cabo de los años, cada vez me voy convenciendo más de que es casi sobrehumano o mutante. Podría hablar del testimonio directo -a modo de diario- que supone este cuaderno de la vida cotidiana de España, vista desde la terraza de una revista satírica de actualidad, y cómo los temas que nos parecían preocupantes en 2007 se van disolviendo poco a poco en el magma de la Final Crisis actual, que finalmente parece derretirlo todo, todo, todo, hasta acabar con el mismo cuaderno en una página final que da las explicaciones más pertinentes que se pueden dar sobre la economía mundial.

Pero voy a intentar no extenderme demasiado, así que me voy a concentrar en otra cosa que tiene más que ver con los temas aromáticamente comiqueros que solemos tratar en este blog. Desde luego, no es la primera vez que se hace un cuaderno de bocetos de un dibujante de cómics, ni siquiera de Manel Fontdevila (en alguna estantería de mi casa debe de dormitar el que le publicó Midons hace más de una década), pero sí que creo que Reunión revela que la perspectiva que tenemos del cómic (algunos, claro) es ahora muy distinta de la que teníamos hace unos años.

No hace tanto que la reivindicación del cómic -que nadie os engañe, el cómic lleva toda la vida intentando reivindicarse, esa voluntad no es nueva- venía por el dibujo. La famosa expresión que Toutain tatuó en su colección más lujosa, «Cuando el cómic es arte», se leía como «cuando el dibujo de cómic es tan bueno que es artístico». En 2012, sin embargo, (para algunos) el cómic ya ha alcanzado carta de naturaleza autónoma, y arropado por teorías propias -todavía incipientes, pero con ganas de crecer- se reconoce que sus cualidades más artísticas no están en calidad del dibujo, sino en una suma singular de procesos diversos.

Quiere esto decir que Reunión no es un libro de dibujos para admirar de esa manera desfallecida en la que nos enseñaron a celebrar el Sublime Trazo del Divino Maestro, sino un libro para leer, para recorrer en diferentes direcciones y a diferentes velocidades, y también, claro, siendo Manel Fontdevila el responsable último, un libro para reír. En ocasiones, a carcajadas. Véase por ejemplo la página donde aparece el texto que titula este post.

En resumidas cuentas, y se mire por donde se mire, Reunión es un cómic. De forma libre y singular, que en virtud de esa heterodoxia implícita reivindica el cómic como algo más que un conjunto de formas estandarizadas o como un mero lenguaje formulaico. Leyendo Reunión, a la pregunta «¿Qué es cómic?» responderíamos: «Cómic eres tú», siempre y cuando quien nos clava en la pupila su pupila azul mientras formula esa pregunta sea el ínclito, ubérrimo y manrésimo Manel. Impepinablemente.

Extra 1: Más cosas que hace Manel en los márgenes: Aviador.


Aviador es un microtebeo publicado por Badabum donde Manel Fontdevila se pone lírico, que es algo que le gusta mucho aunque intente disimularlo. Al igual que en el caso de Reunión, la forma también lo convierte en una golosina de sabor especial. El propio Manel os cuenta más cosas en su blog. Ah, y esto también es importantísimo: Manel Fontdevila por fin tiene blog. Internet no volverá a ser lo mismo.

Badabum es, por cierto, otra de esas maravillosas editoriales domésticas que están empezando a proliferar en España, al estilo de ¡Caramba! Entre sus fundadores se encuentra el gran Pep Brocal, de quien ya hablamos en Mandorla. Acaban de hacer un maravilloso vídeo de presentación de su catálogo.

Extra 2: Más cosas que hace Manuel Bartual en los márgenes: 85.12.30.



Manolo se compra una cámara de vídeo para hacer entrevistas a los autores de ¡Caramba! y las energías creativas incontenibles que se agolpan en su sobaco le impulsan a hacerse un cortometraje casero que ya está entre los favoritos del festival Notodofilmfest. Así se escribe la historia, señores.

Extra 3: Dos entrevistas muy buenas donde Manel habla de Reunión.

La primera, de Alberto García Marcos, en la propia web de ¡Caramba!

La segunda, de Rubén Lardín en Vice.

lunes, 13 de junio de 2011

¡CARAMBA CON COLL!

El acontecimiento editorial comiquero español del verano estalló la semana pasada, cuando se puso a la venta la publicación ¡Caramba!, que han sacado adelante Manuel Bartual y Alba Diethelm. Es un proyecto para el que han reunido a un montón de los mejores dibujantes de este país con el objetivo de que hagan historietas (entre otras cosas) sobre el humor, y en el que he tenido el privilegio de participar junto al Gran Javier Olivares.

Antes que nada, debo decir que ¡Caramba! es algo más que una publicación. Enfundado en una bolsa de plástico, está lleno de pequeñas sorpresas y demuestra un cariño artesanal por el producto que hace que uno tenga la sensación de que el ejemplar que tiene entre las manos es único. Falso, porque el mío está numerado, y porque la primera edición, de hecho, se agotó a las pocas horas de ponerse a la venta. Afortunadamente para los más rezagados, parece que todavía quedan ejemplares de la segunda.

Yendo a la sustancia de la publicación en sí, debo decir que en este caso la galería de autores no equivale, en contra de lo que pasa en otras ocasiones cuando se junta una constelación, a trabajos hechos apresuradamente para cumplir con el compromiso y ya está. Los dibujantes de cómics tienen algo de suicida que hace que, con cierta frecuencia, cuando reciben un encargo bien remunerado para alguna gran empresa lo resuelvan de forma un poco dudosa, y sin embargo cuando les piden una colaboración gratuita, como es el caso, se dejen los cuernos por agradar. Tal vez sea la presión de los pares, quién sabe, pero el caso es que en ¡Caramba! hay peña que se lo ha currado mucho, empezando por el autor de la portada, Albert Monteys, y continuando por López Rubiño, que ha rellenado el interior de la sobrecubierta con una de mis piezas favoritas, un desplegable alucinante sobre «La mecánica del humor». Hay cosas muy brillantes en este ¡Caramba!, como la historieta «Humor=Tragedia+tiempo» que se han marcado Raúl Minchinela y Puño o «El néctar», de Paco Alcázar (qué sorpresa que Alcázar sea brillante, ¿eh?). Y hay dos piezas que a mí me han parecido completamente geniales y que justifican por sí solas la existencia de ¡Caramba!: «La verdadera historia de Jaimito», de Joan Cornellá, un dibujante que está creciendo a pasos agigantados, y la historieta sobre Lepe de Carlos de Diego, que es ahora mismo el Mejor Dibujante Desconocido de este país. Veremos por cuánto tiempo.


Respecto a mi propia participación, he tenido el privilegio una vez más de colaborar con Javier Olivares, lo cual, podéis creerme, le pone las cosas muy fácil a cualquier guionista de cómics. El Consejo de Redacción Editorial de ¡Caramba! nos propuso que hiciéramos una historieta sobre un dibujante de humor imaginario, en la línea de la serie de historietas sobre arte que Javier y yo hemos ido desperdigando por diversos sitios desde hace años. Nosotros pensamos que, ya puestos, podíamos hacerla de uno real, que muchos han tenido vidas lo bastante interesantes. Además, creo que Javier ya tiene cubierto su cupo de creación de dibujantes imaginarios para este año.

Josep Coll es uno de esos grandes dibujantes con una vida ejemplar. Sin entrar en grandes discusiones, diré que en mi cabeza (o tal vez en mi corazón), Coll es el mejor dibujante de cómics español de todos los tiempos. Por su limpieza, su originalidad, su sentido del espacio y del movimiento, por su capacidad para desarrollar una poética propia completamente inimitable y a la vez inagotable. Yo qué sé por qué. Cada vez que tengo una página de Coll delante de los ojos, me quedo atrapado por su anchura y su profundidad, por su elasticidad y su ligereza. Y la vida de Coll representa, en muchos aspectos, la odisea del dibujante de cómics español de antes y, en cierta medida, de hoy, y quién sabe si de mañana. Depende de cómo lo mires. Ahora que estamos entrando en una fase autorreflexiva de la historia del cómic y ya tenemos nuestras novelas gráficas sobre la escuela Bruguera (El invierno del dibujante, de Paco Roca) y sobre las agencias de los 60-70 (Los profesionales, de Carlos Giménez), tal vez sea el momento de irse planteando una sobre Benejam, Urda, Blanco, Coll y las demás figuras del TBO. Quizás estas páginas sirvan como primera piedra para eso.

El caso es que Javier y yo decidimos hacer una de nuestras historietas de arte, protagonizada por Coll, y que esa historieta se inspirara para su forma en las páginas del mismo Coll. Originalmente la pensamos como una historieta de cuatro páginas que siguieran de forma más o menos fiel uno de los esquemas habituales y repetitivos de Coll, pero el formato de ¡Caramba! hizo más aconsejable que desdobláramos cada página en dos, lo cual no resultaba traumático debido a que todas las viñetas tenían el mismo tamaño. Como suele ser habitual, Javier fue aplicando una serie de recursos gráficos que yo no había imaginado al empezar a trabajar en la historieta, y el resultado final lo tienen ustedes en las páginas de la publicación. Aquí dejo como muestra una de las páginas preparatorias de Javier.


En internet se pueden encontrar algunos sitios muy interesantes sobre Josep Coll, que además nos ayudaron con su documentación a resolver nuestra colaboración en ¡Caramba!. Algunas de ellas, que merece la pena visitar, son las siguientes:


En Mandorla ya hablamos de Coll, aquí: